Disclamer: Todos los personajes y parte de la trama pertenecen a los creadores originales de Miraculous y no a mí. Escribo esta historia sin ánimo de lucro, solo para entretener.

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Nota de la Autora: Empecé a escribir esta historia a mediados de la S4 de miraculous, y aunque lo haya terminado ahora he seguido con la idea original y los esquemas de la trama que realicé en su momento, luego no hay ninguna alusión a la S5 (a lo que sabemos de ella por el momento). También quiero hacer una pequeña advertencia sobre el modo en que está narrado este fic; aconsejo que pongáis atención a la fecha con que empieza cada capítulo porque hay algunos saltos en el tiempo y si no tenéis en cuenta la fecha, os perderéis en los hechos. Sin más, espero que os guste este fanfic Adrianette ^^ ¡Gracias por leer!

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Abrázame Fuerte

(Y sonríe a la cámara)

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12 de Febrero

Dime, niña de ojos tristes…

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Adrien va a besar a Lila.

Desde el día anterior no conseguía que esa frase dejara de resonar en su cabeza.

Adrien va a besar a Lila. Era como un zumbido que no se interrumpía por nada, que nunca callaba. Era mucho peor que un simple zumbido porque lo que decía era lo más terrible del mundo. Adrien va a besar a Lila.

—¡Marinette, cuidado! —El chillido de Tikki no llegó a tiempo y acabó por estrellarse contra uno de esos enormes paneles con publicidad que estaban por todas partes en la ciudad. Por suerte, iba caminando tan despacio que apenas se hizo daño. Aun así, gruñó y se dejó caer al suelo, sin fuerzas, sin ánimo para nada—. ¿Estás bien?

—No —respondió sin apenas pensarlo—. No, Tikki, no estoy nada bien.

—¿Te has hecho daño en la cara?

—No es por eso. Eso no es nada —respondió con un hilo de voz monótono, lejano, como si no estuviera del todo ahí porque seguía atrapada en su mente escuchando la odiosa letanía—. Adrien va a besar a Lila… ¡Es horrible! —Pataleó el suelo y apretó los puños—. ¡¿Cómo ha pasado esto?!

. Ayer mismo Adrien iba a besarme a mí y todo era maravilloso, y ahora de pronto, la va a besar a ella. ¡A ella! ¡Lila!

—Marinette, tienes que calmarte —Le pidió Tikki, preocupada.

—¡Y les harán una foto! ¡Una foto que siempre existirá! —Continuó la chica—. Aun cuando seamos adultos, Adrien y yo estemos casados, tengamos tres niños y un hámster, esa foto siempre estará ahí —Sacudió la cabeza con desesperación, a punto de echarse al suelo del todo—. ¡Es lo peor que podía pasar!

. ¡Tengo que hacer algo!

—¿Y qué podrías hacer tú?

—¡No lo sé! —Respondió, poniéndose en pie de un frenético salto—. ¡Pero tengo que impedirlo como sea! —Se frotó la cara y notó el dolor por el golpe, pero tampoco le importó entonces—. Tengo que convencer a Alya de que esa foto no puede hacerse.

. ¡Ella fue la que tuvo la idea de participar en este concurso, así que ella debe arreglarlo!

—Pero, ¿Alya no se lleva muy bien con Lila?

—Bueno, sí —Marinette lo pensó un momento y agitó la mano—. Pero eso era antes —Sin duda hubo un tiempo en que Alya había caído bajo el hechizo de Lila, igual que todos los demás, pero ahora su mejor amiga conocía su doble vida como heroína. Y eso, a su vez, le demostraba que por lo menos una de las tantas mentiras que Lila contó, era tal y por tanto ya no tenía sentido que siguiera creyéndola. No habían hablado del asunto aún, pero Alya debía haber perdido su confianza en esa mentirosa—. Estoy segura de que si se lo explico con calma, querrá ayudarme y detendremos esta desgracia.

O al menos se obligó a pensar eso para darse ánimos antes de entrar al instituto.

Sí, lo primero que haría sería buscar a su amiga y de ese modo, quizás el asunto estaría resuelto incluso antes de la primera clase del día. Y podría calmarse. Tal vez había perdido su oportunidad de besar a Adrien, pero no importaba. Porque la foto juntos del día anterior era preciosa y se sentiría tan feliz si esa fuera la que cerrara el collage.

Un collage sin Lila.

Marinette atravesó las puertas del Françoise Dupont con un poco más de ánimo y se encontró con el habitual ambiente que holgazaneaba en el patio a esas horas de la mañana. Grupos de dos o tres chicos en los rincones, con las mochilas en los pies y hablando con cara de sueño sobre cualquier cosa que no tuviera que ver con las clases de ese día, un par de profesores junto a las escaleras que conducían al piso superior charlando en voz baja aún con vasos de café en las manos; a esa hora todo estaba reluciente pues apenas había adolescentes ensuciando el suelo o llenando las papeleras.

Al echar un vistazo circular al espacio en busca de Alya, se tropezó con Adrien, que estaba sentado en uno de los bancos del fondo, solo y con la mirada baja concentrada en su móvil.

El corazón se le saltó, encantado.

¡Adrien! Pensó, feliz por verle y tuvo que frenar sus pies antes de que estos echaran a andar en su dirección. No, no, ¡céntrate, Marinette! Debo buscar a Alya antes que nada. Siguió revisando el patio pero la chica no estaba allí.

Era raro, porque su amiga solía ser muy madrugadora. Aunque también le sorprendió un poco no ver por allí a ningún otro miembro de su clase, apenas faltaban unos minutos para que sonara la campana de inicio de las clases.

¿Dónde se habrían metido todos?

Sin poder resistirse, volvió a observar al chico y se fijó en que no parecía muy contento. De hecho, al mirar su cara, solo pudo fijarse en lo triste que parecía su sonrisa mientras observaba la pantalla de su móvil. Se preguntó si no le habría pasado algo malo. De repente, fue él quien parpadeó y alzó sus ojos que la descubrieron casi al instante. Su rostro ensombrecido cambió por completo y se iluminó para sonreírla y saludarla con la mano. Marinette sufrió un vértigo en su estómago y respondió con cierta rigidez al saludo.

Ahora no podía irse sin más, tendría que acercarse y hablar con él.

Según se acercaba apreció que la expresión del chico volvía a cambiar y en cuanto estuvo frente a él, este le preguntó de improviso.

—¿Qué te ha pasado en la cara? —La chica se paralizó, confusa—. La tienes roja.

—¡Ah! —murmuró, al rozarse la zona que se había golpeado contra la marquesina de publicidad. Soltó una risita para aliviar un poco el dolor—. Nada, solo me he golpeado ahí fuera sin querer.

—Pero, ¿estás bien?

—Sí, sí, no ha sido nada —respondió, sentándose al lado de él—. ¿Qué haces aquí solo?

—Oh, nada —movió la mano con la que sostenía el teléfono, como si se dispusiera a guardarlo, pero en el último instante le mostró la pantalla—. Solo estaba mirando nuestra fotografía.

Marinette contempló, con ligero asombro, la imagen que les habían tomado el día anterior. No recordaba lo bonita que era. Se preguntó cómo era que Adrien la tenía en su móvil (ella no la tenía), porqué era que la miraba en ese momento, y porqué justamente lo había estado haciendo con esa sonrisa tan tierna, aunque triste, de minutos atrás. Alguna de esas preguntas, o puede que todas ellas unidas, hicieron que su corazón se acelerara.

—Le pedí a Alya que me la pasara esta mañana —Le explicó.

—Ah —balbuceó ella, nerviosa—. ¡Ah! ¡Alya! —Recordó de golpe—. Así que la has visto, ¿dónde está ahora?

—No estoy seguro —respondió Adrien—. Solo la he visto un momento hace un rato cuando me ha pedido que esta tarde me quedara tras las clases para hacer la fotografía con Lila.

—¿Qué? ¿Esta tarde ya? ¡¿Por qué tan pronto?!

—El plazo para mandar el collage se agota, supongo —Se giró hacia delante y bajó la cabeza al tiempo que dejaba escapar un quedo resoplido. Marinette se fijó en esa actitud derrotada que se manifestaba en el modo en que se recostaba contra la madera del banco o por cómo sus manos reposaban, desganadas, sobre sus rodillas.

Conocía lo bastante bien a ese chico como para intuir que era lo que provocaba ese desánimo en él, y por la misma razón sabía que, si se dejaba llevar tanto por él como para demostrarlo de un modo tan claro, en lugar de ocultarlo bajo su habitual energía entusiasta, era porque se trataba de algo que no le gustaba nada.

Y ella quiso creer que sabía lo que era, o al menos, quiso que fuera lo que ella se estaba imaginando.

En cualquier caso decidió actuar con cautela.

—No pareces muy emocionado por lo de esta tarde —comentó. Adrien no la miró, apenas si hizo un gesto con los hombros.

—No contaba con tener que hacerme otra foto.

—Ahora saldrás en dos en el collage, como todos los demás —replicó ella—. Creí que eso te gustaría.

—Sí, claro —dijo él, aunque no sonaba contento para nada. Marinette calló, no queriendo presionar más. Y fue Adrien quien, con un nuevo suspiro, se dispuso a hablar tras echar un nuevo vistazo a la pantalla del móvil—. Nuestra foto es preciosa, es perfecta —recalcó—. Estaba contento porque fuera la última.

—Y y-yo también —convino ella. Preciosa y perfecta repitió sin poder contener la alegría un momento. Carraspeó para ponerse seria de nuevo—. ¿Qué pasa, Adrien?

. ¿No quieres hacerte esa foto con Lila?

—Yo quiero hacer lo que haga falta para ayudaros a todos a ganar el concurso —respondió tras pensarlo un instante.

—Pues claro —Marinette se frotó un brazo—. Pero, ¿no quieres hacerte la foto?

—Yo… —Se detuvo, apretó los labios un instante y con gran esfuerzo, añadió—. Si fuera una foto normal, no me importaría pero es que no quiero…

—¿No quieres…?

—No quiero…

Marinette apretó los puños, a la espera, sin embargo Adrien parecía incapaz de decirlo en voz alta. Así que ella decidió arriesgarse.

—¿No quieres besar a Lila?

El chico dio un respingo, bajó sus ojos un momento y después la miró a ella, con pesar.

—No —confesó—. No quiero hacerlo.

—¡Eso es fantástico! —exclamó Marinette. La tensión de los últimos segundos la hizo estallar, alzando la voz, por poco no logra sujetar sus brazos antes de que estos salieran disparados hacia arriba en señal de júbilo—. D-digo que es f-fantástico que tú te hayas dado cuenta de que no quieres hacerlo —rectificó. Sin embargo la expresión del chico era cada vez más triste, así que ella alargó la mano para ponerla en su hombro—. No pasa nada, Adrien.

. No tienes que hacer algo que no quieres.

—Pero todos cuentan conmigo para que el collage sea un éxito —replicó él—. No podemos hacerlo sin Lila o nos descalificarán.

—Eso es cierto —aceptó la chica—. Pero eso no significa que tengas que besarla, de eso nada —añadió con firmeza—. Podéis haceros otro tipo de foto, ya sabes, puedes saludarla desde lejos, o guíñale un ojo, incluso darle la mano.

. ¡Esos también son gestos amistosos!

—¿Tú crees?

—¡Pues claro! —Marinette se puso en pie y se colocó ante él. Había recuperado la energía y la claridad mental, ahora que sabía que Adrien no quería, por nada del mundo, besar a Lila era como si el universo entero se hubiese puesto a cantar para ella—. Solo necesitamos una foto que incluya a Lila, sea como sea.

—Todos parecían tan emocionados con la idea de que la foto final fuera de un beso —recordó el chico, aún inseguro—. ¿Y si se sienten decepcionados conmigo si no lo hago?

—Eso es imposible, Adrien. ¡Son tus mejores amigos! —Le aseguró—. Ellos no querrían que hicieras algo con lo que no te sientes cómodo.

. Les importará más tu opinión que el concurso.

Por fin, su amigo se atrevió a alzar su rostro del todo y a sonreír con algo parecido al alivio.

—¿En serio crees que lo entenderán?

—Estoy segura de que sí —Le confirmó. Por supuesto que lo creía, no se imaginaba a ninguno de sus amigos de clase enfadándose con él por algo como una tonta fotografía. Su corazón vibró de ternura hacia ese chico; parecía tan preocupado por decepcionar a los demás, siempre tan dispuesto a ayudar a cualquiera, incluso si tenía que sacrificarse y hacer algo que le disgustaba. No podía existir nadie en el mundo que fuera más noble que Adrien Agreste. Y precisamente por eso, se merecía que alguien se preocupara de él y le ayudara a escapar de algo que le horrorizaba tanto—. Vamos —determinó. Se acercó a él y le cogió de una mano—. Iremos a buscar a los demás para decírselo, así podremos… ¡podrás!

. Así tú podrás relajarte de una vez.

Le dio un suave tirón y Adrien se puso en pie, más confiado.

—Tienes razón —dijo él—. Cuanto antes se lo diga a los demás, mejor.

—¡Eso! —Aturullada, le soltó la mano y trató de disimular su entusiasmo—. Venga, seguro que están todos en clase ya.

Caminaron juntos hasta las escaleras y empezaron a subir los peldaños, el uno junto al otro. Marinette se alegró al comprobar que el paso de su amigo era de nuevo ligero y relajado, su expresión se veía mucho más tranquila también.

Al final todo se va a resolver de un modo más fácil de lo que creía se dijo, maravillada.

Estaban, más o menos, en la mitad del tramo de escaleras, cuando la mano de Adrien tomó la suya. Lo hizo en un gesto natural, tan ágil y familiar como si no fuera la primera vez. Marinette consiguió no tropezarse con sus pies a causa de la sorpresa, aunque su rostro llameó fuego ante el inesperado contacto. Volvió el rostro hacia el chico, pero él miraba hacia delante, con la misma sonrisa confiada de antes.

Puede que no quiera hacerlo solo se dijo, intentando buscar una explicación para el gesto. Adrien necesitaba que ella se quedara a su lado cuando hablara con los demás, era lógico que fuera así.

¡Y por supuesto que ella se quedaría con él!

Creyendo que había acertado en su suposición, le dio un apretón amistoso.

—Yo te ayudaré —Le aseguró Marinette—. No te preocupes.

—Ya no estoy nada preocupado —respondió Adrien tras una pequeña pausa. Esta vez, sus dedos se movieron, como pececillos contra la piel de la chica, alargándose hasta entrelazarse con los de ella. Un nuevo tono rosado coloreó también su rostro—. Cuando estoy contigo parece imposible que algo malo pueda a pasar.

Era complicado saber qué decir ante semejantes palabras, si quiera tratar de adivinar qué querían decir en realidad, así que la chica solo sonrió y bajó sus ojos, contando sus respiraciones para calmarse.

Tal vez se decía a sí misma. Eso es algo que puede decirse de una buena amiga, ¿verdad? Cada vez estaba menos segura de esos razonamientos pero con todo seguía insistiendo en ellos. Sobre todo tratándose de Adrien, que sigue un poco perdido en estos temas a pesar de todo el tiempo que hace que vino a la escuela.

Solo era en parte tranquilizador pensar así, y de todos modos se aseguró de soltar su mano cuando cruzaron el umbral de la clase.

Todos los demás estaban ya allí, cosa que le resultó curiosa, al menos hasta que Marinette se dio cuenta de que sus compañeros parecían muy interesados, escuchando lo que alguien, situado en el centro de todos, les estaba contando con gran entusiasmo.

Ese alguien, como no, era Lila.

Derrochaba sonrisas y guiños mientras les contaba las surrealistas aventuras que había vivido en su último viaje y como solía ocurrir, el resto de la clase escuchaba con gran atención; más que eso, bebían de sus palabras con el mismo goce que si fuera la bebida más deliciosa del mundo. Nadie apartaba sus ojos de ella, nadie la interrumpía ni la cuestionaba (¡Claro que no!) no importaba lo absurdo o increíble que fuera lo que esa chica les contara.

Podría haberles dicho que durante su viaje se había convertido en la reina de algún lejano país y todos la habrían felicitado por ello.

Todos salvo ella y Adrien, claro.

—¡Adrien, Marinette! —Los llamó con exagerado alegría cuando al fin notó su presencia. El resto pareció despertar del hechizo y también giraron la cabeza para mirarlos—. ¡Qué bien que ya habéis llegado!

—Hola —saludó el chico a todos. Era muy evidente su nerviosismo, su incomodidad por lo que tenía que decir ahora que todos le miraban.

—Hola chicos —saludó Marinette—. Es genial que estéis todos aquí porque… —Miró a su amigo y este, aunque agitado, hizo un gesto de asentimiento con la cabeza: estaba listo para hablar—; hay algo que Adrien quiere deciros.

—¡Yo primero! —exclamó Lila entonces y con un par de brinquitos que no le pegaban nada se colocó ante ellos, los miró un instante y después se volvió hacia el resto—. Quería daros las gracias a todos por incluirme en el collage para el concurso de San Valentín —Apretó los labios y logró que sus mejillas se tiñeran de un tímido rubor bronceado—. Llevo tanto tiempo fuera por mis compromisos sociales, en fin, hay tanta gente importante que me pide ayuda que no puedo negarme a ser generosa —Unió sus manos sobre su pecho y recogió, una a una, las miradas de sentimiento que se iban derramando de los rostros que la escuchaban—. A veces me olvido de mí misma, de lo que yo necesito por ayudar a otros.

—Oh, Lila… —murmuró alguien con la voz ahogada.

—Sin embargo, vosotros no me habéis olvidado —retomó con una gran sonrisa—. Aunque no estaba aquí, me habéis dado un lugar en el proyecto —Entonces se llevó el dorso de la mano a los ojos aunque Marinette estuvo segura de que no había ninguna lágrima ahí—. ¡Un lugar de honor! —Aspiró un sollozo fingido y alguien le ofreció un pañuelo—. Perdón, me emociono.

—No pasa nada.

—Queréis que yo salga en la última fotografía del collage, la más importante —Se rozó las mejillas secas y volvió a mirar a Adrien—. No puedo estar más contenta por compartir ese honor contigo, Adrien, gracias por pedírmelo.

¡¿Qué?! Pensó Marinette, pasmada.

No solo por la increíble naturalidad con que Lila estaba mintiendo, no solo porque algunas de sus compañeras habían suspirado ante esa historia como si fuera lo más hermoso que habían oído nunca, sino porque incluso Alya, que había estado presente en el momento en cuestión y sabía cómo había sido todo, miraba a esa mentirosa con los ojos agrandados y confiados.

—Eso no fue lo que pasó —declaró Marinette sin poder contenerse—. Tú solita te invitaste a participar en el proyecto.

Lila se volvió hacia ella arqueando las cejas.

—Tal vez tú lo recuerdas de otro modo…

—Lo recuerdo tal como fue porque sucedió ayer mismo.

—¿Estás molesta conmigo, Marinette? —Le preguntó con irritante inocencia—. Como Adrien y tú ibais a aparecer juntos en la última fotografía del collage.

. Si te molesta mucho, no pasa nada. No tengo porque participar.

—¡Claro que sí! ¡Debes hacerlo!

—¡No podemos ganar sin ti, Lila!

—¿En serio, Marinette? ¡No irás a chafarnos el concurso porque estás celosa!

El rostro de la susodicha se encendió al instante de pura indignación. Siempre que trataba de abrirles los ojos sobre las mentiras de Lila la acusaban de lo mismo y nunca escuchaban lo que tenía que decir.

—Marinette no está celosa —habló Adrien dando un paso al frente—. Y tiene razón, yo no le pedí a Lila que posara conmigo.

Se sintió tan contenta de que el chico se pusiera de su lado, aunque fuera solo porque ella decía la verdad, que por un breve y tonto segundo pensó que todo se aclararía y los demás le creerían. Por desgracia, el hechizo que Lila había lanzado sobre todos ellos era demasiado fuerte como para que, a esas alturas, nada pudiera romperlo.

—Tío, no hace falta que te pongas de su lado —comentó Nino—. ¡No nos vamos a enfadar ni nada!

—No es eso —insistió el rubio—. Es porque es la verdad.

—Chicos, no vale la pena discutir por lo que Marinette cree que pasó o no pasó —intervino Lila de nuevo, con esa vocecilla conciliadora y fina—. Lo importante es hacer nuestro mayor esfuerzo para que nuestra clase gane el concurso.

—¡Así es! —apoyó Alya que era, al fin y al cabo, la ideóloga de aquel proyecto—. Y seguro que ganaremos con la foto de Lila y Adrien.

. A la gente le encantará que los dos modelos más famosos de la marca Agreste aparezcan juntos en el collage.

Todos se mostraron de acuerdo y en cierto sentido, sí, parecía una buena estrategia para que el jurado del concurso se posicionara de su lado. No obstante, aquello no estaba bien porque Adrien no quería hacerlo.

Marinette le miró, el chico parecía paralizado de nuevo ante el entusiasmo de sus amigos, se miraba los pies con mala cara y ella supo que se estaba replanteando, de nuevo, aceptar aquella fotografía como un sacrificio por el bien de todos.

¡Pero no es justo!

Dejando a un lado lo que ella sintiera, sabía que no era correcto que obligaran al chico a hacer algo que no quería solo para contentar a todos.

—Adrien —Susurró su nombre y cuando este la miró, ella le animó a ser sincero así como lo había hecho minutos atrás. Él respiró hondo.

—Chicos, escuchadme —Hizo una pausa, pasándose la mano por la nuca y bajando un poco el rostro—. Es sobre la foto de esta tarde.

—Ya lo tengo todo pensado —Alya avanzó y se colocó entre Adrien y Lila, con las pupilas brillantes y una expresión de emoción tal que Marinette sintió un escalofrío; la imagen que tenía ante sí parecía simular una boda; el novio indeciso, la novia triunfante y Alya dispuesta a casarlos para toda la eternidad—. Lo haremos en el patio, a eso de las cinco, cuando los rayos del sol entran con más fuerza.

. Rose y yo hemos pensado colocar algo de decoración, flores o algo así por el suelo, para que el beso parezca más espectacular.

—Ya… —Adrien dudó un poco, pero siguió hablando—; es que verás, sobre eso, sobre el beso… —calló un instante, consciente de que todos le miraban casi conteniendo la respiración—. Es que yo no sé si es buena idea.

—¿Qué dices, tío? ¡Si es una idea increíble!

—¡Va a quedar tan romántico! —comentó Rose.

—Si ganamos este concurso, seguro que es por eso —declaró Max, ajustándose las gafas—. Es lo que dicen las probabilidades.

Adrien miró a unos y a otros, indeciso, después miró a Marinette que seguía callada.

—Es que yo no me siento muy cómodo con… —Lo intentó una vez más, pero Lila le interrumpió.

—Tienes razón, Adrien, yo también estoy nerviosa —reveló, frunciendo un poco los labios—. Va a ser un poco incómodo hacerlo delante de una cámara, con más gente delante —Entonces sonrió, atrapando una de las manos del chico y ahí sí que Marinette tuvo que contenerse para no soltar un chillido de horror; ahora sí que parecían estar frente al altar a punto de decir Sí quiero—. Por eso estoy tan contenta de que vaya a ser contigo.

. Como ya hemos trabajado juntos en las campañas de tu padre será mucho más sencillo así. Tenemos confianza, ¿no?

—Pero es que yo no quie…

—Venga, tío —dijo Nino—. Tú puedes hacerlo.

. ¡Eres un profesional de estas cosas, ¿no?!

—Sí, Adrien, contamos contigo —dijo también Alix.

—¡Lo harás genial! —comentó Nathaniel.

Marinette quedó perpleja al ver como todos sus amigos presionaban a Adrien para que accediera a hacerlo. ¿Es que no se daban cuenta de lo mal que se sentía? ¿No veían su cara de horror?

¡¿Cómo podían ser tan egoístas?!

—Todo depende de ti y de Lila —insistió Alya—. Vuestra foto será la clave para nuestra victoria.

Le estaban cargando a él con toda la responsabilidad de que el proyecto saliese bien. ¡¿Cómo era posible?! Marinette jamás habría pensado que sus amigos se comportarían de ese modo, aunque claro, en condiciones normales no lo habrían hecho.

Todo se debía a la influencia malévola de Lila.

Era ella la que, con sus palabras y sonrisas pérfidas, se metía en la mente de los demás y les hacía ver las cosas como ella quería. ¡Eso era lo que estaba pasando! En lugar de darse cuenta de que Adrien lo estaba pasando mal, lo que los otros creían era que el chico solo se estaba mostrando inseguro y por eso intentaban animarle con esas palabras de peligroso apoyo.

Marinette sabía que su amigo no resistiría tanta presión, estaba demasiado acostumbrado a complacer a los demás, a sacrificarse si alguien que le importaba se lo pedía y de hecho, pudo ver en la claridad de su mirada cómo peleaba entre las súplicas de sus mejores amigos y lo que él deseaba de verdad. Quizás podría haberlo conseguido pero, igual que ella, Lila también vigilaba al modelo y podía leer lo que estaba ocurriendo en su interior.

Y por eso, se anticipó para lograr su objetivo.

—¡Adrien y yo no os decepcionaremos! —exclamó, aceptando en nombre de los dos la tarea que los otros habían puesto sobre ellos. Enganchó el brazo del chico, como si se hubiesen puesto de acuerdo—. Vosotros sois nuestros amigos, de ningún modo podríamos dejaros tirados, ¿verdad?

Adrien dio un respingo, miró a todos los demás. Resopló bajito.

—Claro.

Marinette sintió que sus hombros se descolgaban a causa del desengaño, y que la decepción tiraba de su cuerpo cansado hasta casi el suelo. Se habría dejado caer, igual que en la calle, de no haber tanta gente delante de ella.

Los demás gritaron entusiasmados, soltaron vítores y dieron palmadas porque, en verdad, se habían creído la mentira y ya casi celebraban su victoria segura en el concurso.

Marinette decidió marcharse, aunque solo fuera unos instantes, antes de que llegara el primer profesor del día. De pronto sentía náuseas y como si el aire en el aula estuviera viciado. No estaba molesta con Adrien, ella sabía que lo había intentado. Más bien estaba triste por él, y por sí misma.

Estaba triste por todo, incluso por el día de San Valentín.

—¡Marinette!

Se detuvo de manera automática cuando oyó su voz aunque no le apetecía hablar con nadie. Alya trotó hacia ella, achicando un poco los ojos. Tal vez venía para consolarla, a sabiendas de lo que significaba para ella lo que había pasado, pero se equivocó.

—No te pongas así —Le soltó con un tono impaciente que, más bien, revelaba una regañina—. ¡No es para tanto!

. ¡Solo será una foto!

—Adrien no quiere besar a Lila —le reveló, cruzándose de brazos—. Os lo iba a decir antes pero no le habéis dejado opción.

—¿Seguro? —preguntó la otra, torciendo la cabeza.

—¿No me crees?

—Las dos sabemos que un poquito celosa sí estás.

—¡¿Y qué?! —preguntó, ofendida—. ¿Piensas que me inventaría algo así solo por celos?

. Vais a obligar a Adrien a hacer algo que no quiere.

—Adrien es un modelo famoso —terció Alya—. ¿Te crees que no habrá besado a otras modelos antes?

Marinette enmudeció. La verdad es que no tenía ni idea. Ella coleccionaba todas las fotografías y reportajes que salían del chico en revistas, en internet, en televisión y que ella recordara, nunca le había visto besando a nadie.

¡Tampoco es que eso importara!

Lo relevante del asunto era que él no quería besar a Lila. ¡Eso era lo que había que evitar! Y aunque ya se imaginaba que era casi imposible convencer a Alya para que la creyera a ella antes que a la otra, Marinette estaba tan desesperada que se sentía obligada a intentarlo por todos los medios.

—¿Por qué no se lo preguntas a él? —Le propuso—. Delante de todos los demás no lo reconocerá porque no quiere decepcionarlos, pero Adrien te lo dirá a ti si se lo preguntas a solas.

—¿Qué me dirá el qué?

—¡Que no quiere besar a Lila!

Esa salida de tono solo sirvió para que Alya la mirara con todavía menos convencimiento. ¡Era inútil! Incluso ahora que su mejor amiga sabía que ella era Ladybug, que conocía todas las cosas con las que lidiaba y lo complicado que era para ella; no la creería. No se pondría de su parte. Aquel proyecto era demasiado importante y las mentiras de Lila, muy tentadoras.

Sacudió la cabeza y le puso una mano en el hombro.

—Mira Marinette, yo entiendo que esto te frustre —Empezó diciéndole con insultante paciencia—. Es culpa mía, además, no debí proponer que Adrien y tú os besarais para la foto —añadió, aunque no sonaba en absoluta arrepentida—. Pero lo importante es el collage, ¿entiendes?

. El proyecto de toda la clase, el esfuerzo de todos.

—¿Es más importante que lo que quiera Adrien?

—No hace falta que lo veas —dijo Alya, después de otra pausa—. Si tanto te va a afectar, no tienes que estar presente.

¿Esa es su solución? ¿Qué yo no lo vea? Marinette apretó los puños, se sentía tan defraudada que las ganas de dejarse caer al suelo regresaron, pero lo que hizo fue apartarse de la mano de su amiga.

Alya se encogió de hombros, no demasiado preocupada. Se dio la vuelta y volvió a la clase, dejándola a solas en el pasillo. El resto de las aulas tenían ya la puerta cerrada, había un silencio a su alrededor enturbiado por las distintas voces de los profesores que escapaban por alguna rendija que ya estaban dando su lección.

Pero ella se quedó allí, quieta, enfadada y preocupada.

Adrien iba a besar a Lila. No parecía haber modo de cambiar eso y el hecho de que él no quisiera hacerlo, lejos de animarla un poquito, la hacía sentir mil veces peor. Porque no quería que el chico sufriera, ni que lo pasara mal.

¿Y si Alya se equivocaba?

Si resultaba que aquel iba a ser el primer beso de Adrien, fotografiado, observado, obligado y con alguien que no le gustaba nada.

—No, no puedo consentirlo —susurró.

—¿Y qué vas a hacer? —le preguntó Tikki, asomándose desde su bolsito. La chica bajó los ojos.

—Tengo que impedir esa foto.

—Pero sin esa foto, perderéis el concurso.

Eso era cierto, por desgracia, Lila tenía que aparecer en el collage de algún modo.

—Necesito un plan —murmuró. Y se le tenía que ocurrir rápido pues faltaban muy pocas horas para que esa foto se hiciera.

Tikki sonrió.

—¿Un plan prodigioso?

Marinette la imitó.

—Sí, uno de mis planes prodigiosos.

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¡Feliz Sábado!

Gracias Riko Rojas y Arianne Luna por vuestras reviews en los capítulos anteriores y vuestro apoyo a esta historia.

Besotes a los dos ^^

EroLady