EP 22: La Valquiria de Orleans

Los espectadores en el Valhalla quedaron atónitos por el extraño pedido de Rea, mientras que Brunhilde afilaba su semblante examinando la situación.

—Eso no es bueno, algo anda muy mal.

—¿También lo notas, Valquiria? —preguntó Zeus con tono de burla. —Eso que está ahí, no es mi madre. O al menos, no la que yo recuerdo.

Brunhilde recibió aquella noticia como balde de agua fría, puesto que ahora se estaban enfrentando a un enemigo desconocido, y había permitido que su hermana fuera la que saliera a enfrentarlo.

—Hermana, ¡Rea se está rindiendo! ¡Juana ganó! —grito Göll con entusiasmo.

—Me temo que no será tan fácil—respondió Artemisa, la diosa de la caza con tono serio—Conozco de primera mano el carácter de Rea. Estamos hablando de una titánide que plantó cara durante eones al titán más poderoso de la existencia. Ella jamás pediría que la asesinaran tan cobardemente. Es obvio que está siendo manipulada por alguien o "algo", y eso debería ser causa de preocupación para todos.

—¿Qué estas insinuando? —preguntó Zeus con una ceja arqueada,

—No hay nadie entre nosotros que tenga el poder necesario para controlar a un titán, así que definitivamente estamos ante una gran amenaza incluso para nosotros.

Algunos dioses comenzaron a burlarse de las palabras alarmistas de la diosa, pero Zeus mantuvo la serenidad porque sabía que el argumento de Artemisa tenía sentido.

—Bueno, si lo que dices es cierto. Tú comprobaras directamente a que nos enfrentamos, ya que esa chica está muerta—dijo Zeus con un brillo malicioso en sus ojos provocando una gran angustia al par de valquirias.

Mientras tanto, en el monte Kilimanjaro, Juana observaba profundamente a su contrincante y finalmente tomó una decisión. Extendió su brazo hacia su espalda retirando un cilindro plateado que estaba incrustado en la parte trasera de su armadura. El artefacto tenía en el centro, un icono de un arco con una flecha a punto de ser disparada: el símbolo de la diosa Artemisa.

—Finalmente la usara—exclamó la deidad femenina en el Valhalla —Hasta ahora, ha utilizado mi Rustung como una batería para potenciar sus habilidades de Valquiria, pero supongo que ahora intentara un camino más...directo.

Juana accionó el cilindro y un alargado palo metálico con una filosa punta salió desde la parte superior e inferior del artefacto convirtiéndose en una lanza contraíble.

—Tú lo has pedido—respondió la francesa, y a continuación, lanzó su arma con todas las fuerzas que le permitieron sus runas de valquiria, convirtiéndola en un destructivo proyectil de velocidad extrema, mismo que Rea detuvo con una maraña de espinas que salieron del suelo, pero Juana hizo un último esfuerzo extendiendo su palma para inyectar más fuerza a la lanza causando que rompiera la muralla y logrando enterrarse en la frente oscura de Rea.

Las valquirias se fundieron en un abrazo de emoción tras haber presenciado aquel ataque de su hermana, pero en ese instante, la titánide sonrió macabramente, causando alarma en Juana.

Veo que los humanos han progresado de una forma que no esperaba—dijo con voz gutural—Hiciste que interviniera para salvarla...admito que eres buena, mocosa, pero tu suerte ya termino. Desde ahora seré yo contra ti.

Juana entornó su vista y pudo contemplar con claridad que una especie de agujero negro espacio temporal se había materializado en la frente de la titánide para engullir la mitad de la lanza.

La francesa salto rápidamente para recuperar su arma, pero esta, estaba siendo absorbida lentamente por el agujero, así que Juana hizo brillar las runas de su brazo y con renovadas fuerzas logró recuperar su lanza partiéndola a la mitad y transformándola en una improvisada espada.

—¡Pues entonces ven con todo lo que tengas! —exclamó Juana mientras las runas de su cuerpo brillaban con fulguroso tono turquesa, para posteriormente, rodear en círculos a la titánide a velocidad inhumana creando imágenes residuales de ella misma.

Sin embargo, la poseída Rea soltó una carcajada maligna,

¿Crees que no sé lo que pretendes? Vas a intentar atacar mi punto ciego con tu súper velocidad, pero por si no lo has notado, mi defensa es superior incluso a la de Rea.

A pesar de esta deducción, Juana de Arco siguió corriendo en círculos con su espada a la mano dispuesta a atacar, pero en ese instante, una hilera de espinas negras brotó del suelo para enredarse en la pierna derecha de la francesa, frenándola dolorosamente en el acto.

Eres una tonta, tu velocidad es inútil cuando te mueves un patrón completamente fácil de predecir. Creo que te sobreestime demasiado al final.

Juana se inclinó sobre su lacerada pierna con dificultad, y a pesar de que las heridas eran profundas y punzantes, la doncella sonrió.

—Te equivocas. Hiciste muy bien en sobreestimarme —dijo la joven mientras en el suelo donde había corrido en círculos, aparecían unas runas brillantes similares a las de su cuerpo.

La guerra de los cien años fue un conflicto bélico entre Inglaterra y Francia que duro ciento dieciséis años, y fue en medio de este evento, que la figura de Juana de Arco apareció para afianzarse un lugar en la historia.

Nacida en algún punto de 1412, Juana de Arco vivió su infancia privada de las más esenciales necesidades básicas para un ser humano, sin embargo, se las arregló para hacerse valer debido a unas extrañas visiones celestiales que la acosaban desde muy pequeña.

Al principio eran visiones inocentes que le aconsejaban a ser siempre una buena chica, pero cuando entró a la adolescencia, estas se tornaron radicalmente más oscuras al indicarle que debía ayudar al rey de Francia a conseguir la victoria sobre la invasión inglesa en sus tierras.

Naturalmente, la chica pensaba que eran alucinaciones y no le prestaba particular importancia, pero estas, se tornaban cada vez más persistentes hasta el punto de que ya no tenía paz. Esta situación le causaba especial angustia, puesto que, a pesar de su limitado nivel de conocimientos, sabía que si contaba alguien más sobre estas visiones la tacharían de bruja y la quemarían en la hoguera a pesar de ser solo una adolescente, pero las voces la animaron para cumplir su cometido y la chica obedeció aquel inusual mandato.

Como era de esperarse, al principio todos la ignoraron y alguno que otro la tildó de loca, pero la joven demostraba una gran habilidad estratégica lo que le agenció ganarse el respeto poco a poco entre los hombres. Pronto su fama la precedió y en poco tiempo se presentó al heredo al trono de Francia, siendo reconocida formalmente como un icono de triunfo francés.

No obstante, la naturaleza humana pronto entraría en acción, ya que el poder y la influencia que Juana había acumulado, opacaba a muchos consejeros reales, mismos que hicieron un complot para entregar a la doncella de Orleans a los ingleses.

Así fue como Juana fue traicionada en una batalla, y fue apresada por los británicos quienes la acusaron de herejía y blasfemia, al escuchar que ella se guiaba por unas voces divinas, y a pesar de todas sus apelaciones, los ingleses la condenaron a la hoguera a sus tiernos diecisiete años de edad ante la mirada satisfecha de mil personas.

Cuando las voraces llamas terminaron de devorar su joven cuerpo, Juana despertó ante un magnífico paisaje en donde praderas hermosas eran adornadas por criaturas fantásticas que ella jamás había visto. Esplendidos edificios plateados y dorados se erguían con majestuosa belleza en el horizonte, pero, lo que más llamó su atención, fue un grupo de trece damiselas de diferentes tamaños y apariencia que se posaron frente a ella.

—Bienvenida, Juana de arco al Valhalla —dijo Brunhilde con una sonrisa y mirada afables. Lo que hizo que la chica se ruborizara como nunca antes en su vida, ya que había reconocido aquella voz en el acto.

—¡T...Tu! ¡Tú eras la voz en mi cabeza!

Brunhilde asintió con una sonrisa.

—¡Sabia que no estaba loca! —dijo Juana entre lágrimas que hicieron que las otras valquirias se compadecieran de ella.

—Cada cierto tiempo, las valquirias escogemos a una humana para guiarle en el camino del guerrero. Algunas enloquecen y mueren rápidamente, y otras se pierden en la oscuridad con el poder que les otorgamos. Pero tú, has sobresalido y has llegado lejos hasta el punto de librar una nación. ¡Tú eres mi máximo logro, Juana!

Brunhilde se abalanzó con un fuerte abrazo a la francesa, gesto que sorprendió a sus hermanas ya que ella, siempre se ha caracterizado por su estoicidad.

Y por primera vez en su vida, la francesa sintió amor. Esto la llevó a querer estar siempre con aquellas que habían velado en su camino, quienes, tras votación unánime, decidieron convertir a Juana de arco en una de ellas nombrándola como la Valquiria de Orleans.

Juana paso el resto de siglos aprendiendo todo sobre este "más allá" del que nunca le hablaron en vida. Sus padres solo le hablaron del cielo, el infierno, y el purgatorio, pero la verdad era completamente diferente.

Sus hermanas le instruyeron en un conocimiento que ni los pensadores más grandes de la historia soñaron que existiera, y pronto su carácter se desarrolló como una fiera defensora del Valhalla.

Después de vivir entre las atrocidades de la guerra, finalmente fue recompensada con el amor de verdaderas hermanas, e incluso con el amor de una pareja, ya que se había enamorado del instructor de combate de las valquirias, el legendario gladiador Espartaco.

Todo en la vida nueva de Juana era como un regalo del destino. Su felicidad no parecía tener fin, o eso pensó, hasta que un día, los dioses se reunieron para decidir exterminar la humanidad por sus atrocidades, siendo retados por su hermana Brunhilde quien invocó la cláusula del Ragnarok para darles una oportunidad de salvación.

Al principio, a la francesa le daba igual la situación, pero cuando se enteró que Brunhilde estaba dispuesta a sacrificar la vida de sus hermanas para salvar a la humanidad, la relación se fracturo por completo.

Ambas hermanas se enfrascaron en un potente debate sobre la importancia de la vida humana, y es que los últimos siglos en el Valhalla, habían sido suficientes para borrar la década y media que Juana había vivido como humana.

Fue ahí cuando Brunhilde comprendió que había cometido un error al entrenar a Juana. Se había concentrado tanto en desarrollar sus habilidades físicas que olvido nutrir su alma de amor por los humanos, la máxima función de una Valquiria.

Juana se negó a participar en un torneo donde sus hermanas morirían, y junto a su amado Espartaco, se embarcaron en los confines del averno en búsqueda de la legendaria Biblioteca de Alejandría para buscar la posible solución para traer de vuelta a las hermanas que irremediablemente morirían en aquel inútil torneo.

—¿En realidad amas más a los humanos que a tus propias hermanas? —increpó Juana una última vez antes de partir en su cruzada.

—Hago esto por ti...tú me enseñaste lo verdaderamente maravillosos que pueden llegar ser los humanos. ¡Tú me inspiraste a querer salvar la humanidad! —pero las palabras de la Valquirias se perderían en el viento, puesto que la doncella de Orleans se había retirado ya en su búsqueda por salvar sus futuras hermanas caídas.