No pasó mucho tiempo antes de que Mark ya estuviera sentado en el asiento trasero del helicóptero, con un pequeño maletín café en su mano derecha y con Rose, un poco mareada, a la izquierda.
El helicóptero estaba a punto de despegar, llevando dentro uno de los secretos más grandes resguardados por Umbrella Corp., un disco duro lleno de datos importantísimos, que sin duda alguna, sería un desastre verlos caer en manos equivocadas, y peor aún, ser destruídos sin previo aviso. "¿No estás nervioso?" Preguntó Rose. "No, claro que no. ¿Qué es lo peor que podría pasar?" Respondió Mark, con un ademán de indiferencia. "No lo sé. Quizás que derriben el helicóptero con una bazooka, o que el piloto sea un impostor, o quizás que…" Mark la interrumpió, con una sonrisa fingida. "¿Qué te parece si simplemente disfrutamos del viaje, dormimos un poco, y vemos el panorama a través de esta linda ventana?" Dijo en forma de pregunta, apuntando con el dedo índice derecho a un gran cristal transparente contiguo a su asiento. "Mmm… Bien." Masculló Rose, preparándose para el despegue abrochándose el cinturón de seguridad y poniéndose las orejeras con micrófono sobre la cabeza.
El helicóptero despegó después de unos dos minutos, creando un ruido molesto, pero que al ponerse las orejeras, desaparecía por completo, dejando el sonido de una canción clásica de Beethoven. La novena sinfonía, que según cálculos del copiloto, duraría exactamente lo mismo que el viaje completo.
Al estar en el cielo, el copiloto les mencionó a través de las orejeras que nos sintiéramos seguros, que teníamos a 26 helicópteros armados hasta los dientes detrás de nosotros, a la fuerza aérea, a la policía local y federal, y gracias a Dios, apoyo militar completo desde tierra, sin contar los submarinos y el convoy de tanques que nos seguían cautelosamente. Cualquier movimiento enemigo supondría la muerte instantánea del mismo.
No obstante, no tardaría en presentarse el primer improvisto. El radar del helicóptero detectó una fuerza desconocida sobre nosotros. No le dieron mayor importancia, pues podría ser cualquier experimento gubernamental. Sin embargo, el copiloto parecía bastante angustiado y terminó mandando scouts para revisar que todo estuviera en orden. Estos scouts pronto se movilizaron de la base aérea terrestre en un santiamén.
Estas patrullas no detectaron nada. Claramente podían ver algo en el radar pero no era visible a los ojos de los pilotos. Así que regresaron a el USS Washington, el portaaviones más famoso de la época que nos brindaba apoyo durante todo el viaje.
Antes de despegar, el copiloto les dio las instrucciones de lo que deberíamos hacer en una situación de emergencia, nombrándonos todos los escenarios posibles y como tendríamos que responder a los mismos. Claro, Mark y Rose se sentían seguros con una licencia para matar temporal y un AK-47 junto con una 9mm con varios cartuchos de recarga, sin omitir las granadas y la ropa antibalas. A pesar de tanta seguridad, de los satélites que seguían cada centímetro del helicóptero, del centro de seguridad que vigilaba cada uno de sus movimientos, Mark sabía que algo estaba mal, tenía un mal presentimiento, la misma intuición que no le permitió dormir durante la primera mitad del camino.
La peor pesadilla de Mark se hizo realidad, cuando de repente un grave estruendo explotó unos cuantos metros detrás del helicóptero con el Precious Cargo. La alarma interna del helicóptero sonó torpemente, anunciando la precaucion "Explosión Detectada".
El piloto del transporte, increíblemente conocía cómo reaccionar ante esta situación y comenzó a volar más bajo, y así lo hicieron los pilotos de los escoltas. El helicóptero en llamas, no tardó mucho en caer, y cayó por suerte en uno de los grandes matorrales terrestres. Los tripulantes, sin embargo, no pudieron escapar a tiempo, y lamentablemente murieron por la explosión.
La Agencia Central de Inteligencia respondió inmediatamente lanzando una alerta roja a todo el personal. Las antenas y radares no detectaron absolutamente nada mas que una simple mancha roja en la pantalla verde del radar. El USS Washington lanzó otros scouts a investigar el área de la mancha roja, utilizando varios tipos de cámaras infrarojas, detectoras de calor, de luz ultravioleta, pero nada seguía sin aparecer.
Finalmente, el ejército dio luz verde de disparar misiles anti-aéreos hacia la mancha roja. Los scouts, en ese momento, unos F-18, dispararon dichos misiles hacia el blanco, impactando en tierra un momento después. El ejército, al ver que nada provenía del blanco, optó por disparar su arma secreta, un misil creado a partir de uranio empobrecido táctico para destruir grandes cantidades de aviones u objetos voladores a la vez. Seguía siendo un misil nuclear, pero esa mancha roja ya había destruído dos helicópteros escoltas más.
Los scouts regresaron al USS Washington. El submarino nuclear emergió del agua salada, abriendo una escotilla y sacando humo en mucha cantidad. El misil (IUAAM o Impoverished-Uranium Anti-Air Misile) fue disparado fuera del submarino, con las coordenadas dirigidas hacia aquella mancha roja desconocida y aforme.
El misil se dirigía a cada segundo más cerca de su blanco. La fuerza aérea y los helicópteros se retiraron fuera del área de impacto. Mark ya se había quitado las orejeras pero tenía a Rose dormida sobre su hombro, sin percatarse aún de la situación de alerta roja, pues a pesar del sonido de alarma dentro y fuera de las orejeras, Rose seguía dormida como una bebé.
Mark, cada vez más asustado, no dudó ni por un segundo sacar su AK-47 de su mochila, ni tampoco dudó en despertar a Rose, quien soñaba en una siesta profunda. "¡Despierta! ¡Rose¡" Gritaba mientras la movía cada vez más violentamente, hasta que ella se levantó abruptamente con un sordo "¡Qué pasa!". "¡Estamos bajo ataque, Rose! ¡Prepárate para lo peor!". Rose retiró su AK-47 de su mochila también y ambos se pusieron el chaleco antibalas, sin importarles que su ropa de civiles llevaba ya de por si una armadura adicional que repelía hasta las balas más perforantes y peligrosas. Unos segundos después, ya se habían puesto un casco a prueba de todo y el marine dentro del helicóptero les indicó la ubicación de los paracaídas. Ese mismo marine, se fue a la parte trasera del transporte y se montó a un cañon calibre .50, otros cuatro marines, quienes se encotraban también dentro del helicóptero, resguardaban codiciosamente el maletín y a los dueños del mismo. Así mismo, el copiloto y el piloto tenían ya sus 9mm en mano, poniéndose el paracaídas mientras el piloto automático estaba encendido. Habían activado ya la alarma nivel 5, es decir, alerta máxima, esto quiere decir, que el helicóptero podría detectar una mosca a un kilómetro, dándoles tiempo suficiente para evacuar el helicóptero antes de cualquier tragedia.
El IUAAM estaba a punto de tocar su blanco, disuadiendo todos aquellos helicópteros de la mancha roja y del epicentro de la explosión. El misil pronto explotó, dejando algún tipo de nube mushroom aérea. La contaminación atmosférica fue inevitable, así tambien lo fueron las partículas nucleares que pronto fueron neutralizadas por una nube de plomo, enviada por uno de los scouts para minimizar el daño a la población.
El viaje estaba a punto de terminar, quizás restaban 15 minutos para arribar a Washington D.C., cuando dos helicópteros más cayeron al suelo, esta vez, la tripulación evacuó a tiempo, y subieron a otro transporte terrestre.
El misil táctico había destruído la mancha roja, dando origen a cuatro más, mientras que la CIA, rompiéndose la cabeza, preguntándose cuándo acabaría ese martirio, y habiendo utilizado ya su último recurso, envió aviones no-tripulados para engañar al enemigo, y que a su vez, utilizaran un pulso electromagnético. Estos aviones despegaron de la base aérea terrestre de Washington. Inmediatamente, la mancha roja respondió derribando dos helicópteros más, y apareciendo cuatro manchas rojas de nuevo en el radar.
Los aviones no-tripulados se acercaban al blanco y lanzaron su pulso electromagnético, delatando así su posición. Menuda sorpresa se llevaron los agentes de la CIA que vigilaban las cámaras de estos aviones, pues aquellas manchas rojas se hicieron visibles, desactivando algún tipo de campo de fuerza que las mantenía en camuflaje con el cielo y las nubes. Eran unas naves elípticas, casi planas, con varias aberturas y pequeñas luces en su contorno. Parecían querer evitar que ese disco duro llegara a Washington. La CIA ordenó inmediatamente la destrucción de estos objetos voladores, a lo que los helicópteros escoltas, el ejército, la policía y todo aquel cuerpo de protección abrieron fuego con todo lo que tenían: misiles, cañones, rifles, pistolas, ametralladoras, armas gattling, repetidoras… en fin, todo tipo de armas, lo que llevó a la completa destrucción de aquellas naves desconocidas, las cuales explotaban en el aire como aviones en la segunda guera mundial.
Todos pensaron que todo había terminado, sin embargo, cientos de manchas rojas aparecieron en el radar, haciendo que todos perdieran la cabeza. Washington los esperaba ya con los brazos abiertos y desde la cabina del piloto se podían divisar los rascacielos. "Pensé que íbamos a tener que evacuar." Declaró Mark, después de un hondo suspiro. Rose esbozó una sonrisa seca, tratando de evadir una respuesta esperada e inminiente.
Esto cambió cuando la alarma nivel 5 sonó, sin que nadie lo esperara, convirtiendo la tranquilidad de Mark en una inevitable paranoia. El piloto gritó "¡Salten! ¡Ahora!" y el helicóptero expulsó las puertas violentamente, dándoles a la tripulación, alrededor de diez segundos para evacuar el transporte. Los soldados no lo dudaron un segundo y saltaron al aire, así lo hicieron también el piloto y el copiloto, con sus 9mm en sus manos. Mark dudó durante milésimas de segundo, aún así, saltó del helicóptero y Rose le siguió por la puerta contraria.
Ambos gritaban, pero Mark tenía una inmensa cara de terror, la cual volvió a su normalidad después de que su paracaídas se liberara y tensara, amortiguando la caída inminiente de nuestro protagonista. El helicóptero tenía el piloto automático encendido y siguió su rumbo hacia Washington. El miedo pronto regresó al escuchar una explosión arriba de los paracaidistas. Mark no podía mirar hacia arriba, puesto que el paracaídas le obstruía la vista, pero si pudo ver perfectamente aquel soldado a quien le sobrevino un pedazo de escombro, que rompió irreparablemente su paracaídas y cayó al suelo violentamente, pero gracias a su paracaídas de emergencia, logró estar a flote de nuevo.
Un minuto, que parecía una eternidad, bastó para dejar a la tripulación en tierra. Un suspiro le dio a Mark suficiente oxígeno como para tratar de tranquilizarse, a diferencia de Rose, quien estaba ya psicológicamente preparada para este tipo de situaciones.
La escolta terrestre los acompaño y caminaron hacia Washington. Eran alrededor de cincuenta soldados que triunfantes, llegaron cerca de la zona de impacto.
"Roarrrr…" Se podía escuchar de entre los árboles. Un gemido que poco a poco se hacía más fuerte. Los marines no podían evitar apuntar sus armas hacia los matorrales y los árboles oscuros. La sombra que los árboles y pinos ejercían era lo bastante densa como para disminuir la visibilidad un cincuenta por ciento.
"Roarrr…" Fue lo último que Mark escuchó antes de que un marine gritara despavorido "¡Emboscada!", con cientos de zombies saliendo de los matorrales, atacando a cuanto humano se le atravesara, mordiéndoles el cuello o los brazos, o cualquier extremidad que estuviera expuesta.
El fuego de las armas no tardó mucho en salir, los rifles, las pistolas, ametralladoras disparaban al aire, con la esperanza de alcanzar la cabeza de un mounstro hambriento. Mark y Rose utilizaron su visión nocturna para llegar detrás de una roca segura, donde no pasaría mucho tiempo antes de ser delatados por un zombie jadeante. Cuatro marines llegaron, haciéndose camino con balas de AK-47 y Carabine hacia donde estaban Mark y Rose, quienes apuntaban directo a las cabezas de las bestias.
Su misión principal era llegar a la Casa Blanca antes que el disco duro se perdiera para siempre. Sin dudarlo dos veces, recargaron sus armas y se pusieron en marcha entre el bosque infestado de mounstros hambrientos, y vaya enorme la sorpresa que se encontraron a mitad de camino.
