CAPÍTULO 12: ENFRENTAR UNA VERDAD.

.

.

.

.

.

Marina no se dio cuenta del riesgo que enfrentaba hasta que llegó a su casa. Enfrentar la verdad, tal y como era. Con los miedos, con las dudas…y si era cierto todo lo que había pasado…no era un sueño, no podía serlo.

Cuando llegó a casa encontró un álbum de fotos. Todas ellas eran similares…se vio de dos años, jugando con una gran casa de muñecas…estaba sola…en la fiesta de su décimo cumpleaños, llena de regalos, y de pequeñas niñas, pero sus padres no estaban ahí…habían ido de viaje. En su treceavo le habían hecho una gran fiesta llena de caprichos, pero el único ser querido de ella que aparecía era Linda.

En el catorceavo se había ido de viaje, pero con Linda. Sus padres no habían podido acompañarla…

Se había sentido tan sola y aburrida en aquel viaje…

Entonces se encontró con una pequeña foto mal tomada. Había sido de su quinceavo cumpleaños. Estaba ella, Lucy y Anaís en una máquina que saca fotografías en los centros comerciales. Las tres tenían las caras llenas de helado, las tres sonreían…

Fue el único cumpleaños que sonrió.

- Mis preciadas amigas…

Que diferente era su vida desde la primera vez que había ido a Céfiro. Había dado un giro de 360 grados…

Más triste que un mar, tras un naufragio...

Mis manos queriendo hablar, y el alma no

Se oyen crujir como olas, en la noche...tras el negro horizonte entre los dos

Hay un escalofrío congelado...presa de tus cadenas de marfil..

Un poco de calma, por Dios...

Dicen que soy distante, tan fría, tan bella..

que tengo una vida enigmáticamente perfecta.

Sigo pasando las noches en vela, vigilando tu respiración

Como pasa al final de una guerra, yo adorándote igual que a una estrella

sin recibir de ti, ni un centavo de amor...

Cerró la libreta y se fue a dormir.

El sábado llegó demasiado rápido. Todavía en el desayuno dudó, pero no…le dijo a Linda que iría a reunirse a la Torre con Anaís y Lucy.

Me alegra que vayas a ver a tus amigas, Marina – le dijo Linda con una sonrisa. – eso habla que estás mejor de salud.

Nunca estuve mal de salud – dijo Marina sonriendo levemente – lo que yo tengo no se cura con medicina.



-Lo sé – dijo Linda – y aunque nunca quisiste contarme nada, te comprendo. Siempre te he querido…

-Lo sé…

-Quiero que seas feliz…

Una punzada de dolor le invadió el corazón.

"Quiero que seas feliz"

-No me digas eso Linda – dijo Marina – por favor…tú no me abandones.

-¿Qué quieres decir?

-Nada…olvídalo – dijo Marina – me voy. Es tarde…gracias por todo.

-Hablas como si nos volviéramos a ver…

Caminó hasta la Torre. Eran casi las seis de la tarde. El atardecer cubría toda la ciudad de un anaranjado espectacular. Como aquella vez que regresaron por segunda vez…

Ya se le había olvidado lo hermosos que eran los atardeceres…

Todo lo bello se le había olvidado…

La gente pasaba igual como siempre. A Marina le parecía que había una enorme barrera invisible que ahora la separaba de los demás. Se sentía casi como de una especie diferente. Y no podía entender como es que aún había gente que le gustara sonreír, que tuviera hambre…

Una mano le tocó el hombro. Era Lucy, a su lado venía Anaís.

Las dos sonreían, pero sus miradas eran tristes.

-Marina…- dijo Lucy – he decidido que iré contigo a Céfiro.

-Yo también Marina – dijo Anaís – no quiero arrepentirme de nada para el futuro.

-Si, queremos solucionar las cosas – dijo Lucy – y no quedarnos con dudas cono en ése entonces con la princesa Esmeralda.

-Gracias chicas – dijo Marina y las abrazó. – No saben cuanto deseo…

.

Marina no pudo terminar la frase. Toda la Torre se iluminó, y las tres chicas quedaron ciegas. Marina sintió como la tierra temblaba, y que el estómago se le sacudía como si hubiese bajado de un elevador. Oyó a Anaís gritar, y después nada…

Abrió los ojos con lentitud y se sentó. Estaba tirada en un suelo húmedo y terroso. Grandes relámpagos se oían a distancia.

-¿Dónde…?

Vio a Lucy y Anaís tiradas a su lado. Se levantaron lentamente, muy desconcertadas. A su alrededor, muchos árboles rondaban el lugar.

-¡Esto es…! – dijo Anaís, llevándose una mano a la boca…

-Céfiro – dijo Lucy, muy seria. – pero no está como lo dejamos.

-Nada de lo bello existe ahora – dijo Marina - ¿Pero por qué?

Una risa estridente invadió el lugar. Las chicas se volvieron para mirar de donde provenía la voz. Una mujer de cabellos negros ondulados, y vestida de gitana las miraba socarronamente.

-¡Kara! – exclamó Marina.

-¿Cómo? ¿La conoces, Marina? – preguntó Lucy

-¡Por supuesto que me conoce! – exclamó Kara – Ya pasó algún tiempo, Guerreras Mágicas.

-¿Quién eres tú? – preguntó Anaís.

-Les preguntaría si es posible que me hayan olvidado – dijo Kara. Sonriendo – pero es obvio, lo que se dice entonces es cierto. Su memoria fue borrada…pero por alguna razón tú no olvidaste nada…

Le dirigió una mirada a Marina.

-Sé perfectamente lo que pasó – dijo Marina, desafiante. Y recordando a Rommel, Ascot y todos los que le habían hecho daño quiso írsele encima - ¡Nunca lo olvidaré!

-Ya veo – sonrió Kara. – que extraño…

-¿Creíste que podían engañarme? ¡Se equivocaron, no lograron borrar mis recuerdos!

-¿Engañarte? – dijo Kara, apremiante – por supuesto que no. El príncipe Rommel no ha borrado tus recuerdos, ni los de ésas niñas.

-¿Rommel? – dijo Lucy – entonces…es verdad…

-Lo que Marina decía…- completó Anaís.

-¡No mientas! – gritó Marina - ¡Sé perfectamente que quisieron borrarme la memoria y lo consiguieron con Lucy y Anaís!

-¿Y para que querría el príncipe borrar tus recuerdos y mandarte a tu mundo? ¡él quería destruirte, no protegerte!

Marina se quedó callada. Era verdad…si Rommel deseaba poseerla y matar a las demás Guerreras ¿Para que enviarlas a su mundo? ¿Para que borrar recuerdos? Si él solo quería tenerlas prisioneras…

-Como puedes ver, Céfiro ahora es diferente – dijo Kara sonriendo – todos los planes de mi querido príncipe se volvieron realidad.

-No puedo creerlo… - murmuró Marina, mordiéndose el labio inferior de rabia. - ¡¿Cómo pudieron hacer algo tan bajo?!

-Te lo explicaría, pero no…tengo órdenes de matarlas lo antes posible, Guerreras Mágicas. Adiós.

Lucy, Marina y Anaís gritaron al mismo tiempo. No podían morir ahí, no querían…de la mano de Kara salió una gran energía, que fue interceptada por otro gran resplandor.

Una pequeña criatura blanca estaba frente a ellas…

- ¡Puuu puuu!

-¡Nikona! – gritó Lucy - ¿cómo…?

De la gema roja de Nikona había salido un escudo que protegió a las chicas. Kara frunció el entrecejo, enfadada.

-Veo que ésa cosa se ha podido escapar del príncipe…- dijo Kara – al igual que ésa anciana. Ya me lo suponía, siendo su criatura mágica…

-¿Su criatura mágica? – preguntó Marina - ¿De quién?



-Tú sabes de quién – dijo Kara, sonriendo con maldad – voy a perdonarles la vida Guerreras Mágicas. Pero no será por mucho.

Entonces Kara desapareció.

-¡Espera! – gritó Marina, angustiada - ¡Tienes….tienes que contarme que pasó! ¡KARA!

-Marina…

Lucy se acercó a su amiga, consoladora. Anaís tomó a Nikona en sus brazos.

-Nikona, muchas gracias – dijo Anaís - ¿Por qué estas aquí? ¿Por qué no estás en el castillo?

-Es cierto…- dijo Lucy - ¿Dónde están los demás?

-Puu Puuu…

El tono de Nikona era triste. Sus orejas estaban bajas.

-¿Qué sucedió Nikona? – preguntó Marina, con temor - ¿Qué…que les ha pasado?

-Puu Puuupuuu!!

Nikona dio dos saltos, y les mostró un camino que iba hacia el Bosque del Silencio.

-Creo que Nikona nos llevará con quien puede darnos respuestas – dijo Anaís, acomodándose los anteojos.

-Es cierto…quiere guiarnos – dijo Lucy - ¿Te seguimos Nikona?

-Pupuuu!!

Nikona corrió a saltos y las demás la siguieron.

Los estruendosos rayos cada vez eran mas fuertes. Marina sentía como la tierra temblaba, y se iluminaba el oscuro Bosque.

Marina pudo ver, a lo lejos, un pequeño conjunto de flores…flores rojas. Era un círculo, perfectamente bien trazado, que le llamó la atención.

Sintió atracción hacia el círculo…quería entrar…

¿Pero como entrar en un círculo de flores? Era ridículo.

Entonces Lucy la llamó, y se dio cuenta que había dejado de correr. Después alcanzó a sus amigas, siguiendo también a Nikona.

Cuando Marina sintió que ya no podía sostener la respiración, Nikona se detuvo. Habían llegado a una gran casa…

-¡Esto es…! – dijo Lucy - ¿La antigua casa de Presea?

-Es verdad – dijo Anaís – es donde Presea se ocultaba de Zagato la primera vez que venimos. Donde nos fabricó las armas…

-¿Quién está aquí, Nikona?

-Pupuuu…

Nikona siguió caminando y la puerta se abrió, y se cerró automáticamente atrás de ellas.

Marina no podía creer que aquello fuese verdad. Después de lo que había pasado, Marina había perdido las esperanzas de volver a Céfiro. De averiguar la verdad, de quitarse las dudad del sufrimiento que no la dejaba ni dormir por Guru Clef.

Sintió como el corazón le latía con fuerza, y poco a poco se acercaron a una habitación que tenía una leve luz…

Podía ser posible…¿Podría ser Guru Clef tal vez? ¿ocultándose de Rommel? Marina no perdía la esperanza de ver en cualquier momento, detrás de esas altas paredes de piedra, el rostro de Guru Clef, y así ella podría dejar de llorar por las noches.

Vio una figura, (Y el corazón le latió mucho mas) pero no era quien esperaba. Una anciana, con el rostro demacrado estaba sentada en un sofá.

Airmed miraba con tristeza a las muchachas.

-Airmed… - murmuró Marina.

-Marina…- dijo la anciana atónita, y se puso de pie – Lucy, Anaís…¿Cómo es posible? Creí que estarían en su mundo…

-Lo estábamos – dijo Lucy – pero regresamos a Céfiro.

-¿Disculpe, quien es usted señora? – preguntó Anaís – no la conocemos.

-Si me conocen – dijo Airmed, sonriendo levemente – pero no me recuerdan. No nombre es Airmed…puedo ver que tú me recuerdas Marina.

-¿Por qué? – preguntó ella. – ah…sí, fui la única que mencionó tu nombre al verte.

-No – dijo Airmed poniéndole una mano en el hombro – porque tienes los ojos tristes.

Marina se sorprendió.

-Perdóneme…yo…

-No tienes que disculparte – dijo Airmed – han pasado cosas horribles en Céfiro. Nunca antes vistas, ni siquiera cuando el Pilar murió.

-¿Qué ha pasado señora? – preguntó Lucy – por favor, necesitamos saberlo.

-Bueno…yo no puedo regresarles sus recuerdos, pero puedo contarles lo que pasó.

Airmed las invitó a sentarse. Marina no cabía en sí de desesperación, necesitaba estar a solas con Airmed…preguntarle…

Ustedes llegaron hace casi un mes, (un mes místico) a Céfiro. Todos, supongo, estaban felices de verlas. Pero todo comenzó porque tuvimos diferencias con Chizeta. No nos mandaban productos, ni teníamos relaciones…así que fueron a investigar. Al mismo tiempo apareció Rommel. Un malvado príncipe, que ha poseído Céfiro.

-¡¿Ha poseído Céfiro?! – gritó Lucy – no es posible..

-Ahora los habitantes están bajo su poder. Él…ha tomado el Trono a la fuerza.

-¿Trono? ¡Pero sí no hay trono! – preguntó Anaís – Lucy lo anuló.

-Pero eso no quiere decir que no haya forma de que invada nuestro planeta. Él lo hizo…consiguió la espada que Lucy usó para anular el sistema del Pilar.

-Airmed…- dijo Marina, suplicante – por favor…necesito hablar contigo…a solas.

Anaís y Lucy se miraron, visiblemente confundidas. Pero lo entendieron, y las dos se retiraron lentamente de la habitación.

Airmed miraba con detenimiento a la muchacha, que tenía la vista baja y los puños apretados. ¿Cómo empezar?

-Airmed…¿Qué…que pasó? Yo sólo…recuerdo haber sido transportada a Tokio…¿Cómo consiguió Rommel la espada del cuarto sagrado? ¿Dónde están Presea, Latis y los otros?



-Marina…- dijo Airmed con tristeza – sé que no es eso lo que necesitas saber. Desgraciadamente…solo puedo decirte que todo lo que pasó no fue un sueño.

-No…no fue un sueño – repitió Marina – eso significa que…Guru Clef…¿él…ya no está aquí…?

Airmed cerró los ojos. Pareciera que cada palabra de lo que decía le causaba un profundo dolor.

-No siento su presencia en Céfiro.

Entonces, como aquellos primeros días de su depresión, a Marina le brotaron lágrimas que no podía controlar.

-Entonces…es verdad…

-Yo no vi nada – dijo Airmed – cuando te avisé que Guru Clef estaba en peligro es porque lo vi sufriendo en mi sueño. Estaba encerrado, sabía que Rommel le haría algo malo…solo que no sabía que fuera directamente por Ascot…

-Ascot…- murmuró Marina, apretando los puños.

-Cuando llegué a la sala del Trono no había nadie. Mas que Ascot, que estaba inconsciente en el piso. Sin embargo, Guru Clef no estaba…pero sí una daga, manchada de sangre.

-La sangre de Clef…

Salí de la sala del Trono y todo empezó a temblar. Entonces, pude ver a Rommel, entró al cuarto de la corona…

-¿Cómo pudo hacer eso?

-Supongo que al herir a Guru Clef utilizó por fin su anillo. Y consiguió la espada, y pudo dominar a todo Céfiro.

-Un momento – dijo Marina, recordando – dijiste que Guru Clef no estaba en la Sala del Trono. ¡Yo lo dejé ahí! Tal vez…¡Tal vez él está vivo!

Airmed negó con la cabeza.

-Marina, - dijo Airmed – no quiero engañarte. Recuerdas que, cuando murió Presea, ¿No pudieron enterrar su cadáver?

-Si…- dijo Marina, y su rostro se ensombreció – ella…desapareció.

-En Céfiro, cuando un ser que tiene poderes mágicos muere, desaparece…- dijo Airmed – no hay prueba alguna, mas que quien haya estado a su lado.

-Entiendo…- dijo Marina, sintiendo mas dolor que nunca.

Ahora estaba segura que había perdido a Clef para siempre.

-No debes llorar – dijo Airmed con ternura – él no querría eso.

-No puedo evitarlo – dijo Marina – pero no voy a dejar esto así. Créeme, la muerte de Clef no va a ser en vano. Voy a vengarlo…

-¿Vengarlo? – preguntó Airmed, confundida. – Marina…¿Qué vas a hacer?

-Rommel es el culpable de todo – dijo Marina - ¡Nunca lo perdonaré!

-Guardar ése resentimiento no solucionará las cosas Marina…

-¡No voy a ignorar lo que ése maldito le hizo a Guru Clef! – gritó Marina, con lágrimas en los ojos – Rommel me quitó lo que yo más quería en el mundo. ¡Lo va a pagar!

-Sé lo que sientes – dijo Airmed – pero…no hay forma de que puedas hacer que Guru Clef regrese…ya no hay un Pilar que pueda revivir a los muertos.



-Lo sé…pero voy a salvar a Céfiro de ése maldito príncipe enfermo. No le importó matar personas…¡No le importó matar a Guru Clef porque le estorbaba! Un ser así es el que no merece vivir…

-La vida es injusta Marina…Esmeralda no hizo mas que querer a una persona, de ser sincera con sus sentimientos. Y lo único que consiguió fue que la destruyeran.

-¡Pero no es lo mismo! – rugió Marina - ¡Esmeralda eligió su propio destino! Y fue feliz al fin…además su muerte fue porque ella quiso causar un bien. Rommel no…

-Marina, - dijo Airmed alzando la voz, porque Marina no la escuchaba - ¡no puedes actuar sin información! Debemos investigar que fue lo que orilló a Rommel a invadir Céfiro. Debe de haber una razón…

-Ni siquiera Tata y Tatra lo saben – dijo Marina mirando el suelo – no hay forma de hacer nada…

Airmed se dio vuelta, mirando hacia la ventana. Donde los relámpagos partían el cielo en luz.

-Yo sé…- dijo Airmed – como te sientes…

-No…- dijo Marina – nadie lo entiende. No puedes entenderlo…

-Sé que lo amabas – dijo Airmed y Marina se sorprendió – yo también lo amaba. De una forma diferente, sí, pero también lo amaba.

-Usted era…¿Su madre?

-No – sonrió Airmed – pero cuidé de él desde que era pequeño. Cuando él fue separado de su familia, yo hasta lo vi nacer.

-Es increíble…

-Marina – dijo Airmed volviendo al tono serio de antes - ¿Recuerdas, la historia de la que les hablé? ¿la de las Runas del Poder?

-Si – contestó ella – lo recuerdo.

-Podemos conseguirlas, y sé que podremos vencer a Rommel. Fata Titania me lo dijo…

-Fata Titania es la reina de las hadas, ¿No es así?

-Sí – dijo Airmed – pero necesito a tus amigas aquí. Debo explicárselos a las tres. Lo antes posible, puede ser tarde después…

.

.

.

.

.

Ajá! Uno más amigos. Espero que les haya gustado, por favor díganme si es gustó. D, ¿Saben? siento que cada vez toma mejor forma y esperen a lo que sigue. Les gustará...bueno eso espero XD

Kayleigh...