CAPÍTULO 2: RECUERDOS, Y REENCUENTROS

Las tres jóvenes se encaminaron hacia el castillo, ahora era más hermoso que nunca, estaba completamente remasterizado y lucía mas bello, había mucha más gente rondando a los alrededores, a Marina le gustó mas así el Palacio. Ya no era tan solitario como antes.

Cuando caminaron por mas de 20 minutos; Marina sentía como la desesperación y las ansias le invadían asta los poros, estaba tan nerviosa, tan emocionada e ilusionada que no ponía atención a las indicaciones del guardia ni a la plática de Lira, solo quería llegar…pero el camino se le hacía tan eterno…

- Aquí es – dijo Lira sonriéndoles. – Creo que el Maestro no está…pero ya lo veremos…-

-¿Te refieres a Gurú Clef? – dijo Marina anhelante.

-Eh…sí, bueno entremos.- Las puertas de la inmensa sala del trono se abrieron, pero no vieron a nadie, estaba vacía, exceptuada por una mujer con extrañas ropas atrevidas, que Marina pudo reconocer como Caldina, por el color intenso de su pelo.

Antes de que las tres chicas pudieran decir algo, o se movieran, Caldina ya las estrechaba bruscamente contra su pecho, murmurando algunas cosas que Marina interpretó como cariños, luego de que la ilusionista recibiera un reclamo por parte de Lucy sobre su dificultad para respirar, Caldina les habló, con los ojos llenos de lágrimas.

-Volvieron…- tartamudeó. - ¡¡Volvieron!!

-Claro…porque eso fue lo prometido..- exclamó Anaís con una cálida sonrisa.

-¿¡Dónde están los demás Caldina?!

-Eh…cielos, pues…¡Oh que gusto les dará verlas! ¡Han cambiado…Lucy, te creció mas el cabello, hay, Anaís estas mas alta, Marina, igual!

Las chicas sonrieron con nerviosismo, definitivamente, Caldina las ponía muy nerviosas sobre su apariencia.

Gurú Clef fue con Latis a Chizeta, creo que ha habido malentendidos…pero nada grave…

-¿A…Chizeta?…- tartamudeó Mariana sin ánimo alguno, Lucy tornó su cara triste, pero en segundos desapareció.

-Bueno…ojalá y no tarden…- dijo sonriendo.

-¿Ah…y…Paris?

-Ah…- Caldina sonrió pícaramente y le dio codazos a la pobre de Anaís que no podía controlar el rubor de sus mejillas.

-Ja, ja, ja…

-Tranquila…como si no lo supiera…- dijo Caldina. – Él está entrenando, pero puedes ir si quieres, yo te llevaré.

De repente, una voz ronca inundó el salón.

- ¡Cielos, chicas…oh Ascot, ven acá…han vuelto!

Las tres voltearon con cierta duda, que se despejó al ver a un sorprendido Ráfaga en la puerta.



- ¡¡Ráfaga!! – gritaron las tres entusiasmadas.

- ¡Chicas…vaya que bien! – Ráfaga pudo abrazar a las tres con sus enormes brazos y las chicas se arrejuntaron tanto que sentían que les faltaba el aire. Marina, sobre la voluptuosa capa de Ráfaga, pudo divisar a alguien en la puerta…era Ascot quien permanecía inmóvil viéndola.

Luego del asfixiante brazo de Ráfaga las chicas se dirigieron hacia Ascot con cierta seques, ya que este no decía ni hacía nada.

- Hola Ascot…- dijo Lucy con una sonrisa

- Me da gusto verte…- dijo Anaís cortésmente

- Hola – dijo Marina rápidamente.

Ascot hizo una mueca con la boca.

-Sólo "Hola"…tanto tiempo para esto…- pensó Ascot

-Vamos Ascot…acaso no tienes modales…- le murmuró Caldina, este se inclinó para hacer una reverencia y las chicas hicieron los mismo, Marina pudo sentir, aún cuando estaban agachadas, la mirada penetrante de Ascot que la puso muy incómoda.

-¿Pero que rayos le pasa? ¿Acaso le hice algo? – pensó Marina

Hubo un silencio incómodo, después Caldina tosió varias veces y dijo.

-Las…guiaré a su habitación… bueno he…Gurú Clef llegará hoy en la noche, prepararemos una gran cena. ¡Y quiero que luzcan divinas!.

A las chicas se les puso una gran gota en la cabeza.

Lucy y Marina no podían dejar de pensar en los que iban a llegar por la noche, más Marina que no dejaba de dar vueltas en su habitación con su largo vestido azul celeste sin mangas y un maravilloso collar con zafiros que Caldina le había proporcionado, Lucy permanecía callada en un sillón, y Anaís veía como Marina daba vueltas.

-Eh…Marina…¿todo está bien? – preguntó Anaís.

Marina no salía de su trance.

-¿Marina? – repitió.

-¡¿Eh?! – esta volteó precipitadamente y se le quedó viendo.

-Solo…me preguntaba si te pasa algo, has estado dando muchas vueltas…- dijo Anaís con una gota.

-Ah…bueno. ¿En verdad?…

Anaís casi se va de espaldas.

Y era verdad, Marina solo pensaba en que haría y que diría cuando viera a Gurú Clef, si hacer lo que debía hacer, o que quería hacer…lo que sus impulsos e instintos le obligaban, pero claro, los segundos no eran muy edicados.



Marina había pasado tanto tiempo sin verle siquiera, que sentía hervirle la sangre, sentía que cuando lo viera entrar lo abrazaría asta romperle los huesos y lo besaría asta dejarle sin aliento. Eran dos cosas muy contradictorias…

Sin embargo, si Marina llegaba y le decía con voz de niña buena…"Hola Gurú Clef…he me da gusto verte" sentiría que el mundo se le vendría encima, que haber esperado tanto tiempo para tenerlo frente de ella para solo decir unas tontas palabras…pero no eran tontas, significaban mucho…y algo que a Marina le costaba tanto decir…por el simple hecho de que nunca las había pronunciado…"Te Amo".

Anaís decidió dejar a Marina en su trance, y se dedicó a estar con Paris conversando, desde que se les vio, no dejaban de abrazarse y de vez en cuando darse un beso. Lucy contemplaba triste el panorama, pues su adorado Latis ni siquiera había llegado.

El salón de recepción estaba adornado con dorado y azul, colores típicos de Céfiro, y había mucha mas gente invitada, incluyendo los gobernantes de Faren y Autozam.

Sin embargo, a Marina le llamó la atención que no hubiera nadie de Chizeta, extraño…pero ella pensó que si Latis y Clef habían ido para allá, seguramente vendrían con las princesas; Marina tenía ganas de verlas.

-¿Aburrida? – le dijo a Marina una voz, que ella reconoció como la de Ascot.

-No…¿por qué? – le dijo Marina sonriendo. Ascot miró hacia otro lado.

-Vaya…no lo parece…- dijo Ascot con ironía.

-¿Se puede saber que hice? – preguntó ella de repente, a él no le quedó mas que asombrarse, no creía que se fuera a dar cuenta.

-Nada…no se de que me hablas…´-

-No me engañas, desde que me viste, pareciera que me odiaras por algo, quiero saber que hice, si no, para olvidarlo.-

Ascot frunció el ceño y se dio vuelta.

-No lo entenderías – dijo seco

-¡¿Qué no entendería?! – Marina alzó la voz.

-¡No lo entenderías!

-¡¡Lo entendería si me lo dijeras!! – le gritó Marina, tan fuerte que algunos se volvieron para mirarlos.

-¡¡Olvídalo!! – gritó el.

-¡¡Bien!!

-¡BIEN!

Ascot se marchó de ahí a paso rápido, no se dio cuenta pero Caldina y algunos mas los observaban asombrados, Caldina miró a Marina rápidamente y salió apresurada tras de Ascot.

-¿Qué pasó? – preguntó Lucy.

-Nada…Ascot es un torpe.- Dijo Marina con recelo.

Lucy puso cara de duda y el banquete continuó. Realmente Marina no sabía si Gurú Clef vendría o no, solo sabía que esperaba con ansía, como si hubiera estado mucho tiempo encerrada, y al fin, después de tanto tiempo, iba a poder verlo.



Recordó cuando, antes de marcharse...pudo verlo y no le dijo nada…ahora estaba decidida a hacerlo, pero ¿cómo? Ella jamás había dicho nada que declarara algo…menos amor.

¿Marina? – una voz familiar interrumpió sus pensamientos. Era Ráfaga que miraba fijamente los ojos de Marina.

- Eh…que pasa Ráfaga…- dijo ella cortante, mirando hacia otro lado.

- Eso es lo que yo quisiera preguntarte.-

-No pasa nada Ráfaga…- susurró Marina desinteresada.

En un momento mas llegará Gurú Clef y Presea.

Marina abrió sus ojos mucho, y su boca se abrió sin decir palabra, el tiempo durante la recepción voló tan rápido que Gurú Clef llegaría pronto. Se frotó las manos con nerviosismo y se alejó de Ráfaga.

Marina hubiera querido saludar a Geo y Zaz, que conversaban amenamente con Lucy pero su mente parecía haberse desviado a otro planeta. De pronto, la música se paró, los invitados se abrieron paso y Ráfaga se puso al frente.

-Bien, Damas y caballeros, quiero que saluden nuestro comandante de protectores al castillo, y al recién llegado Gurú supremo de Céfiro: Gurú Clef, y a nuestra armera real, Presea.

El corazón de Marina dio un vuelco al ver no a un niño de diez años, sino a un muchacho alto y de facciones más finas que vestía igual que hacía meses. Realmente no parecía Gurú Clef, ni siquiera un aire, excepto porque conservaba los mismos ojos azules, profundos y brillantes que Marina ya había contemplado. Presea lucía un poco mas demacrada, como si hubiera tenido muchos problemas, y Latis seguía igual de fornido, pero más alegre. Este al ver a Lucy se tiro a sus brazos sin hacer caso de los modales y saludos. Gurú Clef vio a Lucy con asombro, y en un instante clavó sus ojos en Marina. Se puso muy nerviosa, le temblaba todo el cuerpo, incluso sentía que se iba de espaldas…él se acercó, poco a poco con una sonrisa apenas dibujada en los labios.

Marina dio unos pasos hacia atrás, como si quisiera huir de él…pero ya era muy tarde.

- Marina…- murmuró. Ella se estremeció con un escalofrío que la dejó inmovilizada.

Era él, la miraba desde hacía mucho que ella esperaba, pero no decía nada. Sus labios parecían estar pegados y no era capaz de articular palabra.

- G- Gurú Clef...- balbuceó.

Sin capaz de hacer o decir nada más, Marina se arrojó a su cuello como por instinto, ya no lo extrañaba, era más, lo necesitaba demasiado.

Gurú Clef se pasmó al ver tal reacción, pero también abrazó a Marina sonriendo. Cerró los ojos como si eso lo hubiera esperado tiempo atrás.

Nadie le tomó mucha importancia al reencuentro de Marina y Clef, pero alguien sí.

- cof, cof…- alguien tosió a espaldas de Marina. Esta se volvió extrañada y vio a Ascot, con la cara más amargada que Marina jamás hubiera visto en él.

-¿Qué sucede Ascot? – preguntó secamente Gurú Clef, pero con la educación que acostumbra tener.



-Paris te está buscando.- dijo mirándolo con rencor. Ella aún estaba algo abrazada a Clef, pero se apartó rápidamente al notar el ceño fruncido de Ascot.

-Ahora vuelvo…- le dijo Gurú Clef a Marina con suavidad.

-¿Porqué cambiaste de apariencia? – tartamudeó ella, queriendo saber.

Gurú Clef sonrió mas ampliamente y dijo en secreto:

-Ya lo sabrás.

Y se marchó a paso lento.

Marina se quedó estática, queriendo decir o hacer algo que no fuera mirarlo, se veía mas apuesto que nunca y ella…ella seguía siendo la misma niña tonta y caprichosa de hace seis meses.

"Gurú Clef….cambiaste físicamente, ¿también cambiaste tu carácter?".- pensó.

Si Lucy hubiera notado que Marina había estado sentada toda la noche, probablemente le hubiera dicho a Latis que la sacara a bailar, pero la chica se encontraba escribiendo n el diario que llevaba a todas partes.

-Al fin le he visto…cielos, se ve tan guapo, y sus ojos brillan mas que nunca, cuando me sonrió.. ¡¡Rayos!! ¿Por qué me quedé pasmada?, ha cambiado su forma física y no sé por que razón…

-¿Marina? –

La chica de cabello azul saltó del susto que Paris le había producido.

-Paris…¡¡Me asustaste!! – gruñó.

-Perdón…- se disculpó el príncipe. - ¿Por qué no vienes con Anaís y los demás? – le sugirió.

- Eh…- meditó Marina. -¡Claro, por supuesto! – accedió ella.

Gurú Clef no se volvió a aparecer por horas…Marina no escuchaba las conversaciones que tenían sus amigos, en ocasiones Anaís o Lucy le pedían su opinión, un comentario…pero la chica no podía apartar la vista de la puerta por donde Clef había salido y aún no regresaba.

-¿Qué opinas Marina? – preguntó Nuevamente Anaís.

Marina seguía con la vista fija. Todos intercambiaron miradas de preocupación.

-¡¡Linda, llamando desde Céfiro!! – gritó Caldina estruendosamente. Ella brincó del susto.

-¿¡Por qué siempre tienen que hacer eso?! – exclamó de mal humor.

-Por que siempre estás en la luna…Marina. – dijo Paris. – Parece como si hubieras dejado tu mente en tu mundo. –

Marina abrió la boca para protestar, pero pensó que era mejor quedarse callada, no quería que se dieran cuenta que seguía siendo la misma. Quería ser una Marina mas madura, y así agradarle mas a Gurú Clef.



Cuando llegó el momento de la cena, fue entonces cuando Marina pudo verlo de nuevo. Se sentó a la cabecera, con Paris del lado derecho, y Latis del izquierdo. Antes de que hubieran servido la cena, Gurú Clef dio dos golpes con su báculo, captando la atención de los que estaban charlando.

Se aclaró la garganta y dijo:

- Bien…ésta noche tenemos de nuevo como invitadas a nuestras jóvenes ex guerreras mágicas. Ha sido una sorpresa para todos recibirlas de nuevo, y creo que es importante mencionar que estamos muy agradecidos por que hayan vuelto. Ustedes forman parte de la historia de Céfiro, y además de nuestras vidas en particular. Sean bienvenidas de nuevo, niñas del mundo místico.

Gurú Clef alzó su copa. Y todos lo imitaron, para después aplaudir con alegría, las que más fuerte lo hicieron fueron Caldina y Lucy. Y Marina pudo notar que Ascot había aplaudido tan breve que a ella le pareció que lo hizo únicamente por compromiso.

-¡Por las guerreras mágicas! – gritó Ráfaga con voz atronadora. Y los demás hicieron lo mismo. - ¡Salud!

-¡SALUD! – exclamaron al unísono.

Marina comía casi por inercia. Tenía deseos de llamar a Gurú Clef y llevárselo a algún lugar apartado, y ahí preguntarle sobre el hechizo de su apariencia física "nueva". Pero lo único que podía hacer era mirarlo. Mirarlo, mirarlo, mirarlo hasta hartarse. Sin que él se diera cuenta. En un instante, Gurú Clef se percató de la mirada de Marina, y le sonrió ampliamente.

Ella derramó el vino sobre la mesa, provocando risas de Lucy y Caldina, y que ella se sintiera como tonta.

Anaís miró con atención el desastre de su amiga, luego miró a Gurú Clef. Sonrió.

-Buenas noches – dijo Ascot levantándose apenas terminó su platillo. Y casi sin dejar que alguien más le contestara salió del gran salón dando un portazo.

Marina pudo ver como Gurú Clef miró la puerta por donde Ascot había salido, y dio un suspiro con cansancio, para beber más vino.

-"Que extraño…¿Qué habrá ocurrido entre Clef y Ascot? Creo que algo grave…Ascot jamás se comportaría así con nadie…pero…¿entonces?"

El siguiente en irse a dormir, curiosamente, fue Gurú Clef. A Marina le decepcionó que solo les deseara buenas noches y se retirara tan temprano.

Gurú Clef siempre está muy ocupado – dijo Caldina a un oído de ella. – por eso se retira antes que todos.

-Pero Ascot se ha ido primero – dijo Marina, extrañada. – Caldina, ¿qué paso entre ellos dos?

Caldina sonrió con nerviosismo.

-¡Querida niña! ¿Qué podría pasar?



Y la próxima vez que Marina intentó preguntarle de nuevo, se hacía la sorda o cambiaba de tema.

Ya pasada la madrugada se fueron a dormir, exhaustas. Sin embargo, el saber que había conseguido llegar a Céfiro una vez mas, le emocionaba hasta ni siquiera sentir sueño o cansancio. Pensó en sus padres, en que dirían que ella ya no regresara. En Linda, en lo que le había dicho. Necesitaba cambiar, ser todo lo que Gurú Clef esperaba que fuera. Madura, responsable…algo mas Presea.

Luego se imaginó siendo Presea y le dieron escalofríos.