Rose y Mark acababan de salir de la ceremonia de premiación. Habían recibido un premio por ser los soldados, sin duda más valientes de ese mismo año. Salían en todos los medios de comunicación.
Mark fue nombrado General posteriormente, mientras que Rose fue la sucesión de Sub-Secretaria de Defensa. Ambos vivieron varios años juntos. Saliendo a las discotheques en las noches, yendo a bares, que terminaron casándose y teniendo dos hijos. Uno llamado John y otro al que le dieron como nombre de pila, Brad.
Un día cualquiera, dentro de las vacaciones, Mark y su familia decidieron salir de vacaciones. A un hotel todo pagado a las exclusivas islas del mar Caribe, donde vivieron muchas buenas experiencias juntos, con su familia. Todos los días caminaban en la playa y jugaban con sus hijos dentro de la piscina, olvidando paulatinamente las marcas psicológicas que el brote les había dejado.
Tan pronto terminaron estas vacaciones llenas de placer cuando el deber llama a ambos condecorados. Un nuevo brote zombie apareció en Portland. Justo cuando se supone que todo había terminado, una voz dentro de Rose repetía constantemente: "Esto apenas comienza." La familia partió en el primer avión al Pentágono, donde se les dieron instrucciones para sobrellevar el brote zombie y localizar al culpable.
Dejaron a Brad y a John con la madre de Rose, quien los cuidó todo el tiempo en el que sus padres estuvieron ausentes. Rose y John subieron a bordo de los aviones del ejército dirigiéndose a Portland. Una gran cantidad de marines, previamente entrenados con las habilidades que adquirieron en su entrenamiento previo, estaban preparados ante cualquier amenaza.
Al llegar a Portland, a la base aérea, Mark lideró a su ejército en una misión de reconocimiento. Rose se encontraba dentro del Centro de Comando Temporal de Portland.
La ciudad estaba desierta. El ejército de zombies caminaba por las calles sin límite alguno. Los autos estaban destrozados, algunos intactos, pero la mayoría con una marca de colisión. Había papeles tirados por todos lados, ventanas rotas, ambulancias abiertas cubiertas de sangre, y uno que otro civil gritando "¡Me han mordido! ¡Ayuda!" Con la falsa esperanza de que algún compadecido llegara a inyectarle el anti-virus. Algun grupo de resistencia caminaba por las calles buscando comida, utilizando la mínima cantidad de munición posible, disparando a discreción. "¡Mira! ¡El ejército ha venido a salvarnos!" Gritó uno de los miembros del escuadrón de resistencia civil. Tan pronto como dijo eso, los integrantes corrieron hacia el ejército. "¿Se encuentran todos bien? ¿Nadie ha sido mordido?" Preguntó el líder de la escuadrilla. "Todo bien."
Esta resistencia pronto formaría parte del ejército de reconocimiento.
Mientras tanto en el Pentágono, el Gobierno ve a Portland como una ciudad fantasma, perdida y formando parte de una amenaza potencial para el resto del país. Un plan surge de entre murmullos. La erradicación del brote definitivo borrando Portland del mapa. Esta proposición se le da al Secretario de Defensa, y posteriormente, al Presidente de los Estados Unidos. "Luz verde." Habló el presidente por el intercomunicador.
El ejército había cumplido ya su misión de reconocimiento, y gracias a que el equipo permaneció unido todo el tiempo, no hubo ninguna baja humana. La escuadra de civiles llegó al Centro de Comando Temporal. Ahí, les ofrecieron comida, reposo y refugio de los infectados.
La ciudad estaba hecha un desorden, había cuerpos por doquier, olor a carne podrida y cientos de otros factores que hacían de Portland una total tragedia. El brote había sido mantenido en secreto, ocultándolo de los medios de comunicación, pero este secreto no duró mucho cuando un reportero desconocido se preguntaba porqué no había noticias recientes de Portland, y se dirigió a investigar sigilosamente. Fue detenido por la policía fronteriza pero empeñado, continuó hasta la ciudad llena de zombies, quienes lo devoraron frente a las cámaras del noticiero.
Nadie en el ejército de Portland sabía del Lanzamiento de la Bomba de Hidrógeno. Una bomba capaz de quemar el oxígeno y eliminar cualquier tipo de materia. Una sola tiene el poder de esfumar una estado entera. El Pentágono veía riesgoso retirar a las tropas de Portland, pues podrían traer el virus dentro de ellos, o quizás vendrían contaminados, por lo que decidió dejarlos en ese sitio.
La misión de reconocimiento habría terminado en una semana. El virus no se había extendido desde entonces de Portland, pero ya se comenzaban a registrar casos del virus en otras ciudades de Oregon.
Sin noción de la situación, y poca la información que el Gobierno proporcionaba a Rose, comenzó a oler que algo estaba mal. Era el repetido "Mantén tu posición." "No salgan de la base." Y otros comandos más. Las reservas comenzaban a agotarse, y los civiles golpeaban las puertas en un intento desesperado por sobrevivir al apocalipsis citadino. Algunos de ellos estaban contaminados y otros, ya zombificados, mordían a los sanos. El caos se propagaba entre los civiles y hacer una descontaminación ponía al equipo militar en riesgo.
El ejército desplegó un tanque anti-infantería. Por lo menos un 98% de los civiles empujándose violentamente para entrar a la base temporal habían ya sido mordidos o estaban contaminados. El piloto del tanque disparó un misil anti-personnel hacia la reja que separaba el caos de la tranquilidad, matando a la mayoría de los infectados y a los ya-zombies.
Mark ordenó el retiro de las tropas de Portland. El permiso, sin embargo, fue denegado del Pentágono. La excusa fue que el Gobierno del Estado necesitaba más información acerca del territorio. Sobre qué tipo de armas podrían usar para repeler la amenaza. Mark y Rose acordaron que algo no estaba bien. El Estado no rechaza nunca una retirada. Decidieron así, declararse en falsa emergencia total y alerta roja, nombrando a la retirada como un recurso indispensable.
Así pues, el submarino bombardero emergió de las aguas del pacífico, a unas cuantas millas de Portland cuando la Bomba de Hidrógeno había sido lanzada por órdenes del Secretario de Defensa, pues al declararse en estado de emergencia, esa alerta fue malinterpretada, desencadenando el lanzamiento de la bomba.
"Tiempo antes del impacto, T menos diez minutos."
Rose y Mark recibieron esa transmisión a través de su radio de comunicación. Inmediatamente, Rose levantó el comunicador, intentando hablar con el Secretario de Defensa.
"¿Qué impacto? ¡Señor! ¡Responda!" Gritaba Rose al intercomunicador. Después de unos segundos, el radio encendió una luz roja. "Aquí, recibiendo Pentágono, cambio." "¿Me daría los detalles del impacto?" Pasaron 5 segundos y un hombre con voz ronca dijo en tono sistemático y robótico. "Bomba de Hidrógeno, quince millones de grados en la zona cero. Objetivo: Oregon. Misión: erradicar y eliminar bio-amenaza. Destrucción y eliminación de Oregon de mapa oficial americano."
"¿Qué posibilidades tenemos de salir de aquí con vida, Rose?" Preguntó Mark desesperado. "Es muy tarde ahora. La onda expansiva nos alcanzará, no podemos salir de Óregon a tiempo." Respondió Rose, con una cara seria, sin poder reprimir el deseo de llorar. "¿Y si vamos al búnker bajo tierra?" Preguntó de nuevo Mark, con esperanzas de sobrevivir, pero en su mente, con ganas inmensas de ver a su familia una última vez. "Imposible, la radiación nos mataría. Creo que hasta aquí llegamos, Mark." "¡No digas eso Rose! ¡Aún tenemos posibilidad!" "No lo creo. Mas bien, llegó la hora de despedirnos." "¡Cállate!" Gritó Mark al oido de Rose, y lo único que logró fue poner a Rose inconsolable.
Los soldados escucharon pronto los sollozos, y se acercaron a la zona. "Soldados, fue un placer el haber trabajado con ustedes." Dijo Mark al público. Todos se preguntaban qué pasaba, hasta que Rose liberó el hecho al aire. Los marines se abrazaban unos a otros, algunos lloraban, y otros simplemente lo aceptaban. Ningún búnker, ningún tanque podría solucionar el final de sus tiempos. El sacrificio inminente de los cientos de soldados en aquella ciudad desolada y fantasma.
"Tiempo antes del impacto, T menos siete minutos."
"¡Rose! ¡Vayamos a despedirnos de nuestra familia antes que el tiempo acabe!" "Excelente idea. Trae el teléfono."
Entre lágrimas, Mark se dirigió a la oficina corriendo entre lágrimas y toneladas de tristeza. "Aquí esta." Mark dijo al entregarle el teléfono móvil, e inmediatamente, Rose marcó el número de la casa de su madre.
"¿Hola?" Preguntó una voz infantil tras el teléfono. "¿Brad?" "¡Sí!" "¡Mi amor! Rápido, llama a la abuela y a John que tenemos algo que decirles." Se escuchaban los pasos apresurados de Brad gritando al mismo tiempo "¡Abuela! ¡John! ¡Vengan! ¡Mis papás están en el teléfono!"
La abuela llegó apresuradamente al teléfono y presionó el botón de alta-voz. "¡Hola hija mía! ¿Cómo están por ayá?"
Rose no sabía como abordar el tema, pero el tiempo se agotaba a cada segundo, y decidió ir directo al grano.
"Mamá, estos son nuestros últimos momentos. Una bomba nuclear está a punto de explotar muy cerca de nosotros." "¿Pe… pero qué dices?" Preguntó la abuela tartamudeando asustada. "No hay mucho tiempo, mamá. Quiero decirte que te amo muchísimo, que siempre te quise a pesar de todo y que nunca te olvidaré, espero que tu tampoco me olvides. Te amo, te amo, te amo, mamá. Nunca olvides que te amo y que desde donde esté te voy a cuidar y te voy a esperar para que vengas conmigo y vivamos juntas para siempre." Dijo Rose, apresurada, entre lágrimas. "Mi hija, mi hija, te amo, espero que nos veamos pronto. Te amo como no tienes una idea. Te prometo que cuidaré de los niños."
Los niños no paraban de llorar. Brad tenía apenas doce años y John acababa de cumplir sus dos lustros. "Hijitos míos, no lloren. Los cuidaré desde el cielo, los amo muchísimo, nunca me olviden, ¿entienden? Cuiden a la abuela y prométanme que no le causarán problemas." "¡Mami! ¡No te mueras, yo te amo muchísimo y te quiero aquí conmigo!" Gritó Brad por el teléfono. Así mismo John le gritó a su madre: "Quiero que me cuentes cómo es el cielo, mamita. Espero que siempre seas mi ángel guardián que me cuide y me quiera mucho, te juro que nunca lo olvidaré."
Mark no pudo contenerse el llanto. "No te olvides de mí campeón. Tu sabes que siempre estaré ahí contigo. Aunque no en persona pero en espíritu." "¡Papi, Papi!" Gritaban aquellos niños.
"Tiempo antes del impacto, T menos dos minutos"
"Bueno, ha llegado la hora de la despedida. No es un adiós, es un hasta pronto." Afirmó Rose entre sollozos.
Abrazados, Mark y Rose, y por el otro lado de la línea, la abuela con los niños, se apretaron entre ellos lo más que pudieron, con lágrimas en los ojos y gritos de desesperación.
"¡Los amamos!" Gritaron Rose y Mark, antes de que el misil hiciera interferencia en la línea telefónica y cortara repentinamente la llamada.
"Bueno, me ha dado gusto haber sido tu esposo. Te amo." Dijo Mark. "Te amo." Le dijo Rose a Mark en el oído, y finalmente, se hundieron en el placer del último beso eterno, perpetuado para siempre en aquel momento de tristeza.
"Impacto en tres, dos, uno…"
La bomba explotó justo enfrente de los amantes eternos. Sus vidas les pasaron por la cabeza en un milisegundo, antes de ser evaporados por aquella onda termonuclear. Las almas ya se liberaban de sus cuerpos, todas esbozando una sonrisa de felicidad, mientras que el espíritu de Rose y Mark ascendía al universo, atrapados por aquel beso tan casto, tan eterno, tan lleno de vida.
