Todos los personajes de Ranma ½ pertenecen a Rumiko Takahashi.

Akai to Aoi

por

Freya

No, no están alucinando, he retomado esta historia luego de mucho tiempo jaja, bueno en realidad nunca la abandoné, sólo estaba concentrada en Marido & Mujer en la que estuvimos trabajando sin parar durante más de dos años. Aprovecho el momento para darle las gracias a las personas que han dejado reviews en esa historia y no han dejado algún medio de contacto para poder responderles :).

También aprovecho para agradecer a todas las personas que durante esta larga ausencia han continuado leyendo esta historia y dejando sus comentarios, también a los que la han vuelto a leer jaja.

Sin más los dejo con la continuación, espero les guste.


Yo soy más apuesto...

—Baka, insensible —masculló entre dientes presionando con fuerza la pequeña mancuerna que sostenía en su mano derecha—. ¿Cómo puede tomarse el asunto tan a la ligera? Actúa como si no conociera a Nabiki —pronunció mientras reanudaba sus ejercicios subiendo y bajando el antebrazo rítmicamente—. Pero que no se le ocurra venir a quejarse cuando ella se aproveche de la situación, porque no pienso prestarle atención —farfulló deteniéndose nuevamente al escuchar las voces de su hermana y su novio, que al parecer mantenían una pequeña conversación en el pasillo.

Sigilosamente se acercó hasta la puerta y se dispuso a escuchar:

—¿Estás listo, Ranma-kun? Ya tengo todo preparado en el Dojo —escuchó decir a Nabiki con un tono de voz que dejaba claro que la situación le parecía muy divertida—. ¿No te irás a arrepentir, no?

—Cla... ¡Claro que no! Un Saotome no se retracta cuando da su palabra. No soy un cobarde —Sus palabras la hicieron fruncir inmediatamente el ceño.

Ranma se estaba tomando el asunto como un desafío y ella no entendía cómo después de todas las veces que Nabiki lo había engañado, aún aceptaba hacer negocios con ella.

—Baka, no debiste aceptar tan rápido —murmuró con un deje de preocupación en su tono de voz.

Mientras escuchaba el sonido de sus voces alejarse escaleras abajo, comenzó a recordar lo sucedido el día anterior.

Flash back

—Supongo que vas a pedirnos dinero... ¿Cuánto nos va a costar que no le cuentes a todo Nerima? —preguntó Akane fulminando con la mirada a Nabiki.

— ¿Dinero? —preguntó con un tono de voz que denotaba que estaba evaluando cuánto debía cobrarles—. Podría cobrarles por la copias... pero no voy a hacerlo —añadió observando divertida a la perpleja pareja—. Necesito que me prestes a Ranma-kun... para un pequeño negocio.

De reojo observó a Ranma; sus facciones tensas y la extraña palidez de su rostro demostraban que no tenía muchos deseos de ayudar a su hermana. —Si estás pensando en rentarlo para que Ukyo, Kodachi o Shampoo puedan salir con él, puedes olvidarlo —afirmó con decisión, manteniéndole la mirada a Nabiki que parecía estar disfrutando mucho con la situación.

—¿No me vas a negar que te da celos pensar en algo así, no hermanita? —preguntó Nabiki observando con detención el rostro de Akane. Su entrecejo totalmente fruncido y la fina línea que formaban sus labios hacían pensar que, en ese preciso instante, estaba imaginando cómo sería acosado Ranma si el negocio que pensaba proponerle estuviera relacionado con rentarlo para citas.

El rostro de la jovencita de cabellos azulados adquirió un suave rubor que se concentró especialmente en sus mejillas. Rubor que delataba los enormes celos que le provocaba pensar en aquella posibilidad.

Con disimulo miró de soslayo a su novio notando al instante que la tensa expresión que se dibujaba minutos atrás en su rostro había desaparecido por completo, dando lugar a una media sonrisa que le aseguraba que el muy idiota tenía la certeza que ella estaba celosa.

—Ese no es tu asunto, Nabiki —farfulló cruzándose de brazos, ignorando la burlesca sonrisa de su hermana.

—Tranquila, aunque es una buena idea no está dentro de mis planes... al menos no en esta ocasión —comentó relajadamente—. Necesito a Ranma-kun para tomarle algunas fotos.

—Si piensas que voy a convertirme en chica puedes olvidarlo —bufó Ranma mirando con el entrecejo fruncido a Nabiki.

—Te necesito como chico —pronunció sin prestarle atención a la creciente y peligrosa aura de batalla que comenzaba a crecer alrededor de Akane—. No creo que a mi clienta le interesen las fotos de cierta pelirroja —respondió mirando de soslayo la furiosa expresión de su hermana menor.

—Shimatta... ¡Está bien! Pero sólo lo hago para que no hables so... sobre A... Akane y yo —balbuceó sonrojado mirando hacia otro lado para fingir indiferencia.

Akane presionó sus puños con fuerza, no podía creer que él aceptara tan fácilmente tomarse fotografías para alguna pervertida. —¿¡Vas a dejar que te tome fotografías para vendérselas a cualquier chica! —protestó tomando por la camisa a su prometido obligándolo a fijar la mirada en su rostro.

—O... ¡Oe! Te...tengo que hacerlo...—balbuceó sintiendo como rápidamente comenzaba a convertirse en un verdadero manojo de nervios frente a la furiosa expresión de Akane.

—¡Baka! Estamos metidos en todo esto por tu culpa —protestó la muchacha controlando a duras penas su enojo.

—¿¡Por mi culpa! —replicó el chico dejando atrás su nerviosismo para clavar una ceñuda mirada en el rostro de Akane—. ¿Ya olvidaste quién me besó? —preguntó mientras sus labios se curvaban en una media sonrisa gracias al repentino sonrojo que sus palabras habían provocado en su novia.

—¡Ranma no baka! —exclamó mandándolo a surcar los cielos de Nerima gracias a una de sus certeras patadas. Era cierto que ella lo había besado, pero nada habría sucedido si Ranma no le hubiese coqueteado insistentemente.

—Él tiene razón, hermanita —habló Nabiki llamado la atención de una agitada Akane que aún refunfuñaba algunos insultos en contra de su prometido—. La que se lanzó sobre él fuiste tú —añadió riendo abiertamente mientras dejaba la habitación.

—No fue mi culpa —protestó infantilmente Akane sin importarle que su hermana ya no estuviera ahí para escucharla.

Lentamente volteó para observar su destruida ventana. Por un instante un leve sentimiento de culpa se apoderó de ella "Tal vez no debí golpearlo... después de todo sólo aceptó para que Nabiki no dijera nada sobre lo nuestro" Pensó algo acongojada.

—De todos modos no debió aceptar tan rápido —farfulló volviendo a sentir como los celos renacían en su interior con renovadas energías al imaginar qué tipo de fotos le pediría Nabiki a Ranma.

Fin flash back.

Los recuerdos provocaron que la incertidumbre y los celos nuevamente volvieran a apoderarse de ella. Y cómo no estarlo sabiendo que en ese mismo instante su hermana estaba tomándole aquellas tontas fotografías a su novio.

—No creo que deje que Nabiki le tome demasiadas fotos —comentó para sí misma en un vano intento por apaciguar sus celos—. Peor hubiese sido si lo rentaba para citas —murmuró acercándose a la ventana. Inevitablemente desvió su mirada en dirección al Dojo. "¿Qué tipo de fotos le irá a tomar? Y si ella le pide...". Sus pensamientos quedaron de lado cuando un escalofrío le recorrió todo el cuerpo al imaginar a Nabiki pidiéndole a Ranma que posara con escasa ropa.

—¡Él nunca aceptaría algo así! —exclamó presionando con fuerza uno de sus puños. Decidida se dirigió hacia la puerta, tenía que saber qué demonios estaban haciendo.


Casi sin darse cuenta volvió a fruncir el entrecejo al notar la media sonrisa de Nabiki. —¡Kuso! Si sigues burlándote voy a olvidarme del trato que hicimos —farfulló mirando con una mueca de total desagrado el haori y la hakama de color rojo que vestía—. ¿Por qué demonios tengo que estar vestido así? ¡Esto es ridículo! —protestó mientras miraba de soslayo a la chica que preparaba la cámara para comenzar a fotografiarlo.

Nabiki se detuvo por un instante para dedicarle una burlesca sonrisa. —A mi clienta le interesaba que te vieras muy varonil —respondió calmadamente restándole cualquier importancia al asunto—, entonces se me ocurrió que podrías disfrazarte de ese personaje del manga... ¿cómo se llamaba? —preguntó tomando una rápida fotografía al muchacho que en ese instante sólo le dirigía una aireada mirada.

Él no respondió, un desagradable escalofrío le recorrió la espina cuando notó como la chica lo observaba calculadoramente durante algunos segundos, para luego esbozar una media sonrisa que estaba seguro era el presagio de nada bueno. —¡O... oye! ¡¿Qu... qué quieres? —preguntó retrocediendo instintivamente un par de pasos. La sonrisa de Nabiki y su rápido acercamiento no podían significar nada bueno.

Antes que la idea de escapar del dojo se cruzara por la cabeza de Ranma, o tuviera que comenzar a perseguirlo para conseguir su objetivo, se acercó a él y rápidamente soltó su trenza. —¡Lo sabía! —exclamó satisfecha alejando del muchacho la traba con la que sujetaba sus cabellos— No entiendo por qué no lo aceptas, Ranma-kun —comentó paseando su mirada entre las páginas del manga que ahora sostenía en sus manos y el rostro del ofuscado prometido de su hermana—. Tienes que admitir que con el cabello suelto te pareces bastante a Inuyasha en su forma humana —afirmó recordando el nombre del protagonista, notando con diversión como el entrecejo del muchacho de ojos azules se fruncía aún más mientras sus labios se curvaban en una autentica mueca de fastidio—. Y con esa expresión son idénticos, cuñadito —agregó pronunciando con especial énfasis la última palabra mientras volvía a fotografiarlo.

—¡Oe! ¡Ya te dije que no me parezco a ese idiota! —bufó cruzándose de brazos, volteando el rostro para evitar aquella burlesca mirada que sólo aumentaba sus deseos de mandar al demonio aquella estúpida sesión.

Deteniéndose por un instante clavó una fija mirada en el rostro del muchacho. —Creo que te gusta más que te fotografíen como chica... podría tomar algunas, Kuno-chan siempre está pidiendo material de cabellos de fuego —propuso giñándole un ojo.

—¡Chikuso! ¡Déjame de molestarme, Nabiki! —protestó fulminando con la mirada a la muchachita que parecía más interesada meditando cuál era el ángulo perfecto para tomarle aquellas estúpidas fotografías que en prestar atención a su enfado— ¡Sabes bien que no lo hago porque quiera! —refunfuñó dando un par de pasos en dirección a la salida del dojo, pasos que fueron frenados en menos de un segundo cuando Nabiki puso frente suyo aquella fotografía que era el motivo por el que había aceptado "cooperar" con ella.

—Me alegra que quieras cooperar, cuñadito, no te preocupes... te queda bien el disfraz y no creo que sea malo para ti que Akane se ponga un poco celosa —espetó con una media sonrisa—. Aunque creo que te hace falta algo más para verte muy varonil para mi clienta —afirmó avanzando rápidamente hacia una de las esquinas del dojo donde había dejado algunas cosas que podrían servirle como complemente del disfraz, ignorando completamente las quejas del muchacho que no dejaba de refunfuñar una serie de palabrotas en contra del idiota que los había fotografiado a él y Akane besándose.

Cruzándose de brazos la observó rebuscar entre las cosas rogando internamente para que no encontrara algo que lo hiciera verse más ridículo. En su mente se repitieron las palabras pronunciadas por Nabiki segundos atrás provocando que sus labios se curvaran en una media sonrisa; aunque no estaba muy seguro de qué tan conveniente para su salud era que su prometida se pusiera celosa, tenía que admitir que existían ocasiones en que sus celos podían resultarle especialmente agradables.

Flash back

La tenue luz de luna que se colaba entre las cortinas se había convertido en la única iluminación existente en la cocina hasta que abrió rápidamente la puerta del refrigerador, en busca de algo para comer. Dando una rápida ojeada revisó el contenido de éste para luego inclinarse y tomar algunos alimentos. No tardó muchos minutos en cargar entre sus brazos lo que él consideraba un pequeño tentempié: sólo algo de fruta, una botella de jugo, sakura mochi, takoyaki, onigiri y algo de teriyaki.

Cerrando el refrigerador con una leve patada avanzó hacia la mesada de la cocina mientras devoraba algunos alimentos.

—Chikuso... estúpido oyaji, podría apostar que acabó con mi cena —masculló con la boca llena maldiciendo su suerte—, y Kasumi iba a preparar panecillos al vapor —refunfuñó dejando los alimentos sobre la mesada, pensando mil formas de hacerle pagar a su padre al día siguiente por robar su comida—. Al menos valió la pena tardar tanto... —comentó para sí mismo sonriendo satisfecho. Luego del viaje, gentilmente auspiciado por su prometida, que lo dejó en el otro extremo de Nerima se había encontrado con el pequeño ninja de los Kuno, ignorando todas las disculpas del hombrecito se había encargado de hacerle pagar por ayudar a Nabiki.

Habría llegado a tiempo a la cena si Kuno no hubiese insistido en darle su merecido por atentar contra la virtud de su inocente cabellos de fuego; y si Ryoga y Mousse no se hubiesen aparecido en su camino reclamándole uno por haberse aprovechado al tener una cita con su adorada Akane-san, y el otro... bueno realmente el estúpido cegatón no necesitaba de razones para atacarlo en cualquier momento por haberle quitado a su adorada Shampoo.

"¡Je! De todos modos fue divertido demostrarles quién es el mejor" Pensó esbozando una media sonrisa antes de llevarse a la boca un par de bolas de arroz que se encargó de devorar en un abrir y cerrar de ojos. El sonido de pasos acercándose cautelosamente hacia la cocina provocó que su sonrisa aumentara, sabía perfectamente de quién se trataba y qué estaba pensando en ese preciso instante.

Utilizando el Umisen-ken ocultó por completo su presencia, acercándose hacia el interruptor de la luz esperó el momento exacto en que la muchacha acercó sus dedos para encenderlo para rozarlos con los suyos y pronunciar su nombre con un fantasmagórico tono de voz. El grito de su prometida lo hizo estallar en carcajadas, dejando de ocultar su presencia se alejó lo más posible de ella, de lo contrario, estaba seguro que el bate de béisbol que cargaba acabaría en su cabeza.

—¡Baka, pensé que había entrado un ladrón a la casa! —protestó enfurecida al observar al muchacho que no podía dejar de reír. Frunciendo el entrecejo le lanzó rápidamente el bate logrando darle de lleno en la cabeza—. De todos modos... ¿qué rayos haces en la cocina a esta hora? —preguntó satisfecha al conseguir que la idiota sonrisa en los labios del muchacho se evaporara rápidamente.

—¡Itte! —exclamó llevando la mano hacia su cabeza buscando atenuar un poco el punzante dolor provocado por el certero golpe de su prometida. Maldiciéndose a sí mismo por distraerse tanto al reírse de Akane, llegando a olvidar lo peligrosa que podía ser lanzando cosas, le dedicó una resentida mirada—. Chikuso, no tienes sentido del humor, onna —refunfuñó acercándose nuevamente a la mesada, tomando una manzana la llevó a su boca y la mordisqueó. Al mirarla de soslayo tuvo la certeza que si no respondía pronto a su pregunta, ella se encargaría de encontrar otro proyectil para lanzarle a la cabeza—. No estaría en la cocina a esta hora si una niña violenta no me hubiese pateado hasta el otro extremo de la ciudad...

Cruzándose de brazos miró hacia otro lado para ignorar la mirada llena de reproche por parte de su novio. —Nada te habría pasado si hubieses mantenido la boca cerrada —refunfuñó frunciendo el entrecejo—. No debiste culparme de... de... lo que pasó la otra noche porque yo... —balbuceó sintiendo sus mejillas arder al recordar aquellos apasionados besos y la forma en que Ranma la había tomado entre sus brazos. Tímidamente volteó el rostro encontrándose con la traviesa expresión del muchacho — ¡No fue mi culpa! Yo... estaba viendo esa película y... ¡tú comenzaste todo, baka! —exclamó acercándose hacia él, conteniendo a duras penas el deseo de tomar cualquiera de las ollas de Kasumi para estamparla contra su cabeza.

Dejando de lado la comida caminó algunos pasos hasta quedar frente a su prometida. Cruzando los brazos detrás de la cabeza la recorrió con la mirada durante algunos segundos. —¡Je! Pero tú continuaste... y vaya cómo lo hiciste—comentó divertido al notar el rápido cambio en el color de las mejillas de Akane—, fuiste muy apasionada... se notaba que tenías muchas ganas de besarme —afirmó esbozando una pícara media sonrisa antes de inclinarse levemente consiguiendo que sus rostros quedasen a la misma altura—. Admite que no puedes resistir al encanto Saotome... —agregó antes de sacarle la lengua traviesamente.

—¡Estúpido engreído! —exclamó la abochornada muchacha antes de darle un fuerte codazo en el estómago—. Tú... tú... ¡no te quedaste quieto tampoco! —rebatió fulminándolo con la mirada—. Ya... ya sabes... los dos queríamos... —murmuró casi para sí misma.

Recuperando el aire en tan solo un par de segundos, al escuchar claramente las últimas palabras de Akane, se irguió nuevamente escrutándola con la mirada. —¿Entonces... estás admitiendo que tuviste la culpa? —preguntó esbozando una triunfal sonrisa que provocó que el cuerpo de la chica se tensara en menos de un segundo.

Arqueando una ceja le dedicó una orgullosa mirada. —No dije eso, idiota, sabes bien que fue nuestra culpa —bufó apartándose algunos pasos del muchacho—. Y no significa que no esté enfadada, sabes bien que lo que me molesta es otra cosa... —masculló entre dientes cruzándose de brazos.

Su mirada llena de curiosidad se mantuvo fija en Akane mientras intentaba adivinar cuál podría ser el motivo por el que la muchacha continuaba enfada. "Kuso, si no está enojada porque lo que le dije, entonces qué demonios le molestó tanto... maldita sea, nunca voy a entender a las mujeres". Pensó sin poder evitar dejar escapar un leve bufido.

—Shimatta... nunca entiendes nada —refunfuñó la muchacha de cabellos azulados luego de esperar en vano durante varios minutos a que él comprendiera—. ¿¡Cómo pudiste aceptar la propuesta de Nabiki tan fácilmente! Sólo nos meterá en problemas, baka —espetó frustrada presionando con fuerza sus puños.

—¡Kuso! ¿Qué demonios querías que hiciera, Akane? —farfulló acercándose nuevamente dedicándole una ceñuda mirada—. Si no aceptaba ella mostraría esas fo... fotos —balbuceó sintiendo arder sus mejillas al recordar los besos de la muchacha, intentando ocultar ese rubor desvió sin mucho disimulo su mirada en dirección opuesta al rostro de la chica—. De todos modos Nabiki dijo que sólo serían unas fotos, al menos no se le ocurrió rentarme para tener citas con el equipo de kendo —bufó sintiendo un desagradable escalofrío en la espina al evocar todas las oportunidades en que la mediana de las Tendo lo había chantajeado—, o con Ukyo, Shampoo y Kodachi —agregó volviendo a enfocar su mirada en la enfurecida expresión de Akane.

—¡Sólo unas fotos! ¡Ni siquiera sabes de qué tipo son! —protestó tomándolo con fuerza por la camisa—. Idiota, deja de tomarte las cosas tan... ¡tan a la ligera! ¡Shimatta! Esas fotos pueden ser para cualquier pervertida y yo... yo... ¡baka insensible! —exclamó sonrojada soltándolo rápidamente.

—¡Oe! ¡Kuso, no seas boba! No voy a dejarla tomarme fotos del tipo que estás pensando —bufó frunciendo el entrecejo, molesto por la poca confianza de la muchacha. Aunque Nabiki era una especialista engañando a la gente, estaba seguro que no caería tan fácilmente en sus tretas—. Tu hermana siempre está vendiéndole fotografías mías convertido en chica al idiota de Kuno y tú nunca... —Las palabras murieron en su garganta frente a la posibilidad que rondaba en su cabeza—. ¿Akane? —habló nuevamente fijando una suspicaz mirada sobre la muchacha que atinó a retroceder instintivamente hasta que su espalda chocó contra el congelador.

—O... Oye... no estoy pensando en na... nada —balbuceó fijando su mirada en dirección contraria al chico.

En menos de un segundo sus labios se curvaron en una egocéntrica media sonrisa. Aquel ceño levemente fruncido, el rubor que cubría las mejillas de Akane y que insistiera en evitar su mirada, sólo podían significar una cosa. Sigilosamente se acercó hasta quedar a escasos centímetros de distancia. —¿Estás celosa, no? —preguntó en un enronquecido tono de voz mientras apoyaba sus manos sobre el congelador a la altura de los hombros de la muchacha, atrapándola en una especie de prisión en la que le gustaría tenerla todo el tiempo posible.

Con las mejillas aún más ruborizadas, si es que esto era posible, giró el rostro clavando en el muchacho una desafiante mirada. —O... oye... yo... yo no estoy celosa —balbuceó nerviosa frunciendo el entrecejo—. ¿Por qué tendría que estarlo? —preguntó arrastrando las palabras.

La traviesa sonrisa en que se curvaban sus labios aumentó considerablemente, tanto que estaba seguro que en ese momento sería capaz de realizar sin problemas un gigantesco moko takabisha. La fiera mirada que la regalaban sus ojos café, y lo bonitas que se veían sus mejillas teñidas de un intenso color rosa eran el mejor incentivo que podía tener para seguir provocándola, sin importar que hacerlo también lo pusiera en un estado similar al de ella.

Haciendo uso de su disminuido pero aún existente autocontrol, ignoró complemente a las estúpidas mariposas que revoloteaban como condenadas en su estómago mientras se acercaba un poco más a Akane. —Porque te gusto —afirmó dedicándole una intensa mirada—, y te pones celosa al pensar que una pervertida... que no seas tú pueda ver esas fotos... y caer rendida al encanto Saotome —pronunció sonriendo con picardía inclinándose levemente para dejar sus rostros a la misma altura

—Ba... baka, que... que tú me gustes no tiene... na... nada que ver —pronunció con dificultad debido a su agitada respiración—. Que seas mi prometido... no... ¡no significa que esté celosa! —insistió tercamente apoyando sus manos sobre el pecho del chico intentando apartarlo inútilmente algunos centímetros— Y deja de llamarme pervertida por lo del otro día o me las vas pagar —espetó amenazante volteando el rostro ofendida por las palabras del muchacho.

Divertido la observó durante un par de segundos dejando escapar una leve carcajada. Akane era tan obstinada como él, y que fuese así era una de las cosas que más le gustaba de la muchacha. Era un constante desafío y conseguir doblegarla un verdadero triunfo que estaba seguro sólo él podía conseguir en algunas gloriosas ocasiones, como en ese preciso instante.

—¿Ah, no? ¿Entonces por qué estás tan enojada? —preguntó tentando a su suerte, sujetando delicadamente con una de sus manos la barbilla de la muchacha obligándola a mirarlo a los ojos.

—Po... porque eres un idiota insensible, pero eso nada tiene que ver con que esté celo...

Cualquier protesta de Akane quedó en el olvido cuando su, según él, firme autocontrol fue brutalmente derribado por aquella desafiante mirada café, fija en la suya, que intentaba esconder el nerviosismo y la expectación por su próximo movimiento que estaba seguro la dominaba por completo. Sin pensarlo un segundo más, y motivado además al sentir contra su torso el agitado vaivén del pecho de su prometida, la besó sin importarle el lugar en que se encontraban, ni siquiera se le cruzó por la cabeza que tal vez su pequeña discusión podría haber despertado a alguien. En ese momento ella se había adueñado de sus pensamientos y lo único que deseaba hacer era continuar besando una y otra vez aquellos dulces labios en los que podría perderse eternamente.

Sus labios se movieron sobre los de ella lánguidamente mientras sus manos recorrieron lentamente su dorso hasta posarse posesivamente sobre su cintura. No pudo evitar esbozar una media sonrisa cuando la sintió sujetarse con fuerza de su camisa como si temiera que sus piernas fallaran en cualquier momento.

—Akane... —susurró minutos después apenas separando sus bocas, sintiendo un intenso calor interno invadirlo al observarla aún con los párpados cerrados y los labios algo separados como si intentara normalizar su agitada respiración —, no necesitas negarlo... y también te ves bonita cuando estás celosa —pronunció en un enronquecido tono de voz antes de alejarse rápidamente del lugar dejando tras de sí a una ruborizada muchacha que sólo atinó a seguirlo con la mirada hasta que desapareció por la puerta de la cocina.

Casi terminaba de subir la escalera cuando escuchó un poderoso "¡Baka!" proveniente desde la cocina. Sus labios se curvaron en una triunfal sonrisa, no importaba cuántas veces lo negara, estaba seguro que Akane moría de celos por esas fotografías.

Fin flash back

La embobada sonrisa en que se curvaban sus labios se transformó en una clara mueca de fastidio cuando la chica de cabellos castaños agitó, con algo de dificultad, frente a sus ojos una gran espada. Frunciendo levemente el entrecejo la miró molesto. —Oe, se supone que sólo vas a tomarme unas fotografías, estás loca si piensas que voy a usar esa cosa —refunfuñó cruzándose de brazos.

—La conseguí con el club de cosplay de la escuela, es una réplica de la espada de Inuyasha —comentó relajada ignorando las quejas de Ranma—. Te dije que una de las condiciones de mi clienta era que te vieras muy varonil, pensé que como artista marcial sabrías como usarla... Kuno-chan seguro podría... —agregó mirando de soslayo al muchacho que parecía bastante ofendido con sus palabras.

—Oe... sé muy bien cómo usar una espada —bufó resentido acercándose a la muchacha—, pero no necesito de ningún estúpido juguete para verme varonil, lo soy —afirmó totalmente confiado en sus atributos arrebatándole con un rápido movimiento la espada para luego realizar rápidos y diestros movimientos con ésta.

Esbozando una leve sonrisa lo observó manejar la espada con gran habilidad, convencerlo había resultado más fácil de lo que había pensado. —Tal vez no lo necesites, pero tienes que admitir que es un buen complemento para el disfraz que estás usando —afirmó tomando algunas fotografías—, además parece que te agrada jugar con esa espada —comentó divertida consiguiendo que Ranma detuviera sus movimientos—. Te queda bien ese disfraz, cuñadito, te ves guapo —agregó guiñando un ojo.

—Chikuso, deja de molestarme y toma las malditas fotografías de una vez —bufó con las mejillas algo ruborizadas.

Con una escrutadora mirada recorrió de arriba abajo al muchacho durante un par de minutos. —Las fotografías no servirán si estás tan serio, Ranma-kun —afirmó cruzándose de brazos; segundos después sus labios se curvaron en una calculadora sonrisa que pasó desapercibida para el chico—. ¿O te gusta más posar convertido en chica? —preguntó provocando que Ranma le dedicara una fulminante mirada capaz de atemorizar a cualquiera, menos a ella—. Si te cuesta hacerlo como chico, creo que te ayudaría pensar que Akane está frente tuyo; sólo necesitas mirar y sonreírle a la cámara del mismo modo que lo haces con mi hermanita —agregó rápidamente antes que el chico pudiese rebatir sus palabras.

—O...oye... no... no sé de qué estás hablando yo... yo... yo no miró a Akane de ninguna manera —protestó nervioso evitando la mirada de Nabiki. La cantarina risa que escapó de los labios de la jovencita provocó que volviera a fijar su mirada en ella.

—Pues aquí no lo parece —afirmó lanzándole una de las fotografías tomadas por el ninja de Kuno la noche anterior—. Akane se ve como si no pudiera resistirse... seguro la miraste de algún modo especial —comentó escrutando con la mirada al muchacho que observaba fijamente la fotografía como si estuviera recordando qué táctica había utilizado para conseguir que Akane cayera rendida en sus brazos en ese momento—. Seguro ya te diste cuenta que no necesitas de mucho para volver loca a mi hermanita, Ranma-kun —agregó segura que había conseguido despertar el gigantesco ego de su futuro cuñado.

La media sonrisa que iluminaba su rostro aumentó al ver como la expresión del muchacho cambiaba drásticamente a una marcada por una egocéntrica sonrisa.

—¡Je, eso es pan comido! —exclamó con el ego por las nubes, si lo único que necesitaba para verse varonil era mirar a la cámara del mismo modo en que miraba a Akane estaba seguro que no le costaría nada—. Esas fotos serán las mejores que has tomado en toda tu vida —afirmó colocándose en guardia, sujetando con fuerza la espada mientras se aseguraba de mirar la cámara con la misma intensidad con que estaba seguro sería capaz de teñir de un adorable color carmín las mejillas de su prometida. Los labios del muchacho se curvaron en una media sonrisa, después de todo aquella estúpida sesión de fotos sería más fácil de lo que había pensado.


La decisión que la embargaba minutos atrás al salir disparada de su habitación fue disminuyendo a medida que se acercaba al Dojo.

"Shimatta... no debería espiarlos...además es su maldito problema si se mete en líos... yo se lo advertí..." Pensó frunciendo levemente el entrecejo deteniéndose en el jardín a medio camino entre la casa y el Dojo. "Si se dan cuenta lo único que voy a conseguir es que Ranma crea que estoy celosa, y eso... eso no es verdad... yo... yo no estoy celosa...". Se repitió mentalmente intentando auto convencerse de sus palabras, aunque en ese momento la sola idea de su prometido posando para unas fotografías que acabarían en manos de cualquier pervertida crispaba sus nervios.

—Baka, sólo espera que todo esto termine porque me las pagar —farfulló sintiendo arder sus mejillas al recordar el estado en que la había dejado su prometido la noche anterior—. Ni siquiera pude aclararle las cosas... lu... luego del beso —murmuró abochornada presionando levemente sus puños comenzando a recordar lo ocurrido.

Flash back.

Cuando el muchacho tomó con delicadeza su barbilla cortándole toda posibilidad de rehuir su mirada, supo inmediatamente que le sería muy difícil seguir manteniendo una conversación coherente con él. Estaba segura que sus mejillas estaban teñidas de un color similar al de una manzana madura, y como si eso fuera poco podía sentir perfectamente su corazón latiendo de forma desaforada contra su pecho, siguiendo el mismo ritmo de su acelerada respiración.

Decidida a no dar su brazo a torcer le mantuvo la mirada intentando ocultar el nerviosismo que le provocaba la intensidad con que escrutaba su rostro, y aquella idiota sonrisa en que se curvaban sus labios, que en ese minuto se le hacía irremediablemente atractiva.

—Po... porque eres un idiota insensible, pero eso nada tiene que ver con que esté celo...

Sus deseos de seguir rebatiendo las palabras de Ranma se esfumaron en menos de un segundo al sentir sus labios sobre los suyos moviéndose de forma demandante, como si se hubiese olvidado de todo lo demás dejándose arrastrar por la imperiosa necesidad de besarla una y otra vez. Necesidad que no se hizo esperar para hacer nido en su vientre despertando aquel mar de sensaciones, descubiertas con él, y en las que se perdía cada vez que estaba entre sus brazos.

Dejándose llevar correspondió con abandono a su beso, siguiendo el ritmo que Ranma marcaba con sus labios, movimientos que con el paso de los segundos se volvían más tentadores, cadenciosos provocando que todo su cuerpo se estremeciera al compás de roces y caricias que la hacían perder la noción del tiempo y el espacio.

Como si pendiera de un hilo se sujetó con fuerza de su camisa, estaba segura que si Ranma dejaba de sujetarla por la cintura no lograría mantenerse en pie.

—Akane... —susurró Ranma apenas separando sus labios seduciéndola aún con la calidez de su aliento—, no necesitas negarlo... y también te ves bonita cuando estás celosa —pronunció en un enronquecido tono de voz antes de apartarse de ella.

Sonrojada y sintiendo su corazón latir con más fuerza, lo observó alejarse sin ser capaz de pronunciar una sola palabra. En lo único que podía pensar en ese momento era en la intensa mirada azul del muchacho, capaz de convencerla de cualquier cosa, incluso hacer que olvidara los motivos de una discusión. Y aún más arraigados en sus pensamientos estaban sus besos, aunque no lo reconociera frente a él, tenía que admitir que con el paso de los días su forma de besar se hacía más experta e irresistible. Y algo le decía que su prometido estaba decidido, como en todo lo que hacía, a convertirse en el mejor en el arte de besar.

Un profundo suspiro escapó de su garganta mientras llevaba instintivamente los dedos hacia sus labios para rozarlos levemente, aún podía sentir sobre éstos el calor y el sabor de la boca de su prometido.

"Yo... no creí que fuera a hacerlo" Pensó esbozando una tímida sonrisa al recordar como en tan solo algunos segundos habían pasado de una discusión a besarse como si no lo hubiesen hecho durante mucho tiempo.

—Tal vez debería seguirlo y hacer las paces... —murmuró para sí misma mirando en dirección al lugar por donde el muchacho había salido segundos atrás—, después de todo no tiene la culpa y...dijo que me veía bonita... —pronunció sintiendo un intenso escalofrío recorrerle la espina al recordar el seductor tono de voz que Ranma había utilizado.

"También te ves bonita cuando estás celosa" Recordó sus palabras mientras sus labios se curvaban en una embobada sonrisa que rápidamente se esfumó cuando dejó de pensar en lo mucho que le había gustado la forma en que las había pronunciado para prestar atención al mensaje de éstas.

—¿Celosa? —pronunció arrastrando las palabras mientras presionaba con fuerza los puños. Ahora entendía por qué el cretino de Ranma se veía tan satisfecho. Se había quedado con la última palabra en la discusión sin dejarle posibilidad de replica—. Shimatta, eso no es verdad... yo no...¡no lo estoy! —masculló entre dientes segura que Ranma la había besado sólo para que distraerla y dejarla fuera de combate.

Desterrando por completo de su mente la idea de hacer las paces, y sin importarle que tal vez despertara a toda su familia, hizo lo único que podía hacer en ese momento, y que además deseaba con todas sus fuerzas.

—¡RANMA NO BAKA! —gritó saliendo a toda velocidad de la cocina, dispuesta a mandarlo de paseo nuevamente al otro extremo de la ciudad sin importar lo tarde que fuera.

"Shimatta... cómo no me di cuenta que sólo quería distraerme... Akane no baka" Se reprochó una y otra vez subiendo rápidamente la escalera, deseando llegar lo antes posible donde estaba Ranma para darle su merecido. Sin embargo su vertiginosa carrera se vio truncada cuando al llegar al segundo piso estuvo a punto de chocar con su hermana mayor y la madre de Ranma.

—Yo... yo... lo siento —espetó avergonzada haciendo una leve reverencia—, no quería despertarlas...escuché un ruido en la cocina y pensé que había un ladrón —comentó bajando el rostro evitando las miradas de las dos mujeres—; pero sólo se trataba del idiota de Ranma —refunfuñó frunciendo el entrecejo, sintiendo renovados deseos de encontrarlo lo antes posible para darle la patada en el trasero que se merecía por idiota.

—Akane-chan —habló suavemente Kasumi atrayendo inmediatamente la atención de su hermana menor—, estoy segura que Ranma-kun no quiso asustarnos, y ya es un poco tarde para que vuelvas a enviarlo tan lejos de casa —comentó dedicándole una cándida sonrisa.

— El muy idiota realmente lo merece —masculló entre dientes cruzándose de brazos.

—Si mi hijo hizo algo poco varonil contigo sólo tienes que decirlo, querida—espetó una sonriente Nodoka llevando una de las manos en dirección a su katana.

Inmediatamente el rubor cubrió sus mejillas, al escuchar la palabra varonil no pudo evitar pensar en que la forma en que su prometido se había comportado en la cocina cumplía perfectamente con el significado de ésta.

"Sí... realmente lo fue y mucho..." Pensó volviendo a sentir un intenso calor recorrerle el cuerpo al recordar aquella intensa mirada azul que había hecho temblar sus piernas minutos atrás.

—Por tu cara, estoy segura que mi hijo fue muy varonil contigo, Akane-chan, mi Ranma será un estupendo marido —afirmó emocionada Nodoka, olvidando en menos de un segundo sus intenciones de tener una seria charla, acompañada de su katana, con su hijo.

—Hermanita, me alegra que Ranma-kun y tú se estén llevando tan bien, otou-san se alegrará mucho cuando lo sepa —comentó sonriente Kasumi.

—Yo... yo...no... no es lo que están pensando, na... ¡nada pasó! —protestó nerviosa agitando rápidamente los brazos en señal de negación—. Y no nos estamos llevando mejor, lo u... único que hizo fue a... asustarme —balbuceó sintiéndose, con cada segundo que pasaba, más cohibida con la sonriente expresión de las mujeres que no parecían prestar atención a sus palabras—. Yo... ya... ya es tarde... me... mejor vuelvo a la cama ¡buenas noches! —exclamó avanzando a toda velocidad en dirección a su habitación, ya se encargaría de hacerle pagar por todo a Ranma al día siguiente.

Fin flash back

Repentinamente abandonó sus pensamientos al notar que sin darse cuenta había continuado avanzando hasta llegar al dojo. De soslayo miró en dirección a la casa, por suerte su papá y el señor Saotome estaban muy concentrados en su juego de shogi como para prestar atención a sus movimientos.

Frustrada observó las puertas cerradas, si al menos hubiesen estado entreabiertas habría podido echar un vistazo sin que nadie lo notara.

"Shimatta, sólo son unas estúpidas fotografías..." Se repitió mentalmente una y otra vez, intentando convencerse que no era necesario preocuparse tanto por el asunto, mientras giraba sobre sus talones para avanzar nuevamente en dirección a la casa.

—De todos modos no pienso perder el tiempo preocupándome por él... idiota mal agradecido —bufó cruzándose de brazos.

—Oe, estoy seguro que estas son las mejores fotos que tomaste en tu vida...

Apenas se había alejado un par de pasos así que pudo escuchar perfectamente las palabras de su prometido que crisparon inmediatamente sus nervios. Deteniéndose bruscamente olvidó su propósito de no prestar atención a lo que estaba sucediendo en el dojo, para volver sobre sus pasos e intentar escuchar la conversación a través de la puerta.

—Y yo estoy segura que lo estás haciendo tan bien sólo porque sigues pensando en el consejo que te di hace un rato.

Las palabras de su hermana provocaron que arqueara levemente una ceja, no era normal que Ranma aceptara un consejo de Nabiki y mucho menos que ella aconsejara a alguien sin honorarios de por medio.

—Aunque creo que las fotos quedarían mejor si te quitas un poco de ropa...te verías más sexy, Ranma-kun —Con un pícaro tono de voz habló Nabiki provocando que el entrecejo de la muchacha se frunciera completamente. Inevitablemente su mente comenzó a reproducir una escena en la que su hermana, como si hubiese sido entrenada por el maestro Happosai o aprendido algunas técnicas de Shampoo, se lanzaba apasionadamente sobre un Ranma cubierto sólo por un diminuto y ajustado bóxer.

"¡Basta! Deja de pensar tonterías" Sonrojada se regañó a si misma terminando abruptamente con la apasionada escena.

—Ranma no sería capaz de... —Sus palabras fueron interrumpidas por una egocéntrica carcajada que sólo podía pertenecer a su prometido.

—¡Je! Está bien, pero no creo que necesite quitarme esta cosa para verme más atractivo, estoy seguro que cualquiera que vea esas fotos caerá rendida a mis pies —Lo escuchó afirmar mientras presionaba con fuerza sus puños comenzando a creer que no sería mala idea derribar la puerta de una patada sólo para ver qué demonios estaba pasando, y lo más importante: cuánta ropa pretendía quitarse el desvergonzado que tenía por novio.

"Shimatta... ¡Cómo puede decir esas cosas! Baka... ¡Ranma no baka!" Pensó deseando con todas sus fuerzas entrar al lugar y darle una buena paliza por ser un idiota desvergonzado y sin ningún tipo de modestia. En ese instante ya no importaban los motivos por los que estuviera tomándose esas fotografías, ni siquiera estaba enfadada por lo ocurrido la noche anterior en la cocina, lo que la hacía desear darle su merecido era la facilidad con que había aceptado quitarse la ropa sabiendo que esas fotos podrían ser para cualquier pervertida.

Sus pensamientos quedaron relegados a segundo plano cuando los escuchó reanudar la conversación, casi por instinto volvió a pegar su oído a la puerta para no perder detalle de ésta.

—Realmente eres muy bueno en esto, Ranma-kun, apostaría que a ella le gustaría mucho...

—¡Je! Me estoy volviendo un experto en la primera vez y todavía no has visto nada.

—Sigue moviéndote... Sí, esa posición es muy buena, justo así pero hazlo más fuerte... ¡Sí! ¡Así, lo estás haciendo muy bien, cuñadito!

—¿Sigue moviéndote? ¿Hazlo más fuerte? —murmuró sintiendo arder sus mejillas mientras su particular cine mental volvía a dar inicio reproduciendo esta vez imágenes en las que su prometido se veía muy entusiasta por mostrarle a su hermana toda aquella fuerza que ella le pedía.

Como una reguera de pólvora la ira y los celos dominaron por completo hasta el último rincón de su cuerpo, convirtiendo a las mariposas que cobraban vida en su estomago cuando su prometido estaba cerca, en lava a punto de entrar en erupción de un momento a otro.

—¡RANMA! —vociferó acabando con las puertas del dojo con una enérgica patada, provocando que el muchacho trastabillara y estuviese a punto de irse de bruces al suelo.

—Si querías acompañarnos sólo tenías que haberlo dicho, Akane —comentó Nabiki dejando de tomar fotografías para observar divertida a su furiosa hermana.

—¡Kuso, Akane! ¿Qué diablos te pasa? —protestó aún algo sobresaltado por la violenta entrada de su prometida y sin comprender los motivos de ésta, aunque imaginaba por el grito que seguía enfadada con él. Al pasar algunos minutos y no obtener una respuesta se acercó a ella—. ¿Akane? —espetó intentando llamar la atención de la chica.

—Te dije que te quedaba bien el disfraz... dejaste muda a mi hermanita, Ranma-kun —afirmó Nabiki minutos después al notar que Akane no se movía, pero tenía las mejillas ruborizadas y la vista fija en el chico.

Al entrar al dojo sólo bastó que diera un vistazo a su prometido para que olvidara completamente los motivos que había tenido para entrar de ese modo al lugar. Fueron sus negros cabellos cayéndole libremente sobre los hombros, aquella intensa mirada que segundos atrás iluminaba su ojos azules y su torso desnudo, en especial aquella gota de sudor que se deslizaba con torturante lentitud entre sus pectorales en dirección a su abdomen, los que culpables de que olvidara, sólo por un instante, lo enfadada que estaba.

"Qué... qué demonios estoy haciendo... ¡Deja de mirarlo, se va a dar cuenta!" Se regañó mentalmente, estaba segura que apenas aquella maldita gota acabara su recorrido sus hormonas dejarían funcionar de una vez por todas a sus neuronas.

"Idiota, Ranma es un idiota, él tiene la culpa por exhibirse de ese modo". Pensó frunciendo el entrecejo, volviendo inevitablemente a enfocar su mirada en aquella insolente gota, que en su tentadora ruta, casi llegaba al ombligo del chico.

—¿Akane? —habló nuevamente Ranma acercándose un poco más a su prometida. Curioso la recorrió con la mirada durante un par de segundos divertido con su expresión, estaba sonrojada y con los puños apretados al costado de su cuerpo, como si estuviese librando una dura batalla por no continuar observándolo—. ¡Je! Te dije que caería cualquier chica caería rendida a mis pies —espetó esbozando una socarrona sonrisa mientras cruzaba sus brazos por detrás de su cabeza.

—Pero no lo habrías hecho sin mi ayuda, siempre supe que quitarte el haori te haría ver más sexy, ¿no lo crees, hermanita? —comentó observando con diversión a Akane que parecía estar a punto de explotar en cualquier minuto.

Con el ego elevado al máximo se inclinó levemente para quedar a la misma altura de su prometida. —¿Vas a seguir negando que soy el chico más guapo que conoces?

—¿¡Qu... Qué demonios tiene que ver eso! —protestó, a pesar de que tal vez el color de sus mejillas la delataba, no estaba dispuesta a admitir frente al estúpido engreído de su prometido lo bien que se veía— ¡Idiota, no tenías que quitarte la ropa! ¡Eres un... eres un... descarado!—exclamó fulminando con la mirada al muchacho.

—¿De qué estás hablando? ¡Kuso, sabes muy bien por qué estoy haciendo esto! —bufó cruzándose de brazos ignorando la burlesca sonrisa en que se curvaban los labios de Nabiki.

—Pues no te escuchabas muy disgustado, parece que te agrada quitarte la ropa y sacarte fotos casi... casi desnudo para cualquier degenerada —espetó volteando levemente el rostro para evadir la curiosa mirada del muchacho y aquella idiota sonrisa que parecía aumentar con cada una de sus palabras.

—¡Je! Lo sabia...no soportas la idea de que otra mujer tenga fotos de tu guapo prometido... ¿es eso, no? —afirmó irguiéndose nuevamente sonriendo complacido ya que Akane estaba tan furiosa que parecía incapaz de contradecir sus palabras en ese momento

—¡De qué demonios estás hablando! Por mi puedes regalarle fotos a quién se te antoje, degenerado —masculló entre dientes cruzándose de brazos mientras desviaba el rostro para evitar aquella idiota sonrisa y esa mirada azul tan descarada que sólo aumentaba sus deseos de darle un buen golpe.

La sonrisa en que se curvaban los labios del muchacho aumentó, dijera lo que dijera estaba seguro que en Akane moría de celos. Con un rápido movimiento, y olvidando completamente la presencia de Nabiki, tomó la barbilla de la muchacha obligándola a fijar su mirada en la suya. —Je, no tienes que avergonzarte... es normal que estés celosa... además te ves bonita cuando lo estás —afirmó complacido por el estado de su prometida, sin embargo la sonrisa de satisfacción que adornaba su rostro se esfumó de un segundo a otro cuando después de un "Ranma eres un idiota" que estaba seguro se había escuchado en varias calles a la redonda y de punzante dolor en la cabeza se encontró besando el piso por obra y gracia de aquél maldito mazo, surgido de la nada, que algún día se encargaría de descubrir dónde demonios escondía Akane.

—Maldita sea... me las va a pagar —masculló entre dientes mientras observaba como la furiosa chica se alejaba rápidamente del dojo refunfuñando, sin lugar a dudas, un serie de insultos dirigidos a él.

—Te dije que se parecían —comentó divertida Nabiki acercándose para luego inclinarse levemente y poner frente al rostro del muchacho uno de los manga de Inuyasha abierto en una página en la que el hanyou yacía en el piso por obra de un osuwari de Kagome.

—No sé de qué demonios hablas... ya te dije que no me parezco a ese idiota —bufó mirando de reojo como la mediana de los Tendo dejaba el manga cerca suyo y se alejaba del dojo riendo divertida. Aún algo adolorido se sentó; frunciendo el entrecejo volvió a fijar su mirada en el manga—. No nos parecemos en nada... yo soy más apuesto... —afirmó frotando la zona golpeada donde seguramente en algunos minutos tendría un chichón. Pero no solo de eso estaba seguro, también tenía la certeza que el único culpable de todo era ese maldito disfraz... algo le decía que vestirse como Inuyasha traía mala suerte con las chicas... sobre todo con las chicas violentas como su prometida.


Notas de la autora

Uff esta idea surgió en una conversación hace más de dos años que tuvimos con Akai27 una vez que nos juntamos a comer y nos pusimos a hablar de un tema recurrente entre nosotras: Ranma. En la conversación llegamos al acuerdo de lo mucho que se parecían los dos, sobre todo cuando Inuyasha se encontraba en su forma humana :P

He de decir que me encantó escribir esta "viñeta" que se convirtió en oneshot casi sin darme cuenta con todas las cosas que me fueron pidiendo los personajes a medida que yo avanzaba en la narración... tal vez suene loco jaja pero es así xD. Me gustó escribir la escena del beso y lo que pasó después desde dos puntos de vista... les sigo dejando la duda de quién es la clienta de Nabiki jajaja y qué más puedo decir además que la pasé muy bien escribiendo esta viñeta... solo que espero que eso se transmita y ustedes también disfruten con la lectura.

Pretendo seguir con el resto de las palabras que me quedan de esta serie de viñetas, pero antes tengo que escribir una pequeña historia basada en un precioso fanart que encontré por ahí y que prometi hacer si M&M pasaba los 1100 rws cosa que ya pasó :).

Sobre Mou Ichido, no pierdan las esperanzas que algún retomaré el camino del lemon :P.

No puedo decirles cuando actualizaré porque el trabajo me quita bastante también así que trato de escribir cuando puedo :P

Como siempre espero sus comentarios

Besos,

Freya


Palabras en japonés

Baka: Idiota, estúpido

Shimatta: Maldición, maldita sea

Oe: Oye, Hey

Kuso: Mierda, maldición, maldita sea

Haori y hakama: Los kimonos para los hombres están compuestos por 2 piezas, el Hakama (pantalón holgado,) y el Haori (saco amplio con un cordón)

Chikuso: Mierda

Oyaji: Papá dicho de un modo muy informal (viejo)

Itte: Ouch

Otou-san: Papá

Onna: Mujer.

Umisen-ken: Técnica que le permite a Ranma ocultar totalmente su presencia.

Moko takabisha: No recuerdo bien como es la traducción que le dieron en el doblaje, creo que era rugido del tigre o algo asi, es esa bola de energía que Ranma crea con toda su fuerza positiva y confianza en si mismo :P todo lo contrario a la técnica de Ryoga que se basa en las energias negativas y depresivas del chico cerdo xD