Katarina

Un carruaje simple. Dos caballos bufando constantemente, con la cabeza agachada y arrastrando sus pezuñas. Las bolsas debajo de los ojos del conductor y la pipa apagada en su boca, llena de cenizas viejas. Señales tan claras de cansancio que hasta un novato podría notarlas y el objetivo soñado para cualquier asesino. El vehículo se tambaleó al pasar por encima de una raíz, casi haciéndole perder el control al agotado conductor, creando la oportunidad perfecta para asaltar el carruaje y este ni siquiera se daría cuenta que su pasajero acababa de morir. Un trabajo sencillo, rápido, eficaz y limpio.

-¡Pero entonces por qué la mejor asesina de Noxus es la pasajera dentro del carruaje! -exclamé, después de que mi desesperación y aburrimiento llegaron al límite.

-A-ah, una disculpa señorita Du Couteau, ¿dijo usted algo? -balbuceó la voz del conductor desde afuera. Por su tono, era claro que estuvo a punto de quedarse dormido y chocar el carruaje.

-Ugh, solo me preguntaba cuánto más falta de este tortuoso y aburrido viaje -respondí de malas mientras abría la cortina de una de las ventanas. Tristemente, ningún cuchillo o flecha voló a través de ella, y afuera no había una comitiva demaciana de bienvenida que le diera algo de sabor a este tedioso día. En su lugar solo había árboles y más árboles.

-Bueno, pues no falta mucho, deberíamos de llegar antes de mediodía ya que viajamos, uh, toda la noche, sin descanso -claramente había algo de molestia en la voz del hombrecillo, pero yo tampoco estaba muy contenta con el viaje.

-Si hay algún problema yo puedo continuar por mi cuenta, y hasta conducir el carruaje de vuelta si lo prefieres. Ya después saldarás cuentas con los generales cuando vuelvas a Noxus. Digo, si vuelves a Noxus.

No pude evitar sonreír al imaginarme la cara traslúcida del conductor y el sudor frío que le recorría el cuello después de mi comentario. Sin nada más que hacer, atormentar al pobre tipo era mi única manera de mantenerme entretenida.

-Estoy bromeando, relájate. No necesitamos que te dé un ataque y termines estrellando el carruaje contra un árbol -escuché un leve suspiro de alivio: la señal que esperaba- Después de todo, tú y tu familia no podrían cubrir el costo de uno solo de los caballos aunque trabajaran sin descanso por el resto de sus días.

Los caballos relincharon al casi chocar con algo en el camino y pude escuchar un pequeño grito de pánico desde el frente del coche. Quizás era mejor dejarlo tranquilo antes de que algo en verdad pasara y tuviera que terminar el recorrido a pie. Aunque esa no era tan mala idea; después de todo, siempre he preferido viajar sola.

Continuamos por el mismo sendero por lo que parecía una eternidad. Mientras más nos acercábamos a nuestro destino el bosque se volvía menos tupido y la luz lograba atravesar las copas de los árboles, revelando flores, riachuelos y extrañas estructuras entre las plantas.

-Oye, como te llames, tú has recorrido este camino antes, ¿no es así? -un gruñido me informó que mi compañero de viaje me estaba escuchando- ¿Siempre había sido así de… verde? ¿No se supone que este lugar estaba muerto?

-Antes todo esto era un viejo campo de batalla desolado y vacío. Fue hasta hace poco que la vegetación volvió a crecer y los ríos empezaron a fluir de nuevo.

-¿Hace cuánto comenzó todo eso?

-Yo diría que poco menos de un año. Debe de ser magia muy poderosa para crecer un bosque de este tamaño en tan poco tiempo -respondió el conductor, mientras a la distancia veía un par de ciervos salir corriendo al escuchar el ruido del carruaje- Hace un par de meses que hice este mismo viaje y en ese entonces no había tanta vegetación y animales como los hay ahora. Je, si fuera un hombre religioso, hasta diría que fue un milagro de los dioses.

-Con que un milagro…

Lo que me decía coincidía con los reportes que habíamos estado recibiendo sobre un bosque salido de la nada y un grupo de individuos que se hacían llamar "Invocadores" trabajando en secreto en medio de él. Las fechas cuadraban, pero los tiempos no. Usar magia para hacer crecer una planta o hasta un campo entero era relativamente fácil, pero nunca se había escuchado de algo de esta magnitud. Al menos no desde hace mucho, mucho tiempo.

-Ah, señorita Du Couteau, hemos llegado. Si se asoma por su ventanilla debería poder verlo a la distancia.

El sol me encandiló por un segundo al sacar mi cabeza, pero por fin pude ver nuestro objetivo. Llamarlo castillo sería un insulto: el edificio era tan alto que me sorprendía no haberlo visto antes a la distancia. 25 o tal vez 30 pisos ocupaban un poco más de la mitad de su altura, mientras que una escalinata gigante, fácilmente de unos 500 pasos, separaba el edificio del piso. Sus dimensiones hacían que cualquier mansión pareciera un hormiguero en comparación, y me atrevería a decir que la edificación no le envidiaba nada a la capital noxiana. El lugar podría ser confundido con una ciudad pequeña sin problemas.

-Jeje, ¿sorprendente, verdad? Los tipos que viven allí lo llaman "El Instituto de Guerra". Algo agresivo, si me lo pregunta.


-Bienvenida señorita Katarina Du Couteau. Llega antes de lo previsto -dijo la persona que nos recibió al pie de la escalinata. Traía una túnica que lo cubría de pies a cabeza y una capucha que ensombrecía su rostro, al igual que sus dos acompañantes, pero por su voz era obvio que se trataba de un hombre.

-Omita las formalidades, ya escuché suficientes en el camino aquí. Solo dígame Katarina. ¿Y usted es la persona que nos contactó? -respondí mientras trataba de ignorar que mis piernas estaban dormidas después de pasar tanto tiempo sentada.

-No, ese sería el Invocador Superior. Temo que por el momento se encuentra ocupado con otro de los delegados que llegaron el día de ayer, pero nos encargó recibirla, acompañarla a su habitación y explicarle el procedimiento que se llevará a cabo mañana.

-Ah sí, esa cosa, ¿cómo era? "Juicio" o algo así -fruncí el ceño, como si tratara de recordar, pero esa palabra no había dejado mi mente desde que salí de la capital.

-Así es. Me temo que será necesario que pase por este antes de su reunión con el Invocador Superior.

-Bueno, entonces hagámoslo ahora.

-¿Disculpe?

-Si necesito hacer eso para hablar con la persona a cargo, entonces quiero hacerlo lo antes posible. ¿O ustedes no pueden ser mis jueces o como sea que esto funcione? -respondí con una sonrisa practicada en mi cara.

-En realidad el asunto es que un Juicio es una experiencia muy pesada y agotadora, y por ello esperábamos que descansara al menos un día después de su llegada para evitar algún contratiempo al momento de-

-Sus preocupaciones están de sobra. Soy más que capaz de aguantar lo que sea que su Juicio involucre. Además, al igual que Noxus, soy una persona de poca paciencia y quiero hablar con la persona que tuvo las agallas de enviarle una invitación directa al Gran General Swain. Así que, ¿pueden o no realizar el Juicio en este momento o necesito buscar otras túnicas moradas andantes que sí puedan? -rematé, mientras observaba con exasperación el lugar donde asumí estaban los ojos del hombre. Tras voltear a ver a sus compañeros y cuchichear algo que no alcance a escuchar, finalmente volvió su cabeza hacía mí y me respondió con el mismo tono solemne con que me había recibido.

-Muy bien, por favor síganos al interior del Instituto, y uno de mis compañeros guiará a su carruaje a nuestros establos. Tenga cuidado al subir, son bastantes escalones, pero hay un par de descansos en el camino.


Casi había olvidado esa sensación. El calor abrumador, el sabor a arena en mi boca, la gentil brisa que refrescaba el ambiente y a la vez amenazaba con llevarse todo a su paso. Un típico verano en Shurima.

Lo que ya había olvidado era esa casa. Llena de plantas exóticas que se marchitaban solo para ser reemplazas por otras, armaduras decoradas en cada pasillo y un enorme patio con un brillante estanque en el medio. Y junto a él, un hombre y su hija.

-…y por eso es que tu madre tuvo que llevársela -dijo el hombre, con una reconfortante expresión en su rostro, mientras tomaba a su hija por el hombre, tratando de explicarle algo que no tenía sentido.

-Pero entonces, ¿vamos a regresar a Noxus con Cass y mamá? -preguntó la niña, tratando de contener su llanto.

-Yo, um… No, por ahora no puedo dejar Shurima.

-¿Entonces puedo irme con ellas? No quiero separarme de Cass, yo sé que ella va a estar muy triste sin mí. Y y y, yo también voy a estar triste y sola sin nadie con quien jugar.

El hombre agachó la mirada, pensando por un momento. Pero cuando levantó sus ojos, notó las lágrimas en la cara de su hija.

-Tu hermana es más fuerte de lo que crees. Estoy seguro de que después de un tiempo estará bien, y además tiene a tu mamá con ella. Y yo estaré aquí, contigo, y haremos muchas cosas divertidas antes de volver a casa, ¿ok? -el hombre secó las lágrimas de su hija con su dedo, asegurándose de no lastimarla con los varios callos en sus manos.

-¿Cass se va a olvidar de mí? -respondió la pequeña entre sollozos -Ya…ya no… ¿va querer estar conmigo?

-No no no, ella y tu mamá siempre te van a querer, y siempre serán una familia sin importar qué pase o en dónde estén -el hombre abrazó con fuerza a su niña, quien finalmente rompió en llanto, llenando el patio completo con su voz. -Por eso tienes que crecer y ser fuerte, muy fuerte, hasta que se vuelvan a ver. ¿Me puedes prometer eso, Katarina?

La pequeña niña asintió mientras sus lágrimas seguían cayendo, y la escena se fue desvaneciendo, volviéndose un oscuro remolino, muy parecido al que sentía en mi estómago después de revivir ese recuerdo.


-Creo que es una buena idea detenernos por el momento. Por su propia seguridad, señorita.

Abrí mis ojos de inmediato al escuchar una extraña voz cerca de mí, que le pertenecía a un viejo de cabello y barba blanca que usaba las mismas túnicas que los tipos que vivían en este lugar y que se encontraba en el otro extremo del cuarto. Traté de levantarme de mi asiento, pero fuertes nauseas casi me hicieron vomitar y volví a cerrar mis ojos para tratar de controlar mi pulso y ahuyentar las agudas punzadas que sentía en mi cabeza. Era inaceptable que me viera tan vulnerable con un potencial enemigo en la misma habitación.

-Obstinada, igual que los demás. Tiene sentido, considerando quienes son. Pero le aseguro que, si quisiera lastimarla, no me habría tomado la molestia de despertarla primero.

-Je, ¿se supone que eso me tranquilice? Porque si ese es su trabajo, deberían contratar a alguien que no sea un completo asco en ello -respondí, mandando al carajo cualquier intento de ser diplomática. Pero el desconocido solo se rio un poco antes de continuar.

-Ah, que lástima. Calmar y tranquilizar a otros son habilidades bastante importantes para alguien a cargo de un lugar tan grande como el Instituto de Guerra, pero parece ser que aún me falta práctica.

Me tomó un segundo entender lo que acababa de escuchar, pero en cuanto lo capté voltee a ver de nuevo al viejo.

-Espere, espere, espere. ¿Usted está a cargo de este sitio? ¿Es el invocador supremo o cómo sea que le dicen?

-El título es Invocador Superior, aunque técnicamente aún no merezco dicha posición, pero ya que todos mis colegas se empeñan en decirme así, supongo que sí, lo soy.

Empecé a repasar la lista de todas las cosas que necesitaba hablar con él, empezando con las que el Gran General me había encargado personalmente, pero imágenes del hombre y su hija en medio del patio seguían girando en mi cabeza y no me dejaban concentrarme. Tenía un solo trabajo y lo estaba arruinando en el momento más importante.

-Estoy seguro de que hay muchas cosas que quiere decirme y reclamarme, señorita Katarina -interrumpió el Invocador -pero por desgracia tendremos que dejar esa agradable conversación para el día de mañana. A mi edad, uno ya no puede trabajar hasta tarde, y hoy fue un día bastante pesado para mí, por lo que preferiría retirarme temprano. A primera hora podemos sentarnos a hablar con un apetitoso desayuno frente a nosotros. ¿Podría abusar de su paciencia y concederme ese honor?

-Está bien, pero solo por esta vez. Ni a mí ni a las personas que me enviaron nos gusta esperar, ni siquiera por un "Invocador Superior" -declaré, mientras por fin lograba calmar las pulsaciones en mis oídos y el dolor que trataba de partir mi cráneo en dos.

-Agradezco su comprensión. En un momento mis compañeros entrarán para examinarla y asegurarse de que todo este en orden, así que le pido que extienda su cordialidad y paciencia con ellos también -dijo el viejo mientras se dirigía a la puerta, por la que escuché un par de pasos acercarse. Sin duda los tipos que iban a revisar que mi mente siguiera en una pieza.

-Ah, y una última cosa -continuó -Sé que es inútil convencerla de lo contrario, pero le aseguro que cualquier información que encuentre mientras registra el Instituto en secreto le iba a ser entregada en la asamblea dentro de tres días. Aun así, siéntase libre de explorar el edificio a la luz de la luna. El ala oeste en particular se ve magnífica a altas horas de la noche. Que descanse.

El hombre finalmente salió de la habitación, mientras varios tipos en túnicas y capuchas tomaban su lugar.

-…Idiota.


Me tiré de espaldas en la cama de mi habitación. Después de varios incómodos minutos con tipos encapuchados revisándome en completo silencio, por fin me habían dejado ir, declarando que todo estaba en orden y que una cena ligera y una buena noche de descanso era lo único que me faltaba.

-Psh, como si eso fuera a ayudar con…

Cerré mis ojos por un momento para tratar de ordenar mis ideas y las imágenes de esa escena de hace ya tanto tiempo volvieron a crear un caos en mi cabeza. Desesperada y decepcionada de mi misma, me senté con las piernas cruzadas y alinee mi espalda y cuello. Controlé mi respiración y poco a poco fui vaciando mi mente hasta que solo podía escuchar el crujido de la madera y los latidos de mi corazón. La gente de Ionia quizás eran unos tontos con toda esa basura del balance y el poder de la naturaleza, pero al menos sus técnicas de meditación eran muy útiles para forzar a la mente a dejar de lado las tonterías y enfocarla en la tarea en mano.

Me volví a recostar mirando al techo mientras repasaba todo lo sucedido ese día, incluyendo mi breve conversación con el viejo al que llamaban "Invocador Superior". Al parecer ya estaba al tanto de nuestros planes de infiltrarnos en el Instituto de Guerra para averiguar cómo un grupo de completos desconocidos habían revitalizado un campo que todos pensaban desolado desde hace siglos, construido una mini-ciudad en medio de él y contactado de forma directa a todos los líderes de las más poderosas naciones de Runaterra, todo esto en menos de un año y sin que nadie se enterara de ello hasta que los reportes de que nuevas plantas habían brotado en lugares que habían estado secos hace menos de una semana.

Aunque, en realidad, era obvio que esperaban eso. En el momento que la respuesta por parte de Noxus fue enviar a su mejor espía y asesina en una misión diplomática, era de esperarse que iba a intentar escabullirme cuando nadie me prestara atención y buscar sus más valiosos secretos, y de paso, quizás cortar un cuello o dos. Pero si toda la información que fuera a encontrar me iba a ser entregada en un par de días de todos modos, quizás no valía la pena arriesgar la posición de Noxus ante las demás naciones en un sitio neutral como este y bajo un estatus de tregua. Aún así, la idea de explorar la base de operaciones de un rival desconocido seguía sonando muy tentadora.

-Bueno, el viejo dijo tres días, lo que significa que tengo el día de mañana para dar un recorrido de día y otro de noche.

Me rendí ante el cansancio que se había acumulado entre el viaje y ese estúpido Juicio que de alguna forma había tomado casi todo el día. Mi cuerpo también me demandaba tomar una ducha y cambiarme de las tontas ropas que los embajadores me habían forzado a usar porque, según ellos, mi atuendo normal no era apropiado para una misión diplomática. Quisiera verlos a ellos asesinar a un comandante enemigo mientras pelean con tres guardias y evaden un sinfín de flechas usando tacones y un vestido. Pensándolo bien, quizás sí querría verlos tratar de hacer eso. En especial a ese cretino de Kythera.

Una voz llamó a mi puerta, anunciando que traía la cena. Al parecer estos Invocadores no se medían cuando se trataba de atender a sus huéspedes. Mientras me dirigía a abrir la puerta, una divertida idea surgió en mi cabeza: si ya estaban aquí, quizás me podría divertir un rato molestando a los emisarios demacianos. Sin duda el rey no había respondido personalmente, pero si el príncipe se había ofrecido, seguramente traería consigo a sus más leales y entretenidos perros guardianes.