CAPÍTULO 11: SUEÑOS Y LLANTO.

¡NOOOOO!

¡Marina…! ¡Marina!

No…¡No, no!

¡MARINA!

Ella abrió los ojos, llenos de lágrimas y el corazón latiéndole a mil por hora. No veía bien, se sentía mareada y la luz le lastimaba las pupilas.

¿Marina…?

Ya ha despertado…

Las dos voces conocidas le hablaban. ¿Quiénes eran?

Poco a poco las imágenes se fueron clareando. Las caras de Lucy y Anaís aparecieron ante ella, visiblemente preocupadas.

Parece que ya se siente mejor…

Que raro, pareciera que hubiese tenido un sueño.

Ella se levantó de golpe. ¿Fue un sueño?

¿Dónde…dónde está Guru Clef? – preguntó ella, aterrada.

¿Qué…? – dijo Anaís, muy confundida - ¿Guru Clef…?

¡Sí, sí… ¿donde está…?

Debía estar en su habitación. Pero no. No estaba.

La alta y moderna Torre de Tokio estaba a su alrededor. También muchas personas, que en un círculo, la miraban como si estuviera loca. Ella miró a todas partes, tan desorientada que creyó volver a desmayarse.

¿Qué hago aquí? – les preguntó a sus amigas - ¿Por qué no estamos en Céfiro?

El policía que estaba al lado de ella se desconcertó.

¿Céfiro? ¿Dónde es eso?

¿Qué pasó? – preguntó ella, ante las miradas atónitas de Lucy y Anaís. - ¡Contéstenme!

Ah…- dijo Anaís – Oficial, creo que nuestra amiga ya se siente mejor. Si no le importa, la llevaremos a casa.

Bien, llévenla…si pueden ir a un doctor, mejor.

Las miradas de todos se posaban en ella. Pero ella no los veía…pensaba en todo lo que había pasado.

Marina, ¿Qué paso? – preguntó Lucy, sentándola en una banca

¿Cómo que qué pasó? – preguntó Marina, sintiéndose mareada - ¡Ustedes estaban conmigo!

Anaís miró a Lucy. Y Lucy la miró a ella.

Pues sí…pero de repente te desmayaste…

¿Qué? – dijo ella – no…no es verdad. Yo no me desmayé…yo…estaba en Céfiro…y Guru Clef…

Entonces comenzó a llorar sin detenerse. No podía articular palabra.

¿Guru Clef?- preguntó Lucy, como si no supiera de qué estaba hablando Marina - ¿De qué estas hablando?

De repente…aparecí aquí – dijo Marina, con los ojos asustados - ¿por qué…?

No Marina – dijo Anaís – tú has estado aquí desde la mañana. ¿Ya lo olvidaste?

¿Olvidar…olvidar qué? – preguntó ella furiosa.

Olvidar que nos quedamos de ver aquí, en la Torre. – dijo Lucy – íbamos a intentar volver a Céfiro…

Pero en eso te desmayaste…nos preocupaste mucho. ¿Ya te sientes mejor?

No… - dijo Marina, recordando, - no es verdad. - ¡Tenemos mas de tres semanas en Céfiro! ¿No lo recuerdan? Guru Clef…está…

Nuevamente comenzó a llorar descontroladamente.

Ya no podía con eso. Decirlo era admitir que era verdad…

¡Está muerto…!

Anaís se tapó la boca con las manos. Y Lucy soltó un grito ahogado.

Marina, ¿Cómo puedes decir algo tan grave?

Ella no creía lo que oía.

Sí….él…fue Rommel…o…

¿Rommel? . preguntó Lucy - ¿quién es Rommel?

Marina se puso de pie, el sol casi se ocultaba en el espléndido paisaje de edificios de Tokio. Y ellas…ellas no sabían de que les estaba hablando.

Estuvimos en Céfiro. ¡PORQUÉ NO RECUERDAN NADA! – desesperó ella.

Varias personas volteaban para mirarlas. Anaís se dio cuenta de eso.

Marina, quiero que te calmes por favor. Ni Lucy no yo sabemos de qué estás hablando…

No es posible. ¡¿Cómo es que no recuerdan nada?

Marina – dijo Lucy – hoy es viernes, ¿recuerdas? Dijiste que ibas a comprar tu vestido para el baile de otoño, pero que preferiste venir con nosotras…

Sí…Lucy propuso intentar volver a Céfiro – dijo Anaís – pero apenas íbamos…cuando…

¡No, no! – gritó ella. Tenía ganas de zarandearlas - ¡Estuvimos en Céfiro,! ¿No Recuerdan nada? ¿a Folken, el nuevo guardia…a Kara…a Airmed…?

No… - dijo Lucy – no sé quienes son ellos…

¡Anaís, tienes que recordar! ¡Viste mi libreta de apuntes, fuiste atacada por una nave…Paris te propuso matrimonio!

Anaís abrió mucho los ojos. Y Lucy estaba pasmada.

¿Cómo dices…? – tartamudeó ella - ¿Paris…?

¡Sí,! – exclamó Marina - ¡Te dio una sortija…!

Entonces, automáticamente Anaís y ella y Lucy miraron su mano. Una brillante sortija de oro blanco adornada con un zafiro adornaba la mano de la muchacha.

Ahí está…- dijo Marina, esperanzada – Eso quiere decir que no fue un sueño.

¿De donde sacaste esa sortija, Anaís? – le preguntó Lucy

Yo… yo… no sé – dijo Anaís, mirándola confundida .- ni cuenta me había dado…que la traía…

¡Esa es la sortija que Paris te dio! – dijo Marina

Pero yo no recuerdo…nada…

Entonces Marina también sintió algo en su mano. Con todo el lío tampoco se había dado cuenta. Una pequeña gema en forma de gota púrpura estaba en su mano.

La gema que Gurú Clef le había puesto…

Gurú Clef…- dijo ella, con voz entrecortada - ¿sabías que esto iba a pasar?…todo fue verdad…

Marina, - dijo Anaís – por favor, explícame que yo no entiendo nada…

Fuimos a Céfiro…- dijo Marina – y…Rommel…ése príncipe de Chizeta…

¿Chizeta?

Sí…atacó a Céfiro…Gurú Clef…está…

Eso es imposible, - dijo Lucy - ¡Nosotras lo recordaríamos!

Ascot…lo mató…

La voz de Marina era irreconocible. El odio que ahora sentía hacia Ascot la inundaba por dentro…las entrañas se le carcomían…y la cara de Guru Clef, pidiéndole que la perdonara…su mano deslizándose entre la suya sin vida…

Ella no podía pensar. Gurú Clef estaba muerto.

El reloj de pulsera de Lucy comenzó a sonar.

Tengo…que irme… - dijo Lucy, que le había comentado unas palabras a Anaís en el oído – Marina…todo fue un sueño. Nada pasó…por favor, cálmate…

Sí Marina – dijo Anaís – prométeme que descansarás…

¿Qué? – dijo ella, incrédula - ¿No me creen?

Las dos muchachas se miraron.

Marina, tal vez…estás enferma…tienes fiebre o algo así – dijo Anaís – mejor descansa y mañana hablamos.

No puedo creer que no me crean – dijo Marina. - ¡NO PUEDO CREERLO!

Ella se echó a correr. Empujando a las familias y estudiantes que se le ponían frente a ella. Oyó las voces de Anaís y Lucy llamándola, pero no hizo caso. Se sentía desesperada…confundida…sabía que todo había sido verdad. ¿por qué todo era tan complicado y doloroso?

Apenas salió comenzó a llover en modo torrencial. Pero ella no sentía…el agua le mojaba el rostro, el cabello y sus ropas. Pero su cuerpo y su mente seguían en Céfiro…no sabía que hacer, su conciencia la atormentaba…pareciera que el planeta también lloraba, tenía el rostro gris como ella, el alma gris. Caminó sin rumbo mientras la gente pasaba frente a ella mirándola con preocupación. La lluvia se hacía mas fuerte, y la oscuridad en su corazón también. ¿Ella tuvo la culpa de todo lo que había pasado? ¿O solo el cruel destino que siempre la contradecía?

Vio toda su vida en un instante. Todo lo que había estado esperando ahora no valía nada. Sus sueños, sus ilusiones…todo se había quedado en Céfiro y en especial con ésa tragedia…

Guru Clef estaba muerto. No, no había muerto…lo habían asesinado. Se lo habían arrebatado…le habían arrebatado lo que ella más amaba en el mundo…y ahora, que su corazón estaba hecho añicos, no podía hacer nada más que llorar.

La lluvia, que ahora era una tormenta, no le impedía seguir caminando. Hasta que se resbaló. Se quedó mirando el piso empapado, con el pensamiento ido y el cuerpo adolorido y cansado.

No puede ser…no puede ser…

No supo cuánto tiempo pasó. Solo había sentido un gran cansancio, y después…nada.

Cuando volvió a abrir los ojos, sintió una calidez enorme. Estaba en una cama…y poco a poco vio donde estaba, en su gran habitación. En su cama, llena de almohadones. Y Linda, visiblemente preocupada, despertó de la silla que estaba a su lado.

¡Marina, gracias al cielo! – le dijo, y se acercó a ella. – llevas toda la noche con fiebre. Apenas despertaste…

¿Qué…? – dijo ella, confundida. - ¿Cómo me encontraste?

Estabas en la calle, tirada. Un chico de tu colegio iba pasando justo ahí, y te trajo…creí que estarías con tus amigas, Marina. ¡no sabes lo preocupada que he estado!

Ah…

¿"Ah"? como que ¿"ah"? – la regañó Linda - ¡Gracias al cielo que tus padres están trabajando! ¿te imaginas? Me diste un gran susto…

Pues ya estoy aquí – repuso Marina, con mal humor.

De verdad me asusté mucho – dijo Linda, acercándole una bandeja con la cena – como me diste una carta para tus padres, pensé que ya nunca volverías…

Yo también…- dijo ella sin pensar.

¿Ibas a fugarte con tus amigas? ¿O con un muchacho? – le preguntó.

Quiero que te vayas.

Linda se quedó, ceñuda, mirando a Marina.

No me iré hasta que…

¡LÁRGATE!

Linda se quedó inmovilizada. Marina había empezado a llorar. Ya no sabía si era de coraje o del mismo dolor. Linda, asustada, salió de su cuarto.

Comenzó a golpear los cojines, y a pesar de que se sentía cansada por fuera, su mente y su alma querían gritar y correr.

¡¿Porqué? ¡¿Porqué? ¡¿POR QUÉ?

Lucy subió al autobús que la llevaría a su casa. Su mente estaba revuelta, las palabras de su amiga…

Siento en mi corazón que ella tiene razón – dijo Lucy – pero por alguna razón no puedo recordar nada…

Anaís se dejó caer en un sillón de su amplia casa.

Se miró el anillo, que estaba en su dedo anular.

¿Qué pasó? ¿Por qué no sé de donde es esta sortija? Dios, espero que Marina esté bien…

Otro rayo partió en dos el cielo.

Eran las cuatro de la mañana. Se lo decía su gran reloj que estaba en la pared. Marina estaba ausente, mirando el blanco techo de su cuarto. No podía dormir, no quería dormir…

Deseó con su corazón sentir lo mismo que Anaís y Lucy. No recordar nada…estar en blanco…quería que su alma estuviera en blanco. Llena de inocencia, de ignorancia…

Linda la hizo levantarse al otro día. Se levantó por simple inercia…no porque le parecía la cosa mas estúpida del mundo ir al colegio en un momento así…

Durante el desayuno, oyó a su padre hablar de negocios con un tipo que ella no conocía por celular, a su madre con la diseñadora de modas. Ella veía su plato intacto con la vista gacha.

Marina querida…¿Quieres la fiesta en el crucero o en el salón?

Ella no contestó. Mas bien, no oyó nada.

¿Marina?

Linda le sacudió levemente el brazo.

Ella levantó la mirada lentamente hacia donde estaban todos.

¡Por dios, pero que cara tienes, Marinita! – le dijo su madre, con un fingido gesto de asombro. - ¿No has dormido bien?

Ella tardó en procesar la pregunta que su madre acababa de hacerle.

Yo…no…

Marina estuvo enferma ayer – dijo Linda – tuvo fiebre y…

Estoy bien – interrumpió Marina – no es nada.

¡Que bueno! – exclamó su madre, sin darle importancia al asunto – porque no quiero que te enfermes el día de tu cumpleaños. ¿Dónde quieres la fiesta, en el crucero o en el salón?

¿Qué?

Marina no entendía. ¿Fiesta? ¿Qué demonios iba a celebrar? ¿Lo miserable y sola que se sentía? Pensar en fiestas ahora…

No…no quiero nada de fiestas – dijo Marina.

¿Qué? – dijo su padre – debes bromear. Hace tan solo unos meses dijiste que…

¡Lo que dije en el pasado ya no importa! – gritó ella. Y se puso de pie, caminando hacia fuera.

Sus padres, atónitos, miraron a Linda.

Vaya adolescentes… - dijo al fin la madre de Marina.

Ella subió a la limosina, todavía llovía mucho. Durante todo el trayecto Marina miró por la ventana, viendo las gotas de agua que resbalaban por el cristal. Imaginó que tantas lágrimas podrían parecerse a aquel clima…

Pero por alguna razón ella ya no podía llorar…se sentía seca, vacía por dentro…como si le hubiesen arrancado una parte de ella misma…

Y sí…para ella así había sido…

Llegamos, señorita.

El chofer, que la llamó varias veces, se preocupó también.

¿Señorita, está usted bien?

S- sí – reaccionó ella, y sin dar las gracias, salió hacia el colegio, sin importarle que se mojara.

Recién llegó se sentó como autómata con la vista agachada. Se sentía ahora muy insegura si veía al frente, derecha…como antes…

Marina… - oyó una voz femenina.

¡Marina, cielos te ves mal! ¿Acaso no dormiste bien?

Dos muchachas, que Marina no consideraba sus amigas, pero sí compañeras de fiesta y eventos, se acercaron a ella muy alegres. Ellas siempre estaban alegres, y Marina también solía fingir que estaba alegre…aunque no lo estuviera…

Mamá siempre se lo decía…

Buen día – dijo Marina, muy secamente.

Marina, nos preguntábamos si te parecía bien que adornáramos el salón principal de globos rosa, porque esos son los más lindos…

Están tan actuales…- comentó la otra chica – pero quisimos consultarte primero, por supuesto. ¡Ah! Y queremos que nos asesores con los vestidos…

Tú tienes tan buen gusto…y eres tan elegante…

Y tan popular…Marina, quisiera que…

Lo siento – interrumpió ella, apenas mirándolas – no iré al baile.

¿Qué? – dijo la chica con cara de pocos amigos - ¡Llevas tres meses planeando esto! ¿cómo vas a faltar?

Sí, ¿Por qué? ¿Qué no te das cuenta que todo el instituto irá?

No me importa si todo el país está invitado, no iré – dijo Marina.

Y ellas se ofendieron tanto, que salieron caminando aprisa, hablando de ella.

Durante las eternas clases le preguntaron su opinión dos veces de temas de Historia y Biología, y ella no contestó. Después, en el eventual torneo de esgrima, apenas se puso el equipo y la desgana y la debilidad moral le hicieron tirar el sable al suelo, y mejor irse caminando a casa.

Pasó por muchas tiendas, llenas de gente y ropa. Llenas de joyas…recordó aquella vez, cuando fue su quinceavo cumpleaños, le pidió a su padre un collar con un diamante azul, su padre no se lo compró. Pero no porque no tuviera dinero, sino porque lo había olvidado. Había olvidado su cumpleaños…

Y Marina aquel día había llorado de coraje, pero no porque papá no hubiese recordado la fecha, sino porque el collar no había sido suyo.

Como pensaba en cosas tan insignificantes antes…

Se sentó en una banca de un parque, muy afligida. Apretó los puños con fuerza, y comenzó a llorar.

No podía olvidar las palabras de Guru Clef…

"No llores…perdóname"

Y la mano de él, resbalándose entre la suya sin vida…

Llegó a casa, no quiso comer…le dijo a Linda que no molestara y se echó en su cama a llorar todo el día. Hasta que el sueño la venció, y se quedó dormida.

Cuando Marina despertó, después de haber soñado con Céfiro y todo lo que había pasado, como una película que se repetía como pesadilla, se sentó con la espalda apoyada en la cabecera y se puso a llorar.

No sé como renunciar, al tiempo, al miedo

¿Cómo puedo hacerte regresar? Es cierto, me muero

quiero verte soñar con los ojos abiertos y tus manos sintiendo mi cuerpo

Mis mañanas son de lágrimas que envuelven todo momento

Y dejar de llorar, ya no veo, mi mundo esta ciego

Si tan solo puedo descifrar el frío que tengo

No hace bien extrañar, pero este sufrimiento

Es tan fuerte que se vuelve eterno…

Linda, que esperaba el momento de hablar con ella, tocó a la puerta:

Marina, ¿puedo entrar? He estado esperando a que despertaras…

Marina murmuró su asentamiento y Linda entró y se sentó junto a ella. Tomó una de las manos de la chica entre las suyas y esperó a que dejara el llanto. Le dio un té, que ella bebió poco a poco.

¿Qué pasa, tuviste un mal sueño?

Marina la miró con los ojos muy abiertos.

Ayer me salí del Colegio…fui a la ciudad, a andar…

Ya lo sé, Marina – dijo Linda, y la abrazó - ¿Pero por qué? ¿No sabes que e s peligrosa la ciudad para una chica como tú?

A mí ya no me importa lo que me pase – sentenció Marina.

¿Por qué hablas así? – preguntó Linda – quisiera poder saber que te pasa, pero tú no quieres contarme…

No me pidas que recuerde, Linda – le pidió Marina, con los ojos húmedos – no me pidas abrirme la herida, si yo sola no puedo siquiera cerrarla…

Te comprendo – dijo la muchacha – pero nuestros temores se vuelven menos cuando los compartimos con un ser querido.

Ojalá yo pudiera compartirte esto…pero no puedo, discúlpame.

Linda se retiró. Así pasaron cinco días antes de que Marina pudiera levantarse y a medias hablar. Durmió mucho esos días, largos sueños tumultuosos que la dejaban agotada y llorosa. Caía en ellos como una hoja que cae en un remolino en el agua y salía como un nadador que hubiera recorrido una gran distancia.

Se levantaba de la cama, tambaleándose, pálida y desorientada. Y cuando Linda le tocaba la frente buscando señales de fiebre, la encontraba fría y húmeda. Marina pensaba que debía asustarse, preocuparse por la debilidad que la aquejaba, pero no tenía ni fuerzas, mas que para medio sonreír y tratar de decirle a su dama de compañía algo amable.

Linda le mintió a sus padres, ellos creían que estaba en una excursión o en el Colegio, practicando esgrima extra. La tomaba del brazo y la sentaba cerca del fuego, y ella fingía lo mejor que podía, hasta que, vencida por el pesar, se volvía a quedar dormida con la cara mojada de llanto. (Y era un llanto que la sorprendía, y del que se percataba apenas cuando las lágrimas le escurrían por la barbilla), entonces, Linda ordenaba que algún sirviente la llevara en brazos hasta su cama.

Después, ya solo se levantaba para ir al baño o a beber agua. Y la comida que Linda le llevaba estaba siempre pendiente, Linda, sentada al lado suyo a veces esperándola, y aunque la tenía al lado, la veía a gran distancia.

Pasaba largos ratos contemplando por la ventana la nada, un punto fijo en el espacio, o la blanca pared de su cuarto. A veces sacaba la gema de Guru Clef, la veía fijamente y después volvía a llorar, sintiendo en su pecho aquella horrible sensación de dolor y angustia. Lo único que podía hacer era escribir algunas líneas…aunque, cuando terminaba, se sentía mucho peor.

Estoy tan cansada de estar aquí

Suprimida por todos mis miedos infantiles

Y si te tuviste que ir, espero que en verdad te vayas

Porque tu presencia aún está aquí

Y no me va a dejar sola

Tu me cautivabas con tu mente resonante, y ahora solo queda

Todo lo que dejaste atrás. Tu cara espanta mis sueños mas placenteros

He tratado fuertemente de decirme a mí misma que te has ido

Pero aún sigues conmigo

Entonces, he estado sola todo este tiempo

Al quinto día Marina se levantó y se alistó para ir al Colegio. Ya no podía pasar tanto tiempo ahí, necesitaba distraerse, sino, sentía que se iba a volver loca.

Cuando regresó de la escuela, la sirvienta le indicó que había alguien esperándola en la sala. Se sorprendió al ver quien era, pero la voz no le salió tan exclamatoria.

Anaís…

Anaís estaba sentada, con una taza de té en las manos, que dejó con rapidez en la mesa del centro y se puso de pie, muy rápido. Parecía nerviosa…

Marina…- dijo Anaís – Me alegra ver que estás mejor…

Marina no sonrió, mas bien hizo una mueca.

Sobreviviré – dijo Marina - ¿Qué estás haciendo aquí?

A decir verdad…- empezó Anaís, juntando sus manos – me dije mil veces que no debía venir aquí.

¿Y por que lo hiciste entonces?

Porque no puedo dejar de pensar en lo que me dijiste. – dijo Anaís, con sinceridad – sé por alguna razón que me estás diciendo la verdad…pero no puedo explicarlo…

Es cierto…no hay forma de explicarlo – dijo Marina

Por eso… he decidido que no puedo atormentarme con cosas que no he vivido…y…

¿Cómo sabes que no lo has vivido? – se molestó Marina, que ya no tenía muchas fuerzas para gritar, pero su cara demostraba un profundo resentimiento – Si ni siquiera puedes recordarlo.

Precisamente por que no puedo recordarlo. – dijo Anaís – no sé que hacer. Pero creo que estás confundida, que tuviste un sueño, tal vez un presentimiento…

¿Un sueño? – preguntó Marina, irónica - ¿me puedes decir como es que puedes traer objetos de un sueño?

¡No sé, tal vez fue solo un momento diferente en el tiempo! – dijo Anaís, nerviosa

¡Deja de darle el lado científico a las cosas, Anaís! – explotó Marina. - ¡Cuando llegamos a Céfiro nada tenía sentido, ni la magia, ni nada! ¡Pero al final supimos la verdad, que era un mundo místico! ¿Por qué tratas de evadir la realidad con filosofía?

Yo sólo…

Tú tienes miedo de que sea una realidad lo que les he dicho – dijo Marina – estoy decepcionada. Sé que Rommel las hechizó, pero contra mí no pudo. Porque el dolor que siento por la muerte de Guru Clef nadie puede entenderlo. Y tampoco nadie puede borrarlo…ni siquiera él, por eso sigo aquí. Pero ¿sabes qué,? Me hubiese gustado olvidarme de todo, como ustedes…y no vivir en la angustia y el miedo en que vivo ahora…

Marina…

Sé que ustedes no pueden entenderlo, pero tengo fe en que lo entenderán…y cuando lo hagan, avísenme…entonces podremos solucionar las cosas.

¿De verdad crees que podamos aclararlas?

Por cierto – dijo Marina, empezando a caminar hacia las escaleras – el sábado habrá una fiesta, sería agradable que vinieran, ambas.

Y se dio la media vuelta, dejando a su amiga sola en la sala.

Procuro olvidarte…siguiendo la ruta de un pájaro herido

Haciendo en el día mil cosas distintas

Para no recordar que no estas conmigo…

Si tu no estas aquí, la gente se hace nadie

Si tu no estas aquí no sé

Que rayos hago amándote

Si tu no estás aquí sabrás que no voy a entender

Porque te vas…

Su madre le insistió tanto, que no pudo zafarse. Sabía que iba a estar un rato, y después fingiría algún dolor de cabeza para volver a su habitación.

Ése día Linda estaba más alegre que de costumbre. La arregló tanto que incluso a Marina la avergonzó.

Pareces una princesa – le dijo Linda colocándole un adorno de flor en el pelo.

A ella no le parecía parecer una princesa. Sí, el vestido era largo y azul, su color preferido. También en el cuello un dije de brillantes que su padre le había obsequiado.

¿de verdad lo crees? – dijo Marina, observándose en el espejo. – yo siento que soy una joya.

¡Claro, sí! Una hermosa joya…- la animó Linda.

Una joya que simplemente se opacó.

Linda la abrazó, pareciera que ya no se le ocurría modo de levantarle la moral a Marina.

Por favor, Marina..- le pidió ´- es tu cumpleaños, no estés triste. Disfruta la fiesta…

Pero es que yo no tengo nada que celebrar…

Inténtalo – le volvió a pedir – por favor…te hará bien.

A Marina no le cabía en la cabeza de que modo le iba a hacer bien estar rodeada de un grupo de gente aburrida e hipócrita. Tratando de ganarle al de al lado mayor fortuna, negocios o viajes.

Se preguntaba como era posible que el mundo transcurriera tan normal.

Todo ese mundo, que ya no era el mismo. Estaba dividido por un abismo en el cual estaba Guru Clef, y en el que ya no estaba.

Marina… - oyó una voz a sus espaldas.

Un muchacho, que ella conocía de vista solamente le saludó dándole un beso en la mano.

¿Qué deseas? – le preguntó ella.

Solo conversar – dijo el chico – soy Shinji Arastegi, hijo del…

Sé quien eres. – le interrumpió Marina – No debo estar impresionada ¿O sí?

Claro que no – sonrió Shinji – por favor…deseo ir a la terraza.

Ella no supo que contestar, y cuando menos se lo esperó, ya estaba afuera en el balcón.

Es una noche hermosa – dijo el chico - ¿No lo crees Marina?

He visto cielos con muchas mas estrellas – dijo Marina, recordando Céfiro.

No creo que cualquier noche de estrellas sea mas hermosa que tú, Señorita Ryuzaky – dijo él.

Marina sonrió levemente.

Eres muy amable.

Sabe…mi padre ya no quiere manejar sus negocios. Está cansado…de modo que yo heredaré todo antes de que él muera.

Debes estar feliz – dijo Marina.

Lo estaría si tuviera a mi lado una esposa…ya sabe…que me acompañe en todo.

Supongo que sí…

Marina…

Él le mostró una sortija de oro blanco, con un gran diamante.

¿Qué…?

Quiero que tú seas mi esposa…

Vaya, es un gran honor que me lo propongas. – dijo Marina y el chico sonrió – pero…- él borró su sonrisa – me temo que debo rechazarlo, lo siento.

El chico, incrédulo tal vez de que alguien lo hubiese rechazado, le dijo:

¿Puedo saber porqué?

¿Me amas?

El dudó, y sonrió.

Por supuesto que no…

¿Entonces, porqué quieres casarte conmigo?

Bueno…- dijo él – eres hermosa, de mi mismo nivel social…eres educada y distinguida. Mis padres estarían felices de que me casara contigo.

Pero…¡Si no me amas! ¿Pasarás toda la vida a mi lado sin sentir nada por mí?

Realmente puedo llegar a quererte – dijo él, confundido – estoy seguro…con el tiempo…

Un tiempo que pasaras siendo infeliz y desdichado – dijo Marina apesadumbrada – estoy segura que tú estás enamorado de alguien…

Es verdad – admitió él – pero es imposible.

¿por qué? ¿Por qué es imposible?

Es una muchacha que trabaja en nuestra casa, cuida del invernadero – explicó él, con una mirada triste. – su nombre es Rika, es un ángel.

Y la amas mucho – concluyó Marina sonriendo levemente, y le tomó las manos – no dejes ir el amor, Shinji. Te arrepentirás una vez que lo hayas perdido…

¿Por qué me dices esto, Marina?

Porque yo no puedo recuperar a la persona que quiero, pero deseo que tú no arruines tu vida…no lo permitas, porque serás esposo de una mujer, cuya fachada es hermosa pero por dentro está deshecha…

Marina…

Espero que puedas tú sí ser feliz, Shinji…buenas noches.

Ella hizo una pequeña reverencia y se encaminó hacia adentro.

Mientras saludaba como por inercia a todos los invitados, se encontró con sus amigas.

Lucy, con un vestido rojo claro y Anaís con uno verde, la miraban.

Me alegra que vinieran…- dijo Marina – deben disfrutar la fiesta.

Marina, ¿Nos invitaste para celebrar o para hablar de algo? – preguntó Lucy, preocupada

Obviamente para pasar el rato – dijo Marina irónica – puesto que ustedes no tienen nada de que hablar. Ya han tomado una decisión ¿O no?

Marina – dijo Lucy – quisiera en verdad poder recordar lo que nos dijiste. Pero no puedo, ya lo intenté. Lo único que recuerdo es nuestra cita en la Torre, y de ahí, nada…

Ya me lo dijo Anaís…

Quiero pedirte perdón – dijo Lucy – porque estaba tan confundida que no pude siquiera apoyarte. Pero ahora sé que tienes un problema…pero que no está en Céfiro, sino aquí…

¿Qué?

Sí…estás deprimida…pero no hay forma de que tú supieras que en Céfiro había muerto alguien…y me parece imprudente que lo veas así, siendo Guru Clef un gran amigo nuestro…

….

Marina – dijo Anaís – No crees que si algo malo le hubiera pasado a Guru Clef, ya nos hubieran llamado?

Tal vez…

Porque Céfiro estaría perdido sin él – dijo Lucy – y no ha pasado nada…

No si todo es un plan elaborado – reflexionó Marina – no si alguien quiere que eso creamos…

Anaís negó con la cabeza.

Estás en un error, Marina…- dijo – tal vez deberías ver un doctor…

¿Estás diciéndome loca? – dijo Marina, pasmada - ¿Solo porque no puedes ver lo que está frente a tus ojos? ¿O más bien, frente a tu mano?

Anaís se vio la sortija en su mano.

He preguntado en todas las joyerías y dicen que no tienen un anillo semejante. – dijo Anaís

¡Claro, porque ni siquiera es de este mundo! ¡Paris te lo dio!

¡Basta Marina! – desesperó Anaís – por favor…Paris fue un recuerdo hermoso, pero ya debo sacarlo de mi cabeza. No volveré a verlo – a Anaís se le llenaron los ojos de lágrimas – buscaré una persona que al menos no esté en esta dimensión…no puedo seguir aferrándome a alguien que no puedo siquiera ver.

Te arrepentirás si lo haces – dijo Marina. – Pero como veo que ustedes ya tienen pensado que hacer, me retiro.

Marina sentía las miradas de sus amigas, que se fijaban en ella mientras subía la gran escalera. Fastidiada y harta de su amarga situación, se quitó el elegante vestido que su madre le había obsequiado. Se quitó también el dije de regalo de su padre, y en lugar del brillante, colocó la gema color lila en forma de gota que Guru Clef le había dado.

Se quedó viendo en el espejo como lucía. Evidentemente muy diferente a hace unas semanas, cuando apenas habían ido a Céfiro. Lucía pálida y ojerosa, había perdido peso y ya casi no se arreglaba. También le brillaban constantemente más los ojos, de tanto llorar.

Se metió en la bañera…recordando tantas cosas…

La primera vez que fueron a Céfiro…

Ustedes son las guerreras mágicas. Y nadie, aparte de ustedes puede salvar Céfiro…ése es el deseo de la princesa Esmeralda. – dijo Guru Clef.

Tal vez ésa historia es verdadera – dijo Marina - ¡Lástima que no tiene nada que ver con nosotras! Los problemas de un país, deben ser resueltos por sus habitantes.

Pero los habitantes de Céfiro no pueden resolver éste problema…Si fuera así, ¡no les pediríamos ayuda! Además, no podrán regresar hasta que cumplan el deseo de la princesa.

¡Debes estar bromeando! ¡Yo tengo un torneo de esgrima en una semana! ¡No puedo pensar en solucionar problemas ajenos! ¿Qué no lo entiendes?

Marina suspiró. Se había portado tan tonta…tan inmadura…

Yo no pienso hacer lo que dice ése tipo – dijo Marina, enojada

¡Pero no podemos vagar sin sentido por un mundo que no conocemos! – dijo Anaís – deberíamos hacerle caso a Guru Clef.

¿Y sí Guru Clef es un mentiroso? – dijo Marina

¡Claro que no! Eso no puede ser…- exclamó Lucy

Desconfiada. Ni siquiera había escuchado sus palabras…

Lo siento tanto, Guru Clef…a mi no me importaba lo que le pasara a Céfiro. Me porté muy mal…

Marina…

Perdóname…

Querida niña del mundo místico – le dijo Guru Clef, poniendo su mano en la de ella – me alegra volver a verte, y cuídate mucho.

¡Clef!

Sí…usa ésa magia que te di para protegerte. No quiero que te pase nada…ya no quiero verlas llorar ni una vez…

Muchas gracias, Guru Clef.

Si hubiese sabido…

¿Crees que Ascot esté bien? ¡Me preocupa! – dijo Marina. Estaban en una habitación.

Claro que sí, además ya sabes que tu magia lo curó – había dicho Caldina – El que si me preocupa es Guru Clef. Hizo un esfuerzo sobrehumano para traerlos a todos de regreso al castillo. Esta vez creo que se extralimitó…

Marina había apretado con fuerza sus manos.

No te preocupes, él me dijo que estaba bien – dijo Marina – y me echó de su habitación.

¿Qué te pasa? ¿Qué fue eso? ¡Pareces despechada, Marina! ¿no me vas a decir que te sientes atraída por ése muchacho?- Ella se puso de pie, dándole la espalda a Caldina.

¡Eso no es cierto!, No seas ridícula Caldina, je, je…regresaré en un rato.

¿Por qué había mentido esa vez?

Te extrañé, Marina.

Y…y yo a ti – había murmurado, muy colorada.

¡Gurú Clef! – exclamó ella, en la fiesta de bienvenida - ¿Por qué has cambiado tu apariencia?

Ya lo sabrás…

Nunca lo iba a saber…

Quiero que regreses a tu mundo – dijo Clef, visiblemente triste.

¿Qué? ¡No puedes pedirme eso! ¡Céfiro es mi hogar!

La guerra será peor…Marina, será lo mejor que te vayas a tu mundo, donde estarás segura, y no habrá ningún daño…

No puedo, no puedo irme de Céfiro…en Tokio nadie me espera…

En Céfiro solo encontrarás sufrimiento, querida niña…Rommel te tiene en la mira…

Pero…

Podría pasar algo grave…

Claro que pasó algo grave. Él murió. Se sentía culpable por no haber regresado a la Tierra. Rommel no abría decidido tomar venganza…

Guru Clef se dejaba caer en el suelo, sin fuerzas.

¡GURU CLEF!

Marina…

¡Vas a estar bien! No te preocupes…resiste…

No…Marina, ya no hay tiempo. Ésa daga no es ordinaria…

¡Por favor, resiste!

Ah…Prométeme que serás feliz…y perdóname…

¡No, no!

Perdóname, Marina…

¡NOOOO!

Un par de lágrimas cayeron sobre el agua cristalina de la bañera. Habían pasado rozando la gema morada, que brilló con intensidad al contacto.

Sentía que, derrotada por el dolor, caía en un profundo sueño…

Estaba sentada, sobre pequeños charcos de agua cristalina que eran rodeados por cristales altísimos de hielo. Ella no tenía fuerzas para moverse…sentía muy pesado el cuerpo…su cabello mojado le indicaba que no estaba en su habitación, ni en su baño…ahora no recordaba donde estaba.

El lugar era como un inmenso bosque, que en vez de árboles, hermosos pilares de hielo atravesaban unos con otros. Y en el suelo, el agua congelada cubría el lugar. Miles de colores los atravesaban, y ella, con un vestido largo y blanco, miraba a su alrededor.

Entonces vio una figura alada. Era un caballo…o al menos eso parecía…pero largas alas a los extremos reflejaban que era: un unicornio.

Blanco como la nieve, melena lila y ojos azul que la dejaron hipnotizada. Era una criatura hermosa…posada a escasos tres metros de ella.

El unicornio relincho con suavidad, sin dejar de mirarla, y ella extendió su mano para tocarlo. Tenía el pelaje suave y tibio. A pesar de estar (pensó Marina) en aquel lugar tan frío…

Entonces el unicornio se acercó a la boca de ella, y casi podía distinguir una figura…alguien que sabía que existía, que le causaba dolor, y no recordaba…no podía…

Y antes de que la criatura pudiese tocarla, ella tosió fuertemente. Salió de la bañera, escupiendo agua. Se había quedado dormida y por pronto y se ahogaba.

¿Todo está bien, señorita? – le gritó una voz femenina afuera del baño.

S- sí…- tartamudeó ella, tomando una toalla – estoy bien.

Ése día no pudo dormir tampoco. Estuvo pensando en el extraño sueño, solo había durado unos segundos, y sin embargo a ella le habían parecido eternos.

¿Qué era eso? Porqué había soñado con aquél unicornio? ¿Por qué?.

Ya no responde ni el teléfono. Quedó hundida la esperanza mía…yo no creí jamás poder perder así la cabeza por él… porque de pronto ya no existía, porque mi vida se quedó vacía. Nadie contesta mis preguntas porque nada me queda sin él…

Se fue el perfume de sus cabellos, se fue el murmullo de sus silencios, se fue su sonrisa de fábula, se fue y la razón no la sé. Se fue me quedó solo su recuerdo, se fue y mi amor se cubrió de hielo; se fue, y la vida con él se me fue y desde entonces ya solo tengo lágrimas encadenada a noches de locura…hasta a la cárcel yo iría con él, toda una vida no basta sin él…

En mi verano ya no sale el sol, con su tormenta todo lo destruyó, rompiendo en mil pedazos esos sueños que construí ayer…si es que Dios ha de acordarse de mí, aunque sé, que entre él y yo el cielo tiene solo nubes negras. Lo buscaré, lo juro le encontraré, aunque tuviera que buscar en un millón de estrellas. En esta vida oscura absurda sin él, siento que, se ha convertido el centro el fin de todo mi universo. Si tiene límite el amor lo pasaría por él, y en el vacío inmenso de mis noches yo me pierdo. Le amaré…como le pude amar la vez primera, que en beso suyo era una vida entera, sintiendo como me pierdo…por él…

Ese día fue a la escuela, más decidida que de costumbre. Había dejado una nota afuera de la casa de Anaís y Lucy. Estaba decidida a algo, y nadie lo iba a cambiar ya.

Cuando llegó al parque, Lucy y Anaís ya la estaban esperando. Lucían preocupadas, y desorientadas. Ella las saludó con una pequeña reverencia.

Gracias por venir – les dijo.

Marina, estás muy delgada y pálida. ¿Te encuentras bien? –le preguntó Anaís.

Marina… - empezó Lucy – sé que piensas que somos unas…

¿Cobardes? ¿Indecisas?

Marina escucha…- dijo Anaís.

No, ustedes escuchen – interrumpió Marina – se convirtieron exactamente en lo que creí que se convertirían. Yo nunca fingí ser otra persona con ustedes, ¡dije la verdad todo el tiempo! Y fue a mí a la que no le creyeron.

Marina…

Miren, - dijo ella, en un tono más bajo – ni siquiera estoy enojada con ustedes. Vine aquí para decirles que sé el miedo que sienten de ver la verdad tal como es, su corazón las ha cegado. Yo era así, pero ya no lo soy más. Y la cosa es, que ahora ya no me importa lo que los demás crean de mí. Porque creo en mí misma, y sé que las cosas van a estar bien. Incluso que, la muerte de la persona que amaba me destrozó la vida, es su desconfianza lo que más me duele.

Lucy y Anaís comenzaron a llorar. Pero Marina no se detuvo.

Yo sé que las chicas con las que peleé en Céfiro están dentro de ustedes. Pero no puedo esperarlas para siempre. – dijo ella con los ojos llorosos – porque esperarlas así, es como esperar en esta horrible ciudad: inútil y decepcionante.

Marina continuó.

Voy a ir a Céfiro a aclarar las cosas. Quiero…no, necesito saber que fue lo que en realidad pasó. Puede que no lo logre, es cierto. Pero lo intentaré…

¡Marina! – dijo Lucy – pero…

También quiero que sepan – dijo Marina – que si logro ir a Céfiro ya no regresaré. Mi vida, ahora lo sé, no está en este lugar. Simplemente no encajo…

¿Te irás? ¿dejarás a tus padres?

Sé que ellos estarán feliz sabiendo que soy feliz. Y no soy feliz en éste lugar…estoy condenada a una vida que no elegiré, y no quiero eso. Por lo menos en Céfiro podré ver a Guru Clef en sus nubes, en su cielo limpio…en el Palacio.

Pero estarías viviendo, si eso que dices es verdad… a un simple recuerdo – dijo Anaís

Un recuerdo que me hace feliz – dijo Marina – aquí no hay nada que me motive.

Marina…¿No querrás pensarlo un poco más? – dijo Lucy

¡¿Qué no me ven? ¡Mírenme! ¿Qué no ven que estoy enferma del ánimo? – dijo Marina, desesperada – no puedo quedarme aquí. Soy un fantasma. Quiero ir a Céfiro y quedarme ahí…y esperar a que se me quite la tristeza.

Ya olvidé como hacer esgrima, como estudiar, como reír. No puedo seguir así o me perderé en mis propios pensamientos. Solo quería que lo supieran. Estaré éste sábado en la Torre de Tokio, a la hora en que fuimos invocadas por primera vez….adiós.