Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es LyricalKris, yo solo traduzco con su permiso.
Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to LyricalKris. I'm only translating with her permission.
Capítulo 12
La Misma Página
~Doce meses después del accidente, cinco minutos después del primer beso~
Lo más adulto de hacer hubiera sido hablar de lo que estaba pasando entre ellos, pero la boca de Edward estaba demasiado ocupada para tales cosas.
En los años que Edward había conocido a Bella, él había tenido su dosis de fantasías inútiles y curiosidades pasajeras. Algunos sobresalen en sus recuerdos.
Recordaba estar sentado en la cocina de la casa de sus padres con su tarea frente a él. Bella estaba esperando a que Jasper llegara a casa, y había comenzado a ayudar a Esme con algún tipo de postre para una feria de pasteles. La suave voz de Bella y el sonido de su risa mientras picaba y mezclada era un fondo tranquilizador para su constante estudio.
Levantó la mirada y se detuvo en su lugar. Había captado a Bella mientras limpiaba sus dedos usando su lengua. No fue eso lo que le había parecido erótico. Ese momento en particular, él recordaba preguntarse por cuánto tiempo el dulce sabor permanecería en su boca.
Hoy era la respuesta a esa pregunta guardada por mucho tiempo. Le frustraba muchísimo a Bella tener que trabajar duro para volver a caminar. Para evitar apretar los dientes cuando realizaba sus ejercicios, ella había comenzado a girar un caramelo duro en su boca. Como resultado, el sabor persistente, mientras su lengua acariciaba la de ella, era una mezcla de dulce y amargo. Limón. Sus labios se fruncieron contra los de ella.
Un borrón de recuerdos le invadieron, y el corazón de Edward se aceleró, su cabeza daba vueltas, sus dedos ardían con deseo. Ella no lo había dicho, por supuesto, pero él sentía que estaban en la misma página. Ella era accesible ahora, y él había soñado sobre todas las maneras quequería tocarla.
Por supuesto, fue entonces que recordó la bebé en el brazo que no estaba rodeando a Bella. Se apartó, parpadeando mientras intentaba recuperar la cordura. Kaylee aún seguía con la cabeza apoyada sobre su hombro, sus dedos en su boca, pero su expresión era más curiosa que taciturna ahora, como si no pudiera descifrar lo que estaban haciendo sus dos personas favoritas.
Edward echó un vistazo a Bella y sonrió cuando vio que ella estaba tan confundida como él. Sus labios estaban separados, sus hombros subían y bajaban con su respiración acelerada. Ella miró a Kaylee y entonces a Edward. Ambos rieron, una pequeña risita nerviosa y alegre.
Él aún no tenía las palabras correctas. No había terminado de usar su boca para otras cosas. En silencio, se enderezó y dio unos pasos apresuradamente hacia dónde la mayoría de los juguetes de Kaylee se encontraban. Intentó bajarla en la manta, pero ella no lo permitía. Ella quitó los dedos de su boca así podía envolverlos alrededor de su cuello, gruñendo con disgusto de esa manera que solo los niños podían hacer. Lo intentó de nuevo con el mismo resultado. Kaylee solo se aferró con más fuerza.
Edward suspiró y se pasó una mano por su cabello. Miró a Bella.
—¿La cena?
Ella tragó fuerte y asintió.
—La cena.
Incluso después de su decisión, Edward no estaba seguro de moverse. Había una sensación peculiar de presentimiento en la habitación, como si él moriría si tuviera que estar tan lejos de Bella como la cocina. Pero ella debió haber estado en la misma página porque se estiró hacia sus muletas. Edward fue a su lado, ofreciendo su brazo libre así ella podía pararse.
En vez de moverse inmediatamente como usualmente lo hacía, cuando ella se encontraba tan cerca de él, ella permaneció allí. Sus ojos bajaron a los labios de él, y eso fue todo lo que bastó. Rodeó su cintura con sus brazos para jalarla hacia él de nuevo, y sus muletas cayeron al suelo. Ella levantó la cabeza mientras que él la agachaba.
Kaylee debió haber decidido que ellos eran graciosos porque comenzó a soltar risitas. Ella le dio unas palmadas al rostro de Bella mientras Edward se enderezaba de nuevo.
—Ma —dijo, inclinándose hacia adelante, tratando de envolver sus brazos alrededor del cuello de Bella.
—Oye, cariño. Espera —dijo Edward, inclinando su cuerpo así aún seguía sosteniendo a Bella y Kaylee se encontraba lejos de ella—. Mami aún no te puede cargar.
Les llevó otro minuto, pero lograron llegar a la cocina. Edward bajó a Kaylee en su silla alta con un juguete para distraerla. Volteó hacia Bella. Ella jadeó cuando la levantó sobre la encimera, con muletas y todo. Su asombro se convirtió en una sonrisa, y dejó a un lado sus muletas así podía acercarlo a ella para otro beso. Kaylee balbuceaba en su dirección, para nada contenta de estar perdiéndose este nuevo juego.
Jadeando, Edward se apartó pero no muy lejos. Acarició su mejilla.
—¿Trescientos cincuenta?
Bella parpadeó, confundida.
—¿Qué?
Edward cerró los ojos por un momento y se rio de su propia ridiculez. Sus pensamientos daban vueltas en su cabeza a dos kilómetros por minuto, cada uno tratando de llamar su atención mientras simultáneamente quería perderse en Bella. En algún lugar de todo eso, se le ocurrió que ellos aún no habían cenado. Kaylee, al menos, necesitaba ser alimentada y que jugaran con ella. Bella debería estar estudiando. Entonces, la bebé debería ser llevada a la cama.
—Papas gratinadas, de caja, junto con tu pollo piccata. El horno tiene que estar a trescientos cincuenta.
Ella se lamió los labios y echó un vistazo a Kaylee antes de volver a él, comprendiéndolo.
—Oh. Sí. Eso creo.
A regañadientes, él tomó sus manos y las llevó a sus labios para plantar un beso largo. Entonces, la ayudó a bajarse de la encimera, soportando su peso mientras cojeaban hacia la mesa de la cocina.
Era irreal lo rápido que todo podía volver a la normalidad cuando todo su mundo había cambiado. Los últimos meses de su vida habían sido así; él terminando la cena mientras Bella estudiaba o jugaba con Kaylee.
En la normalidad inquietante que establecieron, Edward comenzó a preocuparse. Ellos no habían dicho más de dos palabras desde ese primer beso, y aunque él sabía lo que quería, no podía estar seguro de lo que ella estaba pensando. La posibilidad de que estuvieran en la misma página lo llenaba de una esperanza que nunca había sentido, pero si la estaba interpretando mal...
El tiempo pasó lentamente, pero aunque siguieron con su rutina habitual, había una marcada diferencia. Ambos se tocaban cada vez que podían. Eran pequeñas caricias—él deslizaba sus dedos por su espalda mientras pasaba, ella acariciaba su mano cuando él le pasó la sal.
Esas caricias inocentes eran ardientes. El deseo se acumulaba con el paso de los minutos, y Edward necesitaba de todas sus fuerzas para no jalarla hacia él y presionarla contra la superficie más cercana. ¿Eso era ir muy rápido? Ella obviamente quería besarlo, ¿pero quería más?
Edward quería todo.
A pesar que habían tenido tiempo en la cena y mientras preparaban a Kaylee para ir a la cama, ellos aún no hablaron. Solo charlaron con Kaylee e intercambiaron información necesaria, pero no hablaron sobre por qué intercambiaban miradas largas, por qué el pie de ella acariciaba su pierna mientras comían.
—Está durmiendo —dijo Bella cuando Edward salió de la cocina después de meter los platos en el lavavajillas.
Kaylee, en efecto, se había quedado dormida sobre su alfombra de juegos, su mano cerrada en un puño junto a su cabeza. Edward sonrió al caminar hacia ella. Se agachó y apartó un mechón de cabello de su hermoso rostro. Su bebé era preciosa.
Su bebé.
Qué tan poco necesitaba para permitirse soñar.
Con cuidado de moverla tan poco como fuera posible, Edward tomó a Kaylee en sus brazos, frotando su espalda cuando gimoteó. Cuando él volteó, Bella tomó su codo y lo giró de nuevo. Él fue recibido con una pizca de inseguridad y algo más, algo feroz en sus ojos.
—Regresa por mí —dijo ella.
Un escalofrío recorrió la espalda de Edward, terminando en su polla. La expresión en su rostro, la manera en que se lamió los labios después de hablar... él no creía que hubiera otra manera de interpretar sus palabras. Normalmente, ella era lo suficientemente terca para insistir en subir las escaleras por sí misma, pero ese era un proceso lento y laborioso. Si ella quería que él la cargara, estaba más apresurada que todo eso.
Edward tragó fuerte y asintió. Subió las escaleras, obligándose a mantener un paso parejo. Si despertaba a Kaylee ahora mismo, iba a lamentarlo. La acostó en su cuna en el cuarto de Bella y frotó su vientre hasta que ella volvió a tranquilizarse. Cuando estuvo satisfecho de que ella seguiría durmiendo, se apuró a bajar las escaleras.
Bella se estiró hacia él mientras él se estiraba hacia ella. Si acaso, ellos parecían estar en la misma página sobre que hablar era para los tontos. Él rodeó sus piernas con un brazo y la levantó, fusionando sus bocas al instante que fue posible.
Cómo lograron subir las escaleras sin matarse los dos, él no estaba seguro. Pero de alguna manera, estaban en su cuarto y Bella en su cama. Edward se cernió sobre ella al instante siguiente, sosteniéndose con un brazo mientras sus besos rápidamente aumentaban su urgencia.
Una pequeña e inoportuna voz en su cabeza comenzó a susurrar. Así no era cómo se hacía. No debían pasar de primeros besos a estar acostados en su cama sin siquiera una explicación. Su situación no era simple. Y de todos modos, ¿por qué asumió que esto era lo que ella quería? Esta era su fantasía más esperada. Bella sentía agradecimiento. Él le importaba, ciertamente. Quizás se sentía sola, y todas esas no eran las razones correctas para que esto sucediera.
Pero ella estaba dispuesta, ansiosa. Sus caderas se levantaban para encontrarse con las de él. Sus manos se enredaban en su cabello, jalándolo más cerca.
Con un gruñido, permitió que su brazo colapsara así su cuerpo estaba fijando el suyo a la cama. Ella rodeó su pierna buena alrededor de su cintura, y él creyó que iba a morir de puro placer.
Aún así, no debía asumir. No debería.
—Dime que me detenga —masculló contra la piel de su cuello. Carajo, olía delicioso. Él quería probar...
—Detente.
Él se detuvo al instante, aunque estaba seguro que debió haber escuchado mal. Se apartó.
—¿Qué?
Ella gruñó y se cubrió el rostro con las manos.
—Oh, Dios. No... —Tragó y suspiró, dejando caer sus manos en los hombros de él—. Condones —dijo—. No tenemos condones.
Aunque ella estaba hablando en simple español, su implicación no fue captada por la mente de Edward por unos segundos más. Cuando lo hicieron, él se sobresaltó. La culpa cubrió la nube de deseo. Era algo en lo que él debería haber pensado.
Abrió la boca para disculparse, pero algo en la irritación y la consternación en el rostro de ella lo detuvo. Se mordió la parte interna de su mejilla, tratando de resistir la urgencia de reír. Simplemente una situación irreal y ridícula. Esta mañana ella había sido su mejor amiga, la madre de su sobrina, la mujer que había deseado por años pero que nunca se había atrevido a pensar que podía tener. Ahora ella se encontraba presionada contra él, haciendo un puchero porque ella lo deseaba y aún así...
Tenían que ser responsables. Si no iban a hablar primero, y no parecía que alguno de los dos estuviera de humor para eso, que Bella terminara embarazada —de nuevo— no iba a hacer que esto fuera menos complicado.
Ella simplemente lucía tan perturbada al respecto.
Incapaz de contenerse por más tiempo, Edward agachó su cabeza para enterrar sus risitas nerviosas en su cabello. Casi se sentía mal excepto que entonces ella comenzó a reír con él. La manera en que su cuerpo se sacudía bajo el suyo no hacía nada para aliviar su deseo por ella, lo cual solo le hizo reír más fuerte, e hizo que ella también lo hiciera.
Pasaron minutos antes de que sus risitas se calmaran. Para ese entonces, Edward había girado sobre su costado, llevando a Bella con él. Acarició su mejilla, deslizando la yema de sus dedos sobre su piel sonrojada. Las manos de ella eran gentiles contra su espalda. Ellos necesitaban hablar.
Él presionó su pulgar debajo de su barbilla y levantó su cabeza.
Pero aún no.
La besó profundamente. Sus dedos trazaron una línea por su cuello. Se movió así ella se encontraba sobre su espalda y él sobre su costado inclinándose sobre ella. Levantó una mano para tomar su pecho, y ella jadeó, rompiendo el beso.
—Edward, no...
—Shh. —La besó de nuevo—. ¿Confías en mí? —Frotó su pulgar sobre su pezón, estimulando la piel sensible a través de la tela que la cubría.
Su aliento era caliente contra el rostro de él.
—Sí.
Él se puso de rodillas, jalándola para que se sentara el tiempo suficiente para pasar su camiseta por su cabeza. Sus dedos jugaron con el broche de su sostén. Los ojos de ella estaban oscuros con deseo, pero aún así él preguntó.
—¿Me quieres?
—Sí —dijo ella y se inclinó hacia adelante para mordisquear sus labios mientras él la liberaba de los confines de su sostén.
Fue todo lo que Edward necesitó escuchar. Sus labios trazaron un camino hacia sus pechos, permaneciendo allí lo suficiente para darle atención a su cuello. Torció la punta de su teta con la punta de su lengua y deslizó su pulgar alrededor de la curva de su pecho. Lamió y ocasionalmente mordisqueó hasta que ella estuvo retorciéndose. Ella jaló de su camisa, y él se detuvo el tiempo suficiente para quitársela. Soltó gemidos ahogados de felicidad mientras los dedos de ella presionaban a lo largo de su piel.
Después de un minuto, él dejó que su mano recorriera su cuerpo. Deslizó un dedo alrededor de su ombligo, sonriendo cuando ella se retorció y jadeó ante la suave caricia. Dejó que su mano descendiera aún más y desabotonó sus jeans, metiendo su mano en sus bragas.
El resultado fue inmediato. Bella gimió y empujó contra su mano. En su vida, Edward no había encontrado nada más erótico que el sonido del placer de Bella. Había un rango armónico, rápidamente descubrió, y estaba ansioso por encontrar su alcance.
Con ese fin, dejó un camino húmedo desde su torso, alrededor de su ombligo —cómo amaba ese pequeño chillido que ella soltaba y la manera que su cuerpo se contraía— mientras le quitaba los jeans.
Cuando se enderezó para quitarlos completamente de sus piernas, estuvo momentáneamente distraído por las cicatrices que se esparcían por su piel desde su muslo hasta su tobillo. Cicatrices de la cirugía y pedazos de metal. Todos los pensamientos de Edward, miedos e ira sobre el accidente regresaron a él junto con los pensamientos más desagradables sobre su hermano.
Él sabía que el accidente no fue la culpa de Jasper, pero aún seguía molesto. Había sido el trabajo de Jasper cuidar de ella, y había fallado en todo aspecto.
Pero no quería pensar en Jasper en ese momento. No quería revivir su furia y confusión. ¿Cómo pudo su hermano no ver el precioso regalo que Bella y Kaylee eran? ¿Cómo pudo haberlas maltratado tanto? Y aún así, si Jasper hubiera cuidado de sus chicas de la manera en que debía hacerlo, Edward no estaría aquí en esta cama con esta mujer.
Bella tocó su mejilla.
—¿Edward? —La palabra era pequeña e insegura. Cuando levantó la mirada, estaba horrorizado de ver la vergüenza e inseguridad en sus ojos. Por supuesto. Ella no podía tener idea de lo que él estaba pensando mientras observaba a su pierna desfigurada—. No tienes...
La silenció con un beso profundo, encargándose de quitar sus bragas mientras deslizaba su lengua contra la suya. Cuando sintió que la tensión abandonaba su cuerpo, soltó sus labios con un beso húmedo y llevó su atención a la parte más baja de su cuerpo. Besó cada una de las cicatrices que pudo antes de lamer un camino hacia su muslo interno.
Su respiración era entrecortada, sus dedos estaban curvados alrededor de su cuello, jugando con su cabello. Su pierna buena descansaba sobre su hombro, su talón frotando su espalda. Una palabra ocasional se escapaba de sus labios. «Por favor», cuando su lengua tanteó su clítoris y lamió la humedad en su entrada. «Oh», cuando su lengua separó sus labios. «Más», cuando sus lamidas fueron demasiado lentas. «Oh, sí. Sí», cuando él añadió sus dedos así podía jugar con su clítoris o entrar en ella.
—Edward. —Cuando se corrió, sus dedos enredándose en su cabello con un agarre que podría haber sido doloroso si Edward no estuviera tan perdido en el placer de ella.
Él se sentó sobre sus talones, sabiendo bien que la sonrisa en su rostro tenía que ser demasiado engreída. No dijo nada pero la miró sin vergüenza, observando la manera en que su cuerpo se movía mientras ella recuperaba el aliento. Sus pestañas se batieron mientras lo miraba, sus ojos nublados al principio. Cuando notó qué la observaba, sus labios se curvaron hacia arriba.
—Ven aquí —dijo, su voz ronca, áspera y sexy.
Sin querer desobedecer una orden así, Edward volvió a acostarse. Ella se acurrucó contra él, así se encontraban sobre sus costados, y lo besó, lamiendo su propio sabor de la lengua de él. Mientras lo hacían, ella deslizó sus manos entre ellos, liberándolo de donde él se encontraba tenso en sus jeans. Mantuvo sus labios ocupados con los de ella mientras envolvía su mano alrededor de su polla.
Había pasado mucho tiempo desde que él había tenido a alguien en su cama, y era Bella. Bella, a quien había tocado y saboreado, y cuyos gemidos y gimoteos eran todo el juego previo que necesitaba. Él ya se encontraba duro. Solo pasó un minuto, dos como mucho, antes de que él se liberara en su mano, ahogando su éxtasis en su boca.
Permanecieron allí incluso después de haber recuperado el aliento y el calor en el ambiente descendiera. Edward estaba extremadamente tentado de envolverla en sus brazos y quedarse dormido. A menudo había imaginado terminar sus días de esa manera.
Pero era mejor definir los límites entre la fantasía y la realidad ahora. La garganta de Edward se cerró. Si salía de esta cama, ellos tendrían que hablar. Por la manera en que ella lo besó, la manera en que ella lo miraba en ese momento con una adoración evidente, Edward dudaba que él estuviera solo en lo que sentía por ella. Aún así, eso no quería decir que podían desenredar el desastre que estaban a punto de hacer con su relación ya compleja.
Edward presionó un largo beso contra la frente de Bella antes de salir de la cama.
—Ya vuelvo.
Él humedeció una toallita y regresó a la cama para limpiarlos a los dos. Le puso mayor atención a cada uno de los dedos de ella, retrasando el momento.
Al final, para todo su vacilo y análisis, fue simple. Bella sostuvo su mejilla y pronunció su nombre. Él levantó la mirada, su corazón acelerado, sabiendo que esta mujer estaba a punto de cambiar su vida para siempre de una manera u otra.
Ella respiró profundo.
—¿Nos quieres?
Su corazón se saltó un latido. Él se preguntaba si ella se refería a ellos, a él y ella como una unidad, o a ellas, ella y Kaylee. De cualquier forma, la respuesta era la misma.
—Sí.
Los ojos de ella eran intensos mientras lo miraba fijamente, y podía ver la esperanza asomándose por los bordes mezclada con incertidumbre. Ella presionó sus labios entre sí.
—Sabes lo que eso significa, ¿cierto? Lo que sea que sientes por mí, lo que sea que resulte de nuestra relación, si eres el papá de Kaylee...
Él le dio un apretón a sus manos y las llevó a su corazón.
—He querido que ella fuera mía desde el momento en que la vi. Ella me conoce. En todo este tiempo, has estado mejorando, y estoy feliz, pero también he estado temiendo el día que ella no sea lo primero que veo en la mañana. —Levantó sus manos hacia sus labios—. Y a ti. Bella. Te... Te amo. Las amo a las dos.
Una sonrisa se estiró en su rostro y ella se aventó hacia él, sus brazos alrededor de su cuello.
—Te amo. —Se apartó y lo besó una, dos veces, y le sonrió—. Creo que me quedaré contigo.
Ella lo jaló hacia ella en la cama de nuevo, y se perdieron en caricias suaves y besos ardientes.
