FanFic Identity Card
*Title: Las Gaviotas
*Author: VonKellcsiisTRADUCTOR
*Uploading Date: 29.05.2011 (ReUploading - 28.07.2011) Me lo borraron D:
*Summary: ¿Qué decir? Para empezar valdría explicar que desde luego lo ocurrido en aquella playa bien les sería muy difícil de olvidar a todas las naciones. Y no por la resaca u otros malestares precisamente.
*Pairing: Todas las parejas posibles en mi imaginación o, como prefiero llamarlo yo, Total Pairings:3
*Disclaimer: Prometo que siempre, siempre y siempre jamás de los jamases pondré disclaimer a esta genial obra de Himaruya Hidekaz-sama que es Axis Powers – Hetalia y que nunca escribiré sobre ella con fines lucrativos. Y si no lo cumplo, que venga Rin con una apisonadora y aplaste mi orgullo fanhetaliano y mi otakucidad. R-Amén.
*Advices: Pff, si comenzase a decir todos los advices que va a haber no acabaríamos nunca, además de que se estropearía la sorpresa. Solo diré tres cosas: Tiene rango M, es comedia "amorosa" y proviene de mi mente oscura, por lo que puede ocurrir ABOSULTAMENTE de todo en este fanfic... XD Avisados quedan. Peligro de un poco de OCC XD Pero nada de lo que asustarse~ Espero :/
No se asusten al ver expresiones extrañas. La mayoría pertenecen o a la jerga canaria o a la española (Entendiéndose como la perteneciente a España, claro está) Todo lo que yo crea que puede causar problemas estará "traducido" al final del fic~
*Others: Fic dedicado principalmente a una personita muy especial la cual siempre siempre siempre siempre siempre siempre me alegra los días, incluso cuando siento que estoy en un sitio peor que Limbo e Infierno juntos, con solo enviarme un mensajito diciendo "Hola C:"
¡Saku, espero que te disfrutes tanto de este fic leyéndolo como yo escribiéndolo~! ¡Y también espero que te rías mucho, tanto como para partirse la caja torácica! (Bueno, sin pasarse XD)
And remember: ¿SONRISA DE GATO CHESIRE O SONRISA DE DEI? ewé~
Dedicado también a todas aquellas que leen mis fics estrafalarios y dejan un review bonito. Me dan muchos ánimos para seguir escribiendo~ ¡Vosotras también me hacéis bastante feliz~! (Digo vosotrAs porque de momento no he encontrado a ningún otro chico leyendo esto XD Estoy FOREVER ALONE)
Las Gaviotas
Hallábanse todas las naciones, desde las más famosas a las no tan conocidas, de las grandes potencias a los pequeños países, de las que habían sobrevivido durante años a las que recién se habían formado, reunidas como era costumbre desde hacía pocos meses en una gran habitación pulcra y finamente decorada, con objetos tan valiosos que ni merecían ser expuestos en un museo.
Era aquella gran sala de siempre, con los países de costumbre, en aquel gran mismo edificio que era el de las Naciones Unidas, con sede en Bruselas. En resumen, era un día como otro cualquiera. O casi, pues había algo que, al escasear habitualmente, llamaba la atención por su presencia. El silencio.
Efectivamente, todos los países -hasta el mismísimo América, conocido por su escandalosidad- se encontraban callados y tranquilos, sentados en aquella larga mesa redonda en la que normalmente solían discutir "apaciblemente" sobre sus planes y problemas. No había susurros, no había chismorreos y desde luego no se oía insulto alguno, solo la voz profunda del que en aquellos momentos era el superior de Bélgica, un señor más ancho que alto que aparentaba muchos más años de los que en realidad había vivido, hablando sobre aburridas cuentas económicas.
¿Pero a qué se debía tal silencio? No era costumbre ni cuando tocaban temas peliagudos como eran las guerras, pues siempre América acababa diciendo que quería ser el héroe; Inglaterra, que no estaba de acuerdo con él -y Francia con ninguno-; Japón mostraba su poca originalidad respecto a opiniones propias; Suiza le increpaba por ello; China intentaba calmarles ofreciéndoles algunos dulces; Rusia aprovechaba el escándalo para intentar anexionarse algún país -y Bielorrusia, para intentar casarse con su hermano-; Ucrania intentaba hacerse amiga de alguien; Estonia entraba en su Facebook; Letonia temblaba ante la presencia rusa; Lituania intentaba salvarle; España se ponía tan meloso como de costumbre con Romano, el cual no paraba de gritar improperios italianos; Grecia se echaba otra siesta; Iceland comía regaliz mientras ignoraba a Dinamarca, que recibía varios golpes de Noruega; Suecia batía récords llamando 'esposa' a Finlandia; Sealand corría por toda la sala escapando de Inglaterra y diciendo que él también era una nación; Canadá se sentía como si fuese un fantasma; Kumajirou olvidaba otra vez el nombre de su dueño; Hanatamago, mascota de Finlandia, ladraba; Un gato de Grecia bufaba y al final se formaba tal albedrío que Alemania se veía obligado a gritarles cómo debían de comportarse en una junta. Entonces se formaba un pequeño silencio que, tras la opinión de Italia de comer después pasta, volvía a ser atacado por un escándalo aún mayor que el de antes. Sabiendo esto ¿por qué entonces estaba ocurriendo aquel hecho tan inusual como era la tranquilidad? La respuesta bien se podía conocer con dos sustantivos bastante conocidos: Sueño y Resaca.
Así era, absolutamente todos estaban muertos de sueño, sintiendo que incluso caminando podrían quedarse dormidos, y una gran mayoría sufría una resaca tal que creían que en cualquier momento el cerebro les iba a reventar dentro de su cráneo. Cada uno hacía, a su manera, un esfuerzo por permanecer despierto -o al menos aparentarlo- ante las posibles broncas que podían provenir de sus jefes si les encontrasen dormidos, además de la humillación que ello suponía:
Algunos, como América, Rusia o Francia, escondían la cara tras algún papel -o la bufanda, en el caso del ruso- y aprovechaban aquel pequeño encubrimiento para cerrar los ojos. A pesar de ello no podían descansar demasiado, pues al poco tiempo tenían que hacer como si estuviesen atendiendo, aunque hubiesen perdido el hilo de la charla hacía rato. Otros, como Alemania, Austria, Japón, Suecia o Suiza, eran más honestos y luchaban interiormente contra el sueño, demostrando ser los más despiertos. Unos cuantos, como Dinamarca, Letonia, Inglaterra, Grecia, España o incluso los hermanos Italia, parecían estar teniendo una visión del futuro mezclada con un modo zombie, un estado catatónico y la capacidad de dormitar con los ojos abiertos, pues llevaban un buen rato sin moverse ni para pestañear, mirando tan "atentos" al jefe belga y las diapositivas que explicaba que, de no ser por el sinuoso movimiento que hacía su pecho al respirar, más de uno pensaría que se habían muerto en el sitio. El resto, aunque permanecían despiertos, no podían evitar que sus ojos se cerrasen. Todos evitaban caer dormidos, pues más de uno ya se había dado con la cabeza en la mesa por ello.
La charla era mortalmente aburrida, el tiempo pasaba horriblemente lento y cierto rubio corpulento, Alemania, sentía que si no se terminaba rápidamente acabaría igual que Italia: en estado catatónico. Desvió la mirada hacia la mesa, recabilando sobre la posibilidad de apoyar un rato la cabeza ahí, y entonces lo vio. En frente suyo, dispuesto sobre un montón de documentos que trataban cifras y operaciones aún por leer, se encontraba un misterioso papel doblado a la mitad, cuyo contenido se dejaba ver aún a pesar de estar escrito por la otra cara. Con disimulo y vigilando que nadie se percatase, tomó el papel y lo desdobló, revelando su contenido. ¿Qué pondría? En nada supo la respuesta:
"Vaya, menudo fiestón el de anoche, ¿eh?
Esto hay que repetirlo de nuevo en cuanto tengamos ocasión, ¿sí?
PD: Hazlo pasar, pero procura que no lo lean los superiores."
Escudriñó con la mirada la sala, intentando encontrar al posible autor de lo que acababa de leer, mas no pareció dar con el culpable. La pequeña carta estaba escrita con tinta negra y la única pluma capaz de pintar en esa tonalidad era la que en aquellos momentos se encontraba en el bolsillo de la chaqueta del jefe belga, el cual no paraba de hablar ni parecía tener intenciones de hacerlo en poco tiempo. Además tenía una caligrafía tan horrible como irreconocible. En su vida había visto tal letra -se podía decir que en comparación escribía mejor un manco diestro con la izquierda y los ojos tapados- y desde luego no fue capaz de relacionarla con nadie conocido. De todas formas difícilmente pudo ser cualquier nación, pues en su mayoría se encontraban al borde del colapso mental.
Suspiró, volviendo a leer la nota. Sí, menudo fiestón, pensó irónicamente a la vez que, poco a poco, se comenzaba a sumir en sus recuerdos de hacía apenas un día.
"Encontrábase el rubio anteriormente mencionado yendo de un lado a otro de su casa. Cogía algunas prendas -como shorts, camisetas o bóxers- y rápidamente los colocaba en una antigua y pequeña, aunque espaciosa, maleta de piel marrón. Después volvía a repetir este mismo proceso una y otra vez, sin apenas variantes. Estaba preparando la maleta para irse de viaje apenas un día a una pequeña isla subtropical.
Toda esta idea de pasar unas muy cortas vacaciones fue causada, principalmente, por un correo que hacía poco tiempo había llegado a su buzón. Dictaba una invitación para pasar algún tiempo en Tenerife* -Islas Canarias-, más concretamente en su capital, Santa Cruz de Tenerife, que quedaba muy cerca del mar -o como solían decir por aquellos lares, "A tiro piedra"*-. Luego de que se terminasen de asentar cada uno de los invitados en uno de los más lujosos hoteles de aquella zona, irían a una playa tan conocida como poco visitada llamada Las Gaviotas y celebrarían una merienda-cena, en la que festejarían la puesta en marcha de un nuevo tratado más considerado con Madre Tierra, además del gran golpe asestado contra el terrorismo. Estaba firmada por el país británico, Arthur.
En otras circunstancias hubiese ignorado la petición, tomándola por una broma pesada o una trampa, pero tratándose de que llevaban ya bastantes años con unas relaciones pacíficas y saludables entre todos -o casi todos, pues en África no paraban con las guerrillas- terminó accediendo.
El alemán, apresurándose, arregló algunos detalles de última hora, como comprobar que todas las luces estaban desconectadas y las ventanas cerradas, y rápidamente, y con todas las maletas en mano, se metió en un taxi solicitado que recientemente había llegado. A aquellas horas de la noche los taxistas no abundaban demasiado. Tenía que darse prisa si quería conseguir el único vuelo directo con plazas al aeropuerto de Los Rodeos, al norte de la isla tinerfeña.
¡Al fin tierra! Nunca había creído que tomase tanto tiempo aterrizar un simple aeroplano. Resoplando de cansancio y molestia comenzó el descenso de las escaleras que unían el suelo del avión con el asfalto de la pista de aterrizaje y, al terminar ésto, miró a su alrededor, observando toda la belleza y contraste de aquella parte de la isla. A su derecha, donde se acababa todo rastro humano, se podía ver unas altas montañas -volcanes inactivos en realidad. Hecho que desconocía el alemán-, cubiertas casi en su totalidad por una densa arboleda, las cuales se alzaban como fieles guardaespaldas y daban un inmenso rodeo, dejando solo una posibilidad de escapatoria; a su izquierda la tierra descendía hasta sumergirse en una enorme extensión de agua, el mar.
Por lo visto se había quedado embobado mirando tal paisaje, pues un señor un tanto mayor -pero que no por ello dejaba de expresar jovialidad en su rostro- se le acercó, extrañado de que se quedase tan quieto, devolviéndole a la realidad:
- Señor, apresúrese, que si sigue aplatanao se l'ehcapará la guagua*- dijo con su singular acento y sin dejar de sonreír antes de apresurarse él también y alcanzar en poco tiempo a los últimos pasajeros que formaban parte de aquel gran grupo, que iba en una dirección concreta: la estación de autobuses.
Alemania solo se le quedó mirando, extrañado y confuso. ¿Qué era lo que había dicho? Algo sobre señor y darse prisa era lo único que había comprendido. Ésto último le recordó que tenía que tomar el autobús para que le llevase al aeropuerto norte, donde no pudieron aterrizar, para su mala suerte, por una densa neblina que se había levantado*. Con paso acelerado, más sin parecer en ningún momento que estaba corriendo, llegó cerca del vehículo a tiempo, pues ya los últimos pasajeros estaban subiendo. Dejó su equipaje en el maletero,fue rápido junto al encargado de la lista de viajeros, un señor tan flaco que en su uniforme cabrían dos como él y con pintas de pijo, y con voz seria le explicó educadamente:
-Disculpe el retraso. Me... entretuve por el camino. Soy Ludwig Weilschmidt.
El señor buscó hábilmente su nombre en la lista y, antes de apuntarlo, le echó una mirada mezclada de estirado con un suspiro que parecía decir entre líneas "Dios, como está el mundo de hoy día que hasta los mismísimos alemanes se retrasan. A saber dónde quedó la puntualidad".
Alemania simplemente subió al autocar, extrañado por la reacción del revisor. Se adentró a través de un estrecho pasillo, llegando a su asiento situado casi al fondo del vehículo. Poco después el autobús comenzaba su recorrido hacia el aeropuerto de Los Rodeos.
Ya hacía rato que no despegaba la cara, por decirlo de cierto modo, de la ventanilla, mirando a través de ella. Y no era precisamente el paisaje monótono de rocas y más rocas lo que le mantenía ocupado sino, más bien, la abuelita de al lado suyo. No estaría así si aquella señora, ya muy entrada en canas, no le hubiese comenzado a mirar de arriba a abajo con tanta lujuria, la cual bien podría competir con la que miraba su hermano en ocasiones a Austria -o Francia siempre a todo lo que se movía-. ¡Incluso se había atrevido a guiñarle el ojo pícaramente, como queriendo insinuar cosas censurables! Un escalofrío de puro terror recorría la espalda del alemán cada vez que lo recordaba.
Pasó así la mayor parte del trayecto -la mayor parte porque de vez en cuando tenía que girar la cabeza para no sufrir una futura tortícolis-, que duró más de hora y media a causa de los atascos vacacionales. Por suerte suya el autobús tardó lo mínimo en estacionarse y aquella señora que lo había tenido temblando de miedo había tomado otra dirección bien opuesta a la suya. Suspiró aliviado. Bien, ahora tocaba coger un taxi. Miró a su alrededor. Todo estaba plagado de taxistas que babeaban ante dinero extranjero como buitres ante un gran festín. Sin mucho esfuerzo consiguió uno y tomó rumbo al corazón de la isla, Santa Cruz de Tenerife.
Bajó, después de pagarle los servicios al conductor, bufando cuan toro embravecido frente a un pañuelo rojo. Aquel taxista, desde luego, le había dado una buena sablada con la tarifa. Suspiró, todavía enojado, viendo como el taxi aceleraba, alejándose lo más rápido que la señalización le permitía -incluso puede que un poco más-. Hizo amago de observar la zona, con intenciones de despejar la mente de aquel otro infortunio. A derecha, izquierda y espalda abundaban edificios, a la vista metálicos, de caras oficinas y lujosos apartamentos. Dos carreteras las separaban entre sí. Era un cruce. Algunos árboles frondosos pintaban las aceras, y las dejaban llenas de restos de sus flores ya mustias. En frente suyo se encontraba un enorme edificio que en grandes letras de neón iluminadas decía su nombre, "Hotel Atlántico"*, junto a una solitaria estrella de ránking. Desde luego no se quedaron cortos de presupuesto al elegir el lugar de hospedaje, pensó con ironía.
Echó unos últimos vistazos rápidos, derecha e izquierda, antes de abandonar aquella calle dormida, poco transitada por la hora y entrar en el susodicho hotel. Tendría que aprovechar para investigar aquella zona en cuanto se diese el alba -manías alemanas- y relajarse un poco antes de que tuviese que ir a la playa con tremenda "pandilla" de naciones. Bueno, había algo positivo: vería a Japón, el cual andaba siempre tan ocupado reconstruyendo su país y devolviendo todo a la normalidad que no podía hacer apenas vida social; o mejor aún, a Italia, con el cual no había hablado desde que comenzó aquella guerra con Libia. Solo había algo que hacía sentir ganas de coger el primer vuelo de vuelta a su país que encontrase: El hermano de Italia. Y es cada vez que le veía le acababa dejando la cabeza loca... y llena de tomates -y eso a pesar de que aquel prestigioso científico explicó que los tomates disminuían las ganas de pelear-.
Suspirando ante estos "fantásticos" recuerdos de su antiguo día a día entró en su recién asignada habitación. Miró la cama, doble, de sábanas blancas y pulcramente hecha, justo como a él le gustaba. Sentía como le llamaba, invitándole a echarse una pequeña siesta en ella. Dejó el equipaje a un lado e hizo lo ordenado. Al fin y al cabo tras tanto viaje y papeleo se había ganado un merecido descanso, ¿no? Llamó antes a recepción por el teléfono de encima de la mesilla de noche, solicitando el servicio despertador hotelero. Luego de esto, y al contrario de lo que su yo consciente esperaba, se quedó, en muy poco tiempo, profundamente dormido.
"La lluvia caía como un manto denso, lanzada desde unas nubes tormentosas que no paraban de tronar en señal de disgusto. El cielo estaba cabreado. El viento silbaba, trayendo consigo el canto de cien lobos. La tierra, mustia y obsoleta, se encharcaba, formando pequeños arroyos frente al insistente aguacero. Los escasos árboles que sobrevivían en la zona hablaban con sus hojas al compás del aire. Todo en aquel lugar parecía con vida y expresaba un mismo sentimiento: Enfado. Horror. Odio.
- Ríndete, maldito sádico. Ha llegado tu fin... El tuyo y el de toda esta jodida guerra que provocaste... - Cierto rubio de lentes apuntaba con un rifle de asalto, junto a otras cuatro naciones, a un caído Ludwig. Éste alzó, desde su posición de rodillas y maniatado, la vista para observar a un grupo de naciones furiosas. Tal era el odio que se reflejaba en los ojos de aquellos cinco que si las miradas llegasen a matar ya lo habrían fulminado un millón de veces sin necesidad de armas. El corpulento de pelo claro, casi blanco, y bufanda, Iván, mantenía prisionero a su inconsciente hermano. Ahora había pasado a la propiedad del ruso.
- Te perdonamos una vez...
- Es curioso como "perdonáis" al prójimo los de vuestra calaña... - Osó interrumpir el alemán al americano con un comentario cínico.
- Sí... - Respondió secamente el de lentes antes de proseguir.- Solo que si aquella vez te pareció injusticia, desde luego lo que ocurrirá a partir de hoy te parecerá el mismísimo infierno... - Continuó sin bajar el arma, apuntándole directamente a la cabeza.- Te haremos pagar todos y cada uno de los destrozos que tú y tus secuaces provocasteis al mundo entero...
- Os sería más cómodo matarme aquí en el sitio, ¿o me equivoco? - Dijo retativo, sin nada ya que perder.
- Ganas no nos faltan, eso ni lo dudes, pero jamás mataríamos a otra nación, y menos cuando está indefensa. Eso es un acto más propio de un vil, malvado y loco como tú que de un héroe... - Poco a poco se iba cerrando el círculo en torno al derrotado. Alemania no contestó. Solo pensaba en lo ocurrido, en todas amistades que perdió, en el creciente número de enemigos que se ganó y lo peor, en la traición del que había considerado su mejor y más leal amigo.
Poco a poco el círculo se fue cerrando, peligrosamente. Muy peligrosamente...
¡Aprendamos un poco más! C:
*Tenerife*. Isla volcánica preciosa y monosa donde vive servidor C: Es la isla más grande y molonosa de todas (Pero eso no significa que sea la única) De las siete que hay (Tenerife, Gran Canaria, Fuerteventura, Lanzarote, La Palma, El Hierro y La Gomera) es una de las dos que alberga la provincialidad (Canarias. Provinicias: Santa Cruz de Tenerife (¡A donde van las naciones!) y que recoje a Tenerife, La Palma, El Hierro y La Gomera / Las Palmas de Gran Canaria, que recoje a Gran Canaria, Fuerteventura y Lanzarote, junto al islote habitado de La Graciosa C:) Tiene playas, pero pocas son de arena, y menos de arena blanca (Que yo sepa, Las Teresitas y Las Américas). El resto son de rocas XD.
¡Además en Tenerife está el Teide, un volcán inactivo donde habita Guayota, un demonio del folklore antiguo guanche (Guanches = Antiguos habitantes de Chinet (Isla de Tenerife) y, en general, sobrenombre con el que se suele conocer a los que vivían en todo el archipiélago antes de la conquista española). ¡Es el pico más alto de España, con 3.718 metros sobre el nivel del mar y 7.000 desde la base!~ Siempre que llueve tiene nieve~
*A tiro piedra*. Que queda muy cerca. De la jerga española.
*Señor, apresúrese, que si sigue aplatanao se l'ehcapará la guagua*. Realmente no se escribe así, pero lo puse a drede para que viesen cómo se pronuncia más o menos. Su traducción vendría a ser como: Señor, dese prisa, que si sigue embobado perderá el autobús/autocar. Es jerga canaria XD
* La suerte del viajero (?). Casi siempre hay niebla en el aeropuerto de Los Rodeos (Al norte) y por ello desvían todos los vuelos al aeropuerto Reina Sofía (Al sur). La distancia entre ambos puede ser desde hora y media hasta dos de travesía, según esté el tráfico en la autopista.
*Hotel Atlántico*. Mentira cochina que tiene una estrella. Tiene CINCO y porque es lo máximo. Queda en la capital tinerfeña y es de los más lujosos que hay en el norte. Han ido hasta las celebridades del fútbol. ¡Hace poco fueron los del Real Madrid! :/
Es curioso porque primero iba a ser un One-shot, luego simplemente iba a tener dos capítulos... ¡Y ahora resulta que tengo que cortarlo a la mitad porque el primero me está quedando extremadamente largo!
En fin, no tengo mucho más que decir. Que en el siguiente capítulo ya aperecerán más pairings que el LudFeli~ Solo tengan un poquito de paciencia. Además, si dije al principio que era un Total Pairings es porque lo será~ Yo no miento owo)7 Me voy a terminar rápidamente el segundo cap~ ¡Espero que les haya gustado este capitulito!~~
Recuerden, los Reviews hacen felices a los escritores, y más aún ponéis críticas constructivas u opiniones sobre la historia. ¡Decidme si realmente os está haciendo gracia, per favore! C:
Responderé personalmente a los reviews escritos~ (?) Ahí, a lo professional, Fuck Yea.~
Ciao, minna~
