Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.
Capítulo 17
Bella
La mañana estaba pasando absurdamente lenta.
Había pasado media hora que se fueron los únicos comensales del restaurante. Lo que tenía a Harry muy impaciente entrando y saliendo de su oficina.
— ¡Maldita sea con ustedes! —Exclamó al vernos conversando en voz baja—. ¡Dejen los malditos chismes y pónganse a trabajar!
Jacob puso los ojos en blanco y volvió a la cocina al tiempo que yo seguía arrastrando el pañuelo por la superficie perfectamente limpia.
Lo escuché gruñir detrás de mí. Pero al seguir dándole la espalda e ignorar su presencia volvió de nuevo a su oficina.
— Maldito anciano —masculló Rose cruzando los brazos sobre su pecho— todo le molesta.
— ¿Has hablado con Royce? —Pregunté casual.
Rose se había vuelto hermética con respecto a su vida. Cada vez que Jacob y yo tocábamos el tema ella prefería guardar silencio.
— Bella, tal vez pienses que soy una perra infiel y sin sentimientos, puedo asegurar que no es como te has imaginado.
— ¿Y cómo es?
Rose me dio una media sonrisa.
— Cuando me sienta segura serás la primera en saber todo.
— ¿Segura de qué?
— Ya te contaré —se limitó a decir. Luego movió su mentón señalando la puerta había llegado un cliente.
Mi estómago se revolvió al ver de quien se trataba.
Lo vi entrar al establecimiento y pude sentir cómo la sangre hirvió dentro de mí. Esa sensación de malestar se instaló en la boca de mi estómago.
Él, por supuesto, no dudó en acercarse apenas me vio; con semblante burlón y caminar pretencioso llegó a la barra donde estaba atendiendo.
No se molestó en quitar sus gafas de sol.
― Rose, ¿puedes atender al señor? ―Le pedí que lo hiciera porque no estaba dispuesta a ser cordial. La rubia asintió mientras limpiaba una mesa frente a mí.
― ¿Tanto repudias tu trabajo que no puedes hacerlo tú?
Lo miré; sus labios tenían una sonrisa cínica.
― Aquí no eres bienvenido, Mike. ―Usé el tono más amable que tenía, lo que menos quería era hacer un escándalo en mi lugar de trabajo.
― Quién diría que Isabella Swan se volvería una mujer amargada ―expresó― supongo que tiene que ver con el tipo con el que vives ¿no?
― Ese tipo como tú le llamas, es mi esposo.
― Es bastante rudo ―masculló―, yo no quise ensuciar mis manos en él.
Reí de buena gana. Podía intuir el miedo en sus palabras.
Mike se dio cuenta y recompuso su postura.
― ¿Cuál es tu coraje hacia mí, Bella? Me odias como si yo hubiese tenido la culpa que salieras embarazada, quién no se cuidó fuiste tú.
Restregué el trapo húmedo en la superficie con suficiente fuerza. No quería responder lo que se merecía.
― A veces creo que tu dolor es porque no me casé contigo ―continuó―. Tal vez te quedaste esperando que apareciera en la puerta de tu casa con un ramo de flores y te pidiera perdón. ¿Me esperaste, Bella? ¿Pensabas que iba a volver?
― ¡Cállate! ―Exhalé, golpeando mis puños en la mesa, sentí tanta rabia que quería sacarlo con mis propias manos del lugar―. Quiero que te largues y no vuelvas nunca a la vida de nosotros.
Él rio.
― Créeme que a ti no tengo ganas de verte, pero a mi hijo ―guardó silencio― puede que cuando él tenga más edad y yo sea un anciano decrépito, lo busque. Eso hacen la mayoría de los padres que dejan a sus hijos, ¿no?
Abrí y cerré mis manos. Tenía unas ganas inmensas de golpear su rostro. Sin embargo, podía intuir el nulo interés en querer saber de mi hijo y eso me causaba curiosidad, ¿qué hacía aquí? ¿Con qué propósito vino?
— No puedes acercarte a Matthew —le recordé casi en una amenaza.
— Tengo una duda —susurró burlón al recorrer mi cuerpo con su mirada.
Exhalé suavemente y lo ignoré, ocupándome con los comensales que habían entrado detrás de él. Rodeé la barra y me dirigí con las personas mayores que me sonreían.
Las llevé a una mesa y volví por el mismo lugar que Mike estaba. No esperaba que él hubiera tirado de mi mano.
Me paralicé.
— ¿Qué demonios...? —Masculle, intentando zafarme.
— Estuviste esperándome —dijo— tu nerviosismo demuestra que no pudiste olvidarme.
— ¡Suéltame! —forcejee—. Eres un idiota, Mike.
— Idiota o no, fui quien te desfloró.
Estreché mis ojos y la rabia fluyó en mi cuerpo. Estrellé fuertemente la palma de mi mano en su rostro.
Mike sacudió la cabeza visiblemente enfurecido. Me tomó con fuerza de los brazos mientras yo intentaba alejarlo.
— ¡Largo de aquí maldito zoquete! —Harry tiró con fuerza de la cazadora que Mike vestía llevándolo a jalones hasta la puerta—. No vuelvas nunca, si no la próxima descargaré mi pistola en tu cabeza.
Rose se acercó y miraba mis brazos asegurándose que estuviera bien. En cambio mi vista estaba en la entrada del restaurante donde Harry trataba a Mike como si fuese títere. Cerró la puerta de cristal en la cara enrojecida de Newton.
— Si regresa ese malnacido, me avisas —gruñó Harry volviendo a encerrarse en la oficina.
Él ahora era mi héroe, solo que a Harry parecía no importarle.
Gracias —susurré en mis pensamientos.
— Bella, ¿estás bien? Pareces en trance, nena.
Asentí a la pregunta de la rubia. A mí aún no me salían las palabras.
— Mike es un completo imbécil —logré articular mientras Rose arqueaba una ceja.
— Los años a Mike no le han servido de mucho —dijo Rose volviendo a sus ocupaciones.
Me quedé pensativa, tratando de asimilar lo que acababa de pasar.
Edward
— ¿Por qué no podemos ordenar la cena, papá?
Era la quinta vez que Ariel se quejaba en la tarde. Estábamos cocinando salmón en crema de chipotle y arroz al vapor. No éramos los mejores cocineros, aunque admitía que nos estábamos divirtiendo, no importaba el desastre que habíamos hecho.
Eché un vistazo: todos los cajones abiertos, desorden por doquier y la encimera cubierta por platos y sartenes.
— Cocinar nos ayuda a formar vínculos —susurré, no muy convencido.
— ¡La ensalada está lista! —Anunció Matt.
Su tarea había sido lavar la ensalada de lechuga que venía en bolsa. Él mismo se había encargado de servirla en un tazón y agregar los mini tomates.
— Bien. Hemos logrado terminar la cena —les dije.
Ariel chocó su puño con el de Matt. Ambos se veían felices y satisfechos por haber contribuido a preparar la cena.
— ¡Llegó mamá! —Matt salió corriendo fuera de la cocina.
Asomé la cabeza y miré hacia la entrada: Bella esbozó una enorme sonrisa al ser recibida por Matt con un fuerte abrazo.
— ¿Qué es ese olor tan delicioso? —preguntó al llegar con nosotros.
Besó mis labios y luego la mejilla de mi hija. Sabía que su mirada estaba sobre todo el desorden que había.
— Papá nos obligó a cocinar —expresó Ariel burlonamente.
Bella giró su cabeza hacia mí. Sus cejas estaban muy juntas.
— No quería que llegaras a cocinar —le dije—. Queríamos sorprenderte.
— Gracias —susurró—. Me han dado una hermosa sorpresa para un día agotador.
— ¿Quieres contarme? —insté.
— Primero cenemos —respondió Bella.
Matt fue el primero en contar su día. Un niño de seis años, hablando de las innumerables páginas de tareas sobre matemáticas, comprendía su estrés. En cambio Ariel hablaba de las nuevas clases de música que ella iba a tomar para los siguientes meses, dos conversaciones tan diferentes, pero igual de importantes para ser escuchadas.
.
— Estuviste muy callada en la cena —llevé los brazos detrás de mí cabeza y la observé. Bella se había sentado en medio de la cama mientras cepillaba su largo cabello; recién duchada, vestía un corto camisón que apenas cubría sus muslos.
— Antes, dime: ¿no serás un energúmeno?
Hice una mueca y ella exhaló.
— No prometo nada.
— Mike fue al restaurante.
Rápidamente me senté, apoyando la espalda en la cabecera de la cama.
— Otra vez ese idiota. ¿Te molestó? —Mi voz era un tono más fuerte, realmente estaba tratando de controlar el coraje que provocaba escuchar de ese tipo—. Por favor, cuéntame.
— Mike no tiene ningún interés en Matt —articuló, llevando algunos mechones húmedos detrás de sus orejas.
— ¿Por qué lo dices? —El apacible tono de su voz me preocupó. Sentado en la cama flexioné las piernas.
— Porque no soy tonta. Es obvio que Mike no regresó por mi hijo —guardó silencio algunos segundos y luego de fruncir las cejas me miró—. Se nota el desinterés que tiene. Puedo jurar que él está aquí solo para molestar y no por otra cosa.
Aclaré mi garganta. Era tiempo de hablar con ella y decirle lo que hace días había pasado con mi madre.
— Fue mi madre la que lo hizo venir —revelé avergonzado.
Los ojos marrones de Bella se abrieron enormes. Rechinó los dientes al tiempo que golpeaba un puño en el colchón.
— ¿Cómo lo sabes?
Exhalé suavemente. Empecé a jugar con los dedos de mis manos para distraerme.
— Porque ese día que vino mi madre la confronté al darme cuenta que ella sabía más de lo que imaginaba.
— Es decir, lo sabías y no me dijiste nada, ¿por qué, Edward? ¿Por qué callarte? —se bajó de la cama y llevó las manos a su cintura mientras esperaba mi respuesta.
— Decidí no hablar del tema porque seguías muy nerviosa —expliqué—, no quería alterarte, Bella. Así que preferí que pasaran unos días más para ver cómo seguías.
— Quiere decir que si no te digo que hoy vi a Mike, tú hubieras seguido callando, ¿no?
— ¿Quieres bajar la voz? —pedí—. No empezaremos una discusión por terceros.
Sus ojos brillaron, contenidos de furia.
— A veces me pregunto: si fuese mi madre la que estuviera creando problemas entre nosotros, ¿actuarías igual? Tan condescendiente.
Alargué mi mano hacia la suya y la acerqué rodeando su cintura con mi brazo.
— Entiendo tu coraje —murmuré—. Y sé que he sido un imbécil por permitir que Esme y Chelsea se metieran entre nosotros, mi error fue no imponer límites, lo reconozco.
Llevé mis dedos bajo su mentón y la hice mirarme. Ella seguía enojada y como muestra su labio inferior sobresalía haciéndome ver que no quería que la tocara.
»Hablé con mi madre y le pedí que se mantuviera lejos —proseguí—. No estoy dispuesto a perdonar lo que nos ha hecho, porqué el traer a Mike y contarle sobre nosotros, sobre todo tratándose de Matt, fue una bajeza. No pienso perdonarle una falta así.
Los ojos de Bella se humedecieron. Estaba a punto de llorar.
— Estoy tan cansada —musitó— asqueada de tu ex, de tu madre. Quiero vivir tranquila, Edward. Simplemente no quiero verlas ni hablar de ellas.
Se tumbó a mi lado, acurrucando su cuerpo en mi costado mientras mis brazos la envolvían con protección.
— ¿Ese tipo no intento nada contigo?
— Es un idiota que Harry puso en su lugar, lo sacó a empujones del restaurante —soltó una leve risa que enseguida se apagó—. Ojalá no vuelva nunca.
— No quiero verte abrumada, no más —besé su cabello—. Es por ello que he pensado poner distancia de este pueblo.
Bella levantó su rostro y me miró confundida.
— ¿Qué quieres decir?
— Vámonos de aquí.
— ¿De Forks?
— Sí. Podemos vivir en Seattle en lo que termina mi contrato. Ariel toma sus clases de música los fines de semana ahí. Podríamos vivir en el apartamento que arriendo en la ciudad o buscar algo más amplio.
— ¿Y sus clases? ¿Qué pasará con sus escuelas?
— He leído un poco y creo existen las clases en línea —encogí mis hombros— podemos ver otras escuelas si ellos lo prefieren.
— Creo que... —dudó, al tiempo que mordía su labio inferior— lo más conveniente es hablarlo con ellos.
— No quiero dejarlos solos, Bella. Me niego a seguir estando separados de ustedes y pensé que podíamos vivir juntos.
Bella arrugó la frente, manteniéndose pensativa y me regaló una débil sonrisa. De un brusco movimiento salió de mis brazos y se sentó encima de sus piernas y en medio de la cama.
— Yo tampoco quiero estar lejos de ti, pero... ¿crees que Harry me dé oportunidad de volver?
— Hay más trabajos, nena. Además, sería un tiempo para nosotros donde buscaremos ese bebé qué queremos.
Bella sonrió y tocó ligeramente su vientre plano.
— Estoy de acuerdo —susurró—. Hablemos con los niños y mudemonos, aunque sea por un tiempo —aclaró.
Se arrojó a mis brazos de forma arrebatada, golpeando mi tórax y sacándome el aire.
Besé sus labios y acuné su trasero con mis manos.
La amaba. Me hacía feliz sus locos impulsos y su alma alegre, era lo que más importaba cuidar, quería proteger a mi esposa de las hienas. Y la única manera era poner distancia de por medio.
Ambos sabíamos que nuestra vida estaba en Forks, simplemente necesitábamos un nuevo ambiente, alejados de todos por un tiempo.
Y al fin disfrutar la vida de recien casados.
Hola. Edward planteó la solución a Bella y ella aceptó. ¿Creen que les viene bien un tiempo lejos de todos? No olviden que estoy en el grupo de Facebook para imágenes alusivas y algunas cosas de las tramas.
Infinitas gracias por sus comentarios: miop, mrs puff, Edith, Kaja0507, Adriana Ruiz, Dulce Carolina, Claryflynn98, EmilyChase, Pepita GY, Ary Cullen 85, Valeria Sinai Cullen, robersten-22, Maribel 1925, Lizzy-0401, Antonella Masen, Isis Janet , Tere Cullen, Cassandra Cantu, Diannita Robles, Lizdayanna, Elizabeth Marie Cullen, Kasslpz, karo29, Adiu, Adriana Molina, Noriitha, Cary, sandy56 Jimena, francicullen, ALBANIDIA, cocoa blizzard, Patty , Maryluna, Lili Cullen-Swan, Vero, , Varo, Lore562, Torrespera172, Daniela Masen, piligm, indii93, nataliastewart, Flor McCarty-Cullen, rociolujan, saraipineda44, Wenday14, y comentarios Guest. Si me faltó un nombre háganme saber, últimamente mi vista no es muy buena.
Gracias totales por leer 💍
