Capítulo VIII.- Un trágico suceso.
Chicago
¡Buenos días! – saludaba amablemente la joven enfermera
Que no te he dicho que toques antes de entrar? – refutaba la paciente – eres insoportable Candy!
Lo siento, pero temí que no me quisieras recibir. Es hora de tu medicamento. – le puso la píldora cerca de la boca
Yo puedo sola! No soy un bebé!
Sabes Flammy? Me alegra bastante que a pesar de tu accidente sigues siendo la misma de antes… tu esencia…
Ay por Dios cállate! Déjame a solas. – de repente comenzó a sentir un incómodo calor – pero que… Candy… que cosa me diste a tomar?
Yo… - de repente revisó su pequeño botiquín – ay Flammy! Lo siento mucho! Te di el medicamento para la hipertensión del paciente de al lado! – Candy estaba totalmente sonrojada.
Pero que idiota eres! Le diré al director del hospital que me cambie de enfermera! Eres una inútil! Agradece que no hago que te despidan! Lárgate!
Yo… de verdad lo siento Flammy! Toma! Aquí está tu medicamento…
QUE TE LARGUES!
Muy a prisa salió Candy de la habitación de Flammy, estaba completamente angustiada, y el percance no pasó desapercibido por Julie.
Y ahora que pasó Candy?
Ay Julie! Le di el medicamento equivocado a Flammy!
Pero que sucede contigo Candy? Hacía ya mucho tiempo que tu no cometías este tipo de errores… ayer la niña de la habitación 6 me dijo que se quejó de un dolor y tu ni caso le hiciste; eres una enfermera titulada y por lo tanto debes de ser cuidadosa!
Lo se Julie! Es que no me he sentido bien últimamente…
A ver… me temo que en algo tienen que ver tus amores no es así?
¿Amores? De que hablas! Yo solo tengo un novio!
Ya lo sé! Pero apoco ya te olvidaste de aquel actor tan guapo…
Basta Julie! Iré a ver al otro paciente, adiós!
Había pasado ya una semana desde que Candy leyó esa nota en el periódico que la dejó muy pensativa. También, durante esos días, no había sabido nada de Archie, hecho que también la tenía muy aturdida, pues por un lado estaba enojadísima con él por la actitud que tomó de buscar a Terry para provocarlo, y por otro lado estaba muy preocupada por el hecho de que le haya sucedido algo, pues ni un telegrama, ni una llamada, ni para ella ni para Albert… Candy se encontraba muy alterada, confundida y distraída, esto le estaba afectando bastante y se veía claramente reflejado en su desempeño profesional.
El tiempo se le hizo eterno durante ese día, pero al fin dieron las 2:00 de la madrugada, su horario de salida. Afuera del hospital, visualizó un automóvil muy conocido pues portaba el emblema de la familia Andrew. Se quedó parada un rato y de inmediato la portezuela del conductor se abrió, saliendo de ella, George.
Buenos días Srita. Candy, por favor, suba al auto – caballerosamente le abrió la puerta trasera.
Gracias George – sin dudarlo nada, ingresó. Del otro lado del asiento, se encontraba Albert.
Hola pequeña – se acercó a ella saludándola con un beso en la mejilla – que tal tu día en el trabajo?
Hola Albert! Pues un poco pesado, pero… porque me viniste a buscar?
George – Albert se dirigió a su empleado – llévanos a la mansión por favor, Candy, tengo que decirte algo muy importante.
Qué cosa?
Esperaremos hasta llegar a la mansión, pequeña.
Ay Albert! Pasa algo malo? Me preocupas!
No te desesperes.
Albert no le quiso decir nada dentro del auto. Quince minutos más tarde ya estaban llegando a la mansión. Caballerosamente le abrió la puerta del auto a Candy, y de inmediato ingresaron al estudio.
Bien Candy, lo que te diré es algo difícil… ni yo lo puedo creer aún – le contaba mientras amablemente le servía el té.
Por Dios Albert! Que sucede? Ya me estoy preocupando!
Me mandaron a avisar que un tren proveniente de Nueva York se descarriló, explotó y causo un sin número de muertes. Sucedió hoy al medio día, por eso aún no lo comunican en la prensa, pero tememos que…
Que Archie venía en ese tren! – exclamó Candy muy preocupada.
Así es – Contestó Albert con su semblante triste.
Dios mío! – comenzó a sollozar escandalosamente – no! Dios no! Él no!
Tranquila pequeña, ya mandé a mi personal para que indaguen más, pero por favor sé fuerte!
Como me pides eso! – Candy no podía parar de temblar y llorar – no me hago a la idea de que Archie esté muerto! No, no y no lo acepto! No puedo!
A mí también me afecta Candy pero no nos queda más opción que ocuparnos del problema e indagar más… aún no estamos seguros si él venía en ese tren o no…
No lo acepto… no, ahora él… no!
Pequeña… - se acerco a abrazarla tiernamente – entiendo cómo te sientes
Ay Albert! Primero Anthony… luego Stear y ahora Archie? Que la maldita muerte no se compadece de gente tan joven, tan noble!
Nosotros no somos nadie para juzgar la voluntad del señor
Es que porqué! – comenzaba a hacérsele dificultoso a Candy articular palabra debido a que no paraba de hipar – porque Dios mío? – se puso ambas manos en el rostro, acomodó su cabeza en el pecho de Albert y así permanecieron largas horas, consolándose.
Amaneció, esa noche Candy la pasó en la mansión, no quiso separarse ni un segundo de Albert ni del teléfono, por supuesto, esperando noticias.
Buenos días Sr. William – entró George al estudio sin anunciarse – discúlpeme que lo interrumpa así pero aquí hay noticias sobre el accidente – le entregó un sobre.
Las envía el detective que contraté?
Así es señor, él me comenta que la prensa no quiere publicar nada aún para no hacerse falsas conjeturas.
Pero qué tontería! – refutaba Candy – hay ahorita cientos de familias preocupadas por sus familiares y no quieren informar nada?
Tranquila pequeña, así es como regularmente proceden – le decía mientras abría desesperadamente el sobre. Sacó el documento y sus ojos devoraron el contenido.
Que dice Albert? – Candy suplicaba
Dice que están trasladando varios heridos a los hospitales de Chicago, parece que el accidente fue muy cerca de aquí.
De verdad! Tengo que irme al hospital Albert! De inmediato!
Te acompaño.
Esa mañana, George manejó el auto tan rápido como jamás lo había hecho, llegaron al hospital Santa Juana y corriendo por las escaleras entraban desesperadamente Candy y Albert.
Molly! Molly! – Candy se dirigía a la chica encargada de la recepción – sabes si aquí hay personas trasladadas del accidente del tren? – Candy estaba muy agitada
Hola Candy! Sí… veo que ya te enteraste… han traído aproximadamente quince heridos y veinte muertos durante la madrugada.
De verdad? – al escuchar la palabra "muertos" Candy sintió como bajó drásticamente su presión arterial, su cabeza comenzaba a hormiguear, su rostro palideció, su cuerpo se debilito a tal punto que ya no era capaz de sacar las lágrimas alojadas en sus ojos. Pocos segundos después, cayó al suelo, desmayada.
Candy! – corrió Albert muy asustado a socorrerla – Candy responde!
No se preocupe señor… solo está desmayada, ahí vienen las enfermeras a auxiliarla. – le dijo amablemente Molly.
La llevaron al servicio de urgencias para brindarle los primeros auxilios, afortunadamente, no pasó de ser un simple desmayo. Estaba guardando reposo en una de las camillas cuando entró Albert a verla.
Pequeña! Me preocupaste mucho! Estás bien? – le decía mientras la abrazaba
Lo siento! Albert, lo siento! – lloraba amargamente
¿lo siento? Pero qué cosa?
Fue mi culpa! Archie está desaparecido y puede estar muerto por mi culpa!
Pero que tonterías dices! – Albert se separó de su abrazo – porque es tu culpa?
Fui tan descuidada! – Candy seguía sollozando ruidosamente – yo debí haber roto la carta de Terry! Debí desaparecerla! Pero no lo hice! Archie la descubrió y por eso se fue a Nueva York!
Deja de decir tonterías! – Albert la sostuvo fuertemente de los hombros – escúchame bien Candy, tu no tuviste la culpa de nada! Fue un accidente! Pronto tendremos noticias de Archie!
Es que él puede estar entre los veinte muertos…
No! No lo sabemos aun Candy! Deja de decir eso quieres? – Albert comenzaba a alterarse, sin duda, la noticia le afectaba tanto como a Candy, el trataba de mostrarse sereno, pero después de todo, se trata de su sobrino, del único de sus tres amados sobrinos que permanecía con vida. – yo estoy tan afectado como tú Candy! – comenzó a llorar, inevitablemente.
Candy se sorprendió tanto de la reacción de Albert, que volvió a desmayarse, aunado esto con el terrible momento de angustia que estaban viviendo. El médico encargado volvió a revisarla.
Dígame doctor, cuál es el estado de Candy?
Está muy débil, además las noticias que ha recibido últimamente le han afectado tanto, pero no se preocupe, no tiene nada de cuidado, se lo aseguro.
Doctor… podría ser que.. que estuviera embarazada?
Bueno, sí cabe la posibilidad, si usted desea, se le pueden hacer los análisis correspondientes. Aunque de preferencia debemos esperar a que despierte nuevamente para que ella nos explique si esa teoría puede ser posible.
Sí, claro…
El médico se retiró de allí, Albert se quedó un rato a solas observando a Candy, hasta que decidió irse. El quería estar al lado de ella pero tomando en cuenta la situación, lo mejor era seguir indagando cualquier cosa que lo pudiese llevar al paradero de Archie. Preguntó en la recepción, y le dijeron que en breves horas los médicos forenses dispondrían su aprobación para que los posibles familiares reconozcan los cuerpos que llegaron en la madrugada.
Nueva York
Ese día Terry se levantó más temprano de lo normal. Era el día en que se decidiría si el protagonizará la obra de "Macbeth". Se apuró a ducharse y a vestirse, ni siquiera quiso perder tiempo en desayunar. Se subió a su auto y emprendió el camino al teatro.
Al llegar, saludó como siempre, pero notó los rostros molestos de sus compañeros actores. Inmediatamente se imaginó que sí le dieron el papel protagónico y estos ya estaban otra vez de envidiosos. Aún así, caminó tranquilamente hasta el corredor que lleva a la oficina de Robert, lugar donde debe de estar la lista de los actores seleccionados. Y ahí estaba, más claro, ni el agua.
Macbeth – Terry Grandchester
Lady Macbeth – Karen Claise
Sonrió de lado y totalmente satisfecho se dirigió a su camerino para prepararse para el ensayo. Pero antes de llegar lo acorraló Karen.
Terry! Ya viste? Nos lo dieron!
Sí, acabo de ver – le respondió secamente pero inevitablemente recordando a Susana cuando le dieron el papel de Romeo "Terry! Tú serás Romeo y yo Julieta… no es maravilloso?"
Y no te parece maravilloso? – le decía melosamente Karen.
Es lo justo. Si me disculpas, tengo cosas que hacer – se metió a su camerino y prácticamente le cerró la puerta en la cara, debido a las nauseas que le dieron al escuchar la expresión de Karen.
Terry! Eres un grosero! – le gritó desde afuera, y de inmediato se giró para retirarse de allí.
Quince minutos más tarde, Robert ya estaba llamando a todo su elenco.
Bien muchachos, espero que estén conformes con la repartición de los personajes, todos son excelentes actores, y créanme que se me dificulta mucho decidirme por…
No nos digas mentiras Robert! – gritaba Mike – ya sabemos de las artimañas que se vale "Terry Baker" – ante el comentario los demás actores no salían de su asombro, pero a Terry, no le importó.
Mira jovencito – lo retó Robert – no tienes idea de cómo me ofendes con tus comentarios, o te conformas, o las puertas están muy anchas. Puedo prescindir de cualquiera de ustedes, menos de Terry, ustedes son testigos de que él es el que más empeño pone en las obras… bueno… es que hasta todos ustedes se acercan a pedirle consejos! Me equivoco? Así es que dejen de intrigar y comencemos el ensayo.
Con todo el orden característico de Robert, comenzó el ensayo de la obra, y durante éste, Terry hizo perfecta gala de su talento, más que en cualquier otro momento, con el propósito de callarles la boca a sus compañeros.
*MACBETH. Mi querido amor, Duncan viene esta noche.
LADY MACBETH. ¿Y cuándo se va?
MACBETH. Mañana, según su intención.
LADY MACBETH. ¡Ah, nunca verá el sol ese mañana! Tu cara, mi señor, es un libro en que se pueden leer cosas extrañas…*
Corte corte corte! – gritaba fúricamente Robert – Terry, tú estás perfecto, Karen… ay Karen! ¿En qué demonios piensas cuando decides actuar melosamente en esta escena?
No te entiendo Robert….
Claro que no entiendes! Si entendieras lo harías bien… se supone que vas a instigar a tu marido a asesinar a Duncan… mas no instigarlo a tener sexo, por Dios!
Pero… - Karen sintió arder sus mejillas debido a que se ruborizó en exceso – se supone que es mi marido, no?
Karen – le habló Terry – Robert te quiere dar a entender que en esta escena no es necesario que me beses en la boca y me estés acariciando el rostro durante todo tu diálogo.
Ay bueno! Discúlpenme! Si me permites Robert… necesito ir al tocador. – mientras Karen se retiró, llegó Oscar, el organizador de las giras de la compañía
Robert! Aquí tengo todo el programa sobre las fechas de las presentaciones, la premier será en una semana, la obra se presentará aquí en Broadway durante un mes y acá te tengo la lista de los lugares incluidos en la gira, con sus respectivas fechas.
Mmm sí, muy bien – respondió Robert mientras detenidamente leía el programa
Me permites? – preguntó Terry
Claro! Vete preparando por que la gira es larga!
Muy contento, Terry le echó un vistazo al programa de la gira por todo el país.
Nueva York – Boston – Montreal – Ottawa – Toronto – Detroit – Ohio – CHICAGO – Saint Louis – Denver – Memphis – Nueva Orleans.
"Chicago! Leí bien?" Sus ojos se clavaron en esa palabra, de nuevo visitaría esa ciudad, no lo podía creer, comenzó a sudar frío… "Candy iría? Qué tontería! Por supuesto que no irá… el elegante jamás se lo permitiría… ¡Que difícil estar en la misma ciudad y no contar con la mínima esperanza de verla! aunque sea un instante…"
FLASH BACK
Amanecía un nuevo día. El día anterior fue maravilloso en la vida de Terry, el se levantó muy satisfecho y contento por haber tenido un cumpleaños memorable, sus amigos lo festejaron animosamente, limó asperezas con Susana, y su madre le regaló horas de satisfacción con esas cartas. Se preparó para salir, y afuera de su edificio visualizó a un hombre que se distinguía por su inconfundible porte. Se le desfiguró el rostro del coraje que le dio verlo allí.
Ya hasta andas consiguiendo mi dirección? Cuando te vas a cansar de molestar?
Escúchame bien, maldito aristócrata de pacotilla! Pasado mañana me regreso a Chicago, y solo vine hasta aquí para volverte a advertir que no te acerques a Candy! No quiero nunca ver en su buzón una carta tuya, me oíste? Me importa un bledo el que antier no me hayas creído de mi relación con ella! Pero no soportaré que la sigas inquietando!
Así es que aún la inquieto? – le respondió Terry sonriendo de medio lado con el propósito de hacer enojar mas a Archie.
Eres un maldito! – olvidándose completamente de su elegancia se le fue encima a los golpes, pero había olvidado que Terry es aún más hábil que él para golpear.
Piénsalo dos veces antes de agredirme, Archivald! – le decía mientras lo miraba hacia el piso, resultado del fuerte golpe que le dio en la cara – a mí también me importará un bledo si tu carita elegante se desfigura. – y con su arrogancia a flor de piel Terry se subió a su automóvil, arrancó el motor varias veces con el único propósito de sacar bastante humo del escape hacia el cuerpo de Archie, que yacía tirado en el pavimento detrás del coche.
Se levantó maldiciendo a Terry, pero se convenció de que era un rival difícil de manejar. Decidió en ese momento no seguir irritándolo, ya tenía su boleto del tren para partir a Chicago, lo único que le importaba era regresar al lado de Candy, se moría por verla, por besarla de nuevo. El pensaba que su visita a Nueva York no fue del todo en vano, pues al menos logró que Terry se enterara de su relación y con esto, quedaba la esperanza de que no se entrometiera mas.
Llegó el día en que al fin partiría. Sin abandonar su pulcritud y elegancia, Archie abordó el tren. Estando ya acomodado debidamente en su asiento, se dispuso a tomar una siesta. Varias horas después, unos fuertes azotes lo hicieron despertarse abruptamente. Gritos se escuchaban por doquier, los pasajeros a bordo tenían terror sobre lo que estaba ocurriendo, los caballeros trataban de controlar inútilmente a las damas, pero el terror se veía mayormente reflejado en el rostro de ellos. Por ambos lados, el tren desprendía ruidosas y ensordecedoras chispas, seguía avanzando descontroladamente, los movimientos estrepitosos hacían que los pasajeros no se pudieran mantener en pie. En ese momento Archie sintió, aparte de temor, una presión muy incómoda en su pecho, pensaba que si no hacía algo en ese momento, perdería la vida. Fueron segundos catastróficos, segundos en los que la inminente muerte se olía por todo alrededor. Aparatosamente el vagón del tren calló de lado, seguía avanzando y aproximadamente unos 200 metros más adelante se detuvo. Minutos más tarde, explotó, haciendo que todo alrededor ardiera en llamas.
FIN DEL FLASH BACK
Chicago.
Horas más tarde, una enfermera se acercaba a Albert.
Usted es el señor Andrew?
A sus ordenes
Mire, el director del hospital a autorizado que los posibles familiares pasen a reconocer a los heridos. Tres de ellos son los que se encuentran en mejores condiciones, pero ninguno responde al nombre de su sobrino.
Entiendo – el corazón de Albert se encogió – entonces puedo pasar a ver al resto?
Bueno… solo a cinco de ellos, los demás…
Los demás qué? – preguntó Albert con la voz quebrada
Los demás están irreconocibles… tenemos que esperar hasta que despierten y nos revelen sus nombres.
De acuerdo – las lágrimas comenzaban a albergarse en los ojos de Albert
Por aquí señor.
"Aceptaré tu voluntad señor, solo te ruego me des las fuerzas necesarias de aguantar esto… después del fallecimiento de mis otros dos sobrinos necesito ahora muchas más fuerzas… te lo ruego…"
Pensaba Albert mientras caminaba por los fríos corredores del hospital. Lo llevaron a una habitación para ponerse la rigurosa ropa esterilizada. La enfermera abrió otra puerta, adentro había cinco camillas apiladas. Debido a la gravedad del estado de salud de los pacientes, no se podían dar el lujo de mantener a cada uno en habitación privada, pues debían darles las atenciones necesarias lo más rápido posible, aunque también, por cuestiones de salubridad, solo se permitían cinco pacientes en una sola habitación. Albert miró al paciente de la cama 1, no es Archie. Caminó a la camilla 2, tampoco es Archie, lo mismo sucedió con la camilla 3. Su corazón se paralizó al llegar a la camilla 4… ahí estaba él, inconsciente, en su rostro halló varios rasguños y uno que otro moretón. Pero al parecer, las llamas habían alcanzado sus brazos, piernas, y parte de su torso. Las lágrimas que albergaban el rostro de Albert al fin surcaron por sus mejillas.
Es él, enfermera, es él. – seguía con la voz quebrada
Muy bien – le respondió mientras hacía unas anotaciones en el expediente – me alegra que su sobrino haya llegado con vida, ahora, le ruego que salga por favor, el está debidamente atendido, no debe preocuparse por ello.
Señorita… cual es su estado de salud?
Afortunadamente, las quemaduras son de primer grado, el tiempo de recuperación es muy poco, sin embargo, desde que lo trasladaron no ha despertado, parece que se golpeó fuertemente la cabeza.
De acuerdo, estaré al pendiente… sabe, iré a ver a Candy, ella trabaja aquí…
Sí, sí, la conozco.
Bien… ella ahorita está delicada debido a la impresión que tuvo al enterarse de esto, pues, Archivald es su novio…
Oh! Entiendo…
Me gustaría que cuando Candy esté en su turno puedan permitirle el acceso aquí…
Desde luego señor Andrew… Candy es de las mejores enfermeras que hay en el hospital, estoy segura que el director no tendrá ningún inconveniente.
Gracias – respondió Albert esbozando la primera sonrisa después de muchas horas.
Se quitó la horrible ropa esterilizada, y de inmediato fue a la habitación donde tenían a Candy. Inesperadamente, ella ya estaba sentada al borde de la cama, con su ropa de calle, y cepillándose el cabello.
Pequeña! Ya te sientes mejor?
Sí, el doctor ya me dio de alta.
Qué bueno Candy… te tengo una buena noticia!
Ya sabes de Archie? Dime! Te ruego que me digas! Es sobre Archie?
Sí Candy! Esta vivo! Está vivo! – le dijo alegremente mientras la abrazaba
Dios mío! Albert… que gran noticia! – le dijo respondiendo al abrazo y llorando al mismo tiempo.
Está un poco grave… pero su enfermera me dijo que su recuperación será rápida… hay que esperar a que despierte… pues desde el accidente dicen que permanece inconsciente.
Dios… Dios mío gracias! Yo me encargaré de cuidarlo! Pediré que me trasladen allí! Oh Albert! Gracias! – permanecieron abrazados, ambos con sus corazones llenos de felicidad.
Continuará…
Nota: las frases marcadas con asteriscos pertenecen a la obra Macbeth de William Shakespeare.
Hola mis queridísimas lectoras, lamento si tardé un poco más de lo debido para la actualización de la historia. También lamento si las hice sufrir al sospechar si Archie había muerto… pero las reivindiqué al final. Espero haya sido de su agrado este capítulo y no olviden dejarme su review, les repito, es la fuente de motivación que mas me inspira. Un abrazo!
Ahora los agradecimientos especiales:
Litac: Me alegro que se esté poniendo bueno el asunto! Ya verás todo lo que tendrá que hacer Terry… aunque ahora además de Susana, hay otra garrapata que no se le despega! Jaja gracias por leer!
Gemagrandchester: Mi querida amiga! Qué alegría que te gustó el regalo que recibió Terry, y me alegras mucho con tus comentarios, eso de que te dejo con ganas de leer mas quiere decir que mi historia no es del tanto aburrida! Un abrazo y gracias por leer!
Usagi13chiba: De verdad Terry necesitaba ese empujoncito para hacerse a la idea de que debe luchar por el amor de su vida! Ya que Albert no lo convenció… esperemos que estas cartas si lo convenzan no? Un abrazo! Gracias por leer
Klaudya: cuando escribí ese capítulo yo también suspiraba por lo emotivo que es para Terry leer y enterarse de que Candy no lo olvidará nunca! Espero que este capítulo haya sido también de tu agrado. Gracias por leer.
Leonore: ah! Tu si te diste cuenta de las malvadas intenciones de Karen! Me alegro! Ya lo ves acá también, Candy es una tonta… cuando debía luchar por su felicidad no lo hizo… y ahora… bueno… ya verás como en los siguientes capítulos la hago recapacitar! Gracias por leer!
