CAPÍTULO 16: LUNED, LEYNA, Y LENCÉIRA.
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Marina, quien había llegado ya a donde empezaba el mar se le cayó el alma a los pies. ¿Cómo iba a lograr pasar? No tenía un bote, y sin embargo, las ganas le carcomían el pecho por volver a ver a Aliso.
-Esto no es normal – se dijo Marina, atontada – ¿Qué me está pasando?
La luciérnaga esperaba a Marina, como ésta no la seguía.
-¿Cómo podré pasar?
Se sentó en una roca, cerca del agua y se puso a pensar. En ése Mundo su genio no podía salir, Airmed ya se lo había dicho. Y si intentaba pasar, seguro le pasaría como en el lago. El agua la trataría de absorber. Y el Señor del Lago había dicho…"No, hubieras tenido que pedirle permiso al agua para pasar. Tiene vida propia…también a mí…"
-¡Eso es! Solo tendría que pedirle permiso al mar para pasar.
-Ammm…- dijo Marina, se sentía tonta hablándole al agua. – quisiera…me gustaría mucho poder pasar al otro lado…por favor, me…¿Me permitirías pasar…?
El agua lógicamente no se movió. Ella intentó poner un pie encima de esta, y preparada para ser absorbida o al menos eso creía ella. Inesperadamente, el pie de la chica flotó sobre el agua. Como si fuera piso de cristal.
-¡No puede ser…!
Y sí, Marina intentó poner el otro pie, y tampoco se sumergió. Comenzó a caminar, insegura, y se dio cuenta de que no se estaba hundiendo. Entonces, feliz, empezó a correr. Se sentía ligera corriendo sobre el agua, ligera, libre.
Siguiendo a la luciérnaga, que iba a toda velocidad hacia la Torre de Fata Titania.
Guiadas por Nikona, la guerrera del Fuego y del Viento llegaron a la brillante costa. El mar, de un azul profundo, abría paso a la colina donde estaba la Torre.
-No podemos cruzar el mar – dijo Anaís. - ¿Qué haremos?
-Pues…- dijo Lucy… - ¡ah, mira!
Anaís volteó a donde su amiga le señalaba, y vio una pequeña barca que estaba dispuesta a partir de la costa. Sin pensarlo mucho, las chicas se echaron a correr hacia allí.
Eran seis personas únicamente los que iban en la barca. Todos varones. Las muchachas se pararon en seco al verlos. Dos de ellos tenían una extraña máscara plateada en la cara.
-Eh…- empezó Lucy – disculpen, ¿Van…hacia la Torre?
-Ustedes son las Guerreras Mágicas – dijo uno de ellos, que parecía un niño.
-¿Cómo lo saben?
-Hay un Sapo relatando su historia con el Tristifer por todo el Reino – dijo otro hombre - ¿Es verdad que rompieron el hechizo?
-Sí – dijo Anaís.
-Podrían…¿Llevarnos a la Torre…em…por favor? – pidió Lucy. Los hombres, de repente sonrieron.
-Por supuesto – dijo uno de ellos – pero solo si nos cuentas como fue la aventura del Tristifer.
Y como convencieron a Zayra de que las dejara ir.
-¿Nos dejara ir? – preguntó Anaís confundida – ella solo quería una joya.
-Ah, sí – dijo otro hombre – si no se la hubieras dado te habría convertido en espuma de mar.
-¿¡En serio?! – dijo Lucy aterrorizada - ¡Parecía muy gentil!
-En este lugar no todo es lo que parece – dijo el hombre y sonrió al ver que Anaís lo miraba con desconfianza – no te preocupes, nosotros no les haremos nada.
-No tenemos poderes – dijo otro – somos solo hombres.
-Ah, - dijo Lucy - ¿por qué traen esas máscaras? ¿Y porqué están aquí, entonces?
La barca empezó a andar por el mar mientras dejaban atrás la costa. Como Nikona no parecía inquieta, ellas supusieron no había nada que temer con aquellos desconocidos.
-Yo una ves fui al Bosque a cazar – explicó uno – vi a un hada y me enamoré de ella. Era hermosa…y tomé té que me ofreció. Ya no pude regresar nunca a mi mundo…
-Que terrible – dijo Anaís – o sea que, si comen algo de aquí son condenados a permanecer a éste mundo para siempre. Nos lo contó una amiga.
-Yo tengo esta máscara porque tenía una enfermedad en la piel – dijo uno de ellos triste – soy de Chizeta. Ahí te destierran si estás enfermo de algo estético. Para ellos el cuerpo humano y la belleza es lo más importante…
-¿Te desterraron de Chizeta? – dijo Lucy
-Así es. Por eso me fui a vivir solo, al bosque. Me fui a Céfiro porque me dijeron que en ése planeta uno se rige solo. Nadie impone reglas, y entré sin querer al Reino.
-Pero no nos has dicho que pasó con ésa máscara…
-Fata Titania me curó. Ya estoy curado…
-¡Eso es maravilloso! – exclamó Anaís – ya no tienes dolor.
-No, - dijo el hombre con una sonrisa amarga – pero no podré regresar nunca. Quisiera ver el sol en todo su esplendor. Me gustaría…envejecer.
-¿Envejecer?
-Sí. Aquí siempre será así. Seré eterno y con la misma apariencia…a veces me canso tanto que desearía huir a mi mundo otra ves.
-¡Pero...! – se quejó Lucy - ¡Si volvieras a tu mundo morirías! Y…te tratarían mal, como lo hicieron antes. Fata Titania te ayudó…
-Sí – dijo el hombre - ¡Y estoy muy agradecido! Pero vivo encadenado a la Reina de las Hadas. Para siempre…no soy dueño de mí mismo.
Anaís y Lucy se miraron con tristeza.
Ya habían llegado a la mitad del mar. Se acercaban a la costa, cerca de la Isla de la Colina. Hacía un viento fuerte y frío.
-Mira esto – dijo otro hombre – ella era una Reina de Farem.
Anaís, que apreciaba mucho ése planeta se acercó. Era un estatua de madera, una mujer de largos cabellos y rostro perfecto.
-Oh…es muy hermosa, pero…
-Se enamoró de un elfo, y éste fue su destino – explicó – está condenada a ser una estatua para siempre. Si les das tu alma a éstos seres, te aceptan. Pero lo que hagan después contigo es asunto únicamente de ellos.
-¡Qué horror! – exclamó Lucy y se acercó para verla – su único error fue enamorarse…
-O eso creía ella – dijo el hombre.
Anaís sintió mucha pena por ella. Le tocó el rostro.
-¿Puede sentir?
-No. No siente, solo oye y ve, su corazón se conmueve, su cuerpo no.
-Hermosa, - dijo Anaís con lástima – serás hermosa siempre. Muy valiente, vamos a contar tu historia en una canción y todos llorarán al escucharla.
-Sí – dijo Lucy – hablaremos de tus rizos de oro que nunca encanecerán y como eres parecida al cisne que se desliza sobre el agua.
-Y no te olvidaremos, jamás. – terminó Anaís.
Los hombres las miraron con afecto. Y el barco llegó hasta el muelle. Uno de los hombres ayudó a bajar a las Guerreras y les dijo:
-No prueben nada. Aunque tengan hambre o tengan sed. Y Fata Titania se verá obligada a darles su libertad cuando quieran. Es la ley.
-Gracias – dijeron las Guerreras Mágicas.
Marina terminó de correr. Entonces, se lastimó la planta del pie con una roca puntiaguda que sobresalía en el agua. Llegó hasta el suelo, le pareció muy pesado en comparación a correr en el agua. Se sentó en una roca, y se vio el pie.
Tenía una pequeña rajada en él. Si estuviera con Anaís y Lucy, Anaís le hubiera curado la herida. Entonces se puso a pensar seriamente. ¿Por qué se había alejado de sus amigas? ¿Era realmente por Aliso? ¿O solamente porque desde que Guru Clef había muerto ella solo se sentía ajena a ellas? ¿Cómo un ser de otra especie?
No era justo. Siempre se había sentido así. Toda la vida. Desde pequeña, las demás niñas eran felices con sus lujos y comodidades. Ella no. Siempre deseaba algo más, aventuras especiales, conocer gente en verdad valiosa. Que la amara, como ella era.
Y al fin que encontró la verdadera amistad, necesitaba el amor. Un amor, uno que la entendiera de verdad, y justo cuando estaba segura que esa persona maravillosa había llegado a su vida se la arrebataban.
No pudo evitar sollozar. Hubiese sido mejor quedarse con sus amigas. Ahora estaba sola, y aunque con las ganas de ver a Aliso mas que a cualquier otro, triste. También culpable. ¿Y las Runas? ¿Y Céfiro? ¿cómo podía ella pensar en Aliso mientras su adorado planeta se destruía por culpa de Rommel?
Comenzó a llorar como una niña. Con las rodillas en su cara y los brazos abrazándose a sí misma.
-Es inútil…estoy sola. Siempre he estado sola…
Entonces, sintió una mano apoyada en su hombro.
-Marina …no estás sola.
Giró la cabeza, asustada. Y vio la cara amable de Anaís, y la alegre de Lucy encima de ella.
-¡Lucy, Anaís! – Marina las abrazó con fuerza. – Perdónenme…
-Sabemos lo que pasa – dijo Lucy – lo importante es que ahora estamos juntas.
-Y no nos separaremos ya, ¿Entendido? – dijo Anaís. Como siempre, con ese tono de voz que parecía la mamá del grupo.
-Sí, ¡Claro que sí! – volvió a abrazarlas.
-¡PUPUUUUUUUU!!
-¡Nikona! ¡también me da gusto verte! Chicas, he pasado por mucho. Pude pasar corriendo por el mar…
-En cambio nosotras vinimos en barca – dijo Lucy – y unos hombres nos contaron…
Y Lucy le contó a Marina toda la historia, la de la reina de Farem, la de todos. Marina entendió la gravedad del asunto. Pero extrañamente en su cabeza no se borró ni la imagen, ni el nombre de Aliso. Pero no quiso decirles nada a sus amigas, pues volverían a regañarla y ella estaba convencida de que pensar en el elfo era algo que no podía controlar.
Decidieron, antes de ir a la Torre de Fata Titania, encontrar de una buena ves las Runas del Poder. Mientras Nikona corría hacía un desfiladero, que daba con la costa y se extendía abismalmente.
Las muchachas se detuvieron en seco al ver como Nikona daba saltitos en la orilla de aquel precipicio.
-¿QUEEE?! – gritó Marina, con el tono de voz que siempre peleaba con Nikona - ¿Estás diciendo, que tenemos que bajar??
-Creo que sí – apuntó Anaís alistándose los anteojos – es lo más lógico.
-¿LOGICO? - gritó Marina histérica, mientras a Lucy le salía una gotita y orejas - ¿CÓMO DEMONIOS VA A SER LÓGICO BAJAR?
Anaís rió por lo bajo.
-No tenemos opción – suspiró Lucy – tendremos que bajar.
El día avanzaba y las Guerreras Mágicas intentaron bajar poco a poco el desfiladero. Mientras Nikona daba grandes saltos, Lucy era la siguiente en bajar, rápida y con una gran condición. Seguida por Anaís, que aunque pisaba con cuidado seguía a la pelirroja. Y por último, Marina. Que odiaba las exploraciones y más que odiarlas no estaba acostumbrada a ellas.
-Tengan cuidado aquí – anunció Lucy – está muy escarpado…
Pero antes de que las chicas pudieran oírla, oyeron el grito de Lucy, mientras descendía a toda velocidad sobre las rocas.
-¡AHHHHHHHHHH!
-¡Lucy!
-¡LUCY! – gritó Marina.
Pero no había rastro de ella. La llamaron varias veces, y sin embargo no les respondió.
-Tenemos que buscarla – dijo Anaís - démonos prisa.
Lucy se sobó el trasero y se sacudió un poco el traje. Estaba bien, solo algo raspada y rasguñada por algunas ramas.
-Al menos no estoy herida – se dijo.
Frente a ella había una serie de lianas y extensa vegetación que le cerraba el paso. Continuó su camino, aunque sabía que no era prudente dejar a Marina y Anaís atrás, no podía evitar estar fascinada con la cantidad de especies vegetales y animales que se encontraba.
¡Y es que ella amaba la naturaleza!
Siguió caminando hasta que el paisaje que ella veía parecía una auténtica selva. Y sin embargo, sentía la Runa, podía sentirla como la llamaba, estaba cerca. Aceleró el paso y no le importó que las botas se le hundieran en el suelo terroso y mojado, llegó corriendo hasta dar con una alta puerta de piedra.
En ella estaban grabadas símbolos que ella no entendía, apenas la tocó, la puerta se abrió de par en par causando un ligero temblor y que ella se sobresaltara.
-¡Ah!
Daba la apariencia de ser una cueva. Por dentro, a diferencia de toda la vegetación que había, era nula por dentro. Solo altos muros de piedra y una humedad visible. Apenas tocó con el pie el interior una suave voz femenina se oyó:
-Sólo la Runa tus manos han de tocar.
Lucy miró al techo para ver de dónde provenía la voz, y entonces Nikona apareció al lado de ella.
-PUPUUUUUUUUUU!!
-¡Nikona! – exclamó alegremente - ¿Dónde están Marina y Anaís?
-PU- PUPUUU…
-Ya veo – dijo Lucy – mejor me apresuro. ¡Tal ves hasta les dé la sorpresa de que tengo la primera Runa!
Siguió caminando con Nikona detrás de ella. Y mientras mas avanzaba, mas oscura y húmeda se volvía la cueva. Al dar vuelta en una serpentosa escalera, se encontró en otro mundo: al menos diez salones llenos de monedas doradas, plateadas, miles de joyas amontonadas de esmeraldas, rubíes zafiros y toda clase de piedras preciosas que ella jamás haya visto siquiera en sueños. Además habían copas, trajes y vestidos de seda estampados en oro y alhajas, platones y una variedad exorbitante de tesoros que ella deseó tener otros cinco ojos para ver mejor cada uno de ellos.
-Que maravilla…
Siguió caminando encontrándose cosas cada ves mas hermosas y llamativas. Al fondo, (ya había caminado cerca de veinte minutos) encontró un pequeño mural de piedra. Tenía una mujer grabada con las manos extendidas, y dentro de ése hueco en sus manos, una pequeña piedra de color rojo brillante.
-¡La Runa! – exclamó Lucy triunfante - ¡es la Runa,!
Lucy extendió la mano, y entonces vio algo más espectacular que la Runa: Un hermoso collar de rubíes que estaba cerca de ahí.
-Guau… - dijo Lucy acercándose a él , y Nikona se interupuso para no dejarla pasar - ¡Deja, Nikona! Solo voy a verlo…probármelo tal ves…
No había ido a eso. A probarse joyas, y sin embargo no podía controlar la necesidad de tomarlo y ponérselo, solo una vez…
-PUPUUUUUUUU!! – gritó Nikona delante de ella
-¡Déjame, solo voy a probármelo! ¡No haré nada malo! – dijo Lucy enfadada
-PUPUUUU!! PU!!
Lucy tocó el hermoso collar entre sus manos. Brillaba maravillosamente.
- Has tocado el tesoro…sólo la Runa debías de tomar…
La voz de la mujer no era precisamente de gusto, y Lucy, asustada soltó el collar que al instante se hizo polvo.
-¿Qué…?
-PUUUUUUUU!! – Nikona le indicó la salida a Lucy, porque todas las joyas se estaban pulverizando y derrumbando el lugar.
-¡La Runa! – gritó Lucy y tomó la Runa del muro - ¡Vamos, Nikona!
Lucy corrió a lo más que le daban las piernas, mientras sentía como la cueva se desmoronaba encima de ella, entonces, la tierra se partió en dos, y una gran cantidad de lava inundó el lugar.
-Has tocado el tesoro prohibido…ahora nunca verás la luz del día…
-¡NO! – gritó Lucy angustiada - ¿¡Qué hago ahora?!
Trató de evadir las rocas ardientes que la amenazaban, Nikona daba saltos desesperados alrededor suyo…
Iba a morir, por una tontería… Era fuego, el fuego iba a…¡Ésa era la solución!
-¡REAYERTH!
Reayerth, el genio de Fuego apareció al llamado de su dueña. Ella lo abordó y salieron volando de aquel lugar, mientras rocas incandescentes y chorros de lava trataban de evitarlo. Lucy alcanzó a ver la luz de afuera y los tonos verdes de los árboles que ella había dejado atrás. Sonrió.
El muro se cerró con un portazo que hizo que temblara la tierra. Ella bajó del Genio algo aturdida, y tras ella la voz de sus amigas:
-¡Lucy!
Marina y Anaís se unieron a ella. Tenían cara de fatiga y preocupación.
-¡Marina, Anaís! – las abrazó - ¡La Runa, aquí está la Runa!
Les mostró la pequeña roca con el símbolo rojo en el centro. Tenía forma de un triángulo disparejo.
-¡Es la Runa del Fuego! – dijo Anaís felizmente, - ¡¿Cómo la has….?!
-¡No lo creerán!
Pero antes de que ella pudiera continuar, una mujer de vestido en llamas apareció frente a ellas.
-Has conseguido la Runa.
-¡¿Quién, quién eres tú?! – preguntó Marina, la mujer sonrió.
-MI nombre es Lencéira. Soy la Guardiana de la Runa del Fuego.
-¡Siento haber tocado el tesoro! – gritó Lucy, atemorizada – yo no quise…
-La verdad es que esperaba que lo tocaras – dijo Lencéira con una sonrisa – lo difícil era salir de ahí con la Runa. Tú has descifrado el enigma del Fuego y pudiste llamar a tu protector, Legendaria Guerrera Mágica.
-¿Entonces,? – dijo Lucy - ¿Podemos quedarnos con la Runa?
-El trato es salir de la cueva con vida – dijo Lencéira con su cara amable, que el vestido de llamas asustaba a Nikona – y lo conseguiste.
-¡Muchas gracias,! – dijo Lucy haciendo una reverencia – por favor, dinos, ¿Dónde podemos conseguir la siguiente Runa?
-En el corazón de las tres hay un gran valor para buscar las Runas del Poder – dijo Lencéira – pero el objetivo y el precio para obtenerlas es ser listo, y sobre todo tener un corazón puro.
-¿Corazón puro? – dijo Marina
-Ustedes saben que cualquiera pueda obtener las Runas para propósitos no gratos – explicó la Guardiana – y eso creo ustedes lo saben mejor que yo quien pueda ser.
-Rommel – dijo Anaís con resentimiento.
-En todo el reino se rumora que tres lindas y valientes jovencitas están buscando las Runas del Poder – dijo Lencéira – y se dice que lo hacen para salvar a su mundo de la destrucción.
-Así es – dijo Marina – Un malvado príncipe quiere dominarlo. Y ha…matado gente.
Marina bajó la mirada, y apretó los puños.
-Necesitarán mas que convicción para superar los tiempos que les esperan – dijo Lencéira – su deseo original deberá permanecer firme.
-¿Deseo original? – dijo Anaís con intriga.
-Sí, hace unos momentos, su amiga, intentó tomar un tesoro. Y ése no era su deseo original.
-No sé que me pasó, - explicó Lucy con vergüenza – pero quería obtenerlo. ¡Hasta se me olvidó lo de la Runa! Y eso que era lo mas importante. Más que nada.
-Muchos querrán detenerlas y tentarlas. Deben permanecer firmes en sus convicciones…
-Lo haremos – dijo Anaís – gracias por todo.
Lencéira desapareció con un estallido de fuego. Mantener firmes las convicciones, no olvidar deseos originales: Salvar a Céfiro.
Marina no pudo evitar pensar en como sus pensamientos y deseos se habían desviado a otros lados…
Las Guerreras Mágicas continuaron su camino. La verdad era que se estaban cansando, Airmed les había dicho que sólo durmieran lo necesario. Pues en aquel mundo había criaturas que no conocían, y distraerse podría resultar peligroso. Se sentaron en una roca, alejadas de los árboles. La inmensa Torre de Fata Titania sobresalía a lo lejos.
El cielo se tornó de un rojo anaranjado, el atardecer estaba cerca.
-La Sirena Zayra dijo que hoy Fata Titania tendría una fiesta – dijo Lucy. – deberíamos ir.
-Lucy, este no es el momento para fiestas – le reprochó Marina.
-No, Marina – dijo Anaís – ella lo dice para ver a Fata Titania, podríamos pedirle ayuda. Ya sabes, a que nos diga donde podremos encontrar la tercera Runa del Poder. Aunque no sé, con confiaría en ella.
-¿Por qué no? – le preguntó la guerrera del fuego.
-Porqué ya saben lo que dijo Airmed de las Hadas – respondió Anaís – que son calculadoras y engañosas.
-Son hermosas – dijo Marina – al igual que las sirenas.
-¡Bueno, algún defecto tenían que tener! – dijo Anaís en un suspiro. – por cierto, ya no tenemos agua…
-PUPUPU….- Nikona estaba triste. Ella ya no era capaz de producir agua con su magia.
-No te preocupes Nikona – dijo Lucy conciliadora – haces lo que puedes.
-Yo iré por el agua – dijo Anaís – pasamos un arroyo hace poco.
Marina intentó decirle a Anaís que la acompañaba, pero la verdad era que sentía que si volvía a salir haría otra estupidez. Mejor se sentó al lado de Lucy a esperarla.
Anaís llegó hasta el arroyo. La noche ya había llegado, y la muchacha se sobresaltaba con cualquier ruido de un grillo o un ave. Sacudió la cabeza para no llenarse de pensamientos que la asustaran más, y llenó la bandeja de agua.
Un quejido atrás de ella la espantó.
-¡Qué…! ¿Qué será eso?
El quejido se volvió a escuchar. Era de una persona, de un hombre.
-¿Hay alguien ahí? – preguntó ella sacando su espada - ¡conteste!
-Ay…ayúdame…por…favor…
-¿Qué? – Anaís caminó hasta donde estaba el hombre, acurrucado en una roca, con el abdomen herido. Después de todo, Anaís era demasiado bondadosa como para dejar a un hombre así. - ¡Cielos, voy a ayudarlo!
A la chica casi le da un infarto cuando vio de quien se trataba. Delgado, bronceado, y con cabello verde en una coleta.
-¡¡Paris!!
Lucy se asomó por la ventana.
-Anaís ya se tardó – dijo – será mejor ir a buscarla.
-Creo que Anaís es muy prudente – dijo Marina – no creo que haya hecho alguna tontería.
-¡Qué tal si la atacó un monstruo!
Dicho esto, las guerreras salieron en busca de su compañera.
El viento curativo hizo efecto en el abdomen del príncipe.
-Paris – dijo Anaís, entre emocionada y asustada - ¿Cómo te pasó esto? ¿Dónde estabas? ¿Dónde están Caldina, Ráfaga y los demás…?
-Anaís, estoy muy agotado – dijo Paris en un susurro – por favor…te contaré después. Tenemos…tenemos que irnos.
-¿Irnos? – preguntó ella extrañada - ¿Pero a dónde?
-¡De éste lugar! – dijo Paris – vámonos mientras podamos. ¡Rápido! – Paris Jaló a la muchacha del brazo, ella, sumamente sorprendida no supo que hacer.
-Paris, Marina y Lucy están en la cápsula de Nikona – explicó – no puedo irme sin decirles nada.
-¡Huye! – le gritó – Pronto vendrán cientos de monstruos, ¡Y acabarán contigo! Estamos a tiempo de salvarnos…
-¡Paris! – se quejó ella mirándolo gravemente - ¿Cómo puedes decir eso? ¡Son mis amigas!
-¡Tus amigas pensarán en su propio provecho cuando llegue la destrucción! ¡Créeme, la amistad saldrá sobrando! ¡Entiende Guerrera Mágica!
-Un momento…
Anaís miró a Paris ceñuda. Todo esto le olía mal…
-Tú no eres Paris.
-No seas tonta – le espetó – ahora, vamos…
Pero Anaís ya había sacado su espada y la apuntó al cuello del chico.
-No me engañas – dijo ella sonriente – Paris jamás huiría. ¡Muéstrate!
El cuerpo del hombre empezó a disolverse como agua, aumentando diez veces su tamaño, convirtiéndose en un monstruo de seis cabezas. Anaís dio un grito y se alejó de la bestia. Mientras esta le lanzaba feroces mordidas.
-¡Ah! – gritaba ella. Alcanzaba apenas a esquivarlos, y eran cada vez más rápidos sus ataques. Pronto Marina y Lucy llegaron al lugar. Asustadas, sacaron sus espadas para ayudar a su amiga. Pero el monstruo las arrojó, dejándolas en una especie de telaraña sin poder moverse.
-¡LUCY; MARINA! – gritó.
-¡Anaís! Ayúdanos,!
Anaís trató de atacar a la bestia nuevamente. Pero ésta era muy fuerte, esquivaba los ataques de Anaís y la lanzó con sus garras violentamente al suelo.
-¡ANAÍS! – gritó Lucy - ¿ESTAS BIEN?
Ella se reincorporó mal herida. No sabía que hacer, pues la bestia era tan fuerte y ella estaba sola. Completamente sola…
Marina miró a la horrible bestia asombrada. Era realmente grande y fuerte, mas que cualquier otro monstruo.
Seis cabezas, observó, casi diez metros de altura, y en cada cabeza una joya amarilla. Excepto, la del centro, esa era color verde.
-Esa roca…- observó – parece…¡ESO ES!
-¡AAAHHHHHHHH!
La Guerrera del viento acababa de ser brutalmente golpeada hasta un árbol. Lucy gritó su nombre.
-¡Anaís, escúchame! – le gritó Marina sin poder moverse - ¡en la cabeza del centro, ahí hay una roca distinta!
-¿Roca…distinta? – tartamudeó Anaís. Se sentía desfuerzada. Observó y vio (Borrosamente, pues se le habían caído las gafas) una roca color verde que brillaba intensamente en la cabeza del animal.
-¡SÏ! ¡ATÁCALO AHÍ!
Anaís se enderezó, ¿cómo atinarle a la cabeza de en medio? ¡Era muy difícil! Si tan solo tuviera sus flechas, seguro acertaría.
Pero antes de que el monstruo pudiera atacarla de nuevo, se le ocurrió.
-¡Ya sé! ¡HURACÁN VERDE!
La magia de Anaís envolvió al monstruo en una ráfaga. Ella saltó y impulsada por el viento que estaba en su favor, clavó la espada en la cabeza de la bestia.
Inmediatamente empezó a disolverse, gritando, lo único que dejó fue aquella roca en el suelo. Marina y Lucy cayeron también, pero felices de que su amiga hubiera vencido.
-¡Lo lograste! – dijo Lucy - ¡felicidades, Anaís!
-Fue gracias a lo que Marina me dijo – respondió Anaís – sin tu ayuda jamás lo hubiera logrado.
-¡Claro que no! ¡Todo ha sido trabajo tuyo!
-¡ANAÍS, MIRA! – gritó Lucy. La Runa flotó hasta llegar a la mano de la chica. Tenía el mismo símbolo que la que Lucy consiguió, solo que ésta en verde brillante.
-¡Es la Runa del Poder! – gritó Anaís extasiada - ¡La conseguimos!
-Y de una forma muy valiente.
La que habló fue una voz distinta. Una mujer, de cabellos igual de largos con un vestido, que parecía una brisa estaba frente a ellas.
-Tú eres…
-Leyna, la Guardiana del Viento – anunció – y demostraste una gran lealtad a tus amigas al no dejarte engañar.
-¿De qué habla, Anaís? – dijo Marina.
-Cuando fui al arroyo me encontré con alguien idéntico a Paris – explicó – pero en realidad era un monstruo. Quería que las abandonara, que huyera.
-La verdad es que jamás dudaste…- dijo Leyna.
-Al principio creí que era el verdadero Paris – dijo Anaís tristemente – pero después supe que el verdadero Paris no me permitiría huir, él siempre ha querido que enfrente los problemas.
-Estamos orgullosas de ti, Anaís – sonrió Lucy.
-Recuerden siempre esto: va a haber personas muy parecidas a sus seres amados, siempre. Pero no debemos aferrarnos a ésa imagen, puesto que ésta no tiene la esencia ni la verdadera razón de nuestra devoción hacia ellos…
-¿Qué quieres decir? – quiso saber Marina, que aquello le había caído algo mal.
-Que sus corazones deben aprender a diferenciar entre la consolación superficial, y la verdadera razón de amar…no lo olviden.
-¿Puedes decirnos donde encontrar la tercera Runa del Poder? – preguntó Lucy.
-Está en las alturas, y a una distancia menor a lo que imaginan. Buena suerte…
Y dicho esto, Leyna, la Guardiana del Viento se esfumó con una ventisca. Dejando a las Guerreras Mágicas muy pensativas, especialmente a Marina.
La noche ya había avanzado bastante. Pues no se veía con claridad y las Guerreras Mágicas, aunque agotadas, estaban más entusiasmadas que nunca para encontrar la última Runa. Todo esto hizo temblar a Marina, quien sabía que correspondía a ella encontrar la Runa restante y no sabía si lo conseguiría o no.
-Leyna dijo que la Runa estaba en las alturas – observó Lucy - ¿Qué habrá querido decir?
-Tal ves esté en los cielos – dijo Anaís.
-O algo cerca del cielo…
Las tres se fijaron en la imponente Torre que estaba cerca de ellas. ¿hasta donde llegaba el Reino de Fata Titania? Y pensar que habían entrado por ése pequeño Círculo de Flores.
-Tendremos que entrar a la Torre – dijo Lucy – no hay otra manera de descubrirlo.
-PU….PU…
Las chicas se volvieron para mirar a Nikona, quien estaba tirada en el suelo con las orejas abajo.
-Nikona, ¿Qué pasa? – Lucy fue en su rescate. Nikona, solo pudo mover las orejas lentamente.
-Parece enferma – dijo Anaís - ¿Qué le habrá pasado?
-¡Nikona,!
El animalito empezó a desaparecer lentamente. Las chicas, pasmadas, vieron como Nikona se desvanecía como aire.
-¡Ay no! ¡Nikona!
-¡NO; NO! ¡Nikona!
-PU…PUU…
Pero ésta ya había desaparecido. Dejando un polvo fino y brillante en las manos de Lucy.
-¿Por qué? – dijo Lucy asustada con lágrimas en los ojos - ¿¡Qué ha pasado?!
-Tal vez…su magia se haya agotado – dijo Anaís llorando también. – Airmed dijo que poseía magia que le había dejado Guru Clef, pero…
-Pero él ya no está aquí – terminó Marina amargamente. – es la prueba mas clara. No sé porqué me he estado engañando…
Marina comenzó a llorar con las manos en la cara, y sus amigas la abrazaron.
-¿Por qué dices eso? ¡No debes perder la fe!
-¡Lucy! – desesperó Marina - ¡Nikona era la criatura mágica de Clef! ¡su desaparición es la prueba mas clara que él…! Que él…murió en verdad.
-Marina, Céfiro es la tierra de la voluntad – dijo Anaís – no lo olvides.
-Aunque sea así, nadie tiene el poder de revivir a los muertos – dijo Marina finalmente.
Y con éste horrible sentimiento de haber perdido a Nikona, emprendieron el camino a la Gran Torre, que estaba a escasos metros de ellas.
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Otro más. Se acercan a un punto culminante en la Torre, ¿Qué sucederá ahí? Aún les falta conseguir una Runa y no saben por dónde encontrarla. ¿Les gustó? Espero me lo digan XD
Saludos!! besos!!
