CAPÍTULO 20: UN NUEVO DÍA HA LLEGADO.
Los cálidos rayos del sol le tocaron la cara, los ojos lo sentía casi pegados, y le costó mucho abrirlos. Tardó unos minutos en darse cuenta que estaba dormida, y otros cuantos en adivinar donde se encontraba. Un techo extraño, blanco como la nieve, completamente pulcro era lo único visible. Se sentía tremendamente reconfortada, y una sensación de descanso y placer, se sintió como el primer día de vacaciones de verano.
-Ése techo…- murmuró, y su voz estaba ligeramente ronca – no es tan desconocido.
Se sentó en la cama y un poco mareada, que desapareció en seguida. La habitación amplia y ordenada estaba frente a ella. A su lado, un jarrón con unos tulipanes púrpura adornaban la mesa. Sonrió. Se levantó hasta abrir la enorme ventana, y el sol entró en todo su esplendor. Percibió también el delicioso aire matutino, limpio. Afuera, había montañas sin hierba aún, pero en el suelo habían crecido algunos árboles. El cielo estaba más azul que el primer día que llegó a Céfiro. Céfiro…sí, estaba en Céfiro. Una pequeña punzada en la cabeza le hizo cerrar los ojos, acompañada de una visión.
-Sí. Si le temo a la soledad. Nunca…nunca quiero quedarme sola.
-¡Pero no estás sola! – dijo la voz de un muchacho, que conocía, pero no la reconocía con claridad.
Nuevamente abrió los ojos. Todo había parecido una película interminable, en el que solo existía ella, pero el mundo no había dejado de girar. No recordaba claramente lo que había sucedido, aquellas imágenes le hicieron latir más rápido el corazón. Clef había tenido algo que ver con que ya estuviera todo en paz, ¿O había sido ella? ¿O los dos? ¿O Lucy y Anaís usaron las Runas y salvaron a todos?. Lo que recordaba con claridad era Rommel hablando de su muerte, de su derrota y después, era un poco confuso.
Pero sus pensamientos fueron interrumpidos por una charola que se cayó en la alfombra, rompiéndose una taza. Ella se giró y Anaís estaba parada frente a ella, con lágrimas en los ojos.
-¡Marina, gracias al cielo! – la abrazó con fuerza – estás bien…¿Cómo estás? ¿No te sientes mal…te duele algo?
-Estoy bien – dijo ella por decir algo, porque no entendía realmente que era "estar bien" – solo me duele un poco la espalda, es todo.
-Bien…- asintió ella – hemos estado tan preocupados, todos. Dormiste durante tres días…ya estábamos buscando algún antídoto para que despertaras.
-¿Es cierto eso? – dijo ella atónita – siento como si solo hubiera dormido unas cuantas horas.
-No…no – sonrió ella limpiándose otra lágrima – pero supongo que quedaste sin energías después de lo que pasó.
-¡MARINA!
Marina no supo quién era hasta que advirtió sobre ella una intensa cabellera pelirroja, Lucy, también lloraba sobre su pecho.
-Lucy – dijo Marina sonriendo – estoy bien, no te preocupes.
-Marina…pensamos que tal vez…estarías aún con ésa energía…pero Guru Clef nos advirtió que estabas bien, por eso, solo te dejamos descansar.
-¿Guru Clef?
-¡Ay, Marina! ¡Déjame decirle a Caldina que venga! ¡No ha pegado ojo desde que te dejamos aquí! – pidió Anaís. – claro, si no estás muy cansada aún.
-Me siento muy bien – dijo ella sinceramente.
-¿No recuerdas nada de lo que pasó? – preguntó Lucy.
-Recuerdo…haber estado muy abandonada y enojada en algún lugar pero…fuera de eso, nada.
-Dijiste cosas terribles – dijo Lucy algo temerosa – casi no te reconocí.
-No creo que sea necesario hablar con Marina sobre el pasado – dijo otra voz. Era Presea, que estaba en la puerta.
-¡Presea!
-Marina, sabíamos que te recuperarías – repuso ella sonriendo, aunque su mirada era algo nostálgica.
-Gracias, Presea – dijo abrazándola – siento como si hubiera regresado de vacaciones.
-¿Qué son vacaciones?
-¡¡PUPUUUUUUUUUUUU!!
-¡Nikona!
Nikona brincó alegremente a los brazos de Marina, y se dio cuenta de que entonces, si Nikona estaba ahí, Guru Clef también.
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Airmed dejó la pequeña taza de té en la mesa. Miró a la persona que estaba frente a ella, aunque éste, recargando la cara sobre una mano, miraba hacia la gran ventana. Ahí, podía divisarse el lindo paisaje Cefiriano, los primeros rayos del sol y la mañana.
-Céfiro se recupera a una velocidad sorprendente – dijo Airmed. - ¿Verdad?
-Sí.
-Y las personas tienen una gran capacidad para reconstruir sus casas…
-Así es.
-Todos están muy satisfechos, y aunque temen un poco, las princesas Tata y Tatra regresaron al trono, y juraron paz a Céfiro mientras ellas gobiernen.
-Ajá…
-Y ahora mismo hay algunos elefantes volando por el techo, con la cara de Nikona…
-Sí…
Airmed ladeó la cabeza y se carcajeó.
-Querido, no escuchas nada de lo que estoy diciendo.
-Sí…
Ella agitó su mano con violencia, frente al rostro del muchacho. Guru Clef la miró un poco irritado.
-¿Qué sucede, Airmed?
-Ay, Clef. Sigues muy preocupado, ¿verdad? – preguntó con un poco de tristeza – pronto despertará, confío en tu profecía.
-¿Qué? – dijo él volviéndose – solo pensaba en la reconstrucción de Céfiro.
-Claro – dijo ella sonriendo – por eso es que admites que hay elefantes volando por el cuarto.
-¿De qué ra--…?
Alguien tocó la puerta.
-Pase – dijo Airmed sonriendo, para evitar el reclamo del Mago – la puerta está abierta.
Y lejos de esperarse que fuera algún sirviente o algún amigo suyo, la puerta fue atravesada por Ascot. Había perdido color y estaba mucho más flaco que nunca.
-Quisiera…hablar con Guru Clef…a solas.
Airmed miró a Clef al instante, y el asintió, y aunque su mirada se había vuelto fría y muy seria, permanecía tranquilo. Airmed hizo una leve reverencia y salió. Entonces Clef se levantó y le dio la espalda a Ascot, mirando de nuevo hacia el ventanal.
-¿Se supone que ésta es la parte en la que toso sugestivamente? – preguntó Ascot con voz clara.
-Tú has venido aquí – dijo Clef virándose – no imagino sinceramente a lo que has venido.
-Te lo he dicho, necesito hablarte – contestó Ascot.
-Ah…- asintió Clef con ironía - ¿Sobre qué? ¿Sobre…como intentaste matarme para después traicionar a la gente que una vez confió en ti…para también intentar de todas las formas que tuviste a tu alcance de destruir tu propio planeta? O…quizá quieras discutir como fue que dañaste a aquellas personas que te brindaron protección, e incluso cariño…
-Por favor Guru Clef – dijo Ascot sumamente cansado – no deseo discutir.
-¿Quieres que empecemos de nuevo, como una familia feliz? – preguntó Clef ladeando la cabeza, y mirándolo con tal expresión, que Ascot tenía que bajar la mirada de vez en cuando - ¡Por qué no hacerlo público! ¿Quieres divulgar nuestra relación disfuncional como lo hacen en el pueblo?
-Solo te pido que me escuches – dijo Ascot hablando más fuerte. – y si después deseas que me marche de Céfiro, lo haré. Porque sé que nunca me quisiste en el Palacio.
-Tu auto compasión rebasa los límites del resentimiento, Ascot – dijo Clef. – pero debes saber que yo no soy nadie para expulsar a alguien de Céfiro.
-Después de lo que hice tendrías razón – sonrió con tristeza – siempre fui feliz aquí. Pero cuando decidí crecer, creí que todo sería más fácil.
-Bienvenido al mundo de los adultos – dijo Clef.
-Todos somos inmaduros, incluso tú – dijo Ascot desafiantemente – por eso, no importa que tan…amplio sea el… abismo entre nosotros, intentaré poner una rama de olivo que logre mejorar.
-No te preocupes por mí, Ascot – repuso Clef acercándose – preocúpate por la gente que siempre se ha preocupado por ti, y decepcionaste. Engañaste, y lastimaste. Preocúpate por Caldina, por Ráfaga, que te quieren como a un hijo. Preocúpate por Paris, que te ha visto como un hermano, y por Marina, que siempre se había interesado en tu bienestar.
-En eso debo contradecirte, maestro – dijo Ascot – porque ahora, todo está más claro que nunca. Siempre albergué las esperanzas de que Marina regresara, y por eso me herí tanto cuando me pediste que no pensara en ella. Porque…me cegué creyendo estúpidamente que solo querías todo para ti. Que eras egoísta, y ser siempre el centro de atención.
-No te comprendo, Ascot – dijo Clef – lo único que intentaba era que fueras un buen hechicero, y lograras suplirme un día. Que aprendieras, y no solamente magia, sino a volverte un hombre. Un hombre de verdad que no viviera de ilusiones vagas y sin bases…dónde un amor sólido no podría profanarse, sino solamente echarlo a la borda.
-¿También por eso me mentiste sobre Presea?
-Eso ya lo hemos hablado. Tú solo eras un niño, fue un accidente…sé lo que sientes – aclaró él antes de que Ascot le reclamara que después de todo él la había asesinado – pero no puedes aferrarte al pasado, Ascot. Presea no lo querría así. Seguías las órdenes de Zagato e incluso Caldina y Ráfaga se convirtieron en mis enemigos en su momento. Si no los juzgué a ellos, ¿Por qué debería juzgarte a ti?
-Porque ellos no mataron a nadie – discutió Ascot – y nuevamente seguí el mismo patrón. Me sentía solo, sin nadie alrededor, y entonces de pronto, ahí estaba Rommel, prometiéndome felicidad o por lo menos satisfacción…y no supe más de mi. Un día estaba cenando con ustedes, y al otro…contigo en el Gran Salón…y la daga…
-Rommel quiso hacerte creer que ibas a matarme – dijo Clef – para que el único que terminara destruyéndose por la culpa eras tú. Y él quedarse con mis poderes, pero estoy aquí. No tienes ya culpa que cargar.
-¿No? – sonrió Ascot - ¿Qué hay del deseo de verte fuera del camino? ¿Y de culpabilidad por dañar a Marina más que a nadie con aquel acto tan repugnante?
-Marina estará bien – dijo Clef inmediatamente, aunque había desviado la mirada – sé que lograrás que te perdone.
-Guru Clef…si yo pudiera regresar el tiempo, volver atrás – dijo – lo haría sin pensarlo. Pero ahora no sé que hacer con este asqueroso sentimiento de odio hacia mí mismo. No era hacia ti, o los demás…solo a mí mismo.
-Debes lidiar con tus batallas internas Ascot – dijo Clef – todos tenemos demonios con los cuales luchar, no dejes que los tuyos arruinen tu vida, que aún te queda bastante por hacer.
-He pensado…si me permitieras, quedarme a vivir en el Bosque del Silencio – dijo Ascot – por un tiempo. Después buscaré un planeta para vivir.
-Ascot – dijo Clef mirándolo a los ojos – sé lo que hiciste. Casi mueres por destruir la placa de Rommel, en la que podía espiar a las Guerreras Mágicas y los demás. También sé que liberaste a las Princesas Tata y Tatra a escondidas…
-¿Cómo supiste eso?
-Solo lo sé – dijo Clef – parte de la reconstrucción de Céfiro, será superar esas dificultades, aún entre todos nosotros.
-¿Qué significa eso? – dijo Ascot, aunque había medio sonreído.
-Significa que tendrás cosas que hacer aquí – dijo Clef – y si lo que quieres es empezar de cero, puedes hacerlo en Céfiro si es lo que deseas.
Ascot asintió con rapidez, y sus ojos se habían empañado un poco, se apuró y se encaminó a la puerta. Antes de salir, dijo:
-Gracias, Maestro.
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El Palacio se llenaba de ruido y alboroto. Varias doncellas corrían con rollos de tela y listones, algunos sirvientes también acarreaban comida en bandejas, otros en charolas acomodaban copas y botellas de vino. En el castillo se vislumbraba una iluminada alegría, todos estaban muy animados, a pesar de que Céfiro se encontraba en reconstrucción aún, por orden de una personita, ése mismo día debía de hacerse una gran fiesta, una celebración que invitara casi a todos los Cefirianos a disfrutar del día, pero no solamente Céfiro estaba invitado: Los ciudadanos más importantes de Autozam, Chizeta y Farem también, porque los tres planetas vecinos, y ahora amigos, festejaban que la paz reinaría de ahora en adelante.
Aunque la naturaleza no ayudaba mucho a adornar Céfiro, se dispuso nuevamente que debido a esto el Palacio debería de estar radiante. Que no debía tener comparación con el majestuoso palacio de Chizeta lleno de pompa, ni siquiera con la elegancia y riqueza de Farem, no, ésta vez el Palacio de Céfiro sería la impresionante belleza que hasta el más presuntuoso podría admirar.
Ésa idea fue nada más ni menos que de Caldina, que al apenas saber que Marina estaba recuperada y despierta, avisó (por no decir que acosó) a Guru Clef convenciéndolo que de que la fiesta era tremendamente necesaria. Aunque al principio el hechicero le pareció una imprudencia por parte de la ilusionista, ya que Céfiro aún estaba algo reciente después de la guerra y la desgracia que los vino a azotar, tuvo que acceder debido a la necedad del capricho de Caldina, y un poco también (dijo Caldina) que en el fondo, el también deseaba el dichoso evento.
Apenas dijo Guru Clef un breve "Está bien" y Caldina ya tenía un ejército de modistas y asesores a su disposición, a lo que todos advirtieron que la chica solamente esperaba la aprobación de Guru Clef para llevar a cabo sus planes. También reunió a los mejores cocineros del planeta, juntó bailarines, y se dispuso (por decisión propia) a ella misma vestir a las más festejadas de la noche: Las Guerreras Mágicas.
Cuando otros allegados a las susodichas se enteraron, se realizó un movimiento muy singular. Ráfaga tenía que organizar la brigada para terminar con la ayuda civil de una aldea, Paris decidió que lo mejor sería que lo acompañase, dado a que él era el príncipe de Céfiro tendría que estar presente para agradecer a los soldados su infinita ayuda, Látis rápidamente reaccionó también, avisando que iría a avisar a sus amigos Geo y Zaz, que se estaban instalando en una provincia cerca del Templo de Windam. Ascot estaba ausente, y Guru Clef le dijo que estaría ocupado en varias reuniones, y firmando tratados en la biblioteca, también le amenazó terminantemente que no se atreviera (y que ni siquiera lo pensara) en acercarse ahí.
Y así, el tan esperado día fue transcurriendo. En un bonito cuarto, lleno de telas, encajes, listones y cintas, se escuchó un grito no precisamente de dolor por parte de una dama.
-¡Deja de moverte, mujer! – se quejó Caldina – ya estás grandecita, como para estar llorando por esto.
-Óyeme, Caldina – espetó Presea – no grité de dolor, los alfileres ni siquiera me tocaron. Pero…¡Dime que es esto! ¿Ya lo viste? ¿Cómo esperas que me ponga esto, estás loca?
Lucy, Anaís y Marina rieron. Caldina sostenía una pavorosa tela sobre el estilizado cuerpo de la armera, que se miraba horrorizada en el espejo. El vestido consistía en un amplio y atrevido escote, completamente rosado, en el que tenía una abertura en la pierna izquierda y una gran joya color azul celeste en el centro.
Presea no lo soportó, y al mirar el intento de vestuario de Caldina no pudo evitar gritar por semejante atuendo. Airmed, en un extremo de la habitación, daba algunas indicaciones a unas costureras, aunque no había pasado desapercibido para ella el incidente.
-¡Por Dios, Presea! – dijo Airmed – aprovecha ése lindo cuerpo que tienes. Mira que cuando tengas mi edad…
-Gracias por recordarnos que envejeceremos algún día, querida – dijo Caldina con una gotita, aunque se había molestado un poco – aunque no puedo entender porque te quejas tanto. ¡Te ves espléndida!
-No, Caldina – negó ella rotundamente, tapándose el pecho con la tela - ¡No saldré así a la fiesta!
-Caldina tiene razón – dijo Lucy sonriente – te ves hermosa, si yo tuviera el cuerpo que tú tienes…
-¡Aw, linda Lucy! – sollozó Caldina - ¡Tú eres una preciosidad en miniatura!
Lucy sonrió con nerviosismo.
-Además a Látis no parece importarle – dijo Airmed pícaramente.
-¡Oh! – se sonrojó al máximo la pelirroja – por favor…no digan esas cosas.
-Estás muy bien proporcionada, Lucy – admitió Anaís amablemente. – pero si quieren una modelo, ahí tienen a Marina.
-¿Modelo? – preguntó Caldina con curiosidad - ¿Qué es eso?
-Las modelos se dedican a mostrar la ropa. – explicó Anaís – y todas tienen un cuerpo alto y delgado, también una cara preciosa, ¡Como Marina!
-No exageres, Anaís – se apenó Marina sintiendo una incomodidad.
-¡Pero es verdad! – dijo Lucy – la primera vez que te vimos en la Torre de Tokio, mis amigas y yo pensamos que eras una modelo. ¡Deslumbrabas a todos los muchachos!
-Ah…pero solo se tiene uno en el corazón – razonó Airmed - ¿verdad, cariño?
Marina no contestó nada. Solamente sonrió a Airmed, Lucy y Anaís miraron un poco preocupadas a su amiga, que aún no sabían nada del avance con Guru Clef. Sabían de los sentimientos de ella, pero ninguna alarma de que pudiese haber algo más. A ella no le alteraron más los pensamientos de sus amigas, de Airmed o de Presea. Porque aunque aquel día estaba, (o debería de estar) lleno de dicha y felicidad, Marina no estaba feliz. La imagen de Rommel en su desesperación no podía borrársela de la cabeza, los ojos llenos de angustia, y completados con el sentimiento que debió haber sentido una vez. Se preguntaba ¿Qué debió tener en su corazón para sentir que ya no había salida? Ella había experimentado la misma experiencia. Se sintió morir, se llenó de odio y dolor, de no haber sido…por aquel cálido contacto en su mano.
Aún no estaba completamente segura que pudo haber sido, si simplemente lo soñó, o aquella hendidura de esperanza que pudo percibir podría haber sido su propio subconsciente, pidiéndole ayuda, o ella misma, encontrando la salida. O tal vez, alguien la había salvado. Parecía un recuerdo muy lejano, pero podía jurar haber escuchado la voz de Clef.
-Si permaneces en este lugar tú también morirás. ¡Anda, sal pronto de aquí!
-No es importante lo que pase conmigo – le dijo Clef sonriendo, y algo en el interior de Marina se removió – a mí lo único que me importa es que a ti no te pase nada.
-¡Pero…no! – negó ella, cada vez sintiendo más que la cabeza le iba a explotar - ¿Por qué…porqué te preocupas por mí? Si yo soy una desconocida…para ustedes.
-Te equivocas – dijo él – eres alguien muy importante, eso no lo puedo negar.
Se llevó la mano a la cabeza, porque cada vez que se le venían aquellas visiones no soportaba la jaqueca. Junto con una mirada de aprensión. A un poco distancia, Anaís la miró con gravedad.
Ya caída un poco la tarde, donde el sol se convertía en una gran esfera naranja que cubría Céfiro, las tres Guerreras caminaban por el amplio corredor residencial, saludando de vez en cuándo a alguna doncella que les agradecía su apoyo, o otras que les preguntaban si se les ofrecía algo. Todo esto hacía muy confortadas a las chicas, que sabían que sus esfuerzos estaban dando frutos, también conversaban sobre los vestidos que Caldina les había hecho, y los preparativos que incluía la noche.
-Caldina es el alma del castillo – dijo Anaís – pone la alegría hasta en un momento crítico como éste.
-Pero todo está arreglado, - dijo Lucy sonriendo – no tenemos porqué preocuparnos ahora. Solo esperábamos que Marina se recuperara, y ahora no hay nada que temer.
-Chicas…- llamó Marina - iré a mi habitación a escoger algunas cosas para la noche, espero me disculpen.
-Pero…- empezó Lucy.
Pero Lucy no pudo terminar, porque Marina ya había caminado por el corredor con rapidez, y había dado la vuelta en una esquina cercana. Las otras dos Guerreras se miraron sin comprender.
Deseaba estar sola. No fue a su habitación, ni tampoco tenía que recoger nada. Solamente necesitaba pensar. Se dirigió hacia un amplio jardín que estaba en una de las tantas terrazas del palacio, donde un bonito estanque turquesa lo decoraba en el centro. A su alrededor, había otras fuentes y pilares que formaban una especie de descanso, en el que había también pequeñas bardas que protegían rosales. Se sentó y dio un suspiro de cansancio. Cuando apenas iba a empezar a desahogarse, alguien la llamó.
-¿Escondiéndote del alboroto?
Marina se giró y vio a Airmed a su lado. La anciana se sentó junto a ella y le sonrió. Marina hizo lo mismo, aunque de momento sintió una pequeña imprudencia, pues quería estar sola y sin nadie más, la compañía la distraería de tantos líos.
-Solo que no conocía esta parte – dijo Marina señalando el estanque – es un lugar muy bello.
-No creo que bastara agradecerles mil veces para retribuirles lo que han hecho por Céfiro – dijo Airmed entonces. – tú, mi querida Marina, has ayudado a Céfiro más de lo que nadie ha hecho jamás…se han ganado el respeto y cariño de todos los Cefirianos, y su empeño en luchar ha demostrado que son dignas de decoro y admiración. Pero me pregunto…¿Será eso suficiente?
-No entiendo – se sorprendió Marina.
-Sí…a pesar de que nosotros quisiéramos que todo fuera perfecto y armonioso, no aseguraría tu felicidad. Al igual que cuando salvaron Céfiro una vez, solo sus corazones se llenaron de tristeza y arrepentimiento.
-Pero lo corregimos – dijo Marina sonriendo – regresamos, y…volvimos una vez más. No tengo nada que guardar, Airmed.
-Tú historia es convincente. – sonrió Airmed con melancolía – pero…¿Será verdad?
-No sé que quieres que te diga – dijo – todo lo que pretendíamos se cumplió, estoy feliz de haber llevado a cabo mi misión y mi deber. Todos estamos juntos de nuevo, nadie salió herido de gravedad y las heridas que tenemos ahora serán curadas con el tiempo, te lo aseguro.
-No dudo de tu palabra, mi niña – dijo Airmed mirando hacia los árboles – pero los ojos siempre han sido una ventana del alma. Tus ojos me dicen todo lo contrario…dime Marina, a quién debo creer, ¿A ti, o a tus ojos?
Marina desvió la mirada de Airmed. Dentro de ella comenzaba a desarrollarse un instinto de abrazarla en ése momento, mezclado con el arrebato de salir corriendo o gritarle, también sabía que tenía razón.
- Si te refieres a Clef, no sé si decirle la verdad.
-Sé lo que sientes – le dijo Airmed – la vida que llevamos a veces puede voltearse de cabeza. De repente alguien significa mucho más de lo que sentías con anterioridad, su casa entonces se convierte en tu hogar.
-No sé si hice bien en venir a Céfiro – sabía lo que sentía, lo que debía de hacer. Sabía también que mi futuro no estaba en Tokio, que nunca había sido feliz ahí y no tenía porque serlo en el futuro. Que siempre había estado sola, hasta que conocí a Lucy y Anaís.
-La compañía de tus preciadas amigas siempre estará ahí – dijo Airmed – incluso si deciden no quedarse en Céfiro.
-No comprendo, Airmed – dijo Marina – Paris me contó que la puerta entre las dimensiones estaba completamente cerrada. Que es imposible regresar.
-¿Lo saben Lucy y Anaís? – preguntó ella arqueando las cejas.
-No…- dijo Marina en voz baja – no…no lo saben. Lo olvidé…no pensaba en decirles, no al menos que nuestra misión fuera cumplida. No creo que Paris le haya comentado algo a Anaís.
-Tampoco creo que Látis a Lucy – dijo Airmed – con todo lo que sucedió, deben estar esperando un momento de calma. No sé como vayan a reaccionar tus amigas, pero…¿Qué harás tú?
-Cuando Guru Clef aparentemente murió me prometí a mi misma no regresar a Tokio – comentó – no podía resistir tal dolor. Decidí regresar a Céfiro, aunque fuera sola, porque no había nada que me atara a Tokio.
-Y aún así, sabes a donde perteneces, ¿Pero no quieres hacérselo saber?
-No lo sé Airmed. Creo que jamás pasaré de ser la niña del mundo místico que salvó a Céfiro. Que ése es mi papel, y nada más.
-No digas eso, mi niña – suspiró la anciana – deberías saber que Guru Clef te salvó porque le importas demasiado…y tú lo salvaste a él porque te importaba demasiado. ¿No lo comprendes?
-Lo pensaré – dijo Marina levantándose – se hace ya muy tarde. Buenas noches.
"Lo pensaré" se dijo de nuevo mirándose en el enorme espejo. Que torpe era. ¿Pensarlo? Tenía tanto tiempo pensándolo, desde que volvieron por primera vez de Céfiro, desde que regresaron, desde que Rommel apareció y mucho tiempo más después. No sabía porque le había dado ésa respuesta tan estúpida a Airmed. Quizá solo fue para quitársela de encima con sus preguntas, o quizá porque en el fondo estaba entrando en pánico más que nunca. No lo había visto desde la pelea, tampoco él había ido a verla. ¿Qué significaba eso, entonces? ¿Lo había asustado con su comportamiento cuando estuvo poseída por aquella energía? O ahora que él se había dado cuenta de lo que realmente era, decidió alejarse por completo. Si es que alguna vez estuvo cerca…
Dentro de un enorme salón, una muchacha de cabellos rubios jugueteaba con algunas flores. A su lado, el príncipe de Céfiro, Paris, la miraba con atención.
Habían decidido pasear un poco antes de encontrarse en el evento de ésa noche, Paris llevaba varios minutos revolviéndose las manos. Anaís le miraba de reojo de vez en cuándo, hasta que volteó en definitiva.
-¿Qué sucede, Paris?
-¿Cómo? Nada, nada. ¿Por qué me lo preguntas? – preguntó él de inmediato.
-No has dejado de moverte, y de mirarme. Ya suéltalo.
-En realidad no sé a que te refieres, Anaís.
-Buen intento, Paris – le sonrió Anaís – pero soy una persona difícil de engañar cuando se trata de ti, sin mencionar que jamás has sido buen mentiroso.
Paris se sonrojó levemente y miró hacia abajo.
-Anaís…todo este tiempo, a pesar de lo sucedido y las batallas, ha sido un sueño para mí – dijo él. – ahora que sé que recuerdas lo que pasó antes de que volvieras a tu mundo, quisiera…saber que tienes pensado hacer…conmigo.
-¿Hacer contigo? – preguntó Anaís con sorpresa - ¡Paris, no me hables como si fueras de mi propiedad! Pregúntame mejor que creo hacer con nosotros.
-Soy de tu propiedad – admitió Paris muy serio – no me da vergüenza decirlo, tú eres y siempre serás la única para mí. Por eso…por eso yo te pedí que te casaras conmigo.
Anaís sonrió levemente, aunque sus ojos habían comenzado a empañarse.
-Aunque no me perdones por lo que ahora voy a decirte, no me importa – dijo elevando la voz – porque todo lo que hice es para que permanezcas a mi lado, querida Anaís. No quiero compartirte con nadie. No me importa ser egoísta, y aunque respetaré tu decisión quiero que sepas por igual que no me casaré con ninguna otra chica.
-¡Paris…!
-Airmed me dijo que ésas Runas son inmensamente poderosas – repuso Paris – y el portal que atravesaron para llegar hasta aquí se ha cerrado, Guru Clef me dijo que lo que hicieron fue tan solo una indudura, que se cerrará dentro de veinticuatro horas por completo, Porque su deseo de regresar a Céfiro fue más fuerte que la propia magia de aquí. Si ustedes le piden a las Guardianas de las Runas que las lleven a casa, no dudo que se los concederá. La pregunta es…¿Te irás?
Anaís se levantó con rapidez. Aquello Paris se lo había dicho sin recato alguno. Entendía los sentimientos del muchacho, más que los suyos propios. Pero ¿Cómo pudo haberle guardado ese secreto? ¿Por qué no le dijo antes? Y aún más, ¿Por qué le pedía escoger entre él y su adorada familia?
-Paris – le dijo severamente – me has presionado de todas las formas posibles. ¿por qué no me lo dijiste antes? Sé que tuvimos muchos problemas – aclaró, porque Paris ya estaba dispuesto a protestar – sin embargo, eso no justifica lo que hiciste. Eres egoísta e insensible conmigo. ¿Me pides que elija entre dos felicidades irremplazables?
-Sí Anaís – respondió él de inmediato – te lo dije desde un principio. Aunque respetaré tu decisión, y aún más, siempre te amaré. Te vayas o te quedes.
Finalmente, Anaís se quebró. Las palabras de Paris le habían llegado al alma, y aunque estaba un poco molesta con él, no pudo evitar abrazarlo con ternura.
-Sólo esta noche – le dijo la Guerrera Mágica – no pensaremos en eso. Mañana sabrás mi respuesta.
Algo parecido pasó con la Guerrera del Fuego y el espadachín. También Látis le dijo a su querida Lucy lo que pasaba con el Portal de las Dimensiones. Aunque Látis, a muy diferencia del príncipe, pensaba antes en Lucy que en sí mismo. Él solo le comentó la situación, y también muy diferente a Anaís (Que reclamó la presión) se sintió algo abandonada porque él no le pidió quedarse.
-No comprendo, Látis – le dijo Lucy con tristeza - ¿Quieres que me vaya?
-¿Por qué me dices eso?
-No me has pedido que me quedara.
-¿Necesito pedírtelo? – preguntó Látis con una sonrisa – creí que tenías completamente claro que mi único y más grande deseo es quedarme contigo, aquí en Céfiro. Pero no está en mis manos que tomes ésa decisión…no quiero detenerte solo por mí.
-Eres maravilloso, Latis – sollozó Lucy abrazándolo – pensando solo en mí, sabiendo que puedo dejarte. No sé si quiero quedarme en Céfiro…lo amo, pero mi mundo es mi mundo. Mi vida y mis sueños están allá.
-Por favor no me contestes hoy – pidió Látis – mañana habrá una oportunidad. La última oportunidad.
Y como los momentos menos esperados llegan con más rapidez, así llegó la hermosa velada que Caldina preparó. Los invitados comenzaron a llegar después del atardecer, y una vez entrada la noche no pararon de llegar. El castillo lucía más hermoso que nunca, adornado con listones de seda y guirnaldas doradas, con arreglos florales naturales de todos tamaños, las flores más exóticas que se hubieran visto en la historia, y claro, junto con un poco de magia, la noche pintaba muy prometedora.
Caldina había elegido el atuendo más atrevido y exótico de todas las damas del salón, (Incluso más que algunas de Chizeta) y fue contemplada con gran envidia por parte de mujeres y admiración por hombres. Su vestido, que era completamente liso con dos aberturas en cada pierna, sin mangas y color escarlata, fue el más lucido. Claro que hay que destacar a las demás, Presea, a pesar de los intentos vanos por convencer a Caldina de que mejorara el atuendo, no lo hizo, y al final tuvo que quitarse la vergüenza y pasar a ser también admirada por todos. Las Guerreras Mágicas no eran para nada la excepción, ya que Anaís decidió ponerse un traje de falda muy larga en color verde claro. Lucy mostró su pequeña figura en un vestido durazno de muselina, con un cuello largo que (según Caldina) le hacía ver más alta. Marina fue vestida con uno completamente blanco, su traje era sin hombros, con unas delgadas cadenas que asemejaban tirantes y entallado de la cintura, para dejar caer ligeramente el vuelo de la larga falda. En el talle del bello vestido, una gema azul celeste que combinaba con su cabellera, que ése día lo recogió un poco.
Ella estaba parada en un rincón, desde que las cosas habían vuelto a la normalidad no había intercambiado grandes frases con nadie, excepto tal vez con Airmed. Le exasperaba un poco las miradas constantes de algunos invitados, también los elogios y las felicitaciones. Se sentía contenta, en el fondo, porque la dura batalla con la que habían lidiado por lo menos había servido de algo. Se preguntó varias veces que imagen tendrían los habitantes de Céfiro de ellas si no hubieran vencido. ¿Vencido? ¿vencido a qué? ¿a un simple muchacho resentido con su pasado y envuelto en una locura de destrucción? Aquello seguía sin gustarle. Pero ahora que no había marcha atrás, trataría de seguir el consejo de Airmed, que era sobrellevar el dolor y agradecer la paz que ahora brindaban.
-Como siempre, apartada en las fiestas – dijo una voz a su espalda – eso es algo que nunca vas a poder cambiar.
Ella se giró, Ascot estaba frente a ella.
-Supongo – admitió con seriedad – la última a la que asistí fue cuando regresamos de nuevo a Céfiro.
-Traté toda la noche pensando en como invitarte a bailar – dijo Ascot entonces.
Aunque tratara de evitarlo, aún le dolía ver a Ascot, a pesar de eso, preguntó:
-¿Y por qué no lo hiciste?
-Porque tú buscabas con la mirada a alguien más.
Marina agachó la mirada. No sabía si ignorar el comentario de Ascot, o contestárselo, o simplemente hacerse la distraída. Cuando estaba en ésa lucha mental, un pequeño rayo de sinceridad vino a ella. Quizá ya no valía la pena seguir haciéndose la tonta, ni fingir no ver a Guru Clef cuando lo que quería era verle todo el tiempo, ni aceptar sus estúpidos errores en vez de echarle la culpa a alguien más.
-Ésa noche me pregunté que te pasaba, estabas muy raro conmigo.
-Comenzó mi decadencia – dijo Ascot sonriendo. – Marina…creo que no necesito decirte nada, porque veo en tus ojos que no me guardas rencor.
-Jamás podría hacerlo – coincidió ella – porque tú has sido parte de mi vida en Céfiro, Ascot. Y a pesar de todo…siempre quise ser tu amiga.
-Ofrecerle tu amistad a alguien que está loco por ti es como ofrecerle pan a alguien que muere de sed, querida Marina. Sin embargo, me estoy re ubicando en un nuevo camino. Lo que llegué a sentir una vez por ti se transformó, con la ayuda de Rommel en un odio muy profundo.
-Ascot…- se lamentó Marina – no sabes cuánto…
-Lo sé. Ése absurdo odio no era más que mi propia obsesión, trastornado en el deseo imposible de tenerte. Pero ahora no te odio, Marina. Y sé que ya no te odio, porque ya no te amo.
Ella guardó silencio.
-Creo que siempre estaré un poco enamorado de ti – sonrió – pero ya no más deseos imposibles. Ya no más juegos para cambiar tu indiferencia por amor. Para romper ésa barrera, que creía que estaba entre mi vista y tu ceguera.
-Gracias Ascot – dijo entonces tomándolo de la mano – me hiciste mucho daño…tú sabes, por lo que le hiciste a Clef. (Y Ascot apretó un poco más su mano) pero sé que todo estará bien. Los dos hemos madurado bastante…
-Dime una cosa, Marina. ¿No me digas que vas a quedarte en Céfiro?
-Auch. Eso dolió. – se quejó.
-No, no – lo arregló con cierta simpatía – quise decir…después de lo que hice.
-Aún no sé. – suspiró – tengo muchas dudas…muchos miedos. Todo dependerá de ésta noche.
-Ten cuidado – le dijo finalmente al oído – dicen que ésta noche es mágica.
Marina no comprendió lo que el chico quiso decir, pero dentro de ella se había liberado un peso grande, que la había estado doliendo desde hace mucho.
-Por cierto…- dijo Marina – ésa melodía me agrada bastante. Ya que todo está arreglado, ¿Por qué no bailamos una pieza?
-Realmente eres muy buena Marina – dijo Ascot – pero no es conmigo con quien quieres bailar.
Ascot se despidió con una reverencia dejándola algo desconcertada. Se quedó mirando una bella estatua de cristal que estaba justo frente a ella. Era una muchacha de largos cabellos y rostro amable. Aquella estatua era de la princesa Esmeralda, el pilar más querido de Céfiro.
Sentía una tranquilidad al verla, cómo quisiera que la princesa estuviese allí con ellas, disfrutando de un Céfiro libre.
Es increíble como le hablas directo a mi corazón.
Sin decir ni una palabra, puedes iluminar la oscuridad.
Por mucho que lo intento... no encuentro explicación
Cuando te oigo sin que digas nada.
Con la vista fija en la bella estatua, no pudo percibir, ni siquiera en ligera sospecha, que una persona acababa de entrar en el Gran Salón, caminando con lentitud, como no tuviera prisa alguna. Tampoco advirtió que varios invitados le miraban, otros lo saludaban con la mano, o hacían una pequeña reverencia. Ni siquiera se dio cuenta, aunque trajera ése anillo color azul.
Y mientras sus pasos se hacían más evidentes, más lejos estaba ella de enterarse de quién se trataba. Entre los comentarios, entre las risas, todo era inadvertido para Marina. Estaba demasiado sumida en pensamientos.
La sonrisa en tu rostro me dice que me necesitas
Hay una verdad en tus ojos que dice que nunca me dejarás.
El roce de tu mano me dice que me atraparás, si llego a caer
Hasta que muy cerca de ella, dijo:
-¿Me permite ésta pieza, señorita?
Lo que faltaba. Otro ciudadano de Céfiro admirado, (o menos asustado que los demás) para tratar de hablar con ella. Puso los ojos en blanco, pensando rápidamente en que excusa darle al imprudente joven, que, aunque fuera atractivo, no iba a tener el privilegio para el humor que se cargaba.
Entonces, junto con todos sus signos vitales, el color se le subió. Frente a sus ojos estaba Clef, mirándola con una sonrisa. Vestía completamente un traje blanco, con ligeros bordados dorados. También su tiara era dorada, y sus ojos estaban más brillantes y hermosos de lo que Marina recordaba.
Lo mejor lo dices cuando no dices nada.
La sensación que experimentó no sabía si catalogarla como buena o mala. Era algo muy loable, puesto que él estaba muy cerca y a pesar de eso, sentía que estaba más lejos que nunca. No lo había visto desde la batalla y ahora, encontrarlo así, tan de repente…y estaba pidiéndole bailar. Hubiera querido salir corriendo, pero sus piernas acalambradas no se lo permitieron.
-¿Sucede algo malo? – preguntó él como si nada. Ella negó con la cabeza, y Guru Clef le extendió la mano, renovando su propuesta. Ella la tomó, ignorando por completo que muchísimas miradas se habían centrado en los dos, preguntándose muchas cosas, aunque no más que ella misma.
Todo el día puedo oír a la gente hablando alto
Pero cuando me abrazas te haces escuchar más que la multitud
Ahora entendía cuántas veces había escuchado hablar a sus amigas sobre como el tiempo se detiene cuando estás con ésa persona. Como flotas, y como quisieras que aquello durara lo que dura la eternidad. Él la estaba mirando, y ella no podía hacer otra cosa que hacer lo mismo. Cuando llegaron al centro del salón, Clef la tomó por la cintura y comenzaron a bailar. no recordaba haberse sentido tan feliz, tan especial en mucho tiempo. Qué más daba ya si él no la amaba, ahora estaba con ella, y eso era lo que importaba. Aunque después la rechazara y le dijera que la veía como su pequeña Guerrera Mágica, permanecería ahí, como el cazador inexperto que espera a que la liebre caiga.
A pesar de que lo he intentado
No puedo definir lo que se dicen tu corazón y el mío…
La melodía no era lenta, tampoco tenía que esforzarse, y a pesar de que intentaba mirar otra cosa, a Lucy, que sonreía, o a Anaís, que tenía una mano en el rostro, o a Caldina, que la miraba boquiabierta, solamente pudo centrarse en ésos ojos azules, profundos y atrayentes. Los mismos que le habían robado el corazón.
Entonces, su sueño bajó a la realidad. La pieza terminó, y ambos se quedaron parados sin hacer nada. Ráfaga se acercó a ellos y dijo:
-Guru Clef. Lamento importunarte, pero las princesas de Chizeta solicitan hablar contigo, dicen que es muy importante.
-Claro – dijo Clef inmediatamente – Gracias por bailar conmigo, Marina.
-No…no – tartamudeó ella – fue un placer.
Clef hizo una reverencia y siguió a Ráfaga. Ella se quedó parada en medio del salón, tratando de asimilar lo que acababa de pasarle. Había estado tan cerca, y tristemente (pensó) seguía tan lejos de él.
Cuando la realidad volvió, se fue a tomar una copa de vino, que estaba cerca de un gran ventanal. Una, otra más. Y ya comenzaba a sentirse un poco mareada, Anaís le pidió que se acercara con los demás, hablaron de la situación de Céfiro. Saludó a Tata y Tatra y ellas le pidieron que las visitaran en Chizeta lo antes posible. Aceptó. También bailó un poco con Ráfaga y con otro caballero que nunca había visto. Cuando estaba dispuesta a tomar una copa más, se percató de que había una persona en la terraza, una persona de blanco.
Sin meditar lo que estaba realmente haciendo salió, encontrando a Guru Clef afuera. La brisa de la noche era deliciosa, y se acercó un poco más.
-¿Qué haces aquí afuera? – aventuró.
Él se giró y medio sonrió.
-Sólo pensaba en la princesa Esmeralda – contestó – en lo feliz que estaría ahora aquí. Celebrando.
-Deberías estar adentro, eres indispensable – dijo Marina poniéndose al lado suyo.
-Tal vez prefiera estar solo – dijo Clef en voz baja.
Ella se aferró aún más al balcón.
-Marina…no sabes cuánto me alegra que estés bien. – dijo Clef mirando hacia el frente, - pero no sé porque, pero presiento que aún guardas muchas cosas.
-Yo…- empezó, sintiéndose tremendamente extraña. ¿Ella, confesando algo tal vez? No. No era el momento. Pero, ¿Cuándo iba a ser el momento? ¿No había esperado ya demasiado? – no comprendo. Gracias a ustedes estoy bien.
-Veo tus ojos plagados de dudas – dijo Clef, y entonces se giró para mirarla – ustedes ya no podrán regresar si deciden irse, y también nunca estarán en su mundo si desean quedarse. Debe ser una decisión complicada.
-Es más que eso…
-No entiendo. – repuso él. – cuando estuviste en trance hablaste de varias cosas. Cosas que me aturden, que me intrigan, cosas que te duelen mucho.
-¿En verdad? – dijo Marina sintiendo desfallecer - ¡Perdóname! Yo estoy en todo éste vaivén de intento de vida…y tú…casi soportándolo sin necesidad de hacerlo. He hecho algo malo por el mundo que tanto amas. Yo…ya no quiero estar así.
-Creo que lo estoy descubriendo, pero por ahora no estoy seguro de nada. Quizá ya me has contagiado ése pensamiento. Por favor, dímelo. Aunque…¿Quién va a garantizarme que no te pondrás mal otra vez y tendré que volver contigo en brazos y corriendo?
-No, no – negó ella – te garantizo, Guru Clef, que no volveré a desvanecerme.
-¿Estás segura?
-Sí. Así lo quiero y no creo que vaya a traicionarme mi mente en contra de mi cuerpo. Ya basta, Clef. Esto no puede seguir así y tú debes de saberlo. Voy a enfrentarme a mí misma aunque esto me cause otra vez la muerte.
El tiempo era cálido, aunque un viento fresco hacía su aparición de vez en vez y un olor a especias y flores impregnaba el ambiente.
-¿Puedes decirme porqué lo decidiste hasta hoy? – preguntó Clef.
-Porque hoy es el día que tanto he esperado. Es un gran día, Clef. El día de mi confesión, de mi perdón, y de dejar de hacer la víctima de todo lo que ha pasado en mi vida.
"El ritmo de mi vida, de mi mundo. Yo siempre había estado dominada por las personas que viven en él, en todo. Parecía como si tuviera un embrujo que no me permitiera pensar por mi misma y todo o casi todo, dependía de lo que mis padres dijeran, de su aprobación, de su poder. He roto con ello. Ha sido muy doloroso, porque yo no me había dado cuenta de ése dominio, tardé muchos años en saberlo."
"Cuando lo descubrí, me fui hacia un pozo muy profundo, lleno de tinieblas, como si me hubieran quitado una banca en la que reposaba y de la cual nunca pensé que pudiera caerme, pero me caí y lo único que encontré fueron sombras. Ellos, sobre todo mi madre, sin saberlo, o al menos así lo quiero pensar, me ha hecho mucho daño. Hubiera sido tan fácil para las dos el respetarnos si no cabía en nuestra forma de ser la comprensión. Pero no, cuando más sumida estaba yo, ella atizaba más los leños, nunca podría ser lo suficientemente bella, lo suficientemente lista o perfecta. En lugar de abrazarnos, el fuego nos abrasaba y así, poco a poco, me fui quemando hasta que no quedara ningún pedacito de mí.
Siempre la sociedad de por medio, enseñanzas estúpidas, y prejuicios hacían mi vida. Mis padres siguiendo a pie todo lo que marcaba el protocolo, la sociedad, o los dictámenes de la familia. Nunca un brazo extendido hacia el cuerpo lacerante de tristeza para darle consuelo, nunca un movimiento de complicidad hacia algo supuestamente prohibido, nunca un no estoy de acuerdo, pero te apoyo. ¿Por qué predominaron más esas tonterías que el cariño y la comprensión? Ahora he comprendido que siempre había un pero. No debería de hacerlo, porque me da la sensación de que implica una disculpa a algún hecho erróneo. Insisto, ahora he comprendido que en parte soy responsable. Yo le echaba toda la culpa en parte a mis padres y al mundo donde nací, y pienso que también fui responsable por no haber dicho un hasta aquí; por no poner un límite, pero he de decirte que estaba muy asustada. Mi vida pendía de nada, no había control, ni yo misma sabía que pasaba conmigo. Por eso, me hice un disfraz, un disfraz que nadie podía descifrar quien era realmente. Nadie sabía quien era Marina, la persona que estaba detrás. Yo, pues contenta, porque no encontré otro camino para sobrevivir en ése mundo, hice de mis atuendos una persona que no existía. Aunque sí existía, pero solo para mí misma. Y como te dije antes, me caí en el pozo. Me ha costado mucho salir de él. Las manos se me destrozaron, los pies están heridos de tanto escalar hacia arriba, miles de cardenales fueron saliendo de mi cuerpo".
"Mi alma estaba en el fondo y mi corazón también. Entonces fue un trabajo duro, el subir un poco y volver a bajar para poder pescar el alma y después volver a bajar para pescar mi corazón. Así me la he pasado durante mucho tiempo. creo que por fin he salido del pozo, completa, con todo en su lugar. No creo que tengas idea de lo que me ha costado y lo que ha implicado. Me siento satisfecha. En mi mundo no podía ser quien realmente soy. Ésta, que está parada frente a ti, se ha salvado de si misma. Clef, tú, un ser que alguien envió hacia mí, has contribuido a que me encuentre. ¡Bendito sea Céfiro!."
"No todo fue malo en mi mundo. También hubo cosas buenas, hábitos y costumbres por parte de mis padres que agradezco. Lo único que me faltaba arreglar era: ¿Por qué nunca una palabra de cariño, un abrazo, un toque de manos, una sonrisa para un alma que sufría tanto? ¿Por qué nunca una aprobación robada ante una insensatez mía? No sé. Quizás las almas de mis padres nunca estuvieron preparadas para dar amor. Sabes, llegué a pensar que yo era una mujer marcada para toda la vida, y que nadie me querría por ser yo, tal y como soy y he sido. Porque somos un todo, y en ese paquete hay cosas que te gustan y otras que no, y no puedes desechar las feas porque también son tuyas. Y lo que hice yo, fue nulificarme completa y perder así mi autoestima. ¿Acaso nadie podía aceptarme tal y como yo era? ¡Claro que sí, Clef! Ha sido un largo tiempo sometida a ése embrujo. Ahora ya se ha roto, no existe más y me siento libre."
-Marina – dijo Clef con voz grave – lo que me has dicho me ha dejado sin habla.
-Yo sé que por ti corren varias preguntas y has de pensar que tengo más cosas ocultas y extrañas dentro de mí. Yo creo que querías saber desde mi nacimiento hasta éste momento. De donde vengo, quiénes son mis padres, y todo lo demás. ¿Verdad?
-Sí, Marina. Todo lo quise saber. Pero no por curiosidad simple, sino por un gran cariño que te ido tomando durante este tiempo. Créemelo, por favor.
Marina solo sonrió con tristeza. Aquel cariño del que hablaba Guru Clef siempre lo había entendido. Ése cariño de un maestro hacia su alumna, hacia una hermana pequeña. Recordó las palabras de Ascot y lo que se siente morir de sed teniendo un pan en la mano.
-Quisiera saber…¿Qué fue lo que viste cuando entraste en trance? No me escuchabas, traté de hacerte reaccionar. Pero solamente me atacabas.
-No sabes…no tienes idea de cuánto lamento eso, y cuanta vergüenza siento ahora. Pude haberte matado, o a Lucy o Anaís. En realidad sí sabía lo que estaba pasando. Vi mi vida como una película, los peores momentos. Como cuando me dejaste…
-¿Cuándo te dejé? – preguntó Clef.
-Cuando moriste en mis brazos.
Guru Clef cerró los ojos y miró hacia otro lado. Luego miró a Marina con tristeza.
-Cuánto dolor te he hecho pasar, mi querida Guerrera Mágica. ¿Por qué no te regresé a tu mundo cuando pude? ¿Por qué te dejé a merced de tanta maldad? Pude haberlo evitado. No creo que puedas perdonarme.
-Oh, Clef - suspiró Marina – lo único que lamento son los meses que pasé. Completamente consciente de todo. Fueron una tortura, porque para Anaís y Lucy solamente estaba loca. Incluso yo llegué a pensar que lo estaba, que todo había sido una vana y cruel ilusión. Gracias a la joya que me diste pude creer.
-Quizá hubiera sido mejor no dártela – confesó Clef – pero no podía a afrontar lo que realmente pasó. Yo sabía que ustedes eran nuestra última esperanza. Que tú eras mi esperanza. Sin mí, Céfiro iba a destruirse, pero mi último deseo, aún después de haberte dado la joya, fue que volvieras, y olvidaras todo.
-¿Por qué me dejaste con la gema entonces?
-Era el último recuerdo que ibas a tener de mí – sonrió – mi fuerza no me permitió quitarme el anillo. Hubiera sido tuyo, de no haber perdido la consciencia. Marina, si no quieres hablarme de nada más, no lo hagas. No quiero ser la causa de más dolor en ti. No digas nada si no quieres.
-Lo que más deseo es que sepas por lo que pasé. Para que puedas realmente comprenderme…después de ese horrible día me perdí. Estaba navegando por los mares como un delfín, inteligente, sigilosa, guardiana. Pero no sabía adónde iba, como sí los delfines. El mar es tan grande que me perdía en él y no tenía nada de dónde asirme cuando me canso. Tenía que nadar y nadar, algunas veces me ponía boca arriba y me quedaba flotando hasta que debo seguir otra vez mi camino. No había playa, ni arrecife, ni isla, ni barco, ni barcaza, de la que pudiera echar una mano para cogerme y descansar un poco. Sólo pedía un poco de tiempo para continuar mi nadar. Cuando me tocaban las peores tormentas (de lágrimas), no podía refugiarme en ellas. Tenía que subsistir valientemente y dando brazadas a lo loco para nos ser tragada por el mar. En los días de mucho sol y calma, mi cuerpo se llenó de llagas y dolor y ni la luz ni el arrullo del mar las pueden acallar. Grité y nadie me escuchó, vi un barco a lo lejos y le hice señales pero solo logré que los brazos me quedaran adoloridos, ya que no pudieron verme. Fui tan pequeña dentro de ésos océanos que me perdí. No pude soportar estar tan sola en ésa inmensidad. Brazada tras brazada y sin llegar a puerto seguro, a puerto libre; ni siquiera logré ver en el horizonte alguna esperanza de tierra, de vida humana. No tuve futuro ni esperanza, solo un presente dentro de un círculo sin fin que tampoco me respondió. Ya no pude más.
-Si alguien más, que no fueras tú me lo hubiese contado, jamás lo habría creído. ¿Tanto daño te he hecho? – dijo Guru Clef, y algo más, en sus ojos había lágrimas.
-No, no – dijo ella sonriendo quitándose también la humedad del rostro – cuándo nos arrebatan a un ser querido, una parte de nosotros se pierde para siempre. Nunca volvemos a ser los mismos, aunque yo, que tuve la dicha de volver a encontrarte, me he recuperado. ¡Te lo he dicho antes! He salido de aquel laberinto ahora, nunca más entraré en él. Aun cuando…las cosas no salgan como lo quiera yo.
-No comprendo ésa parte, Marina – dijo Clef.
-Si no hubiera sido por ti, me habría perdido en aquel lugar lleno de sombras – confesó – cuando estaba reviviendo esos momentos, escuché tu voz. Clara y fuerte…diciéndome que no estaba sola.
-Lo hice, lo hice – dijo él acercándose – no podía permitir que algo te pasara.
-Lo sé – dijo ella – siempre te has preocupado por todos.
-No, es más – negó él – Marina, tú me salvaste. No una, sino dos veces. Arriesgaste tu vida y yo…en mi egoísmo ciego de proteger a Céfiro no pude agradecértelo como debí de haberlo hecho. ¿Qué eras entonces sin un sacrificio? Si te hubiera perdido, nunca me lo hubiera perdonado.
-Quiero que sepas toda la verdad – dijo Marina entonces – y si después de eso algo cambia no me importará, porque me quedaré satisfecha de que tuve el valor y la honestidad para decírtelo. Clef…cuándo te dije que mi vida estaba vacía de amor…mentí. La verdad es que sí tengo un gran amor. Nunca creí, en mi existencia no creí llegar a valorar tanto a una persona. Que me hiciera tan feliz, solo por sonreírme, o hablarme. Creo que es complicado, y el amor es tan fuerte, tan inesperado, que creo es fácil confundirlo con la antipatía o el desagrado. Ésa atracción…inexplicable, que me hace sentirme viva, lo que quiero decir Clef…es…que creo que te amo.
Clef la miraba con una gran sorpresa. No hacía otra cosa que mirarla, guardando silencio como ella le había indicado. Sobre su espalda se habían liberado unas cadenas muy pesadas.
-Siento que…- continúo en voz baja – que ya mi vida no puede ser de otra forma si no es a tu lado. Que el corazón me late tan fuerte cuando estás cerca, y que se me quiere salir del pecho…como si no me perteneciera. Sí, eso. Que no me pertenece…porque más bien te pertenece a ti. Y no me importaría nada más, no pediría nunca nada, todo lo sabría…si tan solo tú…me dieras el tuyo. Es lo único que necesito.
Un silencio envolvió entonces el lugar. A lo lejos, había parejas bailando con alegría y desfachatez, otros invitados, un poco embriagados, reían y charlaban. Marina mantenía los ojos cerrados, con tal pavor, y más fuerte del que había sentido jamás, sabiendo que Guru Clef seguía mirándola, podía sentir su presencia ahí.
Entonces, en un arrebato de inestabilidad emocional, los abrió y se dio la vuelta.
-Lamento haberte molestado, Guru Clef.
No pasó un segundo y su mano ya había sido detenida. Él sujetaba su mano con firmeza, cuando lo miró sin entender, él negó la cabeza, indicándole que no podía irse.
-Marina, ven por favor.
Ella, sonrojadísima, tratando de mirar hacia otro lado. Pero él le tomó el rostro.
-Mírame – le dijo - escúchame, tú no me has molestado. ¿Acaso no te das cuenta de lo que acabas de decirme? ¿crees que aún así debo perdonártelo? Marina, jamás había escuchado palabras más bellas y más sinceras en mi vida. ¿Crees que eso va a molestarme?
-Si tú opinión es contraria, podría ser – aventuró Marina.
-Dijiste que no te importaba lo demás. Con tal de que lo supiera.
-Lo dije, - repuso Marina – pero no quiere decir que me vaya a sentir feliz.
Guru Clef la miró impactado. Marina se preguntaba como remolinos dentro de su cabeza que estaría pasando por su mente, pero él no decía nada. ¿Tanto le había sorprendido? ¿O estaba buscando las palabras correctas para rechazarla?.
-Me voy – dijo Marina tajantemente y se encaminó hacia el ventanal.
Entonces, un pánico se apoderó de ella. Ése miedo que se siente de saber la verdad, de ver las cosas tal y como son. De esperar por tanto tiempo eso tan esperado, y lo ves tan lejano, que tienes pavor de perderlo y prefieres nunca haberlo pedido. Así se sentía Marina, y con toda la fuerza que le dieron sus pasos salió del Gran Salón, casi tirando una copa a un invitado, escuchó que Lucy le gritó que a dónde iba, también a Caldina que la miraba sin entender.
Se metió en su cuarto y se recargó en la puerta. Todo había terminado.
-¡Marina! ¡Marina!
Unos golpeteos en su espalda la hicieron que el corazón se le acelerara. Era él.
-¡Marina! Escúchame…quiero hablar contigo.
-No, Clef. Por favor…Márchate. – comenzó a llorar. Sin despegarse de la puerta.
-¿Estás llorando? ¡Ábreme! Marina, por favor, no seas infantil.
Ella sonrió con melancolía.
-Siempre es así, ¿verdad?
-Por favor, Marina. No te entiendo. Me dices tantas cosas y ahora así como así huyes como una niña pequeña. Por favor…no voy a juzgarte.
-No le tengo miedo a tu juicio, Guru Clef. Siempre has sido muy acertado en eso.
-¡Basta! – desesperó él golpeando más fuerte la puerta - ¡Ábreme, Marina! Tú sabes que necesitamos hablar. Yo…necesito decirte también algo.
-Mañana regresaré a mi mundo. No es necesario ya.
-¡No seas necia! – le espetó – Marina – dijo con voz suave – abre por favor. No estaré aquí toda la noche, te lo advierto.
-Yo tampoco. Me iré a dormir.
-¿Quieres tenerme en ascuas tratando de conseguir que estás haciéndome un favor? ¿eh? ¡Entonces para qué abriste tu corazón! ¡Sigues siendo la misma chica cerrada de siempre!
-¡Y tú sigues siendo un ciego! – gritó entre lágrimas – sigues sin ver lo que está tan claro…
-¿Por qué estás haciendo esto ahora, Marina? – preguntó – después de todo éste tiempo de conocernos…y hasta ahora me dices tus sentimientos. Ahora vas a irte, ¿así nada más?
-No quiero sufrir más, Guru Clef. Me iré a mi mundo, tendré mis máscaras de nuevo y trataré de estar cómoda, aunque nunca pueda ser feliz.
-¿Ésa es tu última palabra?
-Sí.
-¿Para qué lo intentaste entonces? – inquirió con frialdad.
Marina escuchó los pasos de nuevo, alejarse lentamente. Se arrodilló y lloró amargamente durante mucho tiempo. ¿Qué estupidez acababa de hacer? Él quería decirle algo, y en su subconsciente algo le decía que Guru Clef la siguió porque trataría de consolarla, de apoyarla. Ahora entendía completamente las palabras de Ascot.
Un agujero muy profundo se había abierto en ella. Jamás se imaginó hablar con tanta honestidad, con el corazón en la mano a Guru Clef. Y otra vez, volvía a no ser, volvía a caer. Escapando de un intento que podría ser la felicidad.
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Hola! Pff...éste es el capítulo más emocional de toda la historia, hasta ahorita, creo. Me gustaría que me dijeran si les gustó o no, y qué parte más.
Al fin llegó el momento de la declaracíón, ¿lo esperaban así? cuentenme XD saludos a todos, en especial a Serenita y ReayerthFan.
