Disclaimer: Los personajes de Kaleido Star no me pertenecen, solo la idea de la historia es mía y no existen fines de lucro en su publicación.
Capítulo 3
-Esto esta delicioso – dijo la pelinegra tratando de digerir un bocado de su hamburguesa – Ya extrañaba este tipo de comida – sonrió, asió una papa frita en sus dedos y la llevo a su boca.
-Me lo supuse – sonrió la castaña – Allá en China no comen esto, ¿Cierto? –
-Pues si hay, pero no es comida típica de allá – May disfrutaba en gran manera la comida – En serio Meril me alegra estar acá, en casa –
-A mi también – la castaña le miro con asombró viendo como devoraba la hamburguesa – bebe algo de jugo, no te vayas a ahogar – Le acercó el vaso para que la chica pudiera beber.
-Lo siento- May se sonrojo – Gracias – aceptó el vaso con jugo que la castaña le ofrecía y bebió un poco – Delicioso – musitó mientras limpiaba con una servilleta sus labios.
- Por lo que pude observar – Meril bebió de su jugo – Has mejorado, lista para ser una profesional – la mujer sonrió.
-No te burles – dijo la joven apenada – me falta mucho todavía – sus mejillas se ruborizaron.
La mujer soltó una discreta carcajada – Y esa falsa Modestia ¿De dónde salió? – Sonrió – ¿Segura que eres May Wong? – preguntó incrédula.
-Soy muy buena- hizo una pausa – Pero aún dudo ser la mejor – comió una papa frita – Si hubiese hecho la audición, tal vez al ser elegida, me hubiese convencido de lo contrario – soltó un suspiró.
-Ya hablamos de eso – la castaña le miró con reproche – No te martirices, seguro que cuando menos acuerdes estarán dando audiciones una vez más – la mujer le guiño un ojos – Por ahora, debemos relajarnos – hizo una pausa buscando algo en su bolso –Por aquí estaban –Hablaba para Ella misma mientras hurgaba en el bolso - Lo sabía – dijo entre dientes – Acá están – sonrió, mostrando dos boletos a la pelinegra – Iremos a la función de la obra " El príncipe y la princesa", que el escenario Kaleido Star está presentando a partir de hoy – le acercó los boletos para que los contemplara mejor – Escuché que un trapecista de mucho renombre y talento hará su debut precisamente hoy – sonrió, intentando obtener un si por parte de la pelinegra - ¿ Qué te parece? – preguntó.
-Pues Yo…- la chica titubeo observando los boletos.
-No aceptaré un "No" por respuesta – le dijo ejerciendo su postura de superior – Es un obsequio – le dijo Meril sonriente.
May asió los boletos y sonrió derrotada – Tú ganas –
Meril sonrió triunfante - Así podrás ver las aptitudes y habilidades del elenco y darte cuenta si realmente estas a la altura o no -
-Tienes razón – la joven se encogió de hombros.
-¿Quieres postre? – le preguntó su entrenadora para cambiar de tema – Me han dicho que las tartas de fresa son las mejores y sobretodo muy deliciosas –
May sonrió como una pequeña niña que no se puede resistir a la tentación de un dulce – ¡Sí! – exclamó con sus ojos brillantes.
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Sora salía del camerino, vestida adecuadamente para representar su papel. Desde que la señorita Layla le comunicara de su retiro, había practicado por mucho tiempo para realizar sus acrobacias sin errores. Esperaba dar lo mejor de sí y brindar la mejor de las actuaciones.
-Es la primera vez que estaré en el escenario sin compartirlo con la señorita layla – respiró profundo – Creo que estoy nerviosa – le dijo a Fool quien iba a su lado.
-Tranquila Sora, ten confianza en ti – le dijo Fool animándole – Recuerda que soy el espíritu del escenario y sólo pueden verme quienes se convertirán en las verdaderas estrellas del Escenario –
Sora respiró profundamente – Lo dices así de fácil – siguió su camino por los pasillos – Fool, ¿Crees que el joven Leon estaba hablando enserio cuando dijo que no quería que actuará hoy? – la chica preguntó incrédula.
-No lo sé – rodó los ojos – No soy adivino Sora –
- No eres de gran ayuda – respondió Ella mirándole de reojo.
Sora siguió su camino, llego al escenario.
-Sora con ese traje pareces una princesa de verdad – dijo su amiga Ana, cuando le vio llegar.
-Gracias – Sora agradeció el halago de su amiga y compañera.
-Sora – le llamó Mía – ¿Qué haces ahí? – Preguntó sin esperar respuesta– date prisa, la función esta por empezar-
-Lo sé Mía – respondió Sora caminando hacía donde se encontraba Ken, así podría recibir las indicaciones de donde y como serían sus entradas en las escenas que le tocaba actuar.
-Qué bueno que ya estas acá – dijo Ken sonriéndole – Acércate, han indicado la primera llamada, unos 15 min y ya comenzaremos – dijo el chico mostrándole el orden de las escenas.
-Todo va salir bien Sora – se dijo así misma en silencio, intentaba controlar sus nervios.
-¿Se puede saber que haces vestida de esa manera? – La pregunta no le sorprendió, lo que más le llamó la atención fue el tono mordaz y autoritario con el que se había formulado.
Sora giro su rostro en dirección de donde venía la voz. Parpadeo varias veces sin saber qué respuesta era la correcta.
-Creo que deje muy claro hace unas horas – hizo una pausa – Que no te quería como mi compañera – Su rostro inexpresivo y su fría mirada le inmovilizaron y le dejaron muda. Abrió su boca para articular alguna respuesta. Sin embargo, no hubo nada, ni siquiera un leve sonido.
-Ahórrate tus palabras – sonrió irónicamente – No son necesarias –
Las personas que estaban a su alrededor, les miraban incrédulos, ese joven no sólo era orgulloso y soberbio, sino que con sus palabras era cruel. Sora no se merecía ese trato.
-Disculpe – habló Ana, quien ajena al conflicto quiso defender a Sora – No debería hablarle así Sora, Ella es la estrella del escenario Kaleido –
Leon soltó una risilla sarcástica – Es una pena, que esta chica sin talento es lo que Kaleido tenga como estrella – le miró con frialdad – Al parecer en este lugar hay sólo gente mediocre –
-¿Qué ha dicho? – Preguntó Ana sin dar crédito a lo que había escuchado.
Leon le ignoró y se dirigió nuevamente hacia Sora – Si se te ocurre salir al escenario, juro que saldré de escena y pienso cancelar la función – sus mirada oscura deseaba congelar a Sora – No eres digna de ser mi compañera –
Leon caminó hacia el escenario una vez que escuchó las palabras del anunciante decir: "Tercera llamada… ¡COMENZAMOS!"
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-No ha cambiado en nada – dijo May caminando por el pasillo, buscaba en las butacas el número que se encontraba impreso en su boleto.
- ¿Sigue igual desde la última vez que viniste? – preguntó curiosa Meril siguiendo a la castaña.
-Si- la joven asintió – Aquí es – le señaló un asiento – siéntate – La castaña le imitó tomando asiento a un lado.
-Pues debo admitir que está muy bien diseñado el lugar, muy acogedor – sonrió la castaña – Como si fuera una fantasía –
-Lo sé – la chica pelinegra también sonrió – Fue la misma sensación que sentí cuando vine por primera vez – soltó un suspiró – Pero cuando observas el espectáculo hay una fuerza que te absorbe – soltó una risita divertida – Cómo si te invitará a ser parte del escenario –
-Ahora entiendo – Meril encogió sus hombros – Por qué no pudiste resistirte a cumplir este sueño – hizo una pausa acomodándose bien en su asiento – Hablas con tanta pasión – soltó una risita cómplice – Que hasta mí ya me dan ganas de hacer acrobacias –
-Algunas veces me cuesta trabajo no ser tan persistente – sonrió.
-¿Persistente? – Soltó poco convencida la castaña – Yo lo describiría más como necia o terca – se rió.
May rodo los ojos – Meril – se cruzó de brazos caprichosamente – Siempre encuentras la manera de hacerme rabiar – dijo la chica bromeando.
-Como si eso fuera tan difícil – respondió la castaña sonriendo.
-Da gracias a Dios que eres como una madre para mí – la chica se acurrucó más al asiento.
-Seguro que me he ganado a pulso ese lugar – la mujer le miró de reojo – No hay quien te aguante con ese carácter que tienes –
-Oye… - le miró con los ojos entrecerrados - ¿De qué lado estas?-
-Por supuesto que del tuyo – respondió sin vacilar la castaña.
La pelinegra hizo un puchero poco convencida de las palabras de su entrenadora, mientras observaba como las luces del lugar se iban apagando, eso indicaba que el espectáculo estaba por comenzar.
-Ya no discutas – le miró divertida la castaña – Ponte cómoda – le guiño un ojo.
May sintiéndose derrotada obedeció no era momento, ni mucho menos lugar para dejar salir una a una sus frustraciones, después de todo soltó un cansado suspiro –Era Ella quien debería estar siendo parte del elenco, si no fuera porque a su madre se le habían confundido las fechas, sin duda Ella estaría ahí-
-Sora Naegino – Musitó viendo el orden de la Obra – Leon Oswald – Volvió a decirse para sí misma en voz inaudible. Observó la imagen que estaba en la portada del programa y sonrió tristemente imaginando su nombre a lado del nombre masculino.
Era una verdadera pena que, Layla Hamilton, la antigua estrella del escenario Kaleido se hubiese retirado. Había sido gracias a que hacía tres años le había visto realizar el Fénix Dorado que se sintió motivada a prepararse lo suficiente y ser la mejor para alcanzar el puesto de compañera de la rubia, pero, la realidad le golpeaba, la verdad era otra, la señorita Layla se había retirado y Ella no había alcanzado a audicionar, su sueño se estaba desvaneciendo poco a poco.
La mano de su entrenadora le hizo volver de su ensimismamiento, la castaña puso su mano en el hombro de la pelinegra – Después de que termine la Obra que te parece si vamos a cenar –
May asintió en silencio viendo como la Obra daba inicio.
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-"Ni se te ocurra entrar en escena" –Las palabras del joven Leon, resonaron en su cabeza, las palabras frías y su actitud autoritaria le habían dejado inmóvil. Ahora, ¿Qué haré? – se preguntó a sí misma.
Cabizbaja y con la vista clavada al piso fue como la encontró Kalos, a unos metros del escenario.
-Sora – la voz masculina le saco de sus pensamientos.
-Jefe – musitó girando su cuerpo para quedar frente al recién llegado.
- Sígueme – la orden fue clara, el hombre giró sobre sus talones.
-Lo siento jefe – dijo la chica haciendo que Kalos detuviera su camino – Tengo un papel que representar – sus pupilas brillaron – no pienso defraudar al público –
Kalos hizo una media sonrisa, dándole la espalda habló – No seas tonta – metió sus manos a los bolsillos de sus pantaloncillos cortos. – Ahora ven –
-Ya se lo dije Jefe, no iré – la determinación y desafío de la chica, logro captar algunas caras curiosas que no les despegaban la vista.
-Si entras a escena – hizo una pausa encontrándose con la dulce mirada de Sara, la hermosa rubia que le había robado el corazón – Arruinaras la función – giró su cuerpo quedando a un par de metros de donde se encontraba Sora – Eso no se lo merecen tus compañeros- entrecerró sus ojos, la mirada escudriñadora traspasaba las lentes – Se más consciente y considerada – se acercó a Ella – para la próxima cumple con tus obligaciones y no le robes a otros las suyas – sonrió - No llegues tarde a tus ensayos, este es un castigo justo – hizo un pausado silencio, que tensionó la atmósfera – Creo que Layla hubiese hecho lo mismo – se inclinó hacía un costado para que la conversación fuese íntima y evitar escuchas chismosos y evitar malentendidos.
Sora abrió sus ojos de par en par, no esperaba ese tipo de palabras por parte de Kalos – Jefe – dijo en voz baja – Yo…-
-No gastes energía en vano – le hizo la seña que le siguiera - Ya te he dicho que por hoy, Leon Oswald se hará cargo de la función – sonrió dándole ánimo – sígueme – ya no era una orden, ahora el tono cambió a petición.
Sora le vio caminar en dirección a su oficina y sin ninguna resistencia, pero poco convencida, le siguió.
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-Esto es muy extraño – Dijo May para Ella misma observando que en el elenco no estaba la princesa haciendo sus acrobacias.
-Ocurre algo – preguntó La castaña mirándole de reojo.
-Nada – respondió en voz baja May, con su mirada seguía buscando a la ex compañera de la señorita Layla, Sora Naegino, su mente le recordó el nombre de quien se hubiese convertido en su rival, en caso de que Ella fuera parte del elenco.
-Pensé que esta obra presentaría un romance, se suponía que giraría alrededor de una historia de amor que tenía de protagonistas, a una princesa y a un príncipe – soltó decepcionada la castaña.
La pelinegra encogió sus hombros, echando un último vistazo a todo el lugar.
-Tal vez la chica enfermo – soltó para sí misma.
- Tal vez – La pelinegra pronunció apenas audible. Encontró la figura de una persona conocida para Ella – No puede ser – le dijo en silencio su conciencia, mirando con asombró a la rubia que se ponía de pie y caminaba hacia la salida de las butacas. Era la oportunidad que había estado esperando desde hacía algún tiempo, no podía creerlo, en ese momento, frente a Ella se encontraba la posibilidad de hablar con la verdadera y única estrella del escenario Kaleido, Layla Hamilton, Como si tuviera un resorte , se incorporó rogando darle alcance y presentarse ante Ella.
-May – alzó la voz para captar la atención de la chica, fue inútil, se había levantado del asiento de una manera tan extraña, que ni siquiera le había dado tiempo de preguntarle a donde iba.
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-Siéntate- la orden fue obedecida por Sora sin oponer resistencia – Quieres tomar algo – preguntó el castaño caminando hacia un costado del escritorio.
-No gracias – respondió Sora cabizbaja.
- Como quieras – Kalos no dio mucha importancia al estado de ánimo que la jovencita reflejaba, estaba seguro que al encontrarse con la sorpresa que le tenía, se animaría un poco.
Hubo un incomodo silencio, se escucharon un par de golpes tras la puerta.
-Adelante – Habló Kalos para dar acceso al recién llegado.
- Buenas noches – Saludó la persona que recién llegaba.
Al escuchar la voz de la persona recién llegada, Sora se incorporó – No es posible – pensó la chica – Esa voz pertenecía – la chica se puso de pie y giró hacia el lugar de donde provenía la voz – Señorita Layla – exclamó con ánimo y felicidad reflejado en su rostro.
-Hola Sora - saludó la chica recibiendo el abrazo de la jovencita.
-Me alegra tanto verle – soltó Sora muy contenta de saber que la rubia estaba junto a Ella.
-Las dejo – Kalos interrumpió la efusiva bienvenida – Supongo que tienen mucho de qué hablar – Kalos caminó hacia la salida, se detuvo frente a las dos chicas y mirando fijamente a la rubia, en silencio le pidió que se hiciera cargo de Sora.
Una vez que se encontraron a solas, la rubia puso distancia entre ambas y le miró en silencio con detalle estudiando a la chica que estaba frente a Ella. ¿Qué ocurría con la Sora que había sido su compañera hacía unos meses?; ¿Dónde estaba la chica audaz y llena de vida que había compartido con Ella el escenario y que había logrado realizar la técnica fantástica?, caminó hacía al frente, en dirección al escritorio quedando a espaldas de la jovencita.
Sora bajo su cabeza, clavando la vista en el suelo, la mirada de la rubia le incomodo, sentía que la mirada estaba cargada de reproches. Seguramente la señorita Hamilton estaría profundamente decepcionada de Ella.
-No te quedes ahí parada – la voz de la rubia reflejaba una mezcla de nostalgia y decepción - ¿Qué de interesante puedes encontrar en el suelo? – sonrió la joven al saber que la jovencita sin duda estaría apenada.
-Señorita Layla … Yo – Sora fue interrumpida antes de dar cualquier discurso.
-No necesito explicaciones Sora – seguían dándose la espalda – Ni muchos menos quiero excusas o pretextos – la chica giró su cuerpo quedando frente a la espalda de quien, en algún momento, había sido su compañera de escenario.
Sora guardó silencio, al escuchar las palabras de la señorita Layla levantó su rostro y giró para quedar frente a Ella.
-¿Qué está ocurriendo contigo? – le preguntó, la rubia reflejando dureza en su rostro suplicaba con sus palabras por una respuesta.
- No lo sé – soltó sinceramente Sora, con el alma transparente, se había prometido ser una compañera fuerte, se había prometido ser un apoyo para la señorita Layla, nunca sería una carga para Ella… Se había prometido no tener secretos entre Ellas.
La risa irónica que soltó la rubia, sorprendió a Sora, no esperaba aquella reacción de parte de su ex compañera – Te conozco Sora, no creo que Tú misma te hayas creído tus palabras –
-Señorita Layla – susurró tristemente, sin apartar la mirada de la rubia.
-Sora – sonrió con amabilidad y sinceridad – En mi ausencia esperaba que te convirtieras en la verdadera estrella del escenario Kaleido – encogió sus hombros – Tal parece que estaba equivocada -
La mirada de Sora se cristalizó, las palabras de la señorita Layla le dolieron, las sintió como afiladas cuchillas clavándose en su pecho – Yo lamento haberle decepcionado Señorita Layla – soltó la chica con voz apagada.
-No quiero disculpas Sora – la chica caminó hacia Ella y alzando sus manos las posó en los hombros en la jovencita – Quiero que despiertes, que te defiendas y me digas que no estoy equivocada – Las palabras de Layla estaban cargadas de suplica y determinación – Dime que cumplirás mi sueño Sora – la joven sonrió.
Sora sonrió, dejando que las lágrimas surcarán y enmarcaran su rostro, no podía hablar, un nudo grueso se formo en su garganta, pero con una mirada sincera y un asentimiento de cabeza aceptó que cumpliría la promesa.
-Sabes por qué confió que lo harás Sora – la rubia apartó sus manos de los hombros de la chica - Porque Tú eres mi sueño – Aquellas palabras fueron reconfortantes para Sora, la señorita Layla no estaba decepcionada de Ella, al contrario había venido a darle ánimos.
Las chicas se quedaron en silencio, recordando aquellos momentos tan importantes que habían logrado unirles en amistad. Sora se sentía feliz, reconfortada, desde la partida de la señorita Layla, parecía estar perdida, sin encontrar la dirección correcta, sin saber qué rumbo tomar, dando vueltas en círculo llegando al mismo lugar, una y otra vez sintiéndose frustrada. Pero, desde ese día, ya no estaría triste, estaba dispuesta a convertirse en el sueño de la Señorita Layla y cumplir con el sueño de ambas, llegar a ser la estrella del escenario Kaleido.
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-¿ Hacia… dónde … habrá… ido la seño..ri..ta Layla? – soltó jadeante la pelinegra saliendo del escenario, había corrido tras Ella, pero justo a la entrada del lugar le había perdido el rastro.
-Y ahora, ¿Qué hago? – se preguntó mirando el edificio que había frente a Ella, parecían los dormitorios de los miembros del elenco – Estoy perdida – soltó un cortó suspiró decepcionada por su fallida búsqueda.
Se rió de sí misma – No creo que la Señorita Layla este en los dormitorios - Hecho un vistazo hacia el edificio donde las luces aún estaban prendidas. Giró sus rostro viendo a un lado otra enorme construcción – Seguramente debe tratarse del gimnasio – pensó.
Sintió el viento golpear su cuerpo, una corriente fresca le causó un escalofrío, se abrazó a sí misma, sintiendo su cabello ondear a dirección del viento. Giró todo su cuerpo en dirección a la salida debía regresar a buscar a Meril, seguramente la función ya había terminado.
Iba sumida en sus pensamientos, todo parecía tan extraño, primero la ausencia de la ex compañera de la Señorita Layla,- ¿Estaría enferma?, ¿Se habría lesionado? – Se dijo en silencio ensimismada en sus no muy bien definidas hipótesis – Y en segundo lugar la presencia de la Señorita Hamilton en el escenario como una simple espectadora – pasó una mano por su largo cabello, aplacándolo, debido al viento se movía con rebeldía – Ahhh – soltó grito frustrada – ¿Cómo había sido posible que perdiera de vista a la señorita Layla? - se dijo en reproche. Hecho un último vistazo hacia ambos edificios para ver si veía algo que le diera alguna pista. No encontró nada que no fueran las luces de las ventanas de los dormitorios y las luces de las jardineras que alumbraban la entrada del gimnasio.
Siguió caminando distraída hacia la entrada del escenario, cuando vio como las luces de un coche chocaban con su rostro y le impedían ver, giró desorientada, la luz le había cegado y después el sonoro ruido de un claxon y unas luces intensas le desequilibraron haciéndole caer sentada y encontrarse con el piso golpeando su espalda – Auchh- se quejó sintiendo un inmenso dolor recorrer su espina dorsal.
-Demonios – se escuchó detrás, de la pelinegra, una voz maldiciendo - ¿Se encuentra bien? – la pregunta provenía del dueño del coche que casi la atropellaba, tras verle caer había bajado inmediatamente del auto.
-¿Qué si se encontraba bien? – Se dijo molesta en silencio – Todo le dolía – se respondió de la misma manera, tuvo ganas de gritarle "Imbécil, fíjate por dónde vas" y soltar sarcásticamente "¿Acaso no sabes manejar?", pero cuando le vio a contra luz, no pudo articular palabra alguna, El conductor de ese auto que minutos antes pudo haberle matado, -¿Era un ángel? – le soltó la interrogante su conciencia.
- Creo que si – Musitó tratando de incorporarse – No fue nada – Respondió sin verle a la cara seguía algo aturdida por la caída. Sin embargo, eso no había impedido que pudiera reconocer que el joven era muy atractivo.
El joven ya no dijo nada, le extendió la mano para ayudarle a que la chica se pusiera de pie. La pelinegra no muy convencida acepto la ayuda, una vez que quedo de pie volvió a quejarse, le seguía doliendo la parte trasera de su cuerpo. – Aucch – Se sacudió la tierra – Rayos – Soltó con molestia.
-May, ¿Estás bien?,- Escuchó una voz familiar - ¿Qué te ocurrió? – preguntó con preocupación.
-Nada – soltó mirando a la recién llegada – Venía distraída y casi se ocasiona un accidente – Meril se acercó a May.
-¿Puedes moverte?, ¿Tienes alguna herida? – preguntó ignorando al chico que se encontraba a unos centímetros alejado de Ellas, escuchando la conversación en silencio.
-Te digo que estoy bien – sonrió para disipar la preocupación de la castaña – No me paso nada, - soltó mientras caminaba -"eso me pasa por andar pensando en cosas que no me incumben"- pensó– Ella misma se daba cuenta que no tenía nada, seguramente sólo le quedarían unos cuantos hematomas por la caída, fuera de eso, estaría como si nada.
- Como Tú digas – La castaña se encogió de hombros – Aunque… deberíamos ir con un doctor a que te cheque – Dijo poco convencida de las palabras de la pelinegra.
-No es nada, anda vámonos – La chica le hizo un gesto para que la siguiera.
Antes de que pueda marcharse, giró su rostro para encontrarse con la mirada seria del joven que casi la hacía partir al otro mundo – Lo siento, venía distraída – hizo una reverencia y siguió su camino, detrás de Ella le seguía Meril.
El joven hizo una media sonrisa, soltando un suspiro, parecía que la jovencita estaba bien, le vio caminar a paso rápido y completamente incorporada, tal parecía que sus palabras eran ciertas.
A pesar de todo lo que había dicho la pelinegra; el joven alcanzó a la castaña – Lo lamento,- guardó silencio viendo como la pelinegra les sacaba ventaja- También fue mi culpa, iba distraído – sacó una tarjeta del bolsillo de su pantalón – Leon Oswald – extendió su mano – Si llega a presentar alguna consecuencia de la caía – la castaña recibió la tarjeta – No dude en llamarme – guardó sus manos en los bolsillos – Me haré cargo de todo – finalizó dando medía vuelta para regresar a su coche y subir en éste.
Meril se quedó viendo el nombre de la tarjeta, ¿Podría ser cierto? – Leon Oswald – leyó mentalmente, ese era el nombre del acróbata estrella del escenario Kaleido. Sonrió para Ella misma, guardando la tarjeta giró su cuerpo para dar alcance a May.
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Notas de la autora: Hola a tods, ya estoy acá después de casi un año de ausencia en actualizar este fic, el trabajo me absorbió, pero ya estoy acá con nuevo capítulo, espero que les guste. Ya se vendrá el encuentro con May y los demás chicos del escenario. Estoy trabajando con el capítulo 4. Este fic no será tan largo, unos 8 o 10 capítulos a lo mucho.
Agradecimientos para todas las personas que leen y en especial para aquellos que dejan sus comentarios: Escarlatina, Rika de Hiwatari, Janet (Muchas gracias por tu comentario; espero que sigas leyendo la historia y comentes que te pareció el encuentro entre May y Leon. En el siguiente capítulo se viene más interacción entre Leon y May), Lucy Okari, Angie (Gracias por seguir la historia, espero no hayas dejado de leer) y Rita-san1990(Espero te siga gustando la forma en que se desarrolla la historia. Muchas gracias por tus comentarios)
Pd. El capítulo 9 del fic de la promesa también viene en camino, si todo sale bien para el próximo fin de semana está en red, pero no pasa del mes de julio.
Besos y abrazos.
Bendiciones!
Al chan.
