solo digo que es una locura delas mias, como siempre, pero esta vez deben recordar un poco sobre la parabola del buen samaritano (si, mis inspiraciones cada vez estan peor). Si no se acuerdan lo importante es que el buen samaritano trata de un hombre que se encuentra casi muerto en el camino y que pasan dos hombres que no lo tocan porque su religion se los impide (Dicen que ellos no lo tocan ni lo ayudan porque sus creencias dicen que no pueden tocar el cuerpo de alguien muerto que no sea familiar) y, luego, aparece el buen samaritano que deja de lado todo y sale lo humano de él. El samaritano lo cura y lo ayuda. En si es amor al projimo y bueno... no los distraigo más.

Espero que lo lean y me gustaría saber que opinan sea malo o bueno

Ni siquiera nesecito decir de quien es este monologo no? blaine o Kurt? mmm...

DISFRUTEN!


Podría tomar el camino rápido y decir solamente que lo amo pero eso no bastaría ni para mí ni para él.

Nunca soy de esos chicos que se conformaron con palabras tontas de amor, e inconscientemente, puedo asegurar que él tampoco se conformó nunca con eso, ¿Tengo que recordarles lo mucho que lo conozco como para tenerlo en mi vida, tan cerca, todos los días como esta mañana?

Pude haber sido un tonto chico de secundaria con tontas y estúpidas presentaciones de canciones de amor pero eso solo sucedió cuando sentía que estaba enamorado. Sentía, recuerden esa palabra, porque "sentir que" es más una expresión con un término dudoso. Sentir no es lo mis que afirmar "estar". Y sentir que estas enamorado es muy diferente de decir "si, estoy enamorado". Muchos años tardé en descubrir la gran distancia que había entre un término y el otro. Nunca había sentido algo como esto, y cuando digo nunca, es nunca.

Esa sensación de querer proteger a otra persona sin que ella sea uno mismo, querer hacer el bien no por tu bien sino por el prójimo, dejar de lado algunas cosas por otras o hasta sentir que todo tu cuerpo necesita cada célula del otro cerca tuyo.

Esa sensación sentí desde que él entró en mi vida.

A veces recuerdo, cuando era muy chico, y mamá me obligaba a ir a misa. Sentía que me obligaban a hacer algo que no quería, que no debía. Sentía que tal vez nada tenía sentido en una iglesia católica y que, a pesar, de no saber a esa edad lo que luego en el futuro me iba a gustar, sentía de alguna manera, que algo no me cerraba. Hasta que conocí algo. Algo más allá del cielo, la tierra o el infierno. Conocí la palabra. Conocí aquello que necesitaba saber y que, por alguna razón, había podido tocar lo más profundo que había en mi.

A veces recuerdo cuando el cura de mi iglesia hablaba sobre la parábola del buen samaritano. Era una de mis favoritas.

Sentía como podía ver, que en el fondo, todos lo cristianos vivían en una pequeña casa blanca, con cuadros y libros estrictamente colocados. Un lugar donde el papel en blanco y una birome eran prohibidos. Un lugar que, aunque tratara de prohibirme discutir sobre lo que la misma iglesia decía, había algo que ellos eran incapaces de hacer: entrar en mi mente.

Solía contarle a mi madre mis locas ideas sobre las parábolas que el sacerdote nos contaba en la misa pero ella solo decía que estaba rebuscándolo todo. Yo nunca creí en eso.

El buen samaritano, ¿se acuerdan de aquella parábola? me producía pensamientos a veces lógicos y otros no. Siempre creí en la posibilidad de que Jesús hablaba de eso que a veces olvidamos: El amor al prójimo.

Tal vez estoy loco o me creerán así pero, el buen samaritano, lo veía como alguien más que solo ayudó al pobre hombre que estaba tirado mientras los demás lo pasaban por al lado, "prohibiéndose" de ayudarlo por razones religiosas, el sacerdote, que no tenía ni por qué ayudarlo lo hizo. Es una estupidez pero todo esto me lleva a todo lo que ahora soy.

El prejuicio de las dos personas que pasaron, antes que el tercer hombre, por al lado del pobre hombre moribundo que, tal vez, hubiera tenido el mismo aspecto que el mío, podría haber quedado una noche o dos ahí, pero no. Alguien más vino y, olvidando sus ideales o sus propios problemas internos, sanó las heridas del pobre hombre y lo ayudó. Amó ante todo.

El prejuicio y la ignorancia me llevaron a todo esto. Ahora estoy bien gracias a la ayuda de alguien que, al igual que el pobre hombre samaritano que solo pasaba por allí, me ayudó y, aunque la historia detrás de esto es aun más larga, los problemas míos ahora son de él y sus problemas también son los míos como también la felicidad es nuestra felicidad. ¿Acaso no es eso lo que quiere?

Dios quiere que amemos, que respetemos y, por sobre todo, quiere dejar a un lado todo lo malo ¿Por qué alguien tan bueno como él me prohibiría esto?

Mi madre jamás entendió todo aquello. Ni siquiera la iglesia o los cristianos en sí nunca lo entendieron. Porque creo que esto no es más que un prejuicio. Es el miedo de atreverse a soñar, a liberarse de un pedazo de papel con mas de dos mil años y aceptar la realidad.

Aceptar que, desde siempre, hubo este problema de aceptación y prejuicio y, también, de intolerancia a lo distinto, a lo anormal, como dirían muchos.

Yo nunca lo vi así, jamás. Creo que si tengo que decirle a todos, eso no me importaría. Porque a pesar de todo somos personas que nos amamos ¿Acaso estoy haciéndole el mal a alguien más? No. Al contrario. Pero no voy a luchar contrasus prejuicios, les doy el gusto por el solo hecho que, por ahora, todavía, solo lo pienso como una ignorancia.

Nadie puede decirme que es lo que hice mal y lo que hice bien. Y creo que las cosas las hice bastante bien. Estar enamorado de alguien no es un pecado, al contrario. El crimen es el odio, los malos sentimientos al prójimo y todo lo que afecte al hombre. Estoy seguro que nunca nadie estuvo tan enamorado como yo de esta persona que duerme plácidamente mientras yo pienso en todo esto. Él es ateo pero supongo que en alguien o algo debe creer.

Nadie es capaz de vivir sin creencias. Las creencias son la esperanza de la vida después de la muerte, de las segundas oportunidades y son la esperanza de volver a comenzar.

Supongo que será difícil y muchos lucharon al igual que nosotros por la aceptación pero ¿Saben qué? Algún día lo entenderán, es solo cuestión de tiempo.

Lo único que necesito es ver esos ojos de cielo que cambian de color según su humor o según el tiempo. Esos ojos donde puedo ver mí pasado escrito y mi futuro prediseñado por y para los dos.

No puedo dejar de pensar en cuanto tiempo estuve sin él. Tanto tiempo esperando a que sane mis heridas y me vuelva a la vida eterna.

Es tan hermoso como puede serlo y no dejo de mirarlo cada vez que suspira entre sueños. Amo cada recoveco y cada una de sus cosas. Amo su piel al amanecer, su rostro de ángel, sus ojos de cielo, su pelo despeinado por la mañana, sus manías con las cremas y hasta su perfume. Amo cada parte de él como nunca antes había amado alguien.

Nunca pensé en que una persona podría hacerme feliz con un beso, una caricia o el solo hecho del tacto en mi piel por la mañana que me despierta con una sonrisa y me dice que todo es real y que jamás nos diremos adiós, ni siquiera después de la muerte.

Cada mañana me prepara una taza de café y es algo nuestro. Algo personal, algo que solo nosotros sabemos. Porque yo jamás se lo dije y el tampoco a mi pero ambos sabemos que hemos sido el buen samaritano y el hombre moribundo en el camino al mismo tiempo. A veces solo creo que él me salvó pero cuando veo su sonrisa reflejada en el espejo por el solo hecho de cruzar miradas puedo darme cuenta que nos hemos salvado ambos.

Y tal vez hemos peleado o hasta separado por algunos momentos porque no somos seres perfectos y, en hasta en el paraíso, las discusiones no faltan pero la ruina nos enseña que la vida no es sino un proyecto, un interminable ensayo de una obra que jamás se estrenará.

Cada día me despierto entre sabanas blancas, un cálido sol que me deslumbra y la piel de alguien que jamás creí tener hoy en mis brazos. Soy un hombre que puede asegurar que todos los días se vuelve a enamorar. Porque es así: Uno se vuelve a enamorar todos los días de esa persona. Es como volver a respirar y volver a querer memorizar cada uno de los segmentos de su piel o querer besarlo tanto hasta que los labios queden pegados en los suyos.

Esa sensación inconfundible de amor hacia el prójimo.

Y es ahí cuando todo cierra. Cuando sentís que todo es hermoso, que sonreís por el solo hecho de saber que está soñando en este mismo momento cuando mueve los ojos aunque los tenga cerrados y tiene esa media sonrisa dibujada en su rostro. Y es ahí cuando te das cuenta que no hay otra persona que quieras más.

Nunca hubo duda y nunca las habrá, siempre fui suyo y él siempre fue mío aunque cualquiera trate de destruir lo nuestro o aunque muchos no acepten que el amor es raro y aunque haya gente que quiera prohirbir lo nuesto. ¿Pero saben qué? Querer, no es poder.

Porque hay una cosa que se lo repito todos los días de mi vida y me repito mentalmente cada segundo:

"Te amo Kurt Hummel y es lo único por lo que lucharía toda mi vida".


"El fracaso nos enseña que la vida no es sino un proyecto, un interminable ensayo de una obra que jamás se estrenará."

(Amèlie)