Buen día hermosas, espero que estén muy bien. Muchas gracias por seguir al pendiente de la historia. Les recuerdo que los personajes NO me pertenecen, sin embargo la historia es completamente mía y NO es para menores de edad.

EL ABUELO WILLIAM

19

Los días transcurrían lento y los encuentros entre Candy y Anthony en la casa del árbol eran un poco más frecuentes. Candy sabía que Anthony estaría esperándola y él estaba ahí muy temprano para darle una sesión de besos y caricias tiernas.

Neal por su parte había descubierto que Candy salía casi todos los días por las mañanas antes de servirse el desayuno y aunque no había comprobado que se veía con Anthony tenía idea de que así era, era un presentimiento muy fuerte que tenía en su interior y quería investigar más, pero el tener siempre detrás de él a aquella persona que lo vigilaba impedía que se moviera con confianza. Lo había burlado un par de ocasiones y debía de ponerse más listo cada vez.

-Hoy hablaré con Daisy. – Dijo Anthony decidido, se la había pasado evitando a la dama quien llegaba siempre a la misma hora.

-¿De qué hablaste con ella la vez anterior? – Preguntó Candy incómoda al recordar que había estado muy celosa en aquella ocasión. Anthony se imaginó su sentir y la acomodó entre sus piernas mientras Candy se recargaba en su pecho. Les gustaba sentarse en el suelo de aquella casa de madera mientras platicaban de su amor y de los planes a futuro.

-De nada. – Dijo Anthony divertido al recordar que ella fue la que había hablado y no le había permitido ni abrir la boca, únicamente para despedirse. – No dejó que hablara ni por un segundo, únicamente habló de lo feliz que le hacía salir conmigo… - Dijo callando de pronto al recordar lo celosa que había resultado su pecosa. Candy lo veía con la mirada irritada. – No te enojes mi hermosa pecosa. – Le dijo besando la punta de su nariz. – Sabes que eres la única que está en mi corazón. – Le decía buscando sus labios, sin embargo Candy ladeaba su cabeza evitando que los alcanzara. – Está bien princesa, me disculpo. – Dijo Anthony convencido que era mejor terminar por la paz o terminaría nuevamente tocando la puerta de su habitación o brincando el balcón para hablar con ella. Candy sonrió divertida al ver el gesto de su amor. Sus labios se unieron por última vez aquella mañana ya que Candy debía regresar a la mansión antes de que la tía abuela saliera de su habitación.

Anthony salía minutos después, se había quedado suspirando y recordando la conversación con aquella joven que decía quererlo, sin embargo Anthony sabía que solo era un capricho de ella ya que realmente no lo conocía.

-Si le menciono a Candy que me dijo que me quería, de seguro me mata. – Pensó un tanto divertido al imaginarse a Candy intentando golpearlo para vengarse de él. Salió decidido a hablar con aquella joven, seguro de que estaría pronto de visita.

Como siempre James le daba las tijeras y los guantes que indicaban que había estado en el jardín, pero aquella ocasión Daisy llegaba más temprano.

-¡William! – Gritó emocionada por volverlo a ver, ya que tenía días que se escondía de ella para evitar problemas con la pecosa. - ¡Por fin te encuentro! – Decía emocionada, su rostro se veía enajenado por la presencia del rubio.

-Buenos días señorita Black. – Saludó Anthony con propiedad, intentando ser lo más neutral posible con ella para evitar ilusionarla de nuevo.

-¡Dime Daisy! – Dijo sosteniendo su sombrero antes de subir las escaleras. – Ya te dije que me llames Daisy. – Dijo llegando hasta él, había llegado más temprano incluso que la misma Elisa.

-¿Podemos hablar un momento? – Preguntó Anthony amable y los ojos de ella se iluminaron a pesar de que el lenguaje corporal de Anthony era de indiferencia.

-¡Sí! – Dijo emocionada, colgándose de su brazo sin importarle que llevara los guantes con la tierra del jardín. A Anthony no le quedó de otra más que aceptar aquella muestra de entusiasmo con la que era asaltada la inoportuna joven.

Anthony la llevó hasta el salón donde acostumbraba a reunirse la joven con Elisa y la tía abuela.

-¿De qué quieres hablar? – Preguntó mientras Anthony la invitaba a tomar asiento.

-Hace tiempo que me he dado cuenta de sus intenciones. – Dijo sin querer tutearla como ella tanto le había insistido.

-¿¡Lo notaste!? – Preguntó un tanto tímida y a la vez ilusionada por sus palabras, sintiendo la pobre joven una emoción intensa al creer que por fin se había atrevido a hablarle de amor, algo que le había dicho Elisa que tarde o temprano sucedería, más sin embargo ella había creído que se estaba convirtiendo en cuento.

-Es difícil no hacerlo cuando se actúa con tan poca discreción. – Dijo Anthony no como reclamo, sin embargo si lo decía incómodo por la situación que se había desarrollado entre ellos, a pesar de no haber un trato directo. Daisy escuchó avergonzada aquel comentario, cayendo en cuenta hasta ese momento que no era de su agrado aquel comportamiento tan efusivo que ella demostraba.

-¿Eso te molesta? – Preguntó apenada. Anthony la miró avergonzado por haberla incomodado.

-Soy de las personas que cuando tienen interés por alguna dama me gusta cortejarla. – Dijo sincero, para que ella se diera cuenta que si no había recibido un cortejo de su parte era porque realmente no estaba interesado en ella. Daisy abrió los ojos más avergonzada que nunca.

-Y no estás interesado en mí… - Dijo tímida, mirando a Anthony incómoda por la situación que ella había mal interpretado gracias a Elisa. Anthony negó apenado, le dolía romperle el corazón a aquella joven que no había hecho otra cosa más que demostrarle su admiración. – Es lo que yo le decía a Elisa. – Dijo de pronto, haciendo que Anthony cambiara su expresión para saber más de lo que decía.

-¿A Elisa? – Preguntó para saber algo que solamente intuía, pero que no estaba seguro de ello. Daisy asintió.

-Elisa me comentó que a ti también te gustaba que te buscaran, que te persiguieran, que te halagaran… - Decía recordando las palabras de la morena. Anthony frunció el ceño molesto por las palabras que le había dicho Elisa. – De la misma manera que le gustaba a Neal. – Dijo confesando los gustos del moreno, a quien le gustaba que le rogaran por un poco de amor y era algo que a ella no se le había hecho extraño, ya que pensaba que realmente eran familiares de sangre.

-Daisy… - Le dijo por fin llamándola por su nombre. – Yo no soy ese tipo de hombre. – Le dijo con una sonrisa sincera, la joven sintió que su corazón se estremecía al ver por primera vez directamente a sus ojos, ya que él siempre había evitado un contacto tan profundo con ella. – A mí me gusta conocer a la dama, cortejarla, tratarla… - Decía recordando cómo había hecho que Candy lo prefiriera a él antes que a sus primos. – Me gusta tomar la iniciativa. – Decía seguro que eso era lo que él hacía cuando estaba enamorado, sobre todo cuando se dio cuenta que era correspondido por la pecosa.

-Podemos conocernos… - Dijo Daisy tomando su mano para que se diera cuenta que estaba dispuesta a dejarse conocer y conocerlo ahora sí de verdad. Anthony retiró sus manos con delicadeza.

-Lo siento. – Dijo sincero. Daisy comprendió que el corazón de él estaba ocupado.

-¿Es Candice? – Preguntó sin saber por qué, pero hasta ese momento se le aclaraba el mundo al recordar las miradas que ellos se dedicaban, pensando por un momento que eran simplemente miradas al azar. Anthony sonrió enamorado sin poder evitarlo al escuchar su nombre.

-No puedo revelar el nombre de la dama que amo. – Respondió caballerosamente.

-Entiendo. – Dijo ella comprendiendo que así era, y que la intención de Elisa y la señora Elroy era separarlos ya que ambas insistían en que visitándolas todos los días, William se daría cuenta de su interés por él. – No te preocupes, no diré nada. – Dijo simplemente con una sonrisa mientras se levantaba decidida a marcharse, sintiendo una vergüenza espantosa al haberse dejado engañar por la que creía su amiga. – Ella es una chica con mucha suerte. – Mencionó de nuevo al recordar que Neal la había utilizado alguna vez para según él darle celos a la joven de ojos verdes.

Anthony sintió culpa en su corazón a pesar de no haber sido el responsable de ilusionarla, todo había sido un juego de Elisa y la tía abuela.

-Buenos días Daisy, veo que hoy madrugaste. – Dijo Elisa con esa sonrisa maliciosa que tenía mientras entraba como si nada a la mansión. – Te dije que así encontrarías a Anthony sin dudarlo. – Dijo nuevamente con su sonrisa retacada de maldad. Daisy la miró con sentimiento ya que ella realmente la apreciaba y la había considerado una amiga.

-Con permiso Elisa. – Dijo pasando frente a ella mientras la morena la veía sin comprender su actitud, ya que Daisy siempre la adulaba y la halagaba, de la misma forma que lo había hecho con su hermano, ya que a ella también le gustaba que le rindieran homenaje.

-¡Qué mal educada! – Dijo Elisa ofendida por no haber recibido un saludo apropiado. Miró a Anthony queriendo hacer quedar mal a la joven con él.

-Elisa, desde este momento no eres bien recibida en esta casa. – Le dijo Anthony realmente molesto con ella por haber jugado de esa manera con los sentimientos de una persona noble y buena, ya que a pesar de todo Daisy no era mala, tal vez era algo boba y distraída y hasta un poco hueca de la cabeza, sin embargo no era de malos sentimientos, cosa que no podía decir de ella.

-¿¡Por qué!? ¿Qué fue lo que te dijo? – Dijo la morena deduciendo que Daisy algo había dicho para que él reaccionara de esa forma en su contra.

-Te advertí que no te metieras en mi vida, o correrías con la misma suerte que tú hermano. – Dijo Anthony sin retirar la mirada de la morena.

-¡Pero Anthony! ¡Yo no hice nada! – Decía comenzando a alzar la voz molesta, intentando llamar la atención para que la tía abuela llegara en ese momento e impidiera que Anthony la corriera de ahí.

-¡Sabes lo que hiciste! ¡No lo niegues! – Decía Anthony sin importar levantar la voz en frente de una dama. Elisa había perdido por completo el poco respeto que él podría tener por ella.

-¿Qué sucede Anthony? – Preguntó George quien fue el primero que escuchó la discusión.

-Elisa ya no es bien recibida en esta casa, y a partir de este momento tiene prohibida la entrada. – Dijo mirándola fijamente, informando al administrador que debía dar la orden a todo el personal de la mansión para que estuvieran al pendiente de ello.

-¡Esto es injusto! ¡Ella fue la arrastrada que te envenenó en mi contra! – Decía apuntando hacia el lugar por el cual Daisy había salido.

-¿Qué es lo que está pasando? – Preguntó Elroy molesta al escuchar las voces que se oían por todo el salón y llegaban hasta las escaleras por donde bajaba. Stear y Archie venían acompañándola, así como Candy que también bajaba movida por los gritos.

-¡Tía abuela, Anthony me corrió! – Dijo Elisa intentando que la vieja la ayudara. Elroy puso su mirada llena de rencor sobre Anthony, llevaba días sin hablar con él después del enfrentamiento que habían tenido, pero no permitiría que alejara a la única que le quedaba de su lado.

-¿¡Qué está sucediendo contigo Anthony!? – Lo reclamó ofendida, llamándolo por primera vez por su verdadero nombre. - ¿¡Qué es lo que pretendes hacer con mi familia!? – Decía haciéndose la indignada, armando drama como era su costumbre cuando se sentía atacada o en peligro.

-Pasa que Elisa se atrevió a animar a Daisy para que me buscara, para que me rogara, para que me atosigara, mintiéndole al decirle que era lo que a mí me agradaba que hicieran para conquistarme. – Dijo Anthony ante el asombro de Elroy, quien había dado otras órdenes a su nieta. Le había pedido en pocas palabras que no fuera tan rogona y buscona, que lo único que lograría era incomodar a Anthony, sin embargo escuchaba que lo que Elisa había hecho era todo lo contrario, comprendiendo la matriarca lo que aquella joven quería hacer – Y de seguro usted estaba enterada, tía abuela. – Le dijo Anthony acusándola de saber todo el plan que Elisa había orquestado, porque él estaba seguro que ella quería metérsela por los ojos.

-¡De ninguna manera! – Dijo Elroy ofendida, mirando a Anthony como últimamente lo miraba.

-¡Tía abuela todo es mentira! – Dijo Elisa intentando que ella le creyera, sin embargo la matriarca sabía que podría ser todo verdad, conocía el nivel de maldad de su nieta. - ¡La tonta de Daisy miente! – Decía intentando nuevamente que creyera en ella.

-¡Silencio! – Dijo Elroy mirándola con dureza. Elisa la miró sorprendida por la manera en la que la callaba, sabía bien que cuando lo hacía era porque no la ayudaría. La morena apuñó sus manos con fuerza molesta por que una vez más le daba la espalda, ella le tenía un profundo rencor por no haberla considerado como pareja de Anthony, por no haberlo obligado a él a aceptarla como su esposa.

-¡Tú fuiste la de la idea! – Dijo de pronto Elisa, sin importar echar de cabeza a la matriarca, quien miró a Elisa desafiante. - ¡Tú querías evitar que Anthony estuviera con la maldita de Candy! – Dijo insultando a la rubia, quien abrió los ojos sorprendida por las palabras de Elisa.

-No te permito que ofendas a Candy. – Dijo Anthony defendiendo a la rubia, sin importarle ya que todos se enteraran de sus sentimientos. Estaba cansado de pretender algo que no sentía.

-¡Es la verdad! ¡Todo es su culpa! – Decía Elisa ya fuera de control, diciendo todo lo que sabía. - ¡La tía abuela quería separarlos! Me animó a que llamara a la tonta de Daisy para que fuera tu novia, sin importarle que yo pudiera serlo. – Decía ante la sorpresa de todos, reconociendo el motivo por el cual había hecho que Daisy se portara de esa manera.

-¡Elisa Cállate! – Le dijo la matriarca al saberse descubierta. – Anthony tiene razón, es mejor que te vayas y no vuelvas a poner un pie en esta casa. – Dijo ofendida, intentando salvar su honor por haber sido expuesta ante todos de esa manera. – George. – Le dijo al administrador para que se encargara de escoltar a la morena.

Elisa salió sin la necesidad de que la sacaran a la fuerza, iba enojada, humillada, quería irse de ahí y no volver a saber nada de ninguno de ellos, mucho menos de la tía abuela, quien la había corrido también.

-¿También me echarás a mí? – Preguntó Elroy de manera desafiante, mirando a Anthony como retándolo a que lo hiciera.

-No me provoque tía abuela… - Dijo Anthony con los puños apretados. – Porque sabe muy bien que me atrevería a hacerlo sin dudarlo si vuelve a interferir en mi vida o en la de Candy. – Dijo mirándola a los ojos, sosteniendo el desafío que ella le había declarado.

-¡Anthony! – Dijeron los Cornwell sorprendidos por la respuesta del rubio, mientras Candy lo veía con los ojos bien abiertos por haberse descubierto en su amor por ella.

-Quiero los documentos de Candy a más tardar mañana. – Dijo sentenciando su orden, mirando a Elroy quien simplemente se retiró del lugar.

Stear y Archie estaban sorprendidos con la actitud de Anthony, jamás se hubieran imaginado que alguien pudiera enfrentarse a la tía abuela con aquella valentía y arrojo. Candy se acercó a él y él la abrazó con fuerza, perdiéndose en el aroma de sus cabellos.

-¿Estás bien? – Preguntó Candy con ternura, preocupada por él.

-Ahora sí pecosa… ahora sí… - Le dijo cerrando sus ojos para abandonarse a su esencia.

George por su lado veía fijamente a Anthony, se sentía como nunca orgulloso de él, de lo que era, de lo que se había convertido. Tenía años que veía como la matriarca trataba a las personas a su antojo, despreciando y maltratando a quien según ella no estaba a su nivel, ordenando y humillando al que estuviera a su servicio y jamás nadie le había respondido como Anthony acababa de hacerlo y eso que George no vio el enfrentamiento que se había suscitado en el despacho días atrás.

-Ya no será necesario esconderse pecosa. – Le dijo Anthony seguro que la vieja Elroy le daría los documentos que le había pedido. Candy lo miraba enamorada, con una mirada que solo la mujer que admiraba y se sentía orgullosa de su amado podía brindarle. Él le sonrió correspondiendo a su gesto, estaba real y profundamente enamorado de ella.

El día transcurrió normal para todos, menos para la matriarca, quien se había pasado el día encerrada por completo. Candy había podido salir de nuevo y visitaba su departamento. Al tener días sin ir estaba lleno de polvo y se dedicó a limpiar hasta que Anthony llegara por ella de regreso.

-¿Qué es lo que piensas hacer ahora Anthony? – Preguntó George al joven rubio, quien se quedaba muy pensativo con la pregunta que le hacía el administrador.

-Casarme George… - Le dijo después de unos segundos de reflexionar. George lo miró con una sonrisa ilusionada, sabía que aquel deseo estaba muy presente en Anthony desde la presentación de Candy ante los Leagan. – Pediré a Candy que sea mi esposa. – Le dijo una vez más seguro de hacer lo que iba a hacer.

-Tienes la sortija. – Le dijo el administrador de nuevo, sin dejar de sonreír. Él sabía muy bien que Anthony tenía guardada la sortija que su padre le había regalado a su madre el día que se comprometieron y cuando su madre había partido, él mismo fue el encargado de guardarla para un día regresarla a su hijo. Anthony lo miró confundido al escuchar las palabras del fiel George.

-¿La tengo? – Preguntó sin estar aún informado de aquella valiosa joya que perteneció a su madre, y que él no tenía conocimiento en dónde había quedado después de su partida.

-Hace muchos años. – Comenzó George a relatar, sintiendo en su corazón un dolor que aún punzaba en su pecho, un dolor que se había situado en él desde el momento de su partida. – La señora Rosemary, al enterarse de la gravedad de su enfermedad. – Decía con dificultad, esforzándose por no derramar una lágrima por el dolor aún presente en él. Anthony lo veía comprendiendo que siempre le había costado trabajo hablar de su madre. Esa era otra de las razones por la cual estimaba tanto a ese hombre, porque había amado a su madre incluso más de lo que su propio padre lo había hecho. – Me confió su sortija de compromiso. – Explicó de nuevo al rubio, quien sorprendido abrió los ojos al escuchar aquella revelación.

-¿Tú la tienes? – Preguntó extrañado, ya que lo lógico era que su padre la guardara para él. George asintió a su pregunta. – Jamás me hubiera imaginado que tú la conservaras todo este tiempo. – Dijo Anthony de nuevo.

-La señora Rosemary, temía que aquella joya se extraviara y sabía que podía contar conmigo para que llegado el día yo te la entregara a ti. – Dijo seguro de que esos eran los deseos de Rosemary, ya que ella misma se lo había dicho.

-¿Por qué no dársela a mi padre? – Preguntó Anthony aún confundido por ese hecho.

-Tal vez porque el capitán viajaba mucho y pensó que la perdería o no le daría el valor que ella tenía por esa valiosa joya. – Dijo George intentando excusar a su padre, sin embargo el mismo George sabía que desde la enfermedad de Rosemary, Vincent no había puesto el debido interés en ella, continuó con sus viajes a pesar de todo y era bien sabido la fama de los marinos.

-O tal vez porque ella sabía que mi padre tarde o temprano formaría otra familia. – Dijo Anthony suspirando, triste por recordar a quien había sido su padre y que hoy no conocía.

-¿No has hablado con él? – Preguntó George curioso. Anthony negó tranquilamente.

-Él tiene su vida hecha lejos de mí. – Respondió Anthony con un poco de melancolía, él se había hecho a la idea de que ya no tenía esposa e hijo, no tenía familia así que se dedicó a reponerla. Habló con un poco de sentimiento al recordar que cuando se había revelado ante él, su padre no le dio la importancia que él creía le daría.

-Pero eres su único hijo. – Dijo George sorprendido todavía por saber que Vincent no se había preocupado por tener contacto con su hijo.

-Lo soy… - Dijo Anthony seguro de ello, ya que los hijos que había criado solo eran hijos de su segunda esposa. – Pero él tiene otros intereses… y yo no soy uno de ellos. – Dijo con nostalgia, suspirando una vez más al recordar los años de soledad vividos únicamente en compañía del buen George. – Pero me alegra haber tenido al mejor padre de todos. – Dijo ante el asombro de George, quien lo miró confundido al no saber si se refería realmente a él, ya que su mirada le indicaba que así era.

-¿Yo? – Preguntó George conmovido. Él siempre había visto a Albert y a Anthony como dos hijos, había sufrido enormemente la pérdida del primero y había sufrido el accidente del segundo, había cuidado a los dos como cualquier padre que ama y protege a su vástago, los había enseñado a ambos a defenderse, a pelear, a ser un caballero con las damas, a respetarlas, les había dado la temida plática entre padre e hijo y los había convertido en hombres de bien. Anthony asintió a su pregunta.

-Tú, George. – Dijo acercándose a él con una sonrisa sincera, abrazándolo con el cariño que un verdadero hijo abraza a su padre. – Tú has sido un padre para mí desde hace más de cinco años. – Le dijo una vez más, mientras George lo miraba con los ojos claramente conmovidos.

-Yo te quiero como a un hijo Anthony… - Dijo George con verdadero sentimiento en sus palabras, demostrando que era verdad lo que decía. Anthony lo sabía, sabía que George era el único que lo había querido y protegido como un padre y él estaba completamente agradecido con él, tal vez era lo único que tenía qué agradecerle a la vieja Elroy, haberlo dejado en manos de George cuando lo convirtió en "El abuelo William".

-Lo sé George, y por ello creo entender por qué mi madre te dejó bajo custodia su anillo. – Dijo seguro que comprendía que George sería el único que cumpliría al pie de la letra los deseos de su madre.

-Tendré que ir por el a Lakewood. – Dijo con una sonrisa, mientras se limpiaba las lágrimas con una de sus manos.

-¿Por qué no me sorprende que esté ahí? – Preguntó Anthony con una sonrisa llena de ilusión, sabía bien que George tenía sus mayores tesoros en Lakewood, así como un día él los había tenido y aún conservaba algunos, entre ellos las rosas y el recuerdo de su madre.

-Ese lugar fue especial para tú madre… - Dijo George recordándola con mucho amor. Anthony asintió.

-También es especial para mí. – Le dijo sin dejar de sonreír. George sabía que así era, no solo había nacido ahí, no solo su madre estaba sepultada en ese lugar, sino que además de sus rosas y sus recuerdos, ahí había conocido el amor verdadero, ahí se había enamorado por primera vez y ahí se había declarado en silencio ante Candy entregándole su corazón por siempre.

-¿Cuándo quieres hacerlo? – Preguntó George a Anthony.

-Lo antes posible. – Respondió Anthony con una sonrisa ilusionada, quería proponer matrimonio a la rubia, incluso antes de tener los papeles que le ayudarían a anular la adopción de Candy y romper así ese lazo legal invisible que le impedía ser feliz con ella por completo.

-Me iré de una vez. – Dijo George seguro de ir de inmediato hacia Lakewood para poder que Anthony hiciera la propuesta de matrimonio.

-Gracias como siempre George, gracias por estar siempre aquí para mí. – Le dijo palmeando su hombro con cariño, pensando que tal vez su vida no había sido para nada sencilla, pero sabía bien que sin George hubiera sido mucho más difícil.

-Es lo que hace un padre… - Dijo George conmovido por sus mismas palabras, demostrándole que él también lo amaba y lo consideraba un hijo.

George se dirigió de inmediato a Lakewood, mientras Anthony se ponía de acuerdo con sus primos para realizar aquella propuesta.

-¿Cuándo lo harás? – Preguntó Archie emocionado al igual que Stear.

-Mañana por la mañana. – Dijo seguro de hacerlo lo más pronto posible.

-¿No será mejor esperar hasta que llegue la anulación de la adopción? – Preguntó Stear a quien se le hacía mejor que primero tuviera los documentos en la mano.

-Tal vez Stear tiene razón, Anthony, puede que la tía abuela no te dé esos papeles. – Dijo de nuevo Archie recordando que la tía abuela era bastante rencorosa y que no tenía buena opinión de Candy.

-Tendrá que hacerlo. – Dijo Anthony seguro de ello. – Ella sabe bien que lo mejor para ella es obedecer mis órdenes. – Dijo seguro que la tía abuela había captado el mensaje de él, sabía que ella no toleraría un escándalo. Anthony había llegado al límite de su paciencia gracias a la familia Leagan y no tendría más consideraciones para la mayor.

-¿Entonces será mañana por la mañana? – Preguntó Stear con travesura al ver la seguridad con la que Anthony respondía.

-Será mañana por la mañana. – Dijo de nuevo, para después indicarles que le ayudaran a preparar todo para aquella pedida de mano.

-¿Estás seguro que quieres que sea ahí? – Preguntó Archie confundido, no comprendía el motivo por el cual Anthony decidía que le arreglaran aquel espacio.

-Es donde hemos pasado últimamente los mejores momentos. – Dijo en respuesta, recordando que ahí habían hablado no una, sino muchas veces del futuro que deseaban tener juntos.

-Muy bien, ahí será. – Dijo Stear más dispuesto a hacerlo que su hermano, quien aún no comprendía del todo el deseo de su primo.

-Si así lo quieres… así será… - Dijo Archie ya con una sonrisa que demostraba que obedecería al patriarca de los Andrew. Anthony sonrió por la manera en la que respondía, sabía que su primo menor era el más elegante y ostentoso de la familia, pero sabía también que sin importar lo que él pensara respetaría su decisión.

Anthony llegó esta vez solo por la rubia, quien lo esperaba impaciente en el departamento. Fue recibido por el casero que lo saludó con gusto por verlo de nuevo.

-¡Albert, bienvenido! – Le dijo con una sonrisa amigable. Aquel hombre estimaba mucho a Anthony porque este siempre platicaba con él de diversos temas, le había demostrado que a pesar de que no recordaba su identidad era un hombre culto y de mundo.

-¡Señor Smith! – Saludó Anthony con el mismo gusto de siempre, abrazándolo con cariño para demostrar que también lo estimaba. - ¿Cómo ha estado? – Preguntó con su bella sonrisa.

-Muy bien. – Dijo en respuesta. – ¿Viene por la señorita Candy? – Preguntó mientras lo acompañaba por las escaleras.

-Sí, he venido por ella. – Respondió con una sonrisa.

-¿Entonces es verdad lo que me dijo antes? – Preguntó con un tono más bajo de voz. Anthony sonrió al ver que aquel hombre recordaba que antes de irse le había confesado que había recordado su identidad y que no era familiar de Candy, y a pesar de que se había ofendido al principio por haber sido engañado, Anthony le explicó que conocía a Candy desde que eran unos niños.

-Por supuesto que es verdad Sr. Smith. – Le dijo con una sonrisa de lado como reclamando la duda que el buen hombre mostraba. - ¿Acaso duda de mí? – Preguntó con cierta travesura en su voz.

-¡Por supuesto que no! – Dijo levantando un poco la voz. – No dudaría de tan fino caballero, lo que sucede es que aún no me lo creo. – Dijo bajando la voz nuevamente.

-Pues es verdad, Candy es la joven de la cual estoy enamorado y no de ahora, sino de muchos años atrás. – Le dijo en secreto una vez más, el buen hombre se emocionó al escuchar aquellas palabras. – Y le confieso que pronto me casaré con ella. – Agregó sin despegarse mucho de él para informarlo que no le extrañara que pronto los titulares de los periódicos cubrieran aquella nota que él sabía seria grande.

-¡Me alegro tanto! – Gritó el Sr. Smith levantando la voz, provocando que las viejas chismosas del edificio salieran a ver qué provocaba tal escándalo. Anthony rodó los ojos al ver que aquellas damas salían y como siempre dedicó un amable y caballeroso saludo que fue correspondido con una sonrisa tímida por parte de ellas.

Candy abrió la puerta del departamento al escuchar el alboroto que se armaba afuera de su puerta, imaginando el motivo que lo ocasionaba, no era la primera vez que las mujeres salían curiosas a saludar a su amado Anthony.

-¿Estás lista pecosa? – Le preguntó con una hermosa sonrisa. Candy sonrió sonrojada por la manera en la que él le hablaba, asintiendo apenada para cerrar la puerta y salir lo antes posible de aquel acoso al que nuevamente se enfrentaba el rubio.

-Estoy lista. – Respondió tomándolo de la mano para comenzar a jalarlo entre las mujeres que salían de sus respectivos departamentos.

-¡Hasta luego! ¡Adiós Albert! – Eran las palabras que se escuchaban mientras bajaban las escaleras a toda prisa.

Candy caminaba sin detenerse ni por un segundo, quería sacarlo lo antes posible de ahí. Anthony había comprendido el motivo por el cual lo apartaba de todos y sonreía al verla caminar con tanta prisa.

-Hasta luego. – Dijo Anthony antes de salir del edificio, mientras las jóvenes y no tan jóvenes suspiraban por verlo de nuevo.

-Vamos señoras, a cuidar a sus hijos y alimentar a sus maridos. – Les dijo el Sr. Smith para disolver el tumulto de mujeres que se habían acumulado una vez más afuera del corredor.

-¿Estás bien? – Preguntó Anthony a la rubia una vez que estaban en el coche.

-Estoy bien. – Respondió Candy cruzando los brazos, expresando una vez más sus celos ya que a pesar de haber sido testigo anteriormente de aquel comportamiento por parte de sus vecinas, se había reprimido los celos que nacían en su interior al creer que no era posible sentirlos.

-No parece que estás bien. – Decía Anthony juguetón, ya que no era la primera vez que veía esa reacción en ella, sin embargo si era la primera vez que lo externaba alejándolo de todas las jóvenes que vivían en la pensión, cuando antes solo se limitaba a ponerse roja y a cerrar la puerta para no ver lo atrevido que eran algunas damas del lugar.

-¡Es que no entiendo porque son tan ofrecidas! – Dijo Candy de pronto, cruzando nuevamente sus brazos para sacar por fin su coraje. Anthony soltó una risa espontánea provocada por los gestos de Candy. - ¡No es gracioso Anthony! – Dijo molesta con el rubio.

-Está bien amor, no es gracioso. – Le dijo dándole por el lado, pero disfrutando enormemente que ahora ella no se reprimía para demostrar lo molesto que era que él llamara la atención. – Pero no puedo evitar que me agrade un poco que estés celosa. – Le dijo acariciando su mejilla mientras ella se volteaba a otro lado para evitar que él la viera de frente.

-No me gusta que se te acerquen tanto y tú ni siquiera lo evitas. – Dijo Candy expresando lo que pensaba. Anthony giró su rostro con ternura y la miró a los ojos, perdiéndose en aquel par de esmeraldas tan brillantes que ella poseía, y que en esos momentos a pesar de que brillaban con furia él seguía amando como a más nada en ese mundo.

-Antes no te molestabas. – Dijo Anthony a pesar de que él sabía que así no era, él primero se había dado cuenta de la incomodidad que mostraba la rubia cuando las jóvenes que vivían junto a ellos se acercaban a él por cualquier pretexto, ya fuera pidiendo ayuda con algo o algún "consejo", sin embargo Candy siempre intentó controlarse por aquellas atenciones que él recibía y que ahora que ya sabía los motivos por los cuales se molestaba no quería esconderlos más.

-Ahora sé que todo este tiempo me molestaba ver cómo te abordaban. – Dijo ya sin pena de reconocer que aquella incomodidad en su pecho tenía un nombre y ese nombre eran "celos".

-Lo sé… -Dijo Anthony con una sonrisa seductora, con una sonrisa que como siempre derretía todas las barreras que Candy pudiera levantar a su alrededor para evitar que él las traspasara. Candy lo miró con sorpresa. – Me di cuenta primero que tú, princesa… - Le dijo acercándose a ella para besarla tiernamente. Candy se dejó llevar por su beso y cerró sus ojos para sentir nuevamente el calor de su boca. Los labios de Anthony se movían sobre los de ella con lentitud, con suavidad, permitiéndole que sintiera de lleno su sabor y su calor, permitiéndole sentir todas las emociones que él acumulaba en su pecho por ella.

-¿De verdad? – Preguntó Candy con una mirada encendida cuando Anthony dejó de besarla. Anthony asintió muy cerca de sus labios, mientras Candy se llenaba de su cálido aliento, pidiendo una vez más que la besara. Como leyendo sus pensamientos Anthony cerró la escasa distancia que había mantenido con ella y ahora profundizó el beso con su lengua, permitiéndose invadir por completo su cavidad mientras ella abría sus labios para permitirle un acceso total a ella.

-Creo que es mejor que nos vayamos. – Dijo Anthony al caer en cuenta que continuaban fuera de la pensión, agradeciendo que no había nadie en la calle en esos momentos y que su falta de recato había pasado desapercibida.

-Sí… - Dijo Candy apenada por haberse dejado llevar también por aquella muestra tan intensa de amor. Anthony le sonrió con picardía y ella lo miraba coqueta. - ¿Dónde están los muchachos? – Preguntó para abandonar un poco el bochorno sufrido.

-Fueron a visitar a sus prometidas. – Dijo Anthony tranquilamente con una sonrisa, una sonrisa que escondía la verdad.

-¿De verdad? ¡Tengo ganas de ver a las chicas! – Dijo Candy ilusionada al imaginarse a sus primos junto a sus dos grandes amigas.

-¿Qué te parece si mañana vamos a cenar todos juntos? – Preguntó Anthony ya dispuesto a dejarse ver con ella. Ahora estaba seguro de que la tía abuela no lo chantajearía con hacer público que ellos eran "padre e hija", sino que entregaría los documentos y guardaría silencio a pesar de no estar de acuerdo.

-¿Podemos? – Preguntó Candy emocionada, le parecía imposible que después de tantos días teniendo que ocultar su amor ahora podían ser libres de amarse ante todos.

-Podemos… - Dijo Anthony sin dejar de dirigirse hasta la mansión.

Una vez que llegaron hasta la mansión Andrew, Anthony estacionó el automóvil frente a la puerta y James salía para abrir la puerta de Candy.

-Gracias James. – Dijo Candy una vez que bajaba del vehículo. Anthony se acercó a ella y la tomó de la mano para llevarla al jardín antes de la cena.

-Candy. – Le dijo tomándola por la cintura con suavidad al mismo tiempo que la acercaba a él. – Me gustaría verte mañana de nuevo en la casa del árbol. – Dijo mirándola a los ojos. Candy la miró sorprendida por su petición, ya que creía que después de haberse descubierto ya no era necesario volverse a ver en aquel lugar, que si bien habían vivido momentos inolvidables ya no era necesario seguirse escondiendo.

-¿En la casa del árbol? – Preguntó Candy con una sonrisa, como si no creyera la petición que le daba su príncipe. Anthony asintió a su pregunta.

-Necesito decirte algo y solo ahí puedo hacerlo. – Le dijo con su encantadora sonrisa. Candy se perdió en sus ojos y asintió con el rostro enrojecido, dispuesta a ir con él si era posible todos los días, como lo habían hecho los últimos días.

-Muy bien. – Dijo Candy con una sonrisa aceptando la cita que Anthony le pedía ahora sin intermediarios.

Caminaron un rato por el jardín para después ir al comedor donde la cena se serviría, los Cornwell ya estaban esperándolos cuando ellos llegaron. Anthony los miró discretamente y ellos asintieron confirmando que su petición estaba hecha. El rubio sonrió agradecido y complacido.

-¡Stear, Archie! ¡No los vi cuando llegaron! – Dijo Candy emocionada. - ¿Cómo están Annie y Patty? – Preguntó con inocencia. Los Cornwell la miraron un tanto confundidos, pero al ver el rostro de Anthony comprendieron todo.

-Muy bien Candy. – Respondieron los dos al mismo tiempo, cosa que hizo reír a Candy.

-Mañana iremos a cenar todos juntos. – Dijo Candy como niña chiquita, se había emocionado tanto con salir todos juntos que no le importó decirlo antes de que Anthony lo anunciara.

-¿De verdad? – Preguntó Archie seguro de que mañana Candy y Anthony celebrarían aquella petición que él haría.

-Sería una manera de celebrar todos juntos. – Dijo Anthony con una sonrisa a sus primos, quienes agradecieron nuevamente con una sonrisa el que los incluyera en sus planes.

-¿Celebrar? – Preguntó Candy confundida. - ¿Celebrar qué? – Indagó de nuevo. Anthony sonrió una vez más por su inocencia.

-Celebrar nuestro amor Candy. – Le dijo tomando su mano para después llevarla a sus labios y besarla con ternura. Candy se sonrojó de nuevo y sus ojos brillaron con una luz muy especial e intensa, una luz que iluminaba sus ojos como jamás lo había hecho antes.

Continuará…

Llegamos hasta aquí por el día de hoy, espero que les haya gustado el capítulo y si no por lo menos las haya entretenido un poco. Muchas gracias por leer, ahora es mi turno de leer sus comentarios.

TeamColombia: No sé cómo comenzar esta vez, no sé si todas ustedes conocían a Claudia la chica que me menciona Mayely falleció desafortunadamente, me duele saber este tipo de noticias, más cuando es alguien tan joven el que se va repentinamente y no dejo de pensar en el dolor de su familia. Me parte el alma de verdad y quiero decirles que les mando un fuerte abrazo a cada una de ustedes y a pesar de que para su familia mis condolencias no son importantes, son de todo corazón. Las palabras no sanan el dolor, pero nos hacen empáticos a él.

Julie-Andley-00: Hola hermosa, tienes razón Candy no se puso a pensar que ella misma hizo sentir ese tipo de celos en Anthony. Espero que te haya gustado el capítulo, espero tu comentario. Te mando un fuerte abrazo.

lemh2001: Hola hermosa, cómo estás? Espero que mejor, me alegra saber que tu mano se va recuperando así podrás hacer más dibujos jijiji. Candy es una celosa y Anthony no acepta un No por respuesta, ahora que ya la convenció necesita una aclaracion, no le gusta quedarse con la duda de qué sucedió. Candy se hace del rogar y sí le queda! con tanto galán que le rogó jejejeje le faltaba el rubio nada más, pero este no le ruega le pide explicaciones jejejejeje.

Efectivamente los matrimonios de antes eran arreglos tipo compra-venta, tan es así que la mujer debía tener una buena dote para que la aceptaran como esposa si no no se realizaba el trato, muy feo pero muy cierto imagínate en la época de la tostada, por algo es tan dura la vieja bruja jajaja. Muchas gracias por comentar hermosa como siempre un placer leer tus comentarios. Te mando un fuerte abrazo.

Mayely León: Hermosa, siento mucho lo sucedido y te envío mi más sentido pésame y mis condolencias para su familia. Muchas gracias que a pesar de todo hayas tenido tiempo de leer y comentar ya que en momentos así no es importante hacerlo. Te mando un fuertísimo abrazo.

Muchas gracias a todas y cada una de las personas que leen y siguen la historia.

GeoMtzR

14/04/2023.