ADVERTENCIA – WARNING! – Alto, altísimo contenido sexual. Sí no te agrada este tipo de lectura, abstente, pero como sé que nadie se va a abstener, solo les digo ¡Disfruten de este capítulo final!
CAPITULO XXII. ETERNA FELICIDAD
Una semana después, al fin Candy estuvo de vuelta en casa con su familia. Justo el día en que la dieron de alta en el hospital, Anthony y Archie se retiraban hacia Chicago. Le hicieron una especial visita en el departamento y en esa ocasión se la pasaron de maravilla, un millón de veces más que durante las visitas al hospital. El estar en un ambiente cómodo y privado fue la principal razón. En varias ocasiones Candy regañaba a sus primos por el hecho de que la hacían reír demasiado causándole dolores intensos al sentir que su vientre se rasgaba a consecuencia de la cesárea. Al final del día, lamentablemente los chicos se despidieron, no sin antes hacerles muchos regalos tanto a la madre como a la hija.
Esas primeras semanas en su hogar fueron satisfactoriamente agitantes. La pequeña Karen, quien lucía unos hermosos y enormes ojos azules, les daba mucho trabajo a sus padres. Candy no quería contar con la ayuda de empleadas domésticas, pero Terry insistió en que era necesario, no sólo para ayudar a su esposa a mantener un poco de orden en todo el caos que implica el tener un recién nacido en casa, sino también para hacerle compañía, pues los ensayos de "Hamlet" eran demasiado prolongados.
Gracias a que Terry contrató de tiempo completo a la señora que siempre se encargaba de hacerle el aseo una vez por semana, Candy pudo disfrutar de su bebé las veinticuatro horas del día, sin preocuparse de cosas como si la vajilla estaría sucia, la alfombra necesitaba limpieza, etc. Disfrutaba cada minuto, cada hora en que la alimentaba, cada cambio de ropa y pañales… hasta que llegaba Terry, el feliz papá que corría a su hogar para ayudar a su mujer con la tarea de duchar a la bebé y dormirla.
Muchas personas morían por visitarlos, pero Terry solo permitió que las más allegadas entraran a su apartamento. Eleonor iba casi todos los días. Karen también iba muy seguido, y en cuanto se enteró del nombre de la niña no cupo de la emoción, pensando que no merecía que la tomaran en cuenta para algo tan importante, pero a la vez agradeciéndoles un gesto tan hermoso.
Chicago. Varios días después...
El tren comenzaba a descender su velocidad para parar en la próxima estación. Archie y Anthony se divertían jugando póker, pero en cuanto se percataron de estar tan cerca de su destino guardaron su baraja y se preparaban para llegar. A lo lejos, Anthony pudo visualizar detalladamente la figura de Annie, quien vestía pulcramente como siempre un llamativo vestido largo y un sombrero a juego con éste. Su semblante se palideció y declinó la cabeza pensando y asegurándose de que la morena aún buscaba a Archie. Pero aún así, no comentó nada con su primo.
Segundos más tarde, Archie también la observó.
Hey Anthony! A que no adivinas quien vino a buscarte?
Déjate de bromas! Vio a verte a ti, no a mí.
A mí? Como para qué?
No te hagas! – dijo molesto mientras tomaba su equipaje y se preparaba para bajar.
Caminando por el andén, se dirigían hacia ella, y Archie decidió adelantarse y romper el silencio debido a que observaba a su primo muy confundido.
Hola Annie! Que te trae por acá? – preguntó Archie
Hola Archie – respondió tímidamente – y Anthony vino contigo?
Claro! Allá viene! – lo señaló al mismo tiempo que esbozaba una gran sonrisa – te dejo para que platiques con él! – le guiñó un ojo y emprendió su camino, dejando a Annie muy nerviosa
Hola Annie – preguntó vaciladamente el rubio
Hola! – un rubor tiñó sus mejillas y un brillo en sus ojos se hizo también presente – como te fue?
Muy bien, gracias… ya hablaste con Archie?
Sí, pero se adelantó
Eso hizo el muy grosero? Después de que viniste a buscarlo?
Yo no vine a verlo a él – le evitó la mirada – vine a… a recibirte a ti
Oh! Pues… supongo que debo decir… gracias! Gracias por no olvidarte de los amigos!
No tienes que agradecer… yo…
Ah ya se! Quieres saber si Candy quiere reconciliarse contigo? Le comenté y ella me dijo que…
No! – lo interrumpió – quiero decir… no hace falta que me lo digas pues sé que Candy tiene un corazón enorme y estoy segura que te dijo que si quiere…
Entonces?
Anthony… sé que no es apto de una señorita lo que haré pero… quisiera invitarte a comer! Al mismo restaurant de siempre!
Y yo me pregunto… que tiene eso de malo? Jajaja claro que sí! – instintivamente la abrazó pero pocos segundos después reaccionó y la soltó – lo siento
No hay problema – dijo entristecida
Se dieron la vuelta y caminaron hacia la salida de la estación para dirigirse al centro de la ciudad, pero antes de llegar se toparon nuevamente con Archie, quien le hizo saber a Anthony que él se iría a la mansión aparte. Pero antes de partir, le puso un papel en la mano y le susurró al oído "en privado"
Anthony se encamino entonces a las taquillas para alquilar un taxi y en ese momento aprovechó para leer la nota de su primo.
"Sé que te mueres por ella. Por primera vez en tu vida actúa rápido si es que no la quieres perder. Te lo digo en serio, y de todo corazón"
Tan obvio soy?
Disculpe? – preguntó la cajera
Lo siento! Hablaba solo! – sonrojado pagó el servicio y se llevó a Annie del brazo
Pasaron un momento muy grato en ese lugar, para después dirigirse al parque a platicar por largas horas. De repente el silencio reinó su entorno. Annie no sabía si debía dejar de observar tan minuciosamente al paletero que sonreía a los niños. Pareciera que no hubiera otro punto más interesante que ver en ese entorno, pero sí que lo había. A su lado. Un Anthony muy pensativo que fijaba su mirada al mismo paletero. Sus ojos azul cielo brillaban con peculiar intensidad. Su cabello rubio, que ahora lo llevaba nuevamente corto, se despeinó sensualmente con el viento otoñal. Sus codos los mantenía apoyados sobe sus rodillas, dejando ver lo fuertes que eran. Toda esta maravillosa vista, la observó Annie en un segundo que volteó de reojo, y se decidió a romper el silencio.
Anthony… yo quiero decirte que
Lo sé – la miró con esos ojos penetrantes – sé qué quieres decime… y por consiguiente es mi deber iniciar esta conversación, no tú
A que te refieres?
Lo sabes, Annie… ambos sentimos lo mismo – le tomó delicadamente las manos – y por ello quiero decírtelo directamente… me gustas, Annie… quisieras darme la oportunidad de salir contigo, conocernos más y compartir todo?
Sin saber si reír o llorar, Annie entendió que Anthony le proponía ser algo así como "más amigos", por lo que desilusionada, le soltó las manos y se giró para evitar verlo
Que sucede? – preguntó incrédulo
Yo creía que ya lo compartíamos todo
No seas testaruda! – le tomó el mentón para que lo viera directamente a los ojos – compartimos mucho como amigos, pero yo quiero más! Quiero que seas mi novia, en un futuro deseo que seas mi prometida y mi esposa, la madre de mis hijos y mi complemento hasta que se nos termine la vida…
Es que yo… yo también quisiera pero… lo que sentías por Candy era algo muy fuerte
Escúchame bien, la próxima vez que hablemos de Candy o Archie será únicamente para referirnos a ellos como mis primos y tus amigos, pues eso es lo que son.
Más relajada, sonrió tímidamente
Sí Anthony, sí quiero más, sí quiero ser tu novia, en un futuro tu prometida y esposa, la madre de tus hijos y tu complemento hasta que se nos termine la vida…
Gratamente feliz, Anthony sonrió al escuchar a Annie memorizar su mismo diálogo. Cariñosamente acarició su sonrosada mejilla. Se acercó muy lentamente a su rostro, olfateó su delicado olor desprendido de su cabello y posteriormente, selló ese pacto amoroso con un cálido beso en sus labios en el cual se perdieron durante varios minutos sin importarles estar en un lugar público.
Nueva York. Un mes después…
Es una noche muy especial en la vida de Terry. Pasó toda la tarde concentrándose para dar lo mejor de sí. El telón se abrió para dar inicio a la espectacular obra, la cual toda la sociedad neoyorquina estaba ansiosa de presenciar. La puesta en escena fue asombrosa, las actuaciones perfectas.
La interpretación que majestuosamente Terry hizo del Rey de Dinamarca dejó a la audiencia con un gran sabor de boca, mientras que Karen, dándole vida a Ofelia, impresionó a todos pues su crecimiento como actriz se vio claramente reflejado.
Al finalizar, la gran ovación inundo de aplausos el teatro. Terry Grandhcester atravesaba por la mejor etapa de su vida, tanto en lo personal, como en lo profesional. Al salir del recinto, lo esperaban ansiosamente su esposa y su madre, dos de las mujeres más importantes de su vida. No le sorprendió ver a su madre tan hermosa usando un atuendo de diseñador al último grito de la moda. Pero quedó felizmente impactado con la imagen de su pequeña pecosa, que de pecosa ya no tenía nada ni mucho menos de pequeña. Era una mujer en todo sentido de la palabra. Vestía un sensual vestido rojo entallado completamente. El corsé provocaba que sus senos se vieran más firmes y grandes a través del atrevido escote, acentuaba su delicada cintura y la curva de sus caderas ahora más pronunciadas le hicieron perder la cabeza.
No podía evitar pensar el porqué Candy fue tan cruel al hacerle eso puesto que debido a su reciente maternidad debían respetar su abstinencia, sin embargo, no se limitó a disfrutar la generosa vista que su esposa le regalaba.
Llegando a su departamento, Candy agradeció a su fiel empleada doméstica el haber cuidado a su bebé. La mujer se retiró, y Candy se fue a la habitación alegando que quería ver a Karen, pero le impidió la entrada a Terry.
Descansa en el sofá, cariño, ahora regreso
Está bien – el actor se recostó en el mueble y cerró un momento los ojos, pero de pronto se vio interrumpido nuevamente por la voz de Candy
Ven – le dijo cariñosamente
Terry se levantó sin vacilar para averiguar qué es lo que deseaba su esposa. Para su gran sorpresa, la habitación estaba rodeada de velas y flores. En una esquina posaba la pequeña cuna de su hija quien dormía plácidamente. Terry miró nuevamente a su esposa, quien lo observaba coquetamente e incitándolo al placer.
Eres cruel – le aseguró él
Porqué? – preguntó ella, posando sensualmente recargada sobre el tocador
Te ves mas bellísima que nunca y tengo que restringir mis enormes ganas de tocarte, acariciarte y hacerte mía
Y quien dice que tienes que restringirte? – le dijo provocativamente mientras se acercaba a él contoneándose. Lo abrazó por la nuca y comenzó a darle húmedos besos por todo su rostro hasta llegar a sus labios
Hmm… debo entender que ya podemos? – preguntó Terry aún con sus labios unidos a los de Candy
Sí mi amor…
Y porque no lo dijiste antes?
Candy se estremeció al escuchar el simpático reclamo de su esposo. Aun llenándolo de besos, lo invitó a acostarse en el lecho matrimonial. Terry accedió a regañadientes pues no le gustó apartar las manos del sensual cuerpo de su esposa. Para su gran sorpresa, su mujer se había vuelto muy atrevida de un tiempo acá, pues sin rastro de timidez, comenzó a quitarse el vestido delante de Terry. Bajaba el largo cierre al costado de su entallado vestido. Al quedar flojo, se lo quitó por completo, dejando a la vista un sexy atuendo color negro que consistía en un diminuto corsé, un atrevido bikini ajustado con unos sensuales ligueros. Un atuendo que lógicamente escandalizaría a cualquiera debido a la época, pero en lugar de ello, Terry lo agradeció un millón de veces al cielo, la sonrisa dibujada en su rostro en ese momento reflejaba lo valioso que era para él ver a su mujer así. Por lo que decidió ponerse más cómodo y observar detenidamente cada movimiento de Candy.
Lenta y sensualmente se fue acercando a su marido, y lejos de lo que él pensara, comenzó a desnudarlo con desesperante pereza, pero cada que descubría alguna parte de la piel de Terry, se detenía especialmente para posar cálidos y húmedos besos, en todas partes. Pero al final dejó lo mejor. Ya teniéndolo en calzoncillos, estando encima de él y repartiéndole besos en el cuello, su mano inquieta acariciaba y frotaba su miembro erguido, hasta que Terry no soportaba mas tortura y con su mano, suavemente, empujaba la cabeza de su esposa hacia esa parte de su cuerpo. Ella lo volteó a ver incrédulamente, preguntándole con la mirada qué pretendía hacer.
Tu lo has provocado pecosa, ahora no te hagas la inocente y deja de tortúrame!
Candy soltó sonora carcajada y aún estando completamente sonrojada le preguntó
Te estoy torturando? Tu expresión me dice lo contrario… Terry mi amor… no hay nada que no desee hacer contigo…
Ahora sí, apresuradamente, regó un camino de besos por todo su pecho hasta llegar a su abdomen, y finalmente, a su exquisito miembro que la esperaba ansiosamente. Posó sus labios alrededor de él, con movimientos novatos y suaves al principio lo enloqueció. Muy firmemente lo succionaba y humedecía, hasta que él llegó al éxtasis ahogado de placer, pero ella apenas había comenzado. Se levantó presurosamente, después invitó a Terry a hacer lo mismo y le posó ambas manos en sus senos a través del corsé, incitándolo a tocarla, a desnudarla. Terry además de desgarrarle la poca ropa que portaba, los besó, mordisqueó y lamió haciéndola gritar y perder la razón.
¡No puedo esperar más! ¡No quiero! Hazlo ya! – le imploraba
Ahora quien tortura a quien, pecosa? – le susurraba en los labios con la respiración entrecortada
Ella frotaba su entrepierna sobre el miembro de su marido que nuevamente estaba listo y preparado para la acción. Terry optaba por hacerla sufrir un poco, pero en realidad él estaba tan desesperado como Candy en hacer el amor durante toda la madrugada. Sintiendo la humedad de ella tan cerca de su cuerpo, la despojó de esta última prenda y sin previo aviso la embistió con fuerza, sus movimientos candentes y enérgicos hacían que su mujer se le aferrara en dulce abrazo, pero firme. El excitante vaivén los hizo gemir con locura, se unían aún más con apasionantes besos y caricias. Terry le tomaba los muslos, apretándolos mientras le acomodaba ambas piernas sobre sus hombros. No paró ni un momento en mover sus caderas, en hacerla suya de una forma tan dulce y apasionada a la vez, tan excitante y placentera.
Te amo! – le gritó Candy en cuanto sintió la excitación de su esposo en su profundidad
Tú me encantas – le dio un beso – me fascinas – le dio otro beso – y te amo más que a mi vida – le posó un último beso en los labios aún con la respiración agitada.
Acariciaba su menuda espalda deliciosamente empapada en sudor. Con su boca ambos se repartían besos en el rostro y cuello, ocasionando que la llama de la pasión se volviera a encender y así, entregarse nuevamente al amor.
Una hora más tarde, quedando placenteramente exhaustos, Karen se despertó a llanto tendido. Terry se levantó de inmediato para ver que necesitaba su bebé, la arrulló un momento pero no se calmaba.
Me parece que tiene hambre – le dijo a Candy
Tráela aquí! – le extendió los brazos, se acomodó a su bebé para amamantarla en la cama y así poder dormir profundamente.
Al siguiente día, la hermosa familia compartía el desayuno. Karen aún estaba muy pequeña, pero de igual manera acompañaba a sus padres acomodada en su porta bebé.
El portero llamó a la puerta con correspondencia en mano que Terry recibió. Habiéndole agradecido revisó cada uno de los remitentes.
Pecosa! A que no adivinas quien te mandó carta?
Albert! O no, el me escribió hace poco… Archie! Si debe ser Archie o Anthony! – exclamó feliz
Chécalo tú misma! – le entregó el sobre
Annie! – gritó de alegría mientras no se esperó para rasgar el sobre y devorar el contenido.
"Querida Candy. Me disculpo de antemano si es que tardé mucho en escribirte… en realidad, no encuentro aún las palabras exactas para dirigirme hacia ti. No sé si esté de más decirte que a pesar de todo has sido la mejor amiga que he tenido en la vida, y por ello, te quiero muchísimo. Me duele mucho aún todo lo que ha ocurrido, sin embargo, ya ambas tenemos nuestras vidas hechas y no queda más que olvidar ¿estás de acuerdo? Me da mucho gusto que al fin estás junto a Terry, al verdadero amor de tu vida. También me muero de ganas de conocer a tu hija! Anthony me dijo que se llama Karen y está preciosa! Bueno, en realidad esto último no lo dudo. Y hablando de Anthony… no sé exactamente explicarte como pasó pero, me enamoré perdidamente de él… ha sido tan generoso y amable conmigo que no lo pude evitar… y desde hace un mes estamos oficialmente comprometidos… y estoy tan feliz! Ya te imaginarás como reaccionó la tía abuela! Pero aún así lo aceptó. Nos casaremos en seis meses! Y nos honraría enormemente que tú y tu hermosa familia acudieran a nuestra boda. Por otro lado, Archie también se casará pronto! Aunque me imagino que no tardó en informártelo. Me alegra mucho verlo tan feliz, Flammy es una gran chica y sabes? Desde hace unos días nos hemos vuelto inseparables! Ahora me siento mejor conmigo misma al haberte enviado estas líneas… espero que nos veamos muy pronto y compartamos inolvidables momentos como en los viejos tiempos. Te quiero, Candy. Con cariño, Annie Britter."
Candy terminó de leer la carta en voz alta. Terry no ocultaba su pícara sonrisa.
Así que la "tímida" y el "musculitos" se casan!
Terry! Llámalos por su nombre!
Jajajaja lo siento amor! Pero yo casi juraba que tu amiga se quedaría con el elegante!
Archie nunca la vio como mujer… en fin! El está con Flammy! Tenemos dos bodas pendientes!
Nunca la vio como mujer? No se supone que tu lo terminaste porque él y Annie…
No quiero hablar de eso!
Está bien! No te enojes pecosa! Claro que iremos a esas bodas! Deberían de hacerlas el mismo día pues va a ser complicado viajar tanto – Terry detuvo su plática al notar que Candy lo miraba molesta – sí! Si iremos!
Ah! Solo falta Albert para encontrar a su pareja ideal! Él es el más grande y el último que permanecerá soltero!
Segura que no ha encontrado a nadie?
No me ha comentado nada, porque lo preguntas?
Bueno, es que el día de nuestra boda no sé si te fijaste que había una chica a la cual no se le despegaba!
Bárbara?
No sé como se llame pues estabas tan emocionada con la boda que no te tomaste la molestia de presentarme a mucha gente!
Oh! – se sonrojó en exceso – en serio eso hice?
Jajaja era broma mi amor! Pero creo que sí, es una chica muy alta, rubia y se ve algo mayor
Sí! Es Bárbara, es la sub directora del hospital Santa Juana, ella conoció a Albert desde aquella ocasión en que llegó al hospital con amnesia. Posteriormente los presenté formalmente… pero ahora que lo mencionas… sí, los vi muy juntos! Y no es muy mayor! De hecho tiene la misma edad de Albert! Ay Terry! Ahora que hablamos de esto no sabes cómo me encantaría saber a Albert casado y feliz!
Él es feliz aunque no esté casado, pecas
Ya lo sé! Pero no sería maravilloso?
Desde luego – le sonrió tiernamente – pues estar casado con la persona amada es lo mejor que nos puede pasar en la vida – le afirmó sin dejar de mirarla a los ojos – te amo, Candy, no puedo dejar de decírtelo y demostrártelo cada día…
Se fundieron en un sensible beso lleno de pasión y romanticismo, hasta que Karen los interrumpió aventando su chupón, acción que muy lejos de molestarles, les causo infinita gracia.
Tres meses después…
El tren arribó a la estación y lentamente los pasajeros salían de sus respectivos vagones. Albert visualizó de inmediato a la familia que esperaba ansiosamente. Se acercó muy contento a saludar a sus visitantes. Candy irradiaba felicidad en cada poro, se le colgó del cuello en un sincero abrazo. Por su parte, Terry traía consigo a Karen, quien permanecía dormida. La bebé ya casi alcanzaba los cinco meses de edad, era una bebé muy hermosa y regordeta. Su cabello ya empezaba a crecerle, unos espectaculares risos como los de su mamá, pero castaña como su papá.
Oh que lastima que venga dormida! – exclamó Albert – es una belleza! – mientras alagaba a la niña la cargó en brazos
Y eso que no has visto que hermosos ojos tiene!
Recuerdo que los tiene azules
Así es, pero ahora se le notan más
Es un angelito! – Albert no podía evitar mirarla con ternura y admiración
En el automóvil, Terry y Candy deducían que se dirigirían al hotel en el que duraría su estancia en Chicago. Enorme fue su sorpresa cuando el auto de Albert se estacionó a las afueras del edificio donde anteriormente Candy rentaba su departamento.
Que hacemos aquí Albert? Hace casi un año que entregué este departamento… parece que lo olvidaste!
No lo olvidé pequeña, subamos – les dio la indicación
Se adentraron al pequeño y acogedor hogar y Candy no pudo evitar expresar su asombro
Albert! Luce exactamente igual que cuando lo dejé!
Así es – le extendió una llave en la palma de su mano – desde ahora eres la propietaria de este inmueble
Qué? Lo has comprado?
Para ti, hermosa. Sé que este lugar guarda hermosos recuerdos para ti y quiero que tú seas la dueña. Cada vez que visiten Chicago no se tendrán que molestar en alojarse en incómodos hoteles.
Pero… Albert, es que me has hecho infinidad de regalos tan costosos que ahora no puedo aceptar…
No acepto negativas de tu parte, pequeña! Todo lo que te obsequio lo hago con infinito cariño y respeto, porque te adoro!
Oh Albert… muchas gracias! – le regaló otro abrazo muy fraternal que Albert aceptó gustoso
Los tres acompañantes tomaron asiento y se dispusieron a almorzar mientras se ponían al tanto de sus vidas. Al día siguiente se celebraría la boda de Archie con Flammy, ceremonia en la cual Terry y Candy serían los padrinos.
La boda se llevó a cabo en una sencilla pero acogedora capilla de la ciudad, puesto que Flammy no deseaba nada ostentoso. Estaba acostumbrada a la sencillez y ya de por si todo el lujo que le ofrecía su futuro marido era tan deslumbrante, que prefirió una boda elegante pero sencilla para así sentirse con más confianza. Archie está tan enamorado de ella que si incluso le pidiera que se fueran a vivir a los suburbios bajos de la ciudad lo haría encantado. Pero no, él compró una acogedora casa muy cerca del Hospital Santa Juana. Una casa amplia, bonita, ideal para unos felices recién casados con anhelos de formar una familia y con mil sueños por delante.
La ceremonia fue bellísima, la pareja destilaba tanto amor que no pasaba desapercibido por los presentes, convirtiendo el momento en algo mágico.
Sucedió el primer encuentro entre Annie y Candy después de mucho tiempo. Las amigas no se dijeron nada, solo se abrazaron, lloraron y reforzaron su amistad. Annie quedó fascinada con la hija de Candy, no se cansó de alzarla, besarla y jugar con ella.
Esa noche, los recién casados partieron a Canadá, donde pasarían dos largos meses de luna de miel, y así, tener el tiempo suficiente para viajar nuevamente a Chicago a presenciar la boda de Anthony y Annie.
Terry y Candy siguieron con sus vidas normalmente. Y muy pronto llegó el gran día de esa esperada boda, tres meses después, y nuevamente viajaron a Chicago.
Karen, a sus escasos ocho meses de edad era un torbellino y Candy tuvo que luchar demasiado para que la pequeña no cometiera diabluras, a pesar de que aun no caminaba, pero se escabullía fácilmente de los brazos de sus padres para gatear y romper todo a su paso. Pero era una bebé tan hermosa que todos los invitados, en lugar de molestarse, la cargaban y jugaban con ella, y hasta se turnaban para cuidarla y así, sus padres pudieran tener un momento solos para bailar.
Anthony y Candy estrecharon mucho más su relación. Ya no quedaban rencores, ni dejos de amor o ilusión, solo lindos y memorables recuerdos que se atesoran en la memoria. Por su parte, Elisa no acudió a la boda primeramente porque desde hace mucho tiempo que ella y Annie no se dirigían la palabra, y la segunda razón fue porque hizo el berrinche del siglo al saber a las "huérfanas de pony" casadas con hombres guapos y adinerados, hombres a los que deseó en su momento.
Esa noche los ahora recién casados se quedaron alojados en la mansión pues estaban exhaustos, aunque Anthony deseaba hacer algo más que solo dormir. Él no satisfacía sus deseos sexuales desde que regresó huyendo de México, pero sabía muy bien que ahora sería totalmente distinto y mejor. Siempre mantuvo sexo por sólo placer, y ahora estaba tan feliz pues no solo se iba a satisfacer, sino se iba a entregar por completo, con amor, entregando el alma y el corazón. Por su parte, Annie moría de miedo. Su única y vergonzosa experiencia en el sexo la asustó demasiado pues la pasó muy mal. Se hizo la desentendida pero esta acción no pasó desapercibida por su ahora esposo, quien la acunó tiernamente y le hizo el amor de una manera apasionante y delicada.
Estando nuevamente en Nueva York, Candy y Terry agradecían tanto a la vida por todo lo que han obtenido. Su hija gozaba de estupenda salud mientras que la carrera de Terry se elevaba como la espuma. Por otro lado, Candy había conseguido un trabajo de medio tiempo en un hospital público. Todo lo llevaban de maravilla excepto por un detalle: el caso de Susana. La prensa los acosaba constantemente con ese tema, y a pesar de que Terry ya había ofrecido en su momento las declaraciones pertinentes, la prensa seguía insistente, y no era para menos.
Susana había intentado suicidarse en tres ocasiones más durante su estancia en prisión. Por ese motivo, la trasladaron a un hospital psiquiátrico. Ella siempre alegaba que el motivo de su desgracia tenía nombre: Terrence Grandchester. Por ello la prensa no dejaba de acosar a la familia Grandchester, pues mucha gente creía que la víctima en esta historia es Susana.
Los comentarios y habladurías no les importaban en lo más mínimo a Candy y a Terry, sin embargo, les molestaba enormemente que su pequeña hija se viera embarrada en todo este asunto.
El psiquiatra que atendía el caso de Susana entendía muy bien las preocupaciones de Terry, por lo que se ofreció a dar una conferencia de prensa al lado del actor sobre la salud mental de la chica y con esto, lograr que Terry saliera bien librado del problema.
A pesar de todo esto, Terry seguía sintiendo un hilo de compasión por ella, pues jamás podría borrar de su memoria el hecho de que Susana alguna vez le salvó la vida y a consecuencia perdió una extremidad, a pesar de que después intentó asesinar a su esposa e hija, pero él, como un hombre que siempre se caracterizó por ser noble, no le guardo odio por ello pues también entendía que estaba fuera de sus cabales. Agradecía a Dios el hecho de que nunca abandonó a su familia y por ende no les sucedió nada grave. Sus seres queridos le hicieron saber muchas veces que él no fue culpable del terrible accidente que años atrás sufrió Susana, por fin lo entendió y se liberó de ese peso, sin embargo, para sentirse en completa paz decidió hacerse cargo de una parte de los gastos que generara el tratamiento psiquiátrico de Susana. Los doctores auguraban buenas noticias para la actriz, lo malo es que ella no mostraba interés por sanarse. Su madre no visitaba el manicomio, pues la única vez que lo hizo, fue víctima de la histeria de su hija. Los doctores le hicieron saber a la Sra. Marlow que para la recuperación de su hija era importante su presencia y apoyo, sin embargo, la mujer, tan ignorante de los padecimientos psiquiátricos, se asustó y dejó todo en manos de los especialistas, erróneamente pensando que ese es su trabajo y deber.
Siete meses después.
Terry pidió el día en su trabajo. Robert no tuvo ningún inconveniente en otorgárselo puesto que sabía que Terry no necesitaba de ensayar tanto. Corrió a su departamento, ya había quedado anteriormente con su madre de ese día recoger a la niña de la estancia infantil, por lo que Candy, saliendo del hospital, se dirigiría a su hogar.
Cuando la pecosa al fin llegó, acomodó sus llaves, se quitó el abrigo y se fue a su recamara. En la cama encontró una enorme caja con una nota. Se apresuró a leerla.
"Mi esposa hermosa, con motivo de nuestro segundo aniversario de bodas te regalaré un día increíble. Usa lo que hay en la caja. A las 3:00 en punto pasará por ti el mayordomo de mi madre y te traerá conmigo. Recuerda que te amo"
Candy abrió la caja y allí había un casual vestido color negro, con zapatos y bolso a juego. Se puso muy feliz y se apresuró a ponerse lista para la ocasión. Se maquilló un poco y recogió su cabello en un elegante bucle.
El automóvil pasó muy puntual por ella y la dirigió a un enorme edificio de la ciudad. El chofer le abrió la portezuela caballerosamente y la acompañó hasta el último piso de ese edificio. Tocó el timbre tímidamente y la puerta se abrió por sí sola.
Entró caminando lento y de inmediato se percató que se encontraba en un pent-house. A su derecha se visualizaba una cama King size bellamente adornada con un sutil ramo de flores. A su izquierda había un pequeño bar y enfrente se visualizaba el balcón, con un amplio espacio en donde cabía un pequeño comedor y una alberca. Esto es lo que se notaba a simple vista, pero pensó que el lugar debería ser más grande puesto que había unas cinco puertas.
Salió al balcón que otorgaba una grandiosa vista de la ciudad. Allí yacía esperándola Terry, vestido sencillamente con una camisa blanca y un pantalón marrón, su cabello perfectamente restirado y sujeto de una coleta. Se miraron a los ojos y ambos quedaron encantados con la vista que su pareja les ofrecía.
Terry le regaló una de sus tantas sonrisas arrebatadoras que la hacían perder la conciencia y la invitó a sentarse. En el pequeño comedor había una botella de vino y de pronto se apareció un mesero sirviéndoles la suculenta comida. Platicaron como lo hacían normalmente, sobre cómo les había ido en el trabajo ese día y Candy terminó por enterarse que Terry no acudió a su ensayo pues estuvo muy ocupado preparando esa especial celebración. Cuando terminaron de ingerir sus alimentos bebieron del vino no sin antes brindar.
Por nosotros, por nuestra familia, porque siempre estemos unidos y nuestro amor se mantenga así de hermoso y fuerte. Feliz segundo aniversario, mi amor – expresó Terry
Por nuestra felicidad, porque nuestros sueños y anhelos se hagan siempre realidad. Feliz segundo aniversario y salud! – exclamó felizmente Candy
Terminando de brindar los felices esposos bailaron varias melodías, disfrutando del momento a solas y de la maravillosa vista que solo convertía el momento en algo más hermoso de recordar.
Varias horas después de comer, bailar, platicar y besarse, Terry tomó la palabra para decirle algo importante a su esposa.
No creas que aquí se queda nuestro festejo, pecosa. Te quiero hacer un regalo muy especial.
Tú eres mi mejor regalo!
Ya lo sé!
Ah engreído! – le dijo graciosamente
Bueno, aparte de mi… que te aseguro, me tendrás para toda la vida, te hago entrega de esto – le posó una pequeña caja de terciopelo en la mano – ábrela
Unas llaves? – preguntó Candy al ver su peculiar regalo.
Son las llaves de este lugar
Qué?
No me mires así pecosa! Compré esta propiedad porque es mucho más grande que nuestro actual hogar, quiero que estemos más cómodos, que mi hija tenga enorme espacio para jugar y hacer sus diabluras en esta alberca y además, quiero muchos más monitos pecosos rondando todo este lugar, que te parece?
Tengo que objetar!
Cómo? – preguntó entristecido
La cama está muy a la vista, desearía que arregláramos ese detalle pues si quieres muchos monitos pecosos no nos pueden estar viendo allí!
Terry soltó la carcajada ante el buen humor de su esposa
Pero claro que arreglaremos eso! Es más, la habitación debe estar a prueba de sonidos pues eres muy escandalosa!
Oh Terry!
Niégalo! – no podía controlar su risa
No! Pero te encanta! Es más… yo también te tengo un regalo muy especial
En serio? – le preguntó ya sin reírse – muero por saber que es!
Ven – lo tomó de la mano y lo jaló hacia la cama
Atrevidamente lo besó y comenzó a despojarlo de la ropa, mientras ella lo incitaba a él a hacer lo mismo con su vestido. Cayeron abrazados a la cama sin separarse de su apasionado beso. Las caricias se hicieron más exigentes y llegó el preciado momento de entregarse al amor.
El momento duró por más de media hora entre jadeos y enérgicos envites, cuando al fin Terry dio por acabado el acto mientras ahogaba un grito de placer, pero no contaba con la sorpresa que su esposa le daría justo en ese momento de éxtasis.
¡Seremos nuevamente padres!
Terry la observó con infinita ternura al mismo tiempo que pensaba en lo afortunado y dichoso que es.
Continuará…
Antes que nada, mil disculpas por la tardanza. Espero este final haya estado a la altura de sus expectativas muchachas! Les agradezco de aquí hasta el universo y de regreso su valiosísimo tiempo que me regalan en leer y comentarme.
A cada una ya les agradecí y comenté, en fanfiction puse unos reviews, en el foro rosa y en facebook también les comenté y agradecí.
Nos leemos en el epílogo!
