Título: Comunicación fallida
Personajes: Suiza, Austria
Género: Humor
Clasificación
: G / K
Advertencias
: -
Palabras: 369
Beta: Hagobi y Lyn
Nota: Para mi querida Nekoi :3


Hay ocasiones en las que las palabras se convierten en medios secundarios de la comunicación. Miradas, reacciones corporales, gestos, alguna que otra interjección monosilábica se encargan de hacer saber al otro lo que sentimos o lo que pensamos. Desafortunadamente, no todos tienen esta maravillosa habilidad de poder interpretar sin que las cosas sean dichas palabra por palabra, letra por letra, fonema por fonema.

Vash está sentado, casi deshecho (porque ya está cansado de intentar una y otra vez), sobre uno de los refinados sillones de su vecino austríaco. Cualquier persona normal o medianamente lúcida, cree él, podría leer sin mucha dificultad la palabra "frustración" en su cara, el color de sus mejillas, sus ojos verdes, y en la posición de su cuerpo, inclusive. No obstante, ¡por el amor al queso suizo!, ese señorito de ojos claros, mirada curiosa y traje refinado se limita a esperar a que el rubio continúe hablando. Que Vash concrete con palabras lo que tiene que decir, lo que es justamente lo que Vash quiere evitar a toda costa.

Esa mañana había tomado coraje (quizás harto del despiste de Roderich, tal vez porque ese día Liechtenschtein había decidido salir a pasear), para ponerle fin a esas asquerosas, repugnantes mariposas que se le hacían en el estómago cuando se acercaba al austríaco. Se había alistado torpemente a causa de los nervios, mas con decisión. Le anunció por teléfono a su vecino que lo visitaría y eso mismo hizo.

Roderich, con su típica amabilidad y sorprendido ante la aunque anunciada pero repentina visita, lo hizo pasar, sirvió unos bocadillos para compartir, té en un par de tazas de fina porcelana.

Antes de que quisiese darse cuenta, había llegado el momento de la verdad. Comenzó a tartamudear, decir palabras entrecortadas, a rascarse detrás de la cabeza. Vash, el siempre seguro de sí mismo y algo impetuoso Vash no era capaz ni de terminar una oración. O formar una, pero de total coherencia.

Mientras tanto, el austríaco seguía mirándolo con una fina sonrisa instalada en el rostro y la cabeza ligeramente inclinada hacia un lado; siendo totalmente incompetente para interpretar a su pobre invitado.

¿Por qué era ese estúpido e inútil despiste lo que lo atraía tanto a Vash?