Hola! espero tengan un excelente inicio de semana.

Muchas gracias por estar al pendiente de las actualizaciones, espero me dejes un comentario.

La historia NO es para menores de edad, así que si no cumples con este requisito o te es incómodo el relato adulto por favor te pido te retires, gracias por comprender.

EL ABUELO WILLIAM

20

La mañana llegaba de nuevo y Candy se levantaba gracias a Dorothy, quien era la encargada de prepararla para aquella ocasión tan especial. Anthony le había pedido a Dorothy que ayudara a la rubia a vestir con un vestido que él mismo le había proporcionado. Era un vestido color rosa muy tenue, un rosa que simulaba las rosas que tenía en el jardín y que había elegido para que Candy lo llevara en aquella ocasión tan especial.

-¿Por qué tengo que ir tan elegante? – Preguntó Candy confundida, ella lo único que quería era ver a Anthony nuevamente.

-Ya no es necesario que vuelvas a la habitación, de ahí tendrás que ir a desayunar junto a los jóvenes y no habrá tiempo de vestirse. – Justificó Dorothy aquel pedido de Anthony.

-¿La señora Elroy continúa en su habitación? – Preguntó Candy con tristeza, le dolía que la vieja estuviera encerrada en su habitación por tal de no ver a nadie de la familia.

-Sí Candy, la señora Elroy pide todo el servicio en su habitación. – Respondió Dorothy mientras peinaba el largo cabello de la rubia. Candy puso su mirada en el reflejo del espejo. – No es tu culpa Candy. – Dijo Dorothy para que no se pusiera triste. – Ella así lo decidió. – Dijo de nuevo para animarla. Candy sonrió de nuevo para centrarse en la cita que tendría con Anthony antes del desayuno.

Por su parte Anthony caminaba ansioso en su habitación, esperando que George llegara con aquella joya que había ido a buscar.

-Adelante. – Dijo ansioso una vez que escuchó la puerta sonar.

-Buenos días. – Dijo George con una sonrisa al ver que el joven rubio estaba desesperado. – Siento llegar hasta hoy, pero se me hizo muy noche para regresar. – Dijo de nuevo explicando el motivo de su retraso.

-No te preocupes George. – Dijo Anthony con una gran sonrisa que reflejaba su felicidad. - ¿La encontraste? – Preguntó emocionado. George asintió.

-Sí, aquí está. – Dijo sacando de su saco una caja de madera labrada con detalles en oro.

Anthony abrió los ojos sorprendido al ver por primera vez aquella joya que había borrado de su memoria al ser muy pequeño cuando la vio por primera vez.

-¡Es hermosa! – Dijo ilusionado al ver que aquel valioso anillo que un día había pertenecido a su madre, ahora pertenecería a la mujer que él amaba.

-Es una verdadera obra de arte. – Dijo George reconociendo que así era. – Tú padre la obtuvo en uno de sus viajes, pero te mentiría si te dijera que me reveló el destino. – Dijo con una sonrisa de lado. George sabía que Vincent estaba enterado de los sentimientos que él tenía por su mujer, era algo que no podía ocultarse entre dos caballeros que amaban a la misma mujer, no podían ocultarse entre uno y otro sus sentimientos, sus ojos hablaban y a pesar de que George jamás intentó nada con la joven heredera, Vincent lo miraba con reto por ello jamás habían hecho una buena amistad, su trato era cordial y amable, pero jamás había pasado de ahí.

Anthony tomó la joya entre sus manos y pudo apreciar que dentro de ella estaba grabada una fecha y las iniciales de sus padres entrelazadas, estaban casi intactas, lo que indicaba que el uso de aquella valiosa joya no había sido por mucho tiempo. Sonrió con melancolía al pensar si su padre aún podría recordar aquel día. La esmeralda que adornaba el anillo era la pieza central del mismo, la cual estaba rodeado de pequeños diamantes que formaban el área circular de la valiosa joya, pero en el centro resaltaba una hermosa esmeralda de un verde profundo. Anthony la observaba maravillado.

George extendió un monóculo del bolsillo de su saco y lo extendió al joven rubio que observaba la joya detenidamente.

-Con esto puedes observar que la transparencia de la piedra es casi perfecta. – Dijo el buen George, quien tenía la habilidad para apreciar la pureza y el valor de las piedras preciosas, logrando con ello saber cuándo una joya era falsa o no.

-Tienes razón George, aunque en realidad lo que la hace más valiosa es que haya pertenecido a mi madre. – Dijo el rubio con una sonrisa. George asintió y pensó lo mismo, el que aquella lujosa joya haya estado adornando la mano de la mujer que amó era lo que indudablemente le daba el mayor valor. – Y el que ahora lo lleve Candy, aumentará más su valor para mí. – Agregó con una sonrisa, imaginando la sonrisa de su amada dama al mostrarle aquella joya.

-Tienes razón Anthony. – Le dijo George conmovido por las palabras del joven patriarca, quien sonreía ilusionado y agradecido con su administrador por haber conservado para él aquella sortija.

-La mandaré grabar después de que ella haya aceptado. – Dijo sin borrar su sonrisa, sabía bien que la rubia aceptaría su propuesta.

-¿Borrarás la fecha que tiene inscrita? – Preguntó George intrigado. Anthony negó aun admirando la joya.

-Se grabará del otro lado, creo que podría hacerse sin problema. – Respondió el rubio observando el lugar que tendría el nuevo gravado. George sonrió por su respuesta.

-¿Estás listo? – Preguntó de nuevo el administrador, quien veía que el joven Andrew estaba elegantemente vestido para ser tan temprano.

-Estoy listo. – Dijo con una sonrisa tatuada en su rostro, sonreía con ilusión, seguro que estaba realizando su mayor anhelo, seguro y feliz de realizar aquel sueño que de niño había imaginado en una cena de verano. George sonrió igual de feliz que Anthony, sintiéndose orgulloso de él una vez más.

-Te acompaño. – Le dijo de nuevo George para acompañarlo hasta el lugar de la cita. - ¿Estás seguro que quieres hacerlo aquí? – Preguntó George un tanto confundido de que Anthony le propusiera matrimonio en la casa del árbol.

-Es lo mismo que le preguntamos nosotros. – Dijo Stear quien al igual que Archie estaban esperando la llegada del futuro hombre comprometido. Anthony sonrió a los tres una vez más con esa sonrisa tan radiante que poseía.

-Es el lugar perfecto. – Dijo de nuevo sin dejar de sonreír. – Candy y yo pasamos minutos muy agradables en este lugar. – Dijo recordando que a pesar de que habían comenzado sus citas clandestinas en ese lugar, ahí habían pasado los únicos momentos a solas y ambos lo habían disfrutado.

-¡Pero si solo duraban menos de cinco minutos! – Dijo Stear exagerando en el tiempo, pero sabía muy bien que el tiempo que pasaban hablando era demasiado poco para dos enamorados.

-Es verdad que pasamos momentos muy efímeros en este lugar. – Dijo Anthony suspirando. – Pero te aseguro que para nosotros fueron muy valiosos. – Agregó recordando las veces que Candy estuvo sentada recargada en sus rodillas y le parecía el momento más perfecto de la mañana al descubrir sus gemas mirándolo con aquella intensidad, y justo la primera vez que lo miró de esa manera en ese espacio, se imaginó pidiéndole matrimonio.

-Pues bien es tú decisión. – Dijo Archie ya más resignado, Anthony era el único que sabía cómo proponerle matrimonio a la chica que amaba.

-Pero esta vez no estaremos cuidándolos para advertirles que se acabó el tiempo. – Dijo Stear con una sonrisa, seguro que ya no era necesario indicarles cuando el tiempo se había terminado y debían regresar a la mansión. Anthony sonrió más feliz que nunca, su sonrisa era radiante y simplemente maravillosa.

-Muchas gracias por todo. – Dijo Anthony nuevamente con su ahora habitual sonrisa. Sus primos lo observaban felices por verlo tan feliz, creían que ya era justo que él también disfrutara de la felicidad que tanto tiempo se le había negado y que era suficiente de tanto sufrimiento. George y los Cornwell lo abrazaron antes de retirarse para dejarle sus mejores vibras.

Candy por su lado estaba lista para el encuentro con su amado, una sonrisa tan hermosa y radiante como la de Anthony lucía en su pecoso rostro.

-¡Te ves hermosa Candy! – Dijo Dorothy una vez que había terminado con su arreglo.

-¿No estoy muy elegante Dorothy? – Preguntó Candy pensando que el vestido, el tocado y el maquillaje eran demasiado para una cita matutina con su amado.

-¡Estás perfecta, Candy! Es la primera cita real con el joven Anthony. – Dijo Dorothy conmovida por lo que le esperaba a la rubia.

-Sí, tienes razón. – Dijo Candy ya convencida de que realmente así era como debía encontrarse con él, ella prefería la sencillez y la comodidad, sin embargo estaba dispuesta a vestir así el resto de su vida si era para estar con su adorado príncipe.

Candy salió de su habitación y no pudo evitar mirar hacia la habitación de la matriarca, la cual permanecía cerrada. Sintió una opresión en el pecho en ese momento pero se decidió a seguir adelante e ignorar el sentimiento. Caminó entre los pasillos y como los días anteriores se dirigió a la puerta de servicio, sin embargo esta vez los empleados la saludaban de una manera extraña, estaban como conmovidos y hasta James, quien siempre permanecía en la puerta principal esta vez estaba justo parado en la puerta de servicio para abrirla para ella.

-Gracias James. – Dijo Candy con una dulce sonrisa, observado con cariño al viejo mayordomo quien más de una vez la había ayudado a ella y a Anthony para pasar un momento a solas.

-A sus pies señorita. – Dijo James con una reverencia, una reverencia tan formal que le dirigía únicamente a la matriarca de la familia. Candy sonrió un poco extrañada y salió por fin de la mansión con destino al jardín trasero.

Caminó entre los arbustos, siguiendo el mismo camino que había recorrido varios días en pijama corriendo apresurada para tener un poco más de tiempo con su príncipe.

-¡Vaya! ¡Pensé que ya no vendrías! – Dijo de pronto una voz que salía detrás de unos árboles que había en el trayecto.

-¡Neal! – Gritó Candy sobresaltada por la presencia del moreno, el cual una vez más se había escabullido de su vigilante. – Tengo que confesar que hoy te ves más hermosa que nunca. – Dijo mirándola de la misma forma que la veía el día que la emboscó con su "amigos" en el colegio. – Pero hubiera preferido que llevaras tu pijama… - Le dijo mirándola de arriba abajo. Candy lo miró molesta por su atrevimiento.

-¿Qué haces aquí? ¡Tienes prohibido entrar a la mansión! – Dijo Candy sintiéndose nerviosa por la intensa y temible mirada del moreno.

-Técnicamente no estoy dentro de ella. – Dijo sin inmutarse mucho por la advertencia de la joven. Se acercó a ella dos pasos mismos que Candy retrocedió insegura. – Tranquila solo vine a platicar contigo. – Dijo sonriendo con malicia de lado.

-Yo no tengo nada que hablar contigo. – Dijo Candy apuñando sus manos mientras buscaba la manera para salir corriendo de ahí.

-Un momento. – Le dijo Neal tomándola de la muñeca una vez que ella decidió continuar su camino.

-¡Suéltame! – Dijo Candy intentando zafarse de su agarre, sin embargo el moreno se había vuelto más fuerte que ella en algún momento. Candy sintió un escalofrío recorrer su cuerpo, un mal presentimiento se situó en su pecho al ver que aquel joven la halaba con fuerza hacia él. -¡Suéltame Neal! – Gritó Candy una vez más para intentar liberarse. - ¡Anthony! – Gritó de nuevo, sin embargo la mano libre de Neal le cubrió su boca para que guardara silencio. Candy se movía con fuerza para soltarse pero el moreno que estaba molesto con la rubia era más fuerte que ella.

-Tú príncipe no llegará esta vez. – Dijo Neal con malicia, sabía que aún estaba retirada de su destino y que necesitaba de mucha más fuerza en su voz para ser escuchada. – Ni tu amado Terry te salvara de mí esta vez. – Le dijo muy cerca de su oído. Candy temió de nuevo de aquel joven, era la segunda vez en su vida que le tenía miedo. – Me cobraré todos y cada uno de tus desprecios, me cobraré las veces que me rechazaste y por fin obtendré aquello que buscaba en los bosques del colegio. – Dijo intentando arrastrarla detrás de los arbustos para cometer su fechoría. Candy sintió que su corazón se saldría del miedo al imaginar lo que estaba pensando hacer el moreno. Sin embargo en su defensa abrió como pudo su boca y mordió con fuerza la mano que la aprisionaba, pegando un pisotón al mismo tiempo para librarse de su agarre, aquel movimiento no fue suficiente que el moreno le soltó su boca más no su cintura.

-¡Eres una salvaje! – Le dijo Neal furioso, soltándola de pronto para darle una bofetada tan fuerte que la rubia se fue de espaldas cayendo estrepitosamente al piso. Su cabeza golpeó el suelo de manera abrupta quedando medio inconsciente. Solo podía ver la figura borrosa de Neal frente a ella, sin poder levantarse. Un nuevo golpe se cruzó en su rostro de porcelana y lo último que observó fue la sonrisa retorcida de aquel maldito y desalmado joven. - Ahora nadie te salvará Candy. – Decía el moreno salivando sus labios de placer al imaginarse la piel desnuda de la rubia, deseando tocar con sus propias manos la belleza que ella poseía, belleza que se le había negado tantas veces y que ni intentando ser un caballero había conseguido obtener de ella.

Neal se acomodó bien sobre la rubia, observando detenidamente su rostro, estaba maravillado de que aquella hermosa joven fuese la misma pecosa que llegó a su casa años atrás, en aquel entonces cuando él era tan solo un mocoso que no sabía apreciar la belleza femenina y que ahora había florecido con el tiempo.

-Eres hermosa. – Le dijo con lascivia, con una mirada llena de lujuria dispuesto a tocar más allá y saciar sus más bajos instintos. Con ambas manos rasgó el vestido de la joven deteniéndose de pronto para observar lo que había debajo de aquellas finas telas que envolvían su frágil cuerpo.

-¡Detente Neal! – El grito de Anthony se escuchó de pronto y los ojos del moreno se posaron en aquel que él tanto odiaba y que una vez más le arruinaba sus planes.

Anthony estaba inquieto porque a pesar de que sabía que Candy a veces era impuntual, aquella mañana había pasado demasiado tiempo. Se sintió impaciente al no ver llegar a la joven y decidió ir en su busca. Su sorpresa fue mayúscula cuando observó el cuerpo de la joven tendido en el suelo y cómo Neal se atrevía a profanar su vestimenta. Su grito salió con furia y con fuerza a pesar de la distancia, comenzando a correr con todas las fuerzas contenidas en sus piernas para dar alcance al moreno quien se levantaba de encima del cuerpo de su novia para iniciar la retirada.

Anthony llegó antes de que el moreno se alejara, el cual se había quedado dudando por unos segundos si enfrentarlo o salir corriendo. Se sabía más fuerte ahora que antes y sabía que tenía mayor ventaja, sin embargo ver el fuego del odio reflejado en los azules ojos del rubio lo habían hecho temblar de nuevo como antes.

La huida planeada por el moreno no llegó a realizarse porque Anthony lo alcanzó abalanzándose sobre su cuerpo para evitar que lo hiciera. Un grito de impotencia y rencor abandonó la boca del rubio al ver en el piso tendida a la mujer amada.

-¡Eres un maldito! ¡Desgraciado! – Le dijo derribándolo de frente al tomarlo apenas por el tobillo. Neal se giró y tiró una patada al rostro de Anthony, quien a pesar de recibirla en sus labios no soltó a aquel malnacido que se había atrevido a golpear con saña a la rubia.

-¡Suéltame imbécil! – Decía Neal intentando volver a golpear al rubio, sin embargo este tenía toda la adrenalina a tope víctima de la furia que sentía por aquel joven desalmado que desafortunadamente formaba parte de su clan.

Anthony lo jaló de ambos tobillos para arrastrarlo y obligarlo a voltearse frente a él.

-¡Levántate animal! – Le gritó dándole la oportunidad de defenderse. Quería golpearlo, quería acabar con él con sus propias manos, quería vengar a su novia la cual lucía inconsciente junto a él, sin embargo aún no podía auxiliarla, sabía que aquel cobarde huiría y sería difícil atraparlo. - ¡Defiéndete si eres tan hombre, cobarde! – Neal sonrió de lado y se limpió la sangre de sus labios producto de la caída.

El moreno se levantó sintiéndose vencedor, confiaba en que la fuerza adquirida aquellos años sería suficiente para dar una buena pelea, mientras Anthony lo miraba ponerse en guardia para responder a sus golpes. Dejó que tirara él primero un golpe y esquivando su mal puesta derecha Anthony le asestaba con la propia un fuerte golpe en medio del rostro, borrando de inmediato esa sonrisa falsa que poseía aquel desalmado.

Los golpes iniciaron sin piedad sobre el moreno, quien lanzaba sin control a diestra y siniestra, asestando tan solo el treinta por ciento de lo que lanzaba en contra de Anthony.

-¡Maldito! ¡Te encerraré para siempre! – Le decía Anthony sin detener su castigo.

Los gritos de Anthony alertaron a los Cornwell quienes se habían retirado junto a George, pero al pensar que los rubios ya estaban comprometidos decidieron ir a felicitarlos. George fue el primero que se percató del escándalo y salió seguido por los hermanos que también se percataron de que Anthony era el que gritaba, seguido de una voz que no les fue para nada indiferente.

-¡Anthony! – Gritó Stear al ver que su primo daba la golpiza de su vida a aquel joven ya indefenso.

-¡Señorita Candy! – Dijo George al ver a la joven sin sentido sobre el suelo, quitándose de inmediato su saco para cubrir el pudor de la joven, quien sin saberlo mostraba su corsé ante todos.

-¡Candy! – Dijo Archie también consternado, pero al ver que Anthony por poco mataba al moreno con sus propias manos, ayudó a Stear a quien le era imposible lo soltara.

Los empleados de la mansión pronto corrían ante el escándalo, siendo atraídos por los gritos que se habían desatado por los hombres de la familia. Elroy se asomó desde la ventana de su habitación sin comprender bien que sucedía, no podía advertir que el que estaba tendido en el suelo sin poder moverse era su querido nieto.

-¡Tranquilo Anthony! – Dijo George quien fue el que logró apartarlo del moreno antes de que fuera demasiado tarde.

-¡Suéltenme! – Decía Anthony impotente intentando zafarse del agarre que mantenían los tres jóvenes.

-¡Ayúdenme! – Le indicó George a los demás empleados, quienes a la orden del administrador se atrevieron a contener al rubio quien seguía descontrolado. Incluso había llegado el joven contratado para seguir al moreno.

-¿¡Tú, dónde estabas!? – Le preguntó con furia, posando sus azules desfigurados por el dolor y la impotencia de ver a su novia sin sentido. En ese momento Anthony recuperó un poco el control para dejar a Neal y dirigirse a su amada. - ¡Candy! – Dijo con dolor en sus palabras, sintiendo que su alma se escapaba con aquella imagen tan desgarradora para él.

George tomó a Candy entre sus brazos y de inmediato se dirigió al automóvil. El chofer lo vio venir con la joven entre sus brazos y de inmediato lo ayudó a subir con ella. Anthony se fue detrás de ellos por inercia, deseaba saber qué sucedía con su pecosa.

El camino hacia el hospital fue largo y confuso, el dolor que tenía Anthony en su corazón era tan grande que creía no lo soportaría. Candy no despertaba y su rostro lucía golpeado y sus labios sangraban al estar partidos.

-Amor mío, despierta… - Le decía mientras la sostenía sobre sus piernas, acercándose a ella con ternura para hablarle quedito sobre sus labios. La besó con ternura, apenas un efímero contacto para no lastimar su magullado rostro. – Despierta pecosa… - Le decía mientras unas lágrimas caían sobre su rostro de porcelana. – Necesito que despiertes… - Le decía acariciando su rostro, haciendo a un lado sus rubios rizos para despejar el bello rostro de su amada.

George lo veía con el alma destrozada, pareciéndole injusto tanto dolor para ambos, los dos eran personas tan nobles y buenas que no merecían tanto sufrimiento en la vida.

-¡George, no puedo perderla! ¡No a ella! – Decía recordando que ya había perdido a su madre siendo tan solo un chiquillo, costándole trabajo salir adelante, no fue hasta que la había conocido a ella que había vuelto a sonreír, que había vuelto a sentir esa energía y ese ánimo para conquistar al mundo.

-Tranquilo Anthony… - Decía George con el alma encogida de dolor al ver como su protegido sufría tanto por aquel amor. No pudo evitar recordar el día en el que la había perdido a ella, nada parecía tener sentido, ni cuando la vio vestida de blanco dándole el sí a otro fue tan doloroso como verla tendida en aquel ataúd de oro en el que fue sepultada. Comprendía tanto a Anthony, quien también en un momento de su vida la vio del brazo de otro ser feliz y ahora, ahora la veía tendida entre sus brazos escapándose su vida.

Llegaron al hospital en pocos minutos, el chofer de Anthony había ignorado todas las leyes de tránsito y se había aventurado a llegar lo antes posible al hospital.

-¡Un médico! – Gritó desesperado con la rubia en brazos, sin importar que no era el único que esperaba por ser atendido. - ¡Por favor un médico! – Gritó de nuevo para buscar mover al personal del lugar.

-¡Deprisa! – Gritó George quien estaba junto a él, cuando el administrador fue reconocido de inmediato las enfermeras comenzaron a correr en busca del mejor doctor de ese hospital. George era el que daba su rostro como benefactor de los Andrew, y a pesar de no ser uno de ellos era quien siempre llegaba a nombre de "El abuelo William".

-¡Señor Jones! – Dijo el mismísimo director del hospital, quien al ser informado que George había llegado con una joven inconsciente salía de inmediato a socorrer a tan importante caballero. - ¿Qué sucede? – Preguntó observando que no era sino Candy la que aquel elegante joven mantenía entre sus brazos y sin sentido.

-¡Ayúdela! – Dijo Anthony desesperado. El director miraba a Anthony confundido, a Candy y después a George.

-Él es el Sr. William Andrew. – Dijo George resolviendo sus dudas, sabía que al identificarlo como tal el hospital haría hasta lo imposible por averiguar qué era lo que sucedía con la rubia.

El doctor Lenard de inmediato movió a todo el hospital, médicos y enfermeras se movilizaron siguiendo las órdenes del director para de inmediato atender a la rubia, quien era alejada de los brazos de Anthony.

-Pasen a mi oficina. – Dijo el director para investigar qué era lo que había sucedido. Anthony observó que le quitaban a su novia de entre sus brazos y vio como la alejaban de él. – Está bien atendida Sr. Andrew. – Le dijo a Anthony para evitar que se alejara. George asintió para que Anthony los siguiera hasta la oficina principal del hospital.

Una vez en la oficina del director, el Dr. Lenard los miraba un poco confundido, tenía qué averiguar lo que había sucedido realmente y a pesar de ser el Sr. Andrew y el Sr. Jones quienes tenía frente a él, sabía que debía dar parte a las autoridades.

-¿Qué es lo que sucedió? – Preguntó mirando fijamente a George quien era el que se veía más despejado. Miró a Anthony con desconfianza, sus ropas tenían sangre, estaban desgarradas, su aspecto era claramente que había estado en una pelea, y por las heridas de la rubia pudo apreciar que había sido salvajemente golpeada. – Ustedes comprenderán que necesito dar parte a las autoridades. – Dijo mirando fijamente a George quien comprendía que debía hacer su trabajo.

-Entendemos. – Dijo George aceptando lo que le decía el director. Anthony seguía con la mirada fija en el piso, sin saber cuánto tiempo había pasado desde que se habían llevado a su amada.

-Necesito saber de Candy. – Dijo de pronto, levantándose de su lugar. El doctor Lenard se levantó de inmediato y George comprendió que lo tenían como sospechoso de lo sucedido a la pecosa.

-Disculpe Sr. Andrew, pero no puede salir de aquí hasta que llegue la policía. – Dijo anunciando el protocolo del hospital. Anthony volteó a verlo confundido por lo que le decía. El Dr. Lenard pudo ver el coraje en los bellos ojos azules del rubio y sintió temor.

-Tranquilo Anthony. – Dijo George para tranquilizarlo, había entendido que por su aspecto era el principal sospechoso de la agresión de Candy. Anthony lo miró confundido también a él. – Dr. Lenard, William ha defendido a la señorita Andrew de su atacante. – Dijo para que confiara en él. El doctor lo miró más tranquilo, disculpándose por haber pensado mal de él.

-Lo siento Sr. Andrew. – Dijo avergonzado por haber pensado mal de él. – Lo que sucede es que en varias ocasiones he tenido problemas con la señora Andrew. – Dijo de nuevo para disculparse por haber desconfiado de él.

-¿Con la señora Andrew? – Preguntó George igual de confundido que Anthony. Anthony se giró para escuchar lo que tenía qué decir aquel hombre que dirigía el hospital. El Dr. Lenard asintió a la pregunta de George.

-Hemos tenido varios inconvenientes con uno de sus nietos. – Dijo explicando los motivos de su descontento. Anthony y George de inmediato pensaron en Neal.

-Neal… - Dijo Anthony apretando sus manos con fuerza, sentía que la cabeza le explotaría al sentir la sangre hervir en su cerebro.

-Efectivamente. – Dijo el Dr. Lenard apenado por descubrir a la matriarca. – La Sra. Andrew varias veces ha abogado por el joven Leagan, para evitar que vaya a la cárcel. – Dijo una vez más, explicando por qué era su temor.

-¿Ha sido culpable? – Preguntó Anthony mirando fijamente al Dr. Lenard. El viejo médico miró a Anthony a los ojos y encontró en él el motivo por el cual era el jefe de tan honorable Clan.

-No han sido comprobados sus delitos. – Dijo avergonzado, reconociendo que en alguna ocasión él había ayudado a la señora Elroy para evitar el retiro de fondos al hospital.

-Entiendo. – Dijo Anthony con frustración, imaginándose de lo que se había valido la matriarca para evitar que su nieto fuera culpable de lo que se le acusaba anteriormente. – Pero creo que es más importante la integridad de una dama a tener suelto a un delincuente como ese por las calles. – Dijo de nuevo reclamando el proceder del médico. Este bajó su rostro avergonzado. – Puede enviar a la policía cuando guste. – Dijo sin detenerse más en aquel que era uno más del sistema corrupto en el que se movía la matriarca. George asintió al ver que Anthony estaba dispuesto a dar su declaración primero que todos. Sabía que la señora Leagan lo iba a demandar por haber dejado medio muerto a su vástago.

En la mansión Stear y Archie se habían quedado al lado de Neal, ninguno de los dos estaba dispuesto a dejarlo ir, debía pagar esta vez lo hecho a Candy.

-¿¡A dónde crees que vas imbécil!? – Le dijo Archie una vez que vio que intentó levantarse para salir huyendo de ahí.

-De aquí no te vas hasta que llegue la policía y esta vez no podrás escapar… - Le dijo Stear quien también alguna vez se había enterado de que la tía abuela lo había liberado de una "falsa" acusación por parte de una joven, quien después se arrepintió de haber hablado de más al ver comprometida su honra por culpa de aquel malnacido.

-¡Stear, Archie! – Dijo la matriarca apareciendo de improvisto ante ellos. - ¡Neal! ¿¡Qué está sucediendo!? – Preguntó asustada al ver el estado en el que Anthony había dejado al moreno.

-¡Tía abuela, Anthony me golpeó! – Dijo por primera vez el moreno, era la primera vez que se atrevía a hablar desde que se había ido Anthony y George al hospital para que atendieran a Candy.

-¡Esto es inaudito! – Dijo la matriarca al ver que su nieto estaba con el rostro inflamado, desfigurado y ensangrentado. - ¡Dorothy ayuda a Neal! – Dijo casi de inmediato, comenzando a dar órdenes a los empleados para que ayudaran al moreno. - ¡Tú ayúdala! – Gritaba impaciente al ver que nadie se atrevía a ayudar a su nieto.

-Lo siento tía abuela, pero esta vez tu nieto no se salvará de lo que ha hecho. – Dijo Stear mirándola a los ojos con verdadera decepción.

-¿Qué estás diciendo? – Preguntó la anciana ofendida por las palabras del mayor de los Cornwell.

-Lo que escuchas tía abuela. – Dijo Archie apoyando a su hermano.

-La policía viene en camino por este criminal y no habrá poder humano que lo salve esta vez. – Dijo Stear anunciándole a la anciana que ni ella podría salvarlo, ni con todo su poder, ni con todo su dinero podría librar a Neal de la furia que había desatado en Anthony.

-¿¡Pero qué pasó!? – Preguntaba ignorante de los hechos. - ¿¡Qué no ven que necesita un médico!? – Decía asustada por el aspecto tan deplorable en el que lo había dejado su sobrino. - ¡Anthony es un salvaje! – Decía quejándose aún por lo sucedido a su nieto.

-¡Él es el salvaje! – Dijo Archie levantando por primera vez la voz contra la matriarca. - ¡Ese animal, intentó aprovecharse de Candy! – Dijo para sorpresa de la matriarca quien abrió los ojos sorprendida mientras miraba a su nieto.

-¡Eso no es verdad tía abuela! – Dijo el moreno seguro de que con unas cuantas lágrimas aquella mujer volvería a sacarlo de aquel problema. - ¡Anthony miente! ¡Él me golpeó porque me odia! – Decía intentando convencer a la vieja de que una vez más era la víctima en este asunto.

Elroy lo miró con decepción, comprendiendo que era verdad lo que Archie decía, Anthony por más que odiara a Neal sería incapaz de ponerle una golpiza como la que acababa de darle a menos que hubiese un motivo muy fuerte para que lo provocara y sabía bien que ese motivo definitivamente era Candy. La vieja de nuevo sintió un rencor profundo por la rubia, echándole la culpa a ella de que sus sobrinos y sus nietos hubieran perdido por completo la cabeza por ella.

-¡Silencio! – Gritó la matriarca en contra de Neal, al ver que quería convencerla de nuevo que era inocente, dos veces le había creído, dos veces lo había salvado de la acusación de violación que pendía sobre su cabeza, pero en las dos ocasiones había logrado convencer a las familias de que no era conveniente para ellos que sus hijas fueran señaladas por la sociedad, diciéndoles que nadie las querría deshonradas. El dinero y la crítica a la que se enfrentarían fue el motivo por el cual el moreno había salido bien librado en ambas ocasiones. - ¡Ya no más! – Le dijo la vieja a su nieto.

-¡Tía abuela te juro que todo es mentira! – Decía insistiendo en echar la culpa a Anthony y a la rubia. - ¡Ella me provocó! – Dijo como último recurso ante el asombro de los presentes quienes por fortuna sabía bien del tipo de calaña que era aquel inútil junior. - ¡Ella se me ofreció! – Decía nuevamente al ver que la vieja Elroy le daba la espalda, intentando utilizar las mismas palabras que había utilizado con las otras dos jóvenes que se habían atrevido a "difamarlo".

-¡Eres un imbécil! – Dijo Archie tomándolo por las solapas de su roto traje, sin importar lo lastimado que estaba, sin importar que su rostro estaba ensangrentado así como las ropas que vestía. Archie lo arrojó con fuerza al piso dispuesto a golpearlo una vez más.

-Tranquilo Archie, no vale la pena. – Le dijo Stear deteniendo a su hermano para que no se manchara las manos con aquel pedazo de piltrafa humana.

-¡Deberías cerrar la boca Neal, si no quieres que continúe con lo que Anthony dejó a medias! – Decía advirtiéndole que si Anthony no lo había enviado al otro mundo él sería capaz de terminar ese trabajo. Neal lo veía asustado mientras volteaba a ver a la matriarca para ver si esta intervenía.

-Pensé que había formado a un caballero. – Dijo Elroy en respuesta a su pedido de ayuda. – Pensé que su madre había sabido educarlos, pero ni tu hermana, ni tú, son dignos de llevar el apellido Andrew como respaldo. – Le dijo comenzando a caminar para alejarse definitivamente de él.

-¡Eres una vieja maldita! - Le gritó a la matriarca cuando vio que no haría nada a su favor. Elroy se detuvo unos momentos para respirar con dolor por la ofensa de aquel que ella amaba, tomando después el valor para comenzar a caminar al interior de la mansión.

-Ahora ya nadie te ayudará Neal. – Dijo Stear mirándolo desde arriba, viendo como aquel joven se arrastraba como el gusano que era para intentar ponerse de pie.

-¡Púdranse todos! – Decía mientras escupía sangre de su boca. - ¡Todos son unos malditos! – Les decía a los Cornwell y a los empleados que no lo ayudaban a ponerse de pie. - ¡Anthony y Candy principalmente! – Dijo una vez más, pero mal terminó de decir sus tonterías que Stear le dirigió un fuerte derechazo en su rostro de frente, provocando que perdiera el sentido. Archie al igual que los empleados lo miraron sorprendido.

-¿¡Qué!? ¡Es lo mínimo que se merecía! – Dijo excusando su comportamiento. Archie le sonrió de lado estando de acuerdo con él.

-¿Qué sucedió aquí? – Preguntó en ese momento el oficial de policía que llegaba en compañía del joven que había sido pagado por Anthony para vigilarlo. El pobre joven se sentía tal mal por haber sido burlado por el moreno y por haber fallado a aquel que había confiado en él.

Stear y Archie fueron los encargados de hablar con el jefe de la policía explicando lo que ellos sabían, los empleados ninguno dudó en apoyar la historia de sus dos patrones, sabían que Neal era una basura y que los jóvenes Cornwell eran personas decentes y de fiar.

Anthony estaba en la habitación de Candy, no había permitido que curaran sus heridas, seguía con el rostro ensangrentado mientras veía en la cama a la rubia, quien seguía sin recobrar el sentido. La observaba lastimada de su rostro y se culpaba por no haber llegado antes en su auxilio. George lo miraba desde un rincón con el corazón adolorido.

La puerta se abrió lentamente y apareció de pronto el rostro duro y frío de la matriarca. Anthony la miró con rencor, sabía bien que ella había solapado al inútil de Neal otras veces, pero esta vez él no lo permitiría, haría todo lo que estuviera en sus manos para hacer que pagara por su crimen.

-¿Cómo está? – Preguntó la matriarca por educación, no porque realmente le importara la salud de la rubia.

-No creo que te importe mucho saberlo. – Le respondió Anthony sin remordimientos, por primera vez en la vida le respondía sin sentir ni un poco de culpa. Había tenido muchas consideraciones con ella a pesar de su trato desigual para él y sus primos. Elroy guardó silencio y no dijo nada, sabía bien que Anthony esta vez no la perdonaría, mucho menos a los Leagan. – Quiero que estés consciente que esta vez no me detendré ni por ti ni por nadie. – Le dijo para que estuviera enterada de que iría con todo el peso de la ley en contra de Neal. Elroy miró a George y este la miró fijamente.

Elroy colocó enseguida de Anthony una carpeta de cuero que contenía los papeles por los que tanto había luchado el rubio. Anthony la miró de soslayo, estaba dándole la espalda y no tenía ganas de mirarla de frente. Elroy asintió a su comentario mirando a George antes de salir en silencio de la habitación. Por primera vez se sentía derrotada y humillada gracias a la familia que tanto había apoyado.

Anthony tomó la carpeta y se la extendió a George, quien de inmediato la tomó entre sus manos.

-Ya sabes qué hacer. – Le dijo para que el administrador se encargara de todo. George asintió mientras una lágrima abandonaba sus ojos al creer que tal vez no sería necesario.

-Muy bien Anthony. – Le dijo palmeando su hombro con ternura. Le dolía verlo sufrir en silencio de esa manera.

-Quiero que lo refundas en la cárcel. – Le dijo de nuevo al administrador antes de salir de la habitación. George palmeó su mano en señal de afirmación. Él se encargaría de dejar caer todo el peso de la ley en contra del joven Leagan.

-Así se hará Anthony. – Dijo para después darle la privacidad que el rubio requería con la rubia.

Anthony había declarado horas atrás lo sucedido en la mansión, la policía había ido por Neal y después de haber sido atendido estaba bajo custodia de la policía. Sara y Elisa habían ido para intentar sacarlo del lugar, ofendiendo y gritando que no sabían a quién se enfrentarían. Pronto les quedó claro que la matriarca no los ayudaría esta vez ya que la vieja Elroy había abandonado Chicago ese mismo día con destino a Europa, quería alejarse de todo y de todos, sobre todo del escándalo que sabía que esta vez sería inminente.

Stear y Archie entraron a la habitación de Candy para acompañar a Anthony, quien lucía verdaderamente devastado por tener a la joven que amaba ahí recostada sin sentido.

-¿Cómo sigue, Anthony? – Preguntó Stear con temor de ofenderlo.

-Igual… - Respondió Anthony con pesar en su voz. Archie quería llorar igual que su hermano, ambos se aguantaban las lágrimas que estaban acumulándose en sus ojos, sin embargo Anthony solo la miraba fijamente como si de esa manera la convencería de despertar.

El doctor entró en esos momentos pidiendo hablar a solas con Anthony.

-Son de confianza. – Dijo el rubio al médico encargado del caso. Este asintió para hablar con tranquilidad. - ¿Qué es lo que sucede? – Preguntó angustiado por saber el motivo por el cual Candy aún no despertaba.

-La señorita recibió un trauma muy fuerte en la cabeza. – Dijo el médico en respuesta. Anthony lo escuchaba atento y de nuevo volvía a renacer en él la impotencia y la furia en contra de Neal. – Desafortunadamente no podría decirle si despertará en unas horas, días o tal vez meses. – Dijo evitando decir que tal vez no despertaría nunca más, sin embargo aquella era una posibilidad que podría suceder. Anthony pasó saliva con dificultad.

-Ella es una mujer fuerte. – Dijo Anthony para callar lo que el médico pudiera decir de ella. Él mismo había recibido un golpe igual o más intenso que el de la pecosa y había tardado tres días en recuperar el sentido. – Necesita descansar. – Dijo convenciéndose de que así sería, tomando la mano de la pecosa para besarla con infinita ternura. Necesitaba confiar más que nunca en que ella despertaría y volvería para ser felices de nuevo.

Stear y Archie pasaban saliva con dificultad, soltando las lágrimas al comprender las palabras del médico, sabían que como podía despertar podría no hacerlo.

-Necesitamos hacer unas pruebas. – Dijo una de las enfermeras que entraba apenada al ver el ambiente en el que estaban los presentes. El médico asintió en silencio y Anthony se levantó de su lugar para permitir que tomara la muestra de sangre. – No se preocupe joven. – Dijo la enfermera con una sonrisa delicada. – Candy es una joven valiente y muy fuerte. – Dijo recordando el ánimo de la rubia enfermera. – Le aseguro que pronto se recuperará, ella más que nadie sabe cómo salir de una situación como esta. – Dijo de nuevo. Ella había sido testigo varias veces del entusiasmo y la energía de Candy, ella había visto como ponía el alma en cada paciente que cuidaba y estaba segura que con ese mismo ánimo y esa misma energía que tenía era lo que la ayudaría a salir airosa de la situación.

-Lo sé. – Dijo Anthony agradecido a aquella joven que intentaba ser positiva igual que él.

Stear y Archie escuchaban a la joven, sin embargo ellos veían el rostro del médico que les decía que el pronóstico para la rubia no era muy alentador.

Continuará…

Un capítulo difícil de escribir para mí, pero aunque no lo crean la historia se pensó así desde el final y como ya saben cuando publico es porque tengo si no el cien por ciento más de la mitad escrita. Muchas gracias por leer hermosas les mando un fuerte abrazo.

Rose1404: Hola hermosa, me alegra saber que estás bien. Tenías toda la razón, ese mal presentimiento se cumplió, sabemos que Neal no es de fiar y una más lo demuestra en su comportamiento, es malo y de pilón envidioso de lo que Anthony posee, y eso lo vimos una vez que Anthony desapareció en la historia y el tomó todas su pertenencias. Muchas gracias por leer y comentar, te mando un fuerte abrazo.

Cla1969: Ciao bella, sono contenta che ti sia piaciuto il capitolo precedente, credo che i tuoi sospetti fossero fondati su Neal, ha cercato di comportarsi come aveva fatto alla scuola di Saint Paul, tuttavia Anthony era relativamente vicino e nonostante non potesse impedirla da Lui avrebbe colpito se gli avesse impedito di compiere l'atto vile che era disposto a compiere per soddisfare i suoi bassi istinti.

È la prima volta che mi concentro su George in una storia e lui ha preso la torta (credo) come uno dei personaggi principali e ho lasciato da parte Vincent, che dal mio punto di vista è un personaggio così complesso che è difficile da capire guidare proprio come i genitori dei fratelli Cornwell, questi sono un mistero per me dato che non escono nemmeno una volta nella serie, quindi è stato molto difficile per me dare loro una personalità, spero di poter presto fare qualcosa di simile a quello che ho fatto con George in questa storia. Ti mando un grande abbraccio bellissimo e grazie per aver scritto.

Julie-Andley-00: Hola hermosa, tienes razón, Anthony y Candy están más próximos a ser felices, sin embargo aún les falta un rato para ello, pero menos que al principio. Espero que te haya gustado el capítulo anterior aunque creo yo que es difícil. Te mando un fuerte abrazo hermosa.

TeamColombia: Hola hermosas, me alegro que estén bien. Muchas gracias por comentar, gracias por seguir al pendiente de la historia, espero que no se pongan muy "ansiosa" con este capítulo. Agradezco que me dejen siempre un comentario, les mando un fuerte abrazo a cada una de ustedes. Gracias por sus palabras hacia Claudia a pesar de que algunas no la conocieron.

Silandrew: Hola hermosa ¿Cómo estás? Un gusto leerte, sé que a veces no es fácil comentar y tampoco a veces leer, nuestras ocupaciones son lo primero y después la relajación, no te preocupes si no puedes hacerlo sé que en el momento que tengas tiempo lo harás porque sabes que amo leer los comentarios. Muchas gracias por dedicarme un tiempo para hacerlo. Quiero disculparme por no agradecerte en cada capítulo, lo que sucede es que selecciono los comentarios por capítulo y como siempre ando a las carreras solo respondo a los que aparecen en ese momento y por lo general termino olvidando mencionar a quien sé está pendiente de cada lectura, te pido una disculpa de nuevo, te mando un fuerte abrazo amiga.

Mayely León: Hola amiga, me da tristeza lo que me dices, un funeral siempre es una ceremonia triste, pero creo yo que cuando están niños implicados lo es aún más, ojalá que precisamente por esos niños el marido de Claudia sepa continuar y salir adelante, tal vez es muy pronto, pero la ayuda de un tanatólogo siempre es bueno para comenzar a llevar el duelo. Te mando un fuerte abrazo.

Mia Brower Graham de Andrew: Hola hermosa, muchas gracias por tus lindas palabras, me da gusto que continúes en la lectura. Creo yo que Anthony fue el primer amor platónico de muchas, digo, ¿Quien no querría en su vida un chico guapo, noble y de buenos sentimientos y además de todas esas cualidades rico? YO! jajaja desafortunadamente nomás Candy enamoró a galanes con todas esas características (bueno Neal no, jajaja). Muchas gracias por tu comentario hermosa, te mando un fuerte abrazo.

lemh2001: Hola amiga! Por fin Anthony se siente en libertad de hablar de sus sentimientos, sin embargo Neal tenía otros planes y pues esto se descontroló. Me enfoqué en George como personaje de apoyo en esta historia y dejé de lado al capitán, así que lo más sencillo para no complicar más las cosas era poner al capitán distante o muerto y pues opté por lo primero, sin embargo al recordar cómo lo representaron en la serie no dista mucho de su personalidad, sin embargo si lo comparas con el del manga te das cuenta que no era así. La tía abuela es orgullosa y creo que como decimos en México "Genio y figura... hasta la sepultura", así que al parecer no va a reconciliarse con ellos, vamos a ver más delante jijijiji. Muchas gracias por comentar hermosa, gracias por continuar en la lectura, te agradezco que te des un tiempo para hacerlo a pesar de tus obligaciones, no te preocupes si no puedes hacerlo de inmediato, sé que en cuanto tengas tiempo lo harás por cada capítulo jijii.

Muchas gracias por unirte a las condolencias de Claudia, gracias por tus lindas palabras. Te mando un fuerte abrazo amiga.

Muchas gracias a todos los que leen en forma anónima, gracias por estar al pendiente de las actualizaciones, ojalá me gustaría mucho que la agregaras a tus favoritos, saludos y bendiciones para cada una de ustedes.

GeoMtzR

17/04/2023.