DISCLAIMER: Los personajes de InuYasha no me pertenecen, son propiedad intelectual de Rumiko Takahashi. La obra es mía, escrita sólo con el fin de entretener – a ustedes y a mí. Sin fines de lucro. [Fic secuela de "Plan B".]
Summary: Habían acordado ser su plan B, y parecía ser la mejor opción para los dos. Pero quizá optar por algo distinto podía llevarlos a algo más especial. [Fic secuela de "Plan B".] ―Rating M: Lemon.
― Cambio de Planes ―
― II ―
Soltó un suspiro, cambiando la hoja de su libro de texto y terminando de leer el párrafo con la información que necesitaban. Resaltó en amarillo fuerte las ideas más relevantes y luego levantó la mirada, observando a sus dos compañeros de estudio, que aún revisaban los textos que les correspondían a ellos. Decidió empezar a anotar el título del trabajo en la Tablet que usaba con fines académicos, hasta que los otros terminaron su labor y también sacaron sus dispositivos electrónicos para comenzar a avanzar en sus deberes.
―Esto es taaaaan aburrido ―comentó Meiko, haciendo una mueca ―. Ni siquiera sé para qué nos sirve conocer la semántica de los kanjis y cómo afecta a su estructura gramatical…
―Es importante para poder enseñar a escribir y leer de forma correcta ―Jin sonrió, a él le gustaba mucho esa materia, por lo que no se le hacía difícil ―. Y como la estructura del japonés es más compleja que la de otros idiomas…
―Sólo lo dices porque es tu asignatura favorita ―resopló, aunque tomó el texto que leía y señaló las partes que había resaltado en rosado ―. Espero que puedas explicarnos esto…
―Por supuesto, pero tenemos que comenzar por la parte de Sango…
―Claro, resalté lo más importante y encontré unas tablas comparativas que nos pueden ayudar…
―Genial, veamos qué dice aquí…
El muchacho comenzó a leer y explicar lo que acababan de estudiar, para continuar dando algunos ejemplos antes de que pudieran empezar a escribir el informe que tenían que presentar. Luego de haber avanzado bastante y tras un par de horas, decidieron dar por finalizada esa sesión de estudios y Meiko fue la primera en marcharse, ya que tenía un compromiso por la noche. Ellos se despidieron de ella antes de quedar solos, aunque Sango estaba guardando sus cosas para poder irse también, ya que quería aprovechar el resto de la tarde para estudiar.
―¿Te vas a tu casa? ―Le preguntó Jin, llamando su atención.
―Sí, hay varios exámenes cerca y quiero estudiar un poco… ―Le respondió, terminando su tarea y observándolo fijamente. ―¿Tú te quedarás?
―No, también me iré… ―Imitó a su compañera, y mientras metía sus cosas en la mochila, volvió a hablar. ―¿Te acompaño? Es decir… no vives lejos, ¿cierto?
―Ah… no, son unas pocas calles. Pero no tengo problema en irme sola, si tienes cosas que hacer no quisiera molestarte…
―Oh, no te preocupes por eso… es decir, no me molesta caminar contigo ―declaró, sonriendo casi tímidamente, lo que logró intrigar a Sango.
―B-Bien, si tú lo dices…
Se pusieron de pie y comenzaron a caminar, aunque en un silencio momentáneo que ella no dejó de notar, causándole más curiosidad.
―Si vamos a caminar en silencio, es comprensible entonces que no te moleste ―terminó hablando, porque comenzaba a sentirse impaciente con la actitud de su acompañante.
―Lo siento, no quise incomodarte… sólo estaba pensando en algo ―él se disculpó, porque notó la incomodidad en la voz de la castaña ―. Por cierto, ¿tienes algo que hacer mañana por la noche? Porque me gustaría invitarte a salir.
Sango se detuvo de golpe al escucharlo, mirándolo fijamente mientras procesaba la pregunta. Jin y Meiko, además de ser sus compañeros de estudio, eran sus únicos amigos de la universidad; se habían conocido el primer día cuando uno de sus profesores hizo una actividad en la que los tres terminaron trabajando juntos, y desde entonces se habían llevado bastante bien. Parpadeó un par de veces, algo confundida.
―¿Con salir te refieres hacer algo como amigos o a una cita?
Después de decirlo, sus mejillas enrojecieron y se regañó mentalmente por ser tan directa, porque podía considerarse hasta descortés. Sin embargo, había aprendido que lo mejor era tener las cosas claras desde un principio. Él pareció asombrarse un poco con su pregunta, pero fue algo momentáneo porque luego sonrió.
―De preferencia, una cita, pero si tú no estás de acuerdo, puede ser como amigos.
Ella lo meditó unos segundos. No había considerado a su compañero como un interés amoroso porque, hasta hacía poco, creía que Meiko sentía algo por él. Pero ahora su compañera estaba saliendo con Miroku y se veía bastante interesada en el ojiazul, por lo que ya había quedado claro que no le gustaba Jin. Si lo pensaba detenidamente, se llevaba muy bien con él y era el tipo de chico que le gustaba, además de que se conocían desde hacía un tiempo, lo que podía facilitar mucho las cosas. Decidió darle una oportunidad, después de todo sólo era una cita y, si no resultaba, podían seguir siendo amigos.
―Está bien, acepto la cita.
―¡Genial! Entonces, mañana pasaré por ti… ¿nos ponemos de acuerdo luego?
―Claro.
Él sonrió ampliamente antes de seguir caminando junto a Sango, hasta que llegaron a la entrada del edificio donde vivía ella y se despidieron. Subió hasta el departamento e ingresó, quitándose los zapatos y calzándose las pantuflas antes de caminar hasta la sala.
―¡Ya en casa! ―Anunció en voz alta, sabiendo que Miroku se encontraba ahí, probablemente en su cuarto a juzgar por los montones de ropa que había encima del sofá.
―¡Bienvenida! ―Él apareció por el pasillo, cargando una pila de prendas y con una sonrisa alegre.
―Veo que estás haciendo el koromogae…
―Sí, como salí temprano de la universidad, aproveché el tiempo ―dejó la ropa que llevaba en un espacio que quedaba en el sofá y la observó con duda ―. ¿Tú no lo harás?
―Sí, debería comenzar lo antes posible… aunque quería estudiar ―hizo una mueca de disgusto, odiaba que en la universidad todos sus profesores pensaran que no tenían vida propia ―. Pero si no lo hago hoy, luego no tendré tiempo.
―Puedo ayudarte, si quieres. Así terminarás más rápido ―comentó, tomando la pila de ropa y comenzando a caminar a su habitación ―. Yo ya saqué lo mío, sólo me queda guardar lo de invierno…
―Pero creí que tenías una cita… ¿no ibas a salir con Meiko?
―Sí, pero iremos a la última función del cine, aún falta mucho.
―Ya veo, aunque de verdad puedo hacerlo sola… ―Sango se mordió el labio, algo indecisa. ―No quiero quitarte tiempo…
―No lo harás, además tú necesitas más ese tiempo que yo.
A pesar de la seguridad en las palabras de Miroku, la duda fue evidente en el rostro femenino, aunque él no logró descifrar la razón. Mantuvo su vista fija en ella, intentando descubrir qué ocurría, hasta que Sango terminó agachando la mirada para huir de sus ojos.
―Lo siento, es sólo que… bueno, no acostumbro a recibir ayuda con el koromogae… ya sabes, soy la única mujer en mi casa y…
El ojiazul sonrió de medio lado, su mirada brilló con sutileza al comprender qué quería decir su amiga, porque a pesar de todo, seguía siendo una chica un tanto insegura y tímida en algunos aspectos. Se acercó para acariciarle la cabeza, desordenándole un poco el cabello.
―Creo que eso es lo más adorable que he escuchado en mucho tiempo, Sanguito. Pero estás olvidando un gran detalle: que se trata de mí. ¿Cuánto tiempo hemos vivido juntos…?
―De acuerdo, entendí el punto… ―Aceptó su argumento, sonriendo mientras intentaba arreglarse los mechones que había desacomodado Miroku. ―Entonces, supongo que no me vendría mal algo de ayuda.
El moreno le sonrió con astucia, acompañándola hasta su cuarto y esperando mientras abría su armario, para luego ayudarla a desocuparlo, ella comenzó a lanzar las tenidas de invierno en su cama, en tanto él se dedicó a vaciar los cajones de su cómoda, hasta que dejaron desocupados ambos muebles y se dispusieron a buscar las maletas en donde Sango tenía guardada su ropa de verano, la que doblaron y colocaron en sus respectivos lugares, tras lo cual metieron las prendas de invierno en las maletas desocupadas, terminando con el cambio de armario de Sango.
―Bien, me da tiempo justo para tomar una ducha e irme ―comentó Miroku, mirando la hora en su móvil.
―Muchas gracias por tu ayuda, no quería quitarte tanto tiempo… ni siquiera pudiste terminar de guardar tu ropa de invierno…
―Oh, no te preocupes, lo haré cuando regrese ―le dijo, encogiéndose de hombros.
―¿No pasarás la noche fuera?
―No, sólo iremos al cine ―él la miró con confusión, ella le devolvió el gesto aún más extrañada.
―Creí que, como ya llevas un par de semanas saliendo con Meiko…
―Sí… la verdad es que a veces es mejor no acelerar las cosas… ―Miroku sonrió de medio lado, rascándose la cabeza como si estuviese disculpándose por algo.
―Oh, eso suena a algo serio… ―Sango entrecerró los ojos, mirando fijamente a su amigo. ―¿Huelo a compromiso…?
Él parpadeó un par de veces, desconcertado con la suposición de Sango.
―Para nada, tú sabes que amo mi libertad ―aclaró, sosteniéndole la mirada a la castaña ―. Eso no ha cambiado, no quiero una relación seria.
―¿Y Meiko lo sabe? Porque se ve muy ilusionada… ―Le dijo, cruzándose de brazos. ―No deberías jugar con eso.
―Fui muy claro desde el principio, no le he mentido en ningún momento ―explicó, aunque al ver el reproche en los ojos castaños, comprendió que podía no ser suficiente ―. Pero debes tener razón, tendré que hablar nuevamente con ella. No quiero que malinterprete las cosas.
―Sé que no es de mi incumbencia, pero deberías ser más cuidadoso. He escuchado a varias chicas hablar sobre ti y, bueno… puede que no todas se hayan tomado bien tu sinceridad.
Miroku soltó un suspiro, a él le gustaba dejar las cosas claras desde el principio precisamente para prevenir ese tipo de malentendidos y reacciones, porque quería evitar resentimientos innecesarios. Sin embargo, sabía que algunas chicas se acercaban a él con la ilusión de enamorarlo y lograr que sentara cabeza, y aunque se había librado de salir en gran parte con muchachas así, estaba seguro de que más de alguna podía haber tomado su decisión como algo personal.
―Muchas gracias por tu preocupación, Sanguito, voy a tenerlo en cuenta. Aunque creo que no puedo impedir que ese tipo de cosas ocurran… supongo que no todas tienen la madurez como para aceptarlo.
―Sí, lo que digas… Ahora, deberías apresurarte y no olvides hablar con Meiko…
―Por supuesto. Nos vemos más rato y, de verdad… muchas gracias. Eres la mejor.
Miroku le dio un fugaz beso en la mejilla antes de dirigirse al baño para ducharse. Sango soltó un pesado suspiro, porque entendía a las chicas que terminaban molestas con su amigo, pero también era consciente de que él no hacía promesas falsas ni las conquistaba con engaños, era algo que ella estaba experimentando en carne propia. Sólo esperaba que el ojiazul no tuviese ningún problema por su actitud tan desinteresada y libertina, porque realmente esa sería una situación bastante incómoda y que, estaba segura, afectaría mucho a su roomie. Decidió dejar de pensar en eso y mejor dedicarse a estudiar, porque no podía hacer nada más por ahora, excepto esperar que todo saliera bien para su amigo.
―Bien, yo creo que uno de esos colgantes sería perfecto para tu mamá.
―¿De verdad? Se ven muy simples…
―Por supuesto, ella no es muy ostentosa en realidad…
InuYasha aceptó las palabras de su novia porque él no era muy asertivo cuando se trataba de hacer regalos y agradecía tener la ayuda de ella. Estaban planeando visitar a su familia en Osaka y Kagome quería llevarle un presente a su madre, por lo que habían decidido verlo con tiempo para evitar cualquier inconveniente. Ambos ingresaron a la tienda y estuvieron ahí algunos minutos, pidiendo ver los distintos diseños hasta que se decidieron por uno y lo compraron.
―Bueno, esto me deja más tranquila ―comentó la azabache mientras salían de la tienda ―. Así tenemos algo menos de lo que ocuparnos…
―Es cierto, ahora ya no me preguntarás cada cinco minutos sobre esto…
―¡Oye, eso no es verdad! ―Kagome lo regañó, aunque repentinamente olvidó el tema, mirando a lo lejos por el pasillo del centro comercial. ―Oh, mira, ahí está Sango…
La muchacha levantó la mano, llamándola alegremente con un gesto. InuYasha se volteó para ver a su amiga, que no tardó en notar su presencia y acercarse, acompañada por un chico que él creía haber visto antes en alguna parte.
―Hola muchachos, qué sorpresa encontrarlos aquí ―los saludó la castaña con una sonrisa algo nerviosa ―. ¿Cómo están?
―Bien, aquí pasando el rato. ¿Y tú? ―Kagome mostró curiosidad, mirando de forma interrogante a la otra muchacha, que acentuó su gesto.
―Ah… sí, también. Por cierto, les presento a Yamamoto Jin… ellos son mis amigos ―dijo casi tímidamente, escapando de los ojos de su amiga.
―Un gusto, Higurashi Kagome, y él es mi novio, Taishō InuYasha.
―El gusto es mío ―el compañero de Sango hizo una breve reverencia a modo de saludo, acción que Kagome imitó antes de mirar con reproche al ambarino, quien apenas le dedicó un gesto con su mano.
―Sí, un placer…
―InuYasha, no seas maleducado ―Kagome lo regañó, negando con un gesto ―. Discúlpelo, a veces olvida por completo sus modales…
―Oh, no hay problema… ―El muchacho se encogió de hombros en señal de que no le molestaba la actitud del ambarino.
―Ah… bueno, me alegra verlos aquí. Hay varias novedades, creo que abrió una nueva tienda… ―Comentó Sango, aunque parecía algo inquieta.
―Es verdad, la vimos cuando entramos… ―La azabache sonrió levemente, incluso si la actitud de su amiga estaba comenzando a encender sus alarmas, debía mantener la calma para no incomodar a nadie, por lo que decidió que lo mejor era dejarlos solos. ―Aunque… no queremos ser groseros, pero tenemos cosas que hacer ―dijo finalmente, sonriendo algo ansiosa, y mirando con perspicacia a su novio.
―¿Qué cosas? ―InuYasha no tuvo la rapidez mental para entender el mensaje de la azabache, por lo que recibió un disimulado codazo en sus costillas. ―¡Ay! Ah… cierto, se nos hará tarde.
―Oh, en ese caso, será mejor que se apresuren ―Sango decidió ignorar la actitud de sus amigos, luego podría interrogar con calma a Kagome.
―Sí, muchas gracias por comprender. Nos vemos en otra ocasión, adiós.
Se despidieron con un gesto y Kagome se apresuró en alejarse, llevando a InuYasha del brazo hasta que perdieron a la pareja de vista y un poco más, para asegurarse de que no los vieran.
―Bien, ¿ahora qué ocurre? ―Preguntó él, cruzándose de brazos y mirándola con el entrecejo fruncido.
―No estoy segura, pero algo está pasando ―le respondió, mirando en la dirección en la que habían dejado a su amiga ―. Con Sango.
―¿Por qué? Se veía bien y ese tipo no parece un mal chico…
―Sí, pero… no sé, es extraño ―frunció los labios, pensando un instante ―. Tenemos que ir a ver a Miroku.
―¿Qué? ¿Por qué? ―InuYasha seguía sin comprender a su compañera, de hecho parecía aún más confundido.
―No hagas preguntas, sólo sígueme la corriente… ―Ella sacó su móvil y buscó el contacto del ojiazul, llamándolo de inmediato y esperando sólo un par de tonos antes de tener una respuesta. ―¡Hola, Miroku! ¿Qué tal? Oye, ¿podemos ir a visitarte? Acabamos de ver a Sango en el centro comercial y, aprovechando que no está allá, deberíamos terminar de acordar los preparativos para su cumpleaños… Bien, entonces nos vemos en un rato, adiós.
Cortó la llamada y nuevamente llevó a su novio del brazo, guiándolo hasta la estación de metro para que fuesen hacia el departamento de su amigo, quien los recibió con una sonrisa y los hizo pasar, aunque era evidente que le parecía extraña la repentina visita.
―Qué sorpresa que hayan querido venir, más aún cuando Sango no está ―comentó, mirándolos con atención.
―Oh, sí… es que es mejor que organicemos lo de su cumpleaños en persona, así nos ponemos de acuerdo más rápido ―Kagome se encogió de hombros, intentando demostrar que eso no era nada del otro mundo ―. Por cierto, la vimos con uno de sus compañeros… ¿Está en una cita?
Miroku parpadeó un par de veces, confundido con la pregunta de su amiga porque suponía que Sango la mantenía al día sobre ese tipo de cosas, e incluso debía hablar más con ella que con él al respecto.
―Sí, ya han salido un par de veces… ―Respondió casi desinteresadamente. ―Se ve alguien decente, por lo menos.
―Ya veo… no me había comentado nada ―Kagome lo pensó un momento, eso le parecía más que extraño ―. Por lo general, me habla de esas cosas…
―Quizá prefiere esperar a que sea algo serio ―soltó InuYasha, sentándose de golpe en el sofá ―. Ya sabes, para no dar explicaciones de más.
―Claro, si es que llega a ser algo serio ―lo apoyó el dueño de casa, sonriendo con calma ―. Puede que ni siquiera pase a la segunda base…
El comentario del ojiazul llamó la atención de su amiga, porque parecía superficial y casi indiferente, pero algo en su gesto le dejaba claro que, muy por el contrario, su amigo si estaba pendiente de ese tema. Tardó unos segundos en escoger las palabras adecuadas, pero finalmente decidió indagar un poco más.
―Sí, tal vez tengas razón. Vives con ella y debes conocerla mejor, después de todo… ―Le dio en el gusto, sólo para luego enfocarse en él con astucia. ―¿Y qué hay de ti? Tampoco nos has contado mucho sobre tu vida amorosa el último tiempo…
InuYasha observó a su novia con detenimiento, comprendiendo ahora cuál era su objetivo y apoyándola, mirando fijamente a su amigo con una sonrisa ladina. Miroku por su parte, entrecerró las cejas con extrañeza, como si el repentino interés no tuviese lógica.
―No hay mucho que contar, igual que siempre ―se encogió de hombros, restándole importancia ―. Ya saben, nada serio por el momento…
―¿De verdad? ¿No estabas saliendo con esa compañera de Sango…? ―El ambarino levantó una ceja, uniéndose a su novia en el interrogatorio.
―Es cierto, un par de semanas ya, ¿no? ―Kagome hizo memoria, escrutando al moreno con curiosidad. ―Supongo que deben haber superado la segunda base. De seguro pronto irás por tu siguiente conquista…
―Ah, bueno… sí, puede ser ―respondió, aunque parecía querer evitar el tema ―. Es decir, ya no tengo nada con Meiko, así que…
―Oh, es una lástima… parecía una buena chica. Aunque supongo que es difícil que algo dure si no estás buscando compromiso… ―Kagome soltó un suspiro, aunque no dejó de mirar a su amigo. ―Pero con Sango es diferente, no es de las que se tome las cosas a la ligera. Quizá sólo sea cuestión de tiempo para que nos presente a Yamamoto-san como su novio…
La expresión desinteresada de Miroku cambió fugazmente, como si fuese a tener algún tipo de tic, pero de forma tan sutil que apenas se notó. Sin embargo, Kagome e InuYasha vieron esa respuesta involuntaria a la idea de la azabache y ambos supieron que no era producto de su imaginación.
―Sí, es posible ―pese a su reacción, él logró mantener una actitud relajada, aunque huyó de sus amigos, caminando hacia la cocina ―. Parece un buen tipo, así que más le vale no ser un patán. Por cierto, ¿quieren comer aquí? Prepararé la cena…
Kagome abrió la boca, dándose cuenta de que él estaba cambiando el tema bruscamente. Tomó aire, dispuesta a no darle en el gusto porque sabía que algo estaba pasando y necesitaba saber qué era, más aún si se trataba de lo que sospechaba, porque no quería que sus amigos terminaran dañados. Sin embargo, InuYasha apoyó su mano en su hombro y, cuando ella lo miró con duda, él negó con un gesto y el claro mensaje en sus ojos de "mejor no preguntes".
―¿Y si comemos pizza? Así nos podemos ocupar de otras cosas sin perder tiempo ―dijo el ambarino, presionando suavemente el hombro de su novia para que no insistiera.
―Me parece una buena idea… Ese cumpleaños no se organizará solo, ¿verdad?
―Exacto.
Miroku le dedicó una sonrisa a su amigo en señal de acuerdo, aunque era probable que también fuese de agradecimiento por haberlo salvado del interrogatorio que presentía, su amiga tenía toda la intención de realizar. Kagome terminó haciéndole caso a su novio, porque estaba segura de que él mismo se encargaría de hablar con el ojiazul, aunque sus métodos difirieran un poco. Además, tampoco quería precipitarse y, si lo que sospechaba era verdad, debía ir con cuidado para que eso no acabara en un desastre. Así que, lo mejor por ahora, era disfrutar de esa pizza con ellos y terminar los preparativos de la salida que se acercaba. Se ocuparían de lo demás luego, si era necesario.
―¿En serio necesitas llevar todo eso?
La pregunta de Sango hizo que Miroku se volteara a verla con desconcierto, haciendo una pausa en su labor de cerrar una de las maletas que estaba terminando de preparar para su viaje. Observó los otros dos bolsos y una mochila que ya tenía listos y frunció un poco las cejas, pensando en el contenido de su equipaje para responderle a su amiga.
―Pues… sí. Debemos ir preparados, uno nunca sabe lo que puede pasar y llevo todo lo necesario en caso de cualquier inconveniente…
―Ah, siempre dices lo mismo… te recuerdo que no vamos a un lugar recóndito apartado de la sociedad ―le dijo ella, sonriendo de medio lado con astucia ―. Estaremos a 20 minutos de la ciudad.
―Sí, pero esos 20 minutos son tiempo valioso ―la mirada azul también brilló, Miroku se acercó a ella antes de continuar con su explicación ―. Además, nadie dice que no podamos perdernos lejos de todo…
Sango rodó los ojos, haciéndose un poco hacia atrás para mantener la distancia y cruzándose de brazos, frunciendo los labios con algo de reproche.
―No deberías seguir tentando tu suerte ―ella lo miró con seriedad, causando que él frunciera el ceño de forma interrogante.
―No he hecho nada inapropiado últimamente…
La castaña soltó un suspiro para luego morderse el labio y desviar un poco la mirada, todos gestos que su compañero reconoció como nerviosismo. La observó unos segundos, dudando si debía intentar averiguar qué ocurría o sólo esperar a que ella decidiera decírselo o cambiar el tema. Sin embargo, no alcanzó a tomar una decisión cuando Sango volvió a hablar, llamando por completo su atención.
―Lo sé, sólo… recuerda que estoy saliendo con Jin, y tú tienes algo con Meiko…
―Descuida, tengo presente lo de ustedes ―respondió, tratando de sonar lo más casual y relajado posible ―. Y lo respeto, aunque todavía no son novios ―agregó, mientras volvía a concentrarse en la maleta que estaba ordenando, dejando de mirar a su roomie ―. Y, por cierto, ya no tengo nada con Meiko, desde hace unos días.
Ni siquiera sabía porqué se lo comentaba, como si fuese indispensable que ella supiera sobre su situación sentimental. De todas formas, era consciente de que en esos momentos ya daba igual lo que hiciera con su vida amorosa, su amiga estaba comenzando una relación que parecía bastante prometedora y él debía sentirse feliz por ella, a pesar de que seguía preguntándose porqué aún no se decidía a dar el siguiente paso.
―Lamento lo de Meiko…
―No lo hagas, fue lo mejor. Seguí tu consejo y hablé con ella, y ya sabes… sí se estaba haciendo una idea equivocada, así que decidí no continuar ―se encogió de hombros, cerrando la maleta ―. No quiero perder mi libertad aún.
―Bien, como digas…
El sonido del móvil de Sango interrumpió su conversación, ella se apresuró en responder a su amiga, quien le avisaba que estaban esperándolos afuera para que iniciaran su viaje a la playa. Hicieron una revisión rápida de lo que llevarían y se apresuraron en cargar sus cosas en el automóvil de InuYasha, no sin recibir quejas por parte de él por la cantidad "exagerada" de equipaje que uno de ellos cargaba.
Finalmente, emprendieron el camino hacia la costa, conversando durante el trayecto sobre lo agotadora que había sido esa semana y que esperaban poder descansar bien esa noche para aprovechar el resto del fin de semana. Habían decidido partir la tarde del viernes, así tendrían todo el día sábado y gran parte del domingo para descansar y compartir, además de la celebración que planeaban hacer por el cumpleaños de Sango, que caía el último día de su escape. Llegaron a la cabaña de la familia Taishō y, en tanto Miroku e InuYasha descargaban el auto, Kagome arrastró a Sango hasta el interior, con el pretexto de que debían escoger sus habitaciones antes que los muchachos para quedarse con las mejores.
―Entonces, ésta será la tuya, porque eres la celebrada ―le dijo, haciéndola pasar al cuarto que, según ella, tenía la mejor ubicación respecto a la luz solar, la vista al mar y el ruido que se podía escuchar del resto de la casa ―. Ya lo hablé con InuYasha.
―Pero aquí es donde ustedes acostumbran a dormir… ―Sango se mostró algo indecisa, porque ahí solían instalarse sus amigos. ―No quiero incomodarlos o…
―No te preocupes por eso, estaremos bien. Taishō-sama le pasó a InuYasha las llaves de su propio cuarto esta vez ―comentó, sus ojos brillantes con la emoción porque nunca antes le había mostrado ese grado de confianza a su hijo ―. Así que puedes usar éste sin problemas.
―Bien, si tú lo dices… ―La castaña aceptó el ofrecimiento, ya que debía admitir que la vista era maravillosa. Dejó su maleta sobre la cama, dispuesta a comenzar a ordenar sus cosas para no perder tiempo. ―Entonces, voy a desempacar, ya que no me dejaron colaborar con el resto de las cosas…
―Te ayudaré con eso, luego puedo encargarme de lo mío ―Kagome sonrió con complicidad antes de acercarse a ella y empezar a sacar la ropa que llevaba su amiga ―. Así podemos aprovechar de hablar… ya que no hemos tenido tiempo estos días…
―Ah… sí, la universidad ha estado muy pesada ―ella sonrió algo nerviosa, porque estaba segura de que su compañera quería usar ese tiempo a solas para interrogarla.
―Sí, por eso merecemos este descanso ―la azabache estiró los brazos hacia arriba antes de seguir con su labor, aunque le dirigió una mirada de reojo a Sango ―. Y tenemos que ponernos al día, ¿verdad? No me habías comentado nada sobre el chico con el que estás saliendo…
―Ah… sí, bueno… ya sabes, no es nada serio aún, entonces…
―Sí, es lo mismo que dijo Miroku cuando se lo comenté… aunque me extraña que no me hayas dicho ―esta vez los ojos castaños se fijaron en ella con algo de reproche pero también curiosidad, como si intentara leerle el pensamiento con esa acción ―. ¿Está pasando algo que no me has dicho?
Sango inhaló profundo, buscando palabras para verbalizar lo que le pasaba, porque sabía que su amiga tenía razón y, más allá de esperar a tener un compromiso real con Jin, había otros motivos por los que no le había dicho, sólo que no lograba entenderlos. Terminó sentándose en la cama, haciendo una mueca que sólo aumentó la extrañeza e intriga en Kagome.
―No… la verdad, no estoy segura. Sigo sintiendo que estoy haciendo algo mal ―admitió, cerrando los ojos cuando la culpa se hizo presente en su pecho, incluso si no conocía su origen ―. Y no entiendo qué, porque desde que comencé a salir con él, no ha vuelto a pasar nada con Miroku, pero… no sé, creo que el sentimiento no es por Jin.
Kagome también soltó un suspiro, sentándose junto a su compañera y tomándole las manos, sopesando las opciones y dándole un significado a sus sospechas, porque todas las señales que había comenzado a notar desde hacía unos días, parecían cobrar sentido, pero al mismo tiempo, no.
―Entonces… ¿Te sientes mal por Miroku? ―Se atrevió a preguntar, porque no ganaba nada con darle más vueltas a sus presentimientos.
Para su sorpresa, Sango se limitó a sonreír desganada, como si se estuviese resignando.
―Quizá… Es decir, no encuentro otra razón. Si soy sincera conmigo misma, incluso debo admitir que he sentido algo de celos de su último amorío, y hasta podría decir que me entristece cuando asegura que no quiere un compromiso…
La azabache lo pensó unos momentos, porque era consciente de lo difícil que debía ser admitir eso para su amiga, más aún después de haberle asegurado que su amistad con ventaja no iba a convertirse en otra cosa y que no había forma de que el ojiazul le gustara. Sin embargo, también había visto algunas actitudes en su amigo que la hacían pensar que quizá Sango no era la única que se sentía así.
―Bueno, tal vez a él también le esté pasando algo parecido. Es decir, no recuerdo que antes se haya interesado de esa forma por el progreso de tus relaciones, sólo se preocupaba si las cosas no salían bien ―compartió su análisis, tratando de darle ánimo a Sango ―. ¿Por qué no hablas con él? Quizá…
―No, olvídalo ―ella negó bruscamente con la cabeza, como espantando una idea descabellada ―. Seguro sólo se interesa ahora porque disfruta siendo el plan B… Hoy mismo dijo que no quería perder su libertad, no voy a hacer el ridículo siendo la amiga que no fue capaz de separar las cosas.
―Pero, Sango, puede que sólo lo siga diciendo para no presionarte, como tú estás saliendo con tu compañero…
―No lo creo, se veía bastante seguro ―aclaró, apretando los puños ―. Y, aunque así fuese, ¿qué pasaría después? Miroku es un galán, le gusta la atención femenina, es coqueto y ama su libertad más de lo que podría admitir. No va a comprometerse y, si llegase a hacerlo, dudo que sea algo permanente. Estaría arriesgando nuestra amistad por un capricho y no quiero perderlo. Cuando decidí cruzar esta línea, tenía claro que sólo íbamos a tener sexo casual, y él también lo sabía.
―Puede que estés siendo un poco injusta con él, no le has dado la oportunidad…
―Kagome, tú no lo conoces como yo. He vivido 3 años con él y sé cómo son las cosas. Es preferible que olvide todo esto y siga con lo mío ―hizo una mueca, esta vez claramente de resignación ―. Gracias por escucharme, pero lo mejor es no darle más vueltas al asunto.
A pesar del mensaje, la azabache sabía que Sango estaba rindiéndose y no creía que eso fuese, precisamente, lo mejor. Más aún cuando su corazón le decía a gritos que Miroku realmente estaba interesado y que, quizá, eso era lo que necesitaba para decidir comprometerse.
―¿Estás segura? Es decir, ¿y si él realmente cambia…?
―No voy a creer eso hasta verlo con mis propios ojos ―negó nuevamente, como si la idea por si sola fuese una locura ―. No insistas, no voy a cambiar de opinión.
―De acuerdo, como digas…
Kagome también se resignó, aunque deseaba hacer algo más, no lograría nada a menos que su amigo mostrara verdadero interés, y para eso él tendría que cambiar completamente su comportamiento. Sabía que Miroku no iba a confiarle a ella sus preocupaciones amorosas, porque nunca habían hablado del tema y, si sus sospechas eran correctas, menos lo haría ahora si Sango estaba en medio de sus pensamientos. Lo malo era que InuYasha no era la persona más apta para aconsejarlo, aunque si seguía su filosofía de ser directo y decir siempre la verdad, podía lograr que hablara con Sango, por lo menos. Ahora sólo le quedaba cruzar los dedos y esperar que el ojiazul no hiciera nada que pudiese empeorar la situación.
―Vamos, deberíamos aprovechar que el sol salió temprano.
Kagome le hizo gestos al resto del grupo para que se apresuraran en salir de la cabaña, en tanto ella agarraba su bolso de playa y se colocaba el sombrero para protegerse de los rayos del sol. InuYasha captó su gesto y tomó el par de quitasoles que le señalaba para echárselos al hombro y mirar a sus amigos, que aún no se levantaban de la mesa porque acababan de terminar su desayuno.
―¿No vienen? Kagome tiene razón, así también conseguimos un buen lugar ―les dijo, mirándolos con atención.
―Yo todavía debo cambiarme, además hay que lavar la loza…
―Es verdad, yo puedo ocuparme de eso mientras Sango se alista ―Miroku sonrió, comenzando a levantar la mesa ―. ¿Los alcanzamos en un rato?
―De acuerdo ―el ambarino entornó los ojos, dándose la media vuelta para caminar hacia la salida mientras le hablaba a su novia ―. No debí hacerte caso cuando me dijiste que los dejara dormir un poco más…
―Ay, no seas quisquilloso ―la azabache negó con un movimiento de su cabeza, siguiendo los pasos del ojidorado ―. Tampoco es como si perdiéramos toda la mañana, sólo se tardarán un poco más…
La pareja atravesó la entrada principal, dejándolos solos y en un silencio momentáneo que pronto se hizo algo incómodo, por lo que Sango se puso de pie y, mirando a su compañero, decidió romperlo.
―Bueno, iré al cuarto a cambiarme. Así no nos demoramos tanto e InuYasha deja de quejarse…
―InuYasha siempre encuentra algo por lo que quejarse ―comentó Miroku, soltando una risita ―. Pero apoyo tu idea, yo me haré cargo de esto por mientras.
Él terminó de llevar la loza sucia al fregadero y se dispuso a lavarla, en tanto ella se dirigió a la habitación que estaba usando y se quitó el pijama que aún vestía para ponerse el traje de baño de dos piezas que había comprado esa misma semana, un peto con vuelo en la parte superior de tonos coral y un bikini de tiro alto de color a juego. Se miró en el espejo de cuerpo completo que había en la habitación, mordiéndose el labio con algo de nerviosismo, porque era primera vez que se atrevía a usar algo así. Dudó un instante, quizá era preferible que se cambiara al modelo de una pieza que acostumbraba a ponerse, algo mucho más recatado. Sus pensamientos fueron interrumpidos por un par de golpes en la puerta, seguidos de la voz de su amigo.
―Sanguito, ¿ya estás lista? ―Miroku no logró ocultar algo de extrañeza en su tono, probablemente porque se estaba tardando más de lo habitual.
―S-Sí… es decir, eso creo ―respondió, aún insegura, algo que no pasó desapercibido por el ojiazul.
―¿Ocurre algo? ¿Puedo entrar?
―Claro… ―Ella lo sintió abrir la puerta y dar un par de pasos, deteniéndose seguramente para observarla, estaba segura de que desde esa posición podía ver no sólo su espalda, sino también el reflejo frente a ella, a pesar de que la figura masculina no se distinguía por completo en el espejo. ―Sólo estaba pensando que quizá debería cambiarme…
―¿Cambiarte, por qué? ―Él enarcó una ceja, demostrando su confusión. ―Yo creo que te ves muy bien.
―¿D-De verdad no piensas que es inapropiado o demasiado desvergonzado…?
―Para nada ―se acercó para quedar justo detrás de ella, causando que ahora su imagen se reflejara en la superficie plateada y su sonrisa confiada fuese visible ―. Si quieres mi opinión sincera, creo que es el punto intermedio perfecto: es femenino y algo coqueto, pero no llega a ser muy atrevido o indecente.
Sango se sonrojó al notar la mirada de su compañero, que le transmitió más de lo que le estaba diciendo con sus palabras. Esbozó una tímida sonrisa, porque no podía negar que le gustaba que Miroku la encontrara atractiva y supiera cómo reforzar su seguridad femenina sin necesidad de llevar la situación a otro nivel.
―Supongo que tienes razón, muchas gracias ―le dijo, ampliando su gesto ―. Ahora, creo que deberíamos ir con los muchachos.
―Es verdad, aunque lo primero es el cuidado personal ―comentó, levantando un envase de protector solar que ella no había notado que llevaba en su mano ―. ¿Me ayudas con la espalda? Pude aplicarlo en todas partes menos ahí.
―Ah… sí, por supuesto.
Ella le indicó la cama para que se sentara y se quitara la camisa con diseño tropical que llevaba, para luego colocarse arrodillada detrás de él, tomar la loción y comenzar a extenderla por la piel descubierta de la espalda, iniciando por los hombros y la parte superior para luego bajar hasta llegar a la zona lumbar, justo donde comenzaba el traje de baño masculino. No pudo evitar que el contacto con el cuerpo de su amigo se le hiciera agradable y hasta placentero, incluso si no era primera vez que lo hacía. Decidió hacer a un lado esos pensamientos, ése no era el momento, lugar ni mucho menos las circunstancias para dejarse llevar.
―Listo, terminé ―anunció, al tiempo que se hacia un poco hacia atrás para quedar sentada sobre sus rodillas.
―Muchas gracias ―él se volteó levemente para sonreírle y luego señaló otra vez el protector ―. ¿Ya te aplicaste el tuyo?
―N-No… ―Respondió algo nerviosa, desviando la mirada hacia el envase en su mano. ―Lo haré ahora. ¿Me permites un momento…?
―Claro, aunque si necesitas ayuda… ya sabes, es difícil llegar a algunos lugares por uno mismo ―Miroku ni siquiera intentó ocultar su sonrisa pícara, a pesar de la mirada indecisa de la castaña.
―Ah… sí, tienes razón ―terminó admitiendo, fingiendo que no le causaba nervios volver a sentir las manos del ojiazul en su espalda, más aún cuando llevaban ya un par de semanas sin tener ningún acercamiento más allá de la amistad. Sin embargo, en las últimas salidas que habían hecho, no había sido problema que él la ayudara con eso, por lo que no debería serlo ahora ―. Mejor me ayudas con la espalda primero, luego sigo con el resto.
―De acuerdo ―le indicó con un gesto que intercambiaran lugares y, antes de colocar la loción en su espalda, hizo el cabello hacia adelante con cuidado, luego procedió a untar el protector en la piel de Sango, con lo que ella tuvo un escalofrío involuntario producto de la temperatura del producto ―. Lo siento, está frío.
―D-Descuida, está bien ―la castaña cerró los ojos, sintiendo ahora las manos masculinas esparciendo con cuidado la crema, comenzando también por sus hombros.
―¿Puedo bajar los tirantes? Sólo para aplicar mejor el protector ―preguntó con cuidado, teniendo un movimiento afirmativo de ella, por lo que los movió para dejar completamente descubiertos los hombros.
Siguió con su tarea, distribuyendo la loción con movimientos circulares por la piel descubierta, esforzándose en ignorar el calor en contacto con sus manos y la sensación vibrante que le causaba, y reprimiendo el impulsivo deseo de acariciar con su boca las zonas que iba tocando. Agradeció que Sango no pudiese verlo en esos momentos y decidió contenerse, finalizando la labor y apartando las manos de inmediato, haciéndose hacia atrás y pasando saliva suavemente antes de hablar.
―Bien, entonces… te dejo sola para que sigas… ―Dijo, y su voz salió más ronca de lo que quería.
―Ah… sí, gracias… ―Respondió ella casi en un susurro.
Miroku se puso de pie y salió del cuarto, Sango soltó un suspiro antes de terminar de aplicarse el protector solar, en tanto su ritmo cardiaco se normalizaba, porque ahora estaba segura de que tener ese tipo de cercanía era más peligroso de lo que había imaginado en un principio, y si quería mantener la amistad y no complicar la situación más de lo que ya había hecho, lo mejor era evitar en lo posible cualquier clase de aproximación física, porque la atracción que sentía era casi magnética y si se dejaba llevar, volvería a recurrir a su amigo como plan B. Sabía que el problema en sí no era ése, porque ambos lo disfrutaban; pero ella no estaba escapando del compromiso y, en esos momentos, sentía que lo mejor era darle una oportunidad a Jin. Sonrió de medio lado, después de todo siempre tuvo claro cómo eran las cosas con su roomie y era consciente de que lo que le pasaba con él no era más que el resultado de la fuerte química que tenían, no había sentimientos románticos de por medio y quizá eso era lo mejor.
Salió del cuarto, haciéndole un gesto a Miroku para indicarle que estaba lista para que fuesen en busca de sus amigos. Él le sonrió, caminando a su lado con calma, conversando con ella de cosas triviales y dejando de lado también las sensaciones que tuvo dentro del cuarto, porque Sango no era la única que creía que lo mejor era no complicar más las cosas.
Momento cultural.
- Koromogae: Cambio de armario en Japón, ocurre dos veces al año, el 1 de junio, en donde guardan la ropa de invierno y sacan la de verano; y viceversa el 1 de octubre. Como los japoneses tienen una cultura muy conservadora y hasta cierto grado, machista, por lo general son las mujeres las que se encargan de realizar este cambio, sin ayuda de los hombres.
- Uso de trajes de baño en Japón: Debido a la cultura predominantemente conservadora y patriarcal, las mujeres japonesas en general tienden a ser muy recatadas en público, en especial con su comportamiento y vestuario. Por esto, Sango -que ha sido criada en un entorno muy estricto y conservador- considera que quizá su traje de baño de 2 piezas es atrevido en comparación con el de una pieza que es más reservado.
¡Hola de nuevo! Aquí traigo el siguiente capítulo, esta vez con algo de confusión porque ambos están en negación. No sé a quién quieren engañar, pero bueno... allá ellos. A ver si ese paseo a la playa puede ordenarles los pensamientos un poco y aclararles las cosas... o sólo confundirlos más.
Por cierto, hice el dibujo de Sango en traje de baño, está en mi IG por si desean echarle un ojo y deleitarse igual como lo hizo Miroku (?)
Debo agradecer infinitamente a todos los que le han dado la oportunidad a este fic, pero especialente a quienes dejan sus bellas palabras: SangoSarait, DAIKRA y el guest que comentaron, sus reviews son el motor que me ha motivado a seguir la historia y gracias a su fangirleo, la inspiración tomó con fuerza esta idea. Así que espero traerles pronto el siguiente capítulo. Y mi más grande agradecimiento a mi BFF y beta, Nuez, que tiene toda la paciencia para darme sus consejos, observaciones y demás, tanto en lo artítico como en lo personal. Un beso a todas, les debo chocolate.
En fin, por ahora los dejo porque debo organizar el cumpleaños de mi mamá. Espero leernos pronto~
Yumi~
