House y Wilson no me pertenecen, son de David Shore, Bad Hat Harry y Fox. No cobro por escribirles y sé muy bien que son de ellos y no míos.

PASTILLAS PARA EL DOLOR

Wilson firma las recetas. Mira las pastillas, las manos de House abriendo el frasco, un par sobre la palma, un movimiento rápido a la boca. A veces ignora la imagen que ve, llevado por la misma inercia con que House se las toma. A veces siente un pinchazo de dolor, un dolor distinto al que mueve a House.

Se lo traga, lo adormece, como él.

Wilson ve entrar y salir a las prostitutas por la puerta. Ve entrar y salir a los pacientes de House del hospital. Ve a House entrar, sin llamar, y salir, sin despedirse, de su despacho; siempre la frase ingeniosa y la mirada inquisitiva. Ve pasar con los días cada cotilleo que obsesiona a House, siempre interesante sólo hasta que descubre la historia completa. El mismo patrón en todo, como los culebrones de la tele: la repetición de intrigas que interesan hasta que se gastan. El puro entretenimiento en la distracción.

Todo es una droga, todo es una pastilla, algo tan pequeño e insignificante. A veces Wilson cree que nadie sabe cómo sería el dolor de no usar un bálsamo, de no atenuarlo con lo que sea.

A veces Wilson cree que House tiene razón. En algo. No sabe en qué. En algo respecto a eso de que las pastillas quitan el dolor y punto, no hay que darle más vueltas. Son como todo.

A veces se lo discute, nunca gana en la discusión. Quizá porque House tiene una cojera como excusa, algo visible para los demás.

"No eres el único que siente dolor."

"Ya, pero soy el único que siente mi dolor."

"O sea, como todos."

"Por supuesto."

A veces piensa que House es particularmente honesto consigo mismo, otras que es particularmente cobarde.

A veces desea sacudirle por los hombros y decirle cosas, que no servirán de nada, que no cambiarán nada, que no significarán nada para House.

Cosas sobre no depender de analgésicos, sean los que sean. Drogas, sean las que sean.

Y, a veces, en medio de una discusión, Wilson se da cuenta de que ni siquiera sabe por qué siguen discutiendo. Es poco menos que imposible hacer cambiar de opinión a House. No tiene sentido intentarlo. Rara vez House le hace cambiar de opinión a él. Igual han discutido el mismo tema decenas de veces.

Pero continúan.

Es definitivamente mejor que otros bálsamos.

Y continúan.