CAPÍTULO SEIS
Bella yacía de costado, con la cabeza apoyada cómodamente en el impresionante bíceps de Edward, mientras miraba fijamente a la forma de dormir de él. No podía recordar la última vez que había dormido tan profundamente o tan pacíficamente, incluso en la tierra, y todo fue por que Edward la había abrazado mientras dormía. Rápidamente oscureció los cristales, y luego se desnudó antes de meterse en la cama con ella, tapándolos a los dos con las coberturas que quedaban.
Le deslizó un brazo por debajo de la cabeza y el otro por la cintura cubierta con una manta y la acercó para que se sintiera segura y protegida. Mientras que las otras mantas habían permanecido alrededor de sus hombros mientras dormían, se habían deslizado de Edward, dándole una vista increíble de su enorme pecho, un pecho que se elevaba y caía lentamente.
Sus dedos lentamente viajaron sobre su gran músculo pectoral, rozando su duro y plano pezón. Lentamente lo rodeó varias veces, observando cómo se tensaba al tocarlo, antes de que sus dedos se movieran hacia arriba y a lo largo de su costado aprendiendo el abultamiento de cada músculo, y las profundidades que había entre ellos. Su piel era tan cálida y suave sin las marcas y cicatrices que las Cuentas de Batalla indicaban que debía tener. ¿Cómo es posible? Sus dedos continuaron su viaje sensual, deslizándose bajo la manta que se había asentado justo por encima de sus caderas, cuando la mano de Edward le impidió seguir explorando.
—Isabela…— gruño, y sus ojos se abrieron de par en par para encontrarlo despierto, y mirándola atentamente. Agarrando suavemente sus mano, lentamente la volvió a subir por su cuerpo hasta que llegó a sus labios, y besó la palma de su mano. Bella sintió cómo su corazón se derretía ante la dulzura de la acción. Nadie la había tratado antes con tanto cuidado como si fuera lo único que les importaba.
—¿Descansaste bien, pequeña?— pregunto, sus ojos brillando, su voz ronca por el sueño.
—Lo hice— moviendo ligeramente la mano, le hizo una ventosa en la mandíbula, su pulgar acariciando todo el labio inferior —gracias a tus brazos a mi alrededor— Edward permitió que su mano grande y callosa se deslizara a lo largo de su brazo, sin poder creer lo suave y sedosa que se sentía su piel.
Los moretones que habían estado allí el día anterior se habían desvanecido. Aunque él sabía que la unidad de reparación profunda había sido la responsable de eso, no habría hecho que su piel se sintiera así. Si no fuera de la forma que debería ser. Él había pensado que era el limpiador, que había hecho que su piel se sintiera así cuando él la había limpiado, pero ahora quería saber si su piel estaba así por todos partes, y sintió que su eje se endurecía al pensar en averiguarlo.
Bella vio los ojos de Edward brillar, y sintió la dureza que crecía entre ellos. Ella sabía que era su pene y sintió como su canal se apretaba en respuesta. Deslizando su mano a lo largo de su mandíbula, ella agarró la parte posterior de su cuello y tiró de sus labios hacia los de ella.
Todo el cuerpo de Edward se endureció cuando Isabela presionó sus labios contra los de él por primera vez. Diosa, eran mas suaves de lo que él nunca imagino que podrían ser. Se había despertado con los dedos de ella pasando por encima de él, y se había sentido increíble, pero esto, era algo más. Necesitaba impedir que sus delicados dedos siguieran explorando porque no estaba seguro de que ella entendiera lo que le estaba haciendo.
—Isabela— susurró contra sus labios.
Bella retrocedió un poco, mirando a Edward. No estaba segura del porque lo había besado así. Nunca había sido la que iniciaba algo en sus relaciones anteriores, pero después de todo lo que le había dicho, sobre que eran Verdaderos Compañeros, y de besarle la palma de la mano, no había sido capaz de detenerse. Ahora podía ver que era un error. Ella había malinterpretado totalmente la situación.
—Lo siento— inmediatamente dejó caer su mano, luego tiro de la manta con fuerza contra sus pecho para evitar que cayera mas, y se deslizo por la cama para poder ponerse de pie.
—Isabela…— Edward frunció el ceño. ¿Por qué se estaba disculpando? ¿Por qué había dejado de tocarlo? ¿Por qué se estaba levantando de su cama?
—La sala de limpieza… supongo que hay algo ahí que puedo usar para… hacer mis necesidades.—
—Si, te mostraré…— Edward se movió para salir de la cama.
—¡No!— ella extendió su mano para detenerlo, y luego se movió rápidamente alrededor de la cama —estoy segura de que puedo averiguarlo— con la manta sacudiéndose detrás de ella, entró en la cámara de limpieza y luego se giro rápidamente buscando el cristal para cerrar la puerta.
Al verlo lo apretó y lego vio a Edward levantarse de la cama, las mantas cayendo revelando mas y mas de su gloria desnuda. La puerta se cerró deslizándose antes de que él se pusiera enfrente. Edward se levantó sin entender por que se Ashe no quería que él la ayudara. ¿No acababa de demostrar que era digno de no aprovecharse de ella en su debilitado estado? ¿pon que había huido de él? ¿Por qué lo había dejado fuera? ¿Las reacciones de su cuerpo a su cercanía la hicieron desconfiar de él? Necesitaba corregir eso.
Bella apoyó su frente contra la puerta, su aliento saliendo en pequeños jadeos. Dios mio, casi había conseguido ver la parte frontal de Edward completa. Si la manta no se hubiera atorado en la cama, lo habría hecho, y no estaba segura si estaba agradecida o resentida. Empujándose en la puerta, se giro para entrar completamente en la habitación en la que había pasado tanto tiempo ayer. Bueno se lo había pasado todo en el ducha con Edward… no, ella no pensaría en eso. A lo largo de la pared lejana, ella vio varios cristales. Moviéndose a través de la habitación hacia ellos, empujó el de arriba y apareció lo que parecía un urinario extraterrestre. Rápidamente volvió a empujar el cristal y desapareció.
Presionado el siguiente cristal, lo que parecía ser un inodoro sin tanque surgió de la pared, y ella suspiro aliviada. No se había dado cuenta de lo mucho que necesitaba usarlo hasta que lo vio. Estaba apunto de quitarse la manta que la cubría cuando la puerta de la sala de limpieza se abrió.
—¿Qué demonios?— sus manos apretaron la manta mientras Edward irrumpía, agradecida de ver que al menos se había puesto los pantalones —¡cerré esa puerta!—
—No la sellaste.—
—Bueno. ¿Cómo diablos hago eso?—
—Sostén el cristal.—
—Entonces vete y lo haré.—
—Isabela… ¿Qué pasa? ¿Por qué estas tan enfada?—
—¿Por qué? ¿No se por que? Quiero decir, ¿Por qué tengo que estar enfadada? Me sacaron de mi casa contra mi voluntad. Vendida como esclava, luego muerta de hambre y golpeada cuando se descubrió que era una mujer. Luego me meten en un maldito tubo, y cuando salgo, se supone que soy la Verdadera Compañera de alguien que nunca he conocido— Bella se dio cuenta de que estaba golpeando sus manos contra su pecho con cada exclamación, y que él estaba retrocediendo con cada una de ellas —¡Ahora todo lo que quiero es un poco de privacidad! Algún tiempo para averiguar que demonios es que, y vienes aquí actuando como si te debiera una explicación.—
—Isabela… solo intento ayudar…— Bella sintió que se le llenaban los ojos por sabía que él estaba diciendo la verdad. Sólo intentaba ayudar. Ella era la que parecía querer más.
—Lo sé— dijo ella tratando de calmarse —solo necesito unos minutos a solas. Por favor. Deja que me ocupe de lo que necesito y luego saldré. Tal vez puedas encontrarme algo de ropa.—
—¿Ropa? ¿Te refieres a las coberturas?—
—Ummm, si, claro, coberturas. Siempre y cuando eso sea algo que signifique que no tenga que andar desnuda.—
—¡No harás eso!— gruño Edward.
—No tengo planes si me encuentras algo adecuado.—
—lo haré.—
—Entonces saldré en unos minutos— con eso, Edward estaba fuera de la habitación, y presiono el cristal, esta vez lo sostuvo y escucho el silencioso snick de la cerradura.
Edward miró en silencio la puerta de la sala de limpieza, ahora sellada, inseguro de lo que acababa de ocurrir. Había habido lágrimas en los ojos de Isabela, lágrimas de dolor y confusión. ¿Por qué? Pensó que había explicado adecuadamente lo que había pasado, que estaba pasando entre ellos. Su Verdadera Compañera parecía dispuesta a descansar en sus brazos, lo que implicaba que por eso había descansado tan bien. Pero ella se había sacudido de sus brazos después de presionar sus labios contra los de él. Había sido el primer beso de Edward de una hembra, bueno, de una hembra, no de su madre o hermana. Había querido ir más allá, como lo hicieron su madre y Manno. Él los había visto besarse en los labios muchas veces, y sabía que era la manera de mostrar afecto entre un hombre y su Ashe, pero eso nunca se hacía en las relaciones en las que no se había intercambiado una cuenta.
Había querido besar a su Isabela en los labios, había querido compartir esa intimidad especial con ella, pero no estaba seguro de qué prácticas seguía su especie. Así que se había obligado a contentarse con besarle la palma de la mano, esperando que ella lo aceptara y supiera lo mucho que significaba para él. No había estado preparado para los sentimientos que lo habían golpeado cuando ella tocó su mandíbula, su pulgar acariciando su labio. O por la repentina presión de sus labios sobre los de él. Todo su cuerpo se había congelado, no sabía qué hacer, y luego ella se había ido.
Había captado el destello de dolor en sus ojos antes de que ella huyera de su cama. ¿La había insultado de alguna manera? ¿Hacerle daño con su respuesta? ¿O la falta de ella? No había querido hacer nada malo... pero aun así lo hizo. Girando lejos de la puerta, se dirigió a la pared más lejana y apretó un cristal que revelaba su armario. Mirando sus coberturas, frunció el ceño. Aquí no había nada que pudiera usar; solo estaban sus uniformes. Nunca había sido como algunos hombres que compraban coberturas bonitas para atraer a una hembra a compartir su amistad con él. De vez en cuando encontraba algo especial en el planeta donde estaba destinado, y se lo enviaba a su madre o hermanas, pero Ponto no tenía tales cosas.
Gruñó enfadado por su estupidez al no haber planeado todas las posibilidades, algo que como Líder de Escuadrón era su deber si quería mantener vivos a sus guerreros. Escaneó el contenido por última vez y vio la manga de una cubierta presionada contra la pared. Al sacarlo, dejó que su mirada lo mirara. Era una cubierta de mangas largas que debía llevar un guerrero si de repente se veía atrapado en una tormenta de tierra del Pontus. Estaba hecho de un material muy delgado, pero casi impenetrable, que se almacenaba fácilmente en el kit de un guerrero. Si de repente aparecía una tormenta, todo lo que un guerrero necesitaba hacer era ponérsela sobre su cabeza y estaba protegido. Tendría que bastar por ahora hasta que pudiera proporcionarle a su Verdadera Compañera los revestimientos adecuados. El sonido de la apertura de la puerta de la sala de limpieza le hizo girar para encontrar a su Isabela caminando lentamente hacia él.
—Siento haberme ido en tu contra— señaló a la sala de limpieza con la cabeza.
—¿ido?— Edward frunció el ceño ante esa palabra.
—Es una forma de hablar. Te grité sin una buena razón.—
—Sentiste que tenías una razón.—
—Pero no una buena.—
—Has pasado por mucho, Isabela. No quería que mis acciones te hicieran sentir incómoda.—
—No lo hicieron. No has sido más que amable y comprensivo, Edward, yendo mucho más allá de lo necesario. Son mis propias acciones las que me han hecho sentir incómoda, y tú también lo pareces.—
—No lo entiendo.—
—Me doy cuenta de que, después de todo, acabamos de conocernos, somos dos especies completamente diferentes, y literalmente no hablamos el mismo idioma. Hace que los ''malentendidos'' sean realmente fáciles. Especialmente de mi parte— ella miró lo que él tenía en la mano —¿Es para mí?—
—¿Qué?— miró hacia donde ella señalaba y recordó la cubierta que tenía en la mano —sí, es sólo una cobetura de tormenta, es todo lo que tengo por ahora. Pero voy a adquirir otra cosa para ti. Algo mejor, más bonito, más...—
—¡Edward, para!— ella le cortó —estoy segura de que lo que sea estará bien después de usar la misma ropa por... No sé cuánto tiempo. Cualquier cosa sería mejor. No tienes que adquirir nada más para mí— alargó la mano para tomar la camisa, pero no llegó a tocarlo.
Ella no iba a forzarlo de nuevo. Ella sabía que él dijo que ella era su Verdadera Compañera por la cuenta en su cabello. Ella había asumido que era algo así como Alma Gemela en la Tierra, que compartirían un profundo amor y afecto el uno por el otro. Algo que ya estaba sintiendo por el macho grande. Pero para ella eso incluía tocar y besar, pero Edward le había impedido que lo tocara y no respondió a su beso. ¿Fue algo diferente para un Kalisciano? Hasta que lo averigüe, procedería con cautela.
Edward se preparó para su contacto, ordenando a su cuerpo que no respondiera y la asustara de nuevo. Pero todo fue en vano cuando ella extendió su mano y esperó. Lo había hecho voluntariamente en el puesto de limpieza la noche anterior, y de nuevo mientras descansaba. Incluso le acarició voluntariamente la mandíbula con su pequeña mano. ¿Había hecho que ella temiera tocarlo? Cuidadosamente, asegurándose de no tocarla ni asustarla, le colocó la cubierta en la mano.
—Yo... Volveré a la sala de limpieza y me cambiaré— volviéndose, se fue corriendo.
Edward la vio irse con ojos perturbados, no le gustaba lo rápido que se alejaba de él. Necesitaba recuperar su confianza, para demostrarle que era digno de ser su Dasho y su Verdadero compañero. Sólo necesitaba averiguar cómo hacerlo.
Bella se miró a sí misma en el espejo durante varios minutos tomando en cuenta su apariencia. La camisa, sin cubrir, que Edward le había dado, estaba suelta cuando se la había puesto por primera vez, con las puntas de las mangas largas más allá de las yemas de los dedos. El escote colgaba como un cuello de capucha, y la parte inferior pasaba por encima de sus rodillas. Pero después de usarlo por varios momentos, sintió que comenzaba a apretarse, a ajustarse a su cuerpo.
Las mangas eran todavía largas, llegando hasta la mitad de sus dedos, pero se dio cuenta de que le gustaba que llegara hasta allí. El cuello de la capucha había retrocedido para convertirse en un cuello de tortuga más apretado, pero no se sentía restrictivo de ninguna manera. El resto de la cubierta también había cambiado. Ahora abrazaba su cuerpo como una segunda piel, y el dobladillo estaba a varios centímetros por encima de sus rodillas.
Ella había visto a otras mujeres usar vestidos como este en la Tierra, pero siempre habían tenido esos cuerpos perfectos, increíblemente tonificados para lucir. Ella no lo hizo. Girando un poco, miró la forma en que el material parecía abrazarle el culo. Tuvo que admitir que no se veía tan mal, y que no se veía ni una línea ni una costura, ya que su ropa interior fue una de las primeras cosas en sucumbir a las duras condiciones que habían soportado. Es lo que consiguió por darse el gusto con sujetadores de encaje y conjuntos de bragas en lugar de los prácticos. Girando de nuevo, se dio cuenta de que el material se levantaba y le ponía ventosas en los pechos mejor que cualquier otro sostén. Cuando se movió no rebotaron, pero eso fue probablemente debido a lo pequeño que eran ahora.
Su pelo castaño, que Edward se había tomado tanto tiempo limpiando, caía alrededor de su cara en suaves ondas que alcanzaban la curva superior de sus senos. Nunca antes había tenido su pelo tan largo por tanto tiempo. Tenía que ser al menos tres pulgadas más largo que cuando fueron sacados de la Tierra. ¿Podría eso decirles de alguna manera cuánto tiempo hace de eso? No tenía ni idea de lo rápido que crecía el pelo de una persona. Tal vez Ros o uno de los chicos lo hacia.
—¡Maldicion!— exclamó en voz baja. Aquí estaba ella mirándose el pelo, preocupada por la forma en que le quedaba la camisa de Edward, por si a él no le gustaba que ella lo besara, ¡Y no había pensado ni una sola vez en sus amigos! ¿Dónde estaban? ¿Cómo estaban? ¿Se les trataba bien? ¿Habían descubierto ya a Ros? Dando vueltas, fue a buscar a Edward y para obtener algunas respuestas.
Ella lo encontró en la habitación exterior, vestido con su uniforme completo con el acompañamiento completo de las armas del día anterior, menos la espada atada a su espalda. Pero estaba al alcance de la mano. Tenía una serie de paquetes de plata sentados en la mesa frente a él. Edward escuchó que se abría la puerta de la sala de limpieza y se giró para decirle dónde estaba. Pero las palabras quedaron alojadas en su garganta. Nunca había sabido que una simple cubierta de tormenta se vería tan sexy en una hembra. En su hembra. El material fue hecho para ajustarse al cuerpo del portador, evitando que los elementos de la tormenta dañaran al portador. Pero esto... Acentuó cada curva, cada línea del hermoso cuerpo que había limpiado anoche. ¡Diosa! Ella era hermosa. El crujido de un paquete aplastado en sus manos lo sacó de su aturdimiento.
—¿Cuál te gustaría?— preguntó bruscamente.
—Estoy bien— contestó ella, aunque su estómago gruñó en voz baja para protestar —necesito saber sobre los otros.—
—¿Los otros?—
—Sí. ¿Dónde están?¿Están bien? ¿Han conseguido algo de comer?—
—Isabela, estoy seguro de que están bien.—
—Estás seguro. Eso significa que no sabes si lo están. Dios mío, deben estar muy preocupados por mí. Necesito llegar a ellos.—
—Sé que todos los sobrevivientes están en una sola área. Sé que han sido alimentados, se les ha permitido limpiar y se les han dado lugares para descansar. Sé que si alguno de ellos estuviera en malas condiciones, el guerrero a cargo de ellos lo habría llevado a Carlisle para su tratamiento. Ninguno fue mientras estuviste allí.—
—¿Cómo puedes saber todo eso?—
—Porque ha sido el procedimiento para los sobrevivientes que encontramos en los otros sitios.—
—Otros sitios... quieres decir que había más lugares... más minas...—
—Sí— le dijo en voz baja, queriendo golpearse por revelar eso. Especialmente cuando la vio pálida.
—¿Cuántos?—
—El tuyo fue el sexto que encontramos.—
—¿Seis...?—
—Creemos que los hemos encontrado todos.—
—¿Por qué?—
—Porque ninguna nave zaludiana más ha intentado acercarse a Pontos desde nuestra llegada hace seis semanas. Hemos sabido que llegaban una vez al mes para recuperar los cristales extraídos y reabastecer los sitios.—
—¿Entonces por qué todavía no nos encontraban a nosotros?—
—Eso no lo sé, pero estoy seguro de que el General lo descubrirá de los supervivientes Zaludianos.—
—¿Algunos sobrevivieron?—
—Eso creo, aunque no lo sé con certeza. Había algunos de otros sitios.—
—¿Y se encontró algún otro humano?—
—No, Isabela. Fuiste el primero de tu clase que encontramos— levantó el paquete otra vez —¿Vas a comer ahora?—
—Necesito saber que están bien— sus ojos le suplicaron a él, y Edward descubrió que no podía negarle nada. Pero eso no significaba que no fuera a salirse con la suya también.
—Puedo contactar con el guerrero a cargo y averiguarlo, pero sólo si comes mientras yo lo hago. Has pasado por mucho.—
—También ellos.—
—Sí, pero tú eres la única que me preocupa— Edward se negó a echarse atrás en esto. Ella era su Verdadera compañera, y esperemos que un día sea su Ashe, y aunque parece que había hecho algunas cosas malas al cuidarla, esto lo haría bien.
—De acuerdo— dijo finalmente. Sentada, eligió un paquete.
—Déjame ayudarte...— alargó la mano para quitársela, pero su mirada lo detuvo.
—Vi cómo lo hiciste anoche— pellizcó el punto —no soy estúpida, sabes.—
—Nunca pensé que lo fueras. Sólo intentaba ayudar.—
—Ayuda averiguando sobre mis amigos. Dijiste que lo harías si comía— arrancó la tapa de la bolsa, agarró uno de los utensilios de la mesa y comenzó a comer.
Edward desabrochó el comunicador que llevaba en la cintura y se puso en contacto con el guerrero. Dimitri acababa de terminar de disfrutar de su primera comida cuando sonó su comunicador.
—Dimitri— contestó, su disgusto por ser contactado antes de ir a trabajar, fue fácilmente escuchado.
—Guerrero Dimitri, aquí el Jefe de Escuadrón Masen— Dimitri se sentó más derecho a escuchar quién lo estaba contactando.
El Jefe de Escuadrón Masen era alguien de quien no querías estar en el lado equivocado, ni siquiera él. Porque no sólo era Edward el más grande entre ellos, sino que también era uno de los más fuertes. Nunca dijo más de lo necesario, dejando que su habilidad con la espada y el blaster hablaran por él. Su Manno también estaba al servicio del ministro Descarga, uno de los ministros más influyentes y respetados del Imperio. Ni siquiera la conexión de Dimitri con el ministro Stepney le ayudaría si ofendiera a Descarga.
—¡Líder de escuadrón! ¿Qué puedo hacer por ti?—
—Quiero saber el estado de los humanos.—
—Humanos... Oh, te refieres a esas criaturas sucias y extrañas que fueron rescatadas ayer— Edward rechinó los dientes, contento de que Isabela todavía no entendiera Kaliszian para no poder entender a Dimitri.
—¿Su condición?— exigió.
—Todavía no los he revisado esta mañana, pero estaban bien cuando salí de servicio anoche. Comida, catres y cubiertas limpias fueron proporcionados como ordenó el General, y supongo que sabían cómo limpiarse.—
—¿Les enseñaste a usar la sala de limpieza?—
—¿Por qué haría eso? Todas las especies conocidas saben cómo usar una unidad de limpieza.—
—Pero no son una especie conocida para nosotros o nosotros para ellos— Dimitri permaneció en silencio —¿Alguno de ellos fue llevado a Carlisle?—
—No. Ninguno de ellos mencionó la necesidad.—
—Porque ellos sabrían que podían, ¿Verdad? Como no saben nada de nosotros— a Edward nunca le había gustado Dimitri. Oh, él era un guerrero altamente eficiente y cumplió con su deber, pero nunca hizo más que eso y sintió que siempre tenía derecho a más debido a la línea de sangre de su familia y la conexión con el Ministro Stepney.
—Quiero que vayas a ver cómo están y me informes de su estado.—
—Con todo respeto, Jefe de Escuadrón, el General Emmett me asignó esta tarea. Sigo sus órdenes y me presento ante él. Cuando sea el tiempo que se me asigne para cumplir con ese deber, lo haré— con eso, Dimitri desconectó su comunicación.
¡Edward no podía creerlo! Esa caca engreída se había desconectado de él. ¡Él! ¡Líder de Escuadrón! Aunque Dimitri tenía razón en que no se reportaba a Edward, no en esto, había olvidado que sí se reportó a él en los campos de entrenamiento. Edward le haría pagar por este insulto.
—¿Qué dijo?— la pregunta de Isabela alejó sus pensamientos de su próximo encuentro en el campo con Dimitri.
—Que recibieron comida, camas y nuevos cobertores. Que nadie pidió ver al Sanador.—
—¿Sabían que podían?— preguntó ella inmediatamente.
—¿No lo habrían hecho si uno de ellos estuviera en una situación desesperada? Les informaron que te estábamos tratando.—
—¿Lo hicieron?—
—Sí— vio que ella había terminado el paquete que había elegido —¿Necesitas más?—
—No.—
—Entonces, ¿Estás lista para volver a la enfermería?—
—Prefiero ir a ver a mis amigos— ella frunció el ceño cuando pareció dudar y se puso en pie para enfrentarse a él —¿Edward? ¿Qué me estás ocultando? ¿Por qué no quieres que vaya primero a verlos?—
—¡No te estoy ocultando nada!— Edward extendió la mano y le puso una mano en la mejilla antes de que pudiera detenerse —mi promesa. Sólo pensé que podrías ayudar mejor a tus... amigos, si tuvieras una mejor comprensión del mundo en el que te encuentras ahora. No puedes hacer eso sin usar primero a nuestro educador— Bella se calmó al tocarla. La sorprendió, especialmente después de la forma en que reaccionó a sus labios. Tal vez tenía razón. Si no podía entender lo que pasaba entre ellos, después del tiempo que había pasado con Edward, ¿Cómo iba a poder explicárselo a los demás? Necesitaba usar a su educador.
—De acuerdo— dijo finalmente —vamos a ver a Carlisle. Cuanto antes se haga esto, antes podré estar con mis amigos— Edward frunció el ceño. ¿De verdad esperaba que la dejara dejarlo, que dejara que otros hombres la rodearan? No iba a suceder, pero él sabía que no podía decírselo ahora mismo.
—Vamos al ala médica, y Carlisle puede terminar de tratarte, y luego puede aplicar al educador.—
—¿Terminar? ¿Qué quieres decir?—
—Te agitaste mientras la unidad de reparaciones profundas te trataba. Carlisle quería que te trajera de vuelta hoy para que pudiera terminar de reponer tú sistema con lo que has perdido.—
—Reponer...—
—Significa restaurar lo que tú cuerpo ha perdido.—
—Sé lo que significa— le dijo ella en seguida —nunca dijiste que necesitara más tratamientos, sólo que necesitaba usar al educador.—
—Yo... no quise engañarte, Pequeña. Ayer discutimos tantas cosas que no me di cuenta de que no habíamos hablado de eso— Bella miró fijamente a los ojos suavemente brillantes de Edward y supo que le estaba diciendo la verdad. No estaba segura de cómo lo sabía, nunca antes había sido tan buena leyendo a los hombres, sus relaciones pasadas eran prueba de ello. Pero de alguna manera con Edward ella lo sabía.
—Está bien, pero estoy cansada de que sólo me digan lo que otros creen que necesito saber— ella vio a Edward endurecerse antes de que se hundiera en el sofá, su mano corriendo sobre el cabello bien sujeto en la parte superior de su cabeza.
—Esa nunca fue mi intención, Isabela. Sólo he tratado de cuidarte lo mejor que he podido. Siento mucho haberte fallado— Bella sintió como se le abría la boca. Ella no quería que Edward se tomara sus palabras tan a pecho ni que sintiera que le había fallado. Desde que lo vio en esa mina, él era el único en quien ella sabía que podía confiar completamente. ¿Por qué lo dudaba ahora? ¿Porque ya no era esencial para su supervivencia? ¿No estuvo mal eso? Dios, estaba tan mal.
—Edward...— se movió lentamente y se sentó a su lado —no me has fallado. ¿Cómo puedes pensar eso? Desde el primer momento que te vi, has sido mi única constante, el único en el que he confiado totalmente, el único cuya única preocupación era yo— empezó a extender la mano y tocarlo, pero tiró de su mano hacia atrás —sé que no soy lo que buscabas cuando me despertaste ayer. Todo lo que querías era cumplir con tu deber, no cargar con un lío como yo.—
—¿Cargar?—
—Cargado con...—
—¿Cargado?— los ojos de Edward comenzaron a arder más que el resplandor, y él extendió sus brazos levantándola del sofá, tirando de ella para que estuvieran cara a cara —¡¿Crees que eres una carga para mí?! que me arrepiento de tenerte en mi vida?— ella soltó un pequeño chillido cuando Edward la subió a su regazo, sus manos agarrando los gruesos músculos de sus brazos, que ahora estaban vibrando de rabia, para equilibrarse. Debería haber estado aterrorizada de ser maltratada de esta manera, especialmente después de cómo la habían tratado los Zaludianos, pero no lo estaba. Era Edward, y nunca le haría daño.
—Creo— se mojó cuidadosamente los labios antes de continuar —que he complicado tu vida. Soy un desastre, Edward. Mis emociones están por todas partes. Estoy feliz de estar viva y asustada al mismo tiempo. Quiero estar con mis amigos. Son los únicos que realmente entienden por lo que he pasado, y sin embargo...—
—¿Y sin embargo?—
—Y, sin embargo, no quiero dejarte— susurró ella —eso no es justo para ti, no cuando sólo haces lo que sientes que debes hacer por esto— ella levantó la mano y tocó su verdadera Cuenta de Mate en su pelo.
—Isabela...— la ira que lo había llenado rápidamente se desvaneció, Él le había fallado porque no había explicado adecuadamente la conexión entre los Compañeros Verdaderos. Lo estaba sintiendo, y la estaba confundiendo. Especialmente después de todo lo que le había pasado. No volvería a fallarle. Respirando hondo, le habló desde el corazón.
—Realmente no entiendes qué regalo... una bendición de la misma Diosa, es tener una Verdadera Compañera. Me completas de una manera que no puedo expresar adecuadamente. Ya no estoy solo, ahora hay más en mi vida que el deber y la batalla. Ahí estás tú— su mirada viajó sobre ella, y aun así no podía creer que ella estuviera aquí —sé que todo esto es nuevo y confuso para ti. Tu gente parece practicar diferentes tradiciones y no tiene Compañeros Verdaderos, pero...—
—Tenemos algo similar— susurró ella —los llamamos Almas Gemelas.—
—Almas gemelas— Edward probó las palabras en sus labios.
—Sí. Se dice que son la otra mitad de una persona. El que los hace completos.—
—Como tú me has hecho— el nudillo de Edward acarició suavemente su mejilla.
—¿Lo he hecho?— preguntó ella mirándolo con incertidumbre. Edward frunció el ceño ante la duda que vio en sus ojos.
—¡Sí! ¿Por qué lo cuestionas? Ya te siento, aquí— golpeó un puño contra su pecho —eres parte de mí. La parte más preciosa.—
—Entonces por qué...— se mordió el labio inferior y miró hacia otro lado.
—¿Entonces porqué qué?— Edward le puso una mano en la barbilla, la inclinó hacia arriba y esperó a que ella lo mirara —Isabela... dime.—
—¿Por qué no quieres que te toque o te bese? ¿Es algo que los Kaliscianos no hacen?—
—¡No! ¡Quiero decir, sí! Sí, nos tocamos y nos besamos.—
—Pero no quieres estar conmigo.—
—¡Por supuesto que sí!—
—¿Entonces por qué no me dejaste tocarte? ¿Por qué no te gustó cuando te besé?—
—¡Lo hice!— negó al instante. No podía creerlo; esto era lo que le estaba causando toda su duda y confusión. ¿Él, tratando de contenerse para no abrumarla? Bueno, si ese fuera el caso, él le mostraría exactamente cuánto la quería. Metiendo sus dedos en su exuberante cabello oscuro, él tiró de los labios de ella hacia los suyos.
