Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, pero la trama es de mi autoría.
ETERNAMENTE UNIDOS
CAPITULO 2: PREOCUPACIÓN
- Está despertando – escuché susurrar a mi padre.
Sentí una mano que acariciaba mi cabello, y otra, mi brazo.
- ¿Se encuentra bien? – musitó mi madre.
- Por supuesto que sí – intervino rápidamente Jake, esperanzado.
- Sólo está confundida – agregó Edward.
Parpadeé unas cuantas veces y abrí lentamente los ojos, al mismo tiempo que alguien depositaba un tierno beso en mi frente.
- Hola, pequeña – susurró Jake. Giré la cabeza y descubrí que seguía estando entre sus brazos. ¿Acaso el tiempo no había pasado?
- Dormiste toda la noche – anunció mi padre a modo de respuesta.
Bella se sentó a mi lado, me separó del pecho candente de Jake y me abrazó contra su piel pétrea.
- No te imaginas cuán asustados hemos estado – murmuró – no vuelvas a hacerlo, Renesmee – me regañó con dulzura.
- Bella – la cortó Edward.
Comprendía que, al ser su hija, su mayor temor era perderme. Pero ella debería comprender, también, que Jacob era la persona más importante de mi vida, y yo tampoco estaba dispuesta a perderlo.
- Volvería a hacerlo si fuera necesario, aunque espero que no lo sea – dije, contradiciendo a mi madre y mirando a Jake.
Bella suspiró al notar la convicción de mis palabras y no continuó la discusión. Apreté un poco el abrazo a modo de agradecimiento. Esa era una de las cosas que más adoraba en ella, siempre intentaba ponerse en mis zapatos para poder entender lo que me sucedía.
Cuando me soltó, fue Edward quien me acurrucó contra su pecho gélido.
- Sería bueno que vayas de caza, Nessie – comentó Jake.
- Sí, pero no irá contigo. Ya estuviste mucho con ella – masculló mi padre, con algo en su voz que identifiqué como celos – no es eso, cariño – se apresuró a decir cuando leyó mis pensamientos.
Contuve una risilla y miré a Jacob con complicidad.
- Creo que Jake tiene razón, me hará bien un poco de sangre – apunté.
Mi padre bufó.
- Está bien, pero no vuelvan tarde. Y Jacob, cuídala.
- Sabes que vivo para eso – respondió Jake con las manos en los bolsillos de sus vaqueros y una sonrisa tranquila - ¿Vamos? – me invitó, señalando la puerta de mi habitación con la cabeza.
Asentí rápidamente y en pocos segundos estuvimos afuera, ingresando en el bosque a paso tranquilo. No tenía ningún apuro, ni tampoco sed. Al mirarlo a los ojos en mi habitación, había notado que quería un rato a solas conmigo, yo también lo ansiaba. La tranquilidad que me transmitía Jacob no me la podía transmitir nadie más.
Tras un rato caminando en silencio, lo miré de soslayo y me lancé a sus brazos, dejando escapar las lágrimas que había contenido hasta el momento. Toda la preocupación, la tristeza que en pocos minutos había alcanzado tras verlo al borde de la muerte, y los miedos que eso me causaba los había guardado en el fondo de mi corazón. Sentía que tenía que ser fuerte para ayudarlo a él, pero ya no lo podía ocultar más.
- Nessie… - susurró aferrándome fuertemente a su cuerpo – perdóname.
- Tú no tienes la culpa – vociferé con un hilo de voz.
- Sí, sí que la tengo. Mírate ahora. Me destruye el alma verte así.
Me separé un poco, lo suficiente como para poder clavar mis ojos en la profundidad negra de los suyos, y así demostrarle que no lo culpaba por nada. No supe por qué, pero ese par me hipnotizó, olvidé todo lo malo, lo bueno, absolutamente todo. Mi mente se sumergió en un mundo donde sólo nos encontrábamos Jake y yo.
Sentí de pronto algo extraño en mi estómago. Unas leves cosquillas, como mariposas revoloteando alocadamente allí dentro.
Comencé a imaginar cómo sería un beso de Jacob, con esos labios abrasadores que me incitaban a acariciarlos con los míos. ¿Qué me sucedía? ¿Por qué sentía que no estaba más atada al mundo, sino a él?
Me obligué a desprenderme de su mirada, dirigiendo la mía a un costado, y fijándola en una hilera de pequeñas hormigas que transitaban hacia su hogar tranquilamente.
- ¿Te sientes mejor? – preguntó Jake, elevando mi mentón dulcemente, intentando volver a concentrar sus ojos en los míos.
- Sí, sólo fue una descarga emocional – expliqué vagamente.
Me sentía tan extraña, tan distinta y conforme a la vez, que no alcanzaba a comprenderme a mí misma. La confusión me embargaba. Lo único que sabía a ciencia cierta era que quería permanecer junto a Jacob. Claro que, no de este modo. Era fácilmente perceptible la distancia que yo había marcado entre nosotros un momento atrás.
- ¿Tú cómo te encuentras? Siento mucho haber tenido que hacer eso, pero no podía dejarte morir – continué, apenada.
- Es agradable saber que me quieres, Nessie.
- ¿Cómo no hacerlo? – espeté, dejando que me vuelva a abrazar. Hundí mi mano derecha en su corto cabello y comencé a acariciarle la cabeza con movimientos circulares. Tras unos minutos que me parecieron segundos, besé sonoramente la mejilla de Jake y me separé – estoy muy sedienta, ¿cazamos?
- Por supuesto – dijo sonriendo con esa sonrisa encantadora y contagiosa que tenía.
Se alejó, ocultándose detrás de un árbol, donde supuse que se estaría quitando la ropa, porque luego apareció ese gran lobo rojizo y precioso, mi lobo.
Le devolví la sonrisa y nos echamos a correr para adentrarnos más en el bosque. La sangre de dos pumas que se encontraban cerca invadió mis fosas nasales. Aumenté mi velocidad para alcanzarlos y me lancé sobre uno de ellos mientras Jake hacía lo propio con el otro. Clavé mis colmillos en la yugular del puma, evitándole sufrimiento al morir en el acto.
Me senté en el césped con las piernas cruzadas y comencé a alimentarme. Jacob se echó a mi lado. Traía consigo el cuerpo inerte del otro puma, lo soltó delante de él y también se dedicó a comer. La diferencia entre nosotros era que yo me alimentaba de la sangre y el de la carne del animal.
- Me preocupa lo que te sucederá. Ya sabes, con lo de la ponzoña y eso – manifestó Jake de camino a la mansión, ya en su forma humana.
Preferí no comentar nada sobre mis sensaciones extrañas, eso sólo lo preocuparía más.
- Quizás no suceda nada. Después de todo, soy un semi-vampiro.
- Edward no piensa lo mismo. Cree que te transformarás.
- En ese caso, tendría que estar retorciéndome del dolor. Siempre me dijeron que las transformaciones vampíricas son espantosamente dolorosas.
Jake largó un suspiro amortiguado.
El resto del camino lo transitamos en silencio, sumidos en nuestros propios pensamientos.
Al llegar a la casa, observé que toda mi familia se encontraba en la sala de estar, esperándonos. Alice y Rosalie habían ocupado el sofá principal, con Jasper y Emmett sentados sobre los apoyabrazos. Carlisle y Esme se habían ubicado en el diván de la izquierda, y mis padres estaban parados y tomados de la mano, cerca del televisor plasma que coronaba la habitación.
Con solo fijarme en todos ellos, el batallón de voces volvió a inundar mi cabeza, ahora eran sus voces, con distintos pensamientos.
- Hola – saludé con una sonrisa tranquila - ¿Qué hacen aquí, todos juntos? – pregunté.
Jacob cubrió mi mano con la suya y me dio un leve apretón.
- Siéntate, por favor, hija – murmuró mamá con su voz melodiosa.
Tironee de Jake para que me siga y nos sentamos juntos en el sofá libre y enfrentado al de mis abuelos.
- ¿Has podido averiguar algo, Carlisle? – inquirió él.
- Sí, y debo decir que son cosas verdaderamente interesantes – murmuró mi abuelo, esbozando una de sus gratificantes y majestuosas sonrisas.
Oí murmullos en mi mente, nada claro. Recordé que luego debería hablar del tema con mi padre.
- ¿Y? – dijo Jacob, impaciente y nervioso.
Como siempre digo, espero que les haya gustado el capítulo. Tenía la intención de publicar antes, pero la inspiración no quería llegar a mí, jaja.
