Hetalia no me pertenece, es obra del maravilloso Himaruya Hidekaz, al igual que sus personajes a excepción de México [Andrea Hernández], que es de mi creación. La saga de los Horóscopos es maravillosa idea de Anniih. Thanks por el permiso c:


[Tαurσ]

Se trata de un signo posesivo y quien acompañe a Tauro va a comprobar que en público él demostrará a todos -a través de gestos físicos- que es "de su propiedad".

Él realmente no quería estar ahí. Las luces, los reflectores, la música a todo volumen, el montón de gente agrupada de manera apretada en la pista que bailaba de manera salvaje y al compás de la música, chocando sus cuerpos entre ellos. No le hacía ni un poco de gracia.

— Vamos, Arthur ¡Se ve muy divertido! Quiero ir, anda, vamos. Yo sé que tú quieres~—Había suplicado la mexicana al instante en que habían pasado frente a la disco después de una tranquila cena, emocionada al notar lo buena que parecía estar la fiesta ahí adentro. Arthur se negó rotundamente, alegando que era demasiado ruidoso y que él ya se encontraba bastante cansado esa noche [aunque no era la verdadera razón], y simplemente trataba de alejar a la chica del lugar sin éxito alguno. Pero cada vez que Andrea se resignaba a alejarse, comenzaba alguna otra canción y la chica comenzaba a jalar de su brazo de nuevo de forma insistente, intentando arrastrarlo dentro mientras entre grititos decía "¡Ésta es mi canción, ésta es mi canción!"

El inglés había intentado por aproximadamente media hora hacer cambiar de opinión a Andrea, pero la joven no parecía tener intenciones de irse del lugar sin haber entrado primero a la disco. A Arthur le costó demasiado, pero después de ver la expresión de súplica que la mexicana tenía, no pudo hacer más que aceptar.

Y entonces ambos entraron, deslumbrándose con el espectáculo de luces que había dentro. Arthur no había logrado enfocar aún su vista cuando su pareja lo tomó con fuerza del brazo y literalmente lo arrastró hasta la pista de baile, la cosa que más le desagradaba del lugar. Y para empeorar las cosas, la chica había decidido que el centro era el mejor lugar para bailar y lo había obligado a entrar a aquella muchedumbre de gente, recibiendo empujones y varias dolorosas pisadas de tacones en el camino.

El inglés observó a su alrededor. Pura gente sobrebebida que apestaba a alcohol, hombres con miradas que resultaban más que sólo pervertidas y que se habían plantado al instante en el cuerpo de su México. Fulminó con la mirada a todos y cada uno de ellos, advirtiéndoles que ni siquiera intentaran acercarse a ella. Por eso él no quería entrar a ese lugar.

Y, sin dudarlo ni un solo segundo, extendió sus brazos y abrazó a Andrea por la cintura, aferrándola con fuerza. La rodeó protectoramente con sus brazos, haciendo con ellos una especie de barrera protectora que impedía bajo cualquier circunstancia que alguien pudiera tocarla. La acercó lo más que pudo a él, sin importarle siquiera un poco que la chica pudiese pisarlo. Hizo que con sus brazos rodeara su cuello, y por la posición igualmente hizo que lo viese directamente a los ojos, sin permitirle prestarle su mirada a nadie más. Esbozó una sonrisa satisfecha al notar que la mexicana no ofrecía resistencia alguna, sino que por todo lo contrario permanecía lo más cerca que podía de él. Bailaron en esa posición, sin apartar sus miradas ni por un solo momento. Arthur sólo bajó uno de sus brazos para aferrar con fuerza la mano de la chica en una ocasión, y también se inclinó levemente en varias ocasiones para besarla. En la frente, en las mejillas, en los labios.

Él la trataba con la delicadeza con la que se trataría a una valiosa pieza de porcelana. Aquella peculiar pareja se distinguía de todas las demás por la dulzura y protección sobria que el chico ofrecía a la chica. Muchas jóvenes suspiraban al verlos juntos, y cuchicheaban entre ellas. Los chicos simplemente vieron que no tenían oportunidad de acercarse a Andrea, y decidieron irse por otras que probablemente ya estaban abandonadas por sus novios después de tanto beber.

Andrea Hernández era sólo suya. Y le daría su merecido a quién se atreviese a contradecirlo.

Le encanta la buena comida, en abundancia, por lo cual le encanta cocinar.

—A-Arthur… ¿Q-Qué carajos es… eso?

H-hell Andrea! ¡No exageres tanto! S-Se nota a primera vista qué es lo que es… ¡Además, me costó mucho hacerlo! Mi comida está deliciosa. ¡No tienes que hacerle caso a lo que sea que te diga el idiota de Alfred!

La mexicana observó con recelo aquel bonito tazón de porcelana, blanco y con decoraciones verdes, el mismo deleitante color que los ojos de Arthur. Era un tazón muy bonito, sin duda alguna. Pero lo que burbujeaba y, cómo Andrea juraba, agonizaba dentro de él era sin duda alguna algo de temer. Fuera de pensar que eran burbujas, la chica comenzaba a temerse que en realidad aquella masa negruzca y pegajosa se estuviese moviendo por su propia cuenta.

Soltó un gran suspiro y miró al inglés con una expresión algo apenada, mientras que se mordía el labio inferior con mucho nerviosismo. La mirada expectante y suplicante de Arthur la hacían querer reprimir sus comentarios, pues verdaderamente no quería herir sus sentimientos. Sabía lo mucho que él realmente se esforzaba por cocinar algo decente.

— P-pero…Arthur, ¿No habíamos quedado en que yo traería toda la comida? —Continúo insistiendo la chica, intentando tener todo el tacto posible con el inglés [aunque le era verdaderamente difícil, no acostumbraba a serlo con nadie]. El mayor simplemente frunció el ceño y desvió la mirada, son las mejillas levemente teñidas de carmesí.

I-I know it…but…A-Anoche no podia dormir, y cómo no tenía nada mejor que hacer…además, me emocioné tanto por que en la televisión estaban pasando de esos programas de cocina que siempre pasan por las mañanas…—Murmuró, arrancando por inercia algunas plantitas de la hierba en un gesto de nerviosismo. —De verdad estuve esperando con muchas ansias éste picnic. No quería llegar sin nada encima…

Andrea simplemente suspiró y ladeó la cabeza, ceñuda.

—P-pero entonces al menos podrías haberme avisado, tonto. Así al menos hubiera podido ir a tu casa a ayudarte. ¿En verdad crees que es comestible esa cosa? —Volvió a suspirar una vez más al notar que el inglés aún permanecía con la mirada desviada y lucía evidentemente algo triste. Se levantó de su lugar y, vacilante, tomó el tazón con delicadeza entre sus manos para ir a dónde se encontraba Arthur, posando con mucha suavidad una mano sobre su hombro. —Vamos, dejemos el picnic para otro día y acompáñame a mi casa. Te enseñaré a cocinar, y más te vale aprender, cabrón.

— ¡N-No tengo que aprender nada, Andrea! Yo sé cocinar perfectamente, ¡No necesito de tu ayuda! —Protestó el mayor cuando la chica lo tomó por el brazo, obligándole a pararse, y comenzó a recoger las cosas a su alrededor. Más no opuso resistencia física alguna. Ayudó a la mexicana a recoger, bufando y quejándose por lo bajo, pero finalmente caminó junto a ella en dirección a su casa.

Ese día, Andrea comprendió que no se podía tener a Arthur "cocinando decentemente" en la cocina sin que el horno explotara.

Trabaja mucho, por lo que necesita un buen descanso, lo ideal es un lugar al aire libre, o bien estar en casa recostado cómodamente viendo televisión o escuchando música; eso sí, la casa debe estar llena de belleza y paz, y debe ser un lugar acogedor en todos los aspectos.

— ¡Estúpido! ¡Te dije que no debías trabajar cuando te estuvieras enfermo! ¡Eres un tonto, Arthur, un idiota! ¡Pareces un chingado niño chiquito que necesita que le repitan las cosas una y otra vez para hacer las cosas bien!

—A-Andrea…m-me duele mucho la cabeza, no me grites de esa manera, bloody hell…

— ¡Cállate, cabrón! ¿Qué carajos hubieses hecho si yo no hubiese decidido venir a visitarte de sorpresa? ¡Ya no podías más con tu jodido trabajo, admítelo! ¡Un poco más y te hubieses desmayado! ¡Eres un estúpido, estúpido, estúpido! ¡Y-y borra esa…esa estúpida sonrisa de tu rostro! —Las mejillas de la mexicana habían adquirido un repentino tono sonrosado al notar que el británico, a pesar de estarse quejando y soltando alguno que otro insulto, tenía una pequeña sonrisa grabada en el rostro. — ¡Genial, lo que me faltaba! ¡La fiebre te dejó tarado!

Arthur soltó una risita, observando fijamente cómo la chica caminaba rápidamente de un lado a otro sin parar, buscando mantas, un termómetro, un té caliente y un paño húmedo entre muchas otras cosas. No podía evitar sonreír, por que Andrea se veía adorable preocupándose por él de esa manera. Pero se veía aún más adorable usando eso encima.

Era cierto, el pequeño sonrojo febril de sus mejillas y su palidez delataban que sin duda alguna él era el enfermo, el que necesitaba abrigo, el que necesitaba atenciones. Pero, cuando Andrea lo había sacado literalmente a rastras de su oficina para llevarlo a casa, la chica se dio cuenta mientras discutía con Arthur en el trayecto de que el frío en Inglaterra en ésas épocas del año no era la cosa más agradable del mundo. A pocos metros de estar fuera del cálido departamento de trabajo de Arthur, comenzó a temblar y a estornudar entre maldiciones, cosa que Arthur no pasó por alto.

Y, cómo buen caballero que era, le había dado su chaqueta. Había surgido otra discusión gracias a esto, ya que "Él era el que estaba resfriado", pero finalmente la mexicana se vio obligada a acceder a llevar la chaqueta cuando el frío se convirtió en aún más insoportable. Y Arthur no era muy alto, pero tampoco era bajo. Y bueno, por algo Francis se esmeraba tanto en llamar a Andrea siempre "Mon petit". Andrea, ciertamente, era bajita de estatura. Y no sólo eso, sino que también era bastante menudita. Muy bien proporcionada, pero pequeña y menuda.

Conclusión, la chaqueta le quedaba jodidamente enorme. Hasta la altura de las rodillas, para ser exactos. Ya que por el frío y su no tan saludable condición, a Arthur se le había ocurrido la maravillosa idea de llevar la chaqueta que más grande le quedaba para abrigarse mejor. Genial, otros cinco centímetros agregados a la diferencia de altura que el inglés le tenía.

Por eso Arthur no podía quitar aquella sonrisa de su rostro. Era pequeña, era cierto, pero estaba ahí. Y sabía lo fijo que Andrea siempre miraba a sus labios, y lo mucho que a ésta le gustaba verlo sonreír, aunque no quisiese admitirlo. Y el sonrojo que se hacía presente en las mejillas de la joven al notar que el inglés no le quitaba la mirada de encima hacía que Arthur se enterneciera aún más. No podía creer que esa era la misma chica que mentaba madres en todas las reuniones, la que se sentaba con las piernas abiertas y la que se dormía a mitad de los discursos. Siempre había creído que Andrea no tenía nada de señorita, pero, ahora que la conocía mejor…era una chica adorable. Por mucho que lo negara y se esforzara por demostrar lo contrario. Ella era una tsundere total.

No opuso resistencia cuando una tartamudeante Andrea lo tomó con considerable suavidad por los hombros y lo hizo recostarse en el sofá, cubriéndolo con las mantas mientras bufaba por lo bajo. Se estremeció al sentir el paño con agua helada posarse en su frente, y sintió cómo las manos de Andrea temblaban por el frío al que se estaba exponiendo. Una vez que la chica lo terminó de acomodar todo, se levantó para ir a buscar el termómetro.

—T-Tú estúpido…m-más te vale que no te vuelva a encontrar trabajando en ésas condiciones, ¿E-entendido? —Amenazó, con los dientes castañeándole por el frío. Arthur le observó con la pequeña sonrisa aún presente y, al notar que la chica tenía tanto frío, tomó con delicadeza una de sus manos y la besó. La calidez tan repentina provocó que la mexicana se estremeciera y apartara instintivamente la mano, intensamente sonrojada, mientras que el inglés simplemente ampliaba su sonrisa.

—Estás helada, lady. Deberías tomar una manta tú también y dejar de preocuparte por mí. Estaré bien. —Aseguró, mientras que Andrea desviaba la mirada y negaba rotundamente con la cabeza.

—E-estoy bien. No necesito una manta, y necesito saber si la fiebre es muy alta—Respondió mientras se volteaba hacia la mesita de noche y tomaba el termómetro para luego volverse hacia el inglés de nuevo. Se lo puso en la boca, y entonces se sentó a un lado de él a esperar.

Tembló levemente pasados unos segundos de haberse quedado quieta, envolviéndose mejor en la chaqueta y soplándose las manos para intentar calentarlas. Pronto comenzaron a castañearle los dientes de nuevo.

—P-Puta madre…que frío hace—Se quejó por lo bajo, encogiéndose sobre sí misma y frotándose los brazos en un inútil intento por entrar en calor. Arthur le observó por un rato fijamente, viendo todos y cada uno de sus movimientos, cuando por fin soltó una pequeña risa y sacó una de sus manos de la manta para acariciar la mejilla de Andrea. Ésta se estremeció de nuevo ante el cálido contacto, y volteo a ver ceñuda al inglés.

Come here, my lady—Arthur apartó las mantas y se inclinó hacia adelante para abrazar con fuerza a la Mexicana, quién se sorprendió y dio un pequeño respingo. Inglaterra soltó otra leve risa, y se inclinó para juntar su mejilla con la contraria, sintiendo el contraste de la mejilla fría de la chica contra la suya—No quiero que te enfermes tú también, Andrea— La chica se ruborizó al instante, y desvió la mirada, tensándose levemente. El rubio la abrazó con aún más fuerza y la hizo acurrucarse entre sus brazos, frotándoselos para hacerla entrar en calor.

—C-Cabrón…ya te dije que no necesito entrar en calor—Protestó la mexicana, aunque no hizo nada por apartarse del mayor. Arthur, notando que estaba sonriendo más de lo que estaba acostumbrado, besó con suavidad la mejilla de Andrea y luego volvió a acomodar las mantas sobre ambos con el brazo con el que no rodeaba a la chica. Se volvió a recostar y acomodó mejor a la la joven sobre él, acurrucándola contra su pecho. Ésta aferró con fuerza sus ropas, y recostó la cabeza sobre su hombro. Suspiró y cerró con suavidad los ojos, disfrutando de lo cálido y cómodo que se sentía.

El termómetro había resbalado y se encontraba ahora en el suelo, pero ninguno de los dos le tomó importancia alguna. En ese momento sólo de dedicaron a disfrutar de la compañía del otro y de la calidez tan confortante que sentían. Finalmente, ambos se quedaron profunda y plácidamente dormidos, arrullados por la comodidad en la cual se encontraban.

Aunque si bien pueden ser amables y amistosos, defienden bien sus ideas y no dejan que nadie se las discuta.

—Puedes hablar todo lo que quieras, Andrea. Pero no te escucharé. No lo haré, simplemente ¡No lo haré!

—¡S-Si serás terco cómo una cabra! ¡Pareces un niño pequeño, carajo! E-Escúchame tan sólo por un momento, y verás que… ¡N-No te tapes los oídos! ¡Me lleva la chingada, Arthur, eres peor que un niño pequeño! —Andrea observó desesperada la manera en el que el inglés cerraba con fuerza los ojos y se tapaba los oídos con ambas manos, fingiendo impasibilidad que en realidad no tenía, en una expresión de capricho igual a la de un niño de cinco años. ¡Y ella era la inmadura! —¡Entiende que no puedes comportarte así todo el tiempo!

—¡Entiende tú primero que yo nunca podré llevarme bien con el wine bastard, bloody hell! —Protestó un exasperado Arthur, mientras que fruncía las gruesas cejas y apretaba con fuerza los labios. Miró a la morena y luego desvió la mirada, enfadado. La chica, igual de frustrada, emitió un bufido hastiado y se cruzó de brazos, mirando con reproche al mayor.

—Y-Ya te dije que no es tan difícil…sólo tienes que escucharme…el Tío Francis no es tan malo cómo…-

—¡Ya te escuché por más de media hora, damn it! ¡Y ya te dije que no cambiaré de opinión, y punto final! —Torció una sonrisa forzada y miró a Andrea con una ceja arqueada, enfurruñado— Que no es tan malo… ¡¿Qué no es tan malo? Eres tan ingenua, Andrea ¡Por si no lo recuerdas, intentó conquistarte cuando por fin lograste liberarte de Antonio!

— ¡P-pero no lo logró! ¿No es así? —La mexicana se mordió levemente el labio inferior, nerviosa, pues bien sabía que Arthur decía la verdad. El inglés soltó un gran y pesado suspiro, masajeándose las sienes con frustración— Vamos Arthur, no seas tan necio. ¡Siquiera escúchame!

—¡Ya basta, Andrea! Ese sapo no se merece que tú intentes con tanto empeño cambiar mi perspectiva sobre él… ¡Es un maldito pervertido y además un idiota, no deberías llevarte tan bien con él! Tú eres la que debe escucharme. ¡Deja de abogar tanto por ese idiota, y mejor comienza a cuidarte más de ese bastardo! —Arthur se levantó del sofá y comenzó a caminar a pasos largos y pesados hasta dónde se encontraba la mexicana, soltando suspiros en el trayecto y masajeándose las sienes con fuerza. Le dolía la cabeza de tan sólo pensar en el francés. Y mucho más cuando era Andrea quién hablaba de él.

La chica simplemente desvió la mirada hacia el suelo, ceñuda, y se cruzó de brazos. El inglés se acercó a ella y le acarició una mejilla con suavidad, esforzándose por esbozar una sonrisa de comprensión, aunque no consiguió más que una muy pequeña. La chica evitó su mirada, aunque no opuso resistencia a sus caricias.

Arthur se inclinó con lentitud y le besó con mucha suavidad y ternura los labios. La chica al principio se mostró algo tensa y reacia, pero finalmente acabó correspondiéndole al inglés, de aquella manera tan dulce y amorosa con la cual estaba tan acostumbrada a hacerlo. Cuando tuvieron que separarse por falta de aire, el rubio se inclinó y juntó su frente con la de ella, esbozando una sonrisa aún más radiante y natural que la anterior, de un renovado buen humor. Le posó una mano en la mejilla y en ningún momento rompió contacto visual con ella, perdiéndose en sus enormes ojos color chocolate.

—No te juntes demasiado con Francis. Okay? —Al escuchar el pequeño gruñido de la menor en respuesta, no pudo hacer nada más que suspirar, pero permaneciendo con la sonrisa— Y necesito que comprendas que no puedo llevarme bien con él. Simplemente…no lo sé, ni él ni yo somos capaces de soportarnos. Así cómo tú te llevas con Alfred…es…es algo extraño—Explicó con serenidad el inglés, aunque no muy seguro del ejemplo que dio. Ciertamente, Alfred y Andrea se soportaban mejor que él y Francis, pero al menos era una idea aproximada. —Okay?

Hubo un momento de silencio por parte de la mexicana, en el cual Arthur no despegó su vista de ella. Ésta, por su parte, había desviado la mirada y había soltado un pesado suspiro. Permaneció un tiempo así, y luego, de la nada, río levemente.

—Eres un maldito celoso, Arthur—Murmuró, divertida, mientras ponía sus brazos alrededor del cuello de un sorprendido y sonrojado Arthur y lo volvía a besar. Cuando se separaron, la sonrisa divertida no había abandonado el rostro de la mexicana, y las mejillas de Arthur ardían de vergüenza.

W-What the hell…? H-ha…haha, tiene que ser una broma, Andrea. ¿Y-Yo celoso de ese sapo? ¡Q-qué va! ¡Si es un completo imbécil! —Aseguró, riendo con nerviosismo, mientras que esquivaba la mirada de la mexicana, quién simplemente continuaba sonriendo.

—Estás celoso. Es obvio. Te molesta que me lleve tan bien con Francis, ¿No es así?

El inglés volvió a cruzar miradas con la mexicana, aún ligeramente sonrojado, y permaneció un rato en silencio. Finalmente, extendió sus brazos y abrazó posesivamente a Andrea, apretándola con fuerza contra sí, haciendo caso omiso a las quejas de la chica y volviendo a sonreír levemente.

— T-Tú, idiota…si sólo estás celoso al menos deberías admitir que Tío Francis no es tan malo cómo tú piensas…

Arthur ensanchó su sonrisa, y acercó su rostro al de la morena de tal manera que sus narices se cruzaban. Los ojos de la chica lo miraban fijamente, avispados y brillantes, sin perder detalle alguno de lo que sucedía frente a ellos.

— Francis sigue siendo y siempre será un sapo idiota y un maldito pervertido, sin importar nada.

Y entonces volvió a juntar sus labios con los de la mexicana.

Los Tauro cumplen sus promesas y no prometen nada que no puedan cumplir, o hasta que hayan chequeado todos los detalles.

Arthur suspiró y observó, sin poder evitar sentirse ligeramente mal, cómo la mexicana permanecía con el rostro pegado al cristal, con la mirada fija en el exterior y expresión suplicante y afligida. El suave repiqueteo de la lluvia comenzaba a adormecerlo, pero la chica no parecía tener intención alguna de dormir. Ella sólo permanecía ahí, observando la fuerte tormenta y con una esperanza que poco a poco comenzaba a flaquear. Estaba claro que no dejaría de llover pronto, tal vez ni siquiera hasta el día siguiente.

—No es justo… ¿Por qué tenía que llover justo hoy? Carajo, si había estado haciendo un maldito calor…—Murmuró enfurruñada la chica, separando el rostro de la fría ventana y suspirando con desgana. Se fue a sentar a un lado de Arthur en el sofá, después de que éste le hubiese pedido tantas veces que se separara de la ventana, y se acurrucó contra él. El inglés la abrazó, pues estaba helada después de haber pasado tanto tiempo pegada al frío vidrio.

I know, lo siento tanto…no sé qué fue lo que pasó. Revisé el clima y todo…ésta tormenta me tomó por desprevenido. Really, i am sorry, Andrea. —Se disculpó el inglés, besándole con suavidad la frente a la menor. Ésta simplemente negó con la cabeza, soltando un pesado suspiro y alzando la mirada para ver al rubio fijamente a los ojos.

—No tienes por qué disculparte, tonto. No es tu culpa, simplemente…el clima decidió lo que quería decidir. —Le relajó Andrea, mientras que alzaba un poco la cabeza para besarle la mejilla. —Es sólo que…yo verdaderamente estaba esperando éste día. Has estado tan ocupado con el trabajo y…bueno, hace tiempo que yo quería ver una vez más a tu Unicornio, pero ahora, cómo está lloviendo, el Unicornio no puede entrar aquí…y también quería que Quetzalcóatl lo conociera, pero él tampoco puede estar aquí dentro. —La mexicana soltó un gemido de frustración, escondiendo la cabeza en el cuello de Arthur. Éste simplemente suspiró también, y le acarició el cabello.

—Lo sé, lo sé…me siento tan mal por esto. No sabes cómo lo siento—Se volvió a disculpar al inglés, logrando que la mexicana volviera a incorporarse para mirarle con las mejillas ligeramente infladas y una ceja arqueada. Arthur río levemente, apenado—L-Lo siento, es que en serio…no puedo dejar de sentir que fue mi culpa. Yo también esperaba muy ansioso éste día, y cuando por fin termino con el trabajo, de pronto comienza a llover…a mí también me parece muy injusto.

Andrea posó con suavidad una de sus manos sobre la mejilla del inglés, con los labios fruncidos.

—No es tu culpa, Arthur. Entiéndelo de una buena vez—No podía evitar frustrarse por la actitud de su pareja. Así, tirándose la culpa cómo si nada…

—Pero…yo te lo prometí. Y no pude cumplirlo, no sabes que mal me siento…—Se excusó el inglés, logrando que la mexicana pusiera la mirada en blanco y apoyara ambas manos sobre sus hombros, mirándole a los ojos con mucha seriedad. Sus mejillas se sonrosaron levemente y desvió la mirada, suspirando—S-Sorry, intentaré dejar de culparme a mí mismo.

Andrea sonrió levemente, y abrazó con fuerza al inglés. Se le estaba volviendo costumbre mostrar tantas muestras de cariño junto a él, y a decir verdad le agradaba mucho. Él rubio le devolvió el gesto, y ambos se quedaron en esa posición por unos segundos, hasta que…

¡ZAS!

Andrea alzó al instante la mirada, observando completamente desconcertada a su alrededor y buscando el origen de aquel ruido. Después de hacer esto por varios segundos, volteó a ver a Arthur, algo alarmada. ¿Y si era un ladrón? Pero…el otro no parecía demasiado preocupado. Todo lo contrario, tenía una radiante sonrisa en el rostro. La chica arqueó una ceja, sin comprender absolutamente nada.

— ¿P-Por qué estás sonriendo…? —No pudo evitar que los cabellos de su nuca se erizaran por un momento al notar que el inglés reía por lo bajo, con suavidad. No sabía si estaba asustada o emocionada, pero de pronto había comenzado a sentir su rostro acalorado y sus mejillas se habían tornado de carmesí. Tenía un muy extraño presentimiento…pero…era un presentimiento bueno. Ansiosa por saber de qué se trataba, y con una sonrisa igual de radiante en el rostro, comenzó a tironear a Arthur de sus ropas — ¿Qué es lo que hiciste, cabrón? ¡Vamos, dímelo! —Una risita se escapó de su boca, no sabía por qué estaba tan entusiasmada.

—Tendrás que esperar un poco más si quieres averiguar—Espetó el inglés, riendo al ver las expresiones infantiles de enfurruño y reproche que la chica componía, inflando las mejillas y soltando soniditos de inconformidad. —Vamos, sígueme.

No hizo falta que se lo repitiera. En cuestión de minutos, Andrea ya estaba de pie y estaba prácticamente arrastrando al inglés para que se apresurara. Éste, aún sonriendo, trató de calmar a la mexicana sin éxito alguno y se vio obligado a comenzar a caminar de manera apresurada al instante, siendo presionado por una impaciente Andrea.

—Tranquila, Andrea…ya casi llegamos—Entre risas, el inglés tomó la manija de la puerta del patio trasero con firmeza, observando fijamente a la mexicana, quién estaba más que ansiosa por averiguar de qué se trataba todo esto. La chica arqueó una ceja al notar que iba a abrir la puerta.

—Pero…si aún está lloviendo—Murmuró sin comprender nada, alzando la mirada para ver curiosa a Arthur. Éste simplemente se encogió de hombros.

— ¿Me seguirás? —Inquirió, abriendo la puerta. La lluvia torrencial se escuchaba, fuerte y clara, pero…no entraba ni una gota de agua a la casa. El fuerte aire sí que lo hacía, pero no había nada de agua dentro. Andrea, intrigada, asintió al instante con la cabeza. Tomó la mano de Arthur, y juntos pasaron a través de la puerta.

Una, dos gotitas de agua…unas tres seguidas. Pero fuera de eso, nada. La mexicana alzó la cabeza, sorprendida, para observar aquella improvisada barrera que los protegía. Era una simple tela, una manta. Y encima de la manta había impermeables, bolsas de plástico y todo aquel material que sirviese para impedir el paso de la lluvia. Y, debajo de aquella improvisada casita, se encontraba el majestuoso y hermoso animal de un cuerno, que relinchó complacido al ver a su dueño asomarse por la puerta.

Andrea volteó a ver, francamente sorprendida, al inglés.

—T-Tú…hiciste…todo esto?

El rubio amplió su sonrisa y ladeó la cabeza, acercándose para abrazar de nuevo a la mexicana. El unicornio, curioso, se acercó a ambos y comenzó a olfatearlos como si quisiera identificarlos con un gesto cariñoso, revolviendo sus cabellos y logrando que ambos rieran al sentir cosquillas mientras lo hacía. La mexicana se apegó aún más al más alto, abrazándole con demasiado afecto.

I promised it. ¿Cómo podría pasarlo por alto? Cómo un verdadero caballero, es mi deber cumplir con todas las promesas que haga…y, además, sobre todo con las promesas que te hago a ti. —El inglés sonreía radiante. Estaba feliz. Feliz porque, evidentemente, a la mexicana le había gustado su pequeña muestra de afecto y esfuerzo en la cual se había esmerado tanto. Le había costado, sí, pero había valido la pena.

Andrea acarició al unicornio, y luego volteó a ver a Arthur, sonriendo igual de radiante. Se acercó aún más a él, lo tomó de los hombros y se puso de puntitas para depositarle un beso en los labios. El inglés le correspondió al instante, sin poder dejar de sonreír. Cuando se separaron, juntó su frente con la opuesta y le acarició una mejilla.

—Eres jodidamente encantador, cabrón.

Es un hombre cariñoso, acogedor, comprensivo, cálido y tierno, generoso hasta el exceso. El amor de Tauro es simple, abierto, sincero y siempre tratará con mucho afecto y consideración a su pareja, haciéndola sentir segura de ser amada.

Andrea observaba, ruborizada, el enorme ramo de diversas flores que ahora sostenía en brazos. No era la primera vez que Arthur le regalaba flores, pero ese ramo era el más grande que había recibido desde que mantenía una relación con él. Tenía tantas en casa que ya hasta tenía un dulce y agradable aroma cada vez que entrabas. Una pequeña sonrisita adornaba sus labios, y Arthur sostenía con ternura su mano mientras ella admiraba todas aquellas hermosas flores.

— ¿Te gustó la cena? Espero que sí, fue en uno de mis restaurantes preferidos. Sirven la mejor comida—El inglés sonrío mientras acomodaba el flequillo de la chica por detrás de su oreja con la mano que tenía libre, pues éste se había deslizado con suavidad por su rostro mientras ésta inclinaba la cabeza para oler el embriagante aroma de las flores. —Y el helado que fuimos a comer. Era el más refinado y especializado en todo el estado. Y éste parque…éste es mi preferido. Porque es tan tranquilo, y cómo el mar está tan cerca la brisa es exquisita…

—Todo es perfecto, Arthur. —Respondió la chica, sonriendo aún ligeramente ruborizada. Cuando le fueron entregadas las flores, al final de la cena, también se le fueron entregados varios piropos por parte del inglés, y eso había logrado que sus mejillas se tiñeran de carmesí. El inglés volteó a verla, sonriendo con alegría y tranquilidad—Todo es perfecto cuando estoy contigo. Hasta comiendo insectos junto a ti estaría feliz. Tú lo sabes.

Ahora fue el inglés el que se ruborizó ligeramente. Observó fijamente a la chica, y permaneció unos segundos en silencio.

—Estás preciosa, Andrea. Todo el tiempo lo estás. —Fue su comentario después de aquellos segundos. La mexicana alzó la mirada, aún más ruborizada, y se acomodó el cabello de nuevo, aún con aquella sutil sonrisa en los labios. Se miraron fijamente, cruzando miradas y perdiéndose en la mirada del otro. Era una noche simplemente perfecta, para ambos. —Quiero que todo sea perfecto. Porque tú eres perfecta, y quiero que todo esté a tu nivel.

Se inclinó y la besó con dulzura. Era verdad, aunque la mexicana en realidad no era toda una perfecta señorita y a veces era maleducada, para él era perfecta, toda ella. Ambos se amaban demasiado, y aunque a veces había discusiones entre ellos, se consideraban perfectos mutuamente. Con algo de arrogancia tsundere, tal vez, pero ellos siempre se amarían de aquella manera.


SORRY! No me maten por tardar tanto! ;A; e-es sólo que, bueno, cómo aquí en México ya está acabando el curso escolar y estoy en varias actividades , pues de pronto me vi rodeada de montones de exámenes y ensayos generales, además de festivales y exposiciones ;n; así que, además de que la inspiración pareció decidir irse de vacaciones, no encontraba mucho tiempo para escribir! En serio, I'm sorry! :c Espero poder subir el tercer y último capítulo pronto y sin demora alguna. Muchas gracias por los reviews, ¡Me hacen DEMASIADO feliz!

Espero que les haya gustado este capítulo c:

¿Reviews?~