Capítulo 34 Entrega
Hermione abrió los ojos y al sentir el peso de las piernas de su hijo sobre las suyas, sonrió y poco a poco se incorporó alzándolas un poco para poder bajarse de la cama. Hugo se reacomodó y ella, al tener la intención de darle un beso en la mejilla, se dio cuenta que Draco dormía junto al niño.
Asustada y sorprendida, lo removió hasta que consiguió despertarlo.
—¿Qué estás haciendo en mi cama? —masculló enojada. Draco miró a su alrededor un poco desorientado y finalmente fijó su vista en ella.
—Me quedé dormido —contestó desperezándose.
—¿Qué? ¡Y lo dices así cómo así!
—Anoche vine a verte y como tenías una pesadilla, me quedé aquí… por si acaso.
—¡Esto está mal! ¡Si el señor Lovegood te ve…
—No tiene nada de malo —debatió Draco y ella le golpeó en el hombro—. Está bien, está bien… ya me voy.
—Te estoy esperando, jovencito —se escuchó la voz del señor Lovegood provenir desde fuera. Ambos se miraron a las caras preocupados y sintiéndose culpables, aunque no hubieran hecho nada indecoroso.
—Le diré que Potter me lastimó de gravedad y acudí por mi medicina —bromeó. Hermione arrugó el entrecejo sin entender—. Tu eres mi medicina —aclaró y ella le dio un empujón para después bajarse de la cama, acto que él imitó.
Hermione abrió la puerta y lo primero que notó fue a Xenophilius sentado en una silla al lado de su puerta. Musitó un «buenos días» y se alejó corriendo a la cocina. Draco, por su parte, intentó seguirla pero el hombre lo detuvo y se paró junto a él con el semblante serio y las manos cruzadas; se veía tan solemne como un juez que está a punto de dictar sentencia.
—Hermione tuvo una pesadilla y Hugo se despertó, simplemente esperé a que el pequeño se durmiera; sin embargo, me quedé dormido… eso fue todo —explicó soltando el aire.
—¿Estás seguro?
—Se lo juro, no hicimos nada malo. Hugo estaba durmiendo en medio de nosotros…. Además, si quisiera hacer algo más, no necesitaría su permiso —dijo esto último en voz baja y el hombre soltó un gruñido. Draco se dio cuenta de ello y se aclaró la garganta alegando que debía ir al baño.
—Huye mientras puedas —le gritó el hombre y sonrió negando con la cabeza.
Hermione ya lo esperaba en la cocina junto con Lavender, quien servía té en varias tazas para todos.
—¿Qué pasó?
—No pasó nada, estamos bien —le tranquilizó Draco y ella suspiró aliviada.
Lavender los miró con una sonrisa divertida y eso le incomodó a Hermione, dándose cuenta que ambos se estaban observando sin decirse nada. Pronto se aclaró la garganta.
—Draco… Lavender y yo queremos ir al mercado por unas cosas que nos hacen falta. ¿Crees que puedas quedarte con Hugo? Mañana es su primer día de clases en la escuela pre-Hogwarts y está un poco nervioso… Creo que le vendría bien pasar tiempo contigo.
—Claro, es bueno para Hugo que conviva con otros niños de su edad; además, el hijo de Potter también asiste ahí así que no se sentirá solo.
—Gracias —le dijo con una sonrisa.
Lavender puso las tazas sobre una bandeja y Hermione llevaba el pan, no sin antes ordenarle a Draco que le ayudara con los platos.
Al llegar al pequeño comedor, Hugo ya estaba sentado y platicaba alegremente con Xenophilius sobre la nueva escuela a la que asistiría. Lavender, Draco y Hermione tomaron asiento y comenzaron a desayunar.
—¿Sabes qué día es hoy? —preguntó Draco a Lavender y ella negó—. Es el día de darle una golpiza a tu esposo.
—¡Draco! —le regañó Hermione.
—Hijo, por favor, es una invitada —secundó Xenophilius y no le quedó de otra más que guardar silencio. Lavender suspiró con alivio al verse librada de un nuevo interrogatorio.
—Por cierto, ¿probaste el puré que hice ayer? Sobró un poco —dijo Hermione ofreciéndole el tazón de puré.
Hugo dejó salir una risita y Xenophilius le indicaba con el dedo que guardara silencio al mismo tiempo que también se reía. Eso no le daba buena espina a Draco; sin embargo, los ojos suplicantes y esperanzados de Hermione le hicieron tomar un pedazo de pan y meterlo en el puré para después llevárselo a la boca.
Estuvo a punto de arrepentirse de hacerlo, pues el sabor insípido y la papa semi entera le provocaron náuseas pese a eso, apretó las manos y masticó y masticó hasta pasárselo por completo. Unas cuantas lágrimas escaparon de sus ojos y finalmente habló:
—Hermione, no es necesario que cocines… te lo suplico.
Hermione frunció el ceño, indignada.
—Pues a mi hijo sí le gusta. ¿Verdad, amor?
Hugo sonrió forzado y asintió tomando un sorbo de su té dando por terminado el tema.
Terminaron de desayunar y después de un rato, Ginny llegó para acompañar a Hermione y Lavender al Callejón Diagon. Hermione se puso su abrigo y tomó su bolso, lista para salir, cuando Draco se acercó a ella con impaciencia en la mirada.
—Hermione, debemos hablar.
—Hablaremos más tarde… Voy a salir.
—Pero…
—Pero nada… Adiós. —dicho esto, salió dejándolo con la palabra en la boca.
—¿Qué quieres decir? —cuestionó Neville, contrariado.
—¡Tú me arrebataste mi virtud! —gritó nuevamente—. Toda mi vida me estuve guardando para el día de mi matrimonio y… y… tú vienes y me lo arrebatas así como si nada. —Él abrió los ojos con sorpresa.
—Tory, anoche no…
—¡Cállate! ¡Tú… tú me violaste!
Neville la sujetó de los hombros y su semblante era firme cuando habló.
—Tory, escúchame. Anoche no consumamos el —titubeó buscando las palabras adecuadas— el acto, por así decirlo.
Astoria abrió los ojos cuan grandes eran y le lanzó una mirada de incredulidad.
—Entonces… soy virgen, aún.
Él sacudió la cabeza afirmando.
—Sí, Tory… puedes seguir guardándote para Malfoy —reprochó con desgano, dándole la espalda.
Astoria agachó la vista y se dio cuenta de lo ridícula que era la idea de seguir esperando que Draco la amara algún día. Sintió coraje consigo misma y por sus padres que alimentaron esa idea desde su niñez y deseó poder estar borracha de nuevo para darse valor y quitarse ese tonto pudor que nunca la había llevado a nada. Observó a Neville y no pudo controlar sus deseos de acariciar su espalda; él se giró y apartó sus manos.
—Por favor, Tory, no me uses como premio de consolación.
—No es así —contestó con sinceridad y él lo pudo notar.
—No me digas que ya olvidaste a Draco —respondió irónico. Ella negó con la cabeza.
—Me di cuenta que seguir detrás de él es inútil… él nunca me va amar como ama a Granger y contigo me siento diferente. —Bajó la mirada, apenada; él sonrió con esperanza y alzó su rostro.
—Dime, qué sientes.
—Siento que puedo ser feliz… y creo que me… me gustas —admitió, con rubor en sus mejillas.
—¿Estás hablando en serio?
Ella asintió, sonriente.
—Oye, como ya empezamos, terminemos esto, ¿no crees? —se atrevió a proponer Astoria con una naciente picardía que ni siquiera ella se conocía.
—¿Qué? —preguntó, puesto que creía haber escuchado mal.
Astoria se río un poco al ver la incredulidad en la cara de su acompañante. Así que, con su mano derecha lo empujó hacia la cama y se sentó a horcadas, sin soltar la sábana que la cubría.
—Tory, ¿estás borracha o algo así? —dijo Neville sin dar crédito a su cambio de actitud—. Ahora mismo suenas como una pervertida.
La mujer se rió abiertamente.
—Abusaste de mí dos veces, ¿y la pervertida soy yo?
Él arrugó su entrecejo.
—¿Dos?
—Dos o ¿acaso me vas a dejar sin mi revancha?
La garganta de Neville se cerró de pronto y se tensó cerrando los ojos, dejándose llevar por los dedos de Astoria que lo acariciaban suavemente a través de sus bóxer, haciendo que el joven respirara rápidamente por el contacto. La mano de Neville la tomó de las caderas y acarició su cintura.
—Nev…
—¿Sssí? —contestó apenas en un susurro.
El corazón de la joven latía con fuerza, durante años leyó muchas historias eróticas para el día en que se entregará a un hombre no ser tan inexperta; no obstante, de la teoría a la práctica había un abismo enorme y quería hacerlo, quería complacer a ese joven que durante años le profesó su amor.
—Quítatelos —le ordenó Astoria con su mano frotando su punta con cada palabra. El mago abrió los ojos y parecía que se le fueran a salir de sus órbitas.
—Tory… no quiero que…
—Shhh —le silenció la joven y repitió su orden.
Neville, de un solo golpe y moviendo la cadera sin esfuerzo, levantó a Astoria solo un poco y deslizó sus bóxers debajo de ella. Sus manos lo frotaron haciendo que su cabeza se inclinara hacia atrás. Desesperada por escucharlo gemir, su agarre se hizo más fuerte y se movió más cerca de su pene, alzando la sábana que la cubría para frotar su clítoris contra él.
—Tory —suspiró.
Sus caderas le rogaban que estuviera dentro de ella, pero todavía no. Era consciente de la inexperiencia de la bruja y quería que fuera especial y romántico; sin embargo, ella no se lo estaba facilitando.
—Princesa, despacio por favor… quiero que esto sea inolvidable.
—No me trates como si fuera a romperme —le respondió plantándole un beso que le quitó el aliento.
—Como gustes, princesa.
Astoria sonreía coqueta y Neville comenzó a impacientarse por mover las caderas para intentar que ella acelerara sus acciones, pero ella parecía estar jugando con él y al joven le excitaba su nueva actitud, mientras Astoria se frotaba contra su piel.
—Tory, esto no es gracioso, me estás matando.
La mano de la mujer comenzó a moverse más rápido mientras lo obligaba a recostarse en la cama. Neville gimió. Su respiración pesada y acelerada llenaba la habitación.
—Más rápido —dijo el hombre.
Sus pequeñas manos se estaban cansando y su cabello era un desastre. Ella simplemente apretó su agarre haciendo que el gimiera.
Neville envolvió su mano alrededor de la de ella ayudándola en su labor, con movimientos rápidos. La mano libre de Astoria masajeó sus testículos y el mago soltó un gruñido que la invitó a continuar.
—Pronto. Estoy a punto de correrme —anunció Longbottom y Astoria lo besó. Las manos del joven se alejaron de las de ella y se enredaron en su cabello. Eso la hizo sonreír en el beso mientras las caderas de Neville continuaban moviéndose—. To… Tory.
Ella comenzó a frotarse contra él más rápido. Neville gimió su nombre contra su boca. Ella lo besó de nuevo mientras sentía que le temblaban los muslos. Después de unos segundos, Neville rompió el beso y liberó su orgasmo en su estómago y abdomen. La habitación se llenó con su fuerte jadeo de placer. La bruja lo miró y sonrió. Desvió su vista al pecho de Neville y con un dedo recogió el semen y lo llevó a su boca, de una manera que hizo erizar la piel de su acompañante. Ella gimió disfrutándolo.
—No digas que has terminado —dijo Astoria con una sonrisa mientras su respiración estaba volviendo lentamente a la normalidad.
—¿Estás bromeando…? ¡Solo estaba… comenzando! —respondió de buen humor y ella se sonrojó. Acto seguido se masajeó las muñecas; le dolían debido a los movimientos que hizo momentos atrás. Él se dio cuenta y tomó sus manos, masajeándolas.
—Lo siento, Tory —se disculpó y ella se sonrojó aún más.
—Está bien —contestó plantando un beso en sus labios.
Su pecho presionado contra el del joven le hacia sentir diferente y atrevida, podía sentir el semen y su sudor presionados contra él. Astoria siguió besándolo y Neville se excitó aún más cuando la cálida lengua de la joven se movió en espiral alrededor de la suya. La noche anterior ella había confesado que su voz la excitaba, así que él gimió juguetonamente para ella.
—No es justo —dijo ella haciendo un puchero—. Tú ya te divertiste, ahora me toca a mí.
El mago se rió, abrazándola con más fuerza. Ella ya había terminado de jugar, lo necesitaba ahora. Podía sentirlo en su zona íntima y en su respiración acelerada. Se armó de valor y se deshizo finalmente de su sábana, después se sentó sobre él y agarró su miembro nuevamente erecto. Su mano lo colocó en su entrada y gimió al sentirlo entrar. Neville se quedó completamente quieto dejando que Astoria se ajustara a él. La mano de la bruja se envolvió alrededor de su cuello en busca de apoyo.
—Estoy bien —ella susurró, dado que sabía que Neville estaría preocupado por ella. Neville estaba dentro de sus cálidas paredes y sus manos la sostuvieron de la cintura.
—¿Segura que estás bien? —preguntó sin moverse y ella sonrió.
—Sí.
Las caderas de Neville se movieron lentamente, luego poco a poco aceleraron su ritmo. Astoria gimió. Sus embestidas eran rápidas y erráticas. Neville ni siquiera llevaba un ritmo constante, solo estaba siguiendo sus instintos, volviéndose loco por ella. De pronto,Astoria se detuvo gimiendo un poco; en ese momento ella decidió que iba a marcar el ritmo. Comenzaría despacio y luego dejaría que Neville se volviera loco. Sí, eso le parecía lo mejor.
—Iguala la velocidad a la que estoy y luego podemos ir más rápido, ¿de acuerdo? —le dijo entre suspiros.
Las embestidas de Neville coincidían perfectamente con las de ella, pero el ritmo era demasiado lento para él. Él se detuvo por un momento y se estrelló bruscamente contra ella haciéndola gritar su nombre.
—¡Neville! —gritó.
Su respiración se estaba volviendo más pesada, empujando a Astoria con todo lo que tenía.
—¿Estás bien? —preguntó haciendo una pausa, esperando una respuesta antes de continuar.
—…Sí, por favor continúa.
Sus manos apretaron su agarre en sus costados. Empujando cada vez más rápido. Los dos estaban sudorosos. Las paredes de Astoria se apretaron a su alrededor haciéndolo gemir.
—Neville, más fuerte.
Sus ojos brillaron embistiéndola, sentir sus cálidos muslos sobre los suyos era agradable, le gustaba mirarla cuando gemía. Los gemidos de Astoria fueron consecutivos. Escucharla gemir realmente lo excitaba. La mano de él masajeó su clítoris haciéndola gemir más.
—Voy a… —ella se atragantó.
Neville sintió su calor rodear su miembro haciéndolo empujar más rápido.
—¡¿Estás tratando de matarme?! —dijo Neville y respiró hondo.
Cambió la posición de Astoria y se colocó sobre ella, abriendo sus piernas y colocándolas sobre sus hombros mientras empujaba. Los gemidos de Astoria se hacían más fuertes y sus uñas se clavaron en la cama. Neville sonrió para sí mismo; estaban pasando tantas cosas juntas, Astoria estaba gritando su nombre y era tan jodidamente sexy.
Las embestidas de Neville se estaban volviendo más sensuales y apasionadas, lo que significaba que pronto se correría. Él gimió su nombre. Estaba sin aliento, jadeando pesadamente. Por un momento, Astoria, no tuvo idea de lo que estaba pasando, sintió que se iba a desmayar. Nunca antes había tenido un orgasmo. Empujó aún más fuerte, tres veces más antes de explotar y salir de su interior. Cayendo sobre ella, envolvió sus brazos alrededor de su amada, besándola suavemente en la cabeza y acomodándola para que estuvieran uno al lado del otro. Astoria casi se sintió entumecida después de una experiencia tan nueva y desconocida.
Ambos permanecieron abrazados por largo rato.
En el Callejón Diagon, Ginny se distrajo en una tienda de productos de Quidditch y decidió que se encontraría con sus amigas, en un rato más, junto a la cafetería. Mientras tanto, Hermione y Lavender compraban insumos para la casa.
—Anoche tuviste una pesadilla —dijo Lavender de pronto—. ¿Se puede saber qué es lo que te pone tan mal?
—Lo hablamos después ¿sí? —pidió Hermione, incómoda.
—Sí claro, como tú quieras —asintió comprensiva—. ¡Oh, mira! —señaló Flourish and Blotts—. Supe que tienen una nueva edición de la historia de Hogwarts —le indicó y los ojos de Hermione se iluminaron.
—¿De verdad…? Bueno —pensó en entrar pero se detuvo al percatarse que aún tenían cosas qué comprar—. Creo que puedo venir después —dijo siguiendo de largo, no obstante, Lavender la detuvo.
—No seas tontita. ¡Ve y diviértete un poco! Yo termino las compras. No te preocupes.
Hermione no estaba del todo segura; sin embargo, aceptó puesto que tenía mucho sin leer un buen libro y le intrigaba qué novedades contenía esa nueva edición. Se despidió de Lavender y entró a la librería aspirando el tan conocido olor a pergamino nuevo. Caminó por los pasillos leyendo con avidez los títulos de los libros; se sentía en casa, se sentía en profunda paz.
Después de un rato, encontró lo que buscaba y se percató que era un libro con mucho más volumen, una nueva portada y con una cerradura de oro. Llevó su mano a su bolso y con tristeza comprobó que el dinero que llevaba no le alcanzaba para comprarlo. Con resignación lo devolvió a su lugar y salió de allí con las manos vacías, pero con el firme propósito de ahorrar y algún día comprarlo.
Tal vez sería un buen regalo para Hugo, pensó.
Sonreía mientras pensaba en que su hijo por fin estaba teniendo una vida normal hasta que sintió que alguien la jaló hacia un callejón. Lo primero que pensó fue en Ron, pero sus dudas se disiparon al captar el perfume de mujer tan peculiar de esa persona.
—¡Suélteme! ¿Qué cree que hace? —exigió, soltándose.
Hermione observó a Narcissa cómo nunca creyó verla, con los ojos hinchados y rojos de tanto llorar y de eso estaba convencida, ella conocía bien ese semblante, el mismo que ella miraba cada día en el reflejo del espejo cuando vivía con Ron.
Narcisa le apuntó con el dedo.
—¡Tú! ¡Tú, maldita, eres la culpable de que mi hijo se esté alejando de mi! ¡Tú lo convenciste de huir, ¿verdad?
—¿De qué está…?
—Bien sabes de lo que hablo ¡No te hagas la tonta conmigo!
—Señora, no sé de qué está hablando y no le permito que me hable de esa manera.
—¡Mujer insolente! Te lo advierto.¡Aléjate de mi hijo! ¡No has hecho más que complicar su vida desde que apareciste!
Hermione entrecerró los ojos mirándola con escepticismo.
—Me parece que su hijo ya está lo suficientemente grandecito para tomar sus decisiones y si él quiere estar cerca de mi, ¡yo no se lo voy a impedir! —le gritó y al instante sintió el ardor de una cachetada.
—¡¿Cómo te atreves?! ¡No eres nadie para hablarme de esa manera! ¡No eres más que una cualquiera que busca seducir a mi hijo para que se haga cargo de ti y de tu hijo!
Los ojos de Hermione se humedecieron de lágrimas de impotencia y rabia, quería decirle que se equivocaba; sin embargo, sabía que sería infructuoso.
—Por respeto a su hijo no le contesto como debería, pero….
Antes de que ella pudiera continuar, Narcissa resopló molesta y se abalanzó sobre Hermione jaloneándola del cabello al mismo tiempo que le repetía que se alejara de sus vidas.
—¡Suélteme… —repitió Hermione intentando zafarse. No queria gritar y llamar la atención de las personas puesto que no quería estar envuelta en más polémica; no obstante, los gritos de ambas terminaron por ser más fuertes y pronto Lavender junto a Ginny corrieron a auxiliarla.
—¡Suéltela! ¡La está lastimando! —dijo Lavender.
—Señora Malfoy, ¡Suéltala ahora mismo! —secundó Ginny, pero al ver que sus esfuerzos eran inútiles, sacó su varita y tras pronunciar un hechizo, Narcissa salió disparada al suelo.
Sin perder tiempo, Lavender se alejó con una afectada Hermione mientras la abrazaba y le reconfortaba. Narcissa se incorporó rápidamente, con el rostro rojo de coraje y decidida a seguir a la joven sino fuera porque Ginny se lo impidió no dejándola pasar y apuntándole con la varita.
—Señora Malfoy, por favor ¡ya basta! Sabe que la aprecio, pero no permitiré que lastime a mi amiga. Así que déjela en paz.
—No sabes lo que dices. Esa que tanto proteges se le ha metido por los ojos a mi hijo. De no ser por ella, Draco ya estuviera casado con Astoria. ¡Pero no! Tuvo que aparecer y arruinarlo todo!
Ginny rodó los ojos.
—Sí claro, y Draco en este momento sería el ser más infeliz sobre la tierra.
—¿Qué?
—Usted y yo bien sabemos que Draco ama a Hermione o mejor dicho, que nunca dejó de amarla. Y ese matrimonio era deseo de usted, no de él.
—No se trata de amor, se trata de lo que es mejor para él —suspiró derrotada y Ginny bajó su varita.
—¿Entonces preferiría ver a su hijo infelizmente casado con Astoria? ¿No quiere que su hijo sea feliz?
—¡Quiero a mi hijo vivo! ¡No quiero que ese maldito desquiciado lo mate! —dijo con los labios temblando. Ginny se acercó y la abrazó.
—La entiendo pero piense un poco en su hijo, ¿sí… ? Vamos, la acompaño.
Ambas mujeres se dirigieron a la Mansión Malfoy mientras Lavender junto a Hermione regresaban a la casa Lovegood.
Hermione trataba de acomodar su cabello antes de entrar a la casa, y limpiando furiosamente los rastros de lágrimas en su rostro.
—Tranquila, Hermione, déjame ayudarte —dijo Lavender con voz suave sacando un peine de su bolso y con cuidado de no lastimar la piel adolorida, comenzó a aplacar su cabello rebelde, lo cual resultó no ser fácil y por un segundo creyó que el peine se rompería, así que, optó por aplacarlo con las manos.
—¡Oigan, qué tanto hacen allá afuera! —se oyó a Draco preguntar al tiempo que iba acercándose a la puerta.
Lavender guardó su peine y alisó el cabello de su amiga en tiempo récord mientras Hermione se limpiaba las lágrimas una vez más; no obstante, en cuanto el auror abrió la puerta, supo que algo andaba mal. Ya no había rastro de alegría en los ojos de Hermione y la actitud nerviosa de Lavender lo confirmaba.
—¿Qué pasó? ¿Por qué estás llorando? Esa estúpida comadreja se atrevió a acercarse a ti, ¿verdad? —preguntó con la firme decisión de irlo a buscar.
—No, yo… —balbuceó Hermione, pero la tristeza la embargaba.
—Iré por ese imbécil. —Comenzó a alejarse, pero Lavender le detuvo.
—No fue Ro —se interrumpió—, no fue Weasley… fue la señora Narcissa.
—¿Qué?
—Ella la atacó en el Callejón Diagon, la golpeó y le dijo cosas horribles .
Draco exhaló llevando sus manos a la cabeza, cansado y exasperado por la actitud de su madre.Hermione se acercó corriendo hacia él.
—No le digas nada a tu madre… yo… no quiero ser la causa de más peleas entre ustedes —explicó, ahogando un sollozo.
—No me pidas eso. —Le acarició la mejilla y la atrajo en un fuerte abrazo. Al separarse, Hermione le observó con los ojos llorosos por largos segundos hasta que entró a la casa a paso veloz—. Hermione —le llamó, pero ella no respondió.
—Ve con ella —sugirió Lavender—, seguro está en la pequeña biblioteca.
Sin dudarlo, ingresó a la casa y se dirigió a la biblioteca, abrió la puerta y efectivamente la encontró sentada en el sillón, con la cabeza gacha y lágrimas derramándose en su regazo. Se acercó con cautela y se sentó a su lado; ella se giró a verlo y lo abrazó.
—Lo siento, lo siento —susurró en su oído.
—No tienes por qué disculparte… tú no hiciste nada.
Se mantuvieron abrazados por largo tiempo. Ella se separó poco a poco y limpiando sus lágrimas, comentó:
—Una vez el señor Lovegood me dijo que estas cosas son una prueba para ellos y no para mí… pero si es una prueba, ya no lo soporto más. ¡Quiero que esto termine!
El corazón de Draco sintió una punzada de dolor y culpa al verla en ese estado y solo pudo besarla en la frente y abrazarla de nuevo, con más fuerza.
—Te juro que eres la prueba más hermosa.
Draco tomó aire y se separó de ella despacio, limpió sus lágrimas con las manos y tomándola de las mejillas, le miró directo a los ojos.
—Basta de lágrimas, te quiero ver sonreír siempre. —Ella esbozó una leve sonrisa—. Vámonos lejos de aquí… solo dilo y nos iremos.
—Draco… ¿Qué…?
—Dejaré los asuntos de la mansión en orden está noche y después de eso nos podemos ir.
—Pero… aquí está tu hogar, tu madre… todo.
Él asintió con dolor en su corazón.
—Es verdad, aquí está mi hogar, pero este lugar no es el tuyo. Estoy dispuesto a vivir en otro país por ti. No me importa. Solo quiero que Hugo y tú estén bien.
Hermione le observó con miles de pensamientos viajando rápidamente a su mente, todas las posibilidades, los pros y los contras. Sin embargo, no podía decir palabra.
—¿Qué dices?¿Aceptas?
—Esto es una locura, ¿lo sabes, verdad?
—¿Y qué con eso? ¿Acaso no me dicen el loco Malfoy? —dijo con orgullo y ella sonrió—. Vámonos de aquí, Hermione. Empecemos una nueva vida en otro lugar.
—Antes querías que me quedara para protegerme de Ron.
Él suspiró pesadamente y soltó las mejillas de Hermione.
—Eso era antes; ya me di cuenta que hay personas peores que la comadreja… como mi madre —admitió con dificultad—. Al menos con Weasley sabemos quién es nuestro enemigo… Ya no quiero más sorpresas desagradables.
Hermione movió la cabeza hacia los lados y posó sus manos sobre las de él.
—Te pido que esperemos un poco. No es bueno tomar decisiones importantes con la cabeza caliente. Tomemos nuestro tiempo, pregúntame mañana, ¿sí?
—De acuerdo, pero sigo pensando que lo mejor es irnos.
Ella le dedicó una sonrisa cargada de tristeza y se recargó en su hombro. Draco la abrazó y besó su cabello con toda la ternura de la que era capaz.
Lo prometido es deuda y aquí tenéis otro capítulo en sábadito.
Nos leemos.
