CAPÍTULO 19: LA ÚLTIMA BATALLA

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Los ojos desorbitados de Rommel no se quitaban de la situación, Marina sintió el peso y cayó sentada, perdiendo consciencia de todo lo demás que sucedía a su alrededor.

-No…es…es imposible – murmuró Presea – no es…

-¿Pero…cómo? – dijo Caldina también – no entiendo…

Anaís y Lucy estaban prácticamente mudas de la impresión, y aunque Látis estaba a su lado, tampoco encontraba palabras que decir más que tal vez un "¿Cómo? ¿Por qué?" y Marina se sintió probablemente muerta, o probablemente más viva que nunca. Tenía los ojos nublados por el llanto, y sonreía probablemente sin percatarse.

-Eres tú…- le dijo al oído – sabía…yo sabía que no estabas muerto.

Había alguien más, que estaba mirando el escenario, detrás de un ancho pilar.

- Es hermosa…- susurró en dirección a Marina, quien miraba a Guru Clef, sonriendo entre lágrimas – tan hermosa…Y acaso, ¿Eso sí es amor?

Rommel taladraba a Marina y Clef con la mirada, y dado a que éste último se encontraba inconsciente, no podía desaprovechar la oportunidad.

Les lanzó un poderoso ataque, pero cuando Marina se dio cuenta, Látis ya estaba frente a ellos, desviando el ataque con su espada.

Marina, que se había virado para proteger a Clef de aquello, se había distraído, y ¡Por fortuna Látis era tan rápido! en segundos, Paris y Ráfaga estaban también al lado del espadachín, con espadas en mano.

-Mi supremacía no acabará así – anunció Rommel – ahora que sé que tienen las Runas, no permitiré que destruyan mis sueños.

-Deténgase por favor – Kara acababa de salir, con una espada en mano por igual y aunque los tres se pusieron en guardia ella no retrocedió.

-¿Quién eres tú? – preguntó Ráfaga.

-Ella es mi sirviente – dijo Rommel – no es nadie.

-¿Qué? – dijo ella, con vergüenza - ¿Eso es todo?

-¿Qué demonios esperabas, mujer? – dijo Rommel con desprecio - ¿De verdad crees que podía fijarme en algo como tú?

-Príncipe Rommel – sollozó ella abatida enfrentado la cruel realidad – después de todo lo que he hecho por usted…

-No lo agradecerá – habló Efra, detrás de ella – debiste escuchar a Ascot antes.

-¿Ascot? – preguntó Caldina al instante - ¿Qué tiene que ver Ascot?

Él nos advirtió de la amenaza de él – dijo Efra mirando a Rommel probablemente con desdén – si lo hubiéramos hecho antes, habríamos evitado esta terrible guerra.

-¿Evitado la guerra tú? – preguntó el príncipe – solamente eres un campesino, ¿Cómo vas tú a pelear conmigo? ¿Inútil?

-No era tan inútil cuando te cuidó toda tu vida.

Los rostros se giraron, y Airmed estaba parada con dificultad, justo al lado de Presea, que no se había percatado de nada. Lucy exclamó:

-¡Airmed! ¿cómo ha llegado hasta aquí? – preguntó también.

-Silencio, anciana – dijo Rommel en señal de advertencia con los mismos ojos de maldad – no conoces nada de mí.

-Te equivocas – dijo Airmed – conozco muy bien tu conducta. Te he seguido de cerca, aún cuando controlaste a todos los cefirianos…

-Tú escapaste – razonó Rommel - ¿cómo controlar a una escapista?

-No escapé, me refugié esperando la llegada de las Guerreras Mágicas. Alguien tenía que explicarles la verdad, recobrarles la memoria para poder luchar. Memoria que tú les arrebataste.

-Eso es un cargo que no me corresponde – dijo él sin darle importancia - ¿Para qué demonios querría yo a las Guerreras Mágicas en su mundo? Lo que yo quería era algo diferente. Fue él – y se dirigió a Clef con desdén – quién utilizó su último recurso mágico para borrarles la memoria, y mandarlas a su mundo.

Ante tal revelación, se emitieron varios sonidos de sorpresa. Presea se tapó la boca, y muchos miraron al mago, y en consecuencia a Marina. Que mantenía a Clef a su lado. A pesar de todo lo complicado y grave de la situación, no podía evitar sentirse terriblemente feliz. Estaba vivo, y ahora, que lo tenía en sus brazos, no dejaría derrotarse por nada ni por nadie.

-Fuiste tú – dijo Marina mirándolo con comprensión sobre su hombro, ya que él estaba recargado en su pecho, y aparentemente no la escuchaba. – tú querías lo mejor para nosotras…que olvidáramos todo…

-Pero regresaron – dijo sonriente Rommel – no sé de qué manera, pero no podía desperdiciar la oportunidad de ver a ésa Guerrera Mágica otra vez.

Miró a Marina, y aunque ella le dedicó la peor de las miradas, él se mantuvo firme. Parecía completamente inalcanzable y hasta cierto punto poderoso, pero la actitud en pie de Marina no se iba a doblegar ante nada, no ahora.

-¿Qué le hiciste? – preguntó Marina mordazmente – sabemos ahora que no murió, pero yo vi a Ascot en la Sala del Trono. Vi la daga…

-Por supuesto, tú viste justo lo que yo quería que vieras – dijo Rommel con satisfacción – y pensaste justo lo que esperaba que pensaras.

-¿Y por eso manchaste mis manos?

La persona que habló fue Ascot. Él, con el rostro seriamente deteriorado, las ropas rotas. Se veía que había luchado con alguien, todos le miraron atónitos.

-Ascot, deberías de aprender de tus errores – dijo Rommel con inocencia, - y a admitirlos. Tus acciones tienen consecuencias. Pero jamás te imaginaste, que aquel sentimiento que albergabas en tu interior, y que en algún momento fue bueno, se transformaría en algo fatal.

-Me hiciste creer que maté a alguien – dijo Ascot acercándose - ¡Les hiciste creer a todos!

-¡Calla, Ascot! – gritó Rommel – no vengas a mostrar índices de inculpabilidad. Si la daga que te di no hubiese estado maldita, tú habrías asesinado a Guru Clef. El impulso de tus deseos te llevó a desear la muerte de alguien…¡Y eso no tiene nada que ver conmigo!

-¡Ascot!

Caldina corrió hacia donde estaba Ascot. Él, algo contrariado la miró un momento, y después Caldina lo abrazó. No importaba nada de lo que le dijeran los demás, Ascot siempre sería su pequeño hermanito. Y ahora que sabía que no era culpable de un asesinato, trataría de arreglarlo.

-No has respondido, Rommel – dijo Airmed - ¿Por qué no simplemente te deshiciste de Clef?

-Porque no me convenía eliminar a un ser con tanto poder – dijo sencillamente Rommel – no sean estúpidos. ¿De verdad creen que simplemente no quitaría del camino? Necesitaba el anillo para poder entrar al Palacio, y si él moría el anillo desaparecería también. Porque ese anillo fue únicamente hecho para que él lo use. Nadie más puede hacerlo.

-Eres sumamente hábil – dijo Látis sonriendo – tu habilidad evidentemente supera tus escrúpulos, y aunque todo tu plan estaba brillantemente elaborado, fallaste.

-No tenía idea de que escaparía – dijo Rommel – aún sigo sin saberlo. Pero ésa gema que traes, Marina, me hace pensar en la respuesta.

Ella se llevó la mano a la joya inmediatamente, y los que no conocían su existencia se sorprendieron bastante.

-No sé para qué sirve – dijo Marina mirando a sus amigos – solo sé que tuvo algo que ver en la aparición del unicornio.

-Creo que el unicornio solo es la representación del alma de Guru Clef – dijo Airmed – porque su cuerpo había desaparecido ése horrible día.

-¡Pero está aquí! – exclamó Marina y estuvo también a punto de decir "¡En mis brazos!", pero se detuvo - ¿dónde llevó entonces su cuerpo?

-¿En realidad no lo recuerdas? – le preguntó Rommel.

Y entonces todo se aclaró en su mente. Haber regresado, confundida y con dolor, haber entrado en el círculo de flores rojas, y haberlo visto. Aliso.

-¡Aliso! – dijo Marina – No entiendo…pero él no sabía nada.

-Claro que no lo sabía – dijo Rommel – porque yo creé recuerdos suyos, recuerdos en el los que solo existía él, y el Mundo de las Hadas. Él, siendo un elfo vanidoso y mezquino, y nada más.

-Tú querías que me quedara en el Mundo de las Hadas – dijo Marina con recelo - ¿Creías que me quedaría con una simple imitación?

Presea miró a Marina un instante.

-¡Estuviste muy cerca! – rió Rommel. – pero eres más de lo que esperaba. También ellas – y se dirigió a Lucy y Anaís – no sucumbieron ante las criaturas que albergaban ahí. Y henos aquí de nuevo…

-¿Cómo puedes ser tan infame?

-Ven, y pelea Guerrera – desafió Rommel sacando su espada. – O ahora mismo destruiré todo Céfiro.

-No, Marina – advirtió Látis – estás herida aún. Déjanoslo a nosotros.

Rommel rió, y lanzó una poderosa energía que los tres muchachos intentaron persuadir, sin embargo, aumentó de manera considerable, y fueron arrojados muy lejos. Pero eso no fue todo, porque Rommel tomó más poder, y las tres espadas se quebraron como si fueran de cristal.

Presea gritó de asombro, que estaba apoyándose en Airmed, quién observaba con dolor la escena. Látis, a quien su espada le debía la vida, se derrumbó, como si su misma existencia se hubiera roto.

Lucy corrió en su ayuda, y tomándolo de la mano le dijo con ternura:

-Por favor, déjanos esto a nosotras.

-Pero Lu…

-No sería la primera vez – sonrió Anaís a Paris. Y las dos se pusieron de pie, Marina, que aún sostenía a Guru Clef, lo depositó en el suelo con cuidado, y no hizo falta que lo dijera, porque Caldina ya estaba ahí para encargarse, y así, Marina también se levantó.

-El juego se terminó Rommel – dijo Lucy, con aquel tono que empleaba para darle seguridad a los demás – lucharemos si es necesario hasta la muerte.

-¿Has firmado entonces tu sentencia de muerte, Guerrera Mágica?

-También has escogido tu destino. Solo que serás tú el que muera.

Marina se sorprendió un poco ante el comentario de Lucy, a quien la violencia despreciaba y trataba por todos los medios de "Parlamentar". Sin embargo, las circunstancias y el comportamiento tan hostil e inhumano de Rommel había sobrepasado los límites de la comprensión y la amabilidad. Las tres Guerreras Mágicas se unieron, y así, Rommel con toda la fuerza que aparentemente tenía, invocó un conjuro.

Entonces, el anillo azul que poseía en su mano desapareció, Marina al instante miró a Guru Clef, el anillo apareció en la mano derecha del mago, que seguía tendido al lado de Caldina.

-Maldita sea – dijo Rommel – sé que sus poderes regresan. Acabaré con ustedes de una vez por todas, y entonces mi plan regresará a lo que era antes.

-No tendrás tiempo – le dijo Efra – puedes recapacitar. ¡Rommel! Tú no eras así, recuérdalo.

-Silencio – dijo y al abrir los ojos, sus pupilas estaban completamente negras. Irradiaba la energía más negativa que se hubiera podido sentir.

-Tranquilas – dijo Marina – sé que juntas lo lograremos.

Y Marina invocó el dragón de agua, y Lucy la flecha de fuego, y finalmente Anaís su viento defensivo, todos los ataques se desvanecían frente a Rommel, que reía quedamente con satisfacción.

Sin hacer desmérito alguno a cualquiera de las heroínas, es necesario decir que estaban perdiendo. Lucy estaba lastimada de una pierna, Anaís de un hombro, y Marina, aunque había sido curada por la magia de su amiga, continuaba sintiendo las piernas temblorosas, y en ocasiones la vista se le borraba. Cuando Rommel invocó criaturas para atacarlas, éstas eran mucho más fuertes que cualquiera de Céfiro, y también estaba la cuestión de la guerra. ¡La guerra olvidada! Porque Rommel no sólo quería poseer Céfiro, y Farem y Autozam luchaban por proteger sus respectivos planetas. Los cefirianos que tenían el inconsciente perturbado se revelaban ante las fortalezas de Farem y Autozam, y aunque estos eran planetas amigos, no podían evitar dañarlos.

Todas las profecías de Airmed estaban cumpliéndose. Aunque ella creía firmemente en las Guerreras Mágicas, las posibilidades de supervivencia de las tres eran bajas, ahora, las de ganar, estaban seriamente cuestionables también. Era cierto que habían recuperado a un amigo muy valioso, pero la situación en perspectiva en sí no había cambiado. Guru Clef seguía inconsciente, y las Guerreras Mágicas continuaban declinando.

-Lucy – le llamó Marina – tenemos que pensar en algo más.

-¿De qué hablas? – dijo ésta, tratando de defenderse de una serpiente de dos cabezas - ¿Cómo? ¡Solo con nuestra fuerza podemos ganar!

-Creo que haré méritos a la dinámica de Anaís – discutió Marina - ¡Por que fuerza ya no nos queda!

-Marina tiene razón – dijo Anaís – nuestros poderes declinan, y cuando nos quedemos sin ellos, no tendremos salvación...

-Admiro tu positivismo, Anaís – repuso Lucy - ¡Pero no hay alternativa! ¡A menos que me muestres la solución en la palma de tu mano!

Irónicamente es lo que he estado haciendo todo éste tiempo, querida Lucy.

Lucy volteó, completamente desconcertada, y Anaís sujetaba la Runa del Viento en su mano. Marina la miró, y entonces se dio cuenta que, o era estúpida, o la preocupación por salvar Céfiro la había hecho olvidarse de un objeto tan importante. También le reprochó a Airmed el no haberles recordado el asunto de las Runas.

-¡Rayos! ¿Cómo pudimos olvidarlo? – dijo Lucy con ojos centelleantes – la respuesta estuvo con nosotros todo este tiempo.

Sacó la Runa del Fuego, y Marina la Runa del Agua. A Rommel se le desorbitaron los ojos un momento.

-Ah…Las pequeñas Guerreras Mágicas han descubierto un nuevo método para acabar conmigo. Realmente me sorprende, me sorprende su falta de prudencia y su exceso de estupidez.

-¿Qué? – espetó Lucy.

-Él sabe. – dijo Airmed a Presea – sabe que ellas no pueden usar las Runas.

-¿Por qué? ¿por qué no pueden utilizarlas? – preguntó Presea con desesperación.

-¡Demonios! – recordó Marina, y ahora entendió porque Airmed no les había sugerido utilizar las Runas – Hay algo que nos hace falta.

-¿De qué estás hablando? – dijo Anaís. – Tenemos las tres Runas y…

-Sé lo que tenemos – dijo Marina – pero recuerden, que Airmed nos habló de un cuarto elemento, algo que necesitábamos para accionar las Runas.

-Pero…¡Las Guardianas no mencionaron nada de un cuarto elemento! – discutió Lucy, aunque en el fondo, no estaba molesta sino preocupada - ¿Qué vamos a hacer?

-Intentarlo, creo – dijo Marina. – es nuestra única salvación.

Ante la risa sarcástica de Rommel, las tres Guerreras se unieron. Con las Runas del Poder en la mano, las juntaron de una manera que formó un espléndido triángulo, y brilló extraordinariamente, haciendo trastabillar un momento a Rommel. Dicho trastabilleo se esfumó al ver que las Runas estaban unidas y espléndidas, pero nada más.

-Gracias por mostrarme la belleza de las Runas, - dijo Rommel riendo – pero no creo que me eliminen con eso. Deberán pensar en otra cosa, niñas.

En ése momento las atacó, y fueron lanzadas al otro lado del salón. Una, dos, tres veces fueron lastimadas contra las paredes y los pilares. Y los tres espadachines, Paris, Látis y Ráfaga luchaban contra las mismas criaturas de hace unos momentos. También, el Palacio, inevitablemente comenzaba a derrumbarse.

-¿Qué sucede ahora? – preguntó Caldina a Airmed.

El Palacio está resintiendo la gran cantidad de magia y energía de éste lugar. No sé cuánto se pueda soportar, pero la voluntad de Rommel vence a las niñas. Ése es su punto débil.

-Pero…¡Ellas tienen la gran voluntad de ayudar a Céfiro!

-Tal vez. Pero…- y reaccionó - ¡Eso es! Necesitan una razón.

-¿Qué quiere decir, anciana? – inquirió Caldina con el rostro ceñudo - ¡No entiendo nada de lo que dice!

Todas las batallas requieren de una razón, muchacha. Un objetivo.

-¿Y eso que tiene que ver con ellas?

-¡Todo, ingenua, todo!

Desafortunadamente, Airmed no podía explicarles a sus queridas niñas el enigma de las Runas. Ya que ni ella misma lo sabía, ni estaba segura de si realmente sería esa la respuesta, o por qué las mismas Guardianas de las Runas no se lo habrían explicado. Y, aunque Airmed hubiera querido atravesar ese campo de batalla, no funcionaría si aquél que usara las Runas se diera cuenta por sí mismo. Al parecer Rommel tampoco la sabía, puesto que no se había decidido a quitarles las Runas lo antes posible, prefería luchar con sus propios métodos, por lo menos, en lo que averiguaba el secreto de las Runas.

También se dio cuenta de que Rommel no estaba utilizando todos sus recursos, si así, fuera, comenzaría a cambiar su semblante, como hace unos momentos cuando apareció Guru Clef. La apariencia de su rostro había cambiado, probablemente pensando en otra arma contra ellas. Para las Guerreras Mágicas, no eran buenas noticias, puesto que su única arma probablemente eficiente eran las Runas del Poder, y ahora no sabían como utilizarlas.

-¡Marina! – gritó Anaís, - ¿Qué vamos a hacer? Estamos debilitándonos demasiado. Aunque podamos usar las Runas, ¡No tendremos energía para manejarlas!

-No sé…no sé – dijo Marina agarrándose la adolorida frente - ¡Lucy! ¿Dónde estás?

Entre la nube de polvo y escombros, Lucy salió agarrándose el brazo. Ahora no solamente era la pierna, las cosas no pintaban nada bien.

-Chicas…- jadeó Lucy – Las Runas no funcionan. ¡No lo entiendo! Se supone que a estas alturas ya deberíamos haber derrotado a Rommel.

También se supone que tienen un gran poder, y podemos usarlas para eliminar cualquier cosa. Cualquier magia. – coincidió Anaís.

Y, en consecuencia deberíamos poder salvar Céfiro. Y ayudar a nuestra gente.

Las tres se miraron, al parecer Rommel se había olvidado de ellas, al menos un instante. O tal vez pensaba que seguían dentro de los escombros, la gran bruma de polvo no dejaba ver tampoco a ellas.

-Eso es…

-¿Qué, Marina? – dijo Anaís.

-Lucy, Anaís…- llamó Marina. Y algo estaba naciendo en su mente: No tendría ningún caso tener un arma. Porque las Runas no serían un arma para ellas, son una esperanza. Son la razón que les ayudará a derrotar al enemigo, y traer de nuevo la paz y la tranquilidad de Céfiro. Habían interpretado mal el significado de las Runas. – hemos…hemos estado equivocadas todo este tiempo. El objetivo de las Runas no es lastimar. Lo sé, porque son originarias de ése mundo mágico, en el que solamente existe el renacimiento. Ustedes vieron como acogieron a los humanos, los curaron. Es imposible que en ése mundo hubiera un artefacto capaz de lastimar a alguien.

-¿Quieres decir que las Runas no sirven para pelear? ¿Sino para arreglar algo? – preguntó Lucy.

-Creo que sí. Creo que la verdadera misión de las Runas no es ésa. Por eso no funciona, porque lo único que queremos es destruir a Rommel.

-Pero…

-Tú lo dijiste, Lucy. – discutió Anaís, siendo meramente objetiva - ¡Amenazaste a Rommel de muerte! ¡Y nosotras no estuvimos en contra! Hemos buscando solamente la venganza, y no podremos vencer de ésa forma.

-Yo no puedo cambiar el odio que siento hacia ése príncipe – dijo Marina inevitablemente – pero puedo desearle algo mejor que la muerte, algo que en verdad solucione las cosas.

-¿Quieres decir que quieres absolverlo de sus pecados, y así de fácil dejarlo ir? – inquirió Lucy inquieta. - ¡No podemos hacer tal cosa! ¡Debe pagar!

-¡Ése es el problema! – dijo Anaís – Hemos estado tan ocupadas pensando en la venganza, que hemos olvidado nuestro verdadero objetivo. La verdadera razón por la que estamos peleando.

-La verdadera…¿razón?

-Sí. – dijo Marina – Salvar, ayudar. No matar, ni lastimar.

-Es cierto. ¡Es cierto!

Y así fue como ocurrió. La bruma desapareció, y por un momento, Marina pensó que el tiempo se detenía. Las Runas brillaron con tanto esplendor que las dejaron ciegas unos instantes, y Marina sintió más fuerza de la que había sentido jamás, se sentía firme, decidida. A su lado, Anaís y Lucy también se veían mucho más fuertes,. Y no alcanzaban a ver a Rommel, porque las Runas reflejaban tal luz, que apenas alcanzaban a percibirse ellas mismas. Del Triángulo del Poder emergió una inmensa energía, que destruyó en segundos las diabólicas criaturas de Rommel, Paris y Ráfaga quedaron a salvo, que casi caían derrotados. Dentro de la explosión, Marina escuchó los gritos de Presea y Caldina, que trataban de refugiarse.

Cuando reaccionó, Marina pudo ver a Rommel, tirado en el piso. Éste se incorporó con dificultad, y su cara demostraba lo nada contento que se encontraba en ésos momentos. La maldad, los celos, y la ambición estaban unidos en un probablemente antes atractivo rostro. Que ahora estaba completamente deformado por los malos pensamientos, Marina sintió escalofríos.

-Ya todo está acabado – dijo Rommel con los ojos desorbitados – ya no me interesará más Céfiro ni ustedes. Ni Chizeta, ni el poder. Solo moriré para poder ver todo esto sumergirse en las tinieblas…

-¡No! – dijo Efra angustiado - ¡Detente! ¿Qué vas a hacer, Rommel?

-Lo que debí haber hecho hace mucho, mucho tiempo.

- ¿Qué es lo que pretende? – preguntó Ráfaga. Látis negó con la cabeza, completamente desorientado.

-No entiendo… - dijo Caldina, que aún sostenía a Guru Clef - ¿Qué va a hacer? ¿Eliminará todo Céfiro? ¿Y cómo?

-No puede hacer tal cosa – dijo Presea – está completamente loco.

-Ésa es la cuestión – dijo Airmed alarmada – los locos a veces no les importa nada, y esto quiere decir que arriesgará cualquier cosa para llegar a su objetivo, y también, en ironía, los locos son precisamente los que a veces saben justamente lo que hacen.

-Airmed…

-Deberíamos irnos de aquí rápido – dijo Paris rápidamente – si es cierto eso, no deberíamos esperar lo peor, ¿O sí?

Rommel tomó lentamente de su cinturón dorado una empuñadura del mismo color, y sonrió malévolamente. Látis dio un paso al frente, sumamente alarmado, abrió la boca, se calló, y se giró rápidamente hacia Guru Clef, y luego hacia Ráfaga.

-¡Es…eso…!

-¿Qué?

-¡Es la Espada Sagrada!

Ráfaga miró con atención la empuñadura y abrió mucho los ojos. Aquello no podía ser cierto, Rommel tenía la Espada Sagrada en su poder, y lo que era aún peor, sabía manejarla perfectamente bien.

-¡¿Cómo…cómo es eso posible?! – gritó Látis.

-Así es – dijo Rommel, como adivinando sus pensamientos – de verdad creen que solamente jugaría con ustedes al gato y al ratón, ¿verdad? Pero no. Para su mala fortuna, y la mejor para mí, averigüé. Gracias de nuevo a ti, Ascot – se dirigió al mismo, y éste agachó la cabeza – Clef debió de haberles advertido, que sabía donde escondían la Espada del Pilar.

-Eso es…- tartamudeó Lucy – la Espada con la que vencimos a Deboner. ¿Cómo?

-Él planeaba conseguirla – dijo Marina – hace ya algún tiempo.

-¿Por qué no nos lo dijiste, Marina? – dijo Anaís - ¡Si era algo de tanta importancia!

-Yo…no- dijo Marina confundida – no pensé…que podría entrar al Cuarto Sagrado. Tampoco pensaba que sería capaz de hacerle eso a Guru Clef y también…se quedaría con su anillo…

-Así fue como entraste al Cuarto Sagrado – dijo Anaís - ¿O no, Rommel?

-Por supuesto – sonrió él – el anillo de Guru Clef tenía muchas más ventajas de las que ustedes mismo hubieran podido imaginar. Y por no haber aprendido del pasado, pudieron haber descifrado mi objetivo desde hacía mucho. Pero ignoraron los acontecimientos que pasaron hace ya tiempo, con la muerte del Pilar. Y por eso, jamás recordaron que ésta poderosa Espada Sagrada caería en manos de alguien como yo.

-No…- dijo Lucy – pero…

-Porque ustedes, cefirianos, siempre se han considerado maravillosamente superiores – declaró Rommel – solamente por su magia, por la belleza de su planeta. Y otras cosas más…

-¡No es verdad! – dijo Marina mirándolo severamente - ¡Céfiro no es un lugar perfecto! Tiene muchas desventajas, ¡Tú no conociste a la Princesa Esmeralda! Ella era muy poderosa, sí…pero vivía sola, y sin amor todos los días. Al…al igual que tú.

Rommel ladeó la cabeza. Miró a Marina de peor manera que pudo, y ella se contuvo firme.

-Sí, Rommel. – asintió ella – porque si ésa soledad y rechazo que sientes en tu corazón no existiera, probablemente estarías en Chizeta, siendo feliz al lado de tus seres queridos pero…

-¡PERO NO LO ESTOY! – bramó Rommel – ¡ESTOY AQUÍ, EN CÉFIRO, LISTO PARA ELIMINAR TODO, TODO!

Todo tembló, y la Espada dorada relució con gran energía. Airmed se adelantó para gritar:

-¡Va a utilizar la Espada contra nosotros! ¡Escúchenme, esta vez no habrá salvación! Ése artefacto pudo eliminar a Deboner, no podemos quedarnos aquí. ¡Todo será destruido!

-¡No podemos dejar el palacio! – se negó Lucy - ¡Ustedes váyanse! ¡Yo me quedaré aquí!

-Nosotras también nos quedaremos, Lucy – acompañó Anaís. Y Marina no tuvo necesidad de decir nada, porque permanecía en su lugar quieta. Látis desesperó ante Lucy, pero ella no se iba a mover. Paris le rogó a Anaís también, pero la Guerrera del Viento sonrió con dulzura y le dijo que se fuera.

Ante tal necedad por parte de las Guerreras Mágicas, ninguno fue capaz de irse. Ni siquiera Caldina, que solamente cuidaba de Guru Clef, y era de las que más estaba lastimada.

Ellas sujetaron con fuerza las Runas, y cuando Rommel lanzó su ataque, se formó una especie de escudo que las envolvió, y aunque en el centro se comenzó a formar otra cantidad de energía, que estaba acumulada entre la de Rommel y la de ellas. Marina comenzaba a sentir que flaqueaba, sentía que los brazos hormigueaban y una debilidad inmensa. La energía negativa de Rommel, sumada con el gran poder de la Espada Sagrada, eran suficientes para las Runas. Rommel despedía una especie de rayos negros muy delgados, Marina se asustó. También, a su lado, Anaís comenzaba a perder la voluntad, Lucy se giró a ella:

-¡Tienes que aguantar, Anaís!

-Ya no puedo…más…

Aunque aún no lo había dicho, Marina también estaba comenzando a soltar la conexión de las Runas. Sabía que sin su magia, probablemente se perdería el poder de las Runas, y Rommel ganaría en fuerza, el impacto sería demasiado fuerte, y ellas morirían sin duda.

No podían darse por vencidas ahora, ahora que en verdad conocían la razón para luchar. La razón para seguir vivas, para continuar, para encontrar ésa respuesta a la solución de la vida: la felicidad.

Anaís no resistió, y comenzó a soltar el Triángulo, y Marina se dio cuenta de que al Anaís soltarlo, el Triángulo había perdido una gran fuerza, y entonces sintió que las rodillas se le doblaban, Rommel se esforzó aún más, Lucy se quejó, y aunque Marina no dijo nada, también comenzaba a sentir aquel dolor. Entonces, como una vocecilla en sus oídos se escuchó:

-Las Runas no podrán hacer nada por él.

-¿Qué? – dijo Lucy - ¿Quién es?

-Las Runas no podrán ayudarlo.

-¡Son las Guardianas! – dijo Marina al instante – no hay duda, son ellas.

-Guerreras Mágicas…Las Runas no pueden salvar a quien no quiere ser salvado.

-¿Qué quieres decir?

-Si tan solo existiera un poco de remordimiento en su corazón, algo que le impulsara a enmendarse…por muy pequeño que fuese…

-¿Qué quieren decir? No lo comprendo...

-Ya les habíamos advertido, que las usaran con cuidado. Es un artefacto tan antiguo, más que la misma razón. Y las Hadas al crearlo fueron muy astutas…todo tiene una doble cara…

-¡No entiendo! – dijo Marina angustiada - ¿De qué hablan? ¿qué es lo que va a pasar?

-Muy pronto la energía de las Runas se expandirá, y se convertirá a su opositor lo que haya en su alma. Si solamente desea la destrucción, sufrirá la propia misma.

-¡No! – dijo Lucy, - no queremos eso, queremos salvarlo. ¡Qué recapacite!

-¿No te das cuenta, Guerrera Mágica? Él no quiere eso…muy pronto quedará sumergido en la oscuridad que él creó.

-No…no puede ser…

Y pudieron ver a Rommel, su expresión, deformada por la ambición y la venganza, estaba muy lejos de la recapacitación. También, sus palabras…

-Muy pronto…muy pronto tendré mi legado. Seré aceptado…nunca más dejado atrás…ni ignorado…

-Rommel – dijo Marina – no puedo permitir esto.

Y tal y como lo dijeron las Guardianas, estalló la esfera del Triángulo del Poder, y la misma Espada Sagrada se aferró tanto a Rommel, poseyéndolo inevitablemente. Gritó de dolor, pero no soltaba la espada. Marina, atravesando el peligro y la muerte, corrió hacia él. Sintió electrocutarse a cada paso que daba, y veía cada vez más borroso. La inmensidad del abismo entre ella y la espada se hacía más tumultuosa, y aunque corría con velocidad, sentía que jamás llegaría.

Guru Clef abrió los ojos lentamente. La cabeza le pesaba como piedra, todo le daba vueltas.

-Ah…

-¡Guru Clef! – acudió Caldina - ¿Cómo estás…?

-¿Qué sucedió? – dijo confundido, con una mano en la frente. – Marina…

Pareciera que Caldina tampoco se había figurado de lo que estaba pasando, porque en cuánto Clef dijo su nombre, Caldina soltó un grito de horror al ver lo que estaba pasando: Marina sujetaba las manos de Rommel, y éste, se aferraba tercamente a la Espada, todo a su alrededor era oscuridad y destrucción.

-¡Suéltala! ¡Vas a morir!

-Déjame…moriré sabiendo que traté de seguir mi legado, mi reino. El reino que me quitaron sin consideración…

-¡Un reino no es nada comparado con la vida propia! – gritó Marina - ¡Piénsalo! Tu padre no querría esto…

-Aunque fui el único hijo varón suyo, prefirió dejarme. Moriré sabiendo que acabé con esa estúpida fantasía en la que él creía…

-No, Rommel…no…¡No seas estúpido!

-Déjame, Guerrera Mágica. Tu amiga tenía razón. Yo mismo dicté mi sentencia de muerte.

-¡Nooo!

- "Marina. Sé que estás escuchándome ahora. Por fin, después de tanto tiempo he logrado salir y ver lo que he creado y en lo que me he convertido.

No sé si lo hayas pensado alguna vez, pero hubo un tiempo, en el que yo no era esta aberración que tanto odias ahora. Desafortunadamente, la vida en algún momento nos pasa a cobrar las cuentas de los errores, de los aciertos y desaciertos, hoy es el día en que he de pagar por todo lo que he causado. Esto se ha convertido en un verdadero caos, como puedes ver, pero ahora te estoy hablando porque aunque yo reciba lo que merezco, alguna vez no lo quise así.

"Yo crecí en una aldea demasiado pequeña, era tan pequeña e insignificante que ni siquiera tenía nombre. El hombre que me acompañó siempre fue Efra, fue como un abuelo para mí. Nunca pedí ni exigí más de lo que tenía, no porque fuera amable y considerado, sino porque como joven e ingenuo y viviendo en un lugar tan sencillo, jamás pasó por mis expectativas algo que no fuera aquello. Sabía que era huérfano y Efra me contó que mi madre murió el día que nací. Desafortunadamente, o afortunadamente en aquel momento, yo desconocía toda la verdad que escondía detrás. Como joven que era, comencé a tener más dudas y ambiciones, y decidí viajar por lo menos un poco más allá de mi aldea. Siendo Chizeta un planeta no muy grande no sería difícil recorrerlo. Así comenzó una nueva aventura cada día, en el que conocía gente buena (y otra no tan buena), probaba comidas exóticas, escuchaba música desconocida, y vivía cosas distintas cada día. Quién sabe si lo mejor para mí hubiera sido quedarme en mi hogar, ahora ya no sé. El caso es que un día de carnaval en una provincia cercana a la capital de Chizeta conocí a una mujer. Ése fue el día de mi perdición. Indirectamente abrió el terrible portal lleno de dudas y resentimientos, con el que hoy en día aún cargo."

"La adivina que conocí se ofreció a leerme la fortuna por unas cuantas monedas. Y he de decir que tuve miedo, pero en aquel momento lo único que tenía era sed de saber, de conocer. Así que accedí. Ella me abrió los ojos hacia la cruel realidad: Yo no era el hijo de una campesina que murió en parto, sino el hijo de una gitana la cual mantuvo durante mucho tiempo una relación con nada más ni menos que el Rey de Chizeta. No me dijo como se conocieron, tampoco por qué se separaron. Al darse cuenta de quién era yo en realidad, me propuso una tentadora oferta: me diría donde podría encontrar a mi padre, siempre y cuando yo ya estuviera re ubicado como príncipe legítimo de Chizeta, la recompensara abundantemente. Yo no tenía nada que perder, porque no era nadie y jamás me imaginé, ni en el más hermoso sueño pertenecer a la realeza de mi planeta. También adquirí ciertas dudas, puesto que aquella mujer era solamente una desconocida y lo que dijera no era cien por ciento confiable. Pero ella me dijo que si no le creía, que fuera a mi casa en aquel mismo momento, que buscara en la lámpara de mi abuelo la verdad. Con desconfianza accedí, y lo que encontré fue lo que me alentó. Una carta escrita por mi madre y otra por el mismo Rey. Ambas tenían contenidos similares al principio, luego muy diferentes. Ahí conocí el rencor."

"Lo que siguió es lo más desagradable. Volví después con la misma adivina que en realidad era una hechicera maligna, la cual al verse reclamada me dio unos supuestos poderes que me ayudarían a conseguir lo que quería. Nunca contó que con la amargura que guardaba en mi corazón el resultado sería fatal: me deshice de ella. Al adquirir sus poderes por igual seguí mi desatado camino, conocí a Kara, una muchacha muy fuerte y que además estaba loca por mí. La usé, conseguí entrar al Palacio y hablar con las princesas. Cuál fue mi sorpresa al descubrir que el rey ya había muerto hacía unos años.

Cegado por el odio y la ambición, seguí sintiendo carcomerme por dentro cada vez más, cada vez que sometía a alguien me sentía más satisfecho, y cada vez que obligaba y maltrataba a alguien me sentía feliz. Era obvio que mis acciones habían tenido su efecto, y aunque Efra trató de persuadirme le amenacé, solamente podría estar conmigo o en mi contra. Con Kara pasó algo similar, aunque ella no me dejaba por el aparente amor que me profesaba. Por ésta y muchas razones seguí mi oscuro camino, que ha desembocado en éste desastre total. Sé que las Runas no me ayudarán, porque no fui capaz de lidiar con el deseo de venganza y mi verdadero deseo: ser reconocido y amado. Éste, que te está hablando, es la pequeña porción de consciencia que aún queda dentro de mí, y que ahora te pide perdón por todo lo que te hizo, no sin antes aceptar que viene lo inevitable."

Marina sujetó con fuerza la Espada, y cuando Rommel cayó en el suelo seguido de la explosión, ella no supo más de sí.

Efra corrió, con lágrimas en los ojos hacia donde estaba su querido casi hijo, murmuró con lástima:

-Está muerto.

Y Marina gritó, sin ser consciente de sí misma, Lucy y Anaís también gritaron su nombre, y ella apareció con el cabello suelto, y un bello vestido que la misma oscuridad había creado. Comenzó a reír quedamente. En su mirada había algo opaco.

-¿Qué…qué pasa? – preguntó Anaís tratando de incorporarse - ¿Ma…Marina?

-¿Están listos para morir, Cefirianos?

Lucy abrió los ojos atónita, miró a Anaís, que tenía la boca abierta de la impresión, todos los demás estaban demasiado confundidos para decir algo, solo Airmed estaba en un rincón, mirándola con temor. Como el Palacio carecía ahora de techo debido a la explosión, el aire helado del exterior llegó a todos. Fue una visión mucho más aterradora de lo que era Rommel.

-Marina…- dijo Clef tratando de levantarse – tengo…tengo que ayudarla.

-¡Guru Clef! ¿pero qué dices? ¡Estás muy débil! ¿Qué sucede con ella? – dijo Caldina.

-La oscuridad que percibía en Rommel…la veo ahora en Marina – explicó Guru Clef mirándola.

-¿Pero…? ¡Como!

-Estoy bien, Caldina…

Y aunque no estaba bien, se levantó, agarrándose la frente para no marearse demasiado, y pudo ver claramente el aura que Marina expedía. Ella miraba a todos con desdén, y se había levantado unos cuantos centímetros del piso.

-¡Marina! – dijo Lucy - ¿Qué dices? ¿Por qué hablas así?

-Silencio – calló ella – nada evitará la destrucción, nada.

Y lanzó una poderosa energía a todos, que emanaba de su cuerpo, y todos fueron atacados por quel poder, dejándolos en el piso mal heridos. Guru Clef siguió caminando hacia donde estaba ella, hasta que quedó frente.

-Marina…detente.

-¿Tú? – dijo ella, y sonrió - ¿Qué harás? Apenas puedes mantenerte en pie.

-Haré lo que sea. – dijo Clef mirándola con gravedad, y en el fondo, aquella mirada le causaba cierta incomodidad a Marina, aunque no entendía el porque. – lo que sea, para que vuelvas a ser tú.

-Estoy muy segura de lo que hago – alegó Marina – como tan segura estoy que hoy, todo Céfiro quedará hecho polvo.

-Hablas como Rommel – dijo Anaís – estoy segura de que esa energía te ha poseído.

-Piensas bien, Anaís – dijo Guru Clef – es la misma aura que tenía él. Marina, ¿Acaso quieres morir como Rommel?

-Te equivocas, Clef – dijo ella sonriendo – porque yo no moriré, solo formaré parte de esta hermosa oscuridad, que tanto amo.

Guru Clef frunció el ceño. Y Marina nuevamente levantó las manos, y lanzó más ataques, dejando (más a Lucy y Anaís) tremendamente lastimados. El Palacio era solo una ruina de lo que fue una vez, pero eso era lo de menos. Lo importante eran las vidas de los habitantes. Entonces Airmed advirtió algo que nadie esperaba:

-¡Clef, mira al cielo!

Él volteó instantáneamente, y lo que Airmed quería advertirles no era nada de pequeña importancia, porque por encima de sus cabezas había un agujero en el cielo, que crecía poco a poco. El agujero (que parecía una nube muy sobrecargada de agua) comenzó a tomar forma hasta que quedó muy evidente ante todos.

-Eso…

Marina rió fuertemente. Anaís analizó un poco el fenómeno, para dirigirse a Airmed:

-¡Airmed! ¿Es eso lo que creo que es?

-Creo que sí, mi niña.

-¿Qué es, Anaís? – preguntó Lucy preocupada.

-Eso, es el resultado del intercambio de energías entre Marina y Rommel, y ella al querer salvarlo, ocasionó un intercambio de poderes, en el que la energía maligna que estaba en él ahora está en ella. Y eso es una masa super densa, que tarde o temprano absorberá todo lo que esté a su alcance.

-¿Masa super densa? – dijo Paris - ¿Qué demonios es eso, Anaís?

-Es lo mismo que un hoyo negro.

Ahora si que todos comprendieron lo que Anaís quería decir, y entonces se produjo un temor en conjunto. Guru Clef no miraba el agujero, sino a Marina, que lo observaba como si fuera el mayor de sus logros.

-Así es – afirmó ella – muy pronto, Céfiro quedará absorbido por esa energía…¡Y todo será una hermosa oscuridad!

-No lo permitiré, Marina – dijo Clef – escúchame, tú no quieres esto. Tú peleaste con Rommel para evitar esto, tú quieres salvar Céfiro.

-¿Qué sabes tú de mis verdaderos deseos, Mago?

Y nuevamente los atacó, y esta vez la energía que lanzó fue más poderosa que la anterior. Probablemente por las emociones mismas de la chica.

-¡Si haces eso tú también morirás! – declaró Guru Clef angustiado, esperando que ella reaccionara, pero Marina solo lo miró con vehemencia.

-A mí no me importa morir. Porque no hay nada que me ate a éste mundo.

-¿Qué?

Otro ataque, otro, uno más. Todos cayeron agotados, había sido demasiado, más para unos que para otros, Guru Clef, que era el que estaba más al frente, sufrió más que los que se encontraban hasta atrás. Pero él solo se apoyó en una rodilla, y se levantó de nuevo.

-Escúchame por favor…- pidió Clef – no puedes seguir con esto. Tienes que regresar a lo que eras antes, no podemos hacerlo por la fuerza, porque no serviría. Debes hacerlo tú sola…

-¿De qué hablas…si siempre he estado sola en este mundo? ¿Por qué habría de querer seguir? – dijo amargamente.

-¡No, tú no estás sola! – gritó Anaís.

-¡Cállate, en mi vida solo ha existido…la soledad!

Y atacó a Anaís, pero Paris se interpuso ante ella, dejándolo casi inconsciente, en los brazos de Anaís.

-¡Paris! ¡Paris! – sollozó Anaís – Paris…

-¿Cómo…? – dijo Marina un momento, donde flaqueó - ¿Cómo es posible que por salvar a ella…arriesgara su propia vida?

-¡Claro que sí! – dijo Caldina - ¡Es alguien muy especial para él!

-Así es – dijo Presea – es una amiga muy especial.

-¡Marina! – exclamó Lucy – tú también eres una amiga muy especial para nosotros.

-Es cierto – dijo Airmed – no importa arriesgarnos, con tan de salvar tu vida.

-Y además…- dijo Paris débilmente – eres de las más queridas por todos…

-No…- negó ella – no…es verdad…

-Por favor, Marina – pidió Clef – no te dejes envolver por esa energía maligna…estoy seguro, de que aún te queda un poco de calidez en tu corazón.

De las manos de Guru Clef salió una esfera de luz, en seguida, Marina se tomó la cabeza, demasiado confundida. Imágenes comenzaron a venir a su mente.

Una pequeña niña, con un oso de peluche en las manos, en medio de una enorme habitación llena de juguetes.

-Quiero vivir sola. No quiero mamá ni papá. Quiero ser independiente, no quiero depender de nadie. No quiero pedir favores…no quiero lástima. Quiero mandar yo, siempre yo…quiero vivir sola no lloraré jamás.

-Sin embargo, ahí estoy llorando.

-Si…¿Por qué estoy llorando?

Una adolescente de trece años, aún con el cabello un poco corto estaba en un salón de clases.

-Ésa estúpida maestra me reprendió de nuevo. No quiero entrar a clase. ¿Qué le importa a ella? Tiene otros treinta alumnos a quien molestar. La odio. Lo va a pagar.

-¿Pagar qué…? Solo está haciendo su trabajo.

-Sí, pero la odio.

-No me había hecho nada malo…

-Nadie se mete conmigo. Nadie.

Una joven mujer lloraba ruidosamente frente a un hombre ya mayor, estaba sentado en un escritorio.

-Lo lamento, señorita Watson. Debe dejar el colegio. Sé lo que piensa, pero es lo mejor.

-No puedo renunciar por una chiquilla malcriada…¡No puedo dejar mi carrera por esa estupidez!

-Usted sabe que ella no es solo una chiquilla, es hija del congresista Otoko Ryuzaky, no pierda todo. Le daré todas las cartas de recomendación que necesite, pero él pide su renuncia.

-Que injusto es esto…

-Si que es injusto.

-Pero…no lo hice a propósito.

-¿Y entonces porqué lo hice?

La respuesta en el fondo no lo sabía. Había dos voces, una hablaba racionalmente, la otra no tanto. Más como…¿Ella? ¿O cual era ella? ¿La calmada o la inquieta? Y finalmente, no eran ilusiones, porque todo eso lo había vivido ya. Era como un álbum de imágenes que se proyectaban en su subconsciente, recorriendo todo el proceso de su vida.

Ella, mirándose fijamente en el espejo.

-¿Quién soy? ¿Volveré a ser la misma…? Y quién es la misma, o la verdadera, la de antes…o la de ahora.

-Yo soy tú, y tampoco soy nadie.

-No lo entiendo. Todo este tiempo he vivido pensando que soy algo, y en realidad no soy nada de lo que creía ser.

-Tú eres solo una pobre chica que necesitas cariño, no escuches lo que él te dice.

-¿Por qué…por qué no escucharlo? Parece una buena persona.

-No lo es. Ignóralo. Tu destino es nacer sola, morir sola. Todo lo que hay en tu mundo es solo la soledad…

-Nací sola y moriré sola en la oscuridad de las tinieblas.

Guru Clef seguía al pendiente, porque Marina parecía en shock. Nuevamente, en sus ojos se notó un brillo maligno nuevamente.

-Así es. Todo ha sido una ilusión. ¿¡Crees que vas a engañarme!?

-¡No, Marina! ¡Despierta!

-¡¡Silencio!! Antes que nada, acabaré con el más escandaloso de ustedes.

Marina apuntó con sus manos específicamente a Guru Clef, y descargó toda su ira en él. Guru Clef se arrodilló, y se cubrió con un brazo, recibiendo todo el ataque en lleno.

-¡Guru Clef! – gritó Presea en tono lastimero - ¡Marina, basta, detente! ¡Tú no quieres esto!

-Marina…- murmuró Clef entrecerrando los ojos. – no…no te dejes envolver por esa energía…

El agujero creció más y más, y la gran mancha que cubría el cielo se extendía tan ampliamente que no se percibía donde terminaba su perímetro. Airmed bajó la cabeza, completamente contrariada. Paris seguía en brazos de Anaís, y Lucy se apoyaba en Látis, que casi no tenía fuerzas para sostenerse en pie.

-No…no vas a destruir Céfiro, Marina – dijo Guru Clef comenzando a ponerse de pie.

-¡Clef! – le gritó Airmed - ¿Qué estás haciendo? ¿Acaso no lo sabes? ¡Ella ya no puede regresar! La mancha sigue avanzando…

-Lo sé, por eso voy a sacarla de ése núcleo. La está dañando – dijo Clef avanzando hacia el centro, donde Marina estaba envuelta en una gran cantidad de energía oscura. – si no lo hago, se quedará atrapada para siempre. Y morirá igual que Rommel.

-Pero…- dijo Presea - ¿Cómo vas a hacer eso? ¡Tú puedes arriesgarte también!

-Presea, solo voy a hacer precisamente lo que ella hizo por mí – sonrió Clef, y Presea entristeció aún más – ella arriesgó su vida para salvarme, en más de una ocasión. Ya va siendo mi turno de ayudarla, ¿No crees?

Y aunque Airmed le llamó varias veces, Guru Clef recuperó sus energías, y se encaminó hacia el núcleo. A cada paso que daba, sentía como le cortaba el cuerpo en pequeñas llagas, y trató de aferrarse a su propio poder, sabía que podía hacer algo. Algo que ni las Runas, ni su propio anillo podían hacer…

Una visión más.

-Por favor, tienes que ser paciente con ella.

-Lo siento, Otoko. Marina no me agrada. – dijo la mujer, no, no era una mujer. Era la madre de Marina.

-Qué pasó con la madre que decías ser, eres su madre.

-Me asusta a veces. Además, actúa como si fuera una mujer adulta. También me rechaza constantemente…¿A ti no?

-Algunas veces.

Marina se agarró las manos con la cabeza:

-"¡No vivas, Marina! ¡No sientas, Marina! ¡No escuches, Marina! ¡No hables, Marina! Sólo haz lo que te digamos. No eres dueña de ti. ¡No, Marina! No puedes hacer eso que quieres. No puedes ser modelo, no puedes ser bailarina, no puedes ser, Marina. Tú no debes, eres rebelde y desobediente. Tienes que hacer lo que nosotros digamos y cuando queramos. Lo hacemos por tu bien. ¿Por qué te cortaste el cabello? Eres una tonta, ¿Sabes que se te ve mal? Tan cuidado y lindo que lo tenías. ¿Qué vamos a hacer contigo? ¿Qué quieres, que comprendamos que sólo tienes diecisiete años? ¿Qué necesitas que te entendamos? Qué cosas tan raras y extravagantes pides, niña. ¿Ya terminaste tu entrenamiento de esgrima? ¿Te propusieron capitana, verdad? ¡Vaya! Algo bueno tenía que salir de todo esto. ¿Con ése vestido vas a ir a la fiesta de tu papá? Te sientes muy guapa, ¿verdad? Pues no es el adecuado. ¿Dices que no quieres usar otro? Sí que lo harás, ponte el negro. Corre y cámbiate, te quedará mejor. La presentación en ésta fiesta es muy importante, así estás mejor, me gusta más. ¡Vamos, ya!. ¿Ganaste el torneo? Qué bueno, pero recuerda que no sólo es por tus méritos, le tendrás que agradecer al papá de Shinji que te recomendó. No son solo tus habilidades, la conexión era suya. No olvides que no puedes descuidar tus clases de pintura. Ya sé que estás cansada, que tienes muchas actividades. Pero si es necesario, levántate más temprano. Eres muy coqueta, Marina, y eso no trae nada bueno. ¿Qué así eres? Sí, ya lo sabemos, pero no nos gusta. ¿por qué escuchas tanta música todo el día? Me imagino que bailarás sola. ¿Verdad que bailas sola? ¿con qué fin bailas y cantas sola? ¡Dime, Marina! Ya sabes que no podrás ser lo que quieres. Regresaremos hasta muy tarde. Adiós. ¡No, no puedes salir con tus amigas y menos a quedarte a dormir en casa de ninguna! Ya sabes que tienen que ser de nuestra misma clase y educación. No, ni hablar. No convenceré a tu papá para que te deje ir. ¡Qué bonito! ¿Qué te parece lo que haz hecho? Mira como vienes. ¿Por qué te fuiste sin permiso unos días con tu amiga? Sus padres están divorciados, sólo le avisaste a Linda y además vienes ardida por el sol. ¡Te ves horrible! Pareces una muchacha del campo, toda tostada. No queremos que ésas dos niñas sean tus amigas…Sí, ya nos has dicho que son buenas personas, pero a nosotros no nos gustan. No nos importa lo que Linda piense, ella es una criada aquí. Sigues teniendo novios a cada momento. Cuándo acabarás de ser coqueta, ya sé que eres muy bonita y les llamas mucho la atención a los chicos, pero no tienes recato alguno. Con todos coqueteas, a todos les brindas una sonrisa. Ya he contado y te han llamado como veinte en ésta semana. ¿Qué son amigos, que tú no los buscas? Si sigues así, Shinji no te querrá, recuerda que lo ideal es que te cases con él. ¿Qué Shinji no te importa? ¡No seas tonta! Siempre haces lo que te da la gana y te sales con la tuya aunque te digamos lo que te digamos. ¿Vas a salir? ¿A dónde vas? ¿Crees que puedes hacer lo que quieras…? ¡No me digas, estas tonterías…! Sí, ya sé que eres joven, y quieres divertirte. ¡Pero no puedes andar quién sabe dónde! ¿Qué dirán nuestras amistades?

Las voces de nuevo.

-¡No! ¡No soy tu muñeca! Puedo pensar por mí misma.

-¿En verdad? ¿por qué eres tan influenciable, entonces?

-No…no me ignores. Nunca quiero desaparecer. Odio a los chicos, no me agradan mis padres. Nadie me cuida, nadie me acompaña. ¡Quiero estar sola!

-¿En verdad? ¿No le temes a la soledad?

-Sí. Si le temo. Nunca…nunca quiero quedarme sola.

-¡Pero no estás sola! – dijo la voz de un muchacho, que conocía, pero no la reconocía con claridad.

Abrió los ojos.

-¡Marina! – le gritó Clef - ¡Por favor! Te lo pediré una ves más, piénsalo, no puedes destruir a Céfiro. ¿Acaso ya olvidaste tu verdadero deseo? ¿La verdadera razón por la que peleas?

-¿Mi verdadera razón? – preguntó con lástima. – no entiendo esas palabras someras.

-¡No son palabrería! ¡Son una realidad! Mírate, mira lo que estás haciendo…he venido a sacarte de aquí. Debes salir inmediatamente de ésta atmósfera, es muy peligrosa, no solo físicamente sino también mentalmente…

Marina se sorprendió.

-Tú también estás aquí. ¿Por qué estás aquí? Si permaneces en este lugar tú también morirás. ¡Anda, sal pronto de aquí! – le dijo.

-No es importante lo que pase conmigo – le dijo Clef sonriendo, y algo en el interior de Marina se removió – a mí lo único que me importa es que a ti no te pase nada.

-¡Pero…no! – negó ella, cada vez sintiendo más que la cabeza le iba a explotar - ¿Por qué…porqué te preocupas por mí? Si yo soy una desconocida…para ustedes.

-Te equivocas – dijo él – eres alguien muy importante, eso no lo puedo negar. – Marina, tienes…tienes que recordar aquellos días, en los que estabas en Céfiro.

Una energía la envolvió, y entonces todo tuvo sentido. Dentro de ésa atmósfera, pudo verse a sí misma: Ella peleando a espada con Ráfaga amistosamente, en el que a veces él se dejaba vencer, Ella posando para Caldina y un vestido nuevo, en el que estaba un poco avergonzada de las excentricidades de Caldina, Ella y Presea leyendo un libro interesante, Ella y Paris riñendo por un platillo que ella no supo cocinar adecuadamente, Ella, Lucy y Anaís riendo por confidencias, y ella y Clef, frente a frente, mirándose en el Gran Salón.

Recuerda todos los gratos momentos que pasaste con todos, y ninguno de ellos es una ilusión – le dijo Clef, cada ves más cerca – algunas veces solo pensamos en esos momentos de soledad, pero debes resistir y seguir adelante, por tu presente, y tu futuro.

-¿Es cierto eso…? ¿No estoy sola?

-No, no lo estás. Porque yo estoy contigo.

Tocó su mano, y no supo más de aquella oscuridad y vibra negativa, porque sintió que un calor la rodeaba en todo su ser, y se sintió sin tener consciencia, más tranquila y a salvo que nunca.

No hay que mencionar que varios tuvieron que limpiarse algunas lágrimas, y abrazarse, otros se levantaron como pudieron, porque frente a ellos, Guru Clef descendía lentamente, con Marina en brazos, quien parecía que dormía plácidamente.

-¡Guru Clef! – gritó Lucy corriendo hacia ellos - ¡Marina! ¡Marina!

-Ella está bien, Lucy – dijo Clef mirándola – fue demasiado para ella. Está agotada.

-¿En verdad lo está? – dijo Anaís con aprensión. - ¿qué sucedió?

-Lo importante es que todo ha terminado – dijo Clef, y Ráfaga le ayudó a cargar a Marina, porque en cuanto la soltó, Guru Clef también se desplomó. Varios acudieron en su ayuda.

-Está desmayado – dijo Látis – supongo que usó todos sus recursos.

-¡La mancha! – dijo Caldina mirando al cielo – ha desaparecido.

Airmed le sonreía al cielo. Comenzaba a abrirse un pequeño rayo de sol, y de ahí siguieron muchos más. La lluvia y los truenos dejaron de existir.

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Hola! Perdón por el terrible retraso. Pero este capitulo tenia que modificarlo en algunas partes, y aunque tenia todas las ideas, es dificil concordarlo. Saludos muy especiales a Serena Ryuzzaky y a ReayerthFan, mis mas fieles seguidoras y mas queridas. espero les haya gustado chicas, y me manden su opinión.

ésto está casi por terminar, besos, Kayleigh.