CAPÍTULO 6: UNA DIFÍCIL DECISIÓN
Marina pasó el resto del día en su habitación. Le había pedido a Anaís y Lucy que la dejaran sola, necesitaba pensar.
No sabía cuanto tiempo había pasado desde que el Príncipe Rommel había amenazado a Céfiro, pero a ella le habían parecido días enteros. Tenía lapsos en los que quería llorar, sus lágrimas se agolpaban en el borde de sus párpados, pero después sentía coraje y rabia, y la tristeza pasaba a segundo plano. Se miraba en el espejo, pensando. Miraba por la ventana el Céfiro desierto. Todos estaban en los refugios. El clima tampoco estaba nada bien, llovía a cántaros y nubarrones negros cubrían el cielo; acompañados de truenos y relámpagos. Era evidente que los habitantes tenían miedo, por eso aquél clima.
Ahora lo que sentía por dentro era tan semejante a la lluvia…
También tenía rachas en las que cuando Anaís y Lucy entraban para ver si se le ofrecía algo deseaba estar sola, y cuando se marchaban echaba de menos la compañía. Todo era muy extraño…
Un toquido leve en la puerta la hizo salir de sus abrumados pensamientos…
-¿Marina?
Una voz ronca la hizo voltear, era Ráfaga.
-¿Sí? – preguntó ella, quitándose con el dorso de la mano la humedad del rostro.
-Guru Clef quiere verte. Te espera…
-¡Oh! Sí…ya voy para allá.
Guru Clef quería verla. ¿Qué iba a decirle?
Caminó con Ráfaga hasta un despacho aparentemente de puerta pequeña, pero por dentro era bastante amplio. Había varios sillones y libreros. Guru Clef estaba de pie, con la mirada fija en ella. Ráfaga hizo una breve reverencia y salió.
-Gracias por venir, Marina. – dijo Guru Clef, señalándole uno de los sofás.
Ella se aproximó y tomó asiento. Quería decirle tantas cosas…
-No hay problema – repuso ella. - ¿Qué sucede?
-Me doy cuenta que eres una persona fuerte – confesó Guru Clef. – Lo sé porque ante todos actúas con normalidad. Pero sé que estás pasando por un momento difícil…
Marina intentó vacilar, pero en vez de eso se le humedecieron los ojos.
-Marina…- continuó Guru Clef, con aquel tono bajo de voz que casi siempre usaba. – no voy a permitir que el enemigo venza.
-Lo sé – dijo Marina. – siempre nos has cuidado, a todos. A todo Céfiro.
-Veo que me comprendes – repuso Guru Clef. – Marina…quiero pedirte…algo. Un favor…una petición.
Marina ladeó la cabeza, de pronto su corazón empezó a latir más rápido.
-Yo…- pareciera que a Guru Clef le costaba mucho trabajo decir las palabras. – Quiero pedirte que vuelvas a tu mundo.
Ella abrió la boca para decir algo, pero no salió ningún sonido de su boca.
-¿Por qué? – preguntó Marina automáticamente.
Guru Clef cerró los ojos un momento.
-No puedo permitir que esto se me salga de las manos, Marina – dijo él. – si Rommel poseyera mi magia, o me hiciera su esclavo sería yo…pero tú eres tan joven, y sé que no quieres ser entregada como un paquete.
-Pero…¡No quiero dejarlos! ¡No puedo irme de Céfiro!
Pero ¿qué Guru Clef no entendía? ¿cómo le pedía abandonarlo en un momento así? ¿dejar Céfiro?
-Sé que no quieres irte aún – dijo Guru Clef, pacientemente. – sé que fue tu corazón el que te trajo aquí, pues de otro modo no hubieran podido llegar. Pero no puedo permitir que arruines tu vida por un problema que es de Céfiro.
-Mi corazón está en Céfiro – dijo Marina.
Él no entendía nada. Si ella hubiese tenido valor en ese momento, le habría explicado que preferiría morir en Céfiro al lado suyo, a la vida que le esperaba en Tokio…
-Sé que amas a Céfiro – dijo Guru Clef, muy triste. – Yo también, pero…ustedes no pertenecen a este mundo…y tú estarías sacrificándote por algo que no te corresponde. ¡Marina, esto lo hago por tu bien!
Ella se puso de pie. Dándole la espalda al mago.
-Tú no entiendes…- murmuró Marina.
Él también se levantó y la miró a los ojos.
-Te entiendo. Siento tus ganas enormes de llorar en mis ojos y tus deseos de gritar en mi garganta. Por eso mismo no puedo permitir que seas infeliz…
Pasaron unos minutos en los que ella solo miraba el suelo. Y Guru Clef la miraba a ella, en busca de una respuesta.
-¿Qué hay de Anaís y Lucy? – preguntó entonces.
-Ellas…
Marina lo miró con reproche.
-Vas a permitir que se queden ¿no es así? – le espetó. - ¡Por eso me has citado sola!
-Marina…yo…
-¡Vas a permitirles que se queden! ¿Por qué? ¿por qué haces esto?
-Marina, no quiero verte toda tu vida al lado de alguien que no amas. ¡Ése sería tu destino si te quedas!
-También ése sería si me voy para siempre…
Guru Clef la miró sin comprender.
Si pudiera decirle…
-Mi querida niña, no quiero verte sufrir. Tampoco a Anaís ni Lucy. Pero ellas decidieron quedarse al lado de Latis y Paris. Tú…
-Yo no tengo por quien quedarme – dijo Marina. - ¡Estás equivocado!
Entonces Guru Clef sacudió la cabeza.
-Ellas no corren el mismo peligro, Marina – le explicó Guru Clef. – Rommel te tiene en la mira, no a ellas.
-¿Qué quieres que haga si me ha elegido a mí? – preguntó Marina con pesadumbre.
-Quiero que te vayas a tu mundo, donde estarás bien. Y seas feliz. Y te olvides de Céfiro.
Marina comenzó a llorar como una niña. No se le ocurría otra cosa…aquellas palabras…pidiéndole que se fuera…de la persona mas importante para ella.
-Paris me dijo que el Portal de las Dimensiones se había cerrado – dijo Marina con voz entrecortada - ¿Cómo esperas que…?
-Haré un hechizo muy poderoso – dijo Guru Clef, interrumpiéndola. – necesitaré ayuda de tus amigas. Pero lograré mandarte si me lo propongo.
Mandarla. Regresarla a su mundo. No era justo. Ella había esperado tanto, había deseado tanto estar en Céfiro. ¡Y no iba a poder decir lo que sentía! No iba a poder ser feliz por un maldito Príncipe que quería poseer Céfiro.
Marina se dio vuelta, con los ojos llenos de lágrimas.
-Guru Clef, por favor no me pidas que me vaya.
A él también se le humedecieron los ojos, se acercó a ella y le dijo con voz suave.
- Por favor, tú no me pidas que te exponga al peligro.
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Cuando salió del despacho de Guru Clef, se encontró a Caldina, que le preguntó algo, pero ella no la escuchó. Siguió caminando mucho mas triste y perdida que como había entrado y buscó a Anaís y Lucy. Tenía que aclarar las cosas.
No tardó mucho en encontrarlas. Sus amigas estaban afuera de su habitación, esperándola. Entraron y una vez que ella se decidió a hablar, Anaís le dijo:
-Marina…¿qué quería Guru Clef? Ráfaga nos dijo que él quería verte.
-Él…- intentó no llorar de nuevo y se aclaró la garganta. – él me pidió que regresara a Tokio. Para siempre.
Lucy abrió mucho los ojos, y al contrario de Anaís, que los cerró.
-¿Qué le dijiste? – preguntó Lucy.
-¿Tú que crees que le dije, Lucy? – le reclamó Marina. - ¡He esperado mucho tiempo para volver! ¿qué harías si te pidieran regresar ahora? ¿cómo te sentirías?
-Cálmate Marina…- le pidió Anaís.
-¡No me pidas que me calme! – le gritó. - ¡No entiendo porqué me hace esto! ¿no importa lo que yo piensa o sienta? ¡A él no le importa!
-A él le importa tu bienestar. Creo que es lo mejor…
-Tú no sabes lo que es lo mejor para mí, Anaís.
Las chicas se quedaron calladas. Solo se escuchaba la lluvia arreciando en los vidrios de las ventanas.
-Sé que van a quedarse. – les dijo Marina. – Mientras yo huyo a Japón ustedes van a luchar por Céfiro.
-Pudiste decirle a Guru Clef lo que sentías Marina – le dijo Anaís.
Marina ya no supo si se refería a sus sentimientos reales o…
-¿Qué quisiste decir? – le preguntó ella.
-Que no quieres quedarte sin hacer nada por Céfiro – aclaró Anaís, como si adivinara los pensamientos de su amiga. – tú sabes.
-Tampoco es justo que Marina tenga que irse solo por culpa de ése Príncipe – opinó Lucy. – tienes razón en negarte.
-¿Tendré opción? – preguntó Marina desesperada. – no puedo quedarme en Tokio sabiendo si ustedes están bien, o si están en peligro, o si necesitan ayuda. ¡No puedo vivir en Tokio sin…!
Se detuvo. Estuvo a punto de decir "sin Guru Clef". Pero no era el momento. Bastantes problemas para un día…
-Sin cooperar con Céfiro – arregló.
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-Así que el Mago planea mandar a la Guerrera Mágica a su mundo – sentenció el Príncipe Rommel.
-Sí señor – confirmó el sirviente que estaba arrodillado frente a él. – pude verlo claramente. Utilizará un hechizo muy poderoso.
-Claro, tiene sentido – dijo Rommel, sonriendo. – en su mundo yo no podría siquiera tocarle. Es otra dimensión.
-Eso es lo que Guru Clef quiere, señor.
-Escoge un rehén interesante, Efra – dijo Rommel. – Yo me encargaré del resto.
Efra asintió.
-Todos se reunieron en la Sala del Trono. Marina estaba en medio de todos. Con la mirada agachada.
La decisión que había tomado era difícil…
-¿Qué pensaste?
El que habló fue Guru Clef. Ella clavó sus ojos en los de él, con una mirada llena de reproche.
-He decidido…que no dejaré Céfiro.
-Marina…
-¡Lo sé! – exclamó Marina, sin poder evitar que salieran lágrimas de nuevo. - ¡Pero no puedo irme! ¡No los dejaré solos, luchando!
-Te dije que el peligro es más fuerte para ti.
-Guru Clef tiene razón – coincidió Latis, dando un paso al frente. – ése Príncipe te trae en la mira.
-Vele el lado bueno, Marina – dijo Presea, conciliadora – regresarás a tu hogar.
-¡La tierra no es mi hogar! – gritó Marina mirando al suelo. No quería levantar la mirada, pero sentía las de todos, en especial…la de Guru Clef.
-Tu hogar es donde naciste – dijo Guru Clef.
-Mi hogar es donde está mi corazón. ¡Y mi corazón no está en Tokio!
Lucy sintió tristeza al oír a su amiga. Anaís observaba detenidamente cada palabra de lo que Marina decía.
-¡Yo creo que Marina tiene razón! – exclamó de pronto Lucy. - ¡Yo haría lo mismo!
-¡Lucy…! – dijo Guru Clef, mirándola con desaprobación. – no puedes pedirle a Marina que se exponga de esa manera.
Lucy se volvió hacia Guru Clef, muy seria.
-Tampoco puedes evitarle a un pájaro volar – dijo Lucy. – hacer lo que su corazón le dicte. Puede que caiga, es cierto, puede que muera. Pero morirá siendo feliz sabiendo que lo intentó. A cortarle las alas…y ni siquiera darle la oportunidad de vivir.
Guru Clef cerró los ojos un instante. Las palabras de Lucy lo habían conmovido.
-Bueno…si esa es la--
Un estruendo invadió toda la Sala. Tanto, que Caldina había tenido que ser sujeta por Ráfaga, que fue en su ayuda.
-¡Que sucede! – dijo Paris. - ¿es Chizeta de nuevo?
- ¡Muy listos Céfiro! – se escuchó la voz del Príncipe Rommel. – Muy listos…mira que mandar mis deseos a otra dimensión…pero eso no va a ser posible lo sabes muy bien. Porque tenemos un acuerdo, ¿verdad?
-¡No hay ningún acuerdo! – le espetó Guru Clef. – Tú invadiste Céfiro y nos pides cosas que no vamos a entregarte. ¡Resígnate de una vez!
-¿Resignarme? – repitió el Príncipe, divertido. – Sabes Guru Clef, estoy cansado de tus intentos de motín. Pero olvidas los detalles…
-¿Qué?
-Los detalles, no lo olvides. El mal está en los detalles. Si no pones atención a los detalles…él ganará.
-¡Ya basta! – exclamó Guru Clef. - ¿A que vas con todo esto?
-Tus intentos fallidos de proteger a los Cefirianos ya debieron haber salido a la luz. Porque tengo una acompañante que podría explicártelo…
Guru Clef frunció el ceño. Marina no sabía a quien se refería el Príncipe.
Ante ellos apareció una imagen de una niña de unos diez años. Tenía una espada en el cuello. Un hombre la sujetaba y la niña lloraba.
-¡Lira! – exclamó Lucy, aterrada. - ¡Suéltala!
Claro. Con gusto. – respondió el Príncipe. – les propongo un trueque. No les deberé nada y no me deberán nada.
-¡No vamos a intercambiar a Marina por Lira ! – gritó Paris. - ¡Vamos a eliminarte y después la salvaremos!
-Tu complejo de héroe es admirable, Paris. Pero no funciona conmigo. Ya no les daré más tiempo…ella será la primera en sufrir las incompetencias de su Príncipe y su Gurú. Y también será la llave que me llevará al Trono.
Soltó una risotada, y después la imagen desapareció.
-Tengo que ayudar a Lira – anunció Lucy, dirigiéndose hacia la puerta.
-No – la interrumpió Guru Clef. – No puedes ir sola.
-¡No puedo permitir que la dañen! – exclamó Lucy, indignada.
-Lucy, sé que eres valiente – le dijo Guru Clef. – pero ahora no podemos arriesgarnos de esa forma. ¿De veras crees que podrás vencerlo tú sola? ¡Solo conseguirás que lastimen a tu amiga!
Lucy se quedó en silencio.
Las puertas de la Sala del Trono se abrieron, dejandole el paso a una sombra encapuchada. Ráfaga empuñó su espada, desafiante. Latis hizo lo mismo.
-¿Quién es usted? – preguntó Ráfaga. - ¿Cómo es que ha llegado hasta aquí?
-No deberías apuntarle con tu espada a una vieja amiga, Ráfaga. Lo mismo te digo a ti, Latis.
Ambos se sorprendieron y bajaron un poco sus espadas.
La figura desconocida se quitó la capucha, dejando ver a una anciana, con el cabello largo y blanco.
-¡Airmed!
El que habló fue Guru Clef. En su rostro reflejaba sincera sorpresa.
-Cuánto tiempo sin vernos, Guru Clef.
Hola de nuevo!! Gracias de nuevo por leer hasta acá. Espero que les haya gustado y me gustaría que mandaran reviews para ver si les gustó o no, sus opiniones son muy importantes para mí.
Saludos a mis niñas que siguen éstas historia les mando un beso y como lo prometí, no dejaré de actualizar.
Kayleigh
