Capitulo 2: Una no tan buena idea.
La casa de mi padre era la típica casita que se veía por las calles. A decir verdad, aquí en Konoha casi todas las casas eran iguales y por lo tanto, ésta no se diferenciaba tanto de la nuestra o de los vecinos.
Casi podría asegurar que si no fuera por esa pintura damasco que cubría la casa, combinada con ese horrible rojo, no habría sabido reconocer la casa de mi padre.
Lo bueno, es que su sentido del gusto y decoración era terriblemente asqueroso y eso facilitaba mucho mi objetivo. Hablar con él.
El gran problema –y es lo que temo- es que nunca puedes saber si mi padre está disponible y con disponible me refiero a que no está con alguna visita indeseada y mal vista. Porque siendo sinceros, desde la separación de mis padres, su reputación había bajado considerablemente. Pasaron de ser la "Pareja Feliz" a una "Madre desconsolada pero fuerte y amable que pronto superará todo esto" y a un "Padre víctima del vicio, hacia las esquinas que cualquier hombre de familia debería evitar". En resumen, mi Madre era una despechada y mi Padre un fanático por las prostitutas o "facilitas" –y es que ahora hasta en el supermercado uno encuentra de ésas y no necesariamente estaban en la profesión- y para que decirlo, mi padre era bastante atractivo y un muy buen blanco, además de que no se quejaba ante las insinuaciones.
-¡Shannaro, nuestro padre es un pervertido! –gritó mi Inner.
-¿Nuestro? Eres yo, por lo tanto es mío y con eso me refiero a ti también, por Kami, ni que fueras mi hermana –suspiré para mis adentro.
-Que Kami nunca lo quiera así –susurró- tener una estúpida por hermana… si con una madre bipolar y un padre pervertido ya basta.
-Eres una…-dije en voz alta.
-¡Sakura! –exclamó una voz detrás de mí. Un escalofrío me sacudió violentamente al reconocer la voz.
-Eh… ¡Hola! –Respondí- ¿Cómo estás, papá?
-Bien, es una sorpresa verte aquí, ¿qué haces aquí? –preguntó extrañado. Era verdad, yo no solía pasarme por estos lugares y sinceramente seguiría evitándolos.
Pasó un rato antes de notar su compañía. Alcé la ceja ante su aspecto vulgar y aun así, reluciente. ¿Cómo lo hacían…?
-Oh, olvidé presentarte a Hanako. Hana, esta es mi hija, Sakura. Sakura, esta es Hana, mi… amiga –dijo sonriendo con un secreto escondido muy notorio. Sí, claro… una amiga.
-Perfecto –sonreí con farsa- ¿Podríamos hablar adentro? Tengo que hablar sobre algo importante…-le dije. Mi padre asintió y ambos entramos a la casa.
-Hana, ¿puedes esperar un poco en el patio? Enseguida iré –dijo mi padre. Hanako sonrió y se fue sin pronunciar palabra. Me sorprendió lo recatada que podía llegar a ser. ¿Y su forma de caminar? Era la de toda una señorita. ¿A dónde la encontró?- ¿Y bien, Sakura? ¿De qué querías hablarme? –me preguntó sonriéndome.
Sonreí por inercia, supongo que extrañaba a mi padre de todas formas- Sabes que se acerca el cumpleaños de mamá y bueno… de alguna forma creo que he complicado un poco el asunto, entusiasmándola al decir que le has comprado un regalo –le dije escupiendo todo de una. Mi padre pareció muy calmado.
Sonrió- pues, sí, sí le tengo un regalo, que supongo le hará bien, supongo que no es la gran cosa, pero le beneficiará en muchos sentidos –explicó. Mi boca se abrió.
-¿Enserio? ¿Le has comprado un regalo… a ella? –pregunté sin creérmela. ¿Qué mierda?
-Bueno, no se lo he comprado -me dijo- pero sí, sí le tengo un regalo.
-¿No qué estaban de malas? –le pregunté sin creerme que al final de todo mi muy complicada tarea había resultado en lo más fácil que me había tocado en la vida.
-Sí, pero… supongo que el amor hace cambiar a las personas –sonrió. Mis ojos se abrieron y mi mente comenzó a maquinar a mil por hora.
-Oh, bien… me alegro –dije, hora de irse- bueno, no te atrasaré más.
Ambos nos levantamos y nos dirigimos al recibidor. No pude evitar preguntar- ¿estás seguro de tu regalo?
-Oh, es perfecto. Tu madre lo quería de hace algún tiempo –me respondió. Me giré, musitando un adiós y un saludo para su amiga.
Al momento en que me fui, comencé a pensar que tal vez estaba sumamente equivocada en la relación de mis padres. Si ambos lo querían así, era porque ambos se querían y sinceramente yo me estaba haciendo película donde no había material para hacerla.
Miré el sol para calcular la hora. Debían de quedar aproximadamente unas 12 horas antes de celebrar el cumpleaños de mamá. Al menos, entre entrenamiento, caminatas y la visita hacia mi padre.
Eso me daba unas 3 horas para encontrarle un regalo por mí misma –porque ha decir verdad, que mi padre le hiciera un regalo iba a ser el mío-, así poder dormir unas ocho horas decentemente y una hora para prepararlo todo.
Resulto fácil.
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-¡Un perro es el regalo perfecto!
-¡Es alérgica!
-Ya ves porqué
-Buen punto, lo marcaré como…tal vez –dije mientras lo anotaba como futura referencia para el momento en que mi mamá me sacara de quicio. Ino continuó dándome ideas para comprar algo. Ambas paseábamos por las calles de Konoha, así que realmente las opciones que me daba, no era más que lo que mostraban los escaparates.
Para el momento en que me decidí por unos aretes de la joyería, la tienda estaba cerrada y no me quedó más que irme e idear una excusa que me serviría al día siguiente para ir a comprarlos.
Faltaban nueve horas.
Podría dormir feliz.
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Había dormido plácidamente toda la noche con la tranquilidad de que al día siguiente todo saldría perfecto y sería un día como cualquiera.
Desperté, bañé, vestí y bajé al primer piso con tranquilidad y en silencio para no despertar a mi mamá. Ayer antes de acostarme, había llamado a papá para que viniera a desayunar con nosotras. Después de todo, ya que pensaban regresar juntos, a mamá no le importaría e incluso no me prestaría atención lo que me permitiría escabullirme e ir a comprar los aretes.
Preparé todo el desayuno y serví la mesa de forma elegante. Flores al centro, jarras de jugo, leche y agua caliente. Pan crujiente y otros. Un desayuno elegante con mantel blanco y una vela entremedio de las flores, por si la atmósfera de ponía romántica –aun que lo dudaba siendo de mañana y sin necesidad de iluminación-.
Dos minutos para que mi mamá bajara oficialmente cuando mi padre tocó la puerta. Le saludé y sonreí cuando vi ramos de rosas. Supongo que era el regalo aparte de su presencia. Me pareció adecuado.
En ese momento bajó mi madre. Su cara, si bien emocionada, parecía sorprendida, la dejó plantada al pie de las escaleras.
-¿Qué haces aquí? –preguntó sin hostilidad en su voz.
-¡Feliz Cumpleaños! –exclamó mi padre dándole el ramo- Sakura, me explicó que esperabas un buen regalo de mi parte, y te prometo que lo que estoy a punto de decirte será la mejor noticia de tu vida.
No pude evitar sonreír con lágrimas en los ojos, ¿le pediría renovar sus votos? ¿ir de segunda luna de miel? Tal ves ¿vivir aquí?
Mi madre se acercó más a la mesa mientras mi padre le conducía. Como supuse, ninguno de los dos me prestó atención una vez que se reunieron. Estando todo listo, me escabullí hacia la puerta para comprar los aretes.
Ahí, escuché los gritos.
-¡¿Qué?
-Lo que escuchaste, te daré el divorcio. Me casaré con Hanako, estoy seguro de que te encantaría, es una mujer muy simpática y refinada. Finalmente, podrás cobrar el cheque que tanto querías –dijo mi padre sonriendo.
-¡I-D-I-O-T-A!
Al momento en que me devolví mi padre salió corriendo por la puerta, mientras yo me iba hacia mi madre. O hacia esa mujer loca y alterada que no podía parar de hacer tics como loca –dah- y mover las manos neuróticamente.
Mm, me parece que los aretes no serían necesarios.
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-¿Y bien, frentezota? ¿Qué le has regalado al final? –me preguntó Ino, mientras caminábamos hacia el hospital. Ya habían pasado tres días desde el cumpleaños de mi madre.
-Calmantes.
-¿Qué? –Cuestionó mis palabras- ¿Calmantes, en serio?
-Bueno, no sólo eso –dije. Ino suspiró- también una estancia en psiquiatría, deberías ir a verla, Ino, es la mujer más feliz del mundo desde que está drogada.
Y con eso me fui.
Un regalo para la mujer más especial de tu vida es todo un desafío, pero cuando tienes a una psicópata como la mía, que resultó tener ataques de paranoia, resulta que la mejor manera es abstraerla del mundo y dejarla construir el suyo propio. Además…
Así, yo me quedo con la casa.
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En mi defensa, amo a mi madre, son los padres ausentes de Sakura quien realmente me dan lo mismo :D
Nos vemos.
