Disclaimer: los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es LyricalKris, yo solo traduzco con su permiso.


Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to LyricalKris. I'm only translating with her permission.


Capítulo 13

Las Batallas Peleadas y Perdidas

Fueron solo horas después de haber conocido a su hija por primera vez que Jasper tuvo que trabajar. Durante mucho tiempo antes de su turno, se sentó quieto en la cama de su cuarto, tratando de obligarse a moverse. El peso sobre sus hombros era demasiado. No había manera que pudiera sentarse derecho por muchas horas bajo este. Sus ojos ardían, sensibles después de su ataque de llanto.

De todos modos arrastró sus pies hacia la puerta, ignorando la oferta de sus padres de una cena tardía.

En la estación de servicio, dio vueltas aturdido, cumpliendo sus deberes en una manera robótica. Las primeras horas no fueron complicadas. Pudo mantener su mente cuidadosamente en blanco mientras trabajaba con otro empleado. El hombre, después de muchos intentos por comenzar una conversación con él, los dejó sumirse en silencio salvo por los clientes ocasionales. Aunque pronto, Jasper se encontró solo en el pequeño espacio.

En el silencio de la noche, el peso mantenido a una distancia debido a la distracción de las preguntas de sus clientes, a la reposición de productos, y mantener el lugar limpio, comenzó a hacer presión. Lo aplastaba lentamente, encorvando sus hombros, presionando su pecho y su corazón como un doloroso panqueque.

Arrepentimiento. Él jamás había saboreado algo tan amargo y horrible como el arrepentimiento. Cubría su lengua y su garganta. Era abundante con cada respiración que soltaba. No necesitaba algo tanto como una máquina del tiempo, un botón de reinicio. Era demasiado. ¿Acaso no era suficiente que tuvo que comenzar su vida de nuevo? ¿No era suficiente para alguien?

Jasper no sabía lo que era peor. Estaba la agonía desgarradora de saber con completa certeza lo que había perdido. Que él jamás sería el padre de su hija. Que ni siquiera la muerte se la robó sino su propia idiotez era exasperante. Ella se encontraba allí, frente a él, y no era suya. Nunca suya.

Lo único que podría haber, podría haber, sido peor que eso, era el deseo que se asomaba por debajo de su piel. Era un deseo ardiente, haciendo que cada milímetro de su piel se erizara. Era un deseo que susurraba en su oído, mascullando palabras tranquilizantes, prometiendo confort, calor —él estaba helado hasta los huesos— y más que todo, alivio. Él podría apaciguar el dolor, alejarlo así podía volver a respirar, así podía sentir algún tipo de esperanza, algún tipo de razón para seguir adelante.

Él deseaba.

Necesitaba.

Aunque difícilmente podía formar dos palabras cuando un cliente entraba e intentaba charlar con él, su mente era perfectamente capaz de encontrar la manera más rápida de conseguir lo que él quería. Aún conocía a las personas indicadas para llamar, las calles correctas donde estar. Diablos, algunos de los clientes que venían seguramente podrían haberlo ayudado de vez en cuando.

—¿Estás bien, amigo?

Jasper sacudió la cabeza lentamente y cerró los puños a sus costados. La voz se estaba volviendo más fuerte.

—Sí, eh. —Levantó la mirada hacia el cliente, un joven con un paquete de doce cervezas—. Sí, gracias... ¿Puedo ver tu identificación?

Cuando el hombre se había ido, Jasper intentó mantenerse ocupado. Se enderezó y limpió los exhibidores ya limpios y ordenados. Cambió los filtros en la cafetera.

El deseo no se calmaba porque el dolor de su pérdida no se calmaba. La voz comenzó a gritar.

Buscó en su bolsillo y sacó su teléfono. Sus manos temblaban tanto que le llevó minutos atravesar su lista de contactos. Afortunadamente, él guardaba sus contactos con el primer nombre primero. Presionó el número que necesitaba. La llamada conectó. Jasper repiqueteó su pie sin parar mientras el teléfono sonó. Y sonó. Sonó.

Finalmente, una voz exhausta dijo, «¿Jasper? ¿Qué pasa?»

El aliento de Jasper salió en un silbido. Había estado conteniéndolo mientras el teléfono sonaba.

—¿Alice?

Cuando recuperó el aliento, tranquilizado por la voz de Alice, le contó sobre su día. Su horrible, espantoso, maravilloso e increíble día. El mejor y el peor día de su vida.

Presionó un puño contra un ojo, presionando sus labios entre sí para detener su temblor. Estaba harto de llorar. No se merecía llorar. Era absurdo sentir lástima por sí mismo, y se lo dijo.

—Aún así mereces llorar. Te mereces eso, Jasper. Esto no puede ser fácil.

—No. No lo es. Apesta. —Ese era quedarse corto, pero eran las únicas palabras que podía encontrar. Estaba cansado. Podría arrastrarse bajo la caja registradora y ponerse a dormir justo allí.

Aún así, después de nuevamente disculparse por despertarla, terminó su turno. Se puso en marcha hacia casa y caminó fatigosamente por el sendero. Cada uno de sus pasos era lento, sus huesos exhaustos dolían. Se encontraba en el vestíbulo de la casa de sus padres de nuevo. Como siempre, una soledad apabullante lo envolvió, una diferencia.

Lo que no daría por sentirse cómodo en su propia piel, en su propia vida. No feliz, simplemente conforme. De hecho, justo entonces, él hubiera dado todo por algún tipo de alivio pequeño. Lo que fuera. Cada uno de sus pensamientos era un ataque, un cristal filoso que lo apuñalaba sin una pizca de amabilidad. Él sabía que no podía tener lo que quería, lo que su cuerpo intentaba decirle que necesitaba.

Jasper terminó en la cocina, demasiado exhausto como para moverse más lejos, pero las púas que lo atacaban a segundo por medio no eran buenos para dormir. No creía que pudiera dormir más de lo que podría comer.

Frotando una mano por la parte trasera de su cuello, Jasper inclinó la cabeza a un lado y se detuvo. Se mordió el interior de su mejilla, sorprendido por una idea, una pequeña posibilidad de aliviar los bordes aunque sea por un momento. Quizás lo suficiente para quedarse dormido.

Se puso de pie y se estiró hacia su salvación.

~S~

—¿Qué demonios pasa contigo?

Jasper fue despertado groseramente cuando alguien le arrancó las mantas que lo rodeaban, haciéndole caer al suelo en el proceso. Su asombro instantáneamente dio paso a un dolor cegador, y se aferró la cabeza, gruñendo.

—Contéstame ahora mismo, Jasper Charles Whitlock.

Jasper levantó la cabeza, parpadeando en dirección a su madre sin comprender. Ella lo estaba mirando, sus manos en sus caderas y una mirada en su rostro que era tanto dolorida como desenfrenadamente furiosa. Se rascó la cabeza, confundido por qué podría estar haciendo que su madre lo mirara así.

—¿Mamá? —Su boca sabía como si un ratón muy sucio y lleno de enfermedades se hubiera instalado y hubiera muerto allí.

Esme tomó algo de la mesa de noche y lo empujó contra su pecho.

—No te hagas el estúpido conmigo. ¿Cómo pudiste hacer esto?

La comprensión hizo clic mientras observaba la cosa que ella había presionado en sus manos, la botella casi vacía de whisky. Él intentó recordar qué diablos había hecho la noche anterior. Había bebido. Mucho.

—¿Qué hice?

—La botella estaba llena. No intentes...

—No, quiero decir... —Bajó la botella y presionó las palmas de su mano contra los costados de su cabeza, haciendo presión, tratando de aliviar el martilleo—. Sé que lo bebí. ¿Qué hice? ¿Por qué estás molesta?

Ella se lo quedó mirando, una imagen de incredulidad.

—¿Me estás diciendo que no ves nada malo con esto? Tienes resaca. Apestas a alcohol.

A pesar de las protestas de su mente confundida, se obligó a pensar. La ira comenzaba a crecer en su interior, pero era del tipo de ira que ardía fuerte para cubrir algo más. Vergüenza. Él sabía cómo lucía esto, incluso mientras el vello de su cuello se erizaba.

—Tomé un trago. Varios tragos. Tuve un mal día. ¿Qué hay de malo con que alguien tome un trago después de un día duro?

De nuevo, ella se lo quedó mirando, sus labios moviéndose como si no se pudiera decidir qué decir primero.

—Jasper. No vas a hacerme pasar por esto de nuevo.

Jasper de desenredó de sus sábanas y se puso de pie.

—Estás exagerando.

Ella lo tomó de los hombros.

—No tienes derecho a decirme eso. Eso es exactamente lo que decías antes. Cada vez que intentaba conseguirte ayuda, me decías que estaba exagerando. Que no es tan importante. Jamás me escuchabas cuando te decía lo que le estabas haciendo a tu vida, a tu familia.

—Esto es diferente. El alcohol no es heroína. No soy un alcohólico.

—No, y una vez tampoco fuiste drogadicto.

Se quedaron mirando al otro, sus ojos un espejo del otro—duros con ira y arrepentimiento. Jasper abrió la boca, pero Esme fue más rápida.

—No te atrevas, Jasper. Juro que si intentas defenderte una vez más, eso es todo. No te veré hacer todo esto de nuevo. No lo haré. —Su voz se quebró y sus ojos se llenaron de lágrimas, pero lo miró fijamente.

Jasper la fulminó con la mirada, la traición ardiendo en sus venas. Se suponía que el amor de ella debía ser constante, incondicional.

Pero lo vio en sus ojos. Ella no amenazaba con no amarlo. Amenazaba con no verlo destruirse a sí mismo. De nuevo. Porque era lo suficientemente inteligente para saber que no podía controlarlo. No podía tomar las decisiones por él.

Jasper dejó caer sus hombros, toda la lucha lo había abandonado. Se sentó pesadamente sobre la cama, su cabeza dolorida en sus manos. La gravedad de lo que había hecho amenazaba con aplastarlo, como el peso del agua al fondo del océano. Más de un año de trabajo, de progreso, y todo podría haber sido arruinado. Él sabía exactamente lo difícil que era romper una adicción, desprenderse de ella. Era una enfermedad de la que nunca se desharía. Él solo podía esperar luchar. Luchar por sí mismo, por su familia. Luchar para no recaer porque ese siempre era una amenaza.

Tragó fuerte.

—Lo siento. Tienes razón. Lo siento.

Hubo silencio por un momento largo. La cama de Jasper se hundió, y su madre se sentó a su lado, su mano en el cabello de él.

—Necesito más.

Jasper levantó la cabeza. No sabía qué responder a eso cuando no tenía nada.

—He... He leído mucho sobre lo manipuladores que los adictos pueden ser.

Si acaso, Jasper se hundió aún más. Suponía que había manipulado a su familia en algún momento. Ellos jamás supieron qué tan metido estaba en las drogas. Ellos sabían que pasaba algo. Sabían cuando él estaba drogado, aunque no sabían con qué. Él no era confiable, a menudo desaparecía por semanas, pero cuando reaparecía engañaba a sus padres con encanto para que creyeran que no pasaba nada. Que no era algo de lo que ellos debían preocuparse. O después, que él intentaba buscar ayuda. Él había sido muy creativo en ese sentido, creando historias sobre encuentros con Narcóticos Anónimos que no existían.

—Quiero creer que realmente te sientes apenado ahora mismo, Jasper, pero necesito garantías.

Jasper sacudió la cabeza aún en sus manos.

—Sabes que no puedo garantizar nada. Es una lucha, y no puedo decir que siempre voy a ganar. —Inhaló temblorosamente—. No lo hice esta mañana, obviamente.

—No vas a ganar en todo momento. Eso lo sé. Tú lo sabes. Lo que quiero es la garantía de que estás luchando con todas las armas que tienes.

—Lo...

—No lo estás. Estás luchando solo, y eso no es suficiente. Lo siento, pero no lo es.

Jasper se mantuvo en silencio. No tenía la voluntad para discutir.

—Llama a la terapeuta que encontré para ti. Si no es ella, entonces alguien más. Algo más.

—A tus expensas. Ya me has dado suficiente. Estoy harto de aumentar mi deuda.

—Bueno, qué maldita lástima.

La cabeza de Jasper se levantó en sorpresa ante el lenguaje de su madre.

Ella tocó con un dedo la cicatriz en su rostro.

—Esto es de vida o muerte, Jasper. Si me amas, si quieres probar que me amas y que quieres un lugar en esta familia, vas a tomar tu vida en serio, incluso si eso significa aceptar lo que te estoy ofreciendo.

—Pero no es justo. No es justo para ti.

—Estar sin mi hijo de nuevo es más injusto. Lidia con ello. —Ella se detuvo y revolvió su cabello—. No somos una familia carente, Jasper. Puedo ver que intentas no ser una carga. Vendiste tu coche el día después de regresar a casa, y vi los comestibles que compraste con tu primera paga. No eres un vago, así que date un respiro. Tienes suficiente de qué preocuparte.

¿Cómo él podía discutir eso? ¿Qué era otro golpe a su orgullo, otras dos toneladas en el barco de carga que necesitaba para cargar todo lo que le debía a sus padres? Llevó sus manos a sus ojos, agachando la cabeza de nuevo.

—La llamaré. A la terapeuta.

—Hoy.

Jasper asintió e hizo una mueca mientras las estrellas blancas aparecían detrás de sus párpados cerrados.

Mientras más tiempo tenía que pensar en ello, más podía ver las consecuencias de sus acciones, su lapsus, reproducirse frente a él. Edward no lo entendería. Él vería su error como algo malo, como si Jasper hubiera salido y se hubiera drogado. Él nunca permitiría que Jasper estuviera cerca de Kaylee después de eso.

—¿Vas...? —Tragó porque sabía que no tenía ningún derecho a preguntar—. ¿Vas a contárselo a alguien más?

Ella deslizó sus dedos por su cabello, su caricia gentil.

—Este no es el tipo de cosa que una esposa oculta a su marido, pero no creo que haya una razón para contárselo a tus hermanos. —Su mano bajó y frotó su espalda—. He leído eso sobre los adictos en recuperación. Si haces que cada lapsus sea un fracaso, corres el riesgo de convertirlo en una profecía autocumplida. Tampoco le veo el punto a eso. Este... Este podría ser un pequeño lapsus. Tienes razón, después de todo. Tuviste un día muy malo ayer, y si fueras alguien más, nadie te culparía por beber unos tragos.

—Si fuera alguien más, no tendría que beber para olvidar el hecho que abandoné a mi hija. —Levantó sus piernas hacia su pecho en la cama y descansó su cabeza en sus rodillas.

Su madre no respondió nada a esto, pero besó el costado de su cabeza.

—Te buscaré una aspirina. Toma una ducha, y podemos ir a buscar un almuerzo grasiento, ¿de acuerdo?

~S~

Esme no creyó su palabra de que haría una cita con la terapeuta. Se paró junto a él mientras lo hacía, y las puntas de las orejas de él ardieron. A pesar de si se lo merecía o no, ser tratado como un niño desobediente no era cómodo.

Cuando regresó a casa del trabajo la mañana siguiente, notó que las botellas de licor habían desaparecido de su lugar habitual. De nuevo, sintió fastidio.

Le preparó el café a su padre y esperó a que bajara las escaleras, pensando que quería quitar del medio la reprimenda de Carlisle. Esa había sido su costumbre cuando era un niño. Cuando había hecho algo que sabía con seguridad que estaría en problemas cuando se encontraba en la casa de su madre, se lo decía a cualquier padre que estaba disponible y se apresuraba hacia el estudio, esperando que lo siguieran y entregaran el castigo.

En la casa de Charles, optaba por pelear porque esperar su golpiza lo ponía nervioso.

Así que Jasper esperó.

Carlisle entró en la cocina y se sentó, agradeciéndole por el café como si fuera un día normal, como si Jasper no hubiera estado ausente el día anterior. Mientras bebía un sorbo, él charló como era usual, o lo intentó, de todos modos.

—Papá, sé que mamá te contó lo que hice —dijo Jasper, ignorando la pregunta de Carlisle sobre cómo había estado su noche.

—Por supuesto que lo hizo.

—¿Y?

—Y te llevaré a la oficina de la Dra. Ivanova yo mismo el lunes.

—No tienes que hacer eso.

Carlisle levantó la cabeza para observar a Jasper con una expresión fría.

Jasper bebió el resto de su café en tragos largos.

—De acuerdo. Gracias. Ten un buen día en el trabajo.

~S~

El viernes por la tarde, Emmett y Rosalie vinieron a cenar con Carlisle y Esme. Trajeron a los niños. Henry charló animadamente, aceptando a Jasper con facilidad. Vera, que indudablemente notaba la frialdad de su madre hacia Jasper, mayormente lo ignoró .

Eso estaba bien. Jasper disfrutó de conocer a su sobrina y volver a familiarizarse con su sobrino aunque fuera desde la distancia de la mesa. Pero cómo todo en su vida últimamente, era un arma de doble filo. Conocer a los hijos de su hermano implicaba que tenía que ver a Emmett siendo padre de ellos.

Emmett había estado allí todos los días de sus vidas. Él tenía esos recuerdos, esos momentos. Sus primeras palabras, sus primeros pasos, el primer día de clases de Henry, ellos le pertenecían a él y a Rosalie de una manera que nunca pertenecerían a la familia.

Jasper ya se había perdido tres años de momentos, pero los momentos importantes restantes de su propia hija jamás le pertenecerían a él. No como un papá. Como un tío.

Durante el trabajo esa noche, tuvo mucho tiempo para preocuparse, de nuevo.

Por un lado, no podía esperar a ver a Kaylee de nuevo. La simple idea, de ser capaz de tomarla en brazos y abrazarla aunque fuera por un instante, solo para verla de nuevo, le daba tanta felicidad que no podía mantener una sonrisa lejos de su rostro. Pero por el otro lado, verla cuando no podía quedarse con ella era una tortura.

Estaba aterrado de que fuera igual cada vez que tuviera que verla, que él sintiera el dolor de perderla una y otra vez.

De vuelta en casa después de su turno, Jasper se hundió en el sofá de la sala. Se pasó las manos por sus ojos, preguntándose si tenía la fuerza para sentarse durante otra pequeña charla con su padre esta mañana. Respirar dolía. Todo dolía.

El sonido de una llave en el picaporte llamó la atención de Jasper. Levantó la cabeza y vio cómo la puerta principal se abría. Cuando vio quién se encontraba parado allí, gruñó y volvió a llevar su cabeza hacia sus manos.

—Dios, por favor, vete. No puedo con esto ahora mismo.

La puerta se cerró, pero Edward no se había ido. Sus pasos se acercaban y se acercaban. Él no habló. Jasper intentó descifrar por qué su hermano podría estar allí en las primeras horas de la mañana. Sabía instintivamente que Edward había venido a verlo a él. ¿Esme le había contado sobre el whisky?

Pero incluso la parte razonable de su mente estaba demasiado cansada. Sus pensamientos eran débiles y lentos. Sus latidos se aceleraron y se retorcieron cuando pensó que esto sería todo. Le había dicho a Bella que él respetaría sus deseos si ella no quería que él se relacionara con Kaylee en absoluto. Sus hombros cayeron en resignación, y sacudió la cabeza lentamente.

—Edward, sé que no lo merezco. Sé que merezco todo lo que me lances, pero si hay incluso una pizca de... No lo sé, ¿compasión? Solo... Lo que sea que tengas que decir, no puedo... —Presionó sus labios entre sí sabiendo muy bien que su hermano no sentía compasión por él. A él no le quedaba nada, ni voluntad para luchar, pero a Edward no le importaría eso.

La respiración de su hermano era inestable. Ninguno de los dos habló por un minuto largo y pesado.

—¿Qué quieres de mí? —preguntó Edward, su tono brusco.

Lo que fuera que Jasper había estado esperando, no era eso. Levantó la cabeza, seguro de que estaba perdiéndose algo.

—¿Qué?

Los puños de Edward estaban cerrados a sus costados. Su rostro estaba contraído, su ceño fruncido. Lucía furioso como siempre pero también en conflicto.

—¿Qué quieres de mí? —repitió.

—No... ¿Qué? Nada. —Rio, el sonido tan vacío como se sentía—. Quiero decir, supongo que preferiría si pudieras guardarte tus gritos hasta más tarde. Estoy muy cansado.

—No voy a gritarte. —Edward se sentó en el sillón cerca de él con un bufido.

—Bueno, eso es un cambio, de todos modos.

Edward se cruzó de brazos, mirando a todo menos Jasper.

—¿Qué esperabas? ¿Qué quieres que haga? ¿Quieres que me siente aquí y sea bueno? ¿Quieres que seamos hermanos de nuevo como si nada de esto pasó?

Jasper suspiró. Una imagen pasó por su mente sin invitación. Edward no podía tener más de dos o tres años. A menudo, cuando Jasper venía a casa después de una visita con Charles, tenía una sensación de que había algo malo con él. Pero cuando su mamá abría la puerta, allí estaban los pasos de pequeños pies. Edward corría de donde fuera que se hubiera encontrado en la casa, su sonrisa gigante. Llamaba a Jasper por su nombre y se aventaba hacia los brazos de su hermano mayor, abrazándolo fuertemente y diciéndole que no se volviera a ir.

—Me conformaría con tu indiferencia —dijo al final, su voz monótona para sus propios oídos.

Edward se puso de pie de nuevo.

—Los padres no pueden darse el lujo de ser indiferentes con las personas que sus hijas van a rodear.

Jasper hizo una mueca y giró la cabeza. Respiró tan profundo como fue posible, aunque se sintió como respirar en agua hirviendo.

—Ya le dije a Bella que no tienen que preocuparse de que intente ser papá. No lo haré. ¿Qué necesitas? ¿Lo necesitas por escrito? ¿Mi sangre?

—No —dijo Edward después de un momento, su voz más suave de lo que había sido un segundo antes—. Te creo cuando dices que no lucharás por ella. No voy a fingir que no estoy aliviado por eso, pero no es el punto. Sigues estando en una posición que podría lastimarla. No solo a ella, sino a todos los que amo. No confío en que puedas cumplir tu palabra con respecto a eso. Sobre mejorar, quiero decir.

—Sí, bueno... Somos dos —masculló Jasper—. No sé qué quieres que diga. Deseo poder prometer que sé que podría cumplirlo, pero no puedo porque no estoy seguro. Quiero más que nada decir que no volveré a fallar, pero no sé si va a ser una mentira. Pasé muchos años convenciéndome de que podía controlarlo y obviamente, no pude. ¿Quién dice que será suficiente esta vez?

»—¿Quieres saber la verdad? Algunos días, los deseos son tan fuertes que ni siquiera puedo pensar alrededor de ellos. Lo único que puedo hacer es pensar en lo que hice… lo que le hice a Bella, a Kaylee, a todos ustedes. Y es como clavar una navaja en una herida abierta porque es la única manera que puedes permanecer consciente y racional. Lo cual es increíble por un lado porque no cedes a los deseos, pero por el otro sigue abriendo la herida.

»—Y lo sé. Lástima por mí. Es una herida de bala autoinfligida e impacté a muchas otras personas con la misma bala. Pero solo soy humano. Hay un límite con lo que puedo lidiar. No son solo los deseos, esta... lucha. Adicto es parte de mi definición. ¿Sabes lo que es eso? ¿Tener algo tan jodidamente horrible como parte de quién eres?

Con cada palabra, él se encorvaba hacia dentro de sí mismo, el peso en sus hombros una cosa física, no comprendía cómo seguía vivo.

—Debería estar muy agradecido porque no perdí a mi madre y a mi padre. No perdí a Emmett. Pero te perdí a ti. Y a Rose. Y perdí a mi hija. —Cerró los ojos contra las lágrimas que amenazaban con caer. Por mucho que quería hundirse en el suelo y no volver a levantarse, no iba a dejar que Edward lo viera.

—Bella y Kaylee... —Jasper tragó fuerte—. Eres bueno para ellas. Te las mereces y ellas te merecen. Comprendo cómo es desde tu punto de vista. Tienes que lidiar con el hombre que lastimó a tu familia. Pero este no es un festín para mí. Por sobre todo lo demás, es mi hermano menor quien ocupó mi lugar como papá de mi bebé. Y tengo que verlo porque planeo quedarme. Por mamá y papá. Por Emmett. No abandonaré a esta familia de nuevo, pero quiere decir que tengo que verte viviendo la vida que podría haber tenido si no fuera tan jodidamente estúpido. Es una cosa saber que tienes que comenzar tu vida de nuevo. Es otra cosa tener la vida que destruiste siendo constantemente restregada en tu cara.

Él tuvo que trabajar para evitar que su voz temblara, pero no había vida en ella.

—Entonces, ¿qué quiero de ti? Ya no lo sé, Edward. Tienes una familia que proteger, y soy una amenaza. Aunque no luche por Kaylee, y no lo haré, soy una amenaza. Lo entiendo. Pero si pudiera pedir algo llegados a este punto, sería que no lo empeores. Si no cumplo las normas, patea mi trasero. Haz lo que necesites hacer. Pero hasta entonces, si preguntas qué quiero, quizás solo un poco de tolerancia.

Jasper se quedó en silencio. Aún no podía atreverse a mirar a su hermano. Aguardó, esperando la burla de Edward. Esperó que su hermano lo regañara, que le dijera punto por punto por qué él no se merecía sanar, por qué se merecía sangrar hasta morir lentamente por mil heridas de pinchazos, pequeñas y grandes, en su pecho.

Cuando Edward no habló, Jasper se obligó a girar la cabeza y mirar. Edward no lo estaba mirando. Su mandíbula estaba apretada. Él abrió la boca, su expresión dejaba en claro que tenía muchas cosas que quería decir y ninguna de ellas era amable. Jasper contuvo el aliento, pero al siguiente instante, Edward se dio la vuelta y caminó hacia la puerta sin decir una palabra.


¿Es un avance? Jaja Los dos realmente extrañan ser hermanos.

Estoy segura que el próximo capítulo les va a encantar, tengan un excelente comienzo de semana :)