DAENERYS
Oyeron el Forca Verde antes de verlo, un murmullo constante, como el gruñido de una bestia enorme. El río era un torrente en ebullición, no había manera de vadear semejante corriente ni de cruzarla a nado.
Si bien esa tierra había sido amable en otros tiempos, poco quedaba ya de los cultivos, huertos y granjas que habían poblado esos campos. Lo único que encontraron en las colinas onduladas que llevaban hasta el Forca Verde fue barro y ceniza, y en ocasiones, las ruinas calcinadas de casas y molinos. Aquel erial estaba lleno de lodo, pero nada parecido a un cultivo. Mirase a donde mirase, Daenerys veía los restos de la guerra, incluso en los huesos que se atisbaban de cuando en cuando junto al camino. Casi todos eran de oveja, pero también los había de caballo, de vaca y alguna que otra calavera humana. Y todo eso, empapado, igual que ellos. Llevaba lloviendo desde tres días atrás. Una lluvia fina pero incesante.
Los torreones de la entrada emergieron como fantasmas entre la lluvia, apariciones grises nebulosas que fueron adquiriendo solidez a medida que se acercaban. La fortaleza de los Frey no era un castillo, sino dos; dos imágenes idénticas de piedra húmeda que se alzaban en orillas opuestas de las aguas, unidas por un gran puente en forma de arco. En el centro se encontraba la Torre del Agua, bajo la que discurría rápida la corriente del río. Se habían excavado unos canales que partían de la orilla para crear unos fosos que convertían cada gemela en una isla.
Al otro lado de las aguas turbulentas, Daenerys divisó un pequeño regimiento de soldados; No había grandes ejércitos alrededor de los Gemelos, como sí los encontraron en Aguasdulces. En el hogar ancestral de la casa Tully se les había unido más de un millar de soldados leales a Emmon Frey, tío de Jaime Lannister. Allí les esperaban, como mucho, ciento cincuenta hombres armados.
Cuatro jinetes Frey salieron del torreón de entrada envueltos en pesadas capas de gruesa lana gris. Dany creyó reconocer a Lord Walder. Le había jurado lealtad en Desembarco del Rey. Jaime confirmó su suposición.
Al primero le llaman Walder el Negro – Anunció – Es más peligroso que todos sus hermanos juntos –
Se detuvieron para dejar que sus anfitriones se acercaran a ellos. Cuando estuvieron a media docena de metros, Viserion pasó volando sobre ellos hasta perderse entre las nubes.
El palafrén de uno de los Frey retrocedió con un relincho de terror, y otro se encabritó y derribó a su jinete. El único que pudo controlar su montura fue Walder el Negro, que apenas necesitó tirar un poco de sus riendas. Entonces picó espuelas de nuevo y se acercó trotando hasta a ellos.
Majestad – dijo en un tono un tanto irrespetuoso – Es un honor recibiros -
Solo estamos de paso, mi señor – Dany desconfiaba de los Frey. Sabía bien lo que se decía de ellos.
Se os permitirá pasar sin cobraros ningún peaje, alteza – Los labios finos y agrietados de Walder el Negro se torcieron en un gesto hosco - Pero confío en que nos acompañéis esta noche. De lo contrario alguien podría decir que la reina pasó por mis tierras y no se la acogió. Eso daría mal nombre a la familia –
Aquí tenemos a un hombre honesto – dijo Jaime con una sonrisa irónica.
Me honráis, Matarreyes – respondió Walder el Negro con una voz que helaba el corazón.
Walder el Negro clavó en él sus ojos de comadreja, pequeños, sombríos y desconfiados, pero Jaime le mantuvo la mirada sin parpadear.
Será un placer para mí y mis acompañantes pasar la noche aquí – Intervino Dany
Os hemos dispuesto habitaciones en la torre del agua, alteza – añadió lord Walder con cortesía cautelosa – Y también para vuestros banderizos – dijo mirando a Jaime – Si tenéis la bondad de seguirme os indicaré el camino –
Hizo dar la vuelta al palafrén y se dirigió hacia los Gemelos.
Alteza, haríais bien en evitar a esos hombres – dijo Ser Barristan.
Esos hombres pondrán un techo sobre nuestras cabezas esta noche – replicó ella – llevamos días cabalgando bajo la lluvia –
Yo me quedaría aquí el tiempo estrictamente necesario, mi reina. La casa Frey perdió su nombre y su honor en la Boda Roja –
No necesito su honor – dijo ella con una sonrisa – Sólo sus caballeros –
Es el código de caballería, no la espada, lo que hace a un caballero – terminó el anciano – Sin honor, en nada se distingue de un vulgar asesino –
''Mi viejo caballero'' – pensó Dany – ''Siempre me protegerá. '' Aquello la hacía sentir más segura, pero a la vez triste. Confiaba en él, pero sentía que necesitaba más que una fiel espada. Todos los hombres en los que había confiado estaban muertos o la habían traicionado. Jorah, Ben Plumm, Drogo… Incluso Daario.
Ella era de la sangre del dragón. Había derrotado a sus enemigos en Astapor, en Yunkai, en Meereen. Había recuperado el Trono de Hierro. Un dragón podía matar a cualquiera que se levantase contra él. Pero un dragón no podía engendrar a un hijo, ni acunarlo, ni verlo crecer.
'' ¿Y quién se atrevería a amar a un dragón? ''
El agua fría contra la piel le sacó de sus pensamientos. Cada vez llovía más, y ella ya estaba calada hasta los huesos, así que picó espuelas a su plata. Los demás trotaron tras ella. Jaime cabalgaba justo delante, y Ser Barristan, un poco detrás, a lomos de su pinto gris. A su izquierda, Tyrion se tambaleaba adelante y atrás en su yegua. El resto los seguían en una procesión que se perdía en el horizonte.
Siguieron al trote hasta llegar al torreón de la entrada. Sus dragones sobrevolaban el puente cada pocos minutos. En una ocasión, Rhaegal llegó a aterrizar sobre una de las torres, haciendo que los caballos relincharan nerviosos y que gallinas, perros y cerdos no dejaran de correr de un lado a otro.
¿Podéis decirles a vuestras bestias que se alejen de aquí? – le pidió Lord Walder – Asustan a los animales –
Son mis hijos, mi señor – respondió Dany con una sonrisa – No querrán alejarse de su madre –
Entonces encadenadlos en algún lugar – comentó Steffon Frey, uno de los jinetes que fueron a recibirlos – A una milla de aquí hay… -
Son dragones, no perros – terminó ella – Y son peligrosos para aquellos en quienes no confían –
Lord Walder no pareció satisfecho, pero no añadió nada. En su lugar dio unas palmadas y varios criados salieron a su encuentro. Portaban jarras de vino y bandejas con pan, queso y mantequilla.
Si mi reina se siente más cómoda con sus ''hijos'' rondando por aquí, que así sea – cogió una copa de tinto, la alzó con una mano enguantada y dijo – Sois mis invitados, mis honorables huéspedes. Os doy la bienvenida bajo mi techo –
Os agradecemos vuestra hospitalidad, mi señor – respondió ella.
Tyrion le explicó que ofrecer comida y bebida a los huéspedes significaba acogerlos bajo protección, así que Dany probó el vino y mordisqueó un poco de pan.
Cuando había visto el exterior del castillo se temió que sus habitaciones fueran sombrías y tristes, pero al parecer los Frey habían decidido mostrarse generosos. Su cámara era grande y el mobiliario lujoso, dominado por una gran cama con colchón de plumas cuyos postes estaban tallados con la forma de torreones de castillo. Los cortinajes eran negros y rojos, los colores de los Targaryen, un detalle cortés. Los suelos de madera estaban cubiertos de alfombras de grato olor, y la alta ventana con postigos daba hacia el sur.
Si necesitáis cualquier cosa, sólo tenéis que decírselo a uno de los guardias – le dijo un sirviente que, tras una reverencia, se alejó escaleras abajo.
Dany se desvistió y colgó la ropa mojada ante la chimenea. Después, se lavó y pidió a Missandei que le cepillase el pelo hasta tenerlo seco. Cuando la niña ya se había marchado, se dejó caer sobre el lecho y cerró los ojos. Cuando los volvió a abrir ya hacía mucho que el sol se había escondido, así que Dany se puso un vestido de lana gruesa color violeta y salió en busca de compañía.
No tuvo que ir muy lejos, puesto que encontró a Ser Barristan al otro lado de la puerta, erguido como una espada y con un charco de agua a sus pies.
Podéis ir a asearos, mi buen caballero, aquí estoy segura –
La reina solo puede estar segura si una espada juramentada la guarda, majestad – respondió el caballero.
Dany sabía que el anciano no descansaría tranquilo hasta que estuvieran a muchas millas de los Gemelos. Ella habría preferido acampar al raso, como habían hecho hasta entonces, pero sus hombres necesitaban pasar una noche secos. ''Una sola noche y partiremos hacia Invernalia''.
Mirad, por ahí viene Ser Jaime – dijo señalando al Lannister, que apareció al fondo del pasillo con ropa ya seca – podéis ir a cambiaros sin miedo, él me protegerá en vuestra ausencia -
Ser Barristan se inclinó y la dejó a solas con Jaime.
Alteza – saludó – El violeta os sienta muy bien, hace juego con vuestros ojos -
Ser Jaime – dijo mientras se miraba el vestido, sonrojada – Parece que llueve menos – señaló mientras miraba por la ventana.
Ahora que estamos a cubierto, sí – Jaime se encogió de hombros - ¿Os acompaño a algún sitio? –
Sí – se las arregló para esbozar una sonrisa – Guiadme hasta el gran salón -
En el exterior la lluvia caía incesante, pero dentro del gran salón la atmósfera estaba recalentada y enrarecida. En la chimenea el fuego rugía, y en las paredes hileras e hileras de antorchas ardían humeantes en sus apliques de hierro.
Dany ocupó un sitio en el estrado, entre Jaime y la silla vacía que correspondería a Ser Barristan. No parecía que aquello fuera una cena de gala, así que levantaron el brazo para que les trajeran algo de comer. Les sirvieron lucio escalfado en leche de almendras y unos cuencos de puré de nabos. No eran platos dignos de un banquete al que asistía la reina, pero no se quejaron.
Una mosca le zumbó al lado de la cara. Dany la espantó, molesta, pero volvió al instante.
Hay demasiadas moscas – se quejó.
Eso es porque nos rodean los muertos – Jaime sonrió – Cuantos más cadáveres, más moscas –
Eso mismo me dijo un mercenario que conocí una vez –
¿Un mercenario? –
''Un mercenario Tyroshi que me rompió el corazón cuando me traicionó''.
Murió hace mucho – contestó ella. No tenía ganas de hablar de Daario Naharis – Nada por lo que debáis preocuparos –
Sus abanderados seguían entrando en el salón. Observó como Addam Marbrand encandilaba a la chica que tenía al lado y como Lyle Crakehall recreaba la batalla por Desembarco del Rey con trozos de pan, nueces y zanahorias. Otro de los oficiales Lannister sentó en el regazo a una criada y le pidió que le acariciara el pecho. Más allá, en la misma mesa, empezaron a amontonarse los Frey.
Entonces fue cuando apareció Tyrion, que se acercó hasta la mesa con sus andares de pato.
¿Me he perdido algo divertido? – preguntó mientras se sentaba.
Acaban de servir el vino – respondió Jaime.
Bien, entonces llego a tiempo –
Llegó entonces el siguiente plato. Carnero asado acompañado de cebollas escalfadas. Mientras, un Frey, que había derrotado a otro de sus primos en una competición de bebida, se secó la boca con el dorso de la mano, se puso de pie y empezó a cantar.
''Había un oso, un oso, ¡un oso! Era negro, era enorme, ¡cubierto de pelo horroroso! –
No tenía mala voz, aunque el alcohol hacía que se le trabara la lengua. Por desgracia, los violinistas y tamborileros de la galería superior estaban tocando ''flores de primavera'', cuya melodía era tan adecuada para la letra de ''el oso y la doncella'' como vestir a una vaca con vestido de seda. Así se lo hicieron notar algunos de sus primos Frey, tirándole una jarra de vino encima para hacerle callar.
Si queréis saludar a algún Frey, llamadle Walder – le dijo dijo Tyrion – Walder Frey era un viejo gruñón que vivía para acariciar a sus jóvenes esposas y cavilar sobre todas las ofensas que había sufrido. Sobrevivió a cuatro señores de Aguasdulces y, durante esos años, sus hijos, sobrinos y nietos llamaban Walder a sus hijos para tratar de ganarse su favor –
¿Todos se llaman Walder? – preguntó Dany, incrédula.
No todos – le corrigió Jaime – Conocí a un Merret Frey cuando fui escudero en Crakehall. Era el matón del castillo: se dedicaba a intimidar a los chicos jóvenes. Cuando llegué, trató de intimidarme a mi… -
Y ya nos imaginamos lo que le hiciste, hermano – le interrumpió Tyrion – Era el padre de Ami Torre de Entrada, ¿No? –
¿Torre de entrada? – Se interesó Dany.
Levanta el rastrillo a cada caballero que pasa – le explicó el enano.
Sabía que no debía reírse, pero se le escapó una sonrisa. Fue entonces cuando los músicos de la galería, sin un instante de pausa, empezaron a tocar otra canción. Una canción muy diferente. Nadie cantaba la letra, pero Daenerys la reconoció al instante.
Las lluvias de Castemere – anunció Tyrion – Por lo que cuentan, la última vez que sonó en estos salones asesinaron a un rey –
''La Boda Roja''. Varios banderizos de los Lannister se levantaron entonces a entonar algunas estrofas de la canción mientras brindaban con sus jarras llenas de hidromiel.
''Y quien, sois vos, mi buen señor'' – En seguida se arremolinaron en torno al estrado, los más borrachos los primeros, como siempre. Chocaban sus jarras, jaleaban unos a otros, felices y risueños. Incluso Tyrion se levantó de un salto y fue a unirse al jolgorio - ''Con pelaje dorado o pelaje carmesí, el león sigue teniendo garras''- A Dany le habría gustado tener ganas de reír y de cantar, pero ver a todos esos hombres celebrando sólo hizo que aumentara su congoja. ''Quizá ninguno sobreviva al invierno'' – sabía – ''Muchos de ellos tendrán mujeres e hijos y no volverán a verlos''. De pronto sintió una necesidad inmensa de respirar aire fresco.
Vio que Jaime tampoco se había unido a la celebración. ''Parece tan infeliz como yo''.
Ser Jaime – le llamó – Acompañadme, por favor, necesito salir de aquí –
Fuera del Gran Salón, la torre era un lugar silencioso, lleno de polvo y sombras. Jaime cogió un farolillo para evitarle tropezones. Los muros exteriores tenían varias varas de grosor. Entre ellos, los sonidos despertaban ecos al cruzar los arcos de ladrillo negro. Cruzaron bajo tres arcos gigantescos y bajaron por una rampa iluminada por antorchas hasta el nivel inferior. En tres ocasiones pasaron junto a guardias inmaculados, tan inmóviles que parecían hechos de piedra. Ser Barristan se había encargado de situar sus propios soldados para asegurarse de no ser testigo de otra ''Boda Roja''.
Por fin llegaron ante un par de puertas de hierro gigantescas de goznes oxidados, custodiadas por guardias de la casa Frey. Dany dio la orden de abrirla y uno de ellos sacó una llave de hierro. La puerta se abrió entre chirridos de las bisagras.
El puente estaba silencioso y desierto. El único centinela se arrebujaba en su capa para protegerse del frío en lo alto de las almenas. Parecía aburrido, sin duda lamentaba tener que estar allí solo. Al fin había dejado de llover, pero la humedad aún perduraba en el ambiente. Se llenó los pulmones con el olor a hierba mojada. Bajo ellos, el río fluía incesante. Dany se apoyó sobre la barandilla para verlo mejor.
No os acerquéis más – Jaime la agarró por el brazo.
¿Creéis que estoy embriagada? –
No lo sé, pero prefiero no esperar a que os caigáis al agua para averiguarlo –
Se giró para mirarle. Su rostro le recordaba a Daario, aunque no sabía bien por qué. Era más alto, tenía los rasgos más finos y sus ojos eran verde esmeralda.
Os he estado observando durante el banquete – dijo Dany – Parecíais triste –
Jaime hizo un esfuerzo para ocultar sus sentimientos, pero estaban allí, expuestos en su rostro.
Los caballeros somos así – respondió - ¿No os lo ha contado Ser Barristan? –
No tenéis que confesarme nada si no lo deseáis – dijo ella – Pero sé reconocer la congoja cuando la veo -
Se apoyó sobre la fría piedra negra del puente para mirar la corriente.
Yo me siento igual que vos – le dijo Dany al río – Quiero mantener el reino a salvo, de verdad – No sabía por qué, pero al lado de Jaime se sentía con derecho a desahogarse – A mí nadie me mantuvo a salvo cuando era pequeña. Bueno, sí, ser Willem, pero luego murió, y Viserys… Pero ahora soy yo la que debe proteger al resto… que difícil es. Qué difícil es ser fuerte. No siempre sé que debo hacer. Pero tengo que saberlo. Soy la… la
Sois la reina – dijo Jaime.
Se estremeció al escucharlo.
La reina loca – suspiró – Guío a mi pueblo al Norte a perseguir un sueño –
Os seguirían al infierno si se lo pidieseis, alteza –
¿Cómo lo sabéis? ¿Cuánto tardarán en preguntarse si su reina ha perdido la cabeza? - ''Será esto la lacra de la que hablaba Tyrion'' – ¿no os preguntáis si estoy loca? -
Sin vos me habría dejado morir en la celda -
Estaba acostumbrada a todo tipo de alabanzas, pero jamás nadie había conseguido acelerarle el corazón de esa manera.
Es cierto. Nunca os he preguntado por… - Dany quería ir con cuidado con el asunto de la muerte de Cersei Lannister - ¿Os sentís preparado para hablar de ello? –
Tenía la misma mirada que vuestro padre – murmuró – Los ojos muy abiertos, fascinados por la idea de ver la ciudad envuelta en llamas. Cuando la vi supe que no había vuelta atrás, había enloquecido –
Sé cómo os sentís – susurró – Yo mandé ejecutar al hombre que amaba – ''Daario Naharis'' – Por las noches, cuando intento dormir, me digo a mí misma que no tuve otra opción –
¿Os traicionó? – le preguntó Jaime.
Intentó asesinarme – contestó – En Meereen, después de ayudarme a derrotar a los amos, intentó apuñalarme por la espalda – le dolía recordar – Todavía me pregunto por qué hacer algo así. Habíamos vencido, podría haber venido conmigo a Poniente… -
¿Cómo sobrevivisteis? –
Vi su reflejo en un espejo – recordó Dany – Vi como sacaba el puñal y pude pedir ayuda. Esa misma noche lo ejecuté. Sabía que iba a cargar con la culpa toda la vida, pero no esperaba que doliese tanto –
No podéis culparos por lo que hicisteis –
Ojalá eso hiciera que duela menos –
Dany lo miró, impotente. Menos mal que los dragones no lloraban.
¿Habíais hablado de esto con alguien? –
No – admitió ella – Nunca –
Saltaba a la vista que era la respuesta que Jaime esperaba oír.
Parece que ambos tenemos las manos manchadas de la sangre de nuestros amantes –
Los dioses se deben estar divirtiendo – dijo ella – ¿Por qué darnos a nosotros el privilegio de soñar con profecías? – quiso saber – Dos personas monstruosas, hijas de padres monstruosos, que tienen las manos manchadas de sangre –
He conocido a muchas personas monstruosas a lo largo de mi vida – la luna arrancó destellos de los ojos de Jaime – Y vos no sois una de ellas –
Dany estaba acostumbrada a recibir miles de alabanzas, pero el cumplido en boca de Jaime significaba mucho más que el alago más complejo.
¿Creéis que todo esto tiene algún sentido? – se le ocurrió preguntar – Hace apenas un año estaba en Meereen, luchando contra los hijos de la arpía y ahora… Todo va demasiado deprisa –
Jaime se detuvo un momento a pensar.
Creo que, por primera vez, todo tiene sentido -
