¡Nada me pertenece los personajes son propiedad de Stephanie Meyer.
La historia está preservada bajo derechos autor!
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CUARENTA
Edward
—Aún no sé si esto es una buena idea —murmuró sentándome sobre el inodoro.
—Confía en mí —me besó—, quítate la camisa—, me apresuró
—¿Por qué? ¿Qué tiene que ver la camisa con mi barba?
—No quiero mojarla —rodó los ojos, me quité el buzo y la camisa que usaba debajo, su mirada se trancó en mi pecho desnudo, barrió por mis abdominales y hasta la uve cubierta por el pantalón. Mi miembro se retorció cuando en sus ojos solo pude identificar el deseo.
—¿Isabella?
—Ah —negó con la cabeza.
—¿Estás bien? —asintió.
—Recuéstate —su voz se escuchó entrecortada, la vi tomar del lavamanos maquinillas y la crema para afeitar, ya que no había tenido tiempo para guardarlas, luego buscó en el pequeño escaparate bajo el grifo una toalla y tijeras, buscó también un peine pequeño y un cuenco que llenó con agua antes de volver a pasar su pierna sobre las mías y sentarse en ellas.
Colocó la toalla en mi pecho y humedeció mi barba con el cuenco, secó un poco y luego la peinó con el peine, desenredando los nudos, luego tomó la tijera.
sus manos temblaban levemente, tragué grueso justo cuando ella tomó un pequeño mechón, colocó la tijera en posición y luego cerró los ojos mientras cortaba
—¡No cierres los ojos! ¿Dios en qué rayos estoy pensando…?
—Es que me pones nerviosa… mejor ciérralos tú.
—Esto es una mala idea —mascullé enfurruñado.
—Confía en mí —repitió.
Cerré los ojos y ella empezó a cortar, intenté relajarme, confiar en ella, recordando su rostro, cuando por fin acepté que ella quería hacer algo por mí. Así que me enfoqué en respirar y no moverme hasta que ella soltó un gritito de victoria.
—¿Terminaste? —pregunté abriendo los ojos.
—La primera fase está lista. —Tomó la crema de afeitar que estaba sobre el lavabo y humedeció de nuevo mi mentón antes de aplicarla.
—Lo haces muy bien para no haberlo hecho nunca, mentirosilla.
—No mentí cuando dije que era la primera vez que lo hacía, vi a mi madre cortar la barba de mi padre en muchas ocasiones, antes de Edmund, ella… alistaba todo en la cocina y yo era una especie de ayudante.
—La cuchilla es más complicada que las tijeras.
—Déjame hacer mi trabajo.
Deslizó la cuchilla suavemente por mi piel, mi cuerpo volvió a tensarse.
—Qué serio y tensó estás… —murmuró con voz ronca—, ya dije que no te cortaría el cuello, quizá si esto hubiese pasado semanas atrás habría sido posible, ahora me gustas mucho. —Me reí, una risita nerviosa.
—Es bueno saber que ahora te gusto.
—No te muevas —dijo con total concentración, me quedé quieto dedicándome a mirarla, cada gesto en su rostro, el sudor en su frente, solo se escuchaba el sonido de nuestras respiraciones, volvió a sonreír cuando mi mentón quedó libre de vello.
—No rasures el mostacho —murmuré mientras ella limpiaba la maquinilla.
—Parecerás Ned Flanders.
—Perfecterijillo —me reí y ella también lo hizo.
—Vaya, el poli sabe de la familia amarilla.
—Era mi programa favorito de niño —tomé su cintura atrayéndola a mí.
—Tu mamá te dejaba verlos, la mía los odiaba…
Él resopló…
—A duras penas teníamos luz, íbamos a la escuela porque mi madre sabía que el servicio de acogida podría llevarnos si no íbamos… —se acomodó sobre mi regazo, nuestros sexos casi en contacto, pero no había ninguna índole sexual, sin saber por qué empecé a contarte retazos de mi infancia, lo poco que recordaba de ella—, había una vieja tienda de electrodomésticos camino a la escuela, trasmitían el programa justo después que salíamos de la escuela, así que me quedaba un poco tonto viéndolo, en vez de ir a casa.
—¿Íbamos? ¿Tienes hermanos, Edward?
Me tensé, no quería que Isabella supiera que, el hombre que tanto la buscaba y yo, compartíamos ADN.
—¿Cuál era tu caricatura favorita? —Cambie el tema completamente deseando que ella no preguntara el porqué.
—Oh, tenía varias, pero mi favorita era Dragón ball Z… —se pegó a mi pecho riendo—, era la caricatura favorita de mi padre y siempre me sentaba en sus piernas para verlo, crecí teniendo un crush con Trunks… —no pude evitar burlarme de su enamoramiento infantil—. No te burles de mí —me dio un golpe y la atraje a mi pecho
—En serio era tu crush, si tenía como cinco años?
—Tenía ocho en Dragon Ball Super, y no, no me gustaba Trunk niño —tomó la toalla que tenía sumergida en agua tibia en el lavabo—, me gustaba el del futuro, el que tenía veintiuno… —Pasó la toalla por mi mejilla retirando lo que quedaba de la espuma.
—¿Qué edad tenías? —pregunté sin dejar de observarla.
—Seis o siete años… ¿qué te puedo decir? Me gustan mayores.
—Ya veo —se levantó de mis piernas y vació el agua del cuenco, tomó las tijeras y la espuma de afeitar y abrió el gabinete colgado en la pared para guardar las maquinillas y la crema cuando la prueba de embarazo cayó sobre el lavabo.
—Vaya, me preguntaba dónde la habías dejado —dijo tomando la caja.
Me levanté del inodoro colocándome a su espalda y deslizando mis brazos por sus hombros.
—No la hagas si no quieres hacerla —besé su cabeza—, leí un poco, es muy pronto para un resultado real —la giré—, puede que la prueba nos arrojé un falso positivo.
—¿Estás seguro? —asentí y fue su turno de abrazarme, su cabeza se posó en mi pecho.
—Me gusta.
—Me gusta tu bigote, te incrementa un mil por ciento la sexualidad —negué con la cabeza, ella y sus cosas—. Puedo cortarte el cabello si quieres —dijo cuándo tiré unos mechones de mi cabello.
—No, conservemos el cabello por ahora.
—Me haré la prueba después de mi periodo, si te parece correcto.
—Como tú quieras, cariño, gracias por rasurarme.
—No hay de qué —estiró sus brazos rodeando mi cuello y la sostuve de la cintura, sus labios se unieron a los míos, primero suaves, lánguidos y deliciosamente húmedos; sus manos apretaban y moldeaban mi trasero, nuestras lenguas danzando lentamente alrededor de la otra, las puntas encontrándose y probándose… sus piernas temblaron y la sostuve suspendiéndola y recostándola a la pared más cercana, su boca se abrió dando una invitación silenciosa a mi lengua, anudé sus piernas a mi cintura y nuestras caderas empezaron a moverse, teníamos que parar.
—Bella… —deslizó su mano entre mi pantalón y apretó mi trasero.
Mierda….
—Dios… Isabella, debemos detenernos… —mascullé sin despegar mis labios de los suyos—. Dejé los condones en la habitación —farfullé, pero ella me ignoró—. Nena. ¡demonios!
Saliendo del baño caminé a ciegas sin dejar de besarla hasta entrar a la habitación, la necesitaba, quizá tanto como ella me necesitaba a mí.
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Isabella
01 de Enero de 2018
¿Sabes lo que dicen sobre que nunca debes tocar un cable de alta tensión porque la corriente que envía por tu cuerpo podría matarte?
Darren era una de esos cables…
Sus jadeos, sus gemidos llevaban corriente a mi cuerpo.
Lo envolví con mis labios solo para chuparlo por completo, como si fuese un chupetín, sin dejarlo completamente fuera de mi boca giré mi lengua en torno a su cabeza, sus piernas se tensaron y dio un pequeño salto, el agarre en mi cabello se apretó, sus dedos se introdujeron entre los mechones de mi cabello sin ser demasiado brusco.
—No voy a … —repetí la acción y mi mano subía y bajaba dedicándole especial atención a la punta roma de su polla—. ¡Joder!
Murmuré un aja o quizá un uhump que lo hizo agarrar un puñado de mi cabello dándome un suave tirón, lo introduje lo más que mi reflejo de arcada lo permitió, apretando suavemente y sincronizando los movimientos de mi boca y mi mano, un jadeo entrecortado escapó de sus labios al tiempo que sus caderas empezaron a moverse de forma descoordinada.
Gruñí y él gimió
Apreté y él jadeó.
Succioné y de su boca escapó un gruñido salvaje mientras se corría en mi boca
Tragué con lentitud al tiempo que bajé mi cabeza en torno a su miembro una última vez antes de soltarlo completamente, me incorporé con lentitud una vez él soltó mi cabeza, limpiando con mi lengua la comisura de mi boca.
—¡Eres una criatura peligrosa! —masculló con voz agitada—. ¡Vas a matarme, lo juro por Dios! —Rápidamente cambiamos de posiciones, la ropa voló y se subió sobre mi cuerpo abriendo mis piernas para él.
Con un suave beso en mi boca deslizó la cabeza de su miembro entre los mojados labios de mi sexo.
—Joder… —fue mi turno de maldecir, lo había extrañado, después de tenerlo casi a diario habíamos tenido que hacer una pausa por mi periodo, no porque a mí me importara, pero Edward había sido enfático en que era lo mejor, cerré mis ojos sintiéndolo frotarse contra mi clítoris, mi espalda se arqueó buscando la manera de que hubiese mejor contacto—. Edward.
—Eres una jodida provocadora —su miembro estaba caliente, quizá yo estaba caliente.
—Por favor… —metió la mano entre nuestros cuerpos después de unos minutos, tomando la base de su miembro la alineó rápidamente en mi entrada.
—Maldición, condones… —se separó haciéndome lloriquear ya que buscaba un condón en la mesita de noche.
Arrebatándoselo de las manos lo desenrollé sobre su longitud, él me penetró con rapidez haciendo que mis ojos se abrieran de golpe y que de mi boca escapara un pequeño gemido gutural.
—Dios… te sientes tan bien.
Su miembro se hizo espacio en mi interior.
—Te extrañé —susurré, el placer estaba socavando cada terminación de mi cuerpo.
—Siempre estuve aquí… —refunfuñó.
—Hablo de esto, la intimidad, la conexión, tú sobre mí —empujó un poco más y abrí mis piernas dejándolo encajar.
—También extrañé esto… —apretó los dientes—. Tú me vuelves loco —se impulsó afirmándose en sus piernas, gruñí frenética cuando sus testículos golpearon mi trasero, mis manos lo tocaron por todos lados, las suyas hacían lo mismo—. Mía…
Gemí y sus dientes mordieron mi pezón haciéndome gritar, dolía, pero a la vez era tan placentero.
—Hazlo de nuevo —rogué sin importarme el dolor, él cambió de un pecho a otro chupando, lamiendo sin dejar de mecer sus caderas contra las mías.
—Mierda, Isabella… —su boca subió a mi mejilla, cerré mis ojos perdiéndome en las sensaciones, sin poder hablar, mi boca se abría, pero nada salía de ella, la habitación estaba llena del sonido de nuestras carnes estrellándose con fiereza—. Mírame por favor, mantén tu mirada en mi nena.
