Hola! Nos volvemos a encontrar, más seguido como he prometido.
Les agradezco como siempre a todas las que se toman el tiempo para leer mi historia y a quienes comentan. He notado que muchas leen o se pasan por aquí, pero pocas dejan su comentario, lo que me decepciona bastante. De todas formas, aunque no reciba muchos Reviews, seguiré actualizando.
Por un lado, les quería comentar que hace un tiempo he subido en mi perfil el link de la portada de Eternamente Unidos. Siempre olvido decirlo.
Otra cosa que les quería contar es que me he hecho Beta Reader, así que ya saben, si alguien necesita de mi ayuda, estoy a su disposición
Ahora sí, no demoro más la cuestión y les dejo el cap. Espero que les guste, que lo disfruten tanto como yo disfrute de escribirlo, y que dejen Reviews! Es muy significativo para mí leer sus opiniones acerca de esta historia.
Que tengan un precioso fin de semana!
Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, excepto alguno que otro que cree yo. La trama es de mi autoría.
ETERNAMENTE UNIDOS
CAPÍTULO 7: SUEÑO
Un ave verdaderamente inmensa sobrevolaba el bosque lindero a la mansión en una tarde helada y nevada. Nadie alcanzaba a definir la especie del animal ni la razón por la que se encontraba allí. Sus alas y sus garras eran enormes y fuertes, tanto que podría haber cargado un barco con su tripulación dentro sin el más mínimo esfuerzo. En medio de su vuelo, giró torpemente la cabeza hacia donde se encontraba Jake – alejado del resto por alguna extraña razón – y descendió unos pocos metros. Él, sintiendo la amenaza que el ave transmitía, entró en fase rápidamente y buscó una forma de atacarla. Pero aquel monstruo le ganaba con creces en cuanto a tamaño se refiere, por lo que cualquier cosa que Jake hiciera en ese momento no surtiría efecto. De un instante a otro, el ave capturó al gran lobo rojizo y se elevó nuevamente en el aire, llevándolo consigo a quién sabe dónde.
Desperté de un sobresalto, incorporándome fugazmente en la cama, con una expresión de temor en mi rostro. Sólo fui capaz de girarme y buscar a Jacob con la mirada. No fue muy difícil ya que él estaba sentado a mi lado, visiblemente preocupado. Me arrimó a su cuerpo y me cubrió con sus brazos. Agradecí internamente el gesto y el hecho de que no me abrumara con preguntas ni bien había despertado.
Acarició mi mejilla con su pulgar, borrando restos de lágrimas que yo en ningún momento sentí caer. Era posible que haya llorado en medio del espantoso sueño, debido a que no concebía la idea de que algo o alguien le hiciera daño a Jacob.
Cuando logré calmarme por completo, me separé un poco de él, lo justo para poder observar sus oscuros y profundos ojos.
- Perdóname – susurré.
- ¿Por qué? No me has hecho nada – respondió, confundido.
- Por esto, por haberte despertado, por…
- Por nada, hace una semana prometí saltarme a tu cama y contenerte si las pesadillas volvían – me interrumpió con seguridad, esbozando una amplia sonrisa para distender la situación.
Lo volví a abrazar por unos minutos y deposité un sonoro beso en el hueco entre su mentón y cuello, donde anteriormente había ocultado mi rostro. Se estremeció al contacto, lo que me hizo sonreír sin comprender exactamente la razón.
- ¿Volverás a dormir o prefieres bajar?
- Bajemos – le incité, poniéndome de pie de un salto.
- Hecho, pero aún no me has contado lo de tu sueño.
Genial, pensaba que se había olvidado de ello. ¿Ahora qué le diría? ¿Que me moría si le pasaba algo? ¿Que un ave gigante se lo llevaba? Se mofaría de mí al instante.
- No fue nada importante – murmuré en un intento por quitarle peso al asunto, mientras elegía algo de ropa de mi closet.
- Nessie…
- Jake… - lo imité con una risita – está bien, fue algo espantoso, pero no lo considero importante. Y tampoco tengo ganas de hablar de eso ahora.
- Entonces muéstramelo – propuso.
- Luego – dictaminé.
Salí del closet haciéndome una coleta alta en el cabello. Llevaba puestos unos vaqueros oscuros junto a una camisa de mangas cortas color melón y zapatillas de caña alta negras.
Jacob soltó un silbido al verme.
- Ese color te sienta muy bien – dijo con otra de sus anchas sonrisas surcándole el rostro.
- Gracias – un dejo de timidez asomó en mí, sin embargo, le devolví la sonrisa, complacida.
- Muéstrame lo de tu sueño, por favor – me pidió de nuevo, cambiando su expresión a una más seria.
Un no sé qué en su voz me llamó la atención, sabía que algo lo inquietaba.
Suspiré. Fui hasta él, que me sentó en su regazo, y apoyé una mano en su mejilla, concentrándome para transmitirle el sueño tal cual había sucedido.
Con el paso de unos minutos, quitó la mano de su mejilla delicadamente y me miró fijo a los ojos.
- Yo he tenido el mismo sueño, sólo que era a ti a quien el monstruo se llevaba – murmuró horrorizado.
Los ojos casi se me salieron de sus cuencas cuando lo oí. ¿Cómo era posible que ambos tuviésemos la misma pesadilla, casi trágica, y con la víctima invertida?
- ¿Tú piensas que es una señal?
- No lo sé – masculló, pensativo – nunca he visto nada semejante a eso.
- Yo sí los he visto. Ahora que lo recuerdo, en un libro de mitología persa había muchas imágenes y algo de información acerca de esos animales.
- ¿Mitología persa? ¿Sabes dónde se encuentra? Quizás le hallemos una respuesta a todo esto – se apresuró a preguntar.
Asentí levemente y lo guié hasta el despacho de mi abuelo, dentro del cual había una enorme biblioteca con libros de temática muy variada. Yo había leído la mayoría en mis ratos de aburrimiento o de ansias de lectura, y recordaba que ese libro específico me había atrapado por sus leyendas tan extrañas y genuinas. El problema sería encontrarlo. Si bien todo estaba ordenado, la biblioteca rodeaba la mayor parte de la habitación y contaba con muchos estantes, lo que nos dificultaría la búsqueda notoriamente.
- No tienes una idea de en qué sector puede estar el libro, ¿no? – aventuró Jake, mirando de una punta a otra el lugar.
Negué con la cabeza, haciendo una mueca de circunstancia.
- Tendremos que buscar en todo esto, entonces – refunfuñó.
Solté una carcajada ante sus quejas y las expresiones de su rostro. Tan perfectas y a la vez tan chistosas. No pude resistir el impulso de saltarle en la espalda y llenar de besos su mejilla mientras me aferraba con mis brazos a su cuello.
Nos llevó largo rato revisar la totalidad de la biblioteca. No tuvimos éxito. Definitivamente, no se hallaba allí.
- ¡Oh no! Me matarás – musité con voz finita.
- ¿Qué sucede? – se acercó a mí, preocupado.
- No está aquí.
- Vaya, qué novedad, Ness.
- No, es que no lo entiendes. No encontraremos ese libro aquí porque lo he tenido yo todo este tiempo.
¿Cómo pude haberlo olvidado? Hasta hace pocos días había estado releyendo algunos de los mitos para un trabajo del instituto. Subí a mi habitación a velocidad de vértigo. En una de las paredes, Alice había colocado una pequeña y modesta biblioteca, pintada de acuerdo a los colores de la habitación: marfil y verde manzana. Era realmente preciosa a mi gusto. Le eché un rápido vistazo, por ahí debía de andar aquel libro. No me equivoqué. En el último estante vislumbré la característica encuadernación en tono rojo escarlata. Mitos y Secretos de la Cultura Persa, enseñaba la portada en letras brillantes y doradas.
- ¡Jake! – grité entusiasmada, tomando el volumen entre mis manos y bajando nuevamente por las escaleras - ¡Lo encontré!
Él caminó los pasos que nos separaban, para luego dirigirnos a la sala principal. Nos sentamos sobre el sofá blanco, deposité el libro en mi regazo y lo abrí en las páginas que, durante mi lectura, había señalizado con tiras de papel a tono.
- Párate ahí – dijo Jacob, quitándome el libro abierto en una página coronada por la imagen de un ave gigantesca y feroz, idéntica a la del sueño. Creí que quería ver eso más de cerca, pero no. Observó y leyó con detenimiento un párrafo incluido debajo de la fotografía, que continuaba el texto de la página anterior.
"Numerosos pueblos de todos los tiempos poseen descendencia directa del Imperio y la sociedad persa. En el noroeste de los Estados Unidos se encuentran dos de las tribus más conocidas con este linaje: Klallam y Makah. Estos últimos presentan una ferviente devoción por las maravillosas y mitológicas aves Rocs (foto superior), las cuales conforman el escudo oficial de la tribu."
- Lo sabía – farfulló Jake con enojo, soltando el libro sobre la mesa ratona.
- ¿Los Makah pueden tener algo que ver con nuestros sueños? – pregunté, embargada por la inquietud que me generaba el asunto.
- Ya lo creo que sí. Esos malditos están involucrados – gruñó.
No comprendía el por qué de tanto enojo hacia la otra tribu, aun conociendo las grandes diferencias y rivalidades que existían entre estos y los Quileute.
- Mírame – me rogó inesperadamente.
Fue ahí cuando, al observarlo, advertí que sus manos temblaban como locas. Estaba desatado, casi fuera de control. Pero lo suficientemente consciente como para pedir ayuda.
Además de clavar mis ojos en los suyos, tomé una de sus manos y la apoyé sobre mi pecho, justo a la altura del corazón. Recordé inmediatamente la paz que me transmitía escuchar o sentir el corazón de Jake, y esperé a que el mío le hiciera el mismo efecto, o uno similar.
Su mirada se suavizó casi al instante. Los temblores de sus manos tardaron un poco más en cesar.
El repulsivo olor a amoníaco y ácido de aquella vez volvió a inundar el aire con intensidad.
Jacob arrugó el ceño, enfureciendo nuevamente. Apreté un poco más su mano, aunque ya no obtuve el mismo efecto.
- Jake – jadeé con un hilo de voz.
¿Qué diablos me sucedía? Una ola polar infinita se apoderó de mi cuerpo, haciéndome temblar y estremecer sin parar. Luego, otra completamente ardiente, que me abrasaba por dentro. Cada órgano, cada terminación nerviosa, cada hueco de mi interior, cada partícula de mi ser, cada espacio de mi corazón, todo, absolutamente todo en mí estaba invadido por el frío polar y el calor ardiente, conjugados entre sí. Parecía una verdadera agonía, tanto que no pude prestar ni un poco de atención a lo que Jake me decía, así como tampoco ver a mi alrededor. Tenía la vista completamente nublada, bloqueada. Sólo oía un murmullo, y prontamente aparecieron otros más. De seguro el resto de mi familia había regresado.
Eran tan fuertes y desenfrenadas las sensaciones que mi cuerpo convulsionaba descontroladamente, incluso más que el de Jake antes de entrar en fase.
Cuando todo frenó, mi vista se volvió nítida, pude ver de nuevo con claridad, como si nada hubiera pasado. Mi campo visual lo constituían Jake, Carlisle y Rosalie. Los demás se encontraban detrás, curiosos y preocupados asomando cada tanto sus cabezas por encima de los primeros. Les sonreí cálidamente a todos. No fue una sonrisa de alegría, sino una de alivio.
- ¿Qué sucedió? – pregunté con extrañeza.
- ¿No lo sabes? – replicó Jake, envolviéndome entre sus reconfortantes brazos. Me sentí mucho más tranquila estando allí, junto a su corazón y respirando el olor embriagador que despedía su piel. Ningún perfume podría igualarlo jamás.
- Eso fue el proceso de transformación – continuó.
La estupefacción se hizo presente en mí.
- Transformación – repetí lentamente, como asimilando la palabra – Nunca te he visto sufrir al entrar en fase – le reproché.
Jacob se rió con su estruendosa y fresca risa.
- Es que sólo sucede la primera vez. Sí, es doloroso y confuso – se lamentó – pero luego es genial. Prometo que no volverá a doler.
- Más te vale que eso sea cierto – le amenacé a modo de broma. Él lo comprendió y reímos todos.
- ¿Ya te sientes bien, cariño? – examinó tía Rose.
Asentí con la cabeza, separándome forzosamente de mi cálido lobito.
- ¿Qué ha ocurrido con ese ser de la peste?
- Estuve a punto de salir a buscarlo. Si no hubiera sido por tu descompensación, ya lo habría pillado – respondió Jake – pero no podía alejarme de ti.
- Mejor. No quiero que te enfrentes tú solito a algo que desconocemos.
Él hizo una mueca de desacuerdo.
- Nosotros lo hemos sentido de cerca. Intentó perseguirnos, pero se atascó entre dos árboles a mitad de recorrido. Vaya tonto que es – dilucidó tío Emm con una sonrisa ancha.
- No merece la pena hablar de eso en estos momentos – opinó Jasper.
- Perfecto, ¿me he transformado en algo? – pregunté toda sonriente, cambiando el tema de conversación.
