Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, pero la trama es de mi autoría.

ETERNAMENTE UNIDOS

CAPÍTULO 4: JAMÁS

- Nadie se ha enfadado, Nessie, cálmate. De hecho, cuando me fui ya estaban esperándote ansiosos. Creo que se han tomado muy bien la noticia – musitó con una sonrisa.

- Confiaré en ti, entonces – respondí devolviéndole la sonrisa y besando su mejilla – tendremos que volver pronto, antes de que oscurezca por completo.

- Nos queda una hora aún – señaló sin preocuparse –. Ahora que lo recuerdo, tú me debes unos masajes por la apuesta del otro día.

- Tú me los debes a mí, yo he ganado esa apuesta – contradije, cruzándome de brazos con una mueca graciosa de desacuerdo.

Jake me miró y se echó a reír.

- Vale, no discutiré, ¿me harás uno de tus buenos masajes en algún momento?

- Por supuesto, pero tendré que echarle un vistazo a mi agenda para acordar el día y la hora. Comprenderás que soy una mujer muy ocupada – dije a modo de broma.

- Qué pena que no cuentes con tiempo para mí – murmuró con tristeza fingida.

- ¡Oh! Quizás pueda hacer un espacio mañana a primera hora, ¿te parece bien?

- ¿No podría ser hoy por la noche? – aventuró con una sonrisa.

- Debería pensarlo detenidamente, aunque creo que sí.

Se rió y me envolvió nuevamente con sus brazos. Adoraba la perfecta relación que teníamos. Nos complementábamos en todo, como dos piezas de rompecabezas.

Esa mañana había sucedido algo muy extraño en mí que me hacía comenzar a ver a Jacob de una manera distinta, con otros ojos. Incluso lo podía apreciar de otra manera, una mucho más reconfortante. Sus abrazos siempre me habían hecho sentir bien, segura y protegida. Pero ahora, además de eso, me hacían sentir plena y libre, como si nuestras almas se encontrasen y se unieran entre sí.

- ¿Ya lo has pensado? – preguntó mientras corría algunos mechones de mi pelo hacia atrás.

Me obligué a separarme un poco de su cuerpo para poder verle.

- Pensaba que, quizás, podrías quedarte conmigo hoy. Ya sabes, he tenido muchas pesadillas últimamente y me agradaría dormir tranquila por una noche.

- Quieres que yo te proteja de esas pesadillas, ¿cierto?

Asentí tímidamente con la cabeza.

- Pues me encantaría hacerlo, entonces – concluyó, dedicándome una de sus anchas y deslumbrantes sonrisas.

- El problema será mi padre. No le gustará nada la idea.

- Tendrá que gustarle, porque no pienso dejarte sola con tus pesadillas una noche más – dijo de manera obstinada – además, así podrás darme mis merecidos masajes.

- Y podremos ver películas como cuando era pequeña – declaré, sonriendo entusiasmada.

- Como hasta hace unos meses – se mofó, riéndose.

Le propiné un suave golpecito en la cabeza.

- No habrá pochoclos para ti – anuncié con voz cantarina y burlona.

- ¡Oh no! ¡Con los pochoclos no! – dramatizó.

Nos carcajeamos por un rato hasta que se puso en pie de un salto.

- ¿Qué haces? – pregunté con el ceño fruncido.

- Es hora de volver a la mansión, el sol se ha puesto ya.

Miré hacia el cielo a través de la penumbra que nos cubría mientras imitaba su salto, el cual, por supuesto, resultó fallido al estar distraída. Si no hubiera sido por los buenos reflejos de Jake y sus musculosos brazos, me hubiera dado de bruces contra el suelo.

- Gracias – mascullé cuando me dejó en pie.

- ¿Te has hecho daño? – dijo entre disimuladas risas.

- Muy chistoso – respondí con un mohín – no, solo me distraje.

- Procura no hacerlo seguido, y que no te suceda cuando yo no esté contigo.

Su frase me dejó pensando de camino a casa. Caí en la cuenta de que Jake siempre había estado a mi lado, pero quizás dentro de algún tiempo no pudiera hacerlo más. Quizás debiera alejarse por la manada; o, lo más doloroso para mi corazón, por una mujer que le hiciera feliz y conquistara su corazón.

Mi cara debió haberme delatado, porque él me miró y frenó sus pasos.

- ¿Por qué piensas en algo tan imposible como eso? – me interrogó, nervioso.

- ¿Cómo sabes lo que estoy pensando? – repliqué.

- Vamos, Renesmee, te conozco incluso desde antes de tu nacimiento – argumentó, girándose para mirarme.

- Vale, pero no tiene nada que ver eso aquí. Dime, ¿en qué estaba pensando? – le desafié.

- En el hipotético momento en que yo me fuera de tu lado. ¿Cómo puedes creer algo semejante?

- Yo… no lo sé. Es sólo que no quiero que dejes tu vida de lado por mí.

- Créeme cuando te digo que soy feliz permaneciendo a tu lado, Nessie – susurró, acariciando mi mejilla con una de sus manos. Luego la llevó a mi nuca para atraerme hasta su cuerpo y rodearme en un tierno abrazo –. No hay manera de que deje mi vida de lado, porque mi vida eres tú.

Lo miré con cierta sorpresa, pero a su vez con una curiosa felicidad que nacía de mi corazón.

- ¿No me dejarás, entonces? – murmuré con un hilo de voz.

- No, jamás – aseguró.

Besó mi frente con sus cálidos labios y tomó mi mano mientras reanudábamos nuestro camino.

El sueño se apoderó de Jake ni bien apoyó su cabeza en la almohada de la parte inferior de mi cama nido, especialmente elegida para casos como estos, muy frecuentes. Pero yo no paraba de dar vueltas, sin poder dormir. Giré mi cuerpo hacia su lado y le miré durante un rato, parecía indefenso y despreocupado. Su expresión denotaba relajación, estaba tranquilo. Cómo me hubiera gustado sentir esa misma tranquilidad en aquel momento.

Agucé mi oído al percibir que mis abuelos y mis tíos habían regresado de cazar. Era la oportunidad perfecta para ir con ellos, distraerme un poco y luego volver e intentar conciliar el sueño. Observé mi ropa de cama por un momento: un pantalón short color verde manzana y una camiseta de finos tirantes haciendo juego. Debía cambiarme para bajar, puesto que no era agradable estar así frente a casi toda mi familia.

Me acerqué al final de mi cama y bajé, colocándome mis pantuflas coloridas. Fui hasta el descomunal closet que Alice actualizaba cada vez que tenía oportunidad. Procuré hacer el menor ruido posible para que Jake no despertara mientras buscaba algún conjunto cómodo, aunque sabía de sobra que no lo haría a menos que sus instintos le llamasen.

Opté por una camiseta de mangas cortas blanca y lila, unos vaqueros negros y deportivas también negras. Al pasar junto a Jake, le eché un último vistazo para corroborar que siguiera dormido y lo arropé con la sábana.

Salí de la habitación, cerrando la puerta tras de mí en silencio. Atravesé el vestíbulo y bajé por las escaleras.

Hubiera apostado a que Emmett se encontraba viendo algún partido de béisbol en la pantalla plana de la sala. Pero me llevé una sorpresa al toparme con mi abuelo Carlisle y tío Jasper, ambos muy concentrados en el informativo local, donde el titular anunciaba:

OCHO DESAPARICIONES INEXPLICABLES ATERRAN A LOS HABITANTES DE SEATTLE Y PORT ANGELES.

- En la última semana se han reportado las repentinas desapariciones de ocho jóvenes cuidadanos de Seattle y Port Angeles, entre ellos Matthew Crows y Lilian Meireer, ambos de diecisiete años. La policía del lugar trabaja arduamente en búsqueda de pistas que conduzcan hacia los desaparecidos, pero hasta ahora no se ha podido hallar ningún dato relevante – informó la periodista, desde las afueras del bosque de Seattle.

Carlisle apagó el televisor con el mando mientras yo me sentaba en el apoyabrazos del sofá opuesto.

- ¿Un nuevo ejército de neófitos? – murmuré tras mirarlos y oír pensamientos ajenos en mi mente.

Hola! Miles de gracias por tomarse el tiempo para leer mi fic y comentar. Me alegraron los días con sus reviews. Escribir me genera una tranquilidad y un placer enorme, y es aún más hermoso cuando otros también lo disfrutan y les gusta. Así que, de nuevo, muchísimas gracias.

Espero que les guste el capítulo. Ya saben que pueden hacer comentarios, críticas o sugerencias si lo creen necesario. Tomaré todo en cuenta.

Nos leemos pronto! Dejen Reviews!

Que tengan un precioso fin de semana. Un beso enorme.