Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es LyricalKris, yo solo traduzco con su permiso.
Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to LyricalKris. I'm only translating with her permission.
Capítulo 11
Dónde Pertenezco
Todavía no había amanecido cuando Jasper entró por la puerta de la casa de sus padres, regresando de su trabajo en la estación de servicio. Le vino un breve recuerdo mientras se encontraba en el vestíbulo.
En los últimos años de su adolescencia y a principios de sus veintes... diablos, hasta finales de sus veintes, él recordaba regresar a casa a todas horas de la noche. Por lo que Jasper podía recordar, él había vivido una vida seminómada. Primero Charles los había mudado por todos lados, luego pasó su tiempo yendo de un lado a otro entre Charles y su madre. Y entonces, cuando fue lo suficientemente grande para rebelarse, fue un sinfín de cuartos de invitados, sofás de amigos, y sí, su cuarto en la casa de sus padres.
Siempre antes de entrar por la puerta, Jasper era invadido por una sensación de anhelo. No sabía si alguna vez había considerado esta casa su hogar. No sabía si tenía un hogar. Emmett, cuando vivía allí, pertenecía a esta casa. Edward definitivamente pertenecía aquí con su madre y su padre. ¿Pero Jasper? Siempre había una sensación de que no pertenecía, de que no encajaba por completo. Cada vez que volvía a quedarse, por una noche o una semana o un mes, había ese momento cuando entraba por la puerta que creía que quizás esta vez me quedaré para siempre.
Él nunca lo había hecho antes. Ese anhelo por quedarse, por pertenecer, siempre era superado por la necesidad de olvido. Así era la vida de un adicto. La adicción no era una elección; era una redefinición de lo normal.
Cuando se encontraba en la clínica, uno de los días cuando un paciente traía a uno de los miembros de su familia al grupo para ser enfrentados, una de sus amigas, Lucy, había pasado al frente con su hija adolescente, Nettie.
«Es como el... aire. Ya sabes, es como... cuando no puedes tenerlo, es lo mismo a no ser capaz de respirar. Como si tus pulmones fueran demasiados pequeños y no puedes llenarlos. Comienza a doler, y tú comienzas a pensar que simplemente no puedes soportarlo. Como si vas a morir sin él. Y no puedes pensar en otra cosa. No puedes concentrarte en nada. ¿Cómo puedes concentrarte cuando no puedes respirar? ¿Podrías pagar las cuentas, o trabajar si no puedes respirar? ¿Podrías pensar...?»
«En tu hija», Nettie escupió las palabras. «Sí, mamá. Lo entiendo. Las drogas eran más importantes para ti».
Lucy bajó la mirada, pero sacudió la cabeza. «No más importantes. Nunca más importantes. Simplemente... necesarias. Intento decirte cómo se siente. No doy excusas para lo que hice. Simplemente... no piensas igual. Una mamá que no puede respirar no puede cuidar de un niño. No hasta que ella pueda respirar de nuevo. No hasta que ella no esté muriendo».
«No estabas muriendo cuando no lo estabas consumiendo. Estabas muriendo cuando sí lo consumías».
«Sí. Sí, eso lo sé. En tu mente lo sabes, pero así no es como se siente. Se siente como si alguien tuviera sus manos alrededor de tu cuello y estuviera tratando de quitarte la vida. Esa es la verdad. Eso es lo que era real para mí. No es una excusa. No lo es. Eso lo sé. Pero por favor. Por favor, ¿puedes comprenderlo? Es real para mí. Es tan real como la silla en la que me siento. Este edificio. Esta ciudad».
Jasper sacudió la cabeza, obligando al recuerdo a esfumarse. Él comprendía la desesperación en la voz de Lucy demasiado bien ahora. Qué tan a menudo en las últimas semanas él había querido ponerse de rodillas, rogar que sus hermanos o Bella o Rosalie o sus padres lo comprendieran. Ellos no tenían que perdonarlo. Él no esperaba perdón, ¿pero no podían comprender? Si él hubiera estado en su sano juicio, nunca hubiera escogido esto, lastimar a todos ellos como lo hizo, pero su realidad estaba distorsionada. Le llevó un tiempo juntar la fuerza suficiente para poder recordar cómo debería lucir el mundo real incluso cuando no podía verlo con sus propios ojos.
Su necesidad de irse era sinónimo de su adicción a las drogas. Él nunca había traído drogas a esta casa. En el centro de su ser, siempre había sabido que no importaba lo mucho que él ansiaba pertenecer, él nunca podría. Él no podía traer su realidad distorsionada a esta casa, a esta familia cariñosa.
Ahora la necesidad de irse no era casi tan fuerte como la había sido. Aún gritaba en su oído de vez en cuando, pero estaba decidido a que nunca le respondería de nuevo. Aún así, aunque no tenía necesidad de irse, él no estaba para nada cerca de pertenecer. Seguía en una isla tentadoramente cerca de la tierra firme. Él podía verlo, pero estaba separado, eternamente a la deriva. En sus peores momentos, se preguntaba qué estaba siquiera tratando de hacer aquí. Nunca hubo un momento donde realmente había pertenecido a esta familia. Quizás una vez, hace mucho tiempo cuando acababa de huir de su padre, perteneció a su madre, con su madre, pero nunca había sido parte de esta gran familia. No había nada a lo cual regresar.
Su desesperación siempre iba acompañada del hecho que no sabía mucho sobre quién era. Las drogas y la mentalidad de un adicto habían sido parte de su personalidad por mucho tiempo, él no sabía mucho sobre sí mismo afuera de ese contexto. No sabía cómo encajar con sus padres y Emmett, los cuales intentaban con todas sus fuerzas aceptarlo, cuando no sabía quién se suponía que él debía ser.
Hacer el cambio de adicto a adicto en recuperación era similar a recomenzar su vida. Estaba comenzando de cero con su trabajo, su familia, él mismo. Excepto que no era un recién nacido. Tenía treintaiún años, y se suponía de debía tener su mierda asegurada llegados a este punto.
El ruido del agua corriendo detuvo la caída en picada de Jasper. Cerró los ojos y respiró profundo. Le llevó alrededor de otro minuto para poder alejarse de la mesa de la cocina donde se encontraba sentado. El peso sobre sus hombros parecía ser demasiado pesado para poder moverse, pero lo hizo de todos modos.
Quizás no tenía idea de dónde encajaba en su nueva vida o con su familia, pero no era completamente inútil. Carlisle comenzaba su trabajo en el hospital temprano, y como estaba despierto alrededor de la hora que Jasper llegaba a casa de la estación de servicio, ellos habían establecido una especie de rutina. Jasper caminó hacia la estufa y puso la pava para el té. Cortó los limones y tomó la taza de azúcar de la encimera y la leche del refrigerador.
Cuando la pava comenzó a silbar, Carlisle estaba bajando las escaleras. Él se sentó a la mesa, frotándose los ojos para quitar el resto del sueño mientras Jasper preparaba una taza de té para cada uno.
—Gracias —dijo Carlisle. Él comenzó a servirse azúcar y leche en la taza—. ¿Cómo estuvo tu turno anoche?
Jasper sirvió demasiada azúcar en su té y le contó a Carlisle sobre su noche.
Esto, pensó, era un comienzo. Él no era inútil. Estaba trabajando. Era tan útil como podía serlo con sus padres. Disfrutaba de estas charlas por la mañana con su padre. Al mediodía, su madre venía a almorzar a casa y él disfrutaba de unos minutos de tranquilidad con ella. Emmett quería llevarlo a un partido—ellos habían disfrutado de los partidos juntos en el pasado. Él iba a almorzar con Laurent en unos días, con suerte ganando un amigo que caminaba en sus dos mundos, en sus dos personas. En una semana y un día, vería a su sobrino de nuevo y conocería a su sobrina.
Estaba progresando. Era un milímetro cuando le quedaban miles de kilómetros aún, pero era un progreso. Podía vivir con ello.
Francamente, no tenía otra opción.
~S~
Jasper tenía los lunes y los miércoles libres. Se despertó el miércoles antes del mediodía, justo antes que su madre regresara a casa para almorzar. Él tuvo el tiempo suficiente para ducharse y ponerse presentable.
Él estaba contento de haberse tomado el tiempo extra para rasurarse. Esme no entró sola. Bella estaba con ella. La reacción automática de Jasper fue enderezarse, como un soldado saludando a sus superiores. Él no había visto ni escuchado de Edward ni de Bella en una semana y media.
—Hola —dijo, el reflejo de la elocuencia.
Ella lucía un poco nauseabunda, y tenía los brazos cruzados sobre su pecho.
—¿Está, eh...? —Jasper luchó para no copiar su lenguaje corporal bloqueado—. ¿Está todo bien?
Bella bufó y lo miró con una expresión seria.
—No. No lo está. Cuando pensaba en ti en estos últimos tres años, era casi insoportable. Era feliz con Edward. Soy feliz con Edward, pero siempre hubo una parte de mí que se preocupaba por ti. Resiento eso, Jasper. Resiento que hayas dejado a nuestra imaginación lo que pasó contigo.
Jasper dejó de resistirse a cruzarse de brazos. Retrocedió y se sentó en los escalones. Afortunadamente, Bella no parecía querer una respuesta de su parte. Ella había comenzado a caminar de un lado a otro, mascullando como si hubiera olvidado que él se encontraba allí.
—Quería una respuesta. Quería que vinieras a casa. Quería ver que estuvieras a salvo. No porque te necesitaba, porque no lo hacía, pero nunca te odié. Jamás quise verte muerto o herido. Esta... Esta es una situación de ten-cuidado-con-lo-que-deseas. Esperé y recé por que salieras de esto bien. Jamás dejé de esperar eso, pero aquí estás ahora, y no sé qué hacer. —Retorció sus manos, aún sin mirarlo—. Jamás voy a estar lista para esto.
—¿Lista para qué? —Las palabras salieron ahogadas. Jasper miró a su madre, pero ella no era de ayuda. Su rostro solo mostraba preocupación, y se encontraba parada equidistante entre Jasper y Bella.
Bella se detuvo en su lugar. Cerró los ojos fuertemente y tomó una respiración profunda antes de voltear hacia él.
—Quiero que conozcas a Kaylee. Hoy. Ahora mismo. Antes de cambiar de parecer.
El aliento de Jasper quedó atrapado en su garganta. Tenía que haberla escuchado mal. Pero la expresión de ella y la manera en que había palidecido le hacían pensar que él no estaba loco.
—Rosalie tenía razón —continuó Bella, su voz temblorosa—. Kaylee sabe que es el cumpleaños de su abuelo este fin de semana. Está emocionada al respecto. No sería justo para ellos mantenerla alejada por ti.
»—Pero esto sucede bajo mis reglas.
—De...De acuerdo. Sí. Lo que sea.
—Quiero que te conozca porque no quiero que seas un extraño en una reunión familiar. Pero no vas a decirle nada más que tu nombre. —Había una amenaza en el tono de Bella que Jasper nunca antes había escuchado. Sus palabras no eran un pedido. Ella se lo estaba demandando.
Jasper tragó con fuerza y asintió.
—Está bien.
—Dejas que ella interactúe contigo. Si ella no te toca, no puedes tocarla. ¿Lo entiendes?
—Sí. —Jasper apenas podía hablar, su boca estaba tan seca. Se lamió los labios, más nervioso de lo que había estado nunca en su vida. Él podría haber vomitado, se encontraba tan aterrado y...
Emocionado. Optimista.
Eran emociones peligrosas. Se obligó a mirar a Bella.
—¿Edward lo sabe? ¿Estuvo de acuerdo?
El rostro de Bella se suavizó.
—Lo sabe. Por supuesto que lo sabe. No puedes imaginar lo difícil que fue esta decisión para los dos, pero especialmente para Edward. Él no puede controlar su temperamento aún, y no quería que Kaylee notara el hecho que estaba molesto. Se quedará en su trabajo.
—De acuerdo. —Jasper cerró y aflojó sus puños, tratando de controlar su respiración—. Está bien. Solo necesito un segundo.
Se paró con piernas temblorosas y subió las escaleras rápidamente. En su mesa de noche, junto al certificado de nacimiento obsoleto, había un pequeño regalo que él había comprado unos días atrás. No era mucho, solo un sapo de peluche, pero Esme había dicho que a Kaylee le gustaban los animales de peluche y a él le gustaban los sapos. Era un comienzo. Un pequeño símbolo que había comprado convenciéndose de que algún día llegaría a conocer a su hija.
Él no se hubiera atrevido a soñar que sería demasiado pronto. El último mes y medio en el que había estado en casa, había pensado en ella todos los días. La necesidad de verla era casi insoportable. Era una tortura saber que se encontraba demasiado cerca, viva y feliz, pero aún así lejos de él. Pero ahora no estaba listo. Estaba aterrado de que ella simplemente lo supiera y lo odiara al verlo.
—¿Esto está bien? —preguntó, sosteniendo el juguete para que Bella lo inspeccionara como si él fuera el niño que necesitaba aprobación parental—. No intento sobornarla ni nada. No quería ir con las manos vacías.
Bella asintió.
—Está bien.
Durante todo el viaje a la casa de Bella, Jasper no podía mantenerse quieto. Se sentó en el asiento trasero, retorciéndose y moviéndose, generalmente tratando de no tener un ataque al corazón. No sabía si tenía permitido sonreír. Quería sonreír de oreja a oreja, pero también estaba completamente asustado. Si él y su madre estuvieran solos, él hubiera soltado una catarata de ¿y si?, y quizás ella hubiera tenido las palabras correctas para tranquilizarlo. Así como eran las cosas, se mantuvo en absoluto silencio, temiendo que Bella cambiara de parecer y lo enviara lejos.
Cuando se detuvieron en su entrada, Jasper comenzó a sudar frío. Logró bajarse del coche, pero entonces no pudo moverse. Observaba la casa como si fuera a cernirse sobre él y comerlo en cualquier momento.
Esme se acercó a su lado del coche y tomó su mano. Jasper se aferró a su madre como si fuera un niño en vez de un adulto y le permitió guiarlo hacia adelante.
Bella ni siquiera había puesto su llave en la puerta cuando esta se abrió. Un hombre se encontraba de pie allí, y Jasper tuvo el tiempo suficiente para reconocerlo como el niñero de Kaylee, Jacob, antes que sus ojos se desviaran hacia la pequeña en sus brazos.
Jasper se detuvo en seco, repentinamente sin aliento al verla. Todas las fotos, todos los videos en el mundo no podían compararse con ver a su bebé, su hija con sus propios ojos. El rostro de ella se iluminó con una sonrisa.
—Mami —chilló, aventándose fuera de los brazos de Jacob. Bella la atrapó con facilidad, y Kaylee rodeó su cuello con sus brazos—. Es temprano, mami. Te perdiste la hora del refrigerio, pero quizás Jakey puede prepararte algo.
—No te preocupes por mí, pichoncita. Estoy bien.
Jasper se sobresaltó cuando su vista de Kaylee fue oscurecida por un cuerpo gigante. Parpadeó y jadeó, dándose cuenta justo entonces que él no había respirado en un rato. Le tomó otros segundos darse cuenta que estaba siendo juzgado. Duro. Carraspeó y ofreció su mano.
—Jasper Whitlock.
Jacob observó su mano como si estuviera sucia, pero después de unos segundos incómodos la tomó.
—Jacob Black.
Como podía ser esperado, Jacob apretó la mano de Jasper en un agarre mortal de macho alfa. Jasper no intentó ganarle, pero tuvo cuidado de no reaccionar. Él reconocía una prueba cuando veía una. La mirada en el rostro del otro hombre era clara. Creía que Jasper era basura, y si fuera por él, no había manera que atravesara la puerta.
Después de un momento, Jacob bufó y dio un paso hacia el costado de Bella. Él era como un perro guardián, listo para saltar a proteger a su dueño en cualquier momento.
—Mami, ¿trajiste a un amigo para jugar?
El corazón de Jasper se saltó un latido. Kaylee lo estaba mirando, sus ojos curiosos pero no del todo cautelosos. De hecho, estaba sonriendo. La sonrisa de él. Ella se parecía tanto a él que era imposible para Jasper no verlo, saber que al menos en sangre era suya. El pedazo de su corazón, de su alma, de lo que ella había sido dueña desde el segundo que supo de su existencia brillaba y ardía fuerte dentro de él. Él jadeó, ahogado por la gravedad de la emoción que crecía en él.
Bella suspiró y besó su frente.
—Sí, cielo, algo así. Entremos.
De nuevo, Esme tuvo que jalar de la mano de Jasper para hacer que se mueva. Era un momento irreal para él. Había pasado mucho tiempo en esta casa. Había pasado tiempo con Bella, su cabeza descansando contra su vientre que crecía, contándole a su bebita, esta bebita, todas las cosas que harían juntos cuando ella llegara al mundo.
Bella bajó a Kaylee en la sala, y la pequeña corrió directamente a los pies de Jasper. Estiró su cabeza, mirándolo, tan completamente valiente que Jasper de inmediato estuvo maravillado.
—¡Hola, hola! Soy Kaylee. ¿Quién eres?
Jasper se puso de rodillas. Sus piernas estaban demasiado débiles para sostenerlo, y quería estar al nivel de ella de todos modos. Tuvo que tragar varias veces antes de poder hablar.
—Mi nombre es Jasper —dijo, su voz un susurro ronco.
Ella se estiró y tocó su cabello desaliñado. Cohibido, Jasper deseó haberse cortado el cabello, pero ella solo rio. El sonido le hizo querer sonreír.
—Tu cabello es largo.
—Sí. Sí, lo es. —Se aclaró la garganta de nuevo. Era difícil hablar o siquiera respirar alrededor del nudo—. Yo, eh... Tengo algo para ti. Es educación, ¿sabes?, traer algo para la pequeña de la casa. —Su mano temblaba mientras ofrecía el pequeño sapo que había estado aferrando desde que bajó del coche.
Los ojos de Kaylee se iluminaron. Lo tomó de su mano y lo abrazó contra ella.
—¿Es un sapo niño o niña? —Ella lo estudió con cuidado—. Creo que es una niña, pero no puedo descifrarlo.
—Yo, eh... Creo que tienes razón.
—¿Cómo se llama?
—Bueno, no estoy seguro. Verás, acabamos de conocernos.
Kaylee tarareó y llevó sus labios al oído del sapo.
—Está bien. Te encontraremos un buen nombre. —Acarició a la cosa como si fuera un perro y entonces sorprendió a Jasper al lanzar sus brazos alrededor de su cuello, con sapo y todo—. Gracias.
Inseguro de lo que estaba haciendo, Jasper rodeó suavemente sus brazos alrededor de la pequeña en un abrazo rápido.
—Es un placer, cariño.
Demasiado pronto, ella estaba zafándose de su abrazo, pasando al tema siguiente.
—Es gracioso. Me llamaste cariño como lo hace mi papi. ¿Conoces la canción también?*
—No puedo decir que lo haga.
—Está bien. Puedo aprendértela. —Se acostó boca arriba en el suelo—. Es así. —Comenzó a cantar una canción infantil, las palabras más dichas que melódicas—. Cariño, cariño, eres tan dulce. Tan dulce que podría comerte. Incluso comería tus pies. ¡Rawr! —Ella hizo sonidos como si estuviera devorando mientras intentaba llevar sus pies a su boca.
Jasper tuvo que cubrir su boca con una mano. Sus ojos ardían. Casi podía ver a Edward cerniéndose sobre ella, sus ojos orgullosos y llenos de amor como cualquier papi lo estaría, cantando una canción tonta para su hija y fingiendo comerse sus pies. Jasper inhaló temblorosamente. Amaba a esta pequeña. La fuerza del amor que sentía lo sacudía hasta el alma. La amaba, pero ella llamaba papi a otro hombre, a su hermano.
Las lágrimas comenzaron a escaparse antes que él pudiera detenerlas.
Las cejas de Kaylee se fruncieron en el centro mientras lo miraba. Se puso de pie, su pequeño sapo seguro en sus brazos y se acercó a él.
—¿Estás tiste?
Jasper se secó los ojos con sus mangas, sorbiéndose fuerte la nariz. Esbozó una sonrisa para la pequeña.
—No, no estoy triste, cariño.
Ella levantó sus brazos, y Jasper apoyó una rodilla en el suelo, la otra formando un asiento al cual Kaylee podía trepar. Ella lo miró con preocupación y levantó la cabeza para plantar un beso húmedo contra su mejilla llena de lágrimas.
—Mi papi me besa así cuando lloro. No estés tiste, Señor Hombre. —Rodeó su cuello con un brazo y señaló, con el sapo aún en su mano, a uno de los juguetes que daban vueltas—. Puedes jugar con mi muñeca, ¿de acuerdo?
—Gracias, pequeña Kaylee. —Agachó su cabeza para enterrar su nariz brevemente en su cabello.
Bella dio un paso hacia adelante, recordándole a Jasper que no estaba solo.
—Kaylee, ¿por qué no vas a jugar con Jake? Necesito hablar con Jasper ahora. —Su voz temblaba.
Kaylee frunció el ceño.
—Quiero jugar aquí.
—Kaylee, no discutas conmigo ahora mismo.
Por un momento parecía que la pequeña iba a comenzar a hacerlo pero Jacob intervino. Quitó a Kaylee de los brazos de Jasper y la lanzó al aire así ella reía.
—Vamos, chiquilla. ¿Qué tal si te enseño un juego nuevo?
Jasper los vio subir las escaleras, su pecho doliendo cada vez más con cada latido de su afligido corazón. Su visión era borrosa, y parpadeó para apartar las lágrimas furiosamente porque aún podía verla. No quería perderse ni un segundo. Jamás tendría suficiente de verla allí frente a él, viviendo, respirando, sonriendo y siendo pícara. Pero al segundo que estuvo fuera de su vista, se desplomó. Era todo lo que podía hacer para evitar desmoronarse.
Sintió más de lo que vio a Bella acercarse y pararse frente a él.
—Ella es tan hermosa —susurró—. Es increíble.
—Jasper... no puedes. —Las palabras de Bella eran tensas, forzadas, y Jasper estaba confundido. Aunque él estaba temblando como una hoja, la miró, notando la furia y el miedo en su rostro—. No puedes tenerla. No es tuya. Tienes que entenderlo, ella...
Él levantó si mano para detener sus palabras. No creía que pudiera soportar escucharlas.
—Por favor, no. —Aún así, no podía encontrar el volumen suficiente, y sus palabras eran a penas un susurro—. No... no tienes que decir eso.
—Sí. —Ella cerró los ojos y respiró profundamente—. Ya no puedo hacer esto, Jasper. No puedo vivir preguntándome qué vas a hacer. Dime ahora, porque no puedo soportar no saberlo.
Era difícil concentrarse en las palabras de Bella y en lo que él debería hacer. Su cabeza era un caos de diferentes emociones. Dicha, desesperación, orgullo, deseo. Él no sabía por cuál decidirse. Se paró con piernas débiles y observó a Bella. Ella nunca estuvo destinada a ser suya; él sabía eso. Pero ella le había importado, la había amado, y habían creado una hija juntos. Kaylee era suya. Lo veía en su rostro y lo sentía en su corazón, y si las cosas hubierna sido distintas, quizás él siempre hubiera tenido que compartir a su hija con Edward, pero ella hubiera sido de él. Ella debería haber sido suya.
Tomó aire profundo y entonces otro porque las siguientes palabras que iba a decir iban a ser las más difíciles que alguna vez pronunciaría. Lo mataría, pero Bella merecía escucharlo decirlas. Cuando él habló, su tono era tranquilo, extraordinariamente firme.
—No hay nada, y me refiero a nada, que quiera más en el mundo que ser capaz de decir que ella es mía, pero eso no es justo. Sé lo injusto que eso es. Ella es tan perfecta, y sé que no tuve nada que ver con eso. Tú y Edward estuvieron allí para ella en todo minuto, enseñándole, amándola, mientras yo estaba... —Tragó duro y apartó la mirada por un momento. Él no merecía sus lágrimas, y no haría que Bella las viera.
—Te prometo ahora mismo que jamás lucharé por ella. No objetaré la adopción. Jamás. Sé que no soy su padre. Lo sé. Es... Es más de lo que me merezco, lo sé. Me gustaría... Me gustaría ser su tío, pero si no quieres que sea siquiera eso, lo comprenderé. Depende de ustedes. Depende completamente de ustedes.
Él se alejó entonces. Tenía que hacerlo. Ya no le quedaban más fuerzas. Había un peso sobre sus hombros y sus rodillas que estaba a punto de ceder. Cuando lo hicieran, quedaría destruido. Lo sentía venir, y no quería que Bella tuviera que lidiar con ello. Se fue hacia el coche, se sentó en el asiento del pasajero, y descansó su frente contra el frío cristal con los ojos cerrados.
Tan solo alrededor de un minuto después, Esme se subió al coche. Ella estaba sorbiéndose la nariz, pero no intentó hablar, y por eso Jasper estaba agradecido. Su garganta estaba demasiado cerrada como para hablar, sus pulmones demasiado contraídos como para respirar. Las lágrimas ardían, pero no les permitía salir. Aún no. Aún no. Durante el viaje demasiado corto de vuelta a la casa de sus padres, Jasper intentó mantener su mente en blanco. Él no sería capaz de seguir conteniéndolo por mucho tiempo. Todos sus pensamientos estaban contenidos detrás de una represa hecha de ramas, haciendo presión y quebrándose.
Cuando estacionaron, Jasper caminó fatigosamente por el sendero sin mirar atrás a su madre. Llegó hasta el vestíbulo y no pudo moverse más. Esa misma sensación de anhelo lo impactó, y fue la gota que rebalsó el vaso. Cayó de rodillas, sus manos cubriendo sus ojos, sus hombros sacudiéndose aunque no estaba llorando aún. Todavía no.
La suave caricia de su madre solo aumentó el intenso dolor. Sentía dolor. Simplemente dolor. Era un dolor intenso, y no comprendía cómo su corazón seguía latiendo. Sus pulmones ardían. El aire bien podría haber sido plomo. Cuando Esme lo rodeó con sus brazos, cayó contra ella, permitiéndole abrazarlo.
—Soy tan estúpido, mamá. Soy tan, tan estúpido.
Ella no dijo nada, simplemente lo meció, sus dedos gentiles en su cabello.
Su respiración se aceleró y balbuceó, las palabras no tenían sentido en sus oídos.
—¿Cómo voy a hacer esto? ¿Cómo? La quiero. La quiero mucho. Quiero abrazarla y verla crecer. Quiero todo de vuelta, mamá. Lo quiero todo. Todos los años que perdí. Quiero todos los días.
»—Algún día voy a tener que mirarla a los ojos y decirle que ella podría haber sido mía, pero fui demasiado estúpido.
Su voz se quebró y no pudo contener más las lágrimas. Se desmoronó y lloró desconsoladamente en los brazos de su madre.
*Jasper, así como Edward, le dicen "sugar", término cariñoso para cariño o corazón, pero que también quiere decir "azúcar". De allí a que se pierda el juego de palabras pero ahora que lo estoy editando creo que lo adapté bien jaja
