CAPÍTULO 8: EMPEZANDO UNA GUERRA

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Gurú Clef se levantó con lentitud. Los demás estaban confundidos, hasta que un grito de Lucy se oyó en eco en toda la sala.

-¡Se ha llevado a Marina!

-Tenemos que rescatarla – dijo Latis. – Iré a…

-No.

Latis se giró a Guru Clef, que había hablado. Con una voz que no parecía la suya.

-¿Cómo…? Pero…

Irás a Autozam. Tú los conoces muy bien, quiero que les…pidas ayuda.

-De acuerdo – dijo Latis – si esa es tu decisión. Lo haré.

-Paris – llamó Clef – quiero que vayas con la Princesa Aska, y le pidas refuerzos. Explícale la situación de Céfiro.

Paris solo asintió.

-Iré contigo…- dijo Anaís a Paris.

-No – dijo Latis – ustedes deben quedarse en Céfiro. Son las únicas guerreras que existen.

-Es verdad, Anaís – dijo Lucy. – ahora que Marina no está, nosotras somos las únicas con el poder de detener invasores.

Anaís no se quedó muy satisfecha, pero entendía la situación, de modo que no protestó en nada.

Por indicaciones de Guru Clef, Anaís y Lucy se quedaron en el área residencial para ver posibles amenazas. Luego de varias despedidas entre Lucy y Latis, este se marchó.

Guru Clef apretó con fuerza su báculo.

-No has dicho mucho desde lo que pasó.

La voz de Latis le sorprendió.

-Creí que ya estabas camino a Autozam. – dijo él, dándose la vuelta.

-Para eso vine. A decirte que me marcho.

-Bien, ten cuidado.

Latis ladeó un poco la cabeza.

-Guru Clef…¿Qué vas a hacer con…?

-No lo sé.

Latis parpadeó dos veces. Le parecía tonta la idea de que su maestro no supiera la respuesta a algo.

-¿Cómo, no lo sabes?

Como el mago guardó silencio, y Latis cerró la puerta con delicadeza.

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Marina abrió los ojos. Se sentía cansada…como si hubiese corrido muchos kilómetros. Lo primero que vio arriba de ella fue un cristal, tan brillante que los hizo cerrar de nuevo.

Casi había olvidado lo que había pasado. Pudo ver todo en unos segundos, la visita de la anciana Airmed, la llegada de Ascot, la expresión de desesperación en el rostro de Guru Clef…el contacto con sus dedos antes de que ella desapareciera ante la luz…

Se incorporó y miró alrededor. Estaba en una especie de cápsula de cristal. Arriba, una gema verde brillaba parpadeando.

-¿Dónde rayos estoy?

En la habitación en la que estaba su prisión no había mas que un trono. Era parecida a la de Céfiro. Solo que esta era mucho mas pequeña, y el diseño de aquel palacio era distinto…árabe.

Supo en un segundo donde estaba. En Chizeta.

-Has despertado.

Ella giró bruscamente la cabeza. Un muchacho, con cabellos azul marino y ojos penetrantes, vestido elegantemente la miraba con una sonrisa.

-Tú…- murmuró Marina.

-No sabía que me reconocerías. – dijo Rommel, sonriendo aún más.

La anciana Airmed dice que los ojos son la ventana del alma – dijo Marina – y los tuyos son tan taladrantes, que puedo ver tu maldad. No puedes ser otro.

El príncipe de pronto, había dejado de sonreír.

-Vamos, no puedes culparme por querer agrandar mi reino.

-¿Lastimando personas? – preguntó ella, desafiante. - ¿Tu reino? Quisiera saber donde están Tata y Tatra.

-Ellas están…muy ocupadas – rió Rommel. – No te preocupes por ellas, están muy bien. De hecho, te mandan saludos.

-No es gracioso – repuso Marina. – Hechizaste a Ascot. Destruiste las aldeas, me encierras en este lugar y aún así…¿Haces bromas?.

-Creí que tendrías mejor sentido del humor. – contestó él encogiéndose de hombros. Y sirviéndose vino. - ¿Puedo ofrecerte algo?

-Si muero, me gustaría no ser envenenada, gracias – le espetó la chica.

El Príncipe rió aún más fuerte.

-Realmente eres simpática, Marina. Muy divertida…

-¿Te parece divertido herir a la gente? Porque eso fue lo que hiciste con los Cefirianos. ¿sabes que no hay uno solo que no esté lastimado?

-Lo sé – dijo – pero ese no es problema mío. Le hice una propuesta a su Mago Real, y no la aceptó. ¡Que puedo hacer yo!

Su tono le decía a Marina que se estaba burlando de ella.

-Mas te vale no dañarlo – le amenazó Marina. – no sabes lo peligrosa que puede ser una mujer.

-¿A que viene eso? – preguntó interesado y se acercó - ¿No hay algo que yo no sepa acerca de él y de ti?



Ella retrocedió un poco. Se había puesto nerviosa. Estuvo a punto de…

-Él, como todos los que viven en Céfiro son mis amigos. No permitiré que dañes a ninguno.

-Ah…- dijo vagamente él, fingiendo entenderla. – dime Guerrera Mágica, ¿Por qué defiendes un planeta que no es tu hogar?

-Céfiro es mi hogar – discutió Marina.

-No – negó el Príncipe sonriendo – tú hogar es el Mundo Místico. Ése lugar horrible lleno de contaminación y altos muros.

Ella bajó la mirada.

Por una parte, el Príncipe tenía razón. Había pasado todo este tiempo pensando en volver a Céfiro. A un lugar que ella no pertenecía…solo por ver a Guru Clef. Pero Marina no sabía los sentimientos del mago, tampoco estaban muy bien aclarados siquiera los suyos. Sin embargo…la idea de aceptar que Tokio era su hogar era como preferir morir a vivir. Todo era muy complicado.

-¿Es verdad, no? – dijo Rommel – ése lugar lleno de gente apurada, de apariencias e hipocresías. Ése es tu mundo. No Céfiro, lleno de magia y sentimientos. Lleno de tranquilidad…y de amor.

-¿Amor? – repitió ella como autómata, mirando al Príncipe.

-Sí…¿Acaso no tienes un amor en Céfiro, Marina?

-No…- tartamudeó ella. – No… no lo tengo.

Él sonrió.

-De acuerdo, supongamos que te creo. Aún así estarías en esta dimensión…alejada de tu familia, de tus amigos.

-Yo no tengo amigos en Tokio – dijo Marina. – Mis amigos están aquí. ¡En Céfiro!

-Estás pasando por un círculo vicioso, niña – le dijo Rommel. – pasaste una etapa aquí y no quieres dejarla. Te aferraste a ella como si fueras retrocediendo a cada día de tu vida. Por eso quieres quedarte aquí…

-Yo…yo…

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Guru Clef dio la tercera ronda de vueltas por la Sala del Trono.

-Pareces un gato grande atrapado en una jaula pequeña. – le dijo Airmed.

-No he recibido noticias de Paris ni Latis, y si no te importa, quiero dejar las bromas hasta entonces. – le dijo Clef en tono cortante.

-Has estado muy callado. – dijo Airmed. - ¿Es por esa chica?

-Sí…- respondió. Y luego se dio la vuelta, desconcertado y ceñudo - ¿Qué chica?

-Eres malo para mentir – le dijo la anciana sonriendo levemente. – me refiero a Marina.

-¿Qué quieres decir con que si estoy callado por Marina? – preguntó bruscamente Clef. Se había sonrojado.

-Quise decir que sí estás preocupado – corrigió la anciana, divertida por la situación.



-Sí…sí.. – contestó – claro que lo estoy.

-Ella está bien. Te lo aseguro.

-¡Ése no es el punto! – explotó Guru Clef.

Pareciera que la ira que se había estado acumulando en su interior desde que se habían llevado a Marina, había alcanzado el punto de ebullición.

-Pareces enfadado…

-¡No estoy enfadado! – gritó él. Y entonces sus ojos habían adquirido un brillo que a Airmed desconcertó. - ¡De no haberte escuchado, Marina ahora estaría en su mundo, sana y salva! ¡Y no prisionera!

Airmed suspiró.

-Dime, querido Clef, ¿qué sentimiento sientes en el corazón de Marina?

-¿Qué quieres decir? – él se ruborizó de nuevo.

-¿Tristeza…coraje…?

-Ah – dijo él. – bueno…siento coraje. Marina siente coraje e impotencia por no poder ayudar a sus amigas…

-Eso es – dijo la anciana – si la hubieses mandado a su hogar, los sentimientos de esa muchacha serían de tristeza, y de desolación. Créeme. Hiciste lo correcto.

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Un sirviente vestido con ropas chinas hizo una gran reverencia. Frente a él, una chica de unos catorce años estaba frente a un trono, vestida con ropaje chino también.

-¿Qué sucede? – preguntó ella.

-Majestad, el Príncipe Paris de Céfiro está aquí.

-¿Cómo dices? – preguntó Aska, visiblemente sorprendida. - ¿Céfiro? ¿estás seguro?

-Si, Majestad. Quiere verla…pero sé que está cansada y…

-No – dijo la princesa Aska – hazlo pasar.

-Pero…usted dijo…

-Cualquier cosa que tenga que ver con Céfiro me interesa. Date prisa, no lo hagas esperar.

-Si Majestad, como usted ordene.

Cuando la puerta volvió a abrirse, Paris entró, a paso rápido.

-¡Paris! – exclamó la princesa Aska. – Es una sorpresa…

-Lo sé – dijo Paris, que parecía haber corrido. – es una emergencia.

-¿Pasó algo malo? – preguntó ella.

-Sí. No son buenas noticias…

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Marina dio un golpe en el cristal en el que estaba prisionera.

-¡No vas a llenarme la cabeza con idioteces, como lo has hecho con Ascot!

-Vaya, veo que eres difícil de convencer. Pero me agradan los retos – repuso Rommel. – eso solo lo hará mas excitante.

El se retiró con lentitud, no sin antes dedicarle a Marina una sonrisa desagradable. Ella se dejó caer sobre el suelo de cristal.

¿Y si nunca podían rescatarla? ¿Y si invadían Céfiro y ella no estaba para hacer algo? Tal vez hasta regresarían a Lucy y Anaís a la Tierra, y ella…¿se quedaría en esa jaula de cristal toda su vida? ¿Qué estaría pensando Guru Clef para ayudarla? ¿O no pensaba nada?

Una lágrima cayó sobre la mano de la muchacha.

-Guru Clef…

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-¡Ah!

Guru Clef abrió mucho los ojos.

-¿Qué sucede? – preguntó la anciana Airmed. – Parece como si hubieras sentido algo…

-Sí…- murmuró Guru Clef. Y se tocó el pecho instintivamente. – Marina…

-¿Qué pasa con ella? – preguntó acercándose a él. Su cara parecía preocupada.

-Sentí…una sensación de tristeza…en su corazón.

-Solo espero que no esté sufriendo. Si me hubieses escuchado ya tendríamos las Runas del Poder, y hasta quizá ya estaría derrotado el enemigo.

-No me vengas con ese cuento otra vez – dijo Guru Clef, molesto. - ¿Quieres que busque reliquias mientras invaden Céfiro?

-No, solo intento que busques la salvación. – repuso Airmed con expresión tranquila. - ¿Por qué no puedes ver lo que está tan claro?

-Me pides que vea cosas invisibles, entonces – dijo Clef.

Airmed suspiró.

-Puedo notar el resentimiento que tienes hacia mí. Y te niegas a poder ver más allá…tal vez debería decirle a la Fata Titania que te lo explique…

-Ya fue suficiente – dijo Guru Clef, muy serio. – si quieres seguir con leyendas de mundos de hadas, es asunto tuyo, pero no quieras involucrarme en esto solo porque te sientes culpable.

-¿Qué quieres decir?

-Te sientes culpable por la antigua destrucción de Céfiro – dijo Clef. – porque huiste en vez de quedarte a ayudarnos. ¡Hubo gente que murió con tal de salvar su planeta!

-Eso es verdad – dijo Airmed. – pero no huí, Clef. Tuve mis razones, ¿Y de que sirve que te las explique? No eres alguien que se deje convencer, eso lo veo. Sé que Presea dio su vida. Y aún así nunca pudiste ver el amor que ella sentía por ti.

Guru Clef desvió la mirada.

-Yo era el consejero espiritual del Pilar. No podía pensar en esas cosas. – dijo Guru Clef. – por eso tenía un aspecto de niño, para que no fuera capaz de enamorarme nunca del Pilar. Ni el Pilar de mí. Pasábamos mucho tiempo juntos la Princesa y yo, por eso se aplicó ese hechizo de juventud.

-No es necesario que me expliques lo que ya sé, querido – dijo Airmed con ternura. – sin embargo…Esmeralda sí se enamoró.

-Lo suyo fue un sentimiento muy fuerte – dijo Guru Clef.

-Tú…has cambiado tu apariencia.



El volvió a sonrojarse.

-Pensé que si el Pilar ya no existía, sería ridículo seguir con esa apariencia. Es todo.

-No es verdad…

-¿Qué? ¿Me estás diciendo mentiroso? – dijo Clef, ofendido.

-No. Te digo evasivo. – sonrió ella.

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Marina no supo cuanto tiempo había pasado desde que el Príncipe se retiró, pero a ella se le había hecho una eternidad. No dejaba de pensar en que estaría sucediendo en el exterior.

Tal vez si hubiese sido mejor volver a casa…

-¿Aburrida? – preguntó una voz masculina.

Ella se volvió con brusquedad. Era el príncipe.

-Ya fue suficiente, Rommel. No puedes tenerme aquí para siempre.

-Claro que no – aceptó el chico. – no planeo que estés ahí toda tu vida, Marina. Pero eso solo depende de ti.

Ella frunció el ceño.

-¿Qué quieres decir?

-Digo, que cada persona es el constructor de su propio destino. – contestó. – tú puedes ser feliz, olvidarte de todas esas tonterías que tienes en la cabeza. O puedes, claro está, seguir en ese profundo y oscuro lugar del que te has propuesto no salir.

-¿Vas a dejarme ir? – preguntó ella.

Rommel se rió.

-Marina, aunque yo sea el hombre demoniaco que sé que ahora ves en mí, sabes que nunca haría algo tan torpe.

-Lo sabía – dijo ella. - ¿Entonces que rayos quisiste decir con eso de elegir? Al parecer tú me tienes previsto un futuro catastrófico ¿No?, y no solo para mí, también para mi amado Céfiro.

El príncipe se acercó hasta su prisión de cristal. Metió una mano, atravesando con toda facilidad el duro material que ella había estado golpeando sin éxito. Le dio una mano a la chica y la hizo salir.

-Puedes vivir a mi lado como una reina, o afuera, con el resto de la basura.

-¡No puedes obligarme a que te ame! – gritó ella, furiosa. - ¡Nunca podrás!

-¿Y quien habló de amor? – preguntó el, bastante divertido. – yo no sé de amor. De lo que sí sé es de poder, y de deseos. Y mis deseos son los que les mostré, y que si no los cumplen…serán la llave que abra la caja de Pandora, querida Guerrera Mágica.

-Eres un asco. – murmuró ella con los dientes apretados.

-¿Perdón?

-¡ERES UN ASCO!

Rommel, bastante enojado le dio un empujón a la muchacha que la obligó a entrar de nuevo al cristal. La miró de una manera despectiva.

-Veo que tu decisión está tomada. Todo lo que quiero será mío, solo que será de una forma especial, de la forma mas cruel y despiadada que jamás hayas visto en tus pesadillas.



Ella golpeó con fuerza en cristal, nuevamente sin tener éxito. Estaba llena de rabia, de amargura. Al parecer nunca se daría por vencido…pero Marina no solo estaba muerta de rabia, también tenía mucho miedo…

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-¡Guru Clef! – llamó Airmed, con los ojos desorbitados. - ¡Chizeta, puedo sentir la venganza de Chizeta sobre nuestro planeta!

-¿Cómo dices? – preguntó Guru Clef, alarmado. - ¿has tenido una visión?

-Veo mucha sangre, Guru Clef…veo muertos…veo destrucción. ¡Y será pronto! ¡En menos de lo que nos imaginamos!

Él volteó como automáticamente hacia la gran ventana. No había naves, solo un cielo tranquilo con una lluvia tenue.

-Pero no…no viene nadie…Airmed, ¿estás segura?

-¡Sí, sí! – desesperó Airmed - ¡Lo he visto! Vi…sangre por todas partes. Vi la ira de ése príncipe recaer sobre nuestro mundo.

-Entiendo….¿Marina está bien?

-Sí…ella…ha rechazado al Príncipe. Y está lleno de ira, de celos…

Entonces Guru Clef salió de la habitación del Trono, lo más rápido que pudo. Afortunadamente, en el pasillo estaba Ráfaga, tenía aspecto cansado.

-Han aparecido monstruos en el área residencial, - anunció. – me ha costado trabajo controlarlos.

-Es imposible – dijo Clef - ¿Ahora tienen mas miedo los cefirianos? ¿Cómo es eso posible?

Al parecer alguien oyó de la anciana Airmed, que estaban a punto de invadir nuestro planeta. Vine para preguntarte si es cierto…

-¿Dónde han oído eso?

-Por favor – dijo Ráfaga, muy serio – solo dime si es verdad, Guru Clef.

Guru Clef suspiró.

-Sí. Es verdad. Me lo comunicó Airmed hace poco.

-¿Qué haremos?

-Dile a Lucy y Anaís que vengan. Las necesitamos…

Las Guerreras Mágicas estaban en el área residencial. Acababan de eliminar al último monstruo con la flecha de fuego.

-¡Anaís! – dijo Lucy, jadeando. - ¿Crees que es cierto lo que nos dijo Airmed?

-¿Te refieres a que Marina rechazó a Rommel y quiere venganza?

-Sí. – dijo Lucy, acercándose a ella. - ¿Crees que sea cierto?

Anaís negó con la cabeza. Con expresión triste.

-No lo sé, Lucy – dijo – pero…sí es verdad que tengo un mal presentimiento. Yo sabia que Marina no se iba a entregar a alguien que no ama, lo sé porque está muy enamorada.

-¿En verdad? – se desconcertó Lucy - ¿De quien?



-No sé, pero es alguien especial. Porque nunca había visto a Marina tan triste en mucho tiempo.

-Debemos estar preparadas para lo que venga, entonces – sentenció Lucy con decisión. – no podemos permitir que nuestra amiga sea esclava, ni nuestro querido planeta sea destruido.

Rommel apretó los puños con fuerza.

-Van a pagar…todos van a pagar.

Las naves de Chizeta llegaron en pocos minutos al cielo de Céfiro. La gente miraba por las ventanas, muy asustada. Lucy y Anaís fueron con Guru Clef, y él les dio la mala noticia.

-Debo decirles…que tendrán que pelear de nuevo, queridas Guerreras.

-Lo sabemos – dijo Lucy sonriendo – Ya es una costumbre cada vez que venimos a Céfiro ¿No?

-No es gracioso Lucy – la regañó Ráfaga. – Guru Clef y yo, sentimos mucho que ustedes tengan que arriesgar sus vidas. Latis no está aquí, y no sé cuanto tiempo pueda tardar Autozam y Farem en mandar refuerzos.

-Todo va a estar bien – los tranquilizó Anaís. – y nosotras pondremos todo nuestro empeño en ganar.

Con una mirada de acuerdo, las chicas salieron corriendo de la Sala del Trono. Guru Clef cerró los ojos, muy preocupado.

-¿Pasa algo? – le preguntó Ráfaga.

-Me causa mucho dolor ver como esas chicas van hacia el peligro. Anteriormente conocíamos la debilidad de Deboner, y con este enemigo…no sé…

-Pero en un principio no sabían la debilidad de Deboner – discutió Airmed – y las Guerreras Mágicas lo descubrieron. Estoy segura que tampoco tardarán en hallarle debilidad a ése príncipe cruel…

-Ella tiene razón, Guru Clef – coincidió Ráfaga – debemos confiar en ellas.

Guru Clef asintió, aunque en el fondo de su mente y su corazón, tenía el mismo mal presentimiento que Anaís.

Geo subió a la nave NSX junto con Zaz y Latis.

-Muchas gracias por haber venido, Geo – le dijo Latis – en verdad lo necesitamos.

-No hay problema – dijo sonriendo Geo – Guru Clef nos ayudó mucho a reconstruir nuestro planeta luego de que Águila murió, y estamos en deuda con Céfiro.

-Me da gusto que nos apoyen…- dijo Latis – pero…esto no es igual a la vez pasada. Créeme, el enemigo es mas poderoso de lo que imaginaba. He sentido, hace poco, una energía llena de odio, que está a punto de invadir Céfiro.

-Pues lucharemos con ésa energía de odio, Latis- dijo Geo – ya deja de preocuparte.

-¡Sí! – exclamó Zaz - ¡Además con una novia tan poderosa como lo es Lucy, ése tonto príncipe lleva las de perder!

Latis sonrió.

No menos de veinte naves de Chizeta llegaron a Céfiro. Todas rodeaban el Palacio, y permanecían inmóviles en círculo.

-¡Reayerth!

-¡Windam!

Los dos imponentes genios salieron de la protección que Guru Clef le había puesto al palacio.

-¡Ya fue suficiente Rommel! – gritó Lucy - ¡No permitiremos ni un instante más tus amenazas!

-¡Así es! – gritó Anaís - ¡Lucharemos hasta la muerte si es necesario!

Rommel, desde el palacio de Chizeta, sonrió malévolamente.

-Muy bien, entonces su adorado palacio será también su adorada tumba.

Lucy se sorprendió por las palabras del príncipe, y en unos instantes Reayerth y Windam estaban siendo severamente atacados.

-¡Viento de defensa!

-¡Flecha de fuego!

Los ataques de Anaís y Lucy parecieran haberles solo rozado a una de las naves, en comparación, un ataque de energía que recibió Anaís hizo que su genio diera de lleno contra la protección del palacio, y después cayó inconsciente.

-¡Anaís! – gritó Lucy.

-¡ANAÏS! – gritaron Guru Clef y Paris al mismo tiempo desde el Palacio.

La chica no contestaba. De modo que Lucy tuvo que seguir sola.

-Se atrevieron a dañar a Anaís. ¡NO SE LOS PERDONARÉ! ¡RAYOS ROJOS!

- Es inútil, tonta Guerrera Mágica. Tus poderes son tan insignificantes… - se burló el príncipe. – Pareciera que quieres que te mate ahora mismo.

¡Como puedes ser tan despreciable! – gritó Lucy

-Todos van a pagar….

Un ataque mas fuerte dio contra la barrera del palacio, a pesar de que Lucy intentó interceder con su genio, la energía hizo un daño considerable a la protección.

Todos los cefirianos gritaron de miedo, y todo se estremeció, como un terremoto.

-¡Ha dañado la protección del castillo! – gritó Ráfaga

-(¡Reparo!)

Guru Clef corrigió la enmendadura antes de otro ataque, pero en consecuencia, cayó en el suelo, agotado.

-¡Estás bien! – le dijo Presea, corriendo a su lado.

-S- sí…

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- Muy listo…pero…¿Podrás con diez ataques consecutivos, Guru Clef?

Y justo así, diez de las naves golpearon la barrera, causando un choque de energías que Lucy tuvo que cerrar los ojos, y varias partes del Palacio de destruyeron por el impacto. Lo había logrado, la barrera había desaparecido y Guru Clef no pudo hacer nada.

Rommel rió con satisfacción.

-¡Detente! – le dijo Lucy - ¡Por favor, no ataques el Palacio!

Muchas personas quedaron atrapadas entre los escombros. Y el castillo quedó indefenso a ataques futuros, Guru Clef quiso usar el encantamiento pero no tuvo las energías para hacerlo.

-¡No puede ser…! – jadeó él. – sin la protección…estamos perdidos…

-Se acerca…- musitó Airmed – el fin de nuestro planeta…

Una de las naves volvió a arremeter contra el palacio, y justo donde Anaís estaba inconsciente.

Un ataque proveniente de otra dirección, la salvó.

Cuando Lucy se dio la vuelta, pudo ver la nave NSX, y la nave Dragón de Farem, que acababan de llegar.

-¡Que! – gritó el príncipe - ¡QUE DEMONIOS!

-Probablemente son refuerzos, señor – dijo Efra

-¡Claro que son refuerzos, imbécil! ¡Basta con solo verlo! ¡ACABEN CON ELLOS TAMBIÉN!

Marina miraba el espectáculo, boquiabierta, desde su prisión de cristal.

Las cosas se veían mejorando para Céfiro. Sin embargo, Marina no pudo contener las lágrimas y la desesperación al ver a Anaís tan herida, a Lucy sola y los daños del palacio, la gente bajo los escombros…

-Lucy…Anaís…Guru Clef.

-¡Soy la Princesa Aska de Farem! – gritó Aska - ¡Y cualquier daño que le causes al planeta Céfiro, será interceptado por mí!

-Con que Princesa de Farem – dijo Rommel – una niña idiota no me hará nada con ése juguete de dragón.

-¡Autozam te declara la Guerra, Chizeta! – gritó Geo – por orden del gobernador de nuestro planeta. Somos aliados de Céfiro.

-Lo sé, lo sé – dijo Rommel, en tono aburrido – como he dicho antes, el juego solo será mas divertido.

Guru Clef nunca había visto algo más triste. Tres planetas, luchando a muerte y solo conseguían hacerle rasguños a las poderosas naves de Chizeta. ¿Qué podían hacer? Anaís había sido llevada al castillo, de cualquier modo, estaba muy herida y no podía luchar. Lucy daba lo mejor de sí, pero al cabo de un rato tenía heridas sangrantes en todo el cuerpo.

La nave de Farem fue destruida, y a pesar de que la Princesa Aska convocó varios dibujos para luchar, Rommel solo conseguía divertirse y aniquilarlos. La nave NSX parecía resistir, y lanzaba poderosos ataques que sí servían de mucho, aunque, como después el príncipe encontró la debilidad de la nave, lanzó un ataque que casi la derriba.

Entonces un genio de Chizeta, que tenía el tamaño de un Mashin, tomó a Lucy por el cuello, destruyendo a Reayerth.

-¡Lucy! – gritó Latis, desde el interior de la nave NSX - ¡Suéltala!

-¡Lucy! – gritaron Guru Clef y Presea

Airmed se acercó a Guru Clef, muy asustada.

-Va a matarla.

-¡¿Qué?!

-Va a matarla, Gurú Clef. Ya lo he visto…

-No… no podemos permitir eso…

-¡Ja, ja! ¿Te ha gustado mi juego, Guru Clef? – dijo el Príncipe. Su voz sonaba como un eco en todo el palacio. - ¿Quieres que muera rápido o lentamente?

-¡Déjala en paz, maldito! – gritó Latis. Pero el genio seguía quemando a Reayerth, y Lucy solo gritaba.

-¡Basta! ¡detente! – gritó Guru Clef desesperado - ¡Lo que sea que quieras, ya no los lastimes!

Entonces el genio dejó de aprisionar un poco a Reayerth.

-¿Qué es eso que oigo? ¿Una rendición?

Guru Clef guardó silencio. Todos lo miraban. Él cerró los ojos.

-Ya no quiero ver sufrir a más inocentes. Seré tu prisionero si así lo deseas.

Todos estaban mudos. Miraban a Guru Clef como si estuviera loco, y negaban con la cabeza.

-¡No Guru Clef! – le dijo Presea - ¡No puedes hacer eso!

-Lo haré…

-¡NO! – gritó Lucy - ¡No lo hagas, no puedes hacerlo! ¡Céfiro estaría perdido sin ti!

-No he podido hacer nada en estos tiempos – dijo Guru Clef cerrando los ojos. – él me hizo una propuesta, no la cumplí e inocentes están pagando. Ya no más…¡Me entregaré si es lo que quieres!

Rommel sonrió mas que de costumbre.

-¡No! – gritó Marina - ¡No lo hagas, Guru Clef! – tenía lágrimas en los ojos y golpeaba con fuerza el cristal - ¡No por favor!

-¿Vas a entregarte a mí como un prisionero? ¿Estarás a mis servicios?

-Sí.

-¡Guru Clef, cometes un error! – gritó Latis.

Pero Guru Clef ya había caminado hacia la puerta del castillo, pese a los detenimientos de todos los guardias, que no querían que su mago supremo cayera en manos del enemigo, él les pidió que no lo detuvieran.



Latis salió corriendo de la nave de Autozam, entre atemorizado y sorprendido le dijo:

-No puedo permitir que te entregues. No…

-Latis, confío en ti, y confío en todo Céfiro. Y sé que no quieres que me entregue a él…pero…no puedo permitir que Lucy, o Anaís o cualquiera de ustedes muera. Y si en mis manos está que eso no pase, haré lo que sea.

Latis lo miró, incrédulo, y Paris también se acercó a él.

-Paris, no digas nada – lo interrumpió – escúchame…quiero que le des este anillo a Latis, después de que me haya ido. Él sabrá que hacer con él. No debes permitir que caiga en manos de Chizeta, ¿comprendes?

-Sí…- dijo Paris, muy asustado. – comprendo…pero…

-Es una orden – le dijo – tú eres el Príncipe de Céfiro. Y la última persona que debe caer en manos de invasores, eres tú. Recuerda eso.

Discretamente, Guru Clef puso en anillo mágico en el bolsillo de Paris. Guru Clef caminó lentamente hacia donde estaban los guardias de Chizeta esperándolo, el arrojó su báculo, en señal de entrega, se quitó su túnica, quedando en un traje negro.

-"No, Guru Clef – le dijo Airmed con el pensamiento – Esto no es lo que La Princesa Esmeralda querría…"

-"Ella sabía que estando en Céfiro causaba la destrucción de su amado planeta. Y murió con tal de no verlo así. Ahora yo haré lo mismo, para evitar ver el sufrimiento del mundo que tanto amo. "

-"Pero…"

Los sirvientes de Rommel lo apresaron, y lo subieron a una de las naves.

Presea lloro en silencio, intentando detener inútilmente que Guru Clef se fuera, pero Airmed se lo impidió. Caldina, Paris y Ráfaga pareciera que les hubieran echando un balde de agua fría, no reaccionaban. Lucy cayó muy lastimada al suelo, una vez que el genio de Chizeta la soltó, y las naves enemigas se marcharon.

Rommel jamás se había sentido más feliz desde que comenzó a atacar Céfiro. Guru Clef había cedido solo, no hubo necesidad siquiera de dañar sus naves.

-Es increíble las estupideces que los cefirianos cometen por los demás. – repuso bebiendo vino, para celebrar – pareciera que les gusta sufrir en posición de salvar a otros.

-¿Qué vas a hacer con Guru Clef? – preguntó Efra.

-Todavía no sé. Debo pensarlo bien…de cualquier modo, Céfiro sin su Mago Supremo es como querer abrir una puerta con la llave indicada. Todo está en bandeja…

Marina estaba muy confundida. ¿Qué rayos tenía pensado Guru Clef al entregarse así? ¿Acaso se había rendido de verdad? Tal vez, ahora que estaba prisionero podría verlo…explicarle, que pase lo que pase…ella estará ahí…

-¿Has visto como tu amigo se ha rendido? – le preguntó Rommel



-Ya estarás contento ¿No? – preguntó ella también arqueando una ceja. - ¿No era eso lo que querías?

-Mira Marina, ya te lo he dicho antes. Puedes echar a perder tu vida, llorando por una ilusión…por una simple fantasía de adolescente. – y entonces se acercó a ella, sonriéndole – o puedes unirte a mí, y seremos como dioses entre esa gentuza.

-Esas personas a las que llamas gentuza son mis amigos, y son con los que quiero estar. La verdadera gentuza es aquella que no se toca el corazón para ver sufrir a los demás.

-¿Y de que te ha servido tu corazón, pequeña Marina? – se burló él – no has dejado de lamentarte, y creo que no es solo por estar encerrada ahí.

-Eso es asunto mío, - le espetó Marina – y para que te sepas una cosa, es verdad, es triste amar sin ser correspondido…pero es más triste nunca haber amado a nadie.

La sonrisa del príncipe se esfumó.

-¿Qué estás insinuando?

-Que estás tan solo…que lo único que puedes hacer es obligar a que te amen, como quieres hacer conmigo.

-¡Mientes!

-¡Tienes que reaccionar, no eches tú a perder tu vida de esta forma! ¡Vas a arrepentirte!

-¡Cállate! – le gritó el príncipe. – tú, ése estúpido mago y todos van a pagar haberme desobedecido. Tú vas a pagar caro el rechazo que ahora me das, Guerrera Mágica.

Entonces la puerta se abrió, Efra y otros cuatro guerreros que sujetaban a otro hombre.

-Aquí le traigo lo que pidió, Majestad.

Los soldados empujaron al suelo al hombre. Y Marina le reconoció al instante. Era Guru Clef.

-¡Guru Clef! – gritó ella con todas sus fuerzas

Él levantó la cara.

-¡Marina!

-Vaya…parece ser que te has arrepentido de tu decisión, Mago. ¿Te han tratado mal mis guardias?

Guru Clef se levantó. Y miró desafiante al Príncipe.

-¿Y bien? ¿Qué tienes pensado? ¿Encerrarme también en ésa prisión mágica?

-No, no – se divirtió – claro que no. Tú tendrás una tarea más…provechosa.

-Quisiera saber que has hecho con las princesas Tata y Tatra. – dijo Clef – parece que las has…"suplantado".

-En realidad no. Suplantar sería por algún tiempo. Digamos que…ellas no saben gobernar. Les hago un favor al agrandar al planeta.

-¿Poseyendo Céfiro?

-Así es. Y ahora que tu pequeño alumno Ascot me ha contado de la Espada Sagrada…

Guru Clef entrecerró los ojos.

Marina no entendía de que estaban hablando. Pero odió a Ascot por haber revelado una verdad tan importante.



-Claro…él te ha traicionado muchas veces. Pero parece que ya estás acostumbrado – se mofó Rommel. – También me contó que ya has sido traicionado antes.

-Si te refieres a Alanis y Zagato…tuvieron razones más importantes para hacerlo. Querían estar con la persona que amaban, y el amor te hace cometer tonterías.

-Claro…y Ascot quiere estar con la bella Marina, y por eso ha cometido tantas idioteces. Es curioso como uno solo puede llevarse a la destrucción ¿Verdad?

-Ascot no sería capaz – le espetó Guru Clef – pero puedo ver en tu aura maligna que tienes el poder de controlar a las personas con baja voluntad y decisión.

-¿En serio? – se sorprendió él - ¿Y tú, Guru Clef, tienes una gran voluntad?

-La tengo. – sonrió Clef – y dudo mucho que puedas controlarme, y a Marina.

Puedo controlar a quien yo quiera.

-Claro que no, porque no has podido obligarla a hacer nada. Ella tiene un gran carácter, sabe lo que quiere y no quiere estar contigo.

-¿Entonces con quien quiere estar,? ¿Tú lo sabes…Guru Clef? – preguntó mirando a Marina.

A ella se le aceleró el corazón al máximo. ¿Podría ser…que supiera algo?

-Eso solo lo sabe ella – dijo Guru Clef tranquilamente – pero sé que nunca se fijaría en alguien tan repulsivo y cruel como lo eres tú.

-¡Que enternecedor! – exclamó el príncipe – Pero ya se acabó. Entrégame ahora mismo tu anillo mágico, Clef.

El príncipe extendió la mano.

-No lo tengo.

-¿Qué estás diciendo? – Rommel se sonrojó de coraje - ¿No lo tienes?

Clef le mostró sus manos, sin el anillo.

-No voy a repetirlo, Guru Clef – dijo Rommel perdiendo la paciencia – dame el anillo, ahora.

-El anillo no existe ya, príncipe. – dijo Guru Clef, visiblemente complacido – desapareció cuando la princesa Esmeralda murió.

-Estás mintiendo…

-Bueno, si eso piensas no puedo hacer nada para cambiarlo.

-¡ASCOT!

Ascot salió de un rincón, con la cara desconcertada. Al parecer estaba muy avergonzado de mirar a Guru Clef después de lo que pasó.

-Uno de los dos está mintiendo. Ascot o tú, Guru Clef. – dijo Rommel – y ahora lo sabremos.

-Ascot…- murmuró Guru Clef, con ojos de decepción.

-Dime Ascot, el anillo mágico. ¿Existe o no?

Él dudó un momento pero al final contestó con voz entrecortada:

-Sí. Sigue existiendo.

-¡Ascot, que haces! – le grito Marina desde el fondo de la habitación - ¿Acaso quieres que se destruya Céfiro?

-Muy bien – dijo Rommel – ya vemos quien miente. ¡Tú, Guru Clef!

-De cualquier manera no lo tengo – dijo Guru Clef – tú pediste que fuera tu prisionero. Pero…¿No hubiese sido más fácil pedir mejor el anillo y listo?



-¡LLÉVENSELO! – rugió Rommel - ¡Quítenlo de mi vista!

Los soldados jalonearon a Guru Clef, llevándoselo de la sala. Marina gritó su nombre varias veces, pero él no pudo siquiera voltear.

Marina no volvió a ver al Príncipe en varias horas, y tampoco sabía a donde se habían llevado a Guru Clef, de modo que lo único que pudo hacer fue esperar.

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En el Palacio, nunca se les había visto más callados y desconcertados a todos.

Caldina estaba al lado de Ráfaga, con la cara muy confundida. Lucy miraba hacia la ventana, en busca quien sabe de qué. A veces fruncía el entrecejo, y Latis pensó que probablemente Lucy estaría bastante enojada con la situación. Paris no había aparecido desde que se llevaron a Guru Clef, Anaís estaba aún herida y él permanecía a su lado. Presea sollozaba en silencio y Airmed no dejaba de negar con la cabeza, en señal de desaprobación.

Entonces el príncipe entró a la Sala del Trono, muy abatido.

-Anaís no ha despertado…- anunció, justo cuando Lucy iba a preguntárselo. – pero ya no está herida.

-Tal vez tarde algo más en reponerse…- dijo Presea – recibió un ataque duro.

-Y todo es por culpa de Rommel – dijo Lucy con los dientes apretados.

Nadie se había fijado que Latis ya traía puesta su armadura, y cargó su espada, muy decidido.

-¿A dónde vas? – le preguntó Lucy, al ver que el espadachín se dirigía a la puerta.

-Alguien tiene que salvar a Marina y Guru Clef. – contestó él, sencillamente.

-¿Qué? – inquirió Paris - ¡No puedes ir tu solo!

-Iré contigo, entonces – dijo Lucy muy decidida

-No – dijo Latis rotundamente – tú debes permanecer en el castillo, Lucy…

-¡Quiero luchar a tu lado! – desesperó la pelirroja. - ¿Por qué no me dejas hacerlo?

-¡Porque no quiero exponerte a…!

-¡LO OLVIDABA!

La voz de Paris interrumpió la discusión de ambos. El príncipe se acercó a Latis y le entregó el anillo mágico de Guru Clef.

-Toma – le dijo – Guru Clef me pidió que te lo entregara…

-Esto es…

Latis examinó el anillo, muy sorprendido.

Entonces Airmed se levantó de donde estaba, muy sonriente.

-¡Estamos salvados!

-¿Qué quieres decir? – preguntó Presea - ¿Por qué…?

-¡Latis! – exclamó Airmed, acercándose también a él. - ¡Si tienes el anillo de Guru Clef…puedes rescatarlo!



-Pero…yo no puedo usar el anillo de Guru Clef, fue creado especialmente para él…y…

-¡Lo sé! ¡Lo sé! – dijo Airmed – pero puedes llevárselo, y él mismo podrá escapar con su poder…

-¿Hablas en serio?

-¡Nunca he hablado mas en serio en mis novecientos años! – repuso la anciana.

A Lucy le salió una gotita en la cabeza.

-¿Realmente tiene esa edad, señora?

-¡Lucy, este no es el momento para esas cosas! – la regañó Presea.

-Lo siento…yo…

-¡No hay que perder más tiempo! – exclamó la anciana – Latis, tengo una idea…ven…escúchame…

Y antes de que cualquiera pudiera preguntar algo, Airmed se llevó a Latis fuera de ahí.

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Guru Clef se despertó muy adolorido. Solo recordaba que esos guardias lo habían golpeado al ser tirado al suelo. Se incorporó y pudo ver donde estaba: un cuarto mediano con ventanas en forma de rombo, con protecciones doradas y un piso brillante. Notó que cierta energía rodeaba aquel cuarto.

-No puedo salir de aquí…- murmuró para sí mismo al ver la energía circulando a su alrededor. – le ha puesto la misma protección que a Marina.

Entonces pensó que, sin poseer ninguno de sus objetos mágicos ni siquiera podría salvar a Marina. Lo único que había conservado era su tiara, y no tenía poderes. El anillo y el báculo se habían quedado en el Palacio.

Rommel estaba enojado. Sabía que Guru Clef decía la verdad en cuanto a que no traía consigo el anillo mágico. Pero sabía que mentía en cuanto a su existencia.

-Yo no puedo entrar en el castillo…- dijo Rommel

-¿Qué va a hacer, señor? – preguntó Efra.

Sin el anillo, no puedo entrar al cuarto sagrado y robar la espada. Y si no tengo al espada, ¡no podré poseer Céfiro!

-Lo sé…Majestad – dijo Efra, apenado. – pero…¿Qué hará con el hechicero y la guerrera mágica?

Guru Clef será responsable de sus actos. Así que, si hizo un trato y no paga su parte…será destruido a su propia suerte.

-Entiendo…

-¿Sabes, Efra? Siento un lazo especial entre ellos dos…me pregunto sí…

Latis partió esa misma tarde para Chizeta. Junto con Ráfaga, subieron a la nave NSX con Geo, y se encaminaron allá.

Lucy no sabía que cosas le había dicho Airmed a Latis, pero sabía y tenía confianza en que él no correría peligro…y que salvaría a su maestro y a su preciada amiga.

En la nave NSX, Latis se volvió hacia Geo.

-¿De veras crees que no nos descubrirán? – preguntó.

-No. Águila utilizó este transmisor para entrar en el castillo de Céfiro, cuando intentamos invadirlo. Nadie notó su presencia.

-¿Ni siquiera el príncipe podrá? – intervino Ráfaga

-No. Éste transmisor no funciona con energía mágica, de modo que no captará la atención de nadie.

-Muy bien – dijo Latis – solo espero que los dos estén bien.

Marina no dejaba de mirar la puerta por la que se habían llevado a Guru Clef. Entonces, Rommel entró.

-¿Para que quieres ése anillo mágico? – le preguntó Marina con cara de pocos amigos.

-Eso no es asunto tuyo, querida – le espetó el príncipe – tú única obligación es honrarme. No lo olvides.

-¡Jamás voy a honrar a una porquería de ser humano como lo eres tú! – gritó la chica, enfurecida.

-Eso lo veremos. – dijo Rommel, sin mirar a Marina.

Un terremoto comenzó a sacudir a Céfiro. Todos en el palacio, se asustaron.

-¡Pero que pasa! – gritó Lucy

-¡Un temblor! – gritó Caldina… - ¡Por que!

-Guru Clef no está aquí…- dijo Airmed, pensativa – por eso es que su voluntad no ayuda en nada a este planeta.

-¿Dices que Guru Clef con su voluntad ayuda a que Céfiro este en paz? – gritó Lucy, tratando de no caerse - ¿No hacía eso el Pilar?

-¡Pero cuando hiciste a todos Pilar, nosotros con nuestra voluntad hacemos de Céfiro un mundo estable! – le dijo Presea, agarrándose de una pared - ¡Pero Guru Clef tiene una fuerte voluntad, en este planeta!

Marina escuchó un estruendo, varias personas gritando y guerreros que corrían. El príncipe se alarmó y Efra también.

-¿Qué rayos pasa? – dijo el príncipe

-¡Majestad, varios guerreros de Céfiro han entrado al planeta!

-¿QUÉ?

-¡Y han liberado al Mago Clef!

Marina no se había sentido tan feliz hasta entonces. ¡Estaban salvados! Y tal vez la rescaten a ella…estaba segura.

-¿Qué estas diciendo? ¡Manda refuerzos, iré con ustedes!

-Pero…- dijo Efra – Majestad, dejará a la Guerrera Mágica sola?



Rommel se volvió a Marina, y dudó.

-Tú quédate con ella, Efra – le dijo - ¡Protege con tu vida esta prisión!

Efra asintió y Rommel salió con los demás guardas.

Varias partes del Palacio de Chizeta estaban destruidas, y Rommel corrió hasta la prisión de Guru Clef.

Ya estaba abierta, y se topó con el mago frente a frente.

-¡No me digas que huyes, Guru Clef! – se burló Rommel - ¿a dónde piensas ir?

-No huyo, príncipe… de todos modos no me necesitas – le dijo él con sarcasmo.

-¿Qué estas diciendo? ¡Nunca podrás siquiera atacarme!

-Espero que te hayas divertido en tu juego, porque ya se acabó…

Guru Clef le mostró el anillo a Rommel, éste se quedó paralizado, y del anillo mágico salió un energía que lo mandó hasta la pared, dejándolo inconsciente.

Clef salió corriendo hacia el pasillo, y se encontró con Latis.

-¿Estás bien? – le dijo éste último.

-Sí…pero necesitamos ir por Marina…

Ráfaga ya fue por ella.

Ráfaga entró al cuarto del Trono, y Marina lo vió.

-¡Ráfaga! – le gritó. - ¡Estoy aquí!

Ráfaga miró a Marina, y justo en ése momento apareció Efra frente a él.

-¡Cuidado, Ráfaga!

Efra sacó una espada gris y se lanzó contra el guerrero, luchando por evitar que se la llevara.

Pelearon unos minutos, Efra era muy bueno, hasta que Ráfaga lo lanzó muy lejos.

Latis entró. y vio a Marina en su prisión de cristal.

-¡RESPLANDOR!

El ataque de Latis no le hizo siquiera rasguños a la cápsula de cristal. Marina solo había visto los rayos y las luces, pero la prisión ni siquiera tembló.

-¡¿Cómo voy a salir de aquí?! – preguntó Marina desesperada.

-Tranquila Marina, te sacaremos…

-¡Pero tu ataque no funcionó!

-¡Latis! – le gritó Guru Clef, que acababa de llegar, jadeando - ¡Dale en ése zafiro de arriba!

Latis volteó a verlo, y volvió a atacar, esta vez hacia el zafiro que le había indicado Guru Clef.

Marina sintió como el suelo temblaba, y en segundos el cristal se rompió, haciéndose añicos.

Ella cayó al suelo.

-¡Marina! – gritó Ráfaga - ¿estás bien?

-S- sí… dijo ella – lo que quiero es irme de aquí… vámonos antes de que alguien nos vea.

Entonces Guru Clef se acercó. Ella sintió deseos de abrazarlo, pero el Mago le extendió la mano.

-Toma – le dijo. – lo ha encontrado Latis.

Ella miró su guante, con la gema azul que le habían quitado.

-G- gracias…- dijo ella, y pensó que ése sería un mal momento para pensar en Guru Clef. – Vámonos.

Salieron corriendo del castillo de Chizeta, la nave NSX los esperaba, y, aunque se toparon con varios más guardias, con su magia Marina los ahuyentó.

Cuando subió a la nave fue cuando realmente Marina se sentía protegida. Por fin dejaría esa terrible prisión y vería a sus amigas.

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¿Les gustó? Ojalá que sí. Ha sido un capítulo largo y la acción aumenta, se volverá más oscura conforme vaya avanzando, solo esperen.

Saludos a mis niñas, lo prometido es deuda, díganme si les gustó.