Zarpando hacia el Destino
El blanco retumbó con el golpe de la certera lanza, y casi cae al piso, Aiglos brilló satisfecha a la luz del sol de esa mañana, muchos años de paz habían pasado y anelhaba que su amo volviera a empuñarla. Ereinion se acercó decidido al blanco de madera, y con un fuerte movimiento arrancó la lanza trayéndose consigo parte del mismo blanco. Caminó de nuevo a su posisión hacia el otro extremo del campo de práctica y con un ademán de su mano pidió que los mosos lo cambiaran por otro que no estuviera dañado. El sudor corría desde su frente y por su torso desnudo, el calor en ese día de verano era intolerable, la piel de su espalda y hombros ya estaba un poco enrojecida, pero esto parecía importarle poco o nada a Ereinion. Tomó posición abriendo sus piernas y flexionando sus rodillas y alzó la lanza sobre su cabeza, sus largos cabellos negros caían sueltos a cada lado de su rostro y recorrían su espalda. El Rey tomó impulso y corrió en dirección al blanco para lanzar otra vez su mortal arma, que apenas se podía ver con la velocidad a la que atravesaba el aire. El blanco se quebró de nuevo en un estruedo, y la acción se repitió.
-¿Cuántos lienzos ha quebrado ya?- preguntó Gildor que se encontraba practicando las estocadas de su poderosa espada y el sonido estruendoso de la madera le había hecho perder la concentración.
-Siete, si las cuentas no me fallan - dijo Kherion recargado en uno de los pilares que rodeaban el campo, ponía atención a la práctica de Ereinion desde hace rato y lo veía con un poco de preocupación.
-Tenemos que hacer algo al respecto antes de que acabe con todos ellos, o vuelva a huir de Lindon- dijo Gildor acercándose a su amigo mientras observaba a Ereinion consternado.
-Soy todo oídos, Euriel ya esta cansada de tener que hablar con el cada mes para poder controlarlo, y Elrond tampoco lo soporta mucho en Imladris.
-Una visita a Numenor le haría muy bie…-las palabras se le cortaron con el codazo que le dio Kherion en las costillas y se agachó tosiendo para recuperar otra vez el aire.
-¡Callate, te va a escuchar!- dijo Kherion alarmado
-lo decía en serio- decía Gildor todavía encorvado con las manos en las rodillas.
Ereinion los miró con el ceño fruncido y ellos solo lo saludaron con las manos como si no pasara nada. Al parecer no los había escuchado pero había sido testigo de la llamada de atención que Kherion le propinó a su amigo, pero sin darle más importancia siguió con su práctica.
-¿Tienes otra idea que si pueda ser posible?- preguntó Kherion a Gildor que ya estaba recuperando la respiración.
-¿ya trataste de embriagarlo hasta que pierda la conciencia?
-Si, no funcionó, jamás perdió la conciencia- dijo Kherion cruzado de brazos aún recargado al pilar- pero podríamos intentarlo de nuevo, dicen que las tabernas del puerto sirven de las cervezas más fuertes que puedes encontrar en Eriador, vale la pena darles una oportunidad.
-Cuenta conmigo- dijo Gildor entusiasmado- justamente hoy en la noche quedé con los herreros de vernos en la taberna de Saeros. Mataremos dos pajaros de un tiro, han tratado por semanas de hablar con Ereinion pero no se ha dejado ver, es tiempo de que se hagan amigos.
-¿Estas listo para convencerlo?- dijo Kherion.
En ese momento la lanza cruzaba de nuevo el aire sumbando y terminaba atravesando el blanco de madera por completo y quedaba clavada en el pilar detrás, los Eldar se miraron mutuamente y respiraron hondo antes de decidirse a acercarse a Ereinion.
Almandur parecía un remolino que había pasado por la oficina, tomaba pergaminos y papeles y los arrojaba a su escritorio para después analizarlos y decidir si merecían la pena guardarlos en el maletín de cuero que embarcaría a Numenor. Organizaba todos los documentos que necesitaba para empezar sus proyectos con los herreros de los Edain mientras analizaba los pergaminos donde por cientos de años había documentado las técnicas que utilizaba en las fraguas, aunque en algunos casos estás se vieran mezcladas con la magia de los Eldar, de la que los Edain no tenían la capacidad de reproducir, era entonces que descartaba el documento haciéndolo a un lado para pasar al siguiente.
La fecha de zarpar estaba próxima, había puesto todo su empeño en terminar todos los trabajos pendientes que tenía en Lindon, había estado trabajando conjuntamente con Othar y Tulmo en el proyecto de las armaduras que estaban diseñando, y al parecer todo iba encarrilado por buen camino, podría ausentarse unos años y la hermandad de herreros podría sostenerse sin él, con la ayuda de sus colegas y amigos.
La puerta de su despachó de abrió de pronto y la figura de Othar se hizo presente como un vendaval que se escabulle por una ventana que se deja abierta, mas tranquilamente Tulmo lo seguía. Almandur exhaló desesperado, estaba convencido de que nunca tocaría la puerta.
-Te estamos esperando, ¿qué tanto te falta?- dijo Othar mirando alrededor de la habitación todos los papeles que se encontraban regados, y al pelirrojo Elda que no había apartado su mirada del pergamino que tenía frente a él.
-Buenas noches Othar, adelante, puedes pasar- dijo sarcásticamente Almandur- como puedes ver, estoy todavía muy ocupado y no creo poder acompañarlos hoy.
-¿Por qué te apuras tanto con esos documentos?- inquirió Tulmo tomando entre sus manos un pergamino con los bosquejos de una espada elfica- ni siquiera has podido ver a Gil-Galad para que te entregue el permiso para partir a Numenor.
-Quiero tener todo organizado y empacado para zarpar en cuanto me entregue ese documento- dijo Almandur aún escudriñando el pergamino entre sus manos.
-Pues más vale que insistas de nuevo porque sin ese papel, Tar-Minastir no te abrirá las puertas de sus fraguas y corremos el riesgo de que los Numenoreanos dejen de mandarnos Mithril- puntualizó Othar.
-Ya lo sé- dijo Almandur arrojando sobre la mesa el pergamino y por fin dirigiéndole la mirada a sus amigos- lo tengo bien presente pero parece que me esta evitando, no es la misma persona que me recibió en Imladris y aprobó el proyecto de las armaduras.
Othar y Tulmo se miraron mutuamente con una sonrisa de complicidad.
-Entonces te conviene dejar todo esto y acompañarnos a la taberna, porque Gildor y Kherion, con ayuda de la Gracia de Eru y la misma Elbereth lo han convencido de tomarse unos tragos hoy con nosotros.
Almandur los miró sorprendido sin dar mucho crédito a las palabras que salían de la boca de Tulmo.
-Me encantaría saber que es lo que han hecho si apenas se le ve en las juntas del consejo, me parece increíble que haya accedido a salir de fiesta- dijo eseptico el Señor de los Herreros.
-Pues créelo y acompañanos, porque es verdad, y de sus métodos no se nada, tendremos que preguntarles personalmente- dijo Othar
La taberna de Saeros tenía especial fama en Mithlond porque a diferencia de las que podrían ser su competencia, ésta se distinguía por la diversidad de razas que podrían encontrarse en ella, la cual era la clave de su éxito y popularidad. Entre sus comensales habituales podrias encontrar Elfos de todas las razas, mayormente silvanos, así como también comerciantes Numenoreanos, incluso enanos de las Montañas Azules que viajaban a la ciudad portuaria principalmente para trabajar con los Herreros Noldor. Su ubicación también ayudaba a su éxito pues se encontraba cerca del embarcadero y era común que los marineros que llegaban a puerto o los que dentro de poco partirían, se detuvieran en la taberna para pasar un buen rato en compañía de una buena cerveza, comida y el espectáculo de bailarinas.
La música alegre y estruendosa podia escucharse desde fuera del edificio de madera, esta era una mezcla muy singular que combinaba las bellas flautas elficas con las percusiones propias de los hombres y los bellos cantos de las elfas silvanas que amenizaban el lugar.
Ereinion casi se da la vuelta cuando habían casi llegado a la puerta y los dos guardias de cada lado le habían echo una reverencia al reconocerlo.
-No creo que esto sea una buena idea, no se porque te hice caso, Kherion- dijo el Rey dubitativo, no quería que más gente lo reconociera.
-Porque te amenazé con mandarte a Euriel para que hablara contido otra vez- dijo el noldo de ojos verdes.
-Ya es muy tarde para emprender retirada, tus súbditos deben de entender que su Rey también necesita divertirse de vez en cuando, además, un par de tarros de cerveza no le hace mal a nadie- dijo Gildor que estaba de muy buen humor.
-¿Por qué siento que estoy llendo directo a una trampa?- dijo Ereinion que aunque no había usado sus dones de clarividencia, pero era una persona altamente suspicas.
-No se de que estas hablando- dijo Gildor.
Los tres Noldor entraron al local y se sumergieron en el bullicio, el grupo musical tocaba alegremente mientras en el escenario una linda elfa de cabellos platinados cantaba y bailaba al son de la frenética música. Gildor miró a su alrededor en busca de una mesa y a lo lejos cerca del escenario encontró lo que andaba buscando.
-Miren, por acá hay espacio- dijo señalando en dirección de la mesa con un ademan de su cabeza.
-Y he aquí la trampa- dijo Ereinion cuando reconoció a las personas que ocupaban la mesa a la que sus compañeros se dirigían, sí la música lo había puesto de buen humor, este había vuelto a su habitual seriedad cuando vió a Gildor saludar a los Maestros Herreros.
Othar saludó alegremente a Gildor pasándole una pinta espumeante que se derramaba en sus manos, mientras Kherion ya había tomado la suya y saludando a Tulmo y Almandur había tomado asiento cómodamente para admirar el espectáculo.
-Menetyalda, es un honor que nos acompañe esta noche- dijo Tulmo dirigiéndose a Ereinion que se había mantenido apartado observando los saludos- disculpe que nos olvidemos un poco de los protocolos pero aquí todos estamos entre amigos.
Ereinion solo asintió con su cabeza y se acercó al grupo de amigos justo al lado del pelirrojo Elda que lo estaba recibiendo con una pinta en mano, la cual el Rey tomó pero no probó ni un trago.
-Parece que te han traigo arrastrando a ti también- comentó Ereinion al Maestro Herrero pelirrojo que a diferencia de sus compañeros que reían y cantaban, el se encontraba serio mirando el espectáculo.
-No estaba en la mejor disposición de salir hoy, pero la noche se ha puesto prometedora- dijo sonriendo y alzando su pinta a una de las bellas bailarinas que le coqueteaba descaradamente.
-Veo que eres cliente habitual del lugar- dijo Ereinion mirando la interacción.
-Vengo cada vez que las fraguas me lo permiten, y no es muy amenudo, últimamente he estado más ocupado preparando los últimos detalles para que todo marche correctamente en mi ausencia- dijo Almandur, sacando el tema de Numenor deliberadamente.
Ereinion le dió un trago considerable a su pinta, pero no pronunció palabra, siguió con su mirada hacia el espectáculo como si estuviera poniéndole atención, ignorando a las bailarinas que le coqueteaban desde la distancia, ignorantes de la identidad del apuesto Elda de cabellos oscuros y ojos azules.
-¿Has sabido algo de Tar-Minastir?- insistió Almandur al ver que Ereinion se rehusaba a mantener una conversación- ya han pasado 50 años desde que se hizo la alianza comercial y la verdad me sorprende que no hayan reclamado su parte de esto.
-Pareces muy ansioso de partir a Numenor- dijo Ereinion un poco molesto por la insistencia del herrero.
-¿Quién no lo estaría?- dijo Almandur un poco sorprendido- Es la Isla Bendecida que los mismos Valar trajeron de las profundidades del Oceano solo para que los Hombres vivieran en ella. Para nosotros hicieron Aman y para ellos Numenor, me intriga saber más sobre los hombres de Oesternesse, decendientes de Earendil.
-Debo de decir que me sorprende que aún no hayas conocido a los decendientes de Earendil, teniendo tantos años en la Tierra Media- Ereinion le contestaba a la defensiva, porque inconcientemente Almandur traía a la mesa un tema del que no le gustaba hablar.
-Sé que siempre has sido muy buen amigo de los Reyes de Numenor y por eso te sorprende, pero yo no soy de sus personas favoritas por las acciones que cometí en el pasado junto con los de mi Casa- dijo Almandur señalando su cabello rojo oscuro, indiscutible heredad de la Casa de Feanor- Despues de desertar de las filas de Maedhros para combatir en tu ejercito cuando atacaron Arvenien, he dedicado mi vida a compesar de alguna forma el daño hecho a travez de mi trabajo, pero temo decir que es irreparable.
-Estoy seguro que Maedhros hubiera hecho lo mismo que tu, pero estaba atormentado por el juramente que le hizo a su padre, no creo que te haya guardado ningún rencor- dijo Ereinion recordando ese momento hace ya mas de un milenio, y el rostro de Maedhros le volvió a la mente, Almandur se parecía mucho a el.
-Es difícil saberlo, a menos que vaya personalmente a las estancias de Mandos o el vuelva a la Tierra Media, la primera no la deseo y la segunda es imposible- dijo Almandur con una sonrisa- solo me queda seguir ofreciendo lo que sé para enmendar mis malas acciones y las de mi familia, Servir para los decendientes de Beren y Luthien le traería un poco de paz a mi conciencia.
-Ahora entiendo porque te has tomado la enmienda tan personal- dijo Ereinion mirando empáticamente al Noldo.
-Asi es, Menetyalda- asintió el Herrero- es mi motor de vida, antes de que Mandos cobre lo que le debo.
-Puedes llamarme Ereinion, no hay protocolos en la taberna de Saeros, todos somos amigos- dijo el Rey repitiendo las palabras con las que Tulmo lo había saludado y Almandur levantó el tarro a su salud- En cuanto a lo de Numenor, Tar-Minastir ya esta pidiendo la ayuda de los Herreros Noldor, hace unos días recibí su misiva, asi que mañana te enviaré los documentos que necesitas para unirte a su Gremio de Herreros.
-Te lo agradesco sobremanera- dijo una con una genuina sonrisa- ¿Alguna recomendación sobre Numenor?
-No te enamores de la Isla- dijo Ereinion, y Almandur rió pensando que era una broma porque estaba de buen humor, había conseguido lo único que le hacía falta para partir y no notaba la seriedad de las palabras del Rey.
Ereinion tomó de fondo la pinta espumeante que tenía en la mano, en un intento de calmar el ardor que sentía al saber que el Maestreo Herrero dentro de poco estaría paseándose por las calles de Armenelos, y los jardines de palacio, y compartiría el mismo espacio de la mujer que más amaba en la vida, pero que no podía tener. Le caía bien el Herrero y su pasión por su trabajo, siempre enfocado en remediar el daño y decadencia de la Tierra Media, pero envidiaba su posision, y deseó con ansias cambiar lugares y que Almandur fuera el Rey, y el mismo el Herrero.
Despues de esa noche Ereinion no dejó de pensar en Numenor, y el rostro de Silmarien se le presentaba todo el tiempo, sus hermosos ojos grises y sus labios rojos lo llamadan suplicantemente, y él sabia que no lo estaba imaginando. Tambien la veía caminando por los jardines del Palacio de Armenelos, por la orilla del mar en Andunie, y debajo de los bellos arboles plateados, el deseo de verla se había intensificado aún más, era casi insoportable. Sus manos temblaban por el deseo de tocarla de nuevo, temblaban por la abstincencia de sentir su piel, de acariciar su cabello, tanto que sentía que temblaba.
Ereinion arrojó la pluma con la que estaba firmando unos pergaminos sobre su escritorio reganmdo la tinta por los documentos y pasó las manos por su rostro en un intento de tranquilizarse un poco, cerró los ojos un momento y cuando los abrió se encontró con el rostro preocupado de Eruriel con sus ojos verdes clavados en él. Ereinion desvió su mirada del rostro de su amiga y suspiró pesadamente.
-Te ves más agitado que de costumbre- dijo la rubia dama- ¿quieres hablar de ello?
-Siento que ya he abusado bastante de ti- dijo Ereinion tratando de esbozar una sonrisa que fue imposible de mostrar – vas a empezar a cobrarme por escucharme.
-No lo haría, eres mi amigo y me importa todo lo que te pase- dijo Euriel acercándose a él y tomando asiento en la silla frente al escritorio del Rey- además me deberías una fortuna, no podrias pagarme.
Ereinion esbozó una sonrisa. Todos estos años que habían pasado desde que Silmarien se fue, pensó que se volvería loco, trataba de ocupar su tiempo huyendo de la ciudad en busca de orcos para darles caza, o visitando a Elrond y Glorfindel en Imladris, pero siempre tenía que regresar a sus responsabilidades como Rey en Lindon, y Euriel era a la única a la que le confiaba lo que pasaba por su mente. Sorprendentemente, decir sus pensamientos en voz alta le ayudaba a apaciguarlos un poco, lo suficiente para no huir de nuevo o zarpar a Numenor y huir con Silmarien lejos de todo.
Muchas veces le había pasado eso por la mente, dejar todo por estar con ella, pero su responsabilidad como Rey Supremo de los Noldor se lo impedía, no podía ser tan egoísta, ¿Qué pensaría su padre si huyera de la responsabilidad con la que había nacido? No se sentiría digno nieto de Fingolfin, quien murió luchando contra el mismo Morgoth bajo la misma responsabilidad que ahora le pesaba a él.
-¿Vas a platicarme que te pasa?- Ereinion miró a Euriel por unos momentos antes de pronunciar palabra.
-Los Herreros parten a Numenor en pocos días y por alguna razón eso me tiene intranquilo, los retuve el más tiempo posible para no llenar Armenelos de Noldor porque sé que no sería del agrado de Silmarien…- Ereinion sintió un cosquilleo en su boca, tenía tiempo sin decir su nombre en voz alta.
-Pero Numenor es visitado muy frecuentemente por Eldar, especialmente por Teleri de Tol Eressea, no creo que un puño de Herreros haga la diferencia- comentó Euriel, tratando de tranquilizar al Rey.
-Lo sé, pero no puedo dejar de sentirme agobiado por este grupo en particular, y no quiero usar mi clarividencia para contestar esta pregunta.
-¿Aun tienes la visión?- dijo Euriel con el más tacto posible, porque sabia que era el tema que Ereinion siempre evitaba, poque sus visiones eran lo que lo habia alejado del amor de su vida.
-Si, aún viene a mí en mis sueños, aunque ella ya no este a mi lado, me sigue atormentando y me hace dudar si lo que hice valió la pena, todo este sufrimiento que impuse entre los dos, ¿habrá sido necesario? ¿Qué es lo que tengo que hacer para cambiar el curso y salvarla?
Euriel quedó pensativa. Lo único que podía hacer para aliviar un poco el dolor de Ereinion era escucharlo, porque en todos estos años que habían pasado no había podido convercerlo de zarpar a Numenor y traer a Silmarien de vuelta, estaba determinado en seguir con esa decisión.
-Quisiera poder darte las respuestas, amigo, pero solo puedo ofrecerte mis oídos para que puedas pensar las cosas en voz alta y desahogues un poco tu pecho- dijo Euriel apesadumbrada, porque en verdad quería tener el poder de juntarlos de nuevo, los apreciaba a los dos, y si Ereinion estaba a punto de volverse loco del dolor, no quería imaginarse como se encontraba Silmarien.
-Te lo agradesco sinceramente, Euriel- dijo Ereinion poniendo una mano en el pecho- no se que hubiera sido de mi sin tus oídos pasientes y sempre prestos a escucharme.
-Siempre contarás con ellos- dijo la rubia dama con una sonrisa piadosa en el rostro- Necesitas despejarte un poco, justamente venía a invitarte a cenar con nosotros, es una tarde agradable, pensamos en montar un pic nic en el jardín.
- Ahí estaré en cuanto termine de revisar estos documentos.
La dama sonrió sinceramente, sabía que Ereinion estaba haciendo un gran esfuerzo por volver a integrarse a la sociedad de Lindon después de pasar años en sus excursiones, y lo valoraba en demasia. En verdad todos extrañaban al viejo Ereinion, y era difícil pensar que ya no volvería más, es por eso que esos momentos en que se atisbaba su antigua personalidad, eran como un tesoro.
Semanas después Almandur, de la Casa de Feanor, veía desaparecer las costas de la Tierra Media sobre el barco cisne de los Teleri que los llevaría a él y a sus herreros a Numenor, su corazón estaba puesto en las riquezas que la Isla de los Dunadain tenía que ofrecerle, su mente ardpia con el deseo de transferir sus conocimientos a manos menos diestras pero dispuestas a aprender, y sus pensamientos daban vueltas en estos temas, sin sospechar que esa aventura cambiaría por completo su vida.
Nota de Autora: No tengo mucho que decir en este capitulo, solo espero que lo disfruten y que me dejen sus comentarios y opiniones, saludos!
