JAIME

En el patio resonaba todo un coro de golpes y gruñidos. Los combatientes resoplaban, jadeaban y se golpeaban con espadas embotadas bajo la atenta mirada del maestro de armas, un hombretón corpulento, con el pecho ancho como el de un toro. A los hombres de la casa Stark se habían unido abanderados Lannister y los dothrakis de la reina. Vio que el Jabalí se estaba batiendo en combate singular contra Sandor Clegane rodeados de soldados que los jaleaban.

''Vencerá el Perro''– pensó Jaime. Se alejó del ruido del patio, pasó bajo un puente cubierto y atravesó un segundo patio donde habían levantado las tiendas sus hombres.

La verdad es que le gustaba aquel ambiente. Se sentía más cómodo entre soldados que en la corte, y sus hombres parecían también cómodos junto a él. Junto a una hoguera, tres ballesteros le ofrecieron un cuenco de guiso para desayunar. Al lado de otra, un joven caballero le pidió consejo sobre la mejor manera de defenderse de una maza. Más adelante, junto al rastrillo, contempló como dos mozas norteñas aprendían a justar a hombros de un par de soldados. Las chicas estaban medio borrachas, se reían y se lanzaban golpes con capas enrolladas mientras una docena de hombres las jaleaba. Jaime apostó una estrella de cobre por la joven que montaba a Raff el dulce.

No dejaba de sorprenderle que norteños y Lannister parecieran haber dejado de lado las hostilidades que habían mantenido desde la guerra de los cinco reyes. Quizá el miedo a los muertos había hermanado a los vivos.

''El miedo y Daenerys'' – pensó.

Era evidente para todos que la reina tenía cierto… Magnetismo. Había soñado con ella alguna vez. En su sueño siempre eran marido y mujer, gente sencilla que llevaba una vida sencilla en una casa de piedra en medio del campo. En su sueño se querían y no tenían que ocultarlo ante nadie.

Fue otra mujer, una mucho más grande, la que se acercó a saludarle.

Ser Jaime – hizo una ligera reverencia.

No pensaba que volvería a veros tan pronto, mi señora – ''Por todos los dioses, parece diez años mayor que cuando nos despedimos. ¿Y qué le ha pasado en la cara?'' – ¿Os hirieron? –

Un mordisco – se llevó la mano al puño de la espada que él le había regalado. ''Guardajuramentos'' – Me encomendasteis una misión, mi señor –

Y la habéis cumplido, contra todo pronóstico – respondió Jaime – Las chicas Stark han vuelto a casa –

Así es – respondió Brienne, la Doncella de Tarth – Y vos… ¿Habéis venido a combatir? –

Quién lo diría, ¿verdad? – se las arregló para esbozar una sonrisa – Parece que los dioses han querido que muramos protegiendo a las chicas Stark –

Puede que venzamos – dijo Brienne – Debemos intentarlo –

Esa es la moza idiota y testaruda que recordaba –

Ella se puso roja.

Me llamo… -

Brienne de Tarth – Jaime suspiró – Mirad lo que he traído –

Jaime desenvainó su espada.

¿Es acero valyrio? ¿De dónde la habéis sacado? –

Era de Joffrey – respondió – Lamento de Viuda la llamó. Un nombre absurdo, si me preguntas, pero la hoja sigue estando afilada, se forjó con el mismo acero que tu espada, así que estaremos defendiendo el castillo de Ned Stark con el acero de Ned Stark –

Brienne miró la espada con los ojos como platos.

¿Vosotros no os entrenáis? – les interrumpió una voz a su espalda.

Se giraron para encontrarse de frente con Arya Stark.

Lady Stark – saludó Jaime.

Mi señora – Brienne hizo una reverencia.

La niña se llevó la mano al cinturón y desenvainó una fina hoja de dos dedos de ancho.

Buen acero – dijo Jaime dejando escapar un silbido mientras admiraba el brillo azul del arma – Conocí a un hombre en Desembarco del Rey que usaba una como esa. No creo que pudiera cortarle la cabeza a nadie, pero sí podía dejarte echo un colador –

Quiero entrenarme – espetó la chica.

El patio está lleno de maestros de armas, podéis ir a buscar alguno. No os recomendaría que probarais suerte con la moza. Es muy bruta, pero sabe defenderse -

Ni Lady Brienne ni cualquiera de ellos es Jaime Lannister – le miró con sus grandes ojos oscuros sin dejar entrever emoción alguna – Quiero entrenarme con vos –

Era la primera vez que un Stark conseguía despertarle interés. Esa muchachita delgada que no le llegaba a los hombros acababa de desafiar al Matarreyes a un duelo de espadas. Brienne asintió con una media sonrisa sospechosa.

Lo haría encantado, mi señora, pero la reina me mataría si os hiciera daño –

No os preocupéis por mí – respondió Arya adoptando la postura de danzarina del agua, con la que solo presentaba al enemigo un costado.

Muy bien – dijo Jaime riéndose.

Extendió su mano enguantada para que le entregasen una espada larga embotada y se giró para hacer frente a su oponente. Apenas lo hubo hecho, la espada de Arya silbó directa hacia su pecho. Tuvo el tiempo justo para esquivarla retrocediendo un paso.

Arya no se quedó quieta y lanzó una nueva estocada. Las espadas chocaron una, dos, tres veces, probando fuerzas. Jaime retrocedió un paso. La chica lo siguió, lazando un ataque tras otro. Él siguió retrocediendo, poniéndose fuera de su alcance. La aguja le seguía adonde fuera, como una mancha acerada, atravesando el aire a gran velocidad.

''Esta niña pelea mejor que la mayoría de caballeros que he conocido''. Siguió esquivando, danzando alrededor de ella, sin devolver los golpes, evaluando a su oponente.

No está mal – reconoció – sobre todo para ser una niña –

Arya respiró hondo, despacio, y le sonrió desafiante.

¿Vais a pelear o preferís seguir huyendo? –

Como ordene mi señora –

Jaime dejó de retroceder. Las espadas chocaron y el canto del acero llenó el patio y resonó contra las torres de Invernalia. Detuvo una estocada de la niña y se agachó para esquivar la hoja antes de lanzar su espada directa al corazón, protegido solo por piel y cuero. El acero habría atravesado carne y hueso si no se hubiese detenido a media pulgada de su objetivo.

Arya hizo una mueca.

Estoy muerta – dijo sonriente.

Jaime le devolvió la sonrisa mientras envainaba su arma.

La danza del agua – supo - ¿Quién os ha enseñado a combatir así? –

Nadie – inclinó levemente la cabeza y se marchó sin añadir nada más.

La observó alejarse hasta perderse entre la multitud. ''Si las negociaciones acaban mal, esa niña es un peligro''.

¿Así es como entabláis relaciones con los Stark? – dijo una voz que enseguida reconoció como la de la reina - ¿Abusando de una chica a la que sacáis dos palmos? –

Solo hacíamos un poco de ejercicio -

Daenerys miró a Brienne. La moza pareció entender al instante, aunque le dio la impresión de que se le ensombreció el rostro. Pero, tras una reverencia rígida, se dio la vuelta y se marchó.

¿Quién es ella? – le preguntó la reina cuando Brienne se marchó.

La moza más testaruda que conozco – respondió – Me llevó vivo y de una pieza a Desembarco del Rey -

No creo que sea tan testaruda como la señora de Invernalia -

¿Sansa sigue sin doblar la rodilla? –

Por supuesto. Ha estado encantadora, mucho más que anoche. '' Sois la esperanza de Poniente, sin vos estaríamos perdidos… Pero no nos arrodillamos'' –

Sabéis que no la necesitáis – contestó Jaime – No le habléis más del Norte ni del trono, aduladla, decidle que la necesitáis para lo que se avecina. O ayuda o quedará como una imbécil. Sea como sea, vos ganáis –

Yo gano… - Daenerys quedó pensativa – Las dos hermanas no parecían muy unidas. Quizá Jon Nieve… Pero, si finalmente no se arrodillan… –

Jaime suspiró.

Si no se arrodillan tendréis que matarlos –

La reina pareció sobrecogida.

¿Ahora me llamáis carnicera? –

Más vale ser carnicera que carne. Si se niegan a arrodillarse, ¿qué creéis que pensarán hacer con vos? –

¿Queréis que mate a mis propios súbditos? –

Vuestros propios súbditos podrían estar planeando vuestra muerte – Jaime señaló con su espada en la dirección en la que se fue Arya – Esa niña podría mataros en cuanto le dierais la espalda –

¿En qué me diferenciaría entonces de mi padre? – espetó, furiosa – ¡Os dije que no reinaría sobre cenizas, que no soportaba dejar tras de mi un rastro de cadáveres! ¿Lo habéis olvidado? –

No. ¿Y vos? ¿Habéis olvidado lo que significa ser reina? –

Soy de la sangre del dragón. No tengáis la osadía de darme lecciones –

¿No aprendisteis nada cuando matasteis a ese Daario Naharis? -

Dany le dio la espalda.

Alteza, yo… -

Disculpadme, mi señor, aún tengo cosas que hacer – dijo antes de marcharse.

En algún lugar, los dioses se debían estar riendo. Jaime no entendía que a la reina le pareciese tan terrible ejecutar a un insurgente. Se arrepentía de las muertes que provocó en Essos, ya lo sabía, y tal vez podría conmoverla con palabras mejor escogidas. Pero si los Stark no se arrodillaban, tratarían de matarla. Y eso no lo permitiría.

DAENERYS

''Es un monstruo'' – pensó, sobrecogida – ''Un monstruo apuesto, pero un monstruo'' –

¿Cómo voy a conspirar para asesinar a quien me acoge bajo su techo? – Si sigo sus consejos, me convertiré en una reina carnicera, como mi padre… - ¿Pero, a quien quiero engañar? – Jaime y yo no somos tan distintos. '' Él los mataría por mí, para protegerme'' – se dijo – ''Yo los mataría por mí, por el trono'' – Sí, no somos tan distintos. Los dos somos monstruos.

Entró en sus aposentos como un torbellino. Ordenó que encendieran el fuego y que hicieran llamar a ser Barristan.

Quiero que enviéis a ser Jaime a patrullar la zona –

¿Cómo decís? – preguntó el anciano.

Patrullar, sabéis lo que es, ¿no? – el gesto de sorpresa del caballero hizo que recapacitara – Perdonadme, no debí hablaros así –

Ser Barristan se acercó unos pasos a ellas y se sentó a su lado.

¿Os encontráis bien, majestad? –

Sí, estoy bien – respondió – haced lo que os he dicho. Que patrulle en las cercanías de Invernalia y ofrezca protección a las caravanas que se acerquen. De ahora en adelante, Ser Jaime os informará a vos. Encargaos de que reciba todos los honores que merezca y se recompense a la casa Lannister en su justa medida, pero bajo ningún concepto quiero tenerlo en mi presencia –

No se movió.

Alteza, ¿puedo preguntar el motivo…? -

Clavó en ella sus cansados ojos color añil y, de algún modo, hizo que se templase.

Ese hombre me convertiría en lo que no quiero ser – susurró – En la reina de las cenizas – se acomodó en la silla – Sugirió que debía asesinar a todos los Stark que se nieguen a arrodillarse –

¿Puedo hablaros con franqueza? – preguntó Selmy.

Siempre –

Fui Lord comandante de Ser Jaime muchos años. Le vi crecer y sé el hombre en el que se ha convertido. Sabéis lo que pienso de él. Es despiadado, implacable, un hombre peligroso… - enumeró sin dejar de mirarla – Pero si algo le redime es el amor por los suyos –

¿Cómo decís? –

Ser Jaime es impulsivo, no esperéis que piense fríamente las cosas, alteza. Lo que sea que os dijera lo hizo pensando únicamente en vos y vuestra seguridad. Sería capaz de asesinar a cada hombre, mujer y niño de Invernalia por vos y por su hermano si pensara que estáis en peligro –

Daenerys cerró los ojos – '' ¿Por qué iba a alejarle de mí, no es eso lo que estoy esperando? - pensó – '' Alguien que se preocupe por mí y no me traicione por un puñado de monedas '' –

En Desembarco del Rey me dijisteis que no podía confiar en él – le recordó – Que mancilló la capa blanca –

En Desembarco del Rey no sabía por qué asesinó a vuestro padre – el anciano hizo una pausa – Y, perdonadme alteza, pero ser Jaime no miraba a vuestro padre como os mira a vos –

''Como me mira a mi'' – pensó – '' ¿Y cómo se supone que me mira?'' '' ¿Acaso me quiere?'' '' ¿Quién podría amar a un dragón?''

Olvidad lo que os he dicho –

¿Alteza? – la animó ser Barristan con voz amable.

No enviéis a nadie a patrullar – suspiró – Y haced venir a Jaime Lannister -

El caballero tardó pocos minutos en acudir. Entró con el rostro mucho más serio de lo habitual.

Alteza, no debí deciros eso antes… Lo de Daario Naharis –

Y yo no debí enfadarme con vos. Sentaos y bebed conmigo. Quiero que hablemos con sinceridad – Dany en persona le llenó la copa – He estado a punto de mandaros a patrullar la zona, ¿sabéis? –

¿Y qué os ha hecho cambiar de opinión? –

Ser Barristan me convenció de que no debía hacerlo –

¿No íbamos a hablar con sinceridad? – dijo Jaime.

No os miento – Dany suspiró – Me dijo que sois despiadado, implacable, peligroso… Pero que mataríais a cada hombre, mujer y niño de Invernalia para protegerme –

Viniendo de él casi suena como un cumplido –

Lo es para mí – se inclinó hacia él – Valoro la lealtad por encima de cualquier otra cualidad –

Soy el Matarreyes, ¿o lo habéis olvidado? Confiar en mí es como confiar en la seguridad de un puente de pergamino –

Vamos, dejad de hacer eso – protestó Dany.

¿Que deje de hacer qué? –

Dejad de ser así todo el tiempo – a veces conseguía ponerla muy nerviosa – Quiero que me habléis como esa noche en los Gemelos –

Él tensó los labios. Sabía que Jaime Lannister se sentiría más cómodo peleando contra Sandor Clegane que sincerándose ante nadie.

Tengo mala memoria, pero lo intentaré –

Sé que sois buena espada, la mejor – dijo mirándole a los ojos – Sé que me conseguiréis muchas victorias en el campo de batalla y lo aprecio. Pero me gustaría poder confiar en vos –

¿Queréis que yo os responda a eso? –

No – Dany se inclinó hacia él – Quiero que me digáis que nunca me traicionaréis -

Tenéis mi palabra, alteza –

'' No me basta''

Toda mi vida he estado rodeada de hombres que también me dieron su palabra de que no me traicionarían – le dijo – Una traición por sangre, otra por oro y otra por amor, tal como me dijeron los hechiceros. Creía… Siempre he creído que no volvería a confiar en nadie hasta que… - Agarró a Jaime por los hombros y le zarandeó – Prometedme que nunca os volveréis contra mí. No podría soportarlo. Prometédmelo –

Nunca os traicionaré, os lo prometo –

Ella le creyó.

Yo… Os he odiado desde que tengo recuerdos. Mi hermano me contaba cómo os torturaríamos y castigaríamos por lo que hicisteis. Pero cuando os conocí… No parecíais el monstruo que me habían contado. Y ahora os necesito conmigo. Sin vos me sentiría… Sola. Sola y rodeada de enemigos –

No volveréis a estar sola –