Capitulo 5


Algo pasaba en el auditorio, Seiya podía sentirlo, brinco al notar un cosmos estallando repentinamente y luego dos mucho más fuertes que el anterior encendiéndose en la parte de atrás. Se preocupo, pero sobre todo se alarmo, conocía muy bien a uno de ellos, sin duda era el poder de Hades.

Se levanto de su asiento y pidió paso para pasar entre la gente y llegar al pasillo, Seika lo miro cambiar de estado y nerviosa le siguió, las luces ante el choque de energía comenzaron a parpadear, los actores en el escenario se miraban uno al otro sin saber que hacer o que decir mientras que el gran sol de cristal colgando en el techo del mismo se mecía de un lado a otro.

Ambos hermanos estaban en el pasillo, en camino hacía el escenario cuando un hombre de cabello rubio y ojos azules se apareció ante ellos, mirando fijamente al caballero de Pegaso, Seiya ignoraba de quien se trataba, pero algo en su mirada, en su poderoso cosmos le decía que ese sujeto era peligroso, que ocultaba más de lo que su apariencia mostraba.

- ¿quien eres?- pregunto el moreno sin perder tiempo, retando al hombre con la mirada y su pose de pelea

- Eres irrespetuoso como lo has sido siempre en todas tus vidas Pegaso - contesto Zeus mirándolo con dureza, reconociendo en él al guerrero asesino de dioses

- ¿Que?

- ¡Inclínate ante tu rey!

- No se quien eres, pero la única ante la que me inclino es Athena

- Siempre retando a los dioses, tu caballero de bronce que te has atrevido a derramar sangre divina, pronto pagaras por tus pecados, yo el gran Zeus me encargare de eso

- ¿Zeus...?- el chico no pudo decir más, en ese momento la mano del rey de los dioses se levanto creando una onda de poder que derribo al castaño haciendo que este volara varios metros hasta que choco con un muro, el pánico se apodero del público haciendo que la gente se amontonara para salir, pronto el poder de Zeus y el caos dominaron, el candelabro en forma de Sol de cristal se balanceo peligrosamente hasta que finalmente se soltó, cayendo entre los asientos.

Seika se aterro al ver a su hermano salir despedido, corrió entre la gente para alcanzarlo hasta donde su cuerpo descansaba entre los escombros inclinándose a el para hablarle.

- ¿Seiya, estas bien?

- Hermana debes de salir de aquí… Seika – trato de decir el joven, pero estaba débil, entonces sus ojos se abrieron con fuerza al ver al dios acercarse a ellos.

- ...Pegaso – dijo el hombre rubio con rabia observándolo fijamente, de pronto otra figura se interpuso cubriendo al chico, una hermosa joven, de ojos castaños y cabello rojizo con lagrimas suplicando y cuidando de su hermano.

Aquella joven, aquella imagen de la chica le hizo despertar de su shock, de la niebla en la que caminaba, le hizo recordar el amor por su esposa, por su propia paz, pero sólo fue por un instante, su ira regreso con fuerza, pero en ese momento fue capaz de contenerla temporalmente.

- Esta vez dejaré que te marches caballero de bronce, pero tus pecados, tu castigo seguirá presente en tu futuro, yo me encargaré de eso- le dio la espalda- regresa con Athena y avísale que hablaré con ella, me ayudara en esta nueva guerra santa, lo quiera o no - comento antes de darles la espalda y desaparecer.

Athena se levanto de su trono al escuchar en el eco de su cosmos el sonido del sol de cristal rompiéndose, no había duda ya, había comenzado, fuera lo que fuera había comenzado ya.

- ... señorita Athena – dijo kanon al mirarla sería, preocupada, Shion se acerco a ella cuando esta tomo su frente en señal de frustración pero esta se soltó amablemente declarando que estaba bien.

- Kanon debo pedirte un favor, necesito que llegues al viejo auditorio de la ciudad y ayudes a nuestros compañeros, averigua todo lo que puedas de lo que ha pasado ahí

- Como ordene mi señora – dijo el gemelo de saga para luego dar la vuelta y correr a su destino, justo al salir del palacio de la diosa, una sombra detrás de las columnas le siguió sigilosamente.

Yamil se derrumbo en el piso al sentir el cosmos de Elli desaparecer, ¿qué había pasado con ella?, ¿a caso ya era tarde?. Una mano en su hombro le trajo repentinamente calma, giro su rostro encontrando de frente el de Shaka, era como si hubiera leído en ella la preocupación y se acercaba hasta la chica para tratar de calmarla, sin pensarlo abrió los ojos dejando ver sus claros ojos, esos que llenaron a la joven frente a el de repentina paz, ya no estaba preocupada por su líder, pues sabía y conocía de más el poder y la valentía de la misma, sabía que ella saldría delante de cualquier problema.

- Yamil…- dijo en voz baja el hombre de cabellos rubios, la chica sintió escalofríos subiendo por su espalda al escuchar su nombre en aquella grave voz, sin embargo no lo demostró, no era el tiempo para caer en esas tonterías.

- Algo ha pasado en el auditorio, tenemos que ir, tal vez nosotros…

- ...No- dijo el hombre mientras sostenía su brazo con su mano evitando que partiera – por ahora no es lo mejor, si vas allá con el dios Rey tendrás el mismo destino que tu líder, su furia desatada ahora no le permite razonar… lo mejor es esperar.

- Pero … - La joven de cabellera azul sabía que el dorado tenía razón, tendrían que esperar… por ahora.

Mu y Luna estaban en las afueras del templo de aries cuando sintieron el terrible poder de Zeus en el poblado, estaba claro que esta batalla la había perdido ante el rey del inframundo, pero no estaba dispuesto a perder la guerra, el joven de cabello lila miro a su compañera a un costado suyo, se veía preocupación en su rostro, tal vez incluso miedo… ¿a caso sabía más de lo que había dicho?

-… Leda, ¿que no nos has dicho? – pregunto el joven sin esperar, ella había sido una gran amiga en su pasado, pero ahora peligraba la vida de su diosa y la de los habitantes del planeta.

- ¿Leda?... Leda… hacia tanto ya que nadie me nombraba de esa manera…- dijo la chica recordando, añorando aquellos tiempos en el poblado, en aquel lugar en el que se habían refugiado los pocos sobrevivientes de Lemuria, aquella tierra en la que Mu y ella se conocieron cuando niños.

- ese es tu único y verdadero nombre…prometiste no olvidarlo – dijo el caballero dorado acercándose a ella, la chica le miro y se perdió en sus ojos, al igual que el se perdía en los de ella, recordando aquellos tiempos…

Xiho era un poblado pobre en donde se habían ocultado algunos de los sobrevivientes de Lemuria, a el había llegado un anciano con dos pequeños, un niño de cabello lila y una niña de cabello color vino, ellos eran por desgracia los únicos miembros vivos de sus respectivas familias, huérfanos refugiados bajo la capa de uno de los últimos maestros de las artes de aquella civilización

Mu y Leda habían sufrido mucho desde la muerte de su pueblo y su familia, eran miembros de una raza extinta y de grandes poderes que eran codiciados por fuerzas negativas, seres que harían cualquier cosa por tener en su poder a algún Lemuriano puro. Vivieron sus primeros años con el gran maestro, el anciano les enseño a usar sus habilidades en la psicoquinesis, les transmitió las enseñazas sobre las armaduras y los poderes en las mismas, el como traerlas a la vida y salvarlas de ser necesario, en la importancia de la energía viva en el ser de metal, que se volvería uno con su verdadero dueño. Les hablo del gran templo de Athena y su orden, en la cual esperaba Shion de Aries por su autentico sucesor.

Corrían, jugaban, entrenaban y disfrutaban de su infancia en el lugar, pronto se volvieron grandes amigos, compañeros y futuros camaradas de armas, eran simplemente inseparables… casi almas gemelas.

Con el tiempo la preferencia del gran maestro hacia Mu era más notable, sus entrenamientos eran más fuertes que el de su amiga, mientras a él le enseñaban a combatir a ella se le enfocaba más a la reparación de armas, ambos niños lo habían notado y poco a poco les fue afectando. Una noche Mu despertó ante el sonido del llanto proveniente de la jovencita frente a una ventan, Leda estaba arrodillada envuelta en lagrimas con su rostro hacia el cristal, trataba a toda costa de ser silenciosa, pero no había nada en ella que Mu nunca notara.

- ¿Leda… por que lloras?

- El maestro no me quiere, seguramente soy tan mala estudiante que no sirvo más que para reparar armaduras, no soy digna de ser una amazona de Athena- dijo la pequeña con muchas más lagrimas saliendo de sus ojos, Mu no pudo evitarlo y se sentó a su lado, la envolvió en sus brazos tratando de calmarla mientras esta se desahogaba.

- Descuida, el no piensa eso, seguramente te prepara para algo especial – pronuncio el chico cerrando más el abrazo.

Con los días el muchacho de cabello lila noto más y más el cambio de actitud del maestro con su amiga y finalmente lo enfrento, lo alcanzo mientras este entrenaba en el bosque y le pregunto, aunque no esperaba la respuesta que este le dio

- ¿que ha dicho maestro?

- Esa es la verdad Mu, Leda y tu son posiblemente los únicos Lemurianos que siguen con vida, tu y ella deben de mantener nuestros conocimientos con vida, fue por eso que la entrene para que usara sus poderes – dijo mirándolo fijamente- pero ella es la única mujer que queda en nuestra raza, ella esta destinada a ser tu esposa, la madre de tus hijos los portadores de nuestra sangre, tu sangre, la sangre de nuestros antepasados.

- Pero maestro ella…

- Ella es tu prometida Mu, será tu futura esposa.

- Pero no puede hacerlo, no sin preguntarle a ella, Leda es capaz de hacer muchas cosas más que solo reparar armaduras, ella también puede ser una gran guerrera no puede…

- Fue rescatada para ti Mu, para ser la esposa de un gran guerrero, y te sugiero que lo mantengas así, por tu propio bien dedícate a ser ese gran guerrero. – hablo el maestro dándole la espalda para cerrar la discusión, el chico lo miro marcharse hasta que escucho un sonido tras de él, sabía de quien se trataba y la siguió cuando esta corrió para escapar, entro a la casa y la vio empacando sus cosas, estaba clara su decisión.

- ...Leda

- Lo mejor es que me vaya, yo…

- Lo siento Leda

- No Mu, yo lo siento pero... no puedo vivir solo para ser esposa y madre... yo...- grito la chica haciendo que el muchcacho le mirara- me voy, quiero hacer lo que yo diga, no lo que digan los demás, ya no regresare, de ahora en adelante seré diferente – giro su rostro para mirar la luna llena- de ahora en adelante mi nombre será Luna, Leda ha dejado de existir.

- ¡No!- grito Mu tomando sus manos entre las suyas – no voy a detenerte, si lo que deseas es tomar tus propias decisiones que así sea. Pero no te olvides de quien eres en realidad, no te olvides de mi amiga, de compañera… de mi alma gemela, promete que en el fondo recordaras tu nombre, tu verdadero ser Leda… - la chica lo miro y entendió, apretó la unión entre sus manos y sonrió antes de contestar.

- Para ti seré siempre… Leda – le dio un beso en la mejilla al chico y simplemente se marcho.

Algunos días pasaron luego de su partida, más luego de que dejara de sentir su cosmos. Un tarde mientras estaba en el pueblo una mujer se acerco a el para lamentarle la perdida de su amiga, Mu no lo había entendido, pero pronto el miedo lo domino, corrió hasta su casa en donde encontró a su maestro sentado a la mesa con su mano en su frente, cuando lo sintió en el cuarto levanto su vista para mirarlo y luego hablar.

- por lo visto es cierto, algunos hombres del pueblo encontraron lo que quedo de ella en el bosque, ahora todo esta perdido, la línea de sangre se perderá! – grito el hombre mientras rompía la jarra de agua frente a él y luego salio de la casa, no sin antes gritarle- ya no sirve de nada que continúes conmigo, vete ya con Shion y comienza con tu entrenamiento dorado.

Mu se quedo estático mientras lo veía salir, ahora entendía porque no había sentido más el cosmos de su amiga, la había perdido…

O por lo menos eso creyó en aquel momento, y por muchos años lamento su muerte hasta su reencuentro ahora en el santuario.

- Leda... ¿que paso contigo? – pregunto el joven ahora lo suficientemente cerca de ella como para tomarla por los hombros y girarla para tenerla frente a él.

- Este no es el momento

- de acuerdo - dijo soltándola – pero entonces debes decirme todo lo que sabes de esta pelea entre Zeus y Hades…- la chica lo miro, se soltó de su agarre y luego hablo

- No hay nada que no sepan ya, mi señora afrodita ha sido defensora del verdadero amor desde tiempos milenarios, Hades y Persefone han sido el claro ejemplo de ese verdadero y único amor, desde el momento que se vieron por primera vez se entregaron el corazón, Afrodita al reconocer ese amor entre ellos abogo por ambos cuando Demeter acuso a Hades de haber raptado a su hija- Hablo leda, dio unos pasos adelante y luego se giro para verlo a los ojos nuevamente- luego de las guerras santas Zeus prometió que no se metería con Hades y su esposa gracias al trabajo que había hecho el rey de la muerte durante la batalla para probar a Athena, pero no cumplió, por eso Hades lo reto de nueva cuenta, esta vez por decisión propia.

- Athena debe de saber todos los hechos para tomar una decisión, debes de contarle todo lo que sabes

- Se supone que no debo intervenir más allá de lo que mi diosa me ha permitido

- Tu señora y la mía están en peligro, es momento de intervenir, te llevare con ella – se giro y comenzar a guiar el camino, pero de pronto se detuvo sorprendiendo a la chica- debemos hablar más tarde Leda…- con esas palabras la chica sabía a que se refería su viejo amigo, ya habría tiempo de aclarar las cosas.

Ceres abrió los ojos de golpe y pronto la sorpresa la domino al encontrarse en un gran y elegante cuarto, las sabanas, las cortinas y toda tela en el lugar tenía matices negros o de color vino, la cama era blanda y suave, extremadamente cómoda. La curiosidad la impulso a sentarse, un leve mareo la domino y luego de recuperar la calma trato de ponerse de pie, no portaba más el traje del cisne, ahora usaba un hermoso traje morado, con detalles en rosa y joyería plateada, junto con un collar del mismo material portando un rubí en el centro con la forma de un grano de granada, sorprendida se levantó, nerviosa y asustada al no entender nada corre hasta la puerta frente a ella, abriéndola y saliendo de la habitación.

Afuera había otro cuarto vacío, iluminado por la luz de la luna atravesando un gran ventanal adornado con un par de cortinas negras, frente a ella pudo notar la figura del apuesto hombre de ojos azules portando una elegante tunica negra, con hombreras plateadas adornadas y repletas de diamantes y otras piedras preciosas, mirando a través de la ventana el fondo del valle.

Como hipnotizada se acerco hasta el, admirada por la belleza de aquel hombre, impresionada por la tentación de correr a el y besarle profundamente…

- estas despierta – pronuncio el joven con suavidad

- Damian, ¿que paso?, ¿en donde estamos?, ¿que paso en el auditorio? – pregunto la chica confundida, un leve destello de preocupación o tal vez decepción se mostró en el rostro del chico, luego este volvió a ser serio, se giro para estar completamente frente a ella y luego le hablo.

- por ahora estamos a salvo, logramos escapar con bien del auditorio y lo importante es que tu estas bien

- entonces no era un sueño… todo eso paso ¿no es verdad?... Mina no es mi hermana, todo fue un engaño…- el dolor se podía ver reflejado en los ojos de la chica, la mentira y la traición le habían afectado, aun no conocía toda la verdad y el rey del inframundo temía que de contarle todo le hiciera más daño, lo último que quería era ver en ella esos hermosos ojos verdes llenos de lagrimas. Sin pensarlo más se acerco a ella posando una de sus manos en su hombro y la otra bajo su mentón para hacerla mirarlo.

- se que por ahora no lo entiendes, pero poco a poco vendrá a ti, entonces podré decírtelo todo, por ahora debes de tomar esto con calma, confía en mi.

- pero es que todo ha sido una mentira, mis supuestos padres y su muerte, todas la noches en las que lloraba en mi cama y ella se acercaba jurando que pasaríamos por todo juntas y juntas lo superaríamos todo era una mentira- decía la chica mientras se inclino comenzando a ver todo borroso, la presión, su sufrimiento y la debilidad por el golpe de expulsar su poder tan deprisa pronto la debilitaron haciendo que cayera de rodillas al piso, aun estaba entre los brazos del joven a su lado, no pudo contener sus lagrimas y mientras sufría de un terrible mareo las dejaba fluir, Hades la abrazo, la separo un poco de el besando su frente y luego la cargo para llevarla a la habitación continua, la chica recargo su rostro en su hombro abrazándolo por el cuello y nunca en su vida se sintió más segura que justo en ese lugar. Al llegar al cuarto el joven de cabello negro la deposito con suavidad en la cama para que descansara un poco más, estaba por marcharse cuando esta lo tomo por el brazo para impedirlo.

- quédate conmigo.. por favor – dijo Ceres en forma de suplica, los ojos del dios de la muerte se abrieron de par en par, sabía que no podría negarle nada nunca- no quiero estar sola, no ahora que se que realmente lo estoy, por favor quédate conmigo… por lo menos hasta que concilie el sueño- Hades acepto con su rostro y se acostó con suavidad a su lado, la chica inmediatamente se acomodo en su pecho mientras que este la rodeo con sus brazos, la joven aspiro su aroma, se hundió en la profunda paz y tranquilidad que le trasmitía y luego sin pensarlo acaricio su cuello con su nariz, subiendo despacio hasta su rostro y luego dirigiéndose a sus labios en un tierno beso, se separo milímetros de el solo para ser atrapada de nuevo por sus labios, se besaron con mucha más pasión, el joven la acerco más él apretando su abrazo mientras que la chica perdía sus manos en su sedoso cabello, el fuego comenzaba a consumirlos mientras aquel beso se hacía más profundo, pronto Hades estaba levemente inclinado sobre ella besándola con fuerza, rogando al saborear sus labios entrada a su delicada boca, pero entonces abrió los ojos al darse cuenta de que la pasión que lo consumía, debía de detenerse, no era el momento y lo que más deseaba era demostrarle que la amaba, la amaba muchos más allá de la simple pasión.

- descansa – dijo separándose de ella tomando su rostro entre sus manos- me quedare a tu lado hasta que logres recuperarte… - sin más la chica hundió de nueva cuenta su rostro entre su hombro y su cuello y cerro los ojos para dormir un poco más.

Un grito de dolor se podía escuchar en el campo vacío bajo el mando de la noche, Ellis había despertado por la terrible sensación del fuego de la mano del fénix curando su herida, el dolor había sido intenso al momento, pero ahora por el contrario podía sentir que este cesaba.

- ¿a caso estas demente?, ¡eso duele! – grito la chica al joven de cabellera azul sentado de rodillas junto a ella ahora cubriendo su abdomen con una manta, le había quitado la armadura dejándola con su traje de entrenamiento, había roto la parte media de su traje para llegar a su herida y así curarla mientras esta estaba inconsciente. La chica lo miro notando que en su rostro no había sentimiento alguno y eso le molesto – ¿dime caballero disfrutaste de quitarle la armadura a una dama?, seguramente deseaste continuar con más ¿no es verdad?, sabías perfectamente que …- trato de decir pero una mano en sus labios la detuvo, el fénix acerco su rostro al de ella para hablarle de cerca y mirarla para hacerle entender.

- No soy de esa clase de personas, eres una compañera de armas de una o de otra forma…- guardo silencio y la miro directamente a los ojos, notando que ella hacía lo mismo- no creas además que causas tal interés en mi- hablo soltando su boca y luego poniéndose de pie para atender la fogata, se encontraba en la ruinas de un viejo templo en pleno campo lejos del poblado y del santuario, la chica reflexiono todo lo pasando, llegando a una sola pregunta

-¿Por que me ayudaste?

- Porque necesitabas ayuda, todo guerrero que la necesite y sea digno de tenerla debe ser ayudado- comento Ikki sin mirarla mientras se sentaba alrededor de la fogata, Elli lo miro con seriedad para luego contestarle

- gracias…