CAPÍTULO 7: LA VISITA DE AIRMED.
- ¡Caldina, sigues tan hermosa como siempre! – exclamó la anciana, abrazando a la ilusionista, ante la mirada estupefacta de todos. Marina no sabía quien era aquella mujer, pero le inspiraba cierta simpatía. Tenía un aroma familiar, tal vez le recordó a su abuela.
-¿Qué estás haciendo aquí? – le preguntó Guru Clef.
-Es lindo verte también. – le espetó Airmed con cara de pocos amigos.
Lo siento, - se disculpó el mago – pero no es buen…
-¿Momento? – adivinó ella. – Lo sé, querido. ¡Cielos, has crecido!
Guru Clef se ruborizó. E intento adoptar una imagen de seriedad.
-Ha pasado mucho tiempo. – le dijo. – no esperaba verte.
-¡Latis! – dijo la anciana. – eres igual a Zagato.
-Ya debes saber lo que pasó…- le dijo Latis, agachándose sobre ella.
-Sí…- dijo, con una mirada melancólica. – es una pena que decidiera eso. ¿dónde esta el pequeño Paris?
Ante la llamada, el príncipe carraspeó, rojo como un tomate. Anaís se rió, porque lo había llamado "pequeño".
-¡Pero si eres todo un joven! Guapo…fuerte. – dijo la anciana con una mirada pícara. – la última vez que te vi estabas…
Puso su mano a un metro del suelo.
-Muchas cosas han cambiado. – dijo Guru Clef. – hasta tú ahora decisión de salir de tu papel de ermitaña.
Airmed se volvió hacia Guru Clef.
-Sí…es verdad – admitió. - ¡Oh, tú debes ser la Guerrera Lucy!
La aludida se sorprendió. Airmed le sonrió.
-¿Cómo lo sabe, señora? - preguntó Lucy.
-Puedo ver en tus ojos el poder centelleante del fuego, muchacha – le dijo. – tu energía y vitalidad son iguales al fuego.
-Mucho gusto…
Ahora la que habló fue Anaís. Que hizo una pequeña reverencia. Airmed se acercó a ella.
-Tu mente e inteligencia es formidable – le dijo. – además eres suave y discreta como el viento. Debes ser la guerrera del viento. La hija de Windam.
Anaís se sorprendió muchísimo.
-¡A…así es!
Entonces siguió con Marina. ¿qué vería en ella?. Era obvio que adivinaría su identidad, puesto que era la que sobraba.
-Guerrera del Agua – le dijo.
-Sí, soy Marina Ryuzaky – contestó ella nerviosa.
-Lo sé – dijo Airmed. – tienes el carácter impredecible del mar, unas veces tranquilo, otras furioso. Eres apasionada.
-¿Apasionada? – Marina se ruborizó.
-¡Pero eres más bonita en persona! – exclamó Airmed. -¿sabes, que eres muy querida en Céfiro?
-¡No, no lo sabía!
La anciana sonrió. La chica parecía honesta.
-Aún no nos has dicho que haces aquí – interrumpió Guru Clef.
La anciana se dio la vuelta, con el gesto ceñudo.
-Si quieres hablar, hablaremos.
Folken cerró la puerta tras Guru Clef. Ahora estaban solos él y Airmed.
Céfiro esta en peligro. – le dijo la anciana al Mago.
-Lo sé – le espetó Guru Clef, sarcásticamente. – me he dado cuenta de la situación en la que estamos. ¿todavía me tratas como a un niño?
Oye – le reprendió. – intento ayudarlos. A ti y a las Guerreras Mágicas.
-¿Por eso apareciste hasta ahora? – le recriminó el chico. – Estuvimos a punto de morir todos cuando el Pilar murió. Pero nunca apareciste.
-No estaba en este mundo.
-Eso es obvio – dijo Guru Clef con ironía. – de haber estado, habría sentido tu presencia en Céfiro. ¿Dónde te escondiste? ¿En Autozam, en Chizeta, en Farem?
N-o estuve en ningún de esos planetas.
Guru Clef la miró confundido.
-Quisiera dejar los juegos por ahora. – le dijo. – no tengo tiempo ni cabeza para adivinarlo.
-Estuve en el Reino de las Hadas.
-¿Qué?
-Dije que estuve…
-¡No, si lo escuché! – le gritó Guru Clef, impaciente. – quise decir…¿Cómo…fue que pudiste entrar? ¡Y aún peor! Salir de allí…
La Fata Titania se dio cuenta de la situación en que Céfiro se exponía. Sabía que si Céfiro era destruido su Reino también. Y me dejó libre.
-¿Por qué entraste ahí?
-Entré por el círculo de flores rojas del Bosque del Silencio. Quise…irme de aquí.
-Sé que te fuiste justo cuando la Princesa Esmeralda tomó la corona. ¿Qué pasó…?
-Pude…ver el destino de esa pobre muchacha. – le explicó Airmed, ahogando un suspiro. – Vi su muerte, vi este mundo devastado…
-Y decidiste huir – dijo Guru Clef con resentimiento. – tiene sentido.
-No quise dejarte solo – le dijo la anciana acercándose a él. – No me mal interpretes, yo sabía que podrías con ésa situación. Sé lo poderoso que eres, y lo poderosas que son las Guerreras Mágicas.
-Si sabías que eso ocurriría, ¿por qué no me lo dijiste?
-¿Hubieras luchado con el mismo ímpetu? – le preguntó desafiante, Airmed. – sabes que no. Además, tengo prohibido hacer eso. Podría modificar el destino.
-Ya no hablaré mas del pasado. – le dijo Guru Clef dándole la espalda.
-Es doloroso ¿Verdad? – le preguntó. – Tú también te sientes culpable por la muerte del Pilar de Céfiro.
-Si hubieras estado ahí…- le reprochó. – Te sentirías igual que yo.
-Precisamente porque no quería sentirme así, me fui de este mundo. La Fata me ofreció quedarme en su Reino, pero tenía que enseñarles cosas a las ninfas y a los elfos.
-Dicen que es un paraíso – dijo Guru Clef. – Aún más hermoso que cuándo gobernaba la Princesa Esmeralda Céfiro. Debiste pasarla muy bien.
-Guru Clef, no deseo discutir – le dijo la anciana, poniéndole una mano en su hombro. – quiero ilustrarte. Escúchame, cometes un error al mandar a la Guerrera del Agua a su mundo.
Guru Clef arqueó las cejas.
-Entonces sugieres que se la entregue a ése Príncipe, con un moño ¿tal vez?.
-Déjate de ironías, Clef – le dijo en tono autoritario. – Tu y yo sabemos que no quieres eso. Pero tampoco quieres llevarla a su mundo. No puedes hacerlo.
-¡No puedo dejarla aquí! ¡Es peligroso!
-Claro que lo es – admitió Airmed. – pero eso no quiere decir que no sea lo correcto.
-Bien, supongamos que te haga caso, y dejo a Marina aquí. El Príncipe nos invadirá, y de cualquier modo…
-Por lo menos la dejaras luchar por lo que ama – le interrumpió. - ¡Como dijo Lucy! Clef, no tienes idea…de lo que ella siente.
-¡Por supuesto que no! – exclamó Guru Clef, enfadado. – no leo el futuro como tú. Ni la mente…
-No me refiero a eso. Sus sentimientos están en Céfiro. Son tan grandes…que pueden salvarla, o destruirla.
-¿Sentimientos…hacia qué?
La anciana guardó silencio.
-Ella debe decidir cuando salgan a la luz.
Guru Clef se dio vuelta para mirar por el gran ventanal. Llovía a cántaros.
-Dejaré que ella tome la decisión. – aceptó. – aún así…no creo que hayas venido hasta acá solo para decirme eso.
-No. Conozco la forma en que podemos salvarnos. Ése príncipe está buscando algo más que solo gobernar Céfiro. Lo sé.
-¿Quieres decir que quiere invadir otros planetas?
-Sí. Y no solo los de ésta dimensión.
Guru Clef vaciló, atónito.
-No tiene poder para hacer semejante cosa.
-No lo tiene. Pero lo conseguirá…
Guru Clef sostuvo con más fuerza su báculo.
-Escúchame…la Fata Titania me habló de tres artefactos, que unidos tienen el poder infinito que se ha buscado a lo largo de la historia de la humanidad.
Guru Clef arqueó una ceja.
-¿Cómo es que no sabía eso?
-Porque estos objetos están en el Reino de las Hadas, Clef. Son tres piedras…una leyenda antiquísima que solo relatan los cuenteros más viejos de las encinas.
-¿La Fata te contó esa historia?
-Sí. Pero todos sabemos que las leyendas tienen algo de verdad.
-No me voy a poner a buscar una leyenda que se le cuenta a los niños – repuso Guru Clef. – estamos en peligro, necesito una solución práctica y efectiva.
-Y poderosa – dijo la anciana. – es lo que te ofrezco. Las Tres Runas del Poder se encuentran en este Reino. Deben encajar para formar un triángulo que los hará invencibles. Ése Triángulo es el que Rommel busca.
-¿Si conseguimos las Tres Runas del Poder derrotaremos a Rommel? – preguntó Guru Clef.
-Así es. Podrán proteger a los tres planetas e incluso a toda la dimensión.
-¿Cómo sabremos donde están? Buscar tres piedras en todo un Reino no es tarea fácil.
-Las Guerreras son muy hábiles. Y casualmente las Tres Runas del Poder representan los tres elementos básicos. Hay un último objeto que representa la Tierra que no sé como funcione.
-¿A que te refieres?
A que las Tres Runas son el agua, el fuego y el viento. Pero falta uno…y según la leyenda hay un objeto, el cual desconozco debe hacer que el Triángulo del Poder funcione.
-Genial. ¿Vamos a luchar con algo que no sabemos siquiera como funciona?
-Sé que desconfías de mí, querido. He cometido errores…pero tu resentimiento al haberte dejado solo en la batalla contra Deboner ya es cosa del pasado.
Guru Clef se dio la vuelta, dándole la espalda.
-¿Cómo sé que puedo confiar en ti? ¿Qué no eres ahora una sirviente de Rommel?
-No puedes saberlo – sonrió Airmed con ternura. - ¿Pero que otras opciones tienes?
-No voy a buscar un relato de elfos. Lo siento.
Él cerró la puerta con firmeza, dejando con una cara de visible preocupación a la anciana.
A Rommel no le había gustado la visita de Airmed. Por alguna extraña razón, en su esfera de cristal no había podido ver nada de lo que la anciana y el mago habían discutido.
-Mi magia no pudo entrar en ése cuarto – repuso el Príncipe enfadado.
-Debe estar protegido por la Magia de Guru Clef, señor – propuso Efra.
-Ascot…- dijo el Príncipe refiriéndose al chico que estaba al lado de él – quiero que vayas al castillo. Y me traigas el anillo de Guru Clef. Ahora.
-¿Qué? – dijo el chico. - ¡No puedo hacer eso! ¡él es muy poderoso!
-Y yo también – dijo Rommel sonriendo. – te daré un regalo.
El Príncipe se puso de pie. En su muñeca había un brazalete dorado con zafiros incrustados. De él, con energía sacó una daga con las mismas piedras.
Con esto te librarás de los que te han hecho sufrir, Ascot.
Ascot miró la daga, muy sorprendido.
-¿Quieres…que mate a Guru Clef?
-No. Necesito su magia, y si lo eliminas, no podré poseerla. Solo quiero que lo uses para darle un ultimátum al hechicero. Tomarás un rehén.
-¿Lira?
El Príncipe se rió.
-Ésa niña no. ¡La guerrera del agua!
-Pero…yo no…puedo hacerle daño a Marina. Yo…
-No tienes carácter – le espetó con desdén Rommel a Ascot frente a frente. – Por eso nunca has logrado que ella esté a tu lado.
-¡No, no es por eso! Marina me quiere…como un…
-¿Amigo? – adivinó divertido - ¿No es eso lo más patético que has oído en tu vida, Efra?
-Sí, señor. – contestó Efra desde el otro extremo de la habitación. – Digno de un perdedor.
-Tu no quieres ser un perdedor ¿verdad Ascot? – le preguntó.
-¡Tampoco quiero ser un asesino!
-Escúchame bien lo que harás – dijo Rommel, firme y la gema de su brazalete brilló. Y Ascot quedó hipnotizado. – vas a entrar al castillo, reclamarás a los que te han hecho daño, y me traes a la Guerrera Mágica. Es todo.
-Sí…sí…- dijo Ascot como ausente.
-Excelente. – sonrió el príncipe.
Marina tenía una extraña sensación de peligro en su pecho. Aunque la visita de Airmed la había tranquilizado, de pronto se sintió muy desprotegida. Tanto, que casi deseó mejor estar en Tokio.
-¿Estás bien? – le preguntó Lucy. Con ojos preocupados.
-Sí – sonrió Marina. – No te preocupes.
-Esa anciana es muy agradable, ¿verdad?
-Sí. Lo es.
Guru Clef entró a la Sala del Trono. Se aclaró la garganta para hablar, y al instante su vista se dirigió hasta la puerta.
-¡Ráfaga, Latis! – exclamó Guru Clef, alarmado.
Ascot entró tranquilamente a la Sala. Miraba a todos con una sonrisa poco convincente.
-Ascot…
-Me sorprende que recuerdes mi nombre, Guru Clef.
-¿Cómo podría olvidarlo? – dijo Clef. – Trataste de matarme, y a Marina.
Ráfaga y Latis empuñaron sus espadas hacia el cuello del chico. Y él solo rió.
-Una última jugarreta antes de terminar lo pendiente. – dijo Ascot. – ustedes dos, deberían dejar de bromear, no podrán herirme con eso.
-¡Ascot! – le gritó Marina. - ¿Por qué quisiste matarnos? ¿estás sirviendo a Rommel?
Él la miró con un profundo rencor. De nuevo, Marina sintió miedo. Y hasta pensó que esos ojos podrían convertirse de un momento a otro en los de una serpiente.
-¿No me has hecho ya mucho daño Marina? – le preguntó. - ¿todavía quieres burlarte de mi?
-No sé de que hablas – le dijo Marina confundida. - ¡Jamás me burlaría de ti!
-¡No mientas!
De Ascot salió una poderosa energía que mandó a todos hasta la pared y el suelo. Menos a Guru Clef y a Marina.
Ascot sacó la daga y la puso en el cuello de la muchacha, aprisionándola.
-¡Ascot! – le gritó Guru Clef, desesperado. - ¿qué haces?
-¡Ya fue suficiente! ¡Llegó el momento de vengarme por todo el daño que me han hecho!
-¡No Ascot! ¡Suéltala!
Guru Clef apuntó con su báculo a Ascot.
-Ni lo pienses – le advirtió. – Sé que eres rápido. Pero tendrás que lastimarla a ella también.
Era verdad, Marina estaba frente a Ascot como un escudo.
-¡Ascot! ¡Cometes un error! – le dijo Marina asustada, sintiendo en su yugular el contacto frío y filoso de aquella daga .
-No lo creo, por primera vez haré que se haga justicia.
-¡Ascot! ¡No puedes dañar a Marina! ¡Tu la quieres mucho! – le gritó Caldina, intentando reincorporarse.
-¡Sí, yo la quise mucho! ¡PERO ELLA ME TRAICIONÓ! ¡ME ENGAÑÓ!
-No…Ascot. – dijo Marina sofocada – Nunca haría algo para dañarte…
-¡Ya fue suficiente! – le gritó Guru Clef, enfurecido. - ¿qué piensas hacer, matarla? ¡No podrás con ése cargo en tu conciencia!
-¡NO ME DIGAS LO QUE TENGO QUE HACER! ¡SOLO PIENSAS EN TU PROPIO PROVECHO, GURU CLEF!
-Claro que no – dijo Clef, bajando la voz – tú me importas. ¡Eres mi discípulo!
-¿SIEMPRE APUÑALAS A TUS DISCÍPULOS POR LA ESPALDA?
Guru Clef negó con la cabeza.
-No te comprendo. No sé de que estás hablando.
-Ascot, suelta de una vez a Marina – le amenazó Paris. – Te arrepentirás si la lastimas.
-Ustedes no se han dedicado mas que a burlarse de mí, estoy cansado – dijo Ascot. - ¡Voy a vengarme de todos ustedes!
-¡Ascot reacciona! ¡tú no eres así! – le gritó Lucy, desesperada.
Anaís estaba muda de la impresión.
-Todos nosotros no hemos hecho mas que quererte – le dijo Caldina. - ¡Rommel está controlándote, por eso dices esas cosas!
-¡NADIE ESTA CONTROLÁNDOME! – rugió Ascot.
Entonces volvió a lanzar energía, esta vez tan fuerte que todos fueron a dar mucho más lejos, sin poder ver nada.
(Escudo!)
Guru Clef protegió lo más que pudo a los demás. Pero la energía de Ascot era muy fuerte.
-Esto se terminó. – dijo Ascot empezando a teletransportarse.
-¡NO! – Guru Clef corrió hasta donde estaba él con Marina.
Demasiado tarde.
-¡CLEF!
Fue lo último que le escuchó gritar a Marina. Su mano apenas pudo rozar la de ella, y habían desaparecido. Los demás estaban tirados en el suelo. Intentando reponerse.
Un silencio absoluto había cubierto el lugar…
-¿Qué paso? – preguntó Lucy, asustada. - ¿dónde esta Marina?
Guru Clef estaba arrodillado en el suelo, con los puños apretados y con la vista fija en el.
-Marina…
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¿Qué tal? Les ha gustado? Un saludo y un beso a mis niñas que han leído la historia hasta acá, y me han mandado mensajes. No los defraudaré. XD
