CAPÍTULO 5: LA AMENAZA DEL PRÍNCIPE ROMMEL

Marina no dejaba de llorar, con las rodillas pegadas a su cara. Ahora si estaba perdida…¿Dónde conseguiría un antídoto para Guru Clef? Se había tardado horas para encontrar aquella pequeña planta…y la había perdido. Se sentía frustrada, estúpida y demasiado inútil. Sus amigas luchando, Guru Clef en peligro, y ella…ella no había podido cumplir lo prometido.

-¡Maldita sea! – chilló.

Anaís cayó estrepitosamente en el suelo. Su genio ya no tenía fuerzas para seguir luchando. Lucy fue en su auxilio, aunque Reayerth también estaba muy dañado.

- Anaís…Anaís…- la llamó su amiga, sacudiéndola. - ¡Tienes que resistir!

Como la chica no reaccionaba, Lucy tuvo que seguir la pelea sola.

Recibió varios ataques que se defendía, pero conforme fueron pasando los minutos Lucy sentía que la vitalidad se le acababa.

-Lucy…

-¡Reayerth! – gritó la chica. – Ya…ya no tengo energías. ¿Que debo hacer?

-Sólo si unen sus poderes en un solo Mashin vencerán al enemigo…

-¡Pero…Marina no está!

-No hay otra forma en que puedan vencer, querida niña…

Marina no dejaba de llorar. Todo estaba perdido. Pasarían horas antes de que pudiera conseguir otra planta Veritas y Guru Clef no resistiría.

No podría cumplir la promesa que le hizo…

Salvarlo…

Entonces, como un rayo recordó algo.

"Prométeme que no llorarás más…"

-No llorar…- repitió Marina, deprimida. – Guru Clef…

Se limpió las lágrimas. Recordó a Lucy y Anaís que luchaban aún sin ella. No podría dejarse vencer tan pronto.



Varias aldeas ya estaban destruidas. Ni Anaís ni Lucy entendían porqué las naves de Chizeta eran tan fuertes, pues ya había lidiado con ése planeta antes, y no había sido tan complicado.

Presea no dejaba de tronarse los dedos con nerviosismo. Caldina hacía los mismo…daba vueltas de un lado a otro en la recámara de Guru Clef.

-¿Dónde está Paris? – preguntó Presea.

-Creo que quiere estar solo…- dijo Caldina mirando hacia la puerta, triste. – Es demasiado joven para soportar el peso de un planeta, Presea.

-Siento como si los tiempos oscuros de Céfiro regresaran…- dijo Presea mirando a Guru Clef. – como cuando murió la princesa Esmeralda.

-Las Guerreras están con nosotras de nuevo – dijo Caldina – Pobres chicas. ¿No habrá alguna ocasión en que ellas vengan a nuestro mundo sin necesidad de pelear?

-Pareciera que el destino de las Guerreras Mágicas es atraer problemas…

Marina, que seguía con las piernas engarrotadas de tanto escalar empezaba a marearse. Se sujetó con fuerza y continuó subiendo. Entonces notó que algo pequeño y suave le había caído en la cara.

-¡Buag! –exclamó ella intentando quitárselo del rostro. Y cuando lo vio su corazón comenzó a latir fuerte.

Era una pequeña hoja color morado, que brillaba como una luciérnaga.

Miró hacia arriba y vio que cientos de pétalos salían de la punta de la montaña. Cuando llegó con muchos esfuerzos a la cima, quedó maravillada. Pareciera que había entrado en un invernadero de Veritasérums. Había cientos, por donde quiera que mirara. El viento se llevaba algunas hojas y por eso Marina la había visto. Parecía un milagro.

- ¡Gracias! ¡Gracias!

Marina tomó las que pudo y s e las guardó en los bolsillos. Entonces miró a los genios de sus amigas, casi derrotados.

-Marina…

-¡Ceres! – exclamó la chica. - ¡Por favor, necesito ir con Lucy y Anaís!

-Sólo invócame…y nos convertiremos en uno para ayudar a Céfiro…

La muchacha hizo brillar su gema y el genio imponente en forma de dragón pareció. Ella no lo pensó más, y se lanzó a toda velocidad hacia el Palacio.

-¡Ahhhhh!

-¡Lucy!

La Guerrera del fuego acababa de recibir un ataque que la mandó al suelo. Anaís intentaba llamarla, con el viento curativo intentó sanar las heridas de su amiga.

-Anaís…- murmuró Lucy, muy debilitada.

-¿Lucy! ¿estás bien? – preguntó Anaís preocupada.



-Necesitamos…a Marina…para vencer las naves…

-Pero…

- ¡Dragón de Agua!

Marina lanzó su magia contra las naves de Chizeta, y una fue derribada. Las otras dos continuaban en pie.

-¡Maldita!

El príncipe Rommel había tirado todos los manjares que había en su mesa. Entonces, la amazona Kara se presentó ante él, muy apenada.

-Señor…la Guerrera Mágica…ha muerto…

-¿A sí? – preguntó Rommel, rojo de rabia.

-Sí…ella…prefirió sacrificarse…por orgullo…señor…mi señor…perdóneme…

-¿Has dicho que ha muerto? – le gritó Rommel.

-Sí…príncipe…yo…

-¿Me puedes decir entonces quién es ella?

El chico señaló la pantalla mágica, en la que Marina se presentaba ante las naves de Chizeta a pelear con sus amigas.

-¡No puede ser! – exclamó aterrada la amazona. – Yo…casi le gano…pero ella se arrojó al abismo. ¡No pudo sobrevivir!

-Entonces quien es ella…¿La gemela? ¡Estúpida!

El príncipe le tiró una bofetada a Kara. Ella retrocedió, muerta de vergüenza y salió del cuarto.

-¡Marina! – gritó Anaís, radiante. – Creí que nunca vendrías…

-Perdón, chicas – dijo ella acercándose para incorporar a Lucy. – tuve contratiempos.

-¡Lo importante es que ya estás aquí! – dijo Lucy sonriendo. - ¡vamos, Chizeta aún no se ha ido!

-¡Sí!

Los tres genios se fusionaron. Dando como resultado Reayerth.

-¡Arcoiris Mágico!



El hechizo, junto con una gran explosión terminó con las naves de Chizeta. Las chicas sonrieron, Lucy y Anaís estaban bastante cansadas, pero no tenían nada grave.

Los mashin desaparecieron y junto con las ropas que antes traían, Marina, Lucy y Anaís entraron en el castillo topándose con Paris.

-¡Anaís! – gritó él, corriendo a abrazarla. - ¡Estás bien! ¿No estás lastimada?

-Estoy bien – repuso la rubia acomodándose sus lentes. – No te preocupes…

-¿Y Latis?

La que había hablado era Lucy.

Fue con Ráfaga al pueblo, a evacuar a las personas. Parece ser que varias aldeas quedaron destruidas.

-¿Qué? – preguntó Lucy, alarmada. - ¿Hay heridos, gente lastimada?

Paris agachó la mirada.

-Sí.

-¡Entonces iré al área residencial! – exclamó Anaís. – Mi magia puede ser de ayuda.

-Iré contigo. – dijo Lucy. – Marina, ¿Tu que harás?

-Debo llevarle el antídoto de Guru Clef a Presea. – dijo Marina, muy tensa. - ¿Cómo está?

-Date prisa – le dijo Paris. – No sé…la última vez estaba muy mal.

Marina no le contestó a Paris, solo se echó a correr lo mas rápido que le daban las piernas hasta llegar a la habitación de Guru Clef.

¿Y si ya era tarde?

Podía escuchar sus propios latidos del corazón…zumbándole a la oreja…

Ella tocó la puerta con nerviosismo. Se abrió inmediatamente, y la chica se topó con Presea, tan angustiada, como asombrada.

-¡Marina, gracias al cielo! ¿Estás bien?

-Sí…

Ella le tendió la planta a la armero.

-¡Gracias!

Y antes de que pudiera decir o hacer nada, Presea cerró la puerta en la nariz de Marina.

Regresó, muy abatida a la sala del trono. Creyó poder ver a Clef, pero Presea no la había dejado. Cuando entró en la sala, todos estaban reunidos.

-No entiendo porqué Chizeta está atacando a Céfiro – dijo Caldina, visiblemente triste. – habíamos tenido problemas antes…pero creí que ya éramos como planetas hermanos.

-Yo también lo creí – dijo Ráfaga. – pero han atacado las aldeas, sin ningún pudor, no tuvieron consideración con los cefirianos…

-¡Se quién está detrás de todo esto!

La que habló fue Marina. Todos la miraron desconcertados.

-¿Cómo…cómo lo sabes Marina? – preguntó Anaís.

Cuando estuve en el bosque del Silencio…una amazona proveniente de Chizeta me atacó. Dijo que venía de parte del Príncipe de Chizeta. Rommel.

-¿Rommel?

Varios cuestionaron el nombre del reciente ya no desconocido.

-Sí. Siento…que tiene algo que ver con las princesas, Tata y Tatra, pero…a la vez no…ella no serían capaz de herir a nadie. Menos a Céfiro.

Tal vez las princesas no puedan hacer nada en contra de la voluntad de éste recién Príncipe – dijo Latis. – es evidente que quiere algo de nosotros.

-Hay algo más…- continuó Marina. – estoy…estoy completamente segura que la Serpiente que nos atacó a Ráfaga, Guru Clef y a mí era de Ascot.

-Marina…- dijo Caldina negando con la cabeza. - ¡Ascot sería incapaz de dañarte! ¡Él…él te quiere!

Marina parpadeó un par de veces. Ya lo sabía. Todos quedaron en un silencio incómodo, esperando la respuesta de la chica.

-Pues tiene una manera muy extraña de demostrármelo.

Caldina agachó la mirada, confundida. Era obvio que no podía creer que Ascot fuera culpable de semejante atrocidad.

-Yo…yo estoy de acuerdo con Marina – dijo de repente Paris con decisión.

Marina lo miró sin comprender.

-Ascot ha actuado de manera extraña…es posible que con todo lo que ha ocurrido tal vez haya cambiado, no podemos descartarlo.

-Paris, ¿tú también crees que Ascot atacó a Marina? – preguntó Anaís gravemente.

El príncipe levantó la mirada.

-Sí. Lo creo.

Marina se sintió mas reconfortada al saber que al menos uno de ellos no la tomaba por loca.

-Además…Guru Clef me dijo que había un aura maligna en Ascot. ¿Puede ser una posibilidad, no?

-Marina tiene razón – dijo Lucy – también puede ser que esa aura de la que Guru Clef habla puede dominar a Ascot.

-No – dijo de pronto Latis. Y varios se volvieron para mirarlo. – si Ascot pertenece a Céfiro ninguna fuerza oscura puede obligarlo a nada si su corazón no lo desea. En Céfiro la voluntad es lo que importa, si él no quería dañar a nadie, es imposible que le hechizaran para engañarlo.

-¿Estás diciendo que Ascot quería matar a Ráfaga, a Marina y a Guru Clef? – intervino Caldina, desafiante. - ¿No te parece una locura?

-No me parece una locura, me parece preocupante. – dijo Latis con suma tranquilidad. – y estoy seguro que a Guru Clef también le preocupa…



-No comprendo – dijo Caldina encogiéndose de hombros. - ¡En que se basan para culpar a Ascot!

-Marina dijo que la serpiente tenía los ojos verdes – explicó Paris. – recuerda que las criaturas en Céfiro…

-¡Lo sé! – gritó Caldina enfadada. - ¡Anaís tiene los ojos verdes! ¿Y por eso van a culparla? ¿No, verdad? ¡Muchas personas en Céfiro que tienen los ojos de ese color!

-Perdón Caldina – interrumpió Marina, muy seria. – sé que es difícil. Pero no es solo el color. Recuerdo muy bien lo que vi en los ojos de aquella criatura…estaban llenos de rencor, de odio. Tal como lo vi en los ojos de Ascot un día antes de partir a Chizeta. Era como si estuviera frente a la misma persona.

Caldina guardó silencio, muy deprimida.

Presea ya le había dado a Guru Clef el brebaje para curarlo. Tenía casi quince minutos durmiendo…cuando despertó lentamente.

-¡Guru Clef! – exclamó Presea, muy contenta. – ya veo que despertaste. ¿Cómo te sientes?

-B- Bien…bien – balbuceó él, enderezándose sobre la cama. - ¿Qué ha pasado?

-Bueno…- Presea se sentó aun lado de él, en una silla. – Chizeta atacó Céfiro.

-Sí…- dijo él, poniéndose una mano e la frente. – pude sentirlo…sentí el miedo de todos los cefirianos…¿siguen aquí?

-No – dijo Presea – Ya todo está en orden. Latis, Ráfaga y el resto de la guardia evacuaron a todos…están en el área residencial. Y las Guerreras Mágicas consiguieron vencer a las naves invasoras.

-¿Por qué las princesas hicieron algo así?

-No fueron ellas – dijo Presea – al parecer todo indica que es un nuevo enemigo. Pero no te preocupes por eso ahora. Céfiro está a salvo. ¿Cómo estás?

-Me siento bien – dijo Guru Clef, en tono cortante. – debo…ir a la sala del trono…hablar con las chicas y…

-Espera – dijo Presea. – antes…quisiera que habláramos.

Guru Clef la miró sin comprender. De pronto Presea había adquirido un semblante nostálgico.

-¿Sobre qué?

-Quisiera que habláramos… un poco…sobre Marina.

/

Marina suspiró. No dejaba de ver la puerta. Deseaba que en cualquier momento entrara Presea y les dijera que estaba bien, que se había recuperado. Pero ya había pasado casi una hora desde que ella le entregó la medicina, y no había noticias de nada.

Anaís se acercó a su amiga, y con una sonrisa, le puso una mano en el hombro.



-Él estará bien.

Marina la miró, asustada. ¿Acaso Anaís…sabía? ¿Era por lo que había visto en el cuaderno?

-¿De qué hablas? – preguntó ella en un tono falsamente convincente.

Anaís no dijo nada, solo le sonrió y fue a reunirse con Paris.

Guru Clef se preocupó.

-¿Marina? ¿Ella está bien? ¿No está lastimada…o sí?

-No…no – dijo Presea. – está bien. Me ha traído el antídoto para el veneno. Pero…no es de eso de lo que quiero hablar.

-Entonces…¿sobre qué?

-Cuando estabas delirando…por la fiebre…tú…dijiste varias veces el nombre de Marina.

Aquello le había costado mucho decirle a Guru Clef. Sin embargo, el tardó varios minutos en contestarle a la armero.

-Estaba preocupado por ella.

Lucy y Anaís también estaban luchando…afuera… - dijo Presea mirando el suelo. – Nunca dijiste sus nombres.

-¿A qué va todo esto, Presea? – preguntó Guru Clef muy serio.

-No lo sé. – dijo Presea. De pronto se le habían humedecido los ojos. – dímelo tú.

-Siento…que Marina está en peligro más que cualquier otra persona de Céfiro. – dijo Guru Clef mirando hacia la puerta, en dirección opuesta a Presea – Mi preocupación por ella debió manifestarse mientras tenía fiebre, tú lo dijiste, solo estaba delirando.

Se puso de pie, para entrar a otra habitación que estaba al lado de la cama. Dejando a Presea sola.

-Guru Clef…- Murmuró Presea con voz quebrada. - ¿No será que tú…?

El Príncipe Rommel estaba muero de ira. Todo le había salido mal. Ni el veneno para Guru Clef había servido, sus naves habían sido destruidas y Marina había escapado.

Ceñudo, miraba la bola de cristal en la que se veía claramente el castillo de Céfiro.

-Ésa no es la cara de alguien que esté a gusto con sus planes– dijo Ascot.

-No lo estoy – dijo el príncipe. – sin embargo…destruí gran parte de las aldeas. Pero no voy a echarme para atrás. Con la información recién obtenida puedo hacer mucho…sólo necesito llegar hasta ahí.

-¿Hasta dónde? – preguntó Ascot. - ¿No estarás hablando de…?

-¿Del Castillo? – adivinó el príncipe Rommel. - ¡Por supuesto!

-No podrás entrar – dijo Ascot, previniéndole. – Guru Clef sabe protegerlo muy bien, y ahora que está recuperado será imposible.

-Creo que ha llegado la hora de presentarme…

Rommel sonrió.

La Puerta de la sala del trono se abrió, dejándole el paso a Guru Clef, y a una contrariada Presea. Marina sintió como su corazón se aceleraba, y el calor le ascendía con violencia a las mejillas.

-¡Guru Clef! – gritó Lucy. - ¿ya estás mejor?

-Mucho mejor, Lucy – dijo Guru Clef, sonriendo.

-Ha habido muchos problemas – dijo Latis. – Me alegra que estés mejor.

Entonces Guru Clef dirigió su mirada hacia Marina. Ella retrocedió dos pasos, como siempre que lo veía cerca, una fuerza extraña le hacía que se le paralizaran las piernas, los brazos y el cerebro.

-Marina…

Ella vaciló. Encogiéndose de hombros.

-Veo…que ya te sientes mejor, Guru Clef.

Fue todo lo que se le ocurrió decir. Guru Clef le tomó una mano.

-Todo ha sido gracias a ti, muchas gracias Marina.

Ella sintió una desagradable sensación de escalofrío recorrerle el brazo en el que Guru Clef le había tocado la mano.

-Yo…

"Di algo…¡estúpida!"

-De…de nada.

Guru Clef le volvió a sonreír, y entonces se volvió hacia Paris, con el rostro completamente serio.

-¿Nadie está herido?

Anaís curó a muchas personas con su magia. Están bien creo…pero Chizeta no debe tardar en atacar de nuevo…

-Lo sé – dijo Guru Clef caminando hacia la ventana más próxima, y miró el cielo. – pero me daré cuenta cuando estén aquí…

-Príncipe Rommel – dijo Latis. – ése es el nombre de la persona que atacó Céfiro.

-Si se le puede llamar persona…- sentenció Guru Clef, furioso. – mantén a las guardias alerta, Latis.

-Nosotras también estaremos alerta – dijo Lucy, muy decidida. – Nuestros Mashin pueden pelear en cualquier momento si así se requiere. ¿verdad chicas?

-Sí – dijeron Anaís y Marina al mismo tiempo.

Entonces, una voz ajena a todos ellos se escuchó fuertemente:

-¡Buenas tardes, Céfiro!

-¿Quién eres? – preguntó Guru Clef, muy serio, mirando hacia arriba.

-El Príncipe Rommel de Chizeta – contestó él. – se ha hablado mucho de mí, así que decidí presentarme.

-¿Por qué estás atacando Céfiro? – volvió a preguntar Guru Clef.

-Demasiadas preguntas, hechicero – dijo la voz, en tono burlón. – como han visto, no me ha sido difícil acabar con las aldeas de Céfiro. En unos cuantos días, lograría tener en planeta destruido.

-¡No lo permitiremos! – dijo Lucy, enfadada.

-No veo que hagan mucho al respecto – se burló la voz del príncipe. – tengo controlada la situación, aunque tengan a las Guerreras Mágicas, eso no basta para poder derrotarme.

¿Qué es lo que quieres? – dijo Guru Clef, apretando con fuerza su báculo.

-Céfiro es un planeta libre sin un Pilar – dijo Rommel. – eso me da oportunidad de poseerlo.

-¡Lucy hizo a todos los cefirianos Pilar! – exclamó Paris. - ¡No puedes hacer eso, Céfiro le pertenece a su gente!

-Gente que es fácil de controlar y dominar – dijo Rommel con tranquilidad. – no me será difícil tampoco. Claro, para cuando llegue a ese punto su planeta sufrirá…¿No querrán otra auto destrucción…o sí?

-¡Pelearemos! – dijo Marina. – Ya lo hemos hecho antes. Y hemos vencido.

-Pelearé yo también entonces – dijo desafiante Rommel. – dense cuenta que están en desventaja, Céfiro. Podría matar ahora mismo a todo el pueblo si quiero. Pero la pregunta es…¿Ustedes quieren eso?

-¡Maldito! – rugió Paris. - ¿Qué clase de oponente se esconde tras una voz?

-No me subestimes, niño – dijo Rommel. – hago las cosas por algo. Quiero proponerles una tregua… así no dirán que no les di oportunidad de salvarse.

-¿Qué quieres? – preguntó Guru Clef.

-Son tres cosas sencillas y fáciles de comprender: Primero que nada; Quiero el poder y el control absoluto de Céfiro…que eso incluye por supuesto sus habitantes, y el Palacio. Deseo también, siendo mi esclavo y estando a mis órdenes, la magia del Mago supremo de Céfiro, Guru Clef.

Marina miró a Guru Clef, atónita. Él había apretado un poco más su báculo.

-¡Jamás! – rugió Paris. - ¡Estás loco!

Latis le dijo a Paris con una señal que dejara continuar al Príncipe.

-Y por último…todo rey próximo necesita a su reina. Quiero…a la mujer más bella que he visto en Céfiro. A la que llaman la hija del legendario Mashin Ceres…a la Guerrera Mágica del Agua: Marina, como mi esposa.



Todos se quedaron boquiabiertos, inmóviles. Marina sintió que el alma se le caía a los pies. Instintivamente miró a Guru Clef, que sus ojos estaban posados en ella, al igual que los de todos.

-Si no cumplen mis deseos Céfiro será destruido y mataré a todos sus habitantes. De igual manera lo poseeré, pues transferiré mi reino allá. ¡No me den una respuesta!…lo averiguaré

Y la voz desapareció después de una sonora carcajada del Príncipe.

Pasaron unos minutos de devastador silencio. Y pensar que a ella solo le preocupaba que Guru Clef se mejorara…

-¡Está loco! – gritó Lucy. - ¡Jamás haremos lo que pide! ¿Verdad Guru Clef?

Guru Clef miraba el suelo. A pesar de que todos los presentes tenían la vista fija en el hechicero y en Marina.

-No…No Lucy, por supuesto que no lo haremos. – dijo Guru Clef.

Sin embargo, el tono de Guru Clef le decía a Marina, en su corazón, que no tenían otra opción.

/

Latis cerró la puerta tras él. Estaban en una habitación que solo tenía altos ventanales, no había muebles. Guru Clef miraba hacia el cielo, como si pudiera encontrar la respuesta ahí.

-¿Qué harás?

Latis rompió el silencio de una manera brusca.

-Hubo gente que anteriormente se sacrificó por éste planeta. – dijo Guru Clef. – La princesa Esmeralda prefirió morir a ver destruido Céfiro…Presea, Alanis…Zagato…Águila. Las Guerras Mágicas arriesgaron su vida por ayudarnos. No se lo entregaré a un Príncipe caprichoso.

-Lo entiendo – dijo Latis. - ¿Qué hay de ti?

-Tampoco le entregaré mi magia a alguien que la usará para acarrear sufrimiento a Céfiro, el planeta que tanto amo.

-¿Y Marina?

Guru Clef apretó su báculo con fuerza. Su ceño se había fruncido.

-Ella no es propiedad de nadie. No merece ser entregada como una mercancía.

-Ya veo…- dijo Latis. - ¿Qué haremos si ataca Céfiro?

-Protegeré el castillo con mis poderes – explicó Guru Clef. – los cefirianos se resguardarán aquí, así que no hay ningún peligro que corran.

-¿Usarás el escudo para proteger el Palacio? – preguntó Latis, atónito. - ¡Guru Clef! ¿Cuánto crees aguantar? ¡No tienes ni una hora de haber estado grave!

-Lo haré – dijo Guru Clef decidido. – no voy a entregar ni mi magia, ni mi planeta ni a Marina a nadie.



Latis se sorprendió.

-No puedes tú solo, ¿cuánto crees aguantar con la protección del castillo? ¿Unas horas, quizá un día? ¡No te alcanzarán las energías!

-No tengo opción…

-Céfiro no es solamente responsabilidad tuya – le discutió Latis, muy tenso. - ¡Pelearemos!

-Apenas si las Guerras Mágicas pudieron derrotar tres naves – dijo Guru Clef. - ¿Y Si manda diez? ¿Crees que podríamos vencerlas? Sin un Pilar somos un planeta desprotegido.

-¿Y? ¿Que sugieres?

Mi cabeza niega entregarle a ése Príncipe lo que me pide. – dijo Guru Clef, agachando la mirada. – pero en mi corazón siento que va a ocurrir lo inevitable. Que tendré que ceder.

Anaís le ofreció a Marina un vaso con agua.

-¿Estás mejor? – le preguntó Lucy, con los ojos llenos de preocupación.

-Estoy bien, Lucy – dijo Marina, sonriendo.

Dentro de ella se había empezado a formar una horrible sensación de vacío, de impotencia. Estaba furiosa, deseaba hacerle pagar a ése Príncipe las desventuras de ella. Pero también sentía tristeza…una terrible tristeza del futuro. ¿Y si Guru Clef cedía? ¿Sería capaz de entregarla a Rommel?

-Marina…- la llamó Anaís. – si necesitas hablar…ya sabes, que somos tus amigas.

-Sí, Marina – continuó Lucy – debes sentirte muy mal…

-Gracias por apoyarme – dijo Marina, sonriendo a medias.

-¡Guru Clef no dejará que ése príncipe se salga con la suya! – dijo Lucy con optimismo. - ¡Nadie de nosotros lo dejará!

-Y…¿Y si no hay opción?

Marina apretó con fuerza el vaso que tenía en la mano.

Lucy parpadeó, confundida.

-¿Y si no hay otro recurso para salvar Céfiro?

Lucy y Anaís se miraron, sin saber que decir.