CAPÍTULO XVIII. LA BODA.
Al ritmo de las dulces notas que tocaban la hermosa pieza del "Ave María", caminaba Candy, una hermosa e ilusionada novia del brazo de su padre adoptivo quien orgullosamente la llevaba al altar. Vestía elegantemente de blanco una pieza entallada de la parte superior que hacía lucir su pronunciada cintura, mientras que en la parte inferior era completamente amplio y esponjado.
Su cabello lo llevaba sutilmente sostenido a los lados con unas finas horquillas, a manera que sus rizos cayeran sueltos adornando su espalda. Pero tanta belleza del vestido y peinado se veían claramente opacados por la felicidad que emanaba del brillo de sus ojos verdes detrás del fino velo de novia. Su ramo portaba numerosas rosas de todos los colores, haciéndolo ver vistoso, pero arreglado de una manera sutil.
Los presentes miraban deleitados su gran belleza cuando caminaba por todo el pasillo. Llegando al altar, su mirada se encontró con los ojos azules de Terry que también irradiaban una felicidad innegable.
Albert posó la delicada mano de su hija adoptiva sobre la palma de Terry. "Sé que la harás muy feliz" le susurró mientras Terry le respondía con un asentimiento.
Dirigieron su mirada hacia el altar y hacia el sacerdote quien solo aguardaba a que la novia tomara su lugar.
Hermanos, estamos aquí reunidos para presenciar el enlace matrimonial de Candice White Andrew y Terrence G. Grandchester, comencemos la ceremonia en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo – decía haciendo hincapié en que todos los presentes se persignaran – este es un día muy especial, un día en que dos hijos de Dios unen sus vidas para siempre con la fiel determinación de hacerse felices el uno al otro. Debemos estar felices por nuestros hermanos, pues en sus miradas veo reflejado el verdadero amor que debe profesarse una pareja para unirse en el sacramento del matrimonio – dijo el sacerdote con gran satisfacción pues en dicha época eran muy comunes los matrimonios arreglados, sin amor, y el ver a esta pareja realmente enamorada, le llenaba de gran alegría.
Siguió deleitando a todas las personas con su conmovedor sermón, pero llegó de repente el gran momento que la mayoría esperaba, el momento de que ambos novios se dijeran los votos matrimoniales. El primero fue Terry, no es un secreto que cuenta con gran maestría para memorizar mil cosas, pero sus votos matrimoniales en especial, eran el diálogo más importante de toda su existencia.
Yo, Terrence Grandchester, te acepto a ti, mi amada Candice, como mi esposa, prometo amarte, respetarte y siempre serte fiel, estar a tu lado en lo próspero y en lo adverso, en la salud y la enfermedad, todos los días de mi vida.
Yo, Candice White, te acepto a ti, Terrence, como mi esposo, jurándote amarte por toda la eternidad, permanecer a tu lado en las alegrías y en las penas, respetándote y siéndote fiel por siempre.
Candy estaba muy nerviosa a pesar de estar inmensamente alegre. El estarse casando con el amor de su vida y al mismo tiempo esperar un hijo de él, sin duda eran hechos que le ofrecían una mezcla de sentimientos jamás experimentada anteriormente en su vida.
Una vez que sus padrinos, Paty y Charlie, les ofrecieran las arras y el lazo, el Padre prosiguió con el momento más conmovedor de la ceremonia.
Terrence, puedes besar a la novia.
La tomó de ambas manos y lentamente fue descendiendo hasta quedar a la altura de los labios de su ahora esposa. La abrazó por la cintura, ambos cerraron los ojos y se fundieron en un romántico y discreto beso con el cual sellaron el comienzo de una nueva vida, juntos. La lluvia de aplausos los hicieron alejarse de su ensoñación, voltearon a ver a todos sus invitados y seres queridos con una gran felicidad reflejada en sus rostros.
Durante la misa, la Srita. Pony y la Hermana María observaban complacidas a su querida hija entregarse al amor de su vida.
Entre los acompañantes de las monjas, figuraban por supuesto los niños del Hogar, así como es señor Cartwright con Jimmy y Tom Stevenson y su padre.
Paty llegó por supuesto desde Florida con su abuelita Martha, quién no dudó en animar a su nieta a ser la madrina de Candy… la simpática anciana había sido testigo del surgimiento de este amor y de la desgracia que les invadió con la ruptura… por lo tanto no cabía de la emoción al estar presenciando tan emotiva boda.
Por su parte, Terry no dudó en tratar de localizar a su gran camarada Charlie, quien estaba conmocionado por ser partícipe de esta boda. El chico conocía muy bien el amor que esta pareja se profesaba y sin duda aceptó de inmediato ser su padrino de bodas.
Eleonor Baker cautivó a todos los caballeros presentes con su gran elegancia y belleza. En cuanto tuvo oportunidad, Terry presentó a su madre con todos los familiares de Candy que estaban presentes.
A lo lejos, Archie visualizó a la actriz, y perplejo quedó pues no tenía ni la más remota idea del porqué asistía a esa fiesta. Pero no dudó en preguntarle a su tío Albert.
Oye… acaso ella es Eleonor Baker?
Así es – le respondió el rubio
Y que hace aquí? Oh ya se! Debe ser amiga de Terry! Jaja se me olvidaba que él es también actor!
No es su amiga Archie, es su madre
Archie escupió la bebida al escuchar el comentario de Albert.
No estarás hablando en serio?
Estoy hablando MUY en serio Archie – le decía divertido ante su reacción – pero mira – lo incitó a voltear al lado contrario - ahí viene tu "chica"
Oh! Sí, voy con ella!
Muy contento se dirigió a su encuentro con la enfermera. Días atrás, cuando Flammy había accedido a cenar con él, fue la oportunidad perfecta para el chico de invitarla a la boda de Candy. Ella al principio renuente, no quería aceptar pues ella sentía de todo por Candy, menos afecto, además, recordó que el flamante novio es nada menos que Terry, aquel muchacho al que tratara con la punta del pie en aquella visita al hospital de Santa Juana, y se moría de vergüenza al estar en riesgo de encontrárselo. Pero poco a poco la fue convenciendo y a decir verdad, ella se moría de ganas por asistir a un evento tan importante del brazo de Archie. Iba sencillamente vestida de color azul pálido, su cabello lo recogió en una coleta como siempre pero la diferencia consistió en un coqueto tocado a juego con el vestido entallado.
Mientras Archie se sentía enormemente orgulloso de contar con la compañía de su enfermera en tan importante evento, Annie lo observaba a lo lejos con un dejo de desilusión en su rostro. La chica no quería asistir a la boda, pero sus padres prácticamente la forzaron. El haber presenciado la bellísima ceremonia de Candy, y a su gran amor gratamente acompañado de otra mujer, la pusieron en un estado de tristeza del que ya no se sentía capaz de soportar. Ni siquiera tenía ánimos de platicar con Elisa, pues su amiga estaba roja del coraje al ver que con quien realmente se casaba Candy era con Terry y no con Anthony. Discretamente, se apartó de la recepción, y se fue a refugiar a una de las tantas habitaciones solitarias de la mansión. Lloró libremente, se sentía desdichada y al mismo tiempo un dejo de envidia corroía su ser.
"Archie, te amé de verdad! Como me dueles aún en el alma!" pensaba en voz alta, mientras los espasmos en su pecho se hacían más visibles " Candy… aunque no lo quiera aceptar, me siento tan feliz por ti… lamento tanto que hayamos dejado de ser amigas… como extraño tu amistad, tus consejos, Candy!" seguía llorando y pensando en voz alta.
Mientras tanto, otro corazón solitario y decepcionado la observaba desde el umbral. Con paso lento pero firme, se fue acercando a la chica y cariñosamente posó su mano sobre su sobresaltado hombro.
Anthony! – se levantó y apenada comenzó a secarse las lágrimas
Tranquila, no tienes porque sentir pena – la miraba con ternura con sus par de ojos azul cielo
Yo… es que… me siento mal por estar metiéndome en donde no debo
No te preocupes, entiendo muy bien porque lo hiciste – la invitó a sentarse en el diván que estaba allí cerca
Me escuchaste?
Sí, Annie… te comprendo muy bien. Yo también tengo el corazón dolorido – agachó la cabeza en señal de tristeza – incluso pensaba en largarme lejos este día! pero no lo hice… creo que fue mejor torturarme desde el ventanal viendo como el amor de mi vida se entrega a otro hombre… pero la vida sigue – unas lágrimas amenazaban por surcar sus mejillas
Lo siento mucho Anthony!
No lo sientas, Annie – le tocó la mano en un gesto amable – las cosas suceden por algo, ya algún día encontraré la manera de sanar mi corazón, y tu también… somos personas jóvenes, bondadosas… y aunque Dios no nos conceda el milagro de encontrar a un alma gemela, por lo menos tenemos el mayor tesoro del mundo que es el tener vida, libertad, cariño, bondad… y sobre todo, la compañía de amigos y seres amados.
Annie no podía creer lo que escuchaba, tal pareciera que Anthony no estuviera sufriendo de amores, su madurez y convicción eran demasiado obvias, definitivamente para ella sería imposible ver la vida de esa manera tan jovial y relajada.
Con todo respeto Annie – la miró a los ojos – eres una mujer hermosa – la vio de arriba abajo disfrutando de la vista que la chica ofrecía. Portaba un vestido escarlata que intensificaba el brillo de su perfecto cabello – seguro estoy que tu padre tiene una fila de pretendientes hostigándolo a cada momento por obtener el privilegio de casarse contigo – Annie agachó la mirada
El hombre que realmente me interesa no figura entre los pretendientes
Entiendo – se levantó y tomó una rosa roja de un florero que adornaba la habitación – toma – se la entregó – es un pequeño detalle de mi parte para recordarte cuan hermosa y valiosa eres
Oh! Gracias! – la chica olfateó la hermosa flor – de verdad Anthony… no solo te agradezco la flor, sino esta charla… el verte a ti tan fuerte y tan maduro a pesar de tener el corazón deshecho me ha hecho abrir los ojos… olvidarme de Archie y hacerme a la idea que él ya está haciendo su vida
Sabía que eras una chica inteligente – la dirigió a la salida
Que vas a hacer ahora?
No lo sé! Tal vez leer… o dormir encerrado hasta que la fiesta termine
Pues… si no tienes inconveniente, me quedaría a conversar mas contigo… verás, Elisa no está de humor este día y no ha querido dirigirme la palabra
Entiendo, entonces vayamos a la biblioteca!
De acuerdo! – sonrió por primera vez en el día y ambos se retiraron a la extensa biblioteca
Los invitados permanecían sentados en el gran salón esperando a que aparecieran los recién casados. Cuando las puertas se abrieron de par en par dejando ver a la pareja de enamorados realmente radiantes, todos los presentes les aplaudieron efusivamente mientras los faltantes en felicitarlos no tardaron en hacer lo propio.
Toda la tarde fue increíble, los nuevos esposos deleitaron a todos con románticos bailes pero sobre todo, con el amor que brotaba de cada uno de su ser. Prácticamente todos bailaron con todas… Candy no parecía mostrar cansancio, pues era el día más feliz de su vida y lo era también para Terry, quien limó asperezas con Archie y muy sinceramente, deseaba hacer lo mismo con Anthony, solo que no le sorprendió ver que el rubio no asistió.
De repente, el enorme portón del salón volvió a abrirse para dar entrada a un invitado peculiar. Las personas que ya lo conocían se quedaron boqui abiertas.
FLASH BACK
Después de la extenuante plática que Terry tuviera con la tía Elroy, se encargó de poner las cosas debidamente en su lugar. Utilizó su apellido, su nobleza y su origen para que la mujer lo aceptara en su familia, pues ahora tendría que saldar eso. Escribió una breve carta a su padre.
"Estimado Duque de Grandchester. Probablemente le sorprenderá recibir una carta mía, a decir verdad yo no estaba seguro de querer hacerlo pero no tuve opción. Yo solo deseo que usted sepa algo muy importante sobre mí, me casaré en quince días. ¿Recuerda a Candy? A esa niña por la cual por primera vez en mi vida me atreví a pedirle ayuda, y me la negó? Pues bien… ella será mi futura esposa, y estoy feliz. Además, espera un hijo mío, tal vez usted esté haciendo en este momento un gesto reprobatorio por mi actitud "inmoral" y "poco caballerosa" al no haber esperado al matrimonio, sin embargo, no me arrepiento, pues mi amor hacia ella es infinito. La familia de ella ya está enterada sobre quién es usted, pues no tuve más opción que mencionarlo. Yo no pretendo obtener beneficios sobre mi origen, mi único interés en esta vida es ella, mi hijo que pronto nacerá y vivir felizmente en familia. Espero lo entienda. Con aprecio, Terrence G."
El Duque era incapaz de contener las lágrimas "en ninguna línea me llama "padre"… hijo mío, tanto me desprecias?" vio la fecha en el sobre y descubrió que era de diez días atrás "Entonces en cinco días te casas" se levantó presurosamente, ordenó a su servidumbre prepararan todo lo necesario, su equipaje, sus cosas personales y su avión privado, dejando todo a un lado, pues en ese preciso momento se iba a América.
FIN DEL FLASH BACK
Terry no cabía de la impresión, Candy por su parte estaba realmente feliz de ver allí a su ahora suegro, pues una plática anteriormente entablada entre ellos le dejó más que claro que Richard estaba dispuesto a apoyar a Terry en todo lo necesario.
Se acercó lentamente a su hijo, le estrechó la mano y le dio un caluroso abrazo
Me alegra mucho verte de nuevo, Terrence, te felicito muchísimo por la nueva vida que estás a punto de comenzar.
Terry miró perplejo a Candy, preguntándose qué demonios le sucede a su padre. Le brindó unos minutos de su tiempo para hablar a solas, y el joven quedó realmente impresionado sobre todo lo que su padre le hizo saber. Gratamente complacido, volvieron a la recepción, no sin pensar que ese día fue grandioso. El Duque saludó alegremente a Candy, posteriormente Terry lo presentó con Albert, Archie y Elroy, los familiares más cercanos de Candy. Visualizó a Eleonor a lo lejos, y solo se saludaron cortésmente. Había tantos invitados que no tuvo oportunidad de platicar largo y tendido con la madre de su hijo, como él hubiera deseado.
Felizmente agotados, los recién casados anunciaron su despedida, agradeciéndoles a todos los presentes su amena compañía. Tan caballerosamente, Albert y el señor Britter dispusieron de todos sus automóviles y choferes para trasladar a los habitantes del Hogar de Pony hasta su destino. Albert por su parte también dispuso de varias habitaciones de su mansión para los invitados que venían desde más lejos.
Los felices recién casados, se subieron al carruaje elegantemente adornado, que los dirigió al departamento de Candy, pues allí aguardaban los equipajes con las herramientas necesarias para viajar por todo el continente disfrutando de su luna de miel.
Estando afuera del edificio, Terry caballerosamente ayudó a su esposa a descender del carruaje. Una vez afuera, la cargó en sus brazos, ante la mirada extrañada de ella.
Tradición, hermosa – la besó cariñosamente y así la subió hasta el apartamento.
Cuando quedaron al fin solos, no esperaron para fundirse en un caluroso y mágico abrazo seguido de un ansiado beso.
Aprisionándola contra la puerta, Terry estaba ansioso por arrancarle el vestido de novia, pero sabía que sería una actitud un tanto absurda pues no era necesario. Después de pasar semanas ocupados en las actividades de la boda, estaban realmente deseosos de culminar ese día como una noche de bodas inolvidable.
La volvió a cargar y así la llevó hasta el lecho. Lentamente le quitó las zapatillas, alzó su enorme falda y deslizó el coqueto liguero hasta quitarlo completamente. Volvió a bajar el vestido y la volteó boca abajo, muy sutilmente comenzó a desabotonar la pieza al mismo tiempo que dejaba un reguero de deliciosos besos por toda su espalda, haciéndola arquearse de satisfacción.
Terminando su interesante tarea, volvió a voltearla, la besó apasionadamente, volvió a apartarse y decidió desnudarse enfrente de ella. Cuando terminó, le susurró al oído "Esta es nuestra primera vez como marido y mujer" ella sonrió encantada "y tenía tantas ganas de estar nuevamente contigo…" la volvió a besar, acarició sus muslos, sintió la humedad en su interior, una humedad mas excesiva a causa del cambio hormonal por su embarazo, pero exquisitamente complaciente para él.
Ambos estaban ansiosos por entregarse el uno al otro, así es que sin más preámbulos, ella atrajo la cadera de su amante con sus piernas insinuándole que la tomara en ese momento. El no tardó en introducirse, lentamente, causándole a ella una gran desesperación, así es que no tardó en moverlo… lo empujó, lo acostó sobre la cama y fue ella quien se montó arriba de él comenzando a cabalgarlo frenéticamente. Terry no cabía de la impresión al ver el atrevimiento de su esposa, pero estaba fascinado, realmente fascinado con la vista que tenía enfrente. El amor de su vida, haciéndole el amor de una manera tan excitante y febril, observarla como disfrutaba el ritual amoroso tanto como él, lo excitaba aún más. Cuando ella gimió lanzando un escandaloso grito, le enterró las uñas en el pecho… seguía moviendo sus caderas de arriba abajo, muy rápidamente, pues no dejaba de sentir el placer de los múltiples orgasmos que con perfecta sincronía ambos hacían sentirse el uno al otro. Cuando Candy estaba al borde del éxtasis, Terry decidió torturarla un poco, separándola. La incitó a levantarse de la cama, así, desnudos, se dirigieron al ventanal de la habitación. Observaron de pie la hermosa luna llena que se lucía frente a ellos brindándoles la más hermosa luminosidad. Terry posó las manos de su esposa sobre el cristal. Comenzó a darle delicados besos por todo su cuello y hombros, besos que únicamente la hicieron estremecerse y enloquecer, pues ella empujaba su trasero hacia atrás con la lógica convicción de seguir haciendo el amor. Terry tan habilidosamente la presionó más y nuevamente se volvió a introducir en su cuerpo, con fuertes y duros envites que sin duda los hizo alcanzar el éxtasis a ambos en cuestión de minutos.
Gratamente agotados se tumbaron nuevamente en la cama. No es que no quisieran volver a hacerse el amor, pero el gran día que acababan de vivir los dejó extenuados y al día siguiente les esperaba emprender un largo viaje. Abrazados, destapados, desnudos y con el amor a flor de piel, durmieron durante horas hasta que el alba comenzaba a hacer su aparición.
Como ya tenían todo listo, únicamente se demoraron en tomar su desayuno. Candy casi no ingirió alimento debido a sus normales nauseas matutinas que preocuparon a Terry en demasía, pero ya sabían que en algún momento cesarían. Saliendo del apartamento, se dirigieron a la estación a abordar el tren que los llevaría a las paradisiacas playas de Baja California, en México. Posteriormente allí tomarían una embarcación que los llevaría por todo el Pacífico hasta las costas de Chile y Argentina. Allí retomarían un tren que los dirigiría al mágico Brasil para finalmente tomar otra embarcación que los llevaría a su destino definitivo, Nueva York. Todo el viaje lo iba a costear Terry, pero Albert se lo impidió, haciéndolo aceptar que ese sería su regalo de bodas.
Se despidieron tan alegremente de todos. El Duque fue a su encuentro en la estación, felicitándolos nuevamente y haciéndoles su respectivo regalo de bodas también, sin quererse quedar atrás. Las escrituras de propiedad de la Villa Grandchester, en Escocia, para cuando ambos quieran viajar allá y la tengan a su disposición el tiempo necesario.
Abrazados, emocionados y enormemente enamorados, abordaron su pasaje, con mil sueños por delante, con todo un futuro y porvenir juntos.
Seis largos meses duró su luna de miel. Meses en los que compartieron muchas vivencias, momentos memorables, risas, enojos, bromas, y hasta enfermedades. A pesar de su embarazo, Candy se sentía más enérgica que nunca, no paraba de correr de un lado a otro, de disfrutar cada rincón del continente que visitaron. Al llegar a Nueva York, Eleonor los esperaba ansiosamente para llevarlos al que ahora sería su hogar. La elegante dama estaba tan feliz al ver a Candy con su notable embarazo de siete meses, se la veía realmente radiante, hermosa. La mirada de Terry emanaba una felicidad nunca antes notable para nadie. Llevaba orgullosamente del brazo a su amada esposa, y en cada oportunidad que tenía, le tocaba gentilmente el vientre pues tal pareciera que tenía una conexión especial con su bebé. Cuando Terry acercaba su mano, el bebé inmediatamente comenzaba a saltar y patear, haciendo doblar a su madre en más de una ocasión debido al dolor.
Llegando al departamento, Terry abrió la puerta ilusionado por mostrarle a su esposa su nuevo hogar, el cual remodeló especialmente para ella y para la familia que formarían juntos, pero horrorizados quedaron al entrar y percatarse que todo allí adentro era desastre, que la histeria de alguien invadió el lugar para dar paso a una sangrienta nota que yacía en la alfombra.
Candy se iba a acercar a tomarla, pero Terry se lo impidió. Lentamente él la levantó y su semblante palideció al leer el contenido.
"Si no es conmigo, es con nadie… nunca permitiré que seas feliz con ella… primero la asesino"
Continuará…
Hola! Espero me disculpen por la demora, es como una ironía pero tengo menos tiempo para escribir durante las vacaciones… espero que este capítulo haya sido de su total agrado, discúlpenme nuevamente y de antemano por no dejar agradecimientos especiales… pero preferí colgar el capítulo lo más rápidamente posible, aún así todas y cada una de ustedes saben perfectamente como las quiero y como les agradezco su tiempo y espacio que me brindan. A todas las lectoras de Fanfiction, Foro Rosa y Facebook… a todas las quiero mil y les agradezco de aquí hasta el infinito! Nos leemos en el próximo!
