Pokémon Mundo Misterioso

Días Oscuros

Capítulo 6: A través de mentiras.

Difícilmente podía decir cuánto habían caminado. Claramente había todavía no se había arrepentido suficiente de subestimar lo enorme que era en realidad el Gremio de Victini. Porque sí, era putamente enorme.

Apenas el trío subió infinidades de escaleras y escaleras para salir del caluroso calabozo donde se ubicaba el gimnasio, volvieron al patio central que conectaba todas las alas del Gremio, y luego de un rato más de caminata, subieron todavía más escaleras, demasiadas escaleras, tantas que Axel no podía contar cuántas veces se había tropezado intentando subirlas.

-¿Adónde vamos? –Había preguntado un fastidiado Zac, agotado e impaciente.

-A los cuarteles de los Equipos de Rescate. –Contestó Fid, y esa había sido la única explicación que había dado desde hace un rato. –A uno muy en particular, específicamente. Es la mejor opción que tienen para iniciar como rescatistas sin tanto ajetreo y presión.

Y aparentemente, esos cuarteles se encontraban en la mera cima del Gremio, algo que ya a Axel le repelía. La sola idea de bajar y subir tantas escaleras todos los días lo estremecía, y estaba seguro de que Zac pensaba lo mismo, pero ambos no dijeron nada, por ahora.

Se cruzaron con incontables especies de Pokémon en el trayecto, pero eran mucho menos numerosos que los de hace una hora. Estos parecían fastidiados, hasta aburridos, quizás porque no habían ido a misiones para cumplir alguna tediosa obligación aquí en el Gremio. Ninguno les puso problemas y algunos saludaban amigablemente a Fid, ignorándolos por completo a ellos. Seguramente porque no eran todavía nadie ahí en el Gremio, pero fue suficiente como para que Zac se sintiera ofendido.

-Vaya ánimos los de estos payasos. –Gruñó el zorro por lo bajo mientras seguían subiendo escaleras.

-Todos parecen tener demasiadas cosas en la cabeza. –Notó Axel, mirando de reojo a un Trumbeak que bajaba volando sin siquiera devolverles la mirada. -¿Demasiado ocupados, supongo?

-Para algunos, es difícil tomarse las cosas con calma. –Replicó Fid, liderándolos. Se le notaba soñoliento, pero parecía que la pequeña siesta que había tomado en el gimnasio le hizo bien. –Incluso cuando no tenemos nada importante que hacer, lo hacemos al instante, como si nuestras vidas dependieran de ello. Es un hábito que la mayoría de los Pokémon rescatistas tienen, incluyéndome. Lazuli sería una clara excepción a la regla, pero bueno. Ella es como es.

-Floja y gruñona. –Se mofó el zorro en respuesta, permitiéndose sonreír con un bufido. –Aunque creo que prefiero su modo al de todos estos locos. Quisiera conservar mi cordura intacta, gracias.

-Pues veremos cómo te adaptas a este nuevo estilo de vida, que será tu rutina diaria a partir de hoy. –Se limitó a contestar Fid, quien parecía de pronto un Ah, ya llegamos. Vengan, por aquí.

Los finos escalones de madera, que se iban volviendo menos elegantes a medida que subían, concluyeron al pie de un largo pasillo alfombrado, con paredes de piedra caliza y ventanas que daban al exterior y por las que Axel se atrevió a mirar. Estaban en el viaducto que conectaba una de las torres del Gremio con otra. Aunque la vista de la ciudad dormida era preciosa, con el amanecer de fondo, mirar hacia abajo le daba algo de vértigo, así que se apartó casi al instante.

-Estamos muy alto. –Dijo en voz alta.

-Después de subir ochocientos cuarenta y cuatro escalones, es un detalle bastante obvio. –Comentó Fid, casi en un bufido divertido. Su humor pareció mejorar un poco. –Acabamos de subir ahora mismo por la tercera torre del Gremio, la más alta, pero la que más rápida nos llevará a nuestro destino…

-¿Y cuál es ese destino, exactamente? –Preguntó Zac con suspicacia, siguiendo al cactus de cerca. Fid lo miró sonriendo.

-La base del Equipo Nido. –Contestó con naturalidad. Axel y Zac se lo quedaron mirando fijamente.

-Equipo Nido… un Equipo de Rescate llamado… Equipo Nido. –Repitió Zac con una mirada descolocada. -¿Y tú quieres alistarnos ahí? ¿En un Equipo de Rescate llamado Equipo Nido? ¡¿Qué clase de nombre es ese, siquiera?! ¡Dije que no pensaba entrar en ningún equipo de pacotilla! ¡Pensé que nos trajiste hasta aquí para hacernos un favor, no meternos en el equipo con el nombre más ridículo que he escuchado en toda mi vida!

-Sshhhhh. –Le cayó rápidamente Fid, colocándole su brazo en el hocico con algo de fuerza. –Buena primera impresión, recuérdalo. No querrás empezar con mala pata con Adeban…

-¿Cuien? –Balbuceó Zac, quitándose la extremidad de Fic de la boca. -¿Quién?

-El líder del Equipo Nido, por supuesto. –Respondió Fid, y el pasillo finalmente acababa, revelando una amplia habitación redonda que en la pared más lejana se encontraba una puerta de madera roja, algo vieja y maltratada, con una placa dorada en la que se leía "Equipo Nido" en Unown. Axel la observó con algo de ansiosa anticipación.

-¿Es algún tipo de Equipo de Rescate compuesto de Pokémon Tipo Volador? –Adivinó Zac con mala cara, acompañando desganado a Fid hacia la puerta. -¿O acaso son solo Pokémon de la familia de los Nidoran? Eso tendría más sentido.

-Ambas son incorrectas, pero la primera se acerca bastante. –Dijo Fid, y dio tres golpes algo fuertes a la entrada cuando se detuvo enfrente de ella. –El encargado es de Tipo Volador, y fue el que le puso ese nombre al equipo.

-¿Encargado?

-¿Quién es? –Pero tanto Zac como Axel se quedaron quietecitos cuando una voz espeluznante resonó al otro lado de la puerta. Era muy profunda y extrañamente inexpresiva. Para nada amigable.

-¡Hey, Adeban! ¡Soy Fid! –Dijo Fid con energía, parecía instantáneamente contento de oír aquella terrible voz.

-¡Ah, Fiddle! –Pero Axel y Zac pegaron otro sobresalto, cuando la voz resonó con todavía más fuerza, pero mucho más animada y viva que antes. Parecía legítimamente emocionada al escuchar de quién se trataba. -¡Cuánto tiempo, niño! ¡Pasa, pasa! ¡No me dejes esperando!

Y así lo hizo. Fid empujó con bastante fuerza la antigua puerta redonda, que giró sobre sí misma con dificultad, revelando poco a poco el enorme cuartel del Equipo Nido.

Era enorme. No, era MASIVO. Toda la amplia habitación era redonda y se extendía hacia el cielo a casi 30 metros por encima de la cabeza de un boquiabierto Axel. Escaleras subían y bajaban desde incontables puertas que llenaban todas las paredes curvadas del cuarto cilíndrico, muchas de ellas abiertas, revelando lo que parecían ser habitaciones vacías.

Las paredes no estaban tapizadas, eran ladrillos de piedra gris, bastante descoloridos y antiguos, no había candelabros, ni alfombras, ni decoraciones, pero esa habitación no necesitaba nada de eso.

Porque, literalmente, era un jardín en todo su esplendor. Plantas y árboles florecían aquí y allá, llenando la base de vida y color, incluso un pequeño acueducto atravesaba los límites del centro del lugar, un pequeño río artificial de agua cristalina que reflejaba la luz que lograba atravesar el follaje del árbol, que fue lo primero que llamó la atención al instante.

Porque sí, tenían un maldito árbol de proporciones ridículas en el centro de la sala, un árbol completamente saludable, y que además, tenía una forma curiosa. Sus hojas y ramas habían sido cortadas, su follaje fue esculpido, para formar perfectamente la figura de un nido, donde cómodamente, un emocionado pájaro se asomó a saludar. Axel se lo quedó mirando muy fijamente, extrañado al no reconocer su especie instantáneamente como ya estaba acostumbrado.

-¡Fid, mi compadre! ¡Cuánto tiempo! –Dijo el Pokémon, desbordando de la emoción. -¡No has crecido ni un pelo! ¿Cómo te trata la vida con esa estatura?

-Mejor que a ti con esa actitud. –Respondió Fid con una risa divertida, acercándose al árbol donde el pájaro se recostaba. –Y sí, ha pasado un tiempo desde mi última visita. Debes suponer lo ocupado que he estado durante los últimos meses…

-Obviamente, pero de todos modos nada te costaba darte una visita de vez en cuando… Es un poco solitario aquí. -Bufó el pájaro, permitiéndose sonreír todavía más. –Pero supongo que ahora que eres de los grandes, dejaste de necesitarme, ¿no es verdad?

-Adeban…

-No, no. Está bien, lo siento. Me dije a mí mismo que intentaría dejar de dar pena. –Se resignó el Pokémon volador sin dejar de sonreír. –Pero sigue siendo un hábito, discúlpamelo, ¿vale? Ahora, ¿vas a presentarme a tus invitados? Carne fresca, imagino.

-No demasiado, Richard se encargó de eso. –Bromeó Fid, recuperando su buen humor. –Son nuevos reclutas, y estamos buscando un Equipo para terminar de registrarlos. La primera opción, fue el Equipo Nido, por obvias razones. Digo, estos dos son completos novatos, y dudo que algún Equipo de Rescate quisiera arriesgarse a aceptarlos deliberadamente si ni siquiera saben lo que hacen, así que…

-Viniste al escalón más bajo del Gremio…

-Adeban… Ya sabes a lo que me refiero.

-Ya, tampoco lo digo como si estuviera ofendido. Sé exactamente a lo que te refieres, y está bien. Todos son bienvenidos a quedarse e irse cuando quieran. Todos deben empezar en algún lado. Soy Adeban, ustedes dos, novatos. ¿Y ustedes?

-Zac y Axel. –Resumió Zac, frunciéndole el ceño al pájaro, que se lo quedó mirando fijamente. Axel, quien había intentado descifrar su especie desde que lo vio, se dejó intimidar un poco por la tétrica mirada profunda que aquel Pokémon lanzó en Zac con sus completamente ojos azules y sin pupilas. –No es un placer.

-Bonita actitud, creo que puedo acostumbrarme a este. –Se rio al instante el pajarraco, pero luego se quedó mirando a Axel bastante fijamente. –Hey… un momento… -Adeban pareció sobresaltarse al ver al Buizel más fijamente, y casi se cae del nido cuando alargó su cuello abruptamente hacia Axel para examinarlo más de cerca, haciendo al dúo pegar un respingo.

Axel simplemente aguantó la respiración, sintiendo ese par de ojos azules analizar su alma por lo que pareció un minuto entero, pero solo fueron unos cuantos segundos.

-Bonita cicatriz. –Comentó Adeban finalmente, y Axel casi se cae de espaldas del alivio. –Te da personalidad, por lo menos no te confundiremos con algún otro Buizel. ¡Muy bien! Un dúo interesante el que trajiste, Fiddle-Diddle, creo que puedo trabajar con ellos. ¿Se alistarán al instante o…?

-En realidad… -Al ver que Zac estaba a punto de replicar agresivamente ante la invitación de Adeban, Fid se interpuso y le tapó la boca bruscamente. –Vinimos a solo hacer las presentaciones, pero estos dos querían explorar otras opciones antes de decidir nada. Daremos una vuelta, y en caso de que no encontremos nada, esperamos que tengas una habitación reservada para estos dos…

-Tengo ocho, actualmente. –Sonrió Adeban, aunque pareció desanimarse un poco al escuchar a Fid. –Me han quitado a muchos de los míos durante estos días… solo me quedan unos 17.

-Siguen siendo buenos números, para un Equipo de Rescate estándar. –Comentó el Cacnea, algo nervioso. -¿Dónde están, por cierto? ¿En misiones?

-En quehaceres, mejor dicho. Rara vez nos dejan tomar misiones reales, o siquiera tocar territorios, ya lo sabes. Pero bueno, alguien tiene que ocuparse de los trabajos que nadie quiere, supongo. Y como somos el último eslabón de la cadena, quien mejor que el Equipo Nido para ocuparse…

-No les estás dando una buena impresión a estos dos… -Se mofó Fid, señalando a sus invitados. Adeban se encogió de hombros y se recostó en su cómoda cama natural con una sonrisa despreocupada.

-Sinceridad ante todo, Fiddle. No lo olvides… Eres bienvenido a entrar sin tocar si es que no logran encontrar nada, pero si me preguntan, es una pérdida de tiempo buscar por algún equipo lo suficientemente humilde como para reclutar a dos novatos. Esos imbéciles tienen el ego hasta las nubes, y lo sabes, bastante bien. El problema de pertenecer a un Gremio con tan alto estatus, y todo. –Y el imponente pájaro le dio a Fid una mirada extraña, que tanto Axel como Zac notaron con confusión. El Cacnea no reaccionó a ella, pero discretamente pareció molestarse un poco.

-Como digas, Ade. Un placer, como siempre. Pero si no regresamos, quiero que sepas que intentaré pasarme por aquí más a menudo…

-Sé que lo harás. –El pajarraco se recostó en su nido de hojas y suciedad bastante cómodamente, sonriendo con despreocupación. –Siempre fuiste el chico bueno, después de todo… Suerte con tus novatos. Espero que les vaya tan bien como a ti…

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-…

-¿Pasa algo?

-Eh… no. Quiero decir… -Axel se rascó la cabeza con algo de incomodidad, pero esa distracción casi provoca que se fuera de cabeza por las escaleras.

-¡Claro que pasa algo! ¿Qué en el nombre de Arceus fue ESO? –Intervino entonces Zac, saltando enérgicamente en la cara de Fid, quien parecía no tan paciente como siempre.

-¿Quieres ser más específico? –Contestó el Cacnea, volviendo su mirada hacia sus pies para ver donde los ponía al bajar junto al dúo la infinidad de escalones por los que subieron antes.

-¿Toda esa mierda del Equipo Nido? ¿Todo ese drama del que no entendimos una palabra? Eres listo, supuestamente. Seguro sabes de lo que hablamos. ¿Vas a darnos detalles o no? –Zac parecía curioso. Axel se mostró incómodo, y Fid algo disgustado.

-Les mencioné lo básico: el Equipo Nido es el Equipo de Rescate al que los novatos comúnmente se registran al instante en el que desean formar parte del Gremio. Ahí son entrenados, disciplinados y luego graduados para formar parte de un verdadero Equipo de Rescate. Por eso, fue la primera consideración que se me vino a la mente como nuestra primera opción, pero no tiene por qué ser la definitiva, no se preocupen. Adeban tiene razón, sin embargo. Rara vez los Equipos de Rescate consideran reclutar a civiles sin ninguna experiencia, menos aún tan jóvenes e inexpertos…

-¡Hey! ¡Escuchaste a Smail: más respeto para sus estudiantes estrella! –Le escupió Zac a Fid, y el zorro le sacó la lengua cuando el cactus solo respondió con un resoplido divertido. –De todos modos, también teníamos curiosidad, parece que tienes una historia en ese nido gigante, ¿no es así?

Fid no reaccionó ante la pregunta, y simplemente siguió caminando, como perdido en sus pensamientos, o quizá en su propio y cada vez más notable cansancio. Axel se sintió un poco mal por él.

-¡Oye! ¿Acaso no me escuchaste? –Al contrario que Zac, que pareció molestarse por ser ignorado.

-Sí, comencé mis andadas como rescatista en el Equipo Nido, bajo las órdenes de Adaban el Bombirdier. –Vomitó Fid en un instante, ahora con un tono de voz nada complacido. Axel casi chasca los dedos que ya no tenía al escuchar la especie que tantos problemas le había dado reconocer. –Pero, sinceramente, mi estancia ahí no fue del todo agradable. Los Equipos de Rescate no son exactamente… "solidarios", entre ellos, como seguramente pudieron notar. Muchos se alistan en esta labor por una sola razón: dinero y fama, y ven a otros Equipos como una competencia directa. Los Gremios de Rescate funcionan como una pirámide: mientras más en la cima están, más egoístas y avariciosos se vuelven, y con más sencillez pisotean a los que están en la base de la pirámide, como el Equipo Nido. Me costó mucho salir de ahí… y es por eso que admiro tanto a Argent y al Equipo Perenne. –Fid pareció sonreír sin darse cuenta, mirando a la nada con melancolía sin dejar de bajar escalones. Había un brillo de admiración en sus ojos cansados. –No son como los demás… no trabajan por enteramente por dinero, trabajan por altruismo sincero, y son capaces de ver a todos los Pokémon como iguales… bueno, la mayoría de ellos. Son… diferentes, aún más que los Pokémon promedio del Gremio. Y eso los hizo especiales, lo suficientemente especiales como para ir de vez en cuando a verificar a los novatos en el Equipo Nido buscando algo igual de especial, lo suficientemente especiales como para ver algo en mí que nadie más había notado, ni siquiera yo mismo. Logré mucho, cuando ellos me dieron la oportunidad. Ahora, solamente debo seguir demostrando que no tomaron la decisión equivocada… -Fid se quedó callado un momento, mirando sus pies con los ojos muy abiertos, recordando algo… Luego, se giró hacia sus dos seguidores. –Sinceramente, desearía encontrarles otro hogar que no sea en los cuarteles del Equipo Nido. Desearía que, si van a dedicarse a esto hasta que decidamos que han saldado su deuda, lo hicieran sin tener que pasar por los disgustos que yo tuve que soportar. Pero deben afrontar, que es muy probable que sean reclutados en el Equipo Nido. Y deben mentalizarse para lo que eso significa. Recuerden que ustedes mismos prefirieron esta opción. Enfrenten su elección con la cabeza en alto…

Zac y Axel se mantuvieron en silencio un rato, y al cabo unos pocos intercambios de miradas, Axel se aclaró la garganta y sonrió con nerviosismo al comentar:

-Pero objetivamente hablando, ¿sí hay posibilidades de que no tengamos que entrar a ese Equipo en específico, no es así?

Los escalones se estaban acabando, y la luz de un pasillo mucho más elegante que los que habían visto desde hace rato los golpeó. Fid giró hacia ellos con un semblante inexpresivo.

-Eso vamos a averiguar.

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Otra caminata más a través del patio principal, y atravesaron un curioso pasillo con bastante blanco hasta llegar a un tablón de madera tan lustrosa como la de las misiones. Sin embargo, claramente no era el mismo, y este era bastante más pequeño y mucho menos transitado. Apenas había Pokémon a esa hora de la mañana en esa área específica. Unos checaban rápidamente el tablón, y no tardaban en retirarse. Fid no fue uno de ellos.

Se tardó observando fijamente los desordenados papeles que estaban clavados bruscamente en el tablón, tenían tamaños irregulares y muchos estaban escritos de forma desordenada, tanto que a Axel le costó un poco leerlos.

-Vaya crucigramas se armaron aquí. –Comentó Zac con sorna, sentándose a echarle un ojo al desastre de papel dispuesto ante ellos. -¿Qué se supone que es esta cosa?

-El tablón de anuncios… -Explicó Fid, sin desconcentrarse en su lectura. –Acá se publican sin falta las noticias de todo lo que ocurre en el Gremio, en Villa Nueva y en todo el país. Aunque los anuncios importantes son discutidos en las reuniones generales del Gremio, así que rara vez algún Pokémon se pasa por acá, pero en nuestro caso, este tablón es de vital importancia…

-¿Y la razón es porque…? –Iba preguntando Zac, fingiendo interés, cuando Fid arrancó sin mucho cuidado un alargado trozo de papel amarillezco, bastante maltratado.

-Acá se anuncian los Equipos de Rescate con vacantes abiertas en busca de nuevos miembros. –Dijo Fid, mostrándoles el papel, en el que aparecían enlistados un montón de garabatos que Axel no pudo leer. –Y tenemos suerte, hay muchas opciones para escoger. Tenemos alrededor de 45 minutos. Apresurémonos. Alguno de estos debería estar dispuesto a aceptar a un dúo problemático como ustedes dos… Síganme.

Axel y Zac obedecieron, persiguiendo al Cacnea cuando este se fue hundiendo en las entrañas del Gremio de Victini. El Zorua pareció algo inquieto.

-¿Hay algo que te molesta? –Le preguntó Axel al notar el nerviosismo de su compañero, quien lo miró fijamente unos momentos.

-¿A ti no? No quiero seguir sonando como un malagradecido contigo por salvarme la vida, pero este lugar no me está dando muy buena impresión en este instante. Quizás debimos haber reconsiderado nuestras opciones para salvar nuestros pellejos… -Admitió Zac, y Axel frunció el ceño.

-… Lamento haberte arrastrado a todo esto. Sé que tú habrías encontrado una mejor opción, pero…

-No, no. Nada de lamentarse, fuiste tú quien preguntó si algo me molestaba. Ninguno de los dos puede quejarse ahora. –El Zorua suspiró, pero luego una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro. –Además, quizá estoy siendo demasiado pesimista esta vez. Quizá no sea tan malo…

-¿Qué quieren? –Gruñó con fastidio una voz ronca cuando la puerta de madera con una placa incrustada que decía Equipo Magnesio se abrió ante el trío. Un Rhydon se asomó, luciendo bastante molesto.

-Muy buenos días, Ralphy del Equipo Magnesio. –Se presentó cordialmente Fid, agachando la cabeza. –Una disculpa por la interrupción. Permítame introducirme a mí mismo. Soy Fid el Cacnea, del Equipo…

-Voy a interrumpirte ahí mismo. –Le cortó el Rhydon, alzando una garra. Ahora parecía disgustado. –No tengo todo el día, así que voy a adivinar y a suponer que vienen por el anuncio de vacantes, ¿no es así?

-Es… es correcto. –Fid parecía algo fuera de sí, como el mero hecho de ser interrumpido le hubiera bloqueado la mente y ahora eligiera con cuidado sus palabras.

-Pues, lo siento mucho, colega, pero no estamos interesados en meter a pequeñajos entre nuestras filas. Si quieren entrar a un Equipo, les sugeriría algo así, como el Equipo Sonrisas, en el ala este. Ese sí es más un equipo de su calibre. Ahora, si me disculpan, tengo mucho maldito papeleo que hacer… -Y sin más, el malhumorado Rhydon les cerró de un portazo a los tres en la cara, dejándolos en silencio en aquel pasillo vacío con una sola ventana.

-… Qué descortés. –Comentó finalmente Fid, frunciendo el ceño y comenzando a caminar rápidamente de regreso al patio principal. –Pero no nos desanimemos. El Equipo Magnesio es solo Rango Bronce de todos modos. Intentemos ahora con el Equipo Impedimento. Suena encantador.

-Bueno, con ese van tres imbéciles que nos cierran la puerta en la cara. –Suspiró Zac, luciendo ya agotado. –No exageraban con lo arrogantes que pueden ser estos idiotas, ¿no es así? Sobre todo este último, ¿se cree mejor que nosotros por ser tan grande? Apuesto a que podríamos derribarlos sin pestañear…

-Lo dudo. En realidad, dudo que ustedes tendrían una oportunidad contra él, pero yo fácilmente podría someterlo. –Decía Fid distraídamente mientras analizaba el trozo de papel en el que se leían los nombres de los equipos disponibles para consultar. Tachó el tercero rasgándolo con sus propias espinas.

-Oh, ¿y ahora eres tú el señor engreído? –Se mofó Zac, algo picado. Fid no se dejó fastidiar.

-No, son solo cálculos básicos. Tengo el doble de ventaja contra Ralphy por sus Tipos Tierra y Roca. Lo mismo va con Axel, pero viendo lo pobre que es utilizando su elemento, eso no contaría como ventaja, y dudo que ataques convencionales funcionarían contra un Pokémon tan robusto como él. Incluso tú, Zac, tendrías más ventaja en ese caso, pero de todos modos, tu Envidia Ardiente y Golpe Rastrero serían totalmente ineficaces. Tendrías que depender por completo a tu arsenal de Tipo Siniestro. En ese caso, sería una pelea de resistencia, y por más escurridizo que seas, dudo que puedas tumbarlo antes de que él logre acercar un golpe.

-… Vaya. Lo decía por molestar, ¿siempre te tomas las cosas tan en serio? –Resopló Zac, todavía procesando la parrafada que acababa de soltar Fid. Eso sin mencionar a Axel, quien parecía haber dejado de pensar.

-No sé tomármelas de otra forma… -Bostezó Fid, y luego giró en una esquina con algo de pereza. –De vuelta a lo que importa, deberían apretar el paso. Los cuarteles del Equipo Impedimento no están muy cerca de aquí.

-¿Seguro que tendremos más suerte intentando con estos estorbos? –Se quejó Zac, asomándose para verificar el papel que sostenía Fid. –No quiero perder más el tiempo. Sabes que no vinimos para esto.

-Lo sé. –Escupió Fid, apartando a Zac con algo de molestia. –Vinieron para intentar redimirse de una vida criminal que, de otra manera, hubiera terminado con ustedes dos ejecutados.

-SOLO yo ejecutado. Ustedes no debieron ni siquiera de incluir a Axel a la ecuación, pero por su incompetencia, acá estamos. ¿Y ni siquiera pueden buscarnos un lugar decente para dejarnos cumplir con nuestra parte del trato? Buen trabajo, equipo estrella, buen trabajo. –Decía Zac con exceso de sarcasmo, a lo que Fid pareció finalmente irritarse, pero recuperando la compostura, el cactus no se dejó provocar. -¿Estás ignorándome?

-Intentándolo… -Bostezó de nuevo Fid, algo malhumorado. –Soy consciente de los errores que cometemos, cada uno de ellos. Jamás los olvido, así que no tienes por qué recordármelos. Pero las cosas acabaron como acabaron y ahora estamos acá. Predicamentos como este son predecibles, y por ello hay que saber cómo superarlos mediante paciencia y perseverancia, quejándote durante todo el proceso no harás más que hacer las cosas más pesadas para todos, ¿lo sabes, verdad?

Zac titubeó antes de contestar. Parecía algo molesto por la respuesta del Cacnea.

-Lo sé, pero sigo en mi derecho de que no me esté gustando por donde va esta situación. Y estoy seguro de que a Axel tampoco, ¿no es así? –E insistentemente el zorro volteó hacia la comadreja en busca de apoyo. Axel se vio un como incómodo al respecto. -¿No es así?

-Eh… yo… no estoy seguro. –Balbuceó Axel, nervioso ante la mirada inquisitiva de Zac. –Quiero mantenerme, ya sabes, optimista, sobre esto. Todavía tengo ciertas expectativas… y aunque seamos registrados al final en el Equipo Nido, no creo que sea TAN malo como dice Fid. Digo, seguro será muy aburrido, sin peleas, exploración y locas aventuras, pero seguiremos haciendo algún bien, y pagaremos tu deuda, ¿ese no es el punto de todo esto?

Zac y Fid se quedaron mirando al unísono al Buizel, perplejos. Axel se encogió del nerviosismo.

-¿Qué? ¿Qué dije?

-Deberías aprender algo de él, Zac. –Mencionó Fid, disimulando una sonrisa. –Todavía sigue siendo un misterio, pero está probando ser un Pokémon de buen corazón. Creo que será una buena influencia para ti…

-Bah. Ni aunque me interesara lo que tú creyeras, bola de espinas. –Bufó el Zorua, algo ofendido, aunque le dio un empujoncito amigable a Axel como señal de respeto.

-O, por el contrario, serás una mala influencia para él. –Se mofó Fid, soltando algo que parecía ser una risita aguda. –Como sea. Subamos estas escaleras y estaremos al pie de la base del Equipo Impedimento.

-Vaya nombrecito más largo…

-Vaya ánimos los tuyos… -Fid volteó hacia Zac pidiendo paciencia. –Basta de quejas, por favor. Y no lances prejuicios tan rápido. ¿Quién sabe? Puede que este Equipo acabe siendo el que se digne a acogerlos para bien.

-Lo dudo. Este día comenzó a empeorar desde que nos encontramos a ese ogro de nieve en las mazmorras… -Murmuró el Zorua mientras el grupo comenzaba a subir los escalones acolchados con alfombras carmesí.

-Mala suerte de los Siniestros, ¿no? –Bromeó Fid, a lo que Zac le echó malos ojos. Fid carraspeó y desvió la mirada con algo de vergüenza. –Como sea, no seamos tan pesimistas. Tengo uno de estos… ¿Cómo los llaman? Buenos presentimientos, acerca de este Equipo. Creo fervientemente, que lo que encontraremos una vez la puerta se abra, va a ser algo bueno…

-¿Qué es lo que quieren…? –El Crocalor al otro lado de la puerta se mordió la lengua al ver al trío que encontró al otro lado del umbral. Fid y Axel palidecieron. Zac no pudo evitar sonreír con ironía. –Ustedes…

-Calma, calma ahora. –Saltó al momento Fid, bastante nervioso de golpe. –No vinimos acá a provocar más enfrentamientos innecesarios.

-¿Y entonces para qué? ¡¿A qué más vendrían acá sino para seguir causándonos problemas?! –Alzó la voz el lagarto de fuego, completando de abrir la puerta de par en par de un portazo y caminando agresivamente hacia Fid. Axel no tardó en intervenir.

-Hey. Hey. Escucha… -Intentó detenerlo el Buizel, tratando de sonar autoritario y poderoso, solo para que el Pokémon de Tipo Fuego lo agarrara sin ningún tipo de miedo del collar inflable y lo levantara sin esfuerzo alguno.

-¡¿TIENES UNA MALDITA IDEA DE LO QUE NOS HIZO PASAR ALFA?! –Rugió el Crocalor, enfurecido. -¡Todo lo que tuvimos que pagar, por culpa de ustedes tres…! ¡Solo para que AHPRA se atrevan a venir a nuestras puertas y reírse en nuestra cara!

-¡Tú te lo buscaste! –Le replicó Zac violentamente, abalanzándosele para que soltara a Axel. Después el zorro aterrizó delante del lagarto y le plantó cara con seriedad. –Así que no vengas a llorarnos ahora, cabrón. Son las consecuencias por meterte con quien no debes.

-¡¿Oh, vas a hablarme tú de moral ahora, sarnoso de mierda?! –El Crocalor avanzó incluso más enfurecido, chocando cabezas con un Zorua que no se dejaba intimidar. –Fuiste el primero en esconderte detrás de tus truquitos de circo cuando Alfa apenas se mostró.

-Y eso estuvo mal. –Interrumpió finalmente Fid, interponiéndose entre ambos. –Lo entendemos, realmente. Y si le contaron a Alfa su versión de la historia, sabes perfectamente que no quedaremos impunes después de hoy. Pero prolongar este conflicto y causarnos a todos más inconvenientes con el Gremio no va a beneficiar a nadie, así que…

-¡ENTONCES! –El Crocalor agarró a Fid del pañuelo del brazo y se lo acercó a su rostro bruscamente. Axel y Zac se prepararon para intervenir. -¿Para qué mierda tocan a mi puerta?

-Vinimos… vinimos por… -Nuevamente, Fid pareció atorarse con sus propias palabras, como buscando respuestas rápidamente. Pero al parecer, el que aquel otro Pokémon siquiera tocara su pañuelo que demostraba que era parte del Gremio le hizo perder la compostura y que mostrara una expresión feroz. El Crocalor pareció perder rápidamente la paciencia, asomándose ya llamas furiosas entre sus fauces.

-¡A registrarnos! –Saltó entonces Axel, metiéndose entre Fid y el Crocalor enérgicamente. Le arrancó a Fid el panfleto de su propio pañuelo y se lo mostró al Pokémon de Fuego. –A registrarnos. El Equipo Impedimento. Están reclutando nuevos miembros, ¿no es así? Así que… solo vinimos a… registrarnos.

Inmediatamente el Crocalor se vio descolocado. Fid le hizo soltarlo bruscamente y se acomodó el pañuelo con mala cara. Zac esperaba expectante, y Axel sudaba más de lo normal.

Finalmente, el Crocalor bajó la cabeza, mientras temblaba. El trío reaccionó poniéndose en guardia.

-¿En serio creen…? –Comenzó a decir el Pokémon de Tipo Fuego, poniéndose una garra sobre el rostro. El huevo sobre su sombrero comenzó a agitarse mientras brillaba con fuerza. -¿… Qué después de todo lo que sucedió hoy…? –Finalmente, asomó sus ojos, que brillaban furiosamente. -¿… Los dejaríamos formar parte de nuestro equipo…?

Todos guardaron silencio por unos cinco segundos.

-¿Tal vez? –Soltó Axel con una sonrisa nerviosa.

-¡LARGO DE AQUÍIIIIIII! –El Crocalor llenó el pasillo de magma justo después de que el trío ya se había lanzado a correr por las escaleras por donde vinieron.

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-Okey, okey. Lo admito. Eso no salió nada bien. –Soltó Fid, algo decaído, mientras caminaban de vuelta al patio principal. –Desconocía que ese Crocalor formara parte del Equipo Impedimento, incluso cuando he estado atento a los registros por un tiempo. Debo ser más atento a eso a partir de ahora… Para prevenir que una situación así vuelva a ocurrir.

-No me digas… -Escupió Zac, a quien le hervía la sangre. –Ese imbécil… no va a ser esto lo último que sepa de mí. Claro que no. Acaba de declararle la guerra al Zorua equivocado.

-Por favor, no busquemos más conflictos. –Mencionó Fid, algo nervioso al respecto. –Nos hemos ganado suficientes por hoy. Y aunque me avergüence decirlo, perdí la cuenta de cuánto tiempo perdimos en esa última entrevista. Pero puedo decir con seguridad que no nos queda mucho, así que apresurémonos a los cuarteles del próximo equipo antes de que…

-¿Cuál es el punto? –Dijo Zac entonces, parándose en seco en medio de aquel pasillo.

-¿Qué? –Fid se detuvo también sin paciencia, encarando al Zorua. –El punto de todo este trayecto, siempre fue el mismo: encontrarte a ti y a Axel un Equipo de Rescate al cual pertenecer. No entiendo la pregunta.

-¡ME REFIERO!, a que hemos intentado ya demasiado, formar parte de un Equipo de Rescate convencional, pero no tiene sentido seguir insistiendo. –Se explicó Zac, luciendo de golpe algo decaído. –Solamente… volvamos a la base del Equipo Nido. Axel tiene razón. No se supone que disfrutemos de esto. El punto de todo esto no es nuestra propia comodidad. Si algo hemos aprendido de verdad hoy, es que ser un rescatista no es un trabajo de ensueño lleno de aventuras emocionantes. Es solo un trabajo. Y el trabajo no es divertido. –Zac bajó la cabeza, y se dio media vuelta. –Vámonos. No vale la pena seguir…

-¡LOS ENCONTRÉ!

Ni siquiera tenían que reconocer la voz. Ya sintieron un escalofrío recorrer sus espaldas. Una ráfaga de pisadas resonó ferozmente cuando los tres giraron al unísono hacia la misma dirección, en la que una sombra provenía y se aproximaba con una mortífera velocidad.

Zac ni siquiera pudo intentar reflejar alguna ilusión antes de que él, Axel y Fid fueran derribados en un parpadeo.

Axel cayó de espaldas con fuerza, tanta que la mitad inferior de su cuerpo terminó mirando hacia el techo de la potencia del choque. Abrió los ojos como platos del miedo e intentó levantarse, pero su cuerpo entero estaba entumecido, tanto que sentía sus extremidades temblar al intentar moverlas. Reconoció la sensación, aquella que también sintió cuando el Trevenant del Bosque Muerto lo rozó con su ataque en el brazo. Había recibido un ataque súper eficaz.

Eso, y que pudo ver el suelo bajo sus narices cubierto de una energía verde que era adornada con lo que parecía ser pasto hecho de luz, que se deshizo casi al instante.

El mismo ataque que Fid usó en su primer enfrentamiento contra el Equipo Impedimento. Algo lo había usado contra ellos.

-¡Ustedes tres, quédense quietos! –Zac y Fid no tuvieron problemas en ponerse de pie de nuevo, a mucha diferencia de él. Axel tardó algo en recuperar sus sentidos, procesar el dolor, ponerse de pie y acomodar su visión para ver quién se supone que les estaba hablando y por qué su voz se le hacía tan conocida.

Y entonces supo por qué. Se quedó tan boquiabierto y pálido como Zac y Fid, cuando vio a uno de los soldados de Alfa parado al otro lado del corredor. Tenía una extraña marca muy similar al símbolo "beta" en su costado, como Alfa tenía la letra "alfa" en el suyo.

-Mierda. –Soltó Axel casi instintivamente, y le lanzó a Zac una mirada desesperada de ayuda. El zorro tardó en reaccionar.

-¡Oh, no! ¡No lo harás! –Pero en un instante, el pequeño soldado ya había atravesado el pasillo y azotado a Zac contra la pared más cercaba. El zorrito escupió saliva y perdió el aliento. Sus ojos se abrieron tanto que casi parecían querer salirse de sus cuencas. El Falinks que estaba sosteniéndolo contra el muro lo soltó para dejar que el Zorua se retorciera en el suelo tosiendo de dolor. Axel sintió la ira arder en su pecho.

Dio un paso al frente con los ojos muy abiertos.

-No. –Le detuvo Fid al momento, aunque lucía seriamente preocupado. –No empeores las cosas. Esto va a suceder de cualquier forma. No vamos a…

Pero Axel no lo escuchó.

El Falinks retrocedió alterado, reaccionando justo a tiempo cuando Axel escupió contra él un torrente acuático de potencia media. El Falinks recuperó el balance e intentó abalanzarse hacia la nutria, pero esta nunca cortó su disparo y al contrario, lo redirigió en dirección al Pokémon Tipo Lucha que, nuevamente desprevenido, lo recibió de lleno y tuvo que ceder.

El impacto apenas lo detuvo, pero fue suficiente como para que Zac se adelantara y los hiciera a todos desaparecer ante los ojos del pequeño pero peligroso Pokémon, el cual, restregándose el agua de los ojos, miró de un lado al otro muy atentamente, serio.

-Maldita sea. –Maldijo por lo bajo, agachando la cabeza, como concentrándose. –Chicos, los perdí. El Zorua está haciendo de las suyas.

-El que se haya resistido ya verifica la historia del Crocalor. –Contestó otro de los Falinks, este siendo el propio Alfa, que de golpe apareció al lado del primero, casi a la velocidad de la luz. –Busquémoslos, hasta en el rincón más recóndito del Gremio. No pueden esconderse por siempre. No permitiremos que un buscapleitos esté libre en nuestros pasillos. ¡Muévanse, soldados! ¡Ya, ya, ya! –Y tanto Alfa como su lacayo salieron disparados a una ridícula velocidad en distintas direcciones.

Y al cabo de unos segundos, junto a un enorme y bastante bonito ventanal, un trío aterrorizado se asomaba con cuidado de detrás de una cortina de terciopelo rojo.

-Eso estuvo cerca. Demasiado cerca… -Balbuceó Axel, recuperando el aliento. Casi temblaba del pavor.

-¡¿Buscapleitos?! ¿Me llamó buscapleitos? ¡¿A mí?! –Vociferó furioso el Zorua, dando un gran salto al medio del pasillo. -¡Patrañas! ¡Ese maldito lagarto debió de contar su propia versión de los hechos! ¡Ahora sí que me las va a pagar!

-Eso explicaría el acercamiento tan brusco de Beta… -Murmuró Fid, analizando mientras también salía de su escondite. –Pero el que nos resistiéramos tampoco ayuda demasiado a probar nuestra inocencia. Debimos dejarnos someter.

-¿Y qué? ¿Recibir una paliza? Puede que a ti los ataques de tu propia clase no te duelan casi nada, pero estoy seguro de que ese Abrecaminos me rompió una costilla… -Exageró Zac, haciendo como que cojeaba del dolor. -¡No me quiero imaginar ni cómo estará Axel después de recibir semejante golpe! ¡No quiero pasar por algo peor que eso si la próxima utiliza algún Movimiento de Lucha!

-Pues ahora lo haremos, quieras o no. Es imposible escaparse de Alfa por siempre. Intentarlo no tiene sentido. Tarde o temprano nos encontrará. Y si no lo logra antes de que se le acabe la paciencia, se verá obligado a pedirle a Taji que nos localice, algo que odia, y estará el doble de molesto cuando los ponga las patas encima. Veas como lo veas, esconderse no es un buen plan…

-¿Y qué? ¿Vamos a entregarnos? ¿Sin oportunidad de objetar en nuestro nombre? –Se alteró Zac, nervioso. Fid parecía analizar la situación. Axel se mantenía quieto detrás de la cortina. –Hey, Axel. Puedes salir, no te preocupes. Nos estoy escondiendo detrás de una ilusión. No nos ven ni nos escuchan. Venga, ayúdanos a planear algo.

-Eh, no gracias. Creo que… prefiero que nos quedemos aquí. Donde es seguro. –Murmuró Axel, escondiendo todo menos la nariz detrás de la cortina. Zac y Fid se lo quedaron mirando.

-Okey, lo perdimos. Te dije, al pobre debió pasársele lo poco que recuerda de su vida delante de los ojos cuando ese enano lo golpeó. –Le escupió Zac al Cacnea, pero este parecía todavía ingeniarse algo. El Zorua lo miró algo curioso pero también molesto. -¿Me estás escuchando?

-Tengo un plan. –Dijo de golpe Fid, con un brillo interesante en los ojos. Pareció animarse de pronto. A Zac le brilló el rostro de esperanza.

-¡¿En serio?! Por favor, dime que no es algo estúpido.

-Es estúpido, y muy peligroso, pero es nuestra mejor opción. –Se encogió de hombros Fid.

-¿Y entonces? ¿Vas a escupirlo o no?

-Debemos volver a la oficina. –Sentenció Fid, mientras sacaba a Axel a rastras de su escondite.

-¿Oficina? ¿Qué oficina? ¡Hemos estado en cientos de lugares hoy! –Objetaba Zac mientras ayudaba al cactus a arrastrar a la nutria miedosa.

-La oficina de McGee. –Especificó entonces Fid, bajando la cabeza mientras repensaba las cosas. –Tienes razón en que Alfa está bastante alterado y probablemente se mantenga estoico ante cualquier excusa que podamos darle, así que lo mejor es testificar nuestra versión ante McGee nosotros mismos sin que Alfa tenga que intervenir. Así él mismo podrá dar su veredicto e imponernos un castigo sin que Alfa nos… discipline.

-Ahora ese es un plan. –Replicó Zac, sonriendo emocionado. -¡Me gusta la idea! Pero no tenemos tiempo que perder. Ahora, ¿por dónde quedaba la oficina?

-… Al otro lado del Gremio.

-Oh, qué bien. Que mierda de suerte la de los Siniestros.

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Después de atravesar incontables pasillos y escaleras y atravesar el patio principal bajo las ilusiones de Zac (y abofetear un par de veces a Axel para que reaccionara), el trío ya estaba a menos de mitad de camino de su objetivo, y por todo ese trayecto, no se habían cruzado con Alfa ni sus soldados ni una sola vez, algo que estaba dándole muy mala espina a Fid.

Axel tembló como gelatina durante todo el camino, casi alterándose demasiado cada vez que un Pokémon pasaba peligrosamente cerca suyo, aunque este ni siquiera pudiera notarlo.

Fid lideraba el grupo, se mantuvo serio y en silencio, extremadamente atento a absolutamente todo. Se le notaba nervioso, pero también muy concentrado en el camino y en su tarea.

Zac solamente se enfocaba en mantener la ilusión en perfectas condiciones. A veces cerraba los ojos y Axel podía notar cómo su visión de la realidad a su alrededor cambiaba ligeramente por momentos. El Buizel recordó entonces lo que el zorro le había contado antes, en el Bosque Muerto: las ilusiones le gastaban energía, y ya varios minutos habían pasado desde que se vio obligado a mantener esta.

Luego se percató de que jamás había visto a Zac mantener una ilusión por tanto tiempo, y al ver cómo arrugaba el rostro a veces, era claro de que se estaba esforzando, quizás demasiado. Poco a poco, la preocupación por el zorro comenzó a superar el miedo que había adquirido por ciertas criaturitas que los estaban cazando ahora mismo.

-¿Estás bien? –Le susurró al Zorua, bastante bajo. Zac pegó un respingo del susto.

-¡Mierda, Axel! ¡No vuelvas a acercárteme así mientras estoy haciendo una ilusión, geez! Menos en esta situación tan tensa, casi se me sale el alma.

-Lo siento, lo siento. –Se avergonzó Axel, agachando la cabeza. –Pero, ¿cómo estás? En serio, te ves cansado.

-Estoy bien. Me cuesta un poco mantener mi habilidad activa durante tanto tiempo, es todo. Los nervios tampoco ayudan mucho, y eso.

-Sí, la tensión puede cortarse con un cuchillo… -Murmuró Axel, desviando la mirada con inquietud.

-Otra de tus expresiones humanas. ¿Tienes muchas de esas, no es así? –Se rio Zac, mirando a su compañero con una sonrisa ladeada.

-Ah, no lo sé. Simplemente me salen naturalmente. Ya sabes, porque…

-Eres un humano. Claro, claro. –Zac sacudió la cabeza con una sonrisa burlona. –Y yo soy un Vulpix.

-No voy a obligarte a creerme. –Se molestó Axel, encogiéndose de hombros. –Pero gracias… por mantenerte contigo pese a que creas que estoy loco.

-No creo que estés loco, solo confundido. Me gusta la teoría de que hiciste molestar a un Psíquico y te maldijo con hacerte creer tan religiosamente que eres un humano atrapado en el cuerpo de un Pokémon. –Decía Zac con una enorme sonrisa. –Si ese fuera el caso, quisiera conocerlo. La mejor broma del mundo.

-Muuuy graciosa. –Soltó Axel con una sonrisa amarga, a lo que Zac simplemente le sacó la lengua. –Oye, quería preguntarte algo…

-¿Y eso es?

-Sshhh, ustedes dos. Dejen de susurrar. –Les calló Fid bruscamente desde la esquina en la que se asomaba. Se le notaba alterado.

-¿Cuál es el maldito problema? –Se molestó Zac al instante, y ya se encaminaba hacia el Cacnea quien pegó un respingo nervioso.

-¡Quédense quietos! ¡Hay un…! –Pero se obligó a callarse a sí mismo cuando uno de los Falinks apareció de golpe tras sus espaldas.

El trío se convirtió en estatuas al instante. Zac y Axel palidecieron. Fid se quedó totalmente quieto, sin atreverse a voltear para encarar al pequeño soldado que lo observaba fijamente detrás de él. Cerró los ojos al escuchar que el Falinks daba un paso hacia él, pero volvió a abrirlos al momento al escuchar una poderosa ráfaga de viento y ver que el Falinks ahora estaba delante de él, dándole la espalda.

Zac se mordió la lengua cuando el rostro oscuro del Pokémon Tipo Lucha se materializó en un parpadeo delante de sus narices. A Axel casi se le sale el corazón. Se tapó la boca con ambas patas para ahogar un chillido de terror. El Zorua sudó en frío, incapaz de desviar su mirada de los fijos e inexpresivos ojos azules que parecían observar a través de su alma. Parecía que se había olvidado hasta de respirar y usaba cada parte de su ser en asegurarse de que la ilusión no se atreviera a fallar en ese instante. El Falinks dio unos pasitos en su dirección, y se detuvo cuando solo lo separaban muy escasos centímetros del Zorua que temblaba a sus pies. Zac se mordió la lengua cuando el soldadito levantó una de sus patas. Cerró los ojos cuando empezó a acercarla hacia él. Ni Axel ni Fid se atrevieron a reaccionar.

Y qué suerte, porque cuando se escuchó el chirrido de un jarrón raspando el azulejo, Zac abrió los ojos solo para percatarse de que la pata del Falinks, que le rozaba el pelaje, solo había empujado un poquito una maceta detrás del zorro que estaba algo torcida.

El Falinks retrocedió al instante, y ladeó la cabeza, analizando la maceta sin poder ver a los tres traumados Pokémon junto a ella que seguían mirándolo petrificados. Finalmente, el Pokémon Tipo Lucha se mostró satisfecho y en un instante ya no estaba por ninguna parte.

-Ahhhhhh. –Suspiraron ruidosamente los tres Pokémon, dejándose caer al suelo pesadamente mientras jadeaban y sudaban del alivio.

-¡Eso estuvo absurdamente cerca! –Jadeó Zac, con los ojos muy abiertos. –Qué demonios. ¡Ni siquiera en mis mejores robos me hacían sufrir así!

-Debí de sospecharlo. Se estaba tomando las cosas con mucha calma… -Expresó Fid, tirado de espaldas en la alfombra. –Si hubiera sabido que estábamos aquí, nos habría sometido en un momento. Claramente no nos notó.

-Por suerte… Tus ilusiones realmente son muy útiles, ¿eh? –Axel todavía parecía a punto de sufrir un infarto, pero tirado en su posición, todavía pudo levantar la cabeza y sonreírle a Zac con picardía.

-No por nada me convertí en el ladrón más famoso de una ciudad entera gracias a ellas. Creo que estamos perdiendo demasiado tiempo preocupándonos de que nos noten. Deberíamos apresurarnos todo lo que podamos hasta la oficina, antes de que el Unown haga de las suyas.

-Coincido. Realmente, estamos jugando con la paciencia de Alfa al jugar a los fugitivos durante tanto tiempo. Aprovechemos mientras todavía no ha…

-¡ALTO AHÍ! –Una voz que los tres reconocieron resonó con fuerza en el fondo del pasillo. La sangre de los tres Pokémon volvió a enfriarse en un momento. -¡Los tenemos!

No hacía falta voltear para saber que era Alfa. El Pokémon Formación, con todos sus miembros, estaba alineado ante una ventana cuya luz se reflejaba sobre ellos. A su costado, un Pokémon con forma de T levitaba sin comprender mucho la situación.

El silencio se prolongó durante unos diez segundos en los que nadie movió ni un pelo, mientras Alfa miraba al vacío con ojos furiosos.

-¿Estás seguro de que están ahí? –Le preguntó entonces a Tali, quien frunció su único ojo con fastidio.

-Sí, Alfa. Están ahí, justo en la división hacia el pasillo izquierdo. Mis sentidos no me mienten.

-¡Unown, maldito traidor! –Bufó Zac a través de su ilusión, haciéndose escuchar ante sus perseguidores.

-Lo siento, chico. Trabajo es trabajo. Hay que defender al orden. –Se excusó Tali, parpadeando con desinterés. –Bien, Alfa. Ya cumplí con mi parte. Todos tuyos. Ahora, si me disculpan…

-Infinitos agradecimientos para ti, Tali. Lamentamos haber tenido que molestarte con este minúsculo asunto. Estamos en deuda contigo. No olvidaremos este favor. –Se disculpó Alfa de forma repentinamente demasiado cortés, inclinándose él y sus seguidores respetuosamente ante el Pokémon Tipo Psíquico, quien pareció incómodo.

-Ni lo menciones. –Tali puso el ojo en blanco y se fue levitando por el pasillo del que apareció. –Suerte, Fid. La necesitarás.

-Gracias, Tali. –Respondió Fid desde su posición, pidiendo paciencia con una pata sobre su rostro.

-Bien… -Dijo Alfa entonces, una vez Tali se marchó. –Ahora que estamos solos, podemos pasar a lo realmente importante… Ustedes, niños, están en GRAVES aprietos.

-¿Alguna brillante idea? –Susurró Zac, retrocediendo ante cada paso que Alfa daba. –Estoy abierto a sugerencias.

-Rendirnos sería la opción más lógica. No tenemos ningún tipo de oportunidad contra Alfa. Conoce Movimientos con los que podría derribarnos a cada uno de nosotros de un golpe y su velocidad es insólita. Defendernos terminaría en tragedia. –Aseguró Fid, frunciendo el ceño.

-Entonces, no peleemos. Estamos muy cerca de la oficina a estas alturas, ¿no es así? –Sugirió Zac enérgicamente mientras sudaba de los nervios.

-Sí, en teoría estamos a alrededor de 44 metros de llegar a la puerta de la oficina, pero ¿quieres competir en una carrera contra el Pokémon más rápido del Gremio? ¿Y crees que tienes la oportunidad de ganarle? –Replicó el Cacnea, casi con sorna, resignado. Suspiró. –No, no valdría la pena el intento. Deshaz la ilusión y afrontemos las consecuencias. Es lo mejor que podemos hacer ahora.

-Sabemos que están aquí. No vale la pena seguir corriendo de nosotros. Es inútil. –Les dijo Alfa a la distancia, mientras observaba y escuchaba absolutamente todo a su alrededor, al igual que sus hombres. Zac lo miró tragando saliva, antes de volver su mirada de nuevo hacia Fid.

-Por algo me convertí en el ladrón más escurridizo de Penumbria. –Respondió Zac, intentando confiar en sí mismo. –Llegamos hasta aquí gracias a mis ilusiones, ¿no es así? Pues sigamos abusando de ellas y saquémonos de este embrollo. No tienes que preocuparte de más nada, además de correr. Solo espera a mi señal…

-No. –Negó Fid, mirando fijamente al zorro a su lado. –No tiene caso. Mi plan ya fracasó. Alfa sabe que estamos acá, y sabe que está tratando con un Zorua. Estará tan atento que apenas demos un paso se abalanzará sobre nosotros sin darnos la oportunidad a reaccionar. No tiene caso. Rindámonos mientras todavía tenemos la elección de hacerlo…

Alfa y los suyos estaban cada vez más cerca, caminando lenta y atentamente mientras barrían el pasillo en formación y esperaban a algún descuido de parte de sus objetivos. Axel temblaba de pies a cabeza, recordando el golpe que recibió antes de parte de uno de los soldaditos que conformaba a aquel Pokémon. No quería saber cómo sería ser apaleado por todos ellos.

-¡Mira, Zac! Quizás Fid tiene razón. Quizá llegamos demasiado lejos, y lo mejor sea entregarnos pacíficamente. Quizás, así nuestro castigo no sea tan severo, ¿sabes?

-¿Tú también, Axel? ¡Vamos, no puedes ir en serio! –Zac se alteró un poco, y descuidó demasiado su ilusión, a tal punto de que se hicieron visibles por un momento para Alfa y los suyos, quienes reaccionaron poniéndose en guardia al instante. Zac pegó un respingo y volvió a hacerlos desaparecer, pero inmediatamente abrió los ojos como platos, como con una revelación. -¡Escuchen! ¡Escúchame, Axel! Confía en mí, ¿está bien? Sé que es difícil porque… Esto… Esto es mi culpa. Lo admito, pero no voy a dejar que me atrapen y te arrastre a esto conmigo de nuevo. Voy a solucionarlo, lo prometo. Pero necesito que confíes en mí, solo esta vez. Por favor.

Axel observó la expresión suplicante del Zorua con los ojos muy abiertos. El Buizel entonces bajó la mirada, observando nuevamente aquel cuerpo que no era el suyo. Se le notaba recio. Era obvio que no quería seguir corriendo, ni peleando. Quería ceder y no causarle más problemas a Fid, pero…

Prometió que jamás le daría la espalda a Zac.

Quien estaba de pie delante de él, suplicándole por su confianza. Confiaba en él. Confiaba en Zac como en ningún otro Pokémon. En todos sus recuerdos, en todas las memorias que había hecho desde que despertó como un Buizel, el Zorua había estado a su lado, ahí para él.

¿Qué clase de persona…? ¿Qué clase de Pokémon sería si no pudiera devolverle el favor?

Así que hizo lo que prometió que haría a partir de ahora. Y sonrió con toda la confianza y el valor que pudo reunir en ese momento en el que los Falinks ya estaban prácticamente sobre ellos. El brillo en sus ojos se le contagió a Zac, quien retrocedió sorprendido.

-Confío en ti. –Dijo Axel sin un apéndice de duda. -Siempre.

Y con esas palabras, Zac recuperó aquella sonrisa maliciosa que lo caracterizaba, para entonces encarar con decisión a los guerreros que los acorralaban.

-Tu confianza será recompensada. Lo prometo. –Juró el Zorua. -¿Y qué me dices tú, oh gran sabio tutor?

-No tendría sentido oponerme a este punto… -Suspiró Fid con resignación. –Y supongo que, en teoría, hay una posibilidad de que alcancemos la oficina antes de que nos atrapen. Pero para eso tendríamos que pasar directamente por el pasillo detrás de Alfa. ¿Cómo piensas que podremos traspasarlos?

Zac visualizó el pasillo en cuestión y a los imponentes hombrecillos que se interponían en el camino. Frunció el ceño, pero siguió sonriendo con determinación mientras su mente maquinaba un plan rápidamente.

-Lo tengo cubierto… -Fue la respuesta de Zac, sonriéndole al Cacnea de oreja a oreja. –Esperen mi señal…

-Atentos a cualquier sonido o movimiento sospechoso. No se dejen engañar por los trucos del Zorua. Tenemos que… -Les indicaba Alfa a su pelotón muy atento, hasta que, de golpe, una pequeña nube de polvo se levantó de pronto a escasos centímetros de ellos. -¡Ahí!

Y sin dilación tres de los hombrecitos la atravesaron a la carrera sin lograr golpear nada. Alfa, quien no se movió de su posición, miró de un lado al otro rápidamente escaneando el terreno, pero ahora todo estaba tan tranquilo como hace un segundo atrás.

Pero entonces, Alfa escuchó una pisada a sus espaldas. Apenas volteó, sus dos hombres restantes ya habían reaccionado, abalanzándose a lo largo del pasillo, barriéndolo por completo de un lado al otro en pocos segundos sin lograr arrollar a nadie. Nuevamente, silencio. Alfa frunció el ceño.

-Están intentando distraernos para que puedan escapar… -Escudriñó el líder de los Falinks, reaccionando. -¡Bloqueen las salidas inmediatamente, soldados! Solo quieren despistarnos…

-Y diría que lo estamos haciendo muy bien. –Dijo Zac, parado junto a Alfa con total tranquilidad. Alfa se lo quedó mirando fijamente.

-¡Cuidado, capitán! –Se apresuró uno de sus soldados, abalanzándose contra el zorro hecho una bala, pero solo logró atravesarlo tal como Alfa previó. El Pokémon Formación frunció el ceño con amargura. -¿Eh? ¿Qué sucedió?

-Lo que sucede siempre con los de esta clase… -Alfa ensombreció su mirada, mientras que a su lado destruía otra imagen del Zorua que recién aparecía. –Está jugando con nuestras cabezas. No se dejen engañar, necesitamos…

-¡Hey, enano! –Le interrumpió un Zac que parecía a punto de escaparse por el pasillo más lejano cuando uno de los Falinks se apresuró a destruirlo.

Todos se lo quedaron mirando fijamente.

-Ejem… como iba diciendo…

-¡Cabezón, hey, cabezón! –Se burlaba otro zorro a poca distancia del grupo. Este también fue silenciado abruptamente por uno de los Pokémon guardias. Alfa se mostró molesto.

-Como decía…

-¡Hey, Alfa, Alfa, Alfa!

-¡Oigan, cabezas duras! ¡Atrápenme si pueden!

-¿Eso es todo? ¡Pensaba que se supone que daban miedo!

-Son tan tiernos y tontos… deberían dedicarse a…

Y por cada instante, aparecía en las visiones de los Pokémon Tipo Lucha incontables Zorua que corrían y revoloteaban y reían sin parar, saltando de un lado al otro, traspasándose entre sí y traspasándolos a ellos como fantasmas burlones que cantaban en un coro atronador y descontrolado en el cual no se escuchaba nada más.

-¡Capitán! –Intentó llamar uno de los Falinks entre la multitud de zorros. -¡Capitán!

-¡No se dejen engañar…! –Intentaba hacerse escuchar Alfa a través del barbullo, entrecerrando los ojos como si intentara ver a través de la niebla que eran las ilusiones de Zac. -¡No caigan en el truco! ¡Permanezcan enfocados! ¡Vean a través de las mentiras…!

-¡Capitán…! –Pero era en vano. Otro Falinks intentaba llamarlo, sin poder verlo o escucharlo a través de tantos zorros que lo rodeaban, a él y a todos sus compañeros, perdidos en un mar interminable de ilusiones que parecía no tener fin.

Del cual escapaba cierto trío de presurosos y aterrados Pokémon, uno de los cuales cayó redondo al suelo apenas entraron por el pasillo que los conduciría directo hacia su destino.

-¡Zac! ¿Estás bien? –Lo llamó Axel con alarma, agachándose al lado del exhausto zorro, que parecía totalmente desprovisto de energías, pero igual sonreía como bastardo.

-Tan bien como puedas esperar, nena. –Contestó Zac, poniéndose de pie con la ayuda del Buizel. No tardó en sonreírle burlonamente a Fid. -¿Y bien? Nada mal para meras ilusiones, ¿no es así?

Fid parecía casi avergonzado, pero incluso él sonreía con algo de emoción.

-Admito mi mal arbitraje. Infravaloré demasiado tus habilidades para burlar a otros Pokémon. Te concedo que eso fue excelente. Olvidaba por completo que las ilusiones también pueden generar sonido, no solo imágenes. En manos equivocadas, puede ser una completa pesadilla estar atrapado en una trampa así.

-Agradece que estamos del mismo lado, entonces. Y recuerda no hacerme enojar. –Le sacó la lengua Zac, divertido pero mareado. Pero victorioso al fin y al cabo. –Ahora, vámonos de aquí a reclamar nuestra dulce recompensa luego de tan emocionante día de traba…

Pero entonces, Zac trastabilló. Axel no tardó en atraparlo para evitar que se desplomara sobre el suelo, pero en ese instante, el zorro abrió los ojos como platos, sintiéndose totalmente exhausto. El Buizel lo sabía al solo verle los ojos. Zac había alcanzado su límite. Por solo un instante.

Un instante, en el que todos los Zorua ilusorios a sus espaldas desaparecieron en un pestañeo, revelando a seis aturdidos y furiosos Pokémon cuyos ojos se fijaron inmediatamente en las tres figuras dentro de uno de los pasillos. Alfa fue el último en notarlos, con los ojos muy abiertos. Todos tardaron en reaccionar. Seguramente porque los Falinks todavía estaban intentando determinar si eran reales o no.

-Corran. –Dijo finalmente Fid. -¡Corran!

Y sin esperarse otro momento, agarró a Axel y a Zac bruscamente del pelaje para luego salir disparado por el pasillo utilizando su Movimiento Abrecaminos. Finalmente, Alfa reaccionó.

-¡Vayan a por ellos! –Dictó con furia resonando en su monótona voz.

-Pero jefe, que tal si son ilusiones y nos distraen del verdadero objetivo… -Replicó otro, pero Alfa golpeó el suelo de un pisotón con muy poca paciencia.

-En ese caso, ¡Beta, Gamma, quédense atrás y escaneen otras salidas! ¡El resto, síganme! ¡A ELLOS! –Y en un abrupto impulso, salió disparado como una bala dentro del pasillo por el que sus tres objetivos se deslizaban. Su acometida provocó una explosión sónica que le erizó el pelaje al zorro y a la nutria que eran arrastrados por un aterrado Fid.

-¡Esto no pinta bien…! –Decía Zac, sintiendo su pelaje alborotarse por el viento mientras miraba hacia atrás con dificultad, ensanchando sus ojos al ver a los cuatro Falinks acercarse certeramente hacia ellos. -¡ESTO NO PINTA PARA NADA BIEN!

-¡Eso lo sé…! –Jadeó Fid con dificultad. Sus ojos dilatados y aterrorizados parecieron perder intensidad por un momento, Axel sintió cómo el aire frío contra su pelaje mojado se debilitaba, indicando que el Cacnea había disminuido su velocidad. -¡Vamos… estamos tan cerca…!

-¡Más rápido! ¡Más rápido! –Gritaba Zac, alterándose cada vez más al ver lo cerca que ya estaban los furiosos Falinks de ellos.

-¡Deténganse ahora mismo! –Ordenó Alfa, liderando su pelotón. Sus ojos azules brillaban con furia y su voz resonaba con eco a través de los pasillos que atravesaba con rapidez. -¡Es su última oportunidad! ¡Sométanse ahora mismo!

Axel los escuchó sin ser capaz de reaccionar. Estaba inmóvil por el miedo, dejándose arrastrar por Fid, mirando hacia atrás, como sus perseguidores estaban a punto de alcanzarlos. Sus ojos ensanchados no reaccionaban, su expresión fría era inalterable, como si él mismo se hubiera apagado, pero podía sentir cómo su corazón hacía retumbar todo su cuerpo mientras veía los ojos azules de los Falinks brillar como estrellas que se iban agrandando más y más, cada vez más cerca, yendo a por él.

Y tuvo un dejá vu.

-¡Zac…! –Pero antes de que pudiera intentar recordar algo, la voz cansada de Fid resonó. -¡Zac…! ¡Me estoy quedando sin energía! ¡Levanta alguna ilusión, o haz algo, por favor…! ¡No puedo seguir así…!

-Grrrg… -Zac cerró los ojos fuertemente, la realidad a su alrededor se deformó un poco, pero nada más. Zac tembló al siquiera intentar usar su Habilidad otra vez. Abrió sus ojos exhaustos sin energías. –¡No puedo hacerlo, no me queda energía…! ¡Intenta continuar un poco más, vamos! ¡Queda muy poco…!

-No tiene caso… -Raspó la voz del Cacnea, Axel tembló ante lo desgastado de su voz. Cada vez iba perdiendo más y más velocidad. –No puedo seguir… ya… no puedo…

-¡FID! ¡No te rindas, maldita sea! ¡Vamos, solo un poco más…! ¡Solo un poco…! –Lo animaba Zac a gritos, aunque en sus ojos se veía que él también se había rendido. Porque tanto él como Axel lo vieron venir.

El ataque de Alfa les llegó directamente.

Con su cuerno brillando como la plata, Alfa embistió a Fid por la espalda de un acelerón. El cactus se desplomó, rodando por el suelo debido a la inercia, resbalándosele a Zac y a Axel, quien parecía todavía incapaz de reaccionar.

El mundo se volvió en cámara lenta para él por unos instantes. Escuchaba el aire zumbándole rápidamente a los oídos. Veía a Zac y a Fid desplomarse, rodando por la alfombra con expresiones de dolor. Caía de espaldas, a punto de ser arrollado por los otros tres Falinks, sin poder hacer nada al respecto.

Habían fallado.

Se intentó convencer a sí mismo que no iba a ser tan malo. Que iba a haber una forma de salir de esto. Que las consecuencias que enfrentarían no cambiarían nada al final. Que aceptara este destino.

Pero algo dentro de él no podía. Algo dentro de él le decía que no podía fallar ahora, que aunque fuera inútil, no perdía nada por intentar. Tal como habían intentado todo el día lograr registrarse, o encontrar un equipo al reclutarse, o escapar de Alfa. Fid y Zac se habían desgastado a sí mismos hasta desfallecer, mientras que él no había hecho nada en absoluto…

¿Cómo esperaba lograr algo, si no era capaz de cambiar nada? ¿Cómo iba a ser algo, si todos podían sacrificarse menos él?

Entonces, abrió los ojos con determinación, mirando hacia adelante, decidido a intentar luchar. E incluso ese mínimo esfuerzo se vio recompensado. Supo entonces por qué estaba tan renegado a dejarse vencer justo ahora.

Reconoció la alta puerta de viejo roble oscuro que daba a la oficina de McGee. Estaba a la vista. Estaba ahí mismo. Su meta, tan cerca que podían tocarla.

E iban a tocarla.

Derrapó con relativa facilidad gracias a la humedad de su cuerpo, dejando que Fid aterrizara sobre su espalda y agarrando a Zac lo más rápido que pudo con su garra. Sintió a Alfa enfrente de su nuca, a punto de noquearlo de un cabezazo que seguro lo dejaría un tiempo en el hospital. Y dejó que su cuerpo fuera consumido por una luz blanca antes de esquivar el Golpe Cabeza en el último segundo. Los Falinks se sobresaltaron cuando Axel salió disparado con su Ataque Rápido, cargando a Fid y a Zac, en dirección a la oficina.

-¡Mierda… ¿qué rayos…?!

-¡Haz silencio, mierda, haz silencio! –Le suplicó Axel, intentando obligarse a no dejar de expulsar esa energía blanca que le mantenía en movimiento, aunque los Falinks rápidamente comenzaron a alcanzarlo de nuevo. -¡Estamos demasiado cerca…! ¡Ridículamente cerca! ¡Tenemos que lograrlo, sí o sí!

-¡Je, diablos Axel, cuando te sacas lo tuyo, te sacas lo tuyo…! –Iba diciendo Zac, hasta que notó que uno de los Falinks se acercó peligrosamente, disparándole entonces una Envidia Ardiente directa que lo obligó a retroceder. El zorro tosió ferozmente debido a la falta de energía, pero de todos modos se forzó a hablar. -¡Los retendré! ¡Tú sigue avanzando!

-¡Revoltosos buscapleitos…! –Decía Alfa, enrabiado a más no poder, siendo refrenado por otra Envidia Ardiente del zorro que le sacaba la lengua. -¡Esto solo va a terminar mal para ustedes! ¡No pueden escapar de nosotros por siempre! ¡Tarde o temprano, tendrán que responder ante nosotros!

-¡Sí, sí! ¡Lo que tú digas, enano! ¿Qué tal si me besas el…?

-¡Lo siento, Alfa! –Interrumpió entonces Fid, sin fuerzas para siquiera mover su cuerpo de la espalda del ya exhausto Axel, cuya energía estaba menguando rápidamente. -¡Pero no llegamos tan lejos como para darnos vencidos ahora! ¡Así no es cómo actúan los Equipos de Rescate…! ¡Vamos a lograrlo!

-¡Fiddle, en nombre de Arceus! ¡No sé qué se te ha metido en la cabeza por culpa de esos dos buscaproblemas, pero ahora mismo, también tendrás que pagar las consecuencias por sus actos!

-¡Lo haremos, pero según nuestros términos! –Contestó entonces Cacnea, y de golpe se incorporó y encaró al grupo de Pokémon que los perseguía, disparando semillas Drenadoras al suelo, que rápidamente crecieron en pequeñas raíces que ralentizaron a los Falinks levemente. Lo suficiente como ya estar literalmente junto a la puerta. -¡Vamos, Axel! ¡Ya lo tenemos! –Le animó Fid al Buizel, nuevamente desplomándose sobre la espalda de este sin energías.

-¡Lo lograremos! ¡Un poco más, lo lograremos! –Vitoreaba Zac, también incapaz de siquiera moverse.

-¡Estamos ahí! ¡Estamos…! –Gruñía Axel ya sin sentir su cuerpo.

Y de golpe, su Ataque Rápido se deshizo. Perdió el equilibrio. Los tres cayeron. Alfa atravesó las Drenadoras. Estaban a punto de ser atrapados. La puerta se abrió.

Y de la oficina, un par de Pokémon se asomaron y al instante vieron a aquellos otros Pokémon a punto de estrellarse contra ellos.

-¿Qué carajos…? –Rechinó una voz ronca muy reconocible. Axel abrió los ojos como platos al sentir cómo de golpe su cuerpo frenaba, al igual que el de Zac, y el de Fid. Y veía a los Falinks de golpe detenerse a escasos metros de ellos.

Un Pokémon había salido de la oficina, uno alto. Había atrapado sin esfuerzo a Zac y a Axel en un brazo, y a Fid con el otro, levantándolos a los tres como si fueran niños. Sus ojos rojos no revelaban estar en absoluto sorprendido, miraba bastante interesado a los tres Falinks que se petrificaron ante su sola presencia. Al principio se le veía inexpresivo, pero no tardó en sonreír.

-¡Hey, Alfa! ¿Cómo has estado? –Dijo el Gallade con total serenidad. Axel lo observó con los ojos muy abiertos, pero notó al igual que Zac que Richard lo acompañaba y se veía muy extrañado por la situación.

-Argent… -Dijo el Falinks muy formalmente, al instante sus tres hombres se pusieron en formación detrás de él. –Un placer como siempre… tratar contigo. Un honor, en efecto.

-¡Igualmente, amiguito! Siempre alegre de verte, ¿estabas ocupado? No quisiera quitarte segundos de tu valioso tiempo…

-¡Ah, no! En absoluto, Argent. Es solamente una situación que se descontroló, temo mucho que los Pokémon que estás llevando en tus brazos ahora están muy relacionados. –Explicó Alfa muy cuidadosamente, lanzándole una mirada muy enojada al trío que Argent protegía, quienes sudaron en frío mientras se mordían la lengua.

-¿Qué? ¿Fid y estos niños? ¡Pero si son invitados del Equipo Perenne! Además, estamos hablando de Fid. ¿Qué problemas podrían causar?

-Pues, verá… alterar la paz, descontrol de masas, provocación de conflictos internos, y evitar el arresto…

-¿Arresto? ¿Qué somos ahora, Seguridad Pública? –Se rio Argent, totalmente despreocupado.

-Argent, las faltas ejecutadas por estos tres no pueden pasarse por alto como si fueran poca cosa, permítenos tomar cartas en el asunto y…

-Ah, no, Alfa. No tienes nada de qué preocuparse, acabo de tratar ese tema con McGee apenas me enteré. –Explicó el Gallade. –Y según testigos, muchos testigos, en realidad, tal parece que fueron los tres miembros del Equipo Impedimento quienes empezaron la revuelta, contra más ni menos, dos civiles todavía no registrados legalmente como miembros del Gremio. Tal como escuché, estos tres solamente actuaron en defensa propia, y fueron injustamente inculpados de iniciar el conflicto y por ende… de un injusto trato de tu parte en intento de aprehenderlos.

Alfa escuchó muy atentamente las palabras de Argent, casi luciendo sorprendido, para luego mirarle a las caras a los tres Pokémon que el Gallade permitió dejar en el suelo. Los tres lucían aterrados y exhaustos, posiblemente traumados.

Los últimos dos miembros del pelotón de Alfa justo llegaban, no parecían necesitar que se les pusiera al día. Entre todos intercambiaron miradas de culpa e incertidumbre, que terminaron en una única expresión grupal de vergüenza.

-Si tal fue el caso, lamentamos profundamente este malentendido, Argent. E igualmente nos disculpamos por nuestro temprano actuar, Fid, Zac y Axel. Estamos muy arrepentidos de las metidas tan drásticas que tomamos en su contra.

-A ver, páganos el hospital entonces, no tienes idea de cómo sufrimos escapando de todos ustedes, idiotas de un solo cerebro, enanos del… -Fid no tardó en callar a Zac brutalmente de una palmada en el hocico.

-Aunque no pueden culparnos demasiado. –Añadió Alfa, haciendo una reverencia. –Este asunto sin duda fue un total desperdicio de tiempo y energías para todos, pero incluso ahora debo asegurarme de que la versión que acabas de comunicarnos, Argent, sea verídica, ¿McGee está disponible?

-Disponible en todo lo que cabe. –Argent sonrió mientras se encogía de hombros. –Pero son libres de pasar, permítanme. –El Gallade estaba a punto de abrir la puerta, cuando…

-¡Pero…! –Interrumpió entonces otro de los Falinks. –Si el Buizel y el Zorua todavía no figuran como parte del Gremio de Victini, han sido parte de conflictos con el personal del Gremio y se han resistido a la seguridad del mismo, se les tendría que igualmente expulsar del Gremio en este mismo instante por conductas problemáticas. No son miembros oficiales del Gremio, después de todo, al no estar registrados.

-Ah, en efecto, una observación muy precisa Gamma. –Se sobresaltó Alfa, mirando nuevamente con bastante ferocidad al dúo de pobres jóvenes que se abrazaron entre sí apenas Alfa dio un paso hacia ellos. –Lo lamentamos, pero todavía tenemos una obligación que cumplir. Les pediremos amablemente, Zac y Axel, que nos acompañen a la salida y abandonen el Gremio de Victini. Quedan oficialmente vetados de ingresar a las instalaciones sin autorización de alguna figura de autoridad del propio Gremio y…

-¿De qué hablas, Alfa? –Le interrumpió entonces Argent, sonriendo con diversión. –Si estos dos son aprendices oficiales del Equipo Perenne.

Todos se quedaron en silencio.

-¿Discúlpenos? –Soltó Alfa, parpadeando.

-Sí, así es. Axel el Buizel y Zac el Zorua están oficialmente afiliados al Equipo Perenne como rescatistas aprendices hasta nuevo aviso, por lo menos hasta que estén listos para formar su propio Equipo de Rescate…

-¿Qué…? Pero… -Balbuceaba Alfa, desconcertado.

-¿Desde cuándo? –Preguntó Beta, descolocado.

-Desde hace exactamente ocho minutos, pueden verificarlo con McGee ustedes mismos si lo desean. –Argent se agachó junto a Axel y a Zac, que lo miraron fijamente sin reaccionar. –Estos dos Pokémon son, en efecto, parte del Equipo Perenne de manera temporal. Así que no pueden expulsarlos del Gremio ni mucho menos. Cualquier otro inconveniente que el Gremio tenga contra ellos, el Equipo Perenne estará más que dispuesto en responder. O en manera más directa… -Gallade se irguió con orgullo, luciendo extremadamente amenazante para los ojos de los pequeños Pokémon que lo rodeaban. –Yo, responderé personalmente por ellos. ¿Hay algún otro problema que deseen discutir?

-No… no, Argent. Nada más que sea digno de desperdiciar su tiempo. Nosotros mismos nos ocuparemos de los clavos que queden por atar con este asunto, ahora, si nos disculpa…

-Nada que disculpar, Alfa. ¡Cuídense mucho y tengan un grandioso día!

-Igualmente, Argent. Igualmente, un placer como siempre… -Y así, caminando en línea uno detrás de otro, los derrotados soldaditos ingresaron en formación dentro de la callada oficina de McGee, no sin antes cada uno de los seis Pokémon que conformaban a uno solo miraran con enojo a Axel y a Zac, uno encogiéndose con vergüenza mientras que el otro les sacaba la lengua con una sonrisa victoriosa.

Apenas los Falinks salieron de la vista del grupo, cerrando la puerta detrás de ellos, Fid, Axel y Zac pudieron tomar un profundo suspiro de alivio, pero ni un momento de descanso pudieron tomarse.

-¡Mocosos del carajo! –Richard, quien se había mantenido en silencio durante todo el proceso, se les abalanzó a Axel y a Zac, agarrándolos del cuello para luego presionarlos contra la pared con severidad. -¡Les di todo un puto discurso sobre pensar en su futuro y en las consecuencias de sus decisiones! ¡¿Y qué, les valió mierda?! ¡Está claro que cometí un error al perdonar sus miserables existencias y salvarles sus sucios culos! ¡Me han decepcionado, enanos! ¡Y van a aprender a la mala QUE NADIE DECEPCIONA A RICHARD!

-¡Richard, espera! –Apenas el alfil se les abalanzó a los niños, Fid se interpuso de un brinco. El Pokémon Tipo Acero detuvo sus cuchillas a centímetros del rostro del cactus. Axel y Zac, que ya estaban abrazados en el suelo mientras rezaban por sus vidas, soltaron un breve suspiro de alivio.

-Tú… -La voz se Richard se convirtió en un murmullo siniestro que les heló la piel al trío. Axel y Zac solo atinaron a esconderse detrás del cansado Fid que a duras penas se atrevía a encarar al furioso guerrero. –Te di una sola orden, Fid, ¿y me sales con estas? Sabes perfectamente las expectativas que están sobre nuestras cabezas, la confianza que Lazuli y yo tenemos en ti, ¿y la cagas sin más? –Richard se agachó para mirar al Cacnea a los ojos. La expresión de Fiddle no parecía cambiar, pero en sus ojos se veía que esas palabras lo estaban afectando profundamente. –Podía esperarlo de Dante, incluso de Zella, pero jamás de ti. Me decepcionaste, Fiddle… ¡y nadie decepciona a…!

-Okey Rich, creo que es suficiente escarmiento. –Intervino Argent entonces, levantando a un furioso Richard con un brazo sin esfuerzo. El psíquico seguía sonriendo tranquilamente. –Me encargaré yo a partir de aquí, ¿de acuerdo, campeón?

-A la orden, jefe. –Asintió el Bisharp sin rechistar, calmándose enseguida mientras hacía una pose militar y se dejaba colgar por su superior, quien lo dejó en el suelo con suavidad y le dio unas palmaditas en el casco.

Pero entonces, cuando el Gallade volteó hacia el trío de pequeños Pokémon a sus pies, los paralizó. Sus ojos rojos parecieron oscurecerse, relampagueando con una sombría frialdad que apuñalaba justo en el alma de sus tres víctimas, haciéndolas caer en un miedo inmediato. Fid pareció ponerse rígido al instante que Argent dio un paso hacia él.

-Señor Argent, yo… Yo quiero disculparme directamente por todas repercusiones que mis acciones negligentes pudieron haber causado en la reputación del equipo. Admito que… cometí muchos errores que desenlazaron un conflicto interno en el que Alfa tuvo que intervenir. –Argent no dijo nada. Simplemente se quedó ahí, de pie, apuñalando al Cacnea con la mirada muy fija, como esperando algo más. Fid tragó en seco. –Sé que debí dejarnos someter al instante, pero deseé intentar esquivar las consecuencias. Respondo y acepto incondicionalmente toda mi irresponsabilidad por este asunto y entenderé… totalmente si decide que ya no soy apto para seguir siendo un miembro del Equipo Perenne. –Richard reaccionó, mirando al cactus muy fijamente. –Solo espero que sepa, que lamento muy profundamente los problemas ocasionados, problemas cuyas consecuencias espero no perjudiquen a Richard ni a Lazuli, ni a estos dos nuevos reclutas. Presentaré mi carta de renuncia al escritorio de McGee en este mismo instante, si es eso lo que decide…

Richard estaba por intervenir al escuchar esa última parte, pero no fue necesario.

-Puff. –Se escuchó. Todos miraron a Argent fijamente. –Heeh… jeje… ¡JEJEJE…! –Rio el líder del Equipo Perenne, totalmente despreocupado. -¿En serio… en serio creíste que iba a sacarte del equipo por meterte en problemas con Alfa…? –Argent se agarró la cara mientras lloraba de la risa. Zac y Axel se lo quedaron mirando con perplejidad. –Fid… Fiddle, eres todo un caso, en todo el sentido de la palabra, pequeño bribón. –Argent comenzó a recuperar la compostura, mirando al Cacnea con una enorme y tranquila sonrisa. Los ojos de Fiddle brillaron con fascinación. –Escuché la historia entera una docena de veces, soldado, antes de venir aquí. Sé que no fuiste tú quien comenzó el conflicto, pero hiciste muy bien en terminarlo. Y sí, puede ser que resistirte a Alfa haya sido una decisión muy estúpida, ¿pero qué otra cosa podían hacer? ¡Los inculparon injustamente de haber quemado parte del pasillo del ala este y de atacar al Equipo Impedimento cuando intentaron detenerlos!

-¿Esas ratas dijeron QUÉ? –Rugió Zac, poniéndose de pie de un salto.

-Ah, y no olvidar a estos dos buscaproblemas. ¿Axel y Zac, me dijeron que se llamaban? –Argent miró al dúo con ojos emocionados como si fuera un niño, se agachó hacia ellos al instante. -¡Apenas un día en el Gremio y ya los rumores vuelan! Smail me ha hablado estupendamente de ustedes dos, pequeñines…

-¡¿A quién llamas pequeñín, tú cabeza de cebolla del…?! –Gruñó Zac, pero Argent lo calló poniéndole una mano en la frente y restregándole el cabello.

-Tan enérgico como contó ella, por lo que veo. –El Gallade sonreía paciente al petulante zorro que le sacudió la mano de encima y le mostró la lengua, pero Argent lo ignoró para ahora mirar fijamente a Axel, quizás por demasiados segundos. –Y tú, debes ser el Buizel que no sabe nadar… ni pelear. Ni caminar, por lo que puedo juzgar. –Algo en su voz era diferente, se dio cuenta Axel, hablaba con más serenidad y compromiso, pero con una pasión incandescente detrás de cada palabra. Los ojos del Gallade brillaban entusiasmados cuando se le acercó con una sonrisa de simpatía. –Me gustaría ayudarte con tu problema de amnesia, pero temo que eso no es exactamente mi fuerte. De todos modos, cualquier día de la semana podemos conseguirte algún buen psíquico que pueda examinar esa curiosa cabeza tuya. Y si no, seas quien hayas sido, no debes preocuparte. Con nosotros, empezarás una nueva historia, borrón y cuenta nueva, como dicen… Solo debes prometerme… -Argent puso su mano sobre el hombro del pequeño y asustado Buizel, quien sin desviar la mirada de los ojos rojos del Gallade, sintió una calma dentro de su espíritu nervioso que tranquilizó el pulso de su corazón. Sus ojos oscuros se llenaron de admiración al ver el rostro de Argent, y sentirlo con total convicción. La misma que sentían Richard, Fid y seguramente cualquier otro Pokémon dentro de ese Gremio. Estaba enfrente de un Pokémon que demandaba respeto por su sola presencia. Un Pokémon que había librado mil batallas, atravesado miles de peligros y explorado hasta el fin de la tierra. Y que había salido airoso de cada una de sus aventuras. Estaba enfrente de una verdadera leyenda, que ahora mismo, le ofrecía su mano para convertirlo a él también en una. -… Que vas a esforzarte al máximo, siempre. ¿Está bien?

-E… es… está… -Balbuceó Axel, sonrojado y nervioso, intentando hacer funcionar su cerebro y acomodar bien las palabras. Zac se lo quedó mirando extrañado unos momentos, hasta que le dio un golpazo en la espalda para hacerlo reaccionar. –Está bien, señor.

-Muy educados los jóvenes de hoy en día. Fid, eres una mala influencia para ellos. –Bromeaba Argent al incorporarse con el pecho en alto. –Señor es Arceus, solo llámenme Argent, o jefe si quieren. Me gusta como suena. –Decía mientras le raspaba la cabeza a Richard, quien, aunque pareció irritado por eso, recibió el gesto sin siquiera moverse. –Ahora, luego de tantos percances para llegar hasta aquí, creo que ya es hora de movernos, ¿no es así? Ya vamos demasiado tarde…

-Solo para aclarar, señor-¡digo, jefe! –Se trabó Fid, quien todavía se veía bastante nervioso. Golpeaba sus brazos entre sí mientras miraba al suelo fijamente. -¿Sigo siendo… parte del equipo?

Silencio. Zac y Axel se miraron entre sí. Argent ladeó la cabeza con confusión.

-Pues sí, ¿a poco alguna vez dije lo contrario? –El Gallade pareció incluso hacer memoria un momento para asegurarse, pero luego se acercó al Cacnea con una sonrisa serena. –Mira Fid, y escucha atentamente. Sigues siendo parte del Equipo Perenne. Puede que algunos de nuestros compañeros rescatistas acá en el Gremio te hagan sentir lo contrario, pero si los elegí para formar parte de mi equipo, no fue por capricho. Creo en ustedes, y veo el potencial que hay dentro de cada uno de ustedes, así que deja de convencerte de que no mereces ser parte de nosotros. No somos la gran cosa de todos modos. No tienes por qué ser perfecto, solo tienes que demostrar siempre de lo que eres capaz y dar todo de ti, ¿entiendes? –Así como lo hizo con Axel, Gallade le puso la mano en el hombro a Fid mientras sonreía de oreja a oreja. El cactus no reaccionó, mirando a su líder con admiración que Axel no pudo evitar compartir al presenciar toda la escena. Zac y Richard intentaron disimularla. -Puff, que digo. Claro que lo entiendes, eres un chico listo. –Concluyó el Gallade divertido, levantándose para posicionarse de nuevo junto a Richard. –Además, ni aunque la situación haya escalado a peores, nada de eso hubiera sido tu culpa, ya que el reclutamiento de nuevos miembros cae en manos del líder del equipo al que se le asignó la misión en cuestión, ¿no es verdad, Richard? –Y el Bisharp al instante desvió la mirada mientras silbaba, esquivando la siniestra sonrisa de Argent le mostró. –Así que todo este asunto no era tu responsabilidad de todos modos, tranquilo. Ahora, creo muy solemnemente que deberías ir a darte un buen descanso en los cuarteles y le des algo de compañía a Lazuli, te lo mereces. Además, te ves terrible, campeón. Lamento que hayas tenido que trabajar apenas acabando de llegar de una misión.

-Entendido, jefe. Muchas gracias por toda su amabilidad y gratitud. –Fid, todavía intentando reaccionar, solo atinó a inclinarse ante su superior. -Siempre ha sido un honor servir a su lado…

-¡Deja las cortesías por una vez por favor, hombre! No me hagas reconsiderar mi decisión. –Bromeó el guerrero blanco, dándole una palmadita en la espalda al Cacnea quien pegó un pequeño respingo. Alzó la mirada con los ojos muy abiertos, encontrándose con la sonrisa sincera del Gallade. –Ahora, lárgate de aquí. Te necesitaré como nuevo por la mañana.

-Como ordene, se… ¡digo, jefe! Pero si me permite preguntar, ¿qué hará con los nuevos reclutas…? –Axel y Zac lo miraron fijamente, y luego a Argent, esperando expectantes una respuesta. El Gallade pareció pensarlo un momento, pero luego mostró una enorme y no muy tranquilizadora sonrisita.

-Dije que estos dos iban a ser miembros auxiliares en entrenamiento, ¿no es así? –Argent se acercó peligrosamente hacia ambos pequeños Pokémon, quienes retrocedieron ante la sensación de inminente peligro. Axel casi pareció arrepentirse de todas sus decisiones en ese momento. –Entonces, vamos a ponerlos un poco a prueba…