CAPÍTULO 15: LA AMISTAD DEL TRISTIFER, EL SAPO HISTORIADOR, Y LA SIRENA AMBICIOSA.
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Las tres guerreras gritaron alarmadas, mientras la criatura lloraba estruendosamente.
Ellas se quedaron paralizadas, como si hubieran esperado que gruñera, no que llorara. Era enorme y estaba cubierta por una capa de algas y lodo. Les llegó un olor nauseabundo y las chicas retrocedieron.
Entonces, la bestia se inclinó ante las chicas.
-¿Por qué lloras, niña? – le dijo a Marina – eres…tan hermosa…no tienes de que llorar. En cambio yo…
la bestia rompió en llanto. Las guerreras, un tanto confundidas se miraron. Aquella criatura les causaba lástima.L
¿Por qué…por qué lloras? – preguntó Lucy.
-Ahhh…- se quejó – no sé si lloro de estar tan feo. O estoy feo de tanto llorar…
-Que patético – dijo Marina en un susurro desagradable. Anaís la miró con desaprobación. Marina se encogió de hombros, algo arrepentida.
-¿Por qué…? – preguntó de nuevo Lucy (y sabemos que Lucy es la que mas se compadece de los demás de las tres) - ¿Por qué no dejas de llorar?
-No sé – sollozó – me llamo Tristifer. Una bruja me condenó a vivir así…no puedo dejar de llorar nunca…
-¿No hay forma de eliminar el hechizo? – preguntó Marina.
-Sí…- dijo amargamente el Tristifer - deben hacerme reír…
-¡Ah! – exclamó Lucy alegremente - ¡Eso es fácil! Amm… déjame ver, - entonces Lucy cogió una rama y le hizo cosquillas a la bestia.
Hasta que se cansó, Lucy tiró la vara enojada. No había servido de nada. El Tristifer seguía llorando y moqueando.
-Podríamos…- sugirió Anaís – hacer cosas ridículas.
Y así lo hicieron, Lucy se puso a bailar como un mono, Anaís no dejaba de brincar y poner cara de tonta, y Marina hacía gestos tan graciosos que hasta ella terminó riéndose de sí misma.
-¡Se supone que el que debe reír soy yo! – se quejó el Tristifer angustiado – y las que se ríen son ustedes. Se ven tan lindas riendo…
-Me rindo – dijo Lucy – no hay forma de hacerle reír.
-¿Por qué no funciona? – dijo Marina – se supone que la leyenda lo dice.
-¡Eso es! – exclamó Anaís – Si todo es por una leyenda. Debemos inventarla nosotras. Solo así podremos revertir el hechizo.
-Pero…- dijo Marina.
-¡Esta es la tierra de las hadas! – dijo Lucy – intentémoslo. Se aclaró la garganta y dijo – " "Lucy, decidida a eliminar el terrible hechizo del Tristifer, tomó su espada, y entonces…cortó su cabello" Y Lucy se cortó un gran tramo de su larga cabellera, Marina y Anaís dieron un respingo " Y Lucy lo arrojó al lago en pago por la libertad del Tristifer…"
Lucy así lo hizo. Aventó su cabellera pelirroja al lago, que tardó en hundirse. Entonces el Tristifer también se hundió. Un millón de luces salieron del agua…
Las chicas se miraron sorprendidas. Y en unos segundos, un hombre de cabello rubio con una coleta, vestido de ropas azules y sedosas salió del lago.
Las guerreras se miraron, sorprendidas.
-Muchas Gracias, Lucy – dijo el hombre – me has liberado. ¿Cómo podré pagarles?
-¡No sabía que funcionaría! – exclamó Lucy, - se me ocurrió porque Anaís dijo lo de la leyenda. Y…
-Y me salvaste de este terrible aspecto – dijo el Tristifer – gracias, niñas. ¿Cómo podré pagarles?
-¿podrías regresarme mi cabello? – preguntó Lucy inocentemente. El Tristifer sonrió algo melancólico.
Lamento la pérdida de tu cabello, Guerrera – dijo – no puedo hacer que te crezca. Pero puedo darles esto. – sacó un pequeño medallón – esto las protegerá mientras están en este mundo. Pero no entiendo… ¿Cómo es que han entrado aquí?
Anaís y Lucy no pudieron evitar mirar a Marina. Esta enrojeció violentamente.
-Yo…entré por el círculo de Flores. Seguí a…un elfo.
-¿Por qué lo seguiste? – dijo el Tristifer asombrado
-Porqué creo que lo amo – dijo Marina sin pensar. Anaís y Lucy la miraron como si estuviera loca.
-O crees que lo amas – dijo el Tristifer consolador – mira, los elfos son una raza caprichosa. Y en éste mundo el amor no existe. No lo sigas más, querida niña.
-¡Pero…!
-Te arrepentirás si lo haces – le advirtió – lo mismo va para ustedes. Su amiga ya se ha fijado en un elfo, protéjanla o estará en problemas. Ahora, cuídense mucho.
-Por cierto – dijo Anaís - ¿Cómo es que Marina no pudo pasar por el lago? Ella dice que el elfo si pudo.
-Marina debió pedirme permiso a mí y al agua, aquí no es como en su mundo – dijo el Tristifer – hasta el más mínimo detalle posee vida y voluntad propia. No importa, de hoy en adelante cuídense y no se fíen de nadie.
-Airmed también nos dijo eso – dijo Lucy
-Y tiene mucha razón – terminó. – hasta luego, queridas Guerreras. No sé a qué vienen, pero estoy seguro de que lo conseguirán, porque he visto que en su corazón hay un gran valor.
-Las Guerreras Mágicas continuaron su camino con Nikona de líder. Marina no podía dejar de pensar en lo que el Tristifer les había dicho, sin embargo, por alguna tonta razón Marina no podía dejar de pensar en Aliso.
-¡Miren! – dijo Lucy señalando el horizonte – parece que allá hay algo.
Airmed dijo que debemos encontrar las tres Runas – dijo Anaís - ¿pero como?
-El medallón del Tristifer está brillando – dijo Marina – estoy segura que es una pista. Lucy, que llevaba el medallón al cuello se dio cuenta de eso.
-El Medallón tiene color azul – dijo Anaís – tal ves debemos ir al mar.
-¿Creen que en el mar encontremos la solución? – dijo Marina.
-PU PUUU!!
-¡Nikona dice que sí! – dijo Lucy entusiasmada – Vamos. No perdamos más tiempo.
Caminaron largo rato, y, aunque estaban hambrientas y cansadas, la pista del Tristifer las había alentado tanto que no pudieron parar.
Alcanzaron a ver el azul mar que se imponía ante ellas. Antes de llegar, había grandes manantiales y luciérnagas que brillaban en todos lados.
Escucharon un croack, croack detrás de ellas. Las chicas se dieron vuelta para encontrar un gran sapo. Vestido con telas llamativas y una pluma en la mano.
-Es un… sapo – dijo Anaís seriamente.
-¡Claro que soy un sapo! – exclamó este, ofendido.
-Y… habla – dijo Marina con sarcasmo.
-Señor sapo… amm…díganos, ¿Hay algún modo de cruzar el mar sin ser atacadas por el agua? – preguntó Lucy.
-¿Qué? ¡Yo no sé niña, no me molestes! – dijo el Sapo – deberías dejarme hacer mi caligrafía en paz.
-Pues no parece que le salga muy bien – dijo Marina mirando la horrible letra del Sapo.
-¡Pues no! – gritó el sapo enojado - ¡No me saldrá si siguen molestándome! ¡Váyanse de aquí, ya tengo suficiente con éstas luciérnagas como para soportarlas también a ustedes! ¡Fuera, Fuera!
Las muchachas retrocedieron, y el sapo les seguía gritando.
-Hay pero que modales, no creen…- opinó Anaís ajustándose las gafas – mejor tomemos otro camino. Por los manantiales nos volverá a echar…
-Sapo idiota – dijo Marina mal humorada – seguro que él sabe como pasar el océano para encontrar la segunda pista.
-Ni hablar – dijo Lucy sentándose sobre la hierba - ¿Y si nos quedamos aquí a dormir,? Ya va a anochecer.
-Y así pensamos en otra manera para pasar – dijo Anaís.
Así lo hicieron. Lucy, que dormía profundamente junto con Anaís estaban al lado de Marina, que no había siquiera podido cerrar los ojos. Seguía pensando en el hermoso rostro de Aliso, y una idea descabellada y emocionante se le vino a la cabeza.
Se levantó y se vistió con rapidez, entonces salió a oscuro Bosque.
Caminó de nuevo hasta los manantiales y encontró de nuevo al sapo, refunfuñando porque no le salía la caligrafía.
-Oye, Sapo – lo llamó Marina con una sonrisa - ¿no has visto un elfo pasar por aquí?
-¿Elfo? – repitió el sapo enfadado - ¡Soy un escritor, niña tonta! ¡No sigo el censo de los elfos! Niña tonta, aunque bonita…
-Por favor – dijo Marina – tiene el cabello lila y ojos azules. Estoy segura que pasó por aquí…dime, ¿Lo has visto?
-Yo veo cientos de elfos todos los días – replicó el Sapo – pude verlo, pude no. ¡Quién sabe!
-Si me dices a donde se fue te enseñaré a escribir – propuso Marina- veo que no tienes buen pulso.
El sapo la miró un momento.
-De acuerdo. Haremos esto, tú me das un beso y te muestro el camino para que te lleve hasta el elfo.
-¿Beso? – preguntó ella, desconcertada – pero…¿no querías aprender a escribir?
-Por eso, si me das el beso me transferirás tus conocimientos. Además, puede que me convierta en príncipe. Aunque eso no me importa, porque soy un escritor…
-Pero…- dijo Marina, de ningún modo quería besar ésa cosa - ¿No quieres que te enseñe como me enseñaron a mí? Con práctica y…
-¡No, no! – exclamó el Sapo emocionado – no hay tiempo para eso. Además, quiero que me beses.
-Hay…- meditó Marina. Por una parte, quería seguir al elfo, pero tener que besar a un sapo…
-Anda, ¿A qué estas esperando?
Ver de nuevo a Aliso era como ver de nuevo a Clef. Y tal ves, ya que Clef no iba a regresar nunca a su lado, podía quedarse con Aliso para siempre.
-De…de acuerdo…
Marina acercó sus delicados labios a la boca del sapo, que cerró los ojos y, apenas tocó los de Marina, ella se apartó con gesto de asco.
-¡Muy bien! – dijo el sapo – toma, una de éstas luciérnagas te guiará a donde quieres llegar.
-Amm…. – dijo ella limpiándose disimuladamente la boca – gracias…
-¡Sí, sí! Ahora vete, porque quiero estrenar mis nuevos trazos. ¡Fuera, fuera!
Volvió a echar a Marina.
Marina le dirigió una mirada de desdén, y siguió a la pequeña luciérnaga que ahora había emprendido el vuelo hacia el mar. A lo lejos, se veía una isla, y sobre una pequeña colina, un castillo que apenas se deslumbraba en la oscuridad.
Aunque estaba cansada, tenía el hermoso rostro de Aliso grabado en la frente como hierro ardiente, así que se olvidó del hambre, de la sed, y siguió a la luciérnaga a paso rápido.
En la mañana, el sol apenas podía salir entre tanto árbol de copas frondosas. Anaís fue la primera en despertar, y al no ver a Marina se asustó.
-¡Lucy! – sacudió a la pelirroja - ¡Marina no está, se ha ido a buscar al elfo!
-Mmmm… - murmuró Lucy aún dormida – pero…¿cómo sabes? A lo mejor fue a bañarse al río o…
-¡Claro que no! – dijo Anaís seriamente - ¡Levántate, vamos a buscarla!
Lucy, aún medio dormida, salió con Anaís a buscarla. Nikona comenzó a dar saltos por todas partes, buscando también a la muchacha.
-¿Crees que haya ido a buscar al elfo? – preguntó Lucy preocupada.
-Espero que no – repuso Anaís – ya viste lo que nos dijo el Señor del Lago. – dijo que era peligroso que lo siguiera.
-Si una humana siguió a un elfo, no creo que le traiga nada bueno.
La voz que se oyó a espaldas de las chicas provenía de otra. Era una muchacha muy bella, de cabello anaranjado y una flor en el cabello.
-¿Quién eres? – preguntó Lucy.
-Mi nombre es Zayra – dijo ella, y entonces se asomó un poco más del mar y dejó ver una cola de pez.
-¡Oh! Eres…una—
-¿Sirena? – dijo la chica arqueando una ceja, mirando a Anaís con desdén – claro que sí.
-Es que…jamás habíamos visto a una – explicó Lucy – pero no fue su intención faltarte el respeto.
-Así son los humanos – dijo la sirena con un gesto de poca importancia – nunca saben nada.
-¿Por qué dijiste que era peligroso que Marina siguiera a un elfo? – preguntó Anaís, algo enfadada por la actitud de la chica. No le había caído nada bien.
-Para ningún humano común y corriente es apropiado. Pero eso se ganan por meterse en mundos que no son suyos – dijo la Sirena mirando su bonito reflejo en el agua – seguramente su amiga acabará tan hechizada que se auto destruirá.
Dicho esto, se puso a reír. Anaís y Lucy se miraron con gravedad.
-Nosotras no somos humanas comunes – dijo Lucy, defendiéndose – somos Guerreras. Guerreras Mágicas.
-Y nuestra amiga también – completó Anaís.
-Ah…- dijo Zayra – pues entonces si posee magia tal vez pueda tener voluntad. ¡a estas alturas ya debe estar loca por cualquier elfo!
-Se enamoró de él porque le recuerda a alguien – dijo Anaís, - pero no porque lo ame realmente.
-Claro que no lo ama – explicó Zayra con una sonrisa – aquí eso no existe. Pero podemos sacar ventajas.
-¿Ventajas? – se extrañó Lucy.
-Sí, por ejemplo si me das ésa joya que tienes en tu guante te diré donde puedes encontrar a tu amiga.
-Pero…- dijo Lucy - ¡es mi gema mágica! Con ella puedo usar mi espada. Y si no la tengo…
-Entonces olvídalo – dijo la Sirena a punto de regresar al mar – yo la quería para un lindo prendedor.
-¡No, espera! – dijo Anaís – am…mira, te daré este medallón.
Anaís le mostró el medallón que les había regalado el señor del lago. Zayra miró el medallón con ambición.
-¿Dices que te lo dio el Señor del Lago? – se extrañó.
-Sí, porque liberamos al Tristifer y pudo ser libre de nuevo.
-¿¡Como que liberaron al Tristifer?! – se sorprendió - ¿Cómo lo hicieron?!
-Es una larga historia – dijo Lucy – ¿entonces, aceptas el medallón?
-Pues claro – repuso y lo tomó en sus manos. – Hoy en la noche, Fata Titania tendrá una fiesta. Todos los días de luna llena las hay. Seguramente su amiga estará allí.
-¿Y como estas tan segura que Marina estará en esa fiesta? – inquirió Anaís.
-Porque estará llena de elfos – sonrió sarcásticamente. – es en esa Torre, cruzando el mar.
Anaís y Lucy se volvieron y miraron la alta Torre de Fata Titania. No se veía muy lejos.
-Gracias – dijo Lucy.
La sirena se sumergió en el mar y las chicas comenzaron a caminar hacia la costa.
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Otro más. Esto avanza a paso lento, pero me gustan los fics así. ¿A ustedes les gustó?
Kayleigh.
