JON
El Rey en el Norte, en su castillo, se vio rodeado de extraños. Cuando abandonó Desembarco del Rey esperaba contar con la reina y sus dragones, quizá algunos inmaculados. Pero jamás habría esperado que el ejército de los Lannister, con el Matarreyes a la cabeza, acudiera al Norte a defender Invernalia.
Davos había insistido en que necesitaba una escolta para moverse por el castillo, pero la había rechazado. Si se rodease de guardaespaldas, se habría interpretado como una señal de miedo y desconfianza, y si realmente quisieran matarle de poco le habrían valido. La única protección que necesitaba era la de Fanstasma. El huargo olía a los enemigos a distancia, incluso aquellos que ocultaban la hostilidad tras una sonrisa.
Pero Fantasma se había alejado. Jon se quitó un guante, se llevó dos dedos a la boca y silbó.
¡Fantasma! –
Como se había imaginado, el lobo blanco estaba sobre las murallas. No aullaba nunca, pero de todos modos había algo que lo atraía hacia las alturas; luego se quedaba allí sentado sobre los cuartos traseros y, mientras su aliento caliente formaba nubes blancas, él se bebía las estrellas con aquellos ojos rojos.
El caballero dorado – le advirtió Val – Viene por ahí –
No se equivocaba. Cuando se volvió él se acercaba, con su armadura dorada y el pelo del mismo color. ''No es de extrañar que se haya hecho el silencio en el patio'' Recordó la primera vez que había visto al Matarreyes. – Fue aquí, en Invernalia, con la comitiva real. Por entonces pensé que tenía mucho más aspecto de rey que Robert –
Mi señor – saludó.
La reina quiere veros – miró a Val – A solas -
¿Me permitís cambiarme de ropa? – Jon desmontó del caballo – Mi aspecto no es el adecuado para presentarme ante una reina –
Os esperaremos en sus aposentos -
''Os esperaremos'' – se extrañó. Colgó la cota y el peto en la armería, subió hasta su habitación, se quitó las ropas empapadas de polvo del viaje y se puso otras limpias. Sabía que en el interior del castillo no haría tanto frío, por lo que eligió una capa ligera y sin capuchón. Por último, recogió a Garra y se ató la espada bastarda a la cintura.
Ser Barristan Selmy lo esperaba junto a la puerta, erguido como una lanza.
¿Qué quiere de mí su alteza? – le preguntó Jon cuando estuvo ante él.
No sabría deciros, mi señor – abrió la puerta – Será mejor que le preguntéis –
Daenerys Targaryen estaba de pie, junto a la ventana, contemplando el castillo y el inmenso bosque de dioses más allá. Junto a ella estaba Jaime Lannister, más cerca de lo que se podía esperar.
El Rey en el Norte – les advirtió Tyrion, que estaba al otro lado de la habitación.
La reina se volvió para estudiarlo. En Desembarco del Rey nunca la había visto tan de cerca. Los ojos eran pozos violeta insondables.
Majestad – saludó Jon.
Jon Nieve. Espero que encontraseis lo que buscabais en Rocadragón –
Sí. Todo eso y mucho más – ''Quizá podamos pelear esta guerra'' – Tenemos suficiente vidriagón para que cada hombre empuñe una espada y un puñal. Y flechas, lanzas, hachas… -
Me alegra oír eso – Daenerys hizo una mueca – Lucharé… Lucharemos por vos, y por el Norte –
Os lo agradezco, alteza. Os necesitamos a vos, a vuestros dragones y… - dirigió una mirada recelosa a Jaime Lannister – a vuestros ejércitos –
La reina puso mala cara.
Lannister, Stark… - Daenerys resopló – Quiero que firméis una tregua, aquí y ahora –
'' ¿Con el Matarreyes? ''
Para firmar una tregua hace falta confianza – al decir aquello la voz de Jon se tornó severa.
Sorprendentemente, Jaime sonrió al oír aquello.
Os lo dije, alteza, es un Stark –
De no ser por él quizá habríais muerto en Desembarco del Rey – la reina miró al Matarreyes – Ser Jaime me recordó mi deber cuando todo lo que tenía en la cabeza eran mis derechos. Yo estaba tratando de ganar el trono para salvar el reino, cuando debería salvar el reino para ganar el trono – volvió a mirarle a él – Os hemos esperado todas estas semanas para sellar nuestra alianza. Cuando se levanten los vientos fríos, viviremos o moriremos juntos. Ha llegado el momento de que nos aliemos contra nuestro enemigo común. Los dos sois hombres de honor, así que quiero que os juréis lealtad –
El Lannister extendió su mano hacia él y Jon la estrechó sin pensarlo mucho.
Y… ¿El Norte? -
El Norte seguirá siendo uno de los Siete Reinos, como lo ha sido hasta ahora – todo rastro de calidez se había esfumado – Pero lo hablaremos después de la guerra –
Jon inclinó la cabeza con gesto rígido y se marchó.
'' Si padre me viera estrechando la mano del Matarreyes… Subió las escaleras hasta su habitación. '' ¿Dónde se ha metido Val? ''. Encontró sus cosas y las de ella donde las había dejado, pero ni rastro de la chica.
La princesa se ha ido por allí – le dijo una sirvienta señalando las escaleras que subían hacia lo alto de la torre.
Jon fue hacia donde le indicaba y se encontró, de pronto, en la penumbra. ''No puede estar aquí'', empezaba a pensar cuando oyó su risa. Siguió directo hacia el sonido, pero no había subido ni diez peldaños cuando la luz se esfumó del todo. Buscó a tientas algo para agarrarse cuando, sin querer, abrió una puerta que estaba entreabierta.
¿Val? –
Estoy aquí –
Jon tuvo que arrastrarse una docena de pasos antes de que una débil luz volvió a iluminarle cuando Val encendió una antorcha.
¿Qué haces aquí? – le preguntó.
Investigo tu castillo – Hizo una señal con la mano – ¿Qué tal te ha ido con tu reina y tu caballero dorado? –
Bien, o eso creo – dijo Jon – Lucharán y después ya veremos –
¿Después? – susurró al tiempo que le mordisqueaba el cuello – Cuando los muertos vengan no habrá un después –
Jon le apoyó la nariz en el pelo y se llenó de su olor.
Hablas como la Vieja Tata cuando le contaba a Bran un cuento de monstruos.
¿Me estás llamando vieja? – preguntó Val, dándole un puñetazo en el hombro.
Eres más vieja que yo –
Sí, y también más lista – se apartó de él y comenzó a desvestirse.
¿Qué haces? –
Te voy a enseñar lo vieja que soy – se desató las lazadas del abrigo, las tiró a un lado, y se desabrochó las camisas de lana.
De pronto, la puerta se abrió de golpe y una pequeña figura entró sigilosa. Val soltó un gritito al tiempo que volvía a atarse las lazadas.
¿Quién es? – preguntó Jon, que no veía bien por la oscuridad.
¿Jon? – dijo una vocecita que casi había olvidado.
¿Arya? – ''No puede ser cierto '' - ¿Eres tú de verdad? -
Su hermana entró en la habitación. Estaba cambiada, más mayor, no tan delgada, pero seguía siendo su hermanita pequeña.
En cuanto le vio echó a correr y saltó para abrazarle.
Tenía miedo de que hubieras muerto – dijo, emocionado - ¿Dónde has estado todo este tiempo? –
Por aquí y por allá – las lágrimas le corrían por el rostro – Te he echado de menos –
Y yo a ti – le revolvió el pelo como hacía cuando era niña – Y, oh… - se acordó – Esta es Val –
Cuando dijo su nombre, salió de entre las penumbras.
Arya – dijo estrechando su mano – Jon me ha hablado mucho de ti –
¿Eres la princesa del Pueblo Libre? – preguntó.
Así es como me llaman – respondió – Pero no una princesa que vive en un castillo y lleva vestidos de flores –
Mejor – dijo Arya – odio a esa clase de princesas –
Jon dirigió la mirada hacia la cintura de su hermana.
La has conservado – dijo.
Aguja – sonrió Arya mientras desenvainaba la hoja.
¿Has tenido que usarla? –
No mucho… Una o dos veces –
Volvió a abrazarla otra vez.
Ven – dijo mientras echaba a andar hacia la puerta – Tengo que presentarte a mucha gente –
Yo también – contestó Arya - ¿Conoces al Perro? -
