¿Quién inventa las reglas?
Todo pasaba tan rápido que Lydia a penas si tenía tiempo de asimilar un suceso paranormal, cuando otro le seguía inmediatamente. Una seguidilla de experiencias de ese tipo habría vuelto loca a mucha gente, pero Lydia sólo se sintió absolutamente fascinada. Quizá algo confundida, también.
Primero, ante un chasquido de dedos del fantasma, su ropa cambió del sucio traje a rayas que llevaba a un esmoquin color bordo; y la ropa de Lydia fue automáticamente reemplazada por un extravagante vestido de novia rojo. Pero antes de que pudiera protestar en contra de que el fantasma se tomara ese tipo de libertades, o siquiera sugerir que el color rojo era un tanto inapropiado para una boda; Lydia se calló la boca porque el poltergeist había vuelto a chasquear los dedos y… la chimenea era ahora una puerta. Así de simple. Un chasquido y ¡pum! Una puerta nueva. Lo más interesante, sin embargo, fue que por allí entro un hombrecito.
Oh, cielos. El hombrecito era un esqueleto.
Si le preguntaran a Lydia hoy en día, seguramente negaría haber estado asustada en ningún momento. Pero el trabajo de un relator completamente imparcial es ser sincero y… no voy a mentirles: el hombrecito la asustó. Pues, si a la chica le quedaba hasta ese momento alguna duda de que el hombre que iba a desposar era, de verdad, un muerto viviente… bueno, digamos que ver un esqueleto caminante la terminó de convencer.
Sin darle tiempo a recuperarse del asombro, su futuro marido la guió –o más bien empujó- hasta el altar (la ahora puerta/antes chimenea), y ambos se encontraron en frente del hombrecito esqueleto. Dicho esqueleto prosiguió a abrir un libro que llevaba en sus manos huesudas y a leer:
-¿Aceptas, Bee—
-¡No, no, no! – lo interrumpió el fantasma, elevando los brazos y mostrándole al juez de paz las palmas, como si quisiera frenar un coche a punto de arrollarlo:- ¡Nada de malas palabras en mi boda!, ¿ENTENDIDO?
Lydia pensó que el hombrecito lucía un poco molesto. Aunque era difícil decirlo, sin expresiones faciales en las cuales basarse.
-Bien. – prosiguió el pequeño esqueleto- ¿Acepta… usted, a esta mujer como su amada esposa, en salud o podredumbre, riqueza o miseria, enterramiento o cremación, por el resto de su muerte?
El fantasma parecía dudar y Lydia encontró muy graciosa la forma en que el tipo se rascó la cabeza y le preguntó al pequeño esqueleto/juez de paz:
-Este tipo de cosas, sólo se hacen una vez en la vida, ¿¡cierto?
El esqueleto dejó escapar un suspiro, mientras golpeaba impacientemente el piso con su piecito derecho. Ahora sí está enojado, pensó Lydia.
-Oh, ¡al demonio con la duda! – dijo su futuro marido, mirándola con repentina emoción:- Cuando uno sabe que su chica es la indicada, simplemente lo sabe, ¿no es cierto? –le preguntó esto último al juez de paz, elevando las cejas en forma sugestiva. Aunque no había nada que sugerir, pero todo parecía tener doble sentido en las expresiones del fantasma. – Uno simplemente lo sabe. –concluyó, volviendo a adoptar un aire solemne y sacando un pañuelo (no muy limpio) del bolsillo de su pantalón, para secarse una lagrima imaginaria de emoción. - ¿Dónde nos quedamos? – dijo finalmente, luego de guardar su pañuelo.
-¿Acepta usted a esta mujer? –repitió el hombrecito esqueleto mecánicamente.
-Sí, por qué no. –contestó el fantasma con aire casual, hundiendo las manos en los bolsillos de su pantalón.
-Y usted, señorita…
-Me llamo Lydia.
-Señorita Lydia, ¿acepta a Bee-…?
-¡Eh-eh! Cuidado con la mala palabra. –le recordó el fantasma-
-¿Acepta – retomó el hombrecito- a este… hombre como su esposo; en seguridad o peligro mortal, en limpieza o hedor, en salud o descomposición, en necrofilia y demás cosas desagradables, por el resto de su vida y también el de su muerte?
Lydia sintió arcadas y no pudo evitar preguntar:
-¿Existe el divorcio en el más allá?
-No es posible el divorcio en este tipo de uniones. Vivos con muertos siguen unidos por el resto de la eternidad. O, por supuesto, hasta que los gusanos de arena los separen. Pero eso es muy poco común. – explicó el esqueleto pacientemente.
Lydia se preguntó qué demonios sería un gusano de arena, su futuro esposo le sonrió en manera burlona, y el juez de paz volvió a preguntar:
-¿Acepta usted a este hombre o no?
Lydia dudó nuevamente, asustada. Había olvidado que significado tenía la palabra necrofilia, pero no le sonaba a nada bueno.
Durante ese momento de duda, el fantasma que iba a desposar perdió la calma y, gruñendo, volvió a chasquear los dedos. Esta vez nada visible estaba pasando y no parecía como si algo fuese a ocurrir… hasta que Lydia exclamó, en contra de su voluntad y con una voz sospechosamente grave y ronca, la siguiente declaración:
-¡POR SUPUESTO QUE ACEPTO! Demonios, ¿ha visto qué bueno que está mi hombre? No le diría que no jamás, ¿me oye?, ¡JAMÁS! – y aquí la Lydia poseída soltó una horrenda carcajada de hombre-
-Muy bien… - asintió el juez de paz con un suspiro, al tiempo que Lydia dejaba de ser poseída y miraba a su casi marido con odio. – Vamos a necesitar testigos.
-No, no vamos a necesitarlos – dijo Beetlejuice, en tono amenazador. – Estoy, digamos, un poquitín apurado. Nunca se sabe cuando alguien puede venir y arruinarte la boda, ¿eh? Así que vamos a darnos prisa.
El hombrecito se encogió de hombros y prosiguió con las formalidades. Se hace el indiferente pero le teme al fantasma, pensó Lydia, en caso contrario no habría cedido tan fácil.
-Los declaro marido y mujer. Puede besar a la novia.
El fantasma se giró hacia ella con la aparente intención de besarla, pero Lydia exclamó:
-¡Creo que con un gran abrazo será suficiente! – y acto seguido, abrazó a su putrefacto conyugue por unos pocos segundos. Pocos porque el tipo en serio que apestaba: su traje despedía un aroma a huevo podrido, carne en descomposición y leche cortada… todo eso y algo más, aunque Lydia no alcanzó a interpretar ese último olor.
En cuanto dejó de abrazar al fantasma (cosa que le costó bastante, pues el tipo no quería soltarla) Lydia escuchó que alguien a sus espaldas decía con sarcasmo:
-Felicidades.
Bertha se encontraba en ese mismo instante en su cuarto, sintiendo un horrible dolor de estómago. Lo que, por supuesto, la tenía muy preocupada.
No había nada en la TV a esa hora, (más que dibujitos aburridísimos que provocaban que sus tripas se revolvieran aun más y películas de acción que no podía, ni quería, entender), por lo que el aburrimiento de Bertha era cada vez mayor.
La verdad era que, cuando llamó a Lydia para pedirle el cuaderno de matemáticas, había tenido la ilusión de que su amiga viniera, no tanto porque necesitaba dicho cuaderno para estudiar, sino más bien para que Lydia la visitara. Pero estaba lloviendo en forma exagerada fuera y daba la impresión de que iba a caer granizo.
Bertha siguió haciendo zapping, intranquila.
El estómago le seguía doliendo y eso sólo podía significar dos cosas:
1) Las salchichas que del almuerzo le habían caído mal.
2) Algo malo estaba por pasar y su estómago le avisaba. (Generalmente, en Bertha los malos presentimientos se presentaban como dolores de panza).
-Felicidades. –dijo una voz de mujer, de vieja, a sus espaldas-
Beetlejuice supo a quién pertenecía esa voz antes de darse la vuelta. Oh sí, podría haber reconocido aquella horrible voz en cualquier situación.
-¡Juno, vieja amiga!, ¿¡quién DEMONIOS te invitó a la fiesta?
-Beetlejuice, estás en problemas. En graves problemas. –dijo la mujer, amenazante, y a continuación se llevó un cigarrillo a los labios y empezó a fumar. El humo que la vieja inspiraba salía por una fina hendidura en su cuello. – Todos ustedes están en problemas.
El diminuto juez de paz soltó una palabrota, súbitamente asustado, y con un chasquido y un nuevo ¡pum! desapareció el cuarto.
-Qué gallina. – comentó Beetlejuice divertido, al ver al hombrecito desaparecer.
-Cállate, Beetlejuice, y escúchame bien, porque esta vez te has tendido una trampa a ti mismo.
El fantasma sonrió ampliamente y dijo con un fingido acento refinado:
-No vas me vas a intimidar diciendo mi nombre. Llegaste un poco tarde. Como podrás notar, ya estoy felizmente casado y, por lo tanto, poseo la ciudadanía. –su voz entonces volvió a ser la de antes, al tiempo que, mientras se agarraba la entrepierna en forma burlona, exclamó:- ¡Así que puedes chupar mi—
-Idiota, todavía no tienes la ciudadanía. – lo interrumpió Juno, sonando claramente fastidiada-
Beetlejuice la miró frunciendo el seño un momento y luego soltó una carcajada.
-Claro que sí, ¿de qué demonios estás hablando? Creo que te estás volviendo senil, Juno queridita.
La anciana se sentó a la mesa de aquella casucha e hizo aparecer en sus manos una carpeta muy gruesa, rebosante de hojas. Rebuscó por unos minutos entre las últimas páginas hasta dar con la que buscaba.
-"El contrato matrimonial entre muertos y vivientes…" – empezó a leer, parando al notar que no eran las líneas que buscaba- "la distribución de bienes y miembros físicos (exceptuando cabeza y corazón) debe ser equitativa en caso de…" – otra pausa, y, al final de la hoja, Juno sonrió al leer las palabras que buscaba:- Aquí está: "Las uniones con menores de edad, sin contar con autorización de los padres, resultan en un contrato matrimonial semi-autentificado y legalmente nulo."
-¿Y eso que demonios significa? –exclamó Beetlejuice. Aunque el presentía que no significaba nada bueno. Nada bueno para él.
-Significa que aún no tienes la ciudadanía, cretino.
Beetlejuice se dejó caer en una silla próxima a Juno, soltando un bufido y una palabrota.
-De modo que pueden seguir enviándome al no mundo.
-En realidad, no. – dijo Juno, provocando que el fantasma levantara la vista del piso, con el entusiasmo pintado en su rostro nuevamente-
-Explícate. – pidió el tipo, adoptando otra vez ese falso tono refinado que quedaba tan fuera de lugar en él.
Juno puso los ojos en blanco y contestó:
-Nadie puede enviarte de nuevo al no-mundo. Nadie, excepto – y entonces paró para señalar a Lydia:- excepto esa niña.
Beetlejuice giró el rostro hacia Lydia, confundido. Había olvidado la presencia de aquella pigmea y al verla allí, al lado de la chimenea, mirándolos a Juno y a él con aquellos enormes ojos curiosos, soltó otra palabrota.
-¿¡Qué ella qué?
-Esa niñita que acabas de desposar, Beetlejuice, es ahora el único ser humano, en este mundo y en el siguiente, capaz de mandarte allá o de traerte nuevamente aquí.
Beetlejuice estaba por comunicar su opinión acerca de semejante estupidez con términos muy explícitos, cuando Lydia habló:
-¿Y cómo puedo yo hacer eso? –preguntó la muy desgraciada pigmea.
N/A: Muchas gracias por las review y por seguir leyendo esta fic, a pesar de que la dejé pausada por tanto tiempo :)
Perdón si el cap fue demasiado corto, pero preferí cortarlo ahi a tenerlos esperando más tiempo... El prox cap ya es el último y después le va a seguir un mini epílogo (y un par de ... bonus track(? xD ok, mejor me callo... xD
Muchas gracias de nuevo (soy repetitiva, lo sé xD), sus reviews son para mí como una droga. MMM... morfina tal vez? o coca? ... O mejor me callo. xD
(*Las drogas son perjudiciales para la salud. Las reviews no xD)
Besote y hasta la próxima!
...
PD: Leer sus reviews es aun mejor que comer deliciosos escarabajos y guardar algunos "para después", diría Beetlejuice...
