Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada y toda su banda.


Interludio: Algo le Ocurre a mi Novio.


Hilda creía fervientemente que Aioros era un chico normal, muy sensacional, en un contexto inusual. La gente que lo rodeaba, incluso su propia familia, eran algo especiales, buenas personas, pero con características que los destacaban sobre la multitud; sin duda no se pasaba un momento aburrido con ellos a su alrededor.

Así que Hilda se había acostumbrado a la extrañeza, a lo poco común, a lo fuera del orden. Tanto que cuando su novio comenzó a actuar de manera diferente sus alertas se dispararon; una cosa era la gente que lo rodeaba y otra era él mismo. Aioros también era especial, pero no se destacaba a primera vista, uno tenía que verlo de cerca, convivir con él.

Comenzó con la desaparición de toda su efusividad; después Aioros comenzó a vestir de negro y al final parecía uno de esos chicos de principios del siglo que escribían poemas oscuros y decían que la la vida no valía nada.

Cómo todos los jueves, Hilda salió de su trabajo y se encontró con Aioros esperándola en una de las mesas, con una capucha cubriendo la cabeza, lejos de todos. Al acercarse, Hilda incluso notó que Aioros tenía las uñas pintadas de negro y un muy buen delineado bajo los ojos.

—Hola —lo saludo al llegar a su lado, logrando que Aioros la mirara de reojo.

—Hola —respondió mientras se levantaba—. ¿Cómo estuvo tu día?

Aioros la ayudó cargando su bolsa y caminó con ella hacia la calle, iniciando el camino hacia la casa de ella, sin decir nada más mientras Hilda hablaba de su día, su largo trabajo y la inesperada desaparición de Shura. Esa era la segunda cosa que le preocupaba a Hilda, que a Aioros no le importara, e incluso que afirmara que Shura ya no era su amigo. No podía creerlo, e incluso necesitó de una confirmación que le asegurara que lo que había escuchado era verdad; por eso había terminado visitando a Aioria, esperando que él la iluminara un poco.

—Es verdad, ya no somos amigos de esas personas —le dijo Aioria en cuanto la recibió—. ¿Está segura de que no desea algo de tomar, señorita Polaris? No quisiera que creyera que somos una familia salvaje.

Hilda miró a Aioria con el ceño fruncido. El año anterior había visto a ese chico pelearse con un gato por una bola de estambre. ¿De dónde había salido ese refinamiento?

—Estoy bien, gracias, Aioria. Y no es necesario que seas tan respetuoso…

—Por favor, insisto —la interrumpió Aioria, con la mano derecha en el pecho—. Usted es la pareja de mi querido hermano, ¿de qué otra forma podría dirigirme a su persona?

—Como normalmente lo hacías —Hilda juntó las piernas y suspiró. No sólo no entendía qué estaba ocurriendo con Aioros, Aioria parecía por completo otra persona—. ¿Qué le ocurrió a tus aretes? Creí que te gustaban.

—Para nada, señorita Polaris. Eran objetos de mal gusto que no puedo creer que portara. Me siento avergonzado de mi comportamiento anterior.

Hilda se mantuvo en silencio, sin poder creer todo lo estaba escuchando de parte de Aioria. Con más preguntas que respuestas, Hilda decidió buscar ayuda en otros lugares; cuando por fin pudo encontrar a Camus, fue saliendo de un bar de rock que acababa de abrir, usando ropa de cuero y cargando tras de sí un bajo eléctrico.

—La verdad, no tengo ni idea de qué ha ocurrido con ellos, Hilda, ya son historia pasada —le dijo Camus con un tono que sonaba aburrido.

—¿Y qué es lo que pasó contigo? Hueles a alcohol y tienes un instrumento, tú no sabes tocar el bajo —señaló Hilda. El Camus que estaba frente a ella no era para nada el sujeto con el que había salido, frío, metódico, dedicado a su trabajo, ¡era mitad de semana, por todos los cielos!

—Yo no sabía tocar, estoy en una banda —dijo Camus con la cabeza en alto, orgulloso de sus logros—. Debo irme, Hilda, mañana debo continuar enseñándole a los chicos lo que es la buena música y tengo ensayo después.

Camus se despidió de ella haciendo la clásica maloik que todos los rockeros hacían. Hilda pasó los siguientes días creyendo que tal vez estaban bromeando con ella, tal vez ese era un extraño ritual de iniciación, que todos le jugaran una gran broma al nuevo, o nueva. Su teoría tomó fuerza cuando se encontró con Milo y su novio, Valentine, en el centro comercial y notó que Milo estaba usando una bata y hablaba sobre fórmulas químicas y un montón de cosas más mientras Valentine lo observaba en silencio.

Valentine no sabía lo que estaba ocurriendo. Un día simplemente Milo apareció con lentes falsos y el cabello recogido, hablando sobre algunos términos físicos que Valentine no estaba seguro de comprender, más allá de lo básico que le habían enseñado en el Lykeio hacía tantos años atrás. Fuera de eso, en realidad a Valentineno le interesaba mucho las distintas personalidades de Milo, le gustaban todas, le gustaba que Milo le tuviera la suficiente confianza como para hablarle de todo lo que pasaba por su cabeza a cada segundo, sin importar si era una idea inteligente o sumamente tonta. Lo que en las últimas semanas lo incomodaba era cómo Milo parecía decaído, como si algo le faltara, como si algo le hubiera roto una parte del corazón.

Al encontrarse con Hilda, Valentine creyó que la chica exageraba, sí, Milo se comportaba extraño, pero no era nada grave; también había visto que los primos de Milo se comportan extraño, pero nunca los había conocido tanto como para hacer una afirmación tan grande.

Sin embargo, esa era la primera vez que alguien dentro del círculo cercano de Milo se acercaba a él y parecía querer establecer una conversación.

En el pasado, Milo le había dicho que todos sus amigos eran amigables, incluso el amenazante de Deathmask, pero en los últimos días había visto a tres de ellos y ninguno se había dignado a mirarlos o hablarles. Ese era un paso importante que Valentine no quería desperdiciar. Así que se unió a Hilda en su exagerada búsqueda de respuestas y optó por creerle, en especial cuando se encontraron con un tal Mū que amablemente les explicó lo que ocurría.

—Uno de ellos sufrió un golpe en la cabeza y ahora todos padecen de lo mismo, un golpe y sus mentes fueron reiniciadas —explicó—. He intentado hacerlos entrar en razón, pero todos enloquecieron.

—¿Y tú no?

—No, yo estoy bien, me escapé porque soy el "médico experto" —explicó Mū haciendo comillas con los dedos—. Aunque… debo decir que inexplicablemente me duele la cabeza —señaló mientras se llevaba una mano a la cabeza—, debe ser porque no he dormido bien, con todo lo ha estado pasando…

Hilda puso comprensivamente una mano en el hombro de Mū mientras Valentine comprendía que tal vez lo que le había ocurrido a Milo era producto de su golpe y no estaba realmente nostálgico.

—¿Hay algo en lo que podamos ayudarte, Mū? —preguntó Valentine.

—No lo creo, a menos que puedan convencer a sus respectivas parejas de regresar a la normalidad… o algo muy parecido a eso —afirmó—. Pero no se preocupen, no quisiera poner una carga como esa sobre ustedes…

—Intentaré ayudarlos —dijo de inmediato Hilda—. Quiero a Aioros, pero sé que este no es el verdadero él… al menos eso creo. ¿Alguien más lo sabe?

—Sí, Dysnomia…

—Oh, tu novia, ¿cierto?

—No… —Mū negó rápidamente, volteando a todos lados, no fuera a ser que la mencionada estuviera cerca para golpearlo en la cara— Nosotros no estamos saliendo, eso es una confusión.

—Pero… yo había escuchado de esa "confusión" desde hace un año.

Mū suspiró. Un año completo, y si no le hubieran dicho directamente a Dysnomia ninguno de los dos se habría enterado.

—Eso no tiene importancia ahora —desestimó Mū—. El chiste es que, bueno, los chicos sólo tienen un golpe en la cabeza.

Valentine dejó de prestar atención cuando Hilda preguntó por los demás y sus cambios de personalidad. Hasta ese momento, el amigo de Milo más agradable para él era Mū, pero esperaba que estás nuevas experiencias le sirvieran para conocer a los demás. Pero primero lo primero, resolver el tema de los golpes y continuar en contacto con Hilda, quien parecía bastante agradable.