CAPÍTULO 3: EL MOUNSTRO DE CHIZETA.
La mañana siguiente Céfiro estaba cargado de un aire frío y un sol radiante. Marina se despertó con la luz de aquel sol, buscó su ropa y se encaminó, muy nerviosa de nuevo, hacia el comedor real.
Lo encontró vacío. La única que permanecía sentada era Caldina. Bostezaba mientras bebía un poco de café. Cuando vio a Marina sonrió con alegría.
-¡Buenos días! ¡Te has levantado muy temprano!
Marina le sonrió y se sentó a un lado de ella.
-Tú has hecho lo mismo. – comentó la chica de cabello azul.
-Ayer fue una gran cena – dijo Caldina, cansada. – Pero hoy hay cosas que hacer.
-¿A que te dedicas en Céfiro?
-Soy la modista real. – dijo Caldina con entusiasmo. – Céfiro es un mundo muy hermoso, pero si sus habitantes no visten bien, no sirve de nada.
-Ya veo…
Los siguientes en llegar fueron Ráfaga y Latis. Después Anaís y Gurú Clef.
A Marina se le aceleró el corazón.
" Lo olvidaba…olvidaba lo lindo que era su rostro…¿Podré decirle lo que siento? "
-¿Durmieron bien todos? – preguntó Presea.
La mayoría asintieron, pero Marina notó como Gurú Clef movió negativamente con la cabeza.
-Necesito volver a Chizeta.
Latis miró con desagrado a Gurú Clef.
-¿Por qué? ¿Ahora? – preguntó Latis. Era obvio que deseaba quedarse con Lucy en Céfiro.
-Dije que necesito volver a Chizeta, no que irás conmigo. – le espetó Gurú Clef con tono mordaz.
Paris se rió fuerte, mientras que los demás rieron por lo bajo. Marina pensó que su Clef no había cambiado mucho su carácter. Seguía sin ser paciente y era extremadamente perfeccionista.
-¿Entonces? – dijo Latis. - ¡No me digas que piensas ir solo!
Gurú Clef echó un vistazo a los demás que estaban en la mesa.
-Creo que sí. – dijo Gurú Clef. – No hay nadie mas aparte de ti que pueda ayudar.
-¡Yo puedo ir contigo! – dijo Paris. Y después negó. – No, olvídalo. Quiero quedarme.
Al parecer se le había olvidado que Anaís estaba ahí.
-Será lo mejor. – dijo Clef.
-Yo iré – dijo Ráfaga con su voz atronadora. – Sería peligroso si vas solo.
Gurú Clef le lanzó a Ráfaga una mirada acusadora. Las guerreras mágicas se miraron.
-¿Por qué? ¿por qué sería peligroso? – preguntó Anaís.
-¿Acaso hay problemas con Chizeta?
La que habló ahora fue Marina. Miró a Gurú Clef, y él desvió su mirada hacia la mesa.
Ráfaga se ha confundido. No hay nada peligroso en Chizeta.
¡Pero…! – Paris había comenzado a hablar. Pero se calló por otra mirada asesina de Gurú Clef. – eh…es verdad. Gurú Clef tiene razón.
Pero Ráfaga dijo que era peligroso. – dijo Lucy. - ¡Tienen que contarnos!
-Ya te dije Lucy, se ha confundido…
En ese instante Ascot entró en el comedor. Se sentó de mala gana a escuchar la plática.
-¡No creo que sea así, Clef!
Marina se puso de pie. Ascot la miró con antipatía.
-¿Clef?
Al parecer todos se habían dado cuenta que Marina había llamado a Gurú Clef por su nombre de pila. La mayoría, excepto Presea, Anaís y Lucy permanecieron tranquilos. Marina también miró a Ascot con desagrado.
-No deberías meterte en conversaciones ajenas, Ascot. – le dijo Gurú Clef sin mirarlo.
-¡Claro! ¡Cómo interrumpir al mago supremo del Céfiro! – gritó Ascot. Y salió dando un portazo, dejando un silencio incómodo en el comedor. Transcurridos algunos de estos minutos, Gurú Clef suspiró.
De acuerdo… siendo ustedes las Guerreras Mágicas, y considerando que salvaron Céfiro más de una vez, supongo que tienen todo el derecho de saberlo. Ahora que lo preguntas, Marina, sí, hemos tenido algunas dificultades con el planeta Chizeta.
-Ya veo – dijo Marina. - ¿Qué ha pasado?
Chizeta se ha distanciado mucho en la relación de planetas – dijo Paris como no dándole importancia al asunto. – Como sea, no los necesitamos.
-Claro que los necesitamos – le regañó Gurú Clef. – Pero por lo visto, ni siquiera tienes idea cuánto.
-No entiendo que podemos necesitar de ése pequeño planeta – dijo Paris con despreocupación. Gurú Clef miró a Paris con lástima.
-¿No sabes lo que significa perder relaciones con Chizeta?
Paris parpadeó un par de veces. Luego de mirar a Anaís, como si quisiera que ella le diera la respuesta se volvió hacia su maestro.
-Pues no.
Todos se fueron de espaldas. Menos Anaís, que se rió con discreción.
-Perder la amistad con Chizeta nos ocasionaría muchos problemas. ¡Como futuro príncipe deberías saberlo!
-¿Qué podría pasar? ¡Oh, lo siento, Gurú Clef! ¡Que tonto he sido!
Gurú Clef miró al cielo como si le diera gracias porque su discípulo hubiera pensado.
-Me alegra que…
-Podrían dejar de importarnos esa fruta roja, es deliciosa! ¡En verdad no sé que haría sin ella…! ¡Es tan sabrosa!
Marina pensó seriamente en la posibilidad de que Paris estuviera un poco retrasado. Gurú Clef guardó silencio un momento. Y Marina sabía que se estaba dando tiempo para no perder los estribos. Entonces, el muchacho de cabellos lila miró a Paris como si le estuviera explicando a un niño pequeño de tres años que uno mas uno eran dos.
-Escucha…si perdemos relaciones afectuosas con Chizeta, podrían tener, ahora que no hay nadie poderoso para proteger Céfiro, la posibilidad de invadirnos. Y no solo eso, convencer planetas lejanos que también lo hagan. Caeríamos en una guerra…y esta vez no tenemos tantos recursos. ¿Entiendes?
Todo eso lo dijo con mucho cuidado, como si quisiera que Paris no perdiera dato, como siempre lo hacía. Entonces el príncipe se sonrojó.
-¡Perdón! ¡Soy un torpe!
-No me digas… - le dijo Marina con sarcasmo. – Podríamos haber usado un ábaco y aún así seguirías sin entenderlo.
-¡Oye! ¡Cuidado con lo que dices! – le espetó Paris enfadado.
-Yo no tengo la culpa que tardes tanto en…
-¡BASTA!
Gurú Clef dio dos bastonazos con su báculo a una cabellera azul y a otra verde. Los chicos se frotaron la cabeza con dolor.
-¡No es el momento para discutir! – les gritó. – tenemos que pensar en solucionar los problemas con Chizeta, y no lo lograrán peleándose.
Marina miró a Gurú Clef con indignación. ¡ella lo había defendido y él le pagaba con un regaño!
-Perdón – dijeron los dos chicos al mismo tiempo.
-Así me gusta – repuso el mago. – Ahora…¿en qué estaba?
-En que no puedes ir solo a Chizeta. – dijo Presea- - Iré contigo.
-No – dijo Gurú Clef con rotundidad. – Tú eres la armero, y si faltaras en Céfiro sería un caos.
El corazón de Marina se había acelerado. Se le había ocurrido una idea…pero ¿funcionaría? Ir ella con Clef, solos, a Chizeta. Sería maravilloso. Tendría tiempo para conversar con él. Y tal vez…tal vez decirle sus sentimientos de una vez por todas.Y antes de que cualquier otro se ofreciera, Marina se puso de pie y gritó:
-¡Yo quiero ir contigo!
Todos la miraron como si fuera un bicho raro. Marina se sonrojó al ver la cara de sorpresa de Gurú Clef. Y se sonrojó aún mas cuando él le sonrió.
-Me siento halagado Marina. Pero…sería peligroso si vas conmigo, no tienes magia y…
-¡Pero puedes dármela! – suplicó ella. – Yo…yo conozco muy bien a las princesas Tata y Tatra, tal vez no pueda hacer mucho con poderes, pero podría…hablar con ellas. Convencerlas de que se lleven bien con Céfiro.
Todos se quedaron callados. Entonces Anaís habló.
-Marina ya convenció una vez a Chizeta de que dejara de atacar Céfiro. Podría hacerlo de nuevo si se lo propone.
Marina pensó que Anaís era un ángel, ya se lo agradecería después.
-Es… es verdad – dijo Lucy. – Pero si vas a exponerte al peligro…
-No tengo miedo – dijo Marina, desafiante.
-No se trata de un juego de esgrima esta vez, Marina – dijo Gurú Clef. – la…la última vez que estuvimos en Chizeta varios soldados nos atacaron a Ráfaga, Latis y a mí.
-Entonces iré con ustedes – dijo Ráfaga.
-¿Porqué los atacaron? – inquirió Marina.
-Ese es el misterio de Chizeta. Las princesas no quieren hablar con ningún representante de Céfiro, y es extraño, porque me enteré que la princesa Aska fue hace poco. – explicó Gurú Clef.
-Es muy extraño… - filosofó Anaís. – Quizá…sea conveniente ir de nuevo. Claro, con la protección necesaria.
Gurú Clef miró a Marina como si la estuviera evaluando…luego de unos dos minutos dijo:
-De acuerdo. Pero Ráfaga vendrá con nosotros.
-¡Gracias! – exclamó ella.
No se había sentido tan feliz desde que llegaron a Céfiro. No solo se iría de viaje con Gurú Clef, sino que vería a Tata y Tatra de nuevo. Nada podía arruinar su buen humor, hasta que se topó con alguien en el pasillo. Era Ascot.
-¿A dónde vas? – le preguntó él con voz fría.
-A Chizeta – contestó ella con la misma frialdad. La verdad era que Ascot se comportaba de una manera muy extraña, y a ella no le gustaba su actitud.
-Ya veo. Porque vas muy arreglada…
-Me gusta arreglarme – le dijo Marina, cortante. Y se alejó por el pasillo, no sin antes dirigirle a Ascot una mirada de antipatía.
-Sabes – le dijo. Y la jaló del brazo. – Sería peligroso si van a Chizeta…no sé…alguien o algo podría atacarlos.
Marina se soltó con firmeza.
-Vamos con Gurú Clef. Estoy segura que no pasará nada. – le dijo sonriendo. Y vio en Ascot una mirada de profundo rencor, una que no le había visto nunca.
-Entiendo…pues suerte.
Cuando se despidió de Lucy, Caldina, Presea y Anaís, Marina no dejaba de pensar en los ojos de Ascot. La habían asustado. No sabía porque, pero aquello no le daba ni pizca de confianza. Se subió a la gran nave y se despidió con la mano antes de entrar. Cuando se sentó en uno de los asientos de la nave, suspiró.
-¿Estás bien? – le dijo una voz conocida.
Era Gurú Clef. Que se había sentado frente a ella, y ni siquiera lo había notado.
- S- sí – dijo ella un poco insegura y ruborizada. – solo que…Ascot…
-¿Qué pasa con Ascot? – preguntó el mago, enderezándose con desconfianza.
-Nada…¿por qué lo preguntas?
-Porque ha estado…extraño, ya sabes. – dijo él desviando su mirada hacia la ventana. - ¿No te ha hecho algo…o sí?
-No – contestó Marina. – perdón, solo estoy nerviosa…por el viaje.
"Como puedo ser tan tonta? Obviamente no estoy nerviosa por este viaje…sino porque me estás mirando…no me veas, ¡rayos! Esos ojos…son…tan diferentes a los de Ascot, penetrantes e incómodos, los de Clef son tan profundos y serenos…"
A Marina le parecieron eternas las escasas dos horas que fueron de viaje. La verdad era que tener a Gurú Clef frente a ella no le facilitaba las cosas, Ráfaga se sentaba a veces con ellos, o a comentarle algo a Gurú Clef acerca de la nave, o del viaje. Gurú Clef no desviaba la mirada de sus papeles, y en ocasiones miraba por la ventana. Como Marina no dejaba de verlo, él a veces se daba cuenta, le sonreía y ella se sonrojaba tanto que cada vez tenía mucho más calor.
Cuando por fin aterrizaron, Gurú Clef le dijo:
-Espera Marina, aún no te he dado tu magia.
-¡Oh! – dijo ella y retrocedió. - ¿será necesaria?
-Nunca se sabe – dijo él. – Acércate.
Él puso su dedo en la frente de la chica, y en un instante comenzó a sentir un calor en el pecho…
-La siento – dijo ella con los ojos cerrados. - ¿Cómo es posible?
-Cuando Lucy anuló el sistema del Pilar, eliminó también a los genios. Pero la magia en Céfiro siempre ha existido, y siempre existirá. Si tienes los dones, nadie puede quitártelos.
-Entiendo. ¿Qué le pasó a mi genio?
Su espíritu vive, por supuesto. Pero físicamente creo que no puede aparecerse.
-¿Por qué no? – preguntó ella.
-Porque los genios fueron creados para eliminar a la Princesa Esmeralda, y sin princesa y sin Pilar, no tiene caso que sigan existiendo. Vámonos, se hace tarde.
Ella lo siguió como un autómata, y cuando bajó, vio Chizeta.Era un lugar con abundante vegetación, parecían estar en la selva. Las casas eran de madera, pequeñas. Todas las habitantes vestían de manera ligera y con muchas alhajas. A Marina le recordó Caldina.
-Parece muy tranquilo…- comentó Marina a Ráfaga cuando caminaban hacia el palacio.
-Es cierto, pero aquí en el pueblo no nos atacaron los soldados. – explicó el guerrero – solo cuando nos aproximamos al palacio de las princesas. Aún no llegamos.
-Todo estará bien Marina – le dijo Gurú Clef, caminando a un lado de ella. – no debes temer.
-¡No tengo miedo! – le dijo ella, enfadada.
Él le sonrió.
-Me alegra que no hayas cambiado, entonces.
Marina sintió como si de su interior saliera agua hirviendo, y le dio la impresión de que en cualquier momento le saldría humo de las orejas.Llegaron al frente del palacio. No muy grande como el de Céfiro, pero si muy lujoso. Había piedras preciosas por todas partes. Y la reja que rodeaba el fuerte parecía de oro. Extrañamente, la muchacha ya no vio a ningún aldeano, todo estaba desierto.Ráfaga pareciera que se puso en guardia, sacó su espada y miró en todas direcciones. Nadie lo notó, pero Gurú Clef mantenía firme el báculo que llevaba en la mano.
De pronto, Gurú Clef se dio vuelta con brusquedad.
-¡Cuidado!
Una serpiente de mas de cuatro metros de alto se asomaba frente a unas linazas. Tenía afilados y largos colmillos y los miraba al acecho. Ráfaga se adelantó con valentía, pero la serpiente esquivó su espada para lanzársele a Gurú Clef y Marina. Ella gritó.
- ¡Escudo Protector!- gritó Gurú Clef. Y un escudo invisible se puso frente a los dos. La serpiente se dividió en dos y atacó con mas fuerza.
Marina pudo ver los ojos de la serpiente, eran verdes y penetrantes.
"Esos ojos"
-¡Voy a atacarla! – le dijo Marina a Gurú Clef.
-¡No! Deja que nosotros nos encarguemos. Puede ser…
-¡Se que es peligroso! – lo interrumpió ella. - ¡Pero quiero ayudarlos! ¡Romperá el hechizo en cualquier momento!
-¡Marina, no salgas del escudo! ¡MARINA!
Ella salió corriendo para distraer a la bestia. Sacó su espada y la llamó.
La serpiente se lanzó contra Marina, mientras que se volvía a dividir. Ahora eran tres serpientes las que los acechaban. Ráfaga lidiaba con una, mientras que Gurú Clef con un sencillo hechizo acabó con la otra.
-¡Dragón de Agua!
La magia de Marina mandó a la serpiente muy lejos. Entonces ella corrió hacia Gurú Clef.
-¡Acabe con ella! – le dijo muy contenta. - ¿has visto como…?
-Sí he visto como te arriesgaste – le dijo Gurú Clef, enfadado.
-Pero…
-¡Te dije que te quedaras en el escudo! – le gritó. - ¡El atacarla la hace mas fuerte!
Ella se quedó callada. Lo había estropeado todo. Ráfaga, que había terminado con la otra, no se había dado cuenta de que se había dividido la serpiente que Marina había mandado lejos.
-¡Gurú Clef, cuidado!
La serpiente se lanzó hacia el mago, y le clavó los afilados colmillos en el brazo.
- ¡Gurú Clef! – gritó Marina, angustiada. - ¡Remolino azul!
La serpiente quedó ahogada en el lago después del ataque de Marina. Ella sonrió por haber derrotado a la bestia, pero su sonrisa se esfumó al ver a Gurú Clef. El mago se había dejado caer en el piso.
¿Estás bien? – le dijo Ráfaga. - ¿Te ha mordido?
- C- Creo…creo que sí – dijo Gurú Clef.
-Déjame ver.
Ráfaga examinó e brazo de Clef, tenía dos mordeduras, muy profundas.
-¡Dios mío! – exclamó Marina sentándose a su lado. – Perdóname…todo ha sido culpa mía…
-Estoy bien, Marina – dijo Gurú Clef, jadeando. Se puso de pie con ayuda de Ráfaga. – Hay…que volver a Céfiro. En este estado no puedo solucionar…las cosas.
Ella asintió nerviosa.
Todo el viaje de regreso pareció una eternidad. No dejaba de mirar a Gurú Clef, que estaba recostado a escasos metros de ella. En ocasiones hacia muecas de dolor…y ella se ponía de pie, como tonta, viendo si necesitaba algo. Él solo le sonreía levemente, o le decía que estaba bien, o que no se preocupara.
"Soy una estúpida…como pude pensar que la serpiente no atacaría? No era la primera vez que sabíamos que los monstruos de Céfiro se hacen mas fuertes con ataques al azar, hay que encontrar su punto débil…por mi culpa él está mal…"
Cuando llegaron, la sonrisa de los del palacio se esfumó al ver a Gurú Clef. Anaís intentó utilizar el viento curativo, pero no resultó. De modo que Gurú Clef se quedó en su habitación al descansar. Ella no dejaba de darle vueltas al asunto de la serpiente.
-¿Pero como fue posible que Gurú Clef no la viera? – preguntó Presea atónita. Una vez que Ráfaga les contó lo sucedido.
-Lo sé, yo tampoco me lo explico. – dijo Ráfaga. – siempre siente la presencia de las cosas…
-Tal vez algo lo distrajo – propuso Anaís.
Marina apretó los puños.
-Es culpa mía.
Todos la miraron con cara de confusión. Ella se puso de pie, entre molesta y triste.
-¡Es culpa mía! ¡Gurú Clef estaba hablando conmigo sobre una imprudencia que hice! Por eso…- agregó agachando la cabeza – por eso no vio al monstruo.
-No es culpa tuya – dijo Anaís acercándose a ella. Y Lucy hizo lo mismo.
-Es verdad Marina – dijo Lucy – Tú no mandaste a la serpiente a atacar a Gurú Clef. La culpa es del responsable de esa criatura.
-Pero aún así…¡Si no hubiese sido tan tonta él estaría bien!
-No te preocupes Marina – dijo Caldina sonriente. – él estará bien. No creas que unos piquetitos van a derrotarlo.
Marina le sonrió también, pero no se convenció.
Ya era muy tarde, no dejaba de dar vueltas en la cama. No dejaba de pensar en si Gurú Clef hubiera mejorado o empeorado. Por eso se levantó y decidió a dar un paseo. Se sorprendió al ver a Paris en al fuente, tan tranquilo como si fuera el medio día.
-¡Paris! ¿Qué haces a esta hora levantado? – preguntó ella.
El príncipe se asustó tanto que dejó caer la espada en un pie, y gritó de dolor.
-¡Me asustaste! – le espetó. – Lo mismo te digo. Yo siempre me duermo muy tarde.
-Por eso Caldina batalla mucho para despertarte. – dijo ella sentándose en la fuente. - ¡eres un desconsiderado!
-Me gusta la noche – explicó Paris. – Céfiro es aún mas hermoso de noche.
-¿Estas contento de ver a Anaís de nuevo? – le preguntó pícaramente.
-Eh…pues sí – repuso él con las mejillas coloradas. – Me alegra que se quede conmigo. ¡Quiero que sea mi esposa!
-¿Tu esposa? – preguntó Marina, pasmada. - ¡Vaya, no sabía que fuera tan en serio!
-¿Por qué no? – preguntó el chico.
-Porque en Tokio todo es tan…diferente. Los muchachos no se casan tan jóvenes. Nosotras apenas vamos en preparatoria, y luego van a la universidad…trabajan…y luego, si quieren, se casan.
-¿Y cuánto tiempo es todo éso?
-Como unos ocho años.
Paris se fue de espaldas.
-¡Es demasiado tiempo! ¡No puedo esperar a Anaís tanto! ¡Me volvería viejo!
-Supongo que sí – rió Marina. – además…el amor no espera. Si ustedes se quieren, deberían casarse. ¿Ya le has hablado de eso?
-¡No, claro que no! – repuso muy ruborizado. – aunque…ahora que ustedes no pueden regresar a su mundo, supongo que debo hacerlo.
-¿Cómo dices? – preguntó Marina, atónita. - ¿No…no podremos…?
-No – confirmó él. - ¿No te lo dijo Gurú Clef? El portal de las dimensiones se cerró cuando Lucy eliminó el sistema del Pilar.
-No me dijo nada…- murmuró Marina.
Realmente debieron desear mucho regresar a Céfiro. Entiendo a Lucy, por Latis…realmente lo ama. Y me da gusto saber que Anaís vino por mí. Pero Marina…¿Por qué regresaste a Céfiro?
Ella agachó la mirada.
-Yo… - murmuró ella. – Ni yo misma lo sé.
-¿Qué dijiste? – preguntó él, sinceramente. – no te escuché.
-¡Dije que quería ver a todos! – exclamó la chica. - ¿Qué? Solo porque no tengo novio en Céfiro no significa que no quisiera volver.
-Me alegro – repuso Paris con una amplia sonrisa. – Aunque podrías darle una oportunidad a Ascot. Siempre le has gustado…
-Pero a mí no – interrumpió ella. – Y no quiero darle esperanzas a alguien que no las tiene. Es simple.
-¡Que bueno! – exclamó Paris. – Porque se ha vuelto insoportable. Y además…creo que para tu carácter te vendría bien alguien…¡Como Gurú Clef!
-¿QUÉ? ¡PERO POR QUE DICES ESO!
"¡Vaya. No es tan tonto como yo pensaba. ¿Paris sospechará algo? espero que no"
-Porque necesitas a alguien que domine tu temperamento. ¡Ja, ja!
Marina le dio un golpe en la cabeza. Pero cuando vio el cabello verde de Paris, se acordó de algo.
-¡Es cierto! Paris, necesito preguntarte algo…
¿Qué? – dijo él, con cara de pocos amigos. Al parecer por el golpe que la chica le había dado.
-Tú viviste en el Bosque del Silencio. Y trataste con animales de muchas clases ¿No es así?
-Sí. ¿Y a que viene todo esto?
-Quería…preguntarte…si hay forma de adivinar de quién era la serpiente que nos atacó ayer.
Paris se quedó callado. Pensando. Al cabo de unos dos minutos dijo:
-Sí. Por el color de sus ojos. Las criaturas en Céfiro, sean buenas o malas, las crean los corazones de los habitantes. Depende de la fuerza de voluntad. ¿No te has fijado en Fyula?
-¿Ése pez gigante? – preguntó Marina con cierta diversión.
-Es de Gurú Clef. – explicó Paris.
-¡Ah! – dijo Marina. Y se sonrojó. – Tiene…los ojos azules. ¡Es cierto!
-Ése es un buen ejemplo. Bueno…me voy a dormir. ¡O no podré levantarme mañana! Hay que encontrar un antídoto para Gurú Clef.
-B- Buenas noches.
Vio como el joven príncipe se alejaba del jardín hacia el pasillo. Ella se quedó pensando…
Entonces los ojos de las criaturas son iguales a las de su dueño. Cuando vio aquella serpiente, no pudo evitar que Ascot se le viniera a la mente. ¿Sería de él? ¿realmente sería capaz de dañar a su maestro o a ella?
-No…no puede ser – se dijo. – Pero…juraría que eran los mismos ojos.
Se fue a la cama con el mismo éxito con el que había intentado dormir anteriormente. Su cabeza no dejaba de dar vueltas con lo sucedido. Su cerebro le decía que el que Ascot fuera el responsable de lo sucedido era falso, que él siempre había sido un buen chico, de buenos sentimientos y que la apreciaba mucho, y también a Ráfaga y a Gurú Clef. Pero su corazón le decía que esos ojos eran los mismos. Esa mirada…llena de odio y rencor.
A la mañana siguiente, todos despertaron muy temprano. Presea llevaba ya desde el amanecer buscando en la biblioteca libros y libros acerca de hechizos curativos. Anaís le ayudaba. Entretanto, los demás no dejaban de preguntarse porqué Gurú Clef no sanaba.
-Si fuera una picadura ordinaria, la magia de Anaís la habría curado – dijo Caldina. – creo que en el veneno de la serpiente había un hechizo.
-¿Qué clase de hechizo? – preguntó Lucy, visiblemente preocupada. - ¿Magia negra, tal vez?
-¡Ni lo digas, Lucy! – saltó Marina, muy estresada. - ¿Qué haríamos si así fuera?
Entonces Latis entró en la sala del trono, con una cara nada convincente.
-¿Cómo sigue Gurú Clef? – preguntó Paris.
Latis hizo una seña negativa con la cabeza.
-Esta empeorando – explicó. – tiene mucha mas fiebre. Y ahora está inconsciente.
-No puede ser…- murmuró Marina con un hilo de voz.
Entonces la chica de cabello azul se percató de algo. Ascot no estaba con ellos.
-¿Dónde…dónde está Ascot? – preguntó en voz alta.
Pareciera que nadie se había dado cuenta de su ausencia hasta que ella preguntó.
-No sé – dijo Caldina encogiéndose de hombros. – tiene desde ayer que no lo veo.
-Yo tampoco lo he visto – comentó Paris. – pero la verdad no importa. No esta ayudándonos en nada.
-Quiero…decirles algo – empezó Marina. Y todos la miraron atentos. – ayer…Paris me dijo que los ojos de las criaturas tienen el mismo color que el de sus dueños.
-¿Y? – dijo Caldina.
-Y…y…la serpiente que nos atacó a Ráfaga, Gurú Clef y a mí tenía…los mismos de Ascot. – dijo ella fuerte y claro.
Pareciera que Marina les había dicho una broma.
-¿Estás diciendo que Ascot mandó a esa serpiente a atacarlos? – preguntó casi riendo.
-Es ridículo, Marina – dijo Lucy. – Ascot nunca haría algo así.
Además hay muchos habitantes en Céfiro con ojos verdes – dijo Paris.
-Lo sé…pero…
-¡No dirás entonces que Anaís fue, solo por el color de sus ojos!
-¡No dije eso!
-Marina – dijo La voz de Latis. Y su voz era tan fuerte que no hubo necesidad de pedirles que se callaran. - ¿qué te hace pensar, aparte del color de ojos, que Ascot es el responsable?
-Pues…- empezó ella. No sabía como explicarles. Como se había encontrado a Ascot en el pasillo. – antes de irnos, vi a Ascot…había algo…extraño en sus ojos. Era una mirada llena de rencor, de ira. Y es la misma mirada que le vi a la serpiente cuando…nos atacó.
Se produjo un silencio en el que solo se oía los pájaros que cantaban afuera. Entonces Paris habló:
-Creo que lo que Marina dice tiene sentido. Yo también he notado a Ascot extraño. Y se ha peleado con Gurú Clef, no veo por que no tuviera razones para atacarlo…
-¡Paris! – dijo Caldina. - ¡Cállate!
-¿Qué? .- dijo Marina. - ¿Ascot se peleó con Clef? ¿Fue antes de que llegáramos?
-¡Eso lo explica todo! – exclamó Lucy.
-¡No, no! ¡Se equivocan! – dijo Caldina. – Paris es el que dice cosas sin sentido. Ellos no pelearon…solo…
-Gurú Clef no quiere que se sepa. – dijo Ráfaga con su voz atronadora. – pero ya que el príncipe ha soltado todo, creo que tienen derecho a saberlo.
Paris se sonrojó.
-Bien – empezó Marina. - ¡Pues hablen ya!
Caldina miraba al suelo, muy triste, y Paris pareciera que esta vez no quería hablar, de modo que Latis se armó de valor.
-Ellos dos discutieron poco después de que ustedes se fueran. – explicó. – discutieron muy fuerte…no sé porqué, pero Ascot decidió renunciar a ser el alumno de Gurú Clef.
-¿Renunció? – preguntó Lucy, muy sorprendida. - ¿Y que hizo Gurú Clef?
Le dijo que tenía que convertirse primero en un hombre para ser su alumno – dijo Paris sin pudor. – y creo que se ofendió…
-¿Gurú Clef dijo eso? – preguntó Marina, sin creerlo. – pero…él nunca ha ofendido a alguien.
-No lo ofendió, solo le dijo la verdad. – repuso Paris. – y la verdad a veces duele.
-Ascot se quedó muy resentido…- explicó Caldina. – y desde entonces…no han tenido muy buena relación.
-Además de que estás tú de por medio, claro está – dijo Latis.
-¿Yo? – preguntó Marina, asombrada. - ¿Qué tengo que ver yo con lo que pasó?
Todos, excepto Lucy y Anaís, intercambiaron miradas tensas.
-No estoy seguro, pero sé que tienes algo que ver. – dijo Latis sencillamente.
Todos se fueron de espaldas. Y cuando se reunieron en la biblioteca para ver los resultados que Presea y Anaís habían logrado conseguir, Marina seguía dándole la lata al espadachín, para que le contara la verdad. Hasta que Lucy le dijo que no lo molestara más.
-¡Basta! – dijo Lucy. - ¡Lo importante es ayudar a Gurú Clef, está muy enfermo!
Marina reaccionó, y sintió una punzada de dolor en el pecho, al recordar que Clef estaba inconsciente.
-Bueno… - dijo Presea, muy cansada, pero satisfecha. – aquí está. Necesitamos una planta llamada Veritas. Únicamente la encontramos en el Bosque del Silencio.
-¿Eso curará a Clef? – preguntó Marina. Presea la miró un momento, y después le contestó.
-Sí. Esto lo curará. Alivia cualquier veneno que provenga de magia negra. Y al parecer eso es magia negra.
-¡Pues vamos a buscarlo! – exclamó Lucy.
-Hay un problema – interrumpió Presea. – el libro no dice como es la planta. Solo Gurú Clef la conoce. No podremos conseguirla.
-¿Cómo dices? – dijo Marina. - ¿No tiene una fotografía? ¿una imagen?
-No – dijo rotundamente Presea. – estos libros son de Gurú Clef. Y solo él sabe como es la planta.
-Pero Gurú Clef esta inconsciente – dijo Ráfaga. - ¿Cómo esperas que nos lo diga?
-Solamente tenemos una opción – dijo Anaís, acomodándose sus gafas. – hay que tratar de aliviar la fiebre de Gurú Clef, y tratar de preguntarle.
-¿Y si ya es demasiado tarde? .- inquirió Marina, horrorizada. - ¿Y si ya no hay tiempo?
-Aquí dice que el veneno se esparce completamente en el cuerpo en tres días, máximo. En un mortal. Pero Gurú Clef es especial – dijo Presea – tenemos un poco mas de tiempo.
Marina cada vez se sentía mas confundida. Quería correr al Bosque del Silencio para buscar una planta que ni siquiera conocía, pero a la vez le daba miedo dejar a Gurú Clef solo. Entonces fue a verlo a su habitación. Muy nerviosa, entró con cuidado.
La habitación estaba oscura y completamente en silencio.
Nikona dormía plácidamente en un extremo de la cama de Gurú Clef. Ella lo vio, a simple vista parecía que dormía…y se sentó a su lado. Entonces empezó a sollozar.
-Todo esto…es mi culpa. – dijo con voz casi imperceptible. – si no me hubiera salido del escudo…tú estarías bien, y tal vez hasta ya hubiéramos arreglado las cosas con Chizeta. Perdóname…
Marina comenzó a llorar mas fuerte. Se apoyó en la cama de él a llorar, arrodillada en el piso. Entonces sintió una mano sobre su cabeza…que la tocaba con suavidad.
-No me gusta verte llorar, mi querida niña…
Ella levantó la cabeza con brusquedad, y vio al chico del que estaba enamorada mirándola, con una mueca de dolor en el rostro.
-¡Gurú Clef! – masculló ella. - ¿estás…bien?
-Sí…- dijo él débilmente. – no te preocupes…
-Gurú Clef… dime…como es el Veritas. Necesito encontrarla para curarte…dime como es por favor…
-Es…- Gurú Clef hizo otra mueca de dolor.
-¿Te duele mucho? – preguntó ella, sin poder retener las lágrimas.
-Es una planta color…escarlata…muy pequeña…
-Ajá…- asintió ella, escuchando con atención sus palabras.
-Y además…al tocarla…- Gurú Clef gimió y se agarró el brazo. – al tocarla…brilla intensamente…
-La encontraré – dijo ella, firme. - ¡La encontraré y te pondrás bien!
-No…Marina – dijo él sin fuerzas. – escúchame…hay…una magia…rondándonos muy poderosa. Ascot…
-¡Ascot te hizo esto! – dijo ella furiosa. - ¿Verdad? ¡fue él!
-Marina…él está siendo…usado…por alguien más fuerte…- dijo Gurú Clef. – pero…no estás…tan equivocada en lo que piensas…sobre él…
Gurú Clef sonrió levemente.
-Hemos…tenido problemas…y entiendo su…rencor…Marina…no vayas tú. Deja que Ráfaga…y los demás se encarguen…
-¡No! – dijo Marina. - ¡Yo tuve la culpa y voy a traer al planta que te devolverá la salud! Te lo prometo. Nada de lo que me digas me hará cambiar de parecer.
Nikona se levantó dando saltos por todo el cuarto.
-Entonces…debes prometerme dos cosas…- dijo él sin fuerzas.
-De acuerdo – dijo ella.
Él le tomó la mano. Y Marina sintió una desagradable sensación en el estómago, como si se hubiera subido a la montaña rusa. – Lo que sea.
-Debes tener cuidado…
-¿Y…la segunda?
-Prométeme…que ya no vas a llorar…
Ella se ruborizó. Bajó la mirada y asintió. Como una niña que es regañada por el maestro que le gusta.
-Lo prometo. – dijo ella.
Anaís estaba con Paris sentada en la fuente del Jardín del área residencial.
-Me alegra que encontráramos la planta. Pero de nada sirve si no sabemos como es. – dijo Anaís.
-Es cierto – coincidió Paris. – espero todo salga bien. Si a Gurú Clef le pasa algo… Céfiro estaría perdido.
-¿De que hablas? Creí que sin el sistema del Pilar…
-Así es. – dijo París. – pero hay algo que ustedes no saben y Gurú Clef nunca les dijo. Él es la Base del Pilar. Mi hermana era el Pilar de Céfiro, pero él es la Base.
-¿Es?
-Sí. Lucy eliminó el sistema del Pilar, y con él la Base. Pero eso no quiere decir que no sea una de las personas con mas voluntad en este planeta. Sin la voluntad de Gurú Clef…no sé…sería un desastre. Él es la persona mas poderosa en este planeta. Es el representante de Céfiro mientras yo subo al trono, y sin él…podrían invadirnos otros planetas.
-¿Hablas en serio? – dijo Anaís, atónita.
-Sí. Él no quiso decirles nada para no preocuparlas más. Pero…¡Yo sé que no se dejara vencer! Él es muy fuerte.
-Tienes razón. – sonrió Anaís.
-Sin embargo, Anaís con toda la plática con el príncipe decidió ir a ver a Marina. Tocó pero nadie contestó en su habitación. Entonces entró.
- ¿Marina? ¿estás aquí?
Buscó a Marina en el tocador sin tener éxito. Entonces vio algo que le llamó la atención.
Un pequeño cuaderno azul, con un sello dorado estaba en el tocador de Marina, junto con una pluma.
"No, eso es privado" se dijo. Sin embargo…la actitud extraña de su amiga…quizá…esa libreta explicara algo…de lo que ella tanto ignoraba.
La abrió. Al parecer se trataba de un diario. Solo que no decía las cosas como in itinerario. Habían pequeños párrafos. Con fechas diferentes.
Esto tiene fecha de antes de venir a Céfiro…- murmuró Anaís. – de hecho es justo cuando volvimos a Tokio…
La chica se acomodó las gafas y leyó:
Entre mil sueños, busco tu nombre
Entre mil recuerdos, imagino tu rostro.
Mientras más pienso, más me pierdo
En un abismo profundo, sin inicio ni fin.
Nunca imaginé sentir algo como esto
Siguiendo perdida
Entre tu voz y tu sonrisa
Nunca pensé
Llegar a querer, más que a mí misma
Pareciera que Marina extraña horriblemente a alguien.
-Pero esto…- murmuró Anaís, petrificada. – pareciera que extraña a alguien que dejó en Céfiro. - ¡Ah! Esto tiene fecha actual…qué profundo.
Entre más leía Anaís menos creía de quien era aquel cuaderno. Su amiga Marina…la caprichosa, ¿Enamorada así de alguien? Imposible.
-No puede ser… – dijo Anaís. – Marina…¿quién es…?
No lo entendía. Marina siempre se burlaba de Lucy y de ella, de sus novios, de lo cursi que era tener pareja a esta edad. Que solo debían divertirse, que no tenía sentido tener novio y que además, ella nunca se había enamorado y que nunca se enamoraría.
Entonces vio uno que tenía fecha de ayer.
-Sea quien sea…sé ve que realmente lo ama…
Marina entró en su habitación para cambiarse de ropa. Y encontró a su amiga con el diario en las manos.
-¡Marina! – exclamó Anaís. – No…sabía…
Ella se fijó en lo que Anaís traía en las manos.
-¿Qué haces con eso? – le preguntó fríamente. Y se lo quitó de las manos.
-Yo…
-Te cansaste de esperarme, ¿O mi vida privada es mas interesante? – le espetó.
Anaís agacho la cabeza, arrepentida.
-Lo lamento…solo estaba aquí y….
-Y decidiste husmear.
-Perdóname Marina. – se disculpó ella. – pero lo que hay ahí escrito…me parece…
-¡También lo que tiene escrito es privado! – gritó ella furiosa. ¿Cómo se atrevía Anaís a irrumpir en su cuarto, a leer cosas íntimas?
-Sé que estuvo mal. ¡pero has estado muy rara! ¿Qué querías que hiciera? Sabía que sufrías por algo…
-¡Yo no estoy sufriendo Anaís! ¿de acuerdo? ¡Son solo poemas!. Era…un proyecto escolar – mintió.
-¿Y trajiste tu proyecto escolar a Céfiro? – preguntó Anaís con ironía. - ¡debe ser muy importante!
-Ya te dije. Son solo poemas, cosas sin sentido.
-Si son cosas sin sentido, ¿por qué estas tan enojada? ¿Eh?
Ella se quedó callada. Por una parte, Anaís tenía razón. Solamente quería ayudar, pero por otra le era terriblemente pesado aceptar que ella estaba enamorada de alguien. Y aún peor…que sí estaba muy triste.
-Marina…- Anaís se acercó ya la abrazó. Marina comenzó a sollozar.
-Perdón Anaís…yo sabía que te darías cuenta…pero…no puedo aceptarlo.
-Eres una chica tremendamente sensible – dijo Anaís sonriendo. – y que no quieras aceptarlo es porque quieres aparentar ser fuerte. Pero en el amor no se vale ser valientes, Marina. Hay que ser sinceros y abrir el corazón…
-Yo no…no puedo…
-No tienes que decírmelo. – dijo Anaís, sonriendo de nuevo. – si no te sientes lista, no lo hagas. Pero…díselo a ése chico especial.
Anaís se encaminó a la puerta, tomó el picaporte, pero antes de Salir le dijo:
-¡Ah, y no permitas que Caldina se entere! – exclamó divertida.
-¿Por…por qué? - Preguntó Marina confundida.
-Porque sé que no es Ascot.
Anaís cerró la puerta tras ella, dejando a la guerrera mágica del agua mas confundida que antes. Y realmente impresionada por lo observadora que era su amiga.
Hola! Muchas gracias a las personas que mandaron reviews, en verdad les agradezco. Quisiera advertirles que ésta es una historia un poco larga, así que por favor tengan paciencia, sé que la tendrán cuando les diga...adivinen qué? está casi terminada!, solo me falta editarla un poco, así que puedo asegurarles que verán el final.
Para Serena Ryuzzaky, gracias por leer, linda, y te aseguro que el final te gustará. Solo espera.
