Las chicas, siempre serían chicas.


Dura Realidad

Uno podía mentirse y elaborar intrincadas justificaciones pero, siempre, la vida se encargaba de sacudir con fuerza y mostrar la realidad.

–¡Robin!

Star fue golpeaba y sólo pudo verla caer, varios metros lejos de donde él estaba. Cyborg ya corría hacia ella y Raven había aparecido frente a él, levantando una barrera para bloquear los ataques que, irremediablemente, habían llovido sobre su persona ante un momento de distracción.

No debía ocurrir, no podía darse esos lujos.

–¡Raven!, sácala de aquí…

–No es oportuno.

–¡Llévala a la torre! –replicó el chico–. ¡Es una orden!

Raven volvió la mirada hacia él y aunque no estaba de acuerdo, obedeció.

Cosas así no debían de ocurrir pero, él lo hizo.

Star había salido a pelear con un resfriado, algo que para cualquiera podía ser sin cuidado para ésta, siendo alienígena, se convertía en algo más delicado…, y como ella no lo mencionó, les había puesto a todos en peligro.

–¡Acabemos con él! –Chico Bestia regresó al frente y transformándose, convertido en dinosaurio, embistió al enemigo.

–Amigo, ¿estás bien?

Cyborg destruyó un trozo de pared que se dirigía hacia ellos, y Robin afirmó apartando las dudas e inquietudes de su cabeza para enfocarse en terminar esa batalla de una buena vez. La ciudad estaba siendo destruida y los Jóvenes Titanes eran la única esperanza cuando los recursos habituales, policías y armas, no servían más.

–¡Titanes! –gritó.

Robin apuntó al frente y el resto de su equipo afirmó, una muda seña bastaba para darle voz a su orden y a veces, sólo a veces, el Chico Maravilla pensaba que todo era más fácil entre hombres. Raven y Star eran igual de fuertes, valientes y leales pero…, uno nunca se enamoraría de un compañero de equipo

Las chicas, siempre serían chicas.

Y alguna, siempre, podría gustarle; y él, podía perderla…

Por un error, por un asunto personal, podía ver destruido a todo su equipo.

3…